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Fecha: 23-Dic-16 « Anterior | Siguiente » en Sexo con maduras

Sexo, lujuria, sensualidad…

CARTUZ
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Sorpresas agradables y el cambio lujurioso de Giordana. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Dejar a un lado los problemas, aunque cueste un gran esfuerzo. Que el rencor que puedas llevar, lo olvides por unos días. Saca la mejor de tus SONRISAS, para disfrutar de estas fiestas, de la forma que desees y con las personas que más quieres o más te apetezcan. Si en algún momento alguien se ha sentido molesto por algo que he dicho o he hecho, mis más sinceras disculpas. Y si alguien me molesto ya no me acuerdo ¡¡FELICES FIESTAS!!

Muy especialmente para… María de Galicia, Guillermo que espero y deseo que siga bien, María Jesús y a los que vamos a pasar el fin de año juntos, en ese lugar tan bueno de la geografía española, con buen marisquito…, Aida y Manuel, Nico y Bea, a la grandiosa Patri y su marido Fede, Roberto y Marian, Cris y Carlos, Lorenzo y Marga Luis, Alejandro, German, Rober y a los que no les gusta ser nombrados.

Pero no se me puede olvidar al grupo de COFRADES y su insigne SER PÏTER.

 

 

           Estando en el trabajo estuve analizando la relación con Giordana, era una relación en la cual los dos teníamos las ideas muy claras y no cambio nada entre nosotros. Pero lo que si cambio fue la actitud y la forma de ser de Giordana consigo misma. Conmigo se podía decir que era “dócil” pero con su marido se volvió todo lo contrario, refiriéndome siempre a la faceta sexual, porque en su vida cotidiana y profesional era la misma. En realidad, no creo que cambiara en su faceta sexual, era que había decidido “liberarse” en el sentido de hacer lo que quería y necesitaba. Me había confesado que lo que más la ponía ahora era lo de seducir a una mujer. Ya que decía que a los hombres era súper fácil. Se volvió tan atrevida que ahora no se conformara con seducir a una sola mujer, me decía que quería seducir a Milena y a Mariola a la vez. Algo que sería muy excitante si no tuviéramos una relación laboral con ellas, porque era muy peligroso intentar seducir a las dos a la vez y logre disuadirla de ello.

          A mitad de la mañana se presentó en mi despacho y entrando por la puerta como un huracán, me dijo… “Ya he encontrado el cómo…” no tenía ni la más remota idea de a qué se refería y le pregunte, ella me contesto… “Con la ayuda de Paulette y Cokkie, podremos con las otras dos” lo decía con cara de satisfacción y otra vez tuve que quitarle la idea de la cabeza, entre otras cosas porque lo mismo se enfadaban Paulette y Cokkie de que se contara lo sucedido. Se fue molesta y quedamos en hablar con más tranquilidad, ya que yo en ese momento me tenía que marchar a un acto al que estaba invitado y que era de “sabor” español.

        Aunque como he dicho que era un acto de “sabor” español, había personas de ese país, bastantes políticos y como no, muchos españoles. No conocía a nadie, pero por mi carácter enseguida estaba ya hablando con personas del acto. Discursos, entregaron unas placas… y luego como no, lo que se dice el típico vino español. Me fije entre toda la gente que había allí, en una mujer de edad indeterminada y digo esto, porque estaba muy bien físicamente, se notaba que, hacia deporte, pero me daba de que tenía bastante más años de los que yo pensaba, estuve observándola por un buen rato, estaba muy bien y era del tipo de mujeres que me gustaban. Hice alguna indagación, pero no fueron fructíferas, porque me dijeron que era desde una gran empezaría a una funcionaria española. Podía ser cualquier cosa. Me fije que había un hombre de 60 años como mínimo, gordo, bien vestido, pero enseñando el ombligo y una corbata minúscula, que tenía una copa de vino en la mano y le estaba dando el coñazo a esa mujer tan sublime.

         Decidí hacer de salvador y me acerqué a ella, me presenté y ella aguantándose la risa, me dijo que se llamaba Ángela. Le debí de parecer gracioso. Ella me daba conversación y no me había equivocado además de estar muy bien, era muy simpática. El gordito seguía dando el coñazo y se metía en la conversación. Me entere de que ni era empresaria, ni funcionaria… estaba allí porque a su marido le habían entregado una placa en reconocimiento de una labor. El gordito se apartó para hablar con unas personas y fue cuando dije yo… “Joder que tío más pesado el gordito…” ella se rio más y yo hice lo mismo. Diciéndole que me debía una, por salvarle de un tío tan pesado y ella me dijo que sí, pero con su sonrisa. No quería perder la oportunidad de tener su número de móvil, no fuera a llegar el marido y se fastidiara todo. Saque mi móvil y le pregunte por su número, ella me dijo… “Joven, desvergonzado, atrevido y muy seguro de sí mismo. Un coctel explosivo” yo salí al paso diciéndole… “No todos los días y en un país que no es el nuestro, se encuentra a una mujer tan bonita…” se volvió a reír, se veía que tenía mucho mundo.

        Cogió mi móvil y me dijo… “Es que no has perdido el tiempo y eso que te he dicho que soy casada” fui un poco más atrevido y le dije… “Es que muy tonto tiene que ser tu marido, para dejar a una mujer como tú, aquí sola” esta vez la risa fue más importante y me dijo… “Si mi marido no me ha dejado sola, es ese al que tu tan desconsideradamente has llamado gordito” regreso el marido y yo no sabía que decir, entonces ella nos presentó, se llamaba Javier. Le dijo donde trabajaba yo y curiosamente, sabía perfectamente a lo que nos dedicábamos. Conocía a miembros del consejo y no paro de preguntarme que como me encontraba allí… que ellos llevaban ya siete años. Era un hombre muy afable, me dio una tarjeta suya y yo le di otra mía. La verdad que no salió la cosa como yo había pensado, pero bueno, el no, ya lo tenía. Ella me devolvió el móvil y se fueron.

        Al poco rato yo hice lo mismo, ya había cumplido lo suficiente, no era necesario estar hasta el final. Creía que llegaría primero a casa, pero cuando llegue me encontré que Giordana estaba ya en casa y cuando cerré la puerta pude oír como maldecía en italiano. Me acerqué para saber que pasaba y me la encontré rodeada de papeles, una inmensidad de papeles. Me conto que desde la central habían detectado algunas cosas incorrectas en los datos económicos que ella mando. Se la veía muy preocupada y no era para menos. Le ofrecí mi ayuda, me dio las gracias y me dijo que no, que era difícil encontrar el problema sobre las diferencias que le habían comunicado, así que la deje trabajando.

        Yo me puse cómodo y a la hora de cenar, preparé una cena muy simple pero que a mí se me daba bien. Giordana cada vez que lo preparaba se volvía loca de alegría. Eran unos simples huevos rotos. Una termine de prepararlos le avise y ella me dijo que no, que si eso, luego se haría un sándwich. Le dije que había hecho huevos rotos y que no me iba a hacer el feo, no me hizo falta insistir más y se vino a cenar. No le permití hablar del trabajo mientras cenáramos, luego era otra cosa.

- ¿Ya te has quedado convencida que lo de Milena y Mariola, no se puede hacer como tú quieres?

-No te hacia tan miedoso.

-Te equivocas, no es eso. En otras circunstancias te hubiera dicho que sí, sin problemas. Pero sigo pensando que es mejor una a una y con cuidado, distinto será una vez que hayamos hecho algo con ellas, si llegamos a hacerlo. Entonces si se puede intentar, con las que sean.

-Lo he pensado todo al detalle. No había dejado ningún fleco suelto. Era como una operación matemática.

-La vida no es una operación matemática. En todo ese tipo de planes, siempre hay muchas variables, que pueden hacer que lo que has pensado, se vuelva en tu contra.

-Vale, supongamos que tienes razón. Pero por lo menos escúchame.

-Venga, soy todo oídos.

-Había pensado invitarlas este viernes o sábado, por la noche con cualquier excusa. Cenamos y luego yo propongo algún juego. En el juego trato de llevarlo a las prendas y después de las prendas, se sube un escalón más.

-Vale las invitas y que juego vas a proponer… porque no pondrás juegos de la adolescencia a una mujer de 40 y otra de 46, así de pronto. Llamaría mucho la atención.

-Ves como no me dejas que lo cuente todo. Te he dicho que lo he estado estudiando todo mucho al detalle mientras tu no estabas. ¿Sabes que les encanta el póker? ¿Sabes que todos los fines de semana suelen montar una partida de póker para mujeres?

- ¿Y tú como lo sabes?

-Porque me han invitado varias veces. Esa puede ser la puerta para lo que yo propongo. Yo en su momento lo propongo y tu solo tienes que secundarme. Eso si tienes que decir que tú no juegas nunca con dinero. Yo trato de convencerlas y tú te dejas convencer. Si veo que alguna es remisa al juego, lo dejamos y ya está.

-No me convence mucho, pero la idea es tuya.

            Ella siguió trabajando y yo me acosté. Por la mañana Giordana estaba dormida sentada en un sillón. La desperté y me dijo que ya sabía dónde estaba la equivocación, pero que el fallo contable no era suyo si no de la central. Iba contenta por dos motivos, el primero porque había solucionado el problema y la relajo mucho, el segundo por lo que tramaba para el fin de semana. Que en el camino al trabajo quiso que invitáramos también a las otras dos y a eso sí que me opuse. Estando trabajando, apareció Giordana para decirme que se iba unos días a la central. Entonces yo di por entendido que lo del fin de semana se había pospuesto. Ella me saco del error cuando me dijo que ya había quedado con ellas dos el sábado por la noche. No se rendía.

           La semana estaba siendo normal, ninguna novedad y ningún sobresalto. Giordana me aviso que intentaría estar el viernes por la tarde, pero que, si terminaba muy tarde, se vendría el sábado a primera hora. Algo que me confirmo al día siguiente. Después del almuerzo tenía una reunión con un grupo de trabajo. En el transcurso de la reunión, aunque no me gusta que se utilicen los móviles, el mío vibro y como estaba esperando una llamada de trabajo importante lo mire. Era un mensaje que decía… “A LAS 18:00 EN LA CAFETERIA… SE PUNTUAL, QUE TE ESPERO ALLI” evidentemente se habían equivocado porque además el número de teléfono no estaba en mis contactos. Por educación conteste rápidamente que se había equivocado y me olvide del tema. Cuando recibo otro… “El león Carlos… ¿Se ha convertido ahora en un lindo gatito”? en un principio me dejo desconcertado y me espere a contestar. Era alguien haciéndome una broma. A la cabeza me vinieron los nombres de Larisa, Nadin y Renata. El motivo no lo sé, pero pensé en una de ellas.

           Antes de acabar la reunión por la cristalera vi que estaban Milena y Mariola, pendientes como si me esperaran. Ahora cambié de opinión y pensé en la “perversa” Giordana y en ellas. Que se habían puesto de acuerdo. Cuando terminé la reunión me fui hacia mi despacho e iba mirando mi móvil, no había más mensajes. Se me acercaron Mariola y Milena. Querían hablar conmigo y les dije que me acompañaran. Entramos en mi despacho y cuando se sentaron iban a decirme algo cuando le dije que un momento. Iba a contestar el mensaje y así podría descartar o no a ellas dos. Llamé al número y cortaron la llamada, ninguna de ellas fue, así que descartadas y recibí otro mensaje “No, no, no… si quieres descubrir quién soy ya sabes dónde estaré y a qué hora” mi contestación… “OK” acepte porque me pareció un aliciente el misterio y porque sabía que nos teníamos que conocer de algo. Llegué a la zona del casco antiguo de la ciudad y después de recorrer por varias callejuelas, vi el famoso lugar, que todo el mundo me había dicho que tenía que visitar y hasta entonces no lo había hecho.

           Parecía más una pastelería que una cafetería, la entrada, escaparates… todo era de madera, parecía que retrocedía en el tiempo. Al entrar había una zona de pastelería y otra en la que había pocas mesas redondas con cuatro sillas. Allí estaba sentada, mirándome con una gran sonrisa y con cara de traviesa, era Ángela la mujer que conocí en el acto al que me invitaron. Se puso de pie y estaba vestida de sport, pero muy atractiva. Llevaba un pantalón negro ajustado, llevándolo por dentro de unas botas que le llegaban un poco más debajo de las rodillas, una blusa con varios botones desabrochados y una chaqueta. Me tendió la mano y nos saludamos, fue un saludo un poco gélido.

           En la mesa había dos platos con dos dulces muy típicos del lugar, me dijo que se había tomado la libertad de pedir por mí. No sé qué vio en mi mirada o en algún gesto, porque a continuación me dijo… “ya sé, un par de horas más de gimnasio, yo lo hago una vez al mes…” cuando ya termino de hablar, quise que saciara mi curiosidad, “¿Quién te dio mi número de móvil?” pregunte yo y riéndose me dijo… “TÚ… cuando te cogí el móvil, marque mi número y ya está” comprobé mis llamadas realizadas y vi que era verdad.

-Me ha gustado la sorpresa, pero ahora me dirás porque estamos aquí.

-Mi marido todo el día trabaja hasta muy tarde, yo no me adapto a esta ciudad ni a este país, son todos muy agradables, pero no lo he conseguido. Por el trabajo de mi marido estoy todo el día de actos solidarios, reuniones absurdas y sin tener tiempo para nada. Me hiciste gracia el día que nos conocimos y como también eres español, pues decidí hacer esta travesura.

- ¡Yaaaa…!

-Uuuyyyy… creo que has mal interpretado todo. ¿Qué es lo que estabas pensando?

-Déjalo, no merece la pena que lo diga.

-No, por favor, si he hecho algo que te confundiera, discúlpame.

-Vale, no pasa nada.

- Veo que lo que he hecho ha sido algo incorrecto, por la cara que pones… ¿Qué habías pensado? Si quieres responderme, porque antes no lo has hecho.

-Muy fácil, que tenías ganas de “pasarlo” bien.

-Qué barbaridad, si puedes ser mi hijo. Además de casada soy bastante más mayor que tú, no soy una jovencita. Me asombra que llegaras a esa conclusión y me gustaría saber porque has pensado eso. (Me entraron dudas porque su cara, ciertamente era de sorpresa, pero como no la conocía de nada, tampoco me preocupaba que se enfadara por contestar lo que pensaba)

-He llegado a esa conclusión, porque estas muy buena, tienes un cuerpazo para hacer perder el sentido. Tienes un marido, que mucho me equivoco o no te aguanta un asalto. Tenías una cara de aburrida el día que te conocí, que no lo podías disimular. Por todo ello y por esta invitación supongo que ya no recuerdas la última vez que te… iba a decir te hicieron el amor, pero prefiero decir la última vez que te follaron o te montaron en condiciones. La imagen no se me olvidara, ella con una cucharilla con un trozo de tarta, que se quedó camino a la boca y mirándome perpleja)

-Tu eres un… sinvergüenza, además de un insolente deslenguado... No sé qué te… me marcho por no abofetearte y por no montar un numerito aquí. Espero que no nos volvamos a ver en la vida. (Se la notaba compungida y la cantidad de “bonitos” adjetivos hacia mi persona fueron innumerables, eso si dichos entre susurros para que nada más me enterase yo)

-Puedo haberme equivocado, si me he equivocado contigo, te ruego que me disculpes y si no me he equivocado, no pierdas y no perdamos el tiempo, ya sabes cómo localizarme.

-Increíble… increíble… (Se levantó y se marchó)  

           Termine de merendar, que la tarta estaba muy buena. Pague y me marche por donde había venido. Me fui en trasporte público y recibí una llamada del teléfono de Ángela, que corté sin atender la llamada, así hasta seis veces. Se cansó de llamarme y me envió un mensaje que quería verme porque lo mismo se había excedido. Mi contestación fue darle mi dirección completa. No hubo ninguna llamada más ni ningún mensaje. A la media hora de llegar yo a mi casa, llamaron, era Ángela, que cuando abrí la puerta la vi toda estirada, con cierta altivez y tratando de dominar la situación, la deje pasar, le dije que estaría más cómoda sin el abrigo que llevaba, se lo quito y me lo dio. Mientras yo lo dejaba sobre una silla que había en la entrada, le indique la puerta del salón, su andar era provocativo, con ese pantalón tan ajustado, moviendo ese culito…

           Entre detrás de ella en el salón, no hizo amago ni de sentarse, se había quitado la chaqueta y se dio la vuelta para decirme algo y no la deje. La bese en la boca con rabia y tire a la vez de su blusa, saltando los botones que llevaba abrochados. Quedando a la vista un sujetador de encaje transparente de color amarillo pálido, que hacían que destacaran sus pezones oscuros. Di otro tirón y se rompieron los corchetes de su sujetador, ella miraba sin decir nada, se había quedado muda. Desabroche su pantalón y me costó, pero se lo baje hasta el tope de sus botas, llevaba una tanguita a juego con su sujetador.

           Una vez su blusa y su sujetador desaparecieron, sus pezones marrones oscuro se podían ver inflamados de lo erectos que estaban, acaricie con suavidad sus tetas y luego sus pezones, que cuando llegue a ellos subí en intensidad mis caricias, pudiendo ver gestos en su cara, pero sin quejarse. Le di la vuelta y la apoyé sobre el respaldo del sillón grande, quedando su culo a mi merced. Tiré del tanga hasta que conseguí arráncaselo, fue el que más me costó romper hasta ese momento. Quedando su culito moreno, imagino por los rayos uva, sin nada.

           Metí mi mano por detrás y mis dedos entraron fácilmente en su coñito, ella al notar mis dedos, ya entro en el juego. Los saque totalmente empapados y le dije… “Así que te marchaste por no abofetearme… pues prueba de tu medicina…” azote su culo y ella me decía que parase, que no fuese bruto, pero me había dado cuenta de que era lo que buscaba, además se podía quitar y no lo hizo. Yo notaba como se iba poniendo cada vez más cachonda y cuando aminore mi fuerza, reduje los azotes, ella con voz impetuosa me dijo… “Maricón de mierda, da más fuerte, que hasta un niño pequeño lo haría más fuerte que tu” eso es lo que buscaba que sacar todo lo que tenía dentro. Mis azotes fueron más fuertes y ella gemía como si estuviera poseída.

           Luego le agarré de su pelo, la hice ponerse de rodillas y sin decir nada más ella me desabrocho el pantalón y mi polla salía por arriba de mi boxers, se lanzó a mordisquear mi polla hasta que la dejo fuera y mirándome me dijo… “Vaya… vaya… lo que escondías” y se la metió profundamente en la boca, era como si estuviéramos follando, que facilidad tenía en metérsela. Maldito invento el de los teléfonos móviles, siempre jodiéndome.

           Su teléfono no paraba de sonar, ella seguía mamando, hasta que cabreada se fue al móvil, decía que sería el imbécil de su marido. Efectivamente era su marido. No preste atención a lo que hablaban, aunque la voz de ella era de enfado. Me puse detrás, sin preguntar y sin avisar, se la metí de una sola vez en su coñito. Mientras ella hablaba con su marido, yo la follaba con fuerza, embistiéndola muy fuerte y agarrando sus pezones, apretándolos y estirándolos, ella lo único que hacía era pegar más su cuerpo contra el mío.  Acabo la conversación de forma dura, diciéndole a su marido que en un cuarto de hora estaría allí. Después dejo caer su teléfono en el sillón.

           Me decía que le diera con más fuerza y yo le decía que buena puta había encontrado, que cuando la vi no pensé nunca que fuera tanto y ella me decía… “Siiiiii… siiiiii… no pares… más… masssss…” me senté en el sillón y la hice sentarse encima, de espaldas a mí, ella lo hizo rápido y se recostó, para que yo pudiera agarrar mejor sus tetas. Pero se equivocaba, mientras follábamos, empecé a golpear suavemente su coñito, fui tanteando la intensidad, hasta llegar a la que note que se ponía más cachonda, conseguirlo fue provocare su primera gran corrida.

           Ángela tenia cara de satisfecha y se lamentaba por que hubiera sido tan corto, me pregunto por mi sonrisa maléfica y no le conteste, me limite a darle la vuelta y ponerla a cuatro patas sobre el sillón, ella me decía que se tenía que ir, tontamente me pregunta que pensaba hacer, aunque en su voz se notaba que sabía lo que iba a pasar y se notaba también que lo deseaba. Metí mi polla sin contemplaciones por su culo, ella se agarraba fuertemente al respaldo y me decía… “Que hijo puta que eres… que daño que me haces… pero que delicia… no pares, quiero sentirte bien dentro…” ya se la metí del todo y le dije que la iba a reventar.

           Follaba su culo sin piedad y ella lo meneaba sobradamente, era una visión cachondísima. El teléfono volvía a sonar y ella pasaba totalmente del teléfono. Me agarré de sus caderas y perdí la noción del tiempo embistiéndola. Solo se oían los gemidos de ella, los bufidos míos, el golpear de los dos cuerpos. Ella se corrió por lo menos dos veces más, pero la que fue de fuegos artificiales fue la que nos corrimos los dos a la vez. Le acompañe al baño y me dijo que le hiciera el favor de traerle su teléfono, la tía con toda su cara llamo al marido y le dijo que se le había olvidado el móvil donde había estado, que había regresado por él y el otro por lo que deduje se lo trago. Una vez de vuelta en el salón, mientras se vestía y se tomaba una copa que me había pedido…

-Que sepas que me debes un conjunto de ropa interior, lo que se rompe se paga, las medidas las tienes en lo que quedo de ellas y el arreglo de la blusa no te lo cobro por… que me has caído bien… Jajaja…

-Gracias por ser tan generosa y como te voy a hacer llegar el conjunto.

-Jajaja… tu déjame a mi… que ya verás como mi marido te invita un día a comer o cenar con nosotros…

-Con lo recatada que parecías el día que te conocí… Jajaja…

-Te preguntaras porque soy así… (La corte paras decirle…)

-Para… tu eres como quieres ser, como quieres y como te apetece. A mí no me tienes que dar ninguna explicación.

-Ya lo sé, pero me apetece. Cuando te conocí y de cómo me mirabas, porque lo hacías de otra forma, me dio la impresión de que me entenderías y veo que no me equivoque. Porque es complicado conocer a alguien adecuado, debido a mis “gustos” particulares. Hace tiempo que me canse y decidí buscar lo que quiero, pero aquí, entre que casi todo lo que conozco son mujeres, la falta de tiempo y la necesidad de que me den toda la caña que necesito… me hacen desesperarme.

-Has probado a decirle lo que quieres, lo que necesitas.

-Sí, me dice que ya veremos, que lo intentaremos, que se lo deje pensar bien…

-Le has insinuado por lo menos, que has tenido algún rollito…

-No, porque el primero has sido tú. Por eso me puse así en la cafetería, pero me lo pensé y tenía la seguridad que eras lo que buscabas. Aunque no pensaba que hoy pasara nada. Pero cuando me pusiste la dirección, además de ponerme nerviosa, me dio hasta taquicardia.

-Y que vas a hacer ahora… ¿Se lo vas a contar?

-Eso quisiera saber yo, que es lo que voy a hacer.

            Nos despedimos y ella me volvió a insistir que le debía un conjunto de ropa interior, pero que el color lo eligiese yo y el modelo también, que se fiaba de mi gusto. Después de recoger todo y cuando estaba cenando me llamo Giordana. Su lengua estaba desatada, mezclaba su conversación con lo bien que le había salido su reunión en la central, a como pensaba ligarse y seducir a Milena y Mariola. Trataba de hacerle entrar en razón, que era muy precipitado y peligroso, no es lo mismo insertarlo con una que con dos. De acuerdo que con Milena estaba bastante seguro de que yo si podría tener algo con ella, pero no lo veía tan claro que quisiera con Giordana también. Mariola era muy enigmática, no había pillado su punto, en sus conversaciones conmigo no dejaba entrever nada, se la veía discreta y muchas veces hasta distante.

           Era increíble lo claro que lo tenía Giordana. Para Milena, me decía que se le notaba como me “comía” con los ojos y que por lo que sabía llevaba mucho sin sexo. De Mariola, era cierto que con ella hablaba mucho porque tenían el mismo idioma materno. Se hacían sus confidencias y me conto que algo que le había contado. Según me dijo, Mariola se había casado a los 22 años con un hombre despampanante en esos años, se embeleso por el que tenía 36 años. En esos primeros años la edad no se notaba, pero según pasaba los años la diferencia si se empezaba a notar, en algunos “aspectos” de la vida. Interrumpí lo que me decía para preguntarle si le había sido infiel alguna vez, aunque hubiera sido mínimamente y Giordana me contesto que, si decía ella la verdad, que nunca.

           Insistí por última vez, porque lo intentásemos solo con una y para mí la mejor candidata era la colombiana Milena. De forma sarcástica y retadora, Giordana dijo… “¿Es que tienes miedo del fracaso? O… ¿Tienes miedo de no dar la talla con las tres? No te preocupes lo más que puede pasar si sale todo bien es que te dejemos bien seco… Jajaja” estaba claro que no había manera de hacerla cambiar de opinión y mañana seria el día. Era cuestión entre otras cosas de descansar bien. Aunque sinceramente no creía que prosperase lo que pretendía Giordana.

           Me levanté y fui a la cocina a tomar un café y mientras lo hacía, me di cuenta de que estaba la maleta de viaje de Giordana allí, sin dejar la jarra de café fui a mirar y vi que había una nota en la que me ponía… “NO TE HE QUERIDO DESPERTAR, PARA QUE ESTES BIEN FRESCO HOY. YO ME HE IDO AL “TALLER” NO ME ESPERES PARAS COMER QUE LUEGO ME IRE A COMPRAR ALGO QUE SEA ESPECTACULAR PARA ESTA NOCHE, BESOS” cuando ponía lo del “TALLER” es que se había ido a la peluquería, a la depilación… o a todo.

           No sabía qué hacer y recordé un sitio al que me habían dicho que tenía que ir sin falta. Busque entre mis papeles y encontré la anotación, llame para saber si había alguna hora libre y me confirmaron que sí. Me vestí raudo y veloz, para encaminarme al lugar. Era un spa muy conocido. El único problema era el tiempo, porque te llevaba medio día. Ya me lo habían avisado. Lo primero fue una sauna y luego diversos baños, desde agua hasta aceite. El tiempo se pasaba sin darse uno cuenta, me daba igual, no me preocupaba saber la hora. Después un fabuloso masaje, que al finalizar vino la comida almuerzo. Muy sana y digestiva. Luego otra sesión de relax y cuando ya pensaba que se había terminado, me dieron una sesión de aromaterapia facial. Era la primera vez que iba a un sitio de esos, pero me dejaron la piel y todo tan bien, que supe que no sería la última vez.

           Al entrar en casa salió Giordana con cara de preocupación, me había estado llamando sin parar y me di cuenta de que había apagado el móvil y no lo había vuelto a encender. Una vez que se recuperó de su preocupación, empezó a decirme como teníamos que hacer, todo al milímetro hasta el más ínfimo de los detalles. Eso no iba conmigo, una cosa era planear por encima lo que teníamos que hacer y otra muy distinta era tanto detalle, ya que no todo dependería de lo que nosotros hiciéramos o dijésemos. No le hizo mucha gracia, pero al final me dio la razón. Tan acelerada estaba que ni nos saludamos y dijo que se iba a vestir. Cuando se iba se dio la vuelta y me dijo que de sport nada, que me cambiase que les había dicho que vinieran elegantes a la cena. Lo único que me faltaba pensé.

           Me vestí un poco mejor, pero tampoco algo fuera de lo normal. Entre en el salón y estaba la mesa preparada con todos los detalles del mundo. Sí que se lo había tomado en serio. A mi espalda oí a Giordana que me preguntaba qué tal estaba. Me di la vuelta y… SIN PALABRAS, llevaba una minifalda de color rojo, a juego con una chaqueta del mismo color, medias que cuando se sentó un momento, se podían distinguir perfectamente por el bordado superior se las mismas, debajo de la chaqueta llevaba algo parecido a una blusa, pero como de gasa, de color negra y trasparente, donde no se veía por ningún lado vestigios de ningún sujetador. Parecía con su peinado y su maquillaje una auténtica “devoradora” nunca la vi tan guapa y excitante. Se lo dije tal como lo sentía, pero añadí que me parecía un poco excesivo para esa noche, ella sonriendo me contesto… “No conoces tan bien como crees a las mujeres, hemos quedado en vestirnos para llamar la atención de todos los hombres que nos vean esta noche, porque se supone que después de cenar iremos a pasarlo bien a algún sitio de moda” no entendía nada porque mejor que hubiésemos ido a cenar a cualquier sitio, pero…

           La que llego primero fue Mariola, cuando abrí la puerta lo primero que me llamo la atención fue su mirada, la sentí intensa, distinta a otras veces, llevaba la cara maquillada, pero sin que se le notase mucho, llevaba un mono largo de color verde, el pantalón de corte ancho. Tenía manga larga y un lazo en la cintura. El movimiento de sus pechos me hacía suponer que tampoco llevaba sujetador, algo que se confirmó cuando paso y vi que el mono en la espalda tenía una abertura, viéndose la espalda completamente desnuda. Me tenía que controlar, para que mi polla no se pusiera a tope. Como estaba la suiza. Mientras Giordana y ella hablaban, yo trataba de distraer mi mente no pensando en esas dos mujeres. Sonó de nuevo el timbre y cuando abrí la puerta, casi me caigo de culo.

           Era la colombianita preciosa, Milena. Llevaba un vestido estilo “bandage” (me entere que se les dominaba así, porque lo dijeron entre ellas) de color rosa chicle, mezclado con otros colores como el amarillo, naranja… aunque el que predominaba era el rosa. Era como una segunda piel de lo ajustado que le quedaba, pero se le ajustaba a la perfección, no se apreciaban ni michelines ni nada parecido. Se le veían unas curvas perfectas y como era extremadamente corto, se le veían unas piernas y unos muslos para comérselos. Y como no, unos taconazos que realzaban sus piernas y su soberbio culo, que cuando paso lo pude ver perfectamente, era la noche de la huelga de sujetadores, porque tampoco llevaba, el vestido llevaba detrás una cremallera estratégica, que si se le bajaba del todo… locuras. Descaradamente me pregunto si es que no iba bien, por la cara que puse… no quise contestarla y pasamos a donde estaban las otras dos.

           Ya era imposible controlar nada, mi cabeza iba por un lado y mi polla por otro. Fueron llevando unas bandejas a la mesa. Todo era comida fría, pero típica de Italia, esa era la excusa para que la cena fuera allí. La que más lo apreciaba era Mariola. Yo ya tenía bastante con controlar mi polla, era imposible tener mi mente en otro sitio. La cena, aunque duro bastante, a mí se me paso rápido. Milena que había traído una bolsa con algo, dijo que ahora le tocaba a ella. Lo que había traído era café de su país. Se ofreció a hacer el café y se levantó para ir a la cocina, Giordana me dijo que la acompañara para que no se volviese loca buscando las cosas.

           Estando en la cocina, no podía quitar mi vista de ese culo y esos muslos. Cualquiera de las dos estaban mucho mejor que Giordana y las tetas que se les presumían, sobre todo a Mariola eran mucho más grandes que las de Giordana, pero sin lugar a dudas el culo que parecía más deseable era el de Milena. Mientras el café se hacía, ella me dijo… “Estoy muy enfadada porque no me has contestado como me quedaba el vestido, por lo que veo no te gusto” y se volvió a dar la vuelta. Perdí la cabeza, me acerque y puse mi mano sobre su culo, que estaba muy duro, lo agarre bien y le dije al oído… “Como no me va a gustar con este culito de putita que tienes… seguro que tu marido…” ella sin quitarse ni nada, me corto lo que estaba diciendo… “Mi marido está muy lejos y ya ni me acuerdo…” ahora ante la buena predisposición de ella, metí mi mano por debajo del vestido y sentí su piel, cuando subí más la mano, ella abrió más las piernas y llevaba una braguita muy pequeñita. Le dije que esa noche todo podía cambiar y me sonrió diciéndome que por ella no había ningún impedimento. Nos dimos el primer morreo de la noche.

           Llevamos el café y nos lo tomamos. Giordana mientras lo tomábamos hablaba del sitio al que iríamos, dando todos los detalles, se levantó para ir a buscar un licor, para tomar una copa e irnos. Yo estaba extrañado, algo había pasado porque había cambiado los planes. Me llamo para que cogiera de la despensa el licor que ella no llegaba. Fui para la cocina y me pregunto cómo había ido todo, se lo conté y me dijo que veía a Mariola muy positiva. Cuando le pregunte por lo de ir al otro sitio, solo se rio y me dijo que yo le siguiese la corriente. Yo lleve varias botellas de distintos tipos de licor, para que eligieran y Giordana fue por las copas, que estaban en el mismo salón, cuando de pronto hizo como si se cayese y empezó a quejarse del tobillo, un “numerito” fuimos hacia ella todos, la ayudamos a sentarse.

           Mariola tomo la iniciativa, me pidió hielo o alguna bolsa de congelados, para ponérsela en el tobillo. En el congelador yo siempre tenía varias bolsas de geles por si me hacían falta por alguna lesión haciendo deporte. Giordana me decía que nos fuéramos, que ella se quedaría y antes de poder decir nada, Mariola y Milena dijeron que de eso nada que nos quedábamos todos, les di la razón y nos quedamos. Al ratito Giordana se puso de pie a petición de Mariola y decía que se encontraba mucho mejor. Giordana paso a victimizarse por habernos estropeado la noche. Se quejaba de lo que le apetecía haber ido a bailar. En ese momento yo dije que podíamos bailar allí y ella dijo que no estaba para dar saltos, yo seguí insistiendo y le dije que música lenta, si podía. Milena dijo entonces que sí, que era buena idea.

           Para no variar me encargue yo de la música y la iluminación. Los primeros en bailar fuimos Milena y yo, estuvimos guardando las formas varias canciones, pero nuestros cuerpos nos traicionaban y nos fuimos juntando más. Pudimos oír como Giordana decía que le daba envidia, que le apetecía bailar, Mariola le dijo que con cuidado si podía bailar y ella decía que no se fiaba, para añadir luego, pero si tú me ayudas lo mismo lo puedo intentar. Se pudieron a bailar muy próximas a nosotros. Cuando nuestras miradas coincidían, yo tocaba el culo de Milena para que ella lo viera y le sacaba la lengua, ella me miraba y se mordía el labio inferior. Nada más se oía la música. Ahora veía que Giordana se había pegado más a Mariola, sus tetas tenían que estar bien pegadas las unas contra las otras. Me fije en la cara de Mariola y la note nerviosa pero no incomoda. La que estaba totalmente entregada era Milena, que no se cortaba y se restregaba bien contra mi polla.

           Me estaban entrando ganas de mandar todo a la mierda, coger a Milena y llevármela a mi habitación, para follar durante toda la noche. Pero quise aguantar por Giordana, que lo veía claro con Mariola y yo no. Se acabó la música y nos fuimos a sentar y tomar otra copa. La cara de Milena y Giordana eran de cachondas perdidas, la Mariola era de azoramiento, sonrojada, se le notaba a pesar del moreno de su piel y le dio un buen sorbo a su copa, casi la vacío.

           Giordana de forma “espontanea” hablo del póker y que podíamos jugar un poco. Mariola vio su “salvación” porque dijo que era una buena idea. Milena se encogió de hombros, como diciendo… si no queda más remedio… yo dije que no. Porque al póker se juega con dinero y a mí no me gusta jugar con dinero entre amigos o conocidos. Todas dijeron que no pasaba nada por jugar con dinero y yo seguía diciendo lo mismo, como habíamos quedado de antemano Giordana y yo. Nos quedamos todos en silencio, hasta que nuevamente y con su “espontaneidad” Giordana dijo que jugáramos al strip póker, el silencio fue aún mayor. Actué como estaba preparado… “¿Lo estás diciendo en serio?” pregunté yo, Giordana con tono chulesco me dijo… “¿Tienes miedo a que tres mujeres te ganen…?” me hice el ofendido y dije que yo estaba dispuesto, Milena solo dijo… “Y yo también juego” nos quedamos esperando la respuesta de Mariola que no decía nada, pego otro sorbo, suspiro profundamente y dijo que si con la cabeza, Milena y Giordana aplaudieron.

           Fui todo decidido por las cartas y cuando volví, vi a Mariola hablando con Giordana, me senté en la mesa y Giordana dijo que jugaríamos en un rato, que ahora le apetecía bailar. Mariola se fue al baño y Giordana me dijo, que la diéramos un poco de tiempo. Yo puse música y me puse a bailar con Milena, desde el primer momento ya estábamos bien juntos. Agarre bien su culo con las dos manos y le dije susurrando, que esa noche ese culo iba a ser mío. Miro para los lados no vio a nadie y nos volvimos a morrear, me dijo que lo estaba deseando. Estábamos muy “emocionados” bailando. Giordana venía con Mariola y se pusieron a bailar. Yo me morreaba ya con Milena sin ningún tipo de recato. Quien la viera por detrás, podía ver su vestido levantado y mis manos en sus nalgas. Eso debió de encender a Giordana que me mira con mucho celo, me guiño un ojo, se acercó a la oreja de Mariola, le susurro algo, se miraron y Giordana beso su boca muy dulcemente, viendo como al instante era correspondida.  

           Todo iba perfecto, Giordana había tenido buen ojo. Pero sin esperarlo, Mariola se apartó, se despidió de forma apresurada y se fue hacia la puerta para irse. A milena y a mí la verdad que nos dio igual, estábamos ya muy enfrascado en lo nuestro. Giordana había salido detrás de Mariola, Milena y yo no esperamos más, nos fuimos a mi habitación. Al ir hacia la habitación pudimos ver a las otras dos hablando. En un visto y no visto, baje la cremallera del vestido y se quedó solo en unas minúsculas braguitas. Que mientras yo me desnudaba ella se las quito, dejando ver un abultado coñito, con un minúsculo triangulo de vello púbico.

           Se tumbó en la cama y extendió los brazos llamándome. Me decía con voz sensual que esta “RECALIENTE” me acerqué sin prisas, pero me puse entre sus piernas, fui mordisqueando y lamiendo sus muslos, el olor a excitación me llegaba de una forma profunda, era como una perra en celo. La notaba ansiosa y cuando con mi lengua llegue a su coñito, dio un grito intenso, más que un gemido, levanto sus caderas para que mi boca estuviera mejor. Se retorcía y se movía, para llegar a mi polla y cuando lo consiguió fue como si atrapara su presa. Me pidió cambiar de posición, prefería estar arriba. Una vez cambiados, apretaba bien su coñito contra mi boca, con rabia. Solo la oía resoplar porque tenía mi polla en la boca y poco más podía decir. Se levantaba un poco y era como si se relajara, luego volvía a poner su coño en mi boca y cuando aprecia que se iba a correr se levantaba, así varias veces, hasta que la atrapé bien con mis manos y no la permití levantarse, moví bien mi lengua y al final tuvo una corrida tremenda.

           Paro hasta de mamarme la polla para gemir y gritar como si le fuera la vida en ello. Sus convulsiones y sus movimientos fueron brutales. Poco se relajó porque enseguida estaba mamándome la polla de nuevo. Vuelvo a comer su coñito con tranquilidad, esta empapado de tal manera que mi cara está muy mojada, ella sigue contoneándose, cuando veo una mano que acaricia el exquisito culo de Milena, miro y veo que es Giordana, que está sola, sigue acariciándolo y sube por la espalda, noto como para de comerme la polla Milena y la oigo decir… “Vamos chonga, puta… que ya sabía lo que queríais y habéis tardado mucho, ven que aquí tenemos para las dos” note dos lenguas recorriendo el tronco de mi polla.

           Milena decía que no aguantaba más que la quería dentro, que la necesitaba y se quitó para que la follara. Se colocó a cuatro. Parecía una competición de gemidos, chillidos, palabras fuertes, estábamos los tres enloquecidos. Se notaba las ganas contenidas durante horas. Giordana se comía las tetas de Milena y yo me comía su culo desde atrás, como chillaba era todo un escándalo. El timbre de la puerta sonó de manera insistente y como no había sondado anteriormente el portero automático, estaba claro que sería algún vecino quejándose. Las mande bajar el tono, me puse una camiseta y un pantalón, aguante la respiración y fui a abrir la puerta. Era Mariola, se quedó mirándome con ojos brillantes y no decía nada, tampoco hacia amago de entrar. Estire mi mano ella me la agarro y tire hacia mí, dándonos un morreo con mucho deseo. Cogí su bolso, su abrigo y los deje en la entrada, luego la agarre para llevarla a mi habitación, antes de entrar se paró un momento y me dijo muy dulcemente, casi como una súplica… “Tratarme bien… nunca antes hice nada de esto” y nos metimos en la habitación.

           Al entrar en la habitación estaban Milena y Giordana en un perfecto 69, ni se dieron cuenta de nuestra presencia, estaban las dos enfrascadas dándose placer mutuo y gimiendo fuertemente dándoles igual que yo le hubiera dicho que bajaran el tono. La más escandalosa era Milena y daba gusto oírla. Mariola se quedó mirando sin poder creer lo que sus ojos veían, no sé lo que se había imaginado, pero seguro que lo que veía lo superaba. Yo acariciaba su espalda con suavidad, metía mi mano por la abertura del mono, pase mi mano hacia adelante y note su teta desnuda, su pezón estaba muy duro, no decía nada solo miraba fijamente a sus dos amigas. Que ya se habían corrido una vez de forma muy escandalosa pero no pararon. Luego bajé mi mano a su cintura con muy poco esfuerzo, sentí su culo casi desnudo, porque llevaba braguitas muy pequeñitas, que no llegaban a ser tanga, pero casi. En el momento que noto mi mano que se metía desde atrás entre sus piernas y mis dedos tocaron su mojadito coñito, ella llevo su mano a mi polla y no le debió de gustar mucho el pantalón, porque rápidamente metió su mano por dentro y como no llevaba nada más debajo, me agarro bien mi polla y la meneaba con suavidad, con delicadeza.

           Me puse detrás de Mariola y fui bajando la parte de arriba de su mono, que fue muy fácil y se quedó con las tetas al aire, me puse bien apretado a ella para que su culo notara mi polla y agarre bien sus tetas, las estuve acariciando un buen rato y sentía sus duros pezones entre mis dedos, no me cabían en la mano esas tetas. Eran un lujo de tetas. Ella cada vez apretaba más su culo, termine de bajar su mono y ella con dos movimientos de piernas se los quito sin necesidad de más. Las braguitas fueron detrás, dejando su coñito de muñeca sin nada, no tenía ni un pelito. Metí mis dedos en su coñito y la follaba con fuerza, hasta que se le escapo un potente gemido, que le salió así de fuerte de estar conteniéndose, fue cuando miraron Milena y Giordana, esta última dio un salto de la cama se acercó a nosotros y la llevo a la cama. Se tiraron sobre ella como fieras y ella no protesto, todo lo contrario, se dejó llevar, se liberó y empezó a ser tan escandalosas como ellas.

           La visión de las tres es inenarrable, no encuentro palabras. Esas tres fieras me iban a dejar para el arrastre seguro, pero no podía pedir menos, no me importaba. Me acerqué y me puse detrás de Milena y se la metí sin complicaciones, entro como si nada. Entre ella y Giordana colocaron a Mariola delante, Milena sin que nadie le dijera nada empezó a comer su coñito, mientras yo me la follaba con penetraciones tranquilas pero muy profundas. Mis dedos como siempre se fueron al culito de Milena, que coopero en que mis dedos follaran su culito. Estaba claro que no eran los primeros que lo hacían. Giordana dijo un… “Ahora mismo vuelvo” y se fue.

           Regreso con los “juguetitos” que tenía. Llego justo cuando Mariola se mordía una mano para que no se le oyera correrse y Giordana le quito la mano para besarla, que corrida que tuvo. Giordana después de terminar el beso, puso a vibrar un vibrador tipo pintalabios y se lo puso en el clítoris a Milena, que nada más sentir la vibración, la insultaba llamándola, puta, zorra, mamporrera, pero que no se le ocurriera quitarlo y se corrió nuevamente de forma espectacular y con unos chillidos como para despertar a todo el vecindario. Mariola que ya no estaba cortada decía que ella no se quedaba sin probar mi polla, pero le gustaba más sentarse ella encima. Una vez que me tumbe, se empezó a meter mi polla dentro, al principio costo un poco, como si rascara, pero se sentó de una sola vez. Giordana que por lo que dijo, sabía que nunca había tenido sexo anal, le decía que se lo prepararía y Mariola dijo que si con la cabeza, pero estoy convencido que no la entendió, estaba a otro rollo.

           Las caras de Milena y Giordana era de perversidad, Giordana con un plug anal negro y no de los pequeños, Milena untando lubricante y acercándose a Mariola, para acariciar su espalda, besarla y luego comerse uno de sus enormes pezones. Giordana mientras empezó a meter el plug anal, Mariola pego un respingo y quiso llevar sus manos atrás, pero se lo impedimos Milena y yo, Giordana no tuvo piedad, se lo metió, su cara paso de sorpresa-dolor a resignación y placer. Giordana sin dejar de tener la mano en su culo, se colocó por un lado para comer la teta libre de Mariola, que cara deleite, de satisfacción ponía, acariciaba sus cabezas y ahora sentí en mi pelvis una vibración, era Milena con el vibrador pequeñito en el coñito de Mariola. Solo daba suspiros, cada vez más profundos hasta que rompió en una imponente y larguísima corrida, corrida que me dejo empapado.

           Giordana saco los dos arneses con vibradores que tenía, se lo hizo poner a las dos. Mando a Mariola tumbarse y se sentó sobre el primero, Milena se colocó detrás para metérselo por el culito y yo no quise ser menos, una vez que los sonidos de las vibraciones y los gemidos se entremezclaban, me fui por el culito de mi colombianita y se quedó parada cuando me sintió, no fue como en su coñito aquí me costó más y ella me animaba, me decía que, aunque no había tenido uno así por ahí, que no me parase. Nos costó mucho ponernos de acuerdo con el ritmo, pero lo conseguimos, Giordana se corrió dos veces seguidas, Mariola se corrió detrás y yo le llene el culo de leche. Nos desacoplamos y Milena siguió tocando a Mariola, que estaba muy cachonda, pero nos dijo que se tenía que ir, que no podía estar más tiempo. Yo le dije que sí, pero que antes se diera una ducha para quitarse los olores, sonrió y me dijo que si, que sería mejor. La acompañe al baño con la excusa de darle una toalla. Se metió en la ducha y me metí con ella, me dijo que era muy malo. Nos besamos y nos lavábamos mutuamente, me puso la polla otra vez a tope. Intente follarme su culito, pero se quejó del dolor y por no asustarla lo deje para otro mejor momento.

           Ya se había vestido e iba a despedirse de Giordana y de Milena, que estaban otra vez bien enroscadas, me dijo que no las molestase y fuimos hacia la puerta de la calle, la volví a morrear bien morreada y me quito diciendo… “Para ya, que, si sigues así, al final no me marcho y tengo que hacerlo, pero ya te lo digo… REPETIREMOS” entre de nuevo en la habitación y ahora era Milena quien estaba sentada sobre el arnés que tenía colocado Giordana y Giordana me dijo… “Nuestra putita… que quiere que la follemos a la vez” en segundos tenía mi polla bien clavada en su culito. Quise probar si era tan zorra como aparentaba, mientras me follaba su culo, ralenticé mis penetraciones, para poder azotar ese culito, ella con una sonrisa lasciva, me dijo… “Sois lo que buscaba y lo que necesitaba, puedes dar más fuerte…” Giordana la cogió y la morreo dejando su culo a mi disposición plenamente.   

           No se las veces que se corrieron ellas, sé que me dejaron seco, seco. Hasta que nos quedamos dormidos, Milena era mucho más de lo que nos habíamos pensado. Por la mañana cuando me levante estaba solo en mi cama, el olor que había era muy fuerte, olía a sexo de una forma exagerada. Me fui a bañar y después de hacerlo, salí con una toalla enroscada a la cintura y estaban las dos hablando en la cocina. Nos dimos los buenos días y me habían preparado un zumo de casi medio litro, café y unas tostadas. Milena apuraba su café, estaba vestida para irse y Giordana andaba con un camisón. Por lo que pude oír, se iba a cambiar, para irnos a comer y cenar por ahí. Mientras tomaba el café, podía ver su mirada, era más “perversa” de la que habitualmente tenia. Sin esperármelo se levantó de golpe y le dijo a Giordana… “¿Te importa?” y Giordana se limitó a sonreír, ella se me acerco y dijo… “Lo siento, pero estoy muy necesita” me abrió la toalla y se agacho, empezó a mamar mi polla que fue creciendo al notar el calor de su boca y esa lengua inquieta que tiene.

           Giordana se puso detrás de ella, hizo que sin dejar de comerme la polla se alzase un poco, de tal manera que se quedó con el culo en pompa. Si cortarse, Giordana subió el vestido muy poco y al ser tan corto su culo quedo a la vista, ella se puso a comerse su culo y después se puso de pie, azotando sus nalgas a su gusto, ver la cara que ponía azotándoselo, como se mordía los labios, era un gustazo, que cambio más bienio había dado. Me corrí espléndidamente en su boca y se levantó para besarse con Giordana. Dijo que ya era hora de irse y que nos llamaría cuando viniera para aquí. Cuando nos quedamos solos, Giordana me conto, que ninguna de las dos jamás les había puestos los cuernos a sus maridos, pero que Milena le había dicho que estaba desesperada y que intuía que nosotros queríamos algo con ella.


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