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Fecha: 23-Dic-16 « Anterior | Siguiente » en Dominación

La puta del supér 8

ReigDreed
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Eva debe cumplir con la misión que le ordenó Elena esa misma mañana. Debía conseguir follarse a su jefa, sin saber a ciencia cierta, si a Nuria le gustaban realmente las mujeres. Lésbico, algo de dominación y humillación. Y como siempre, mucho morbo. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

Eva debe cumplir con la misión que le ordenó Elena esa misma mañana. Debía conseguir follarse a su jefa, sin saber a ciencia cierta, si a Nuria le gustaban realmente las mujeres. Un relato un poco diferente al resto de la serie, pero a mi parecer, necesario para futuras aventuras de la puta del súper. Espero que os guste.

 

-Así me gusta. Toma esta bolsa. Hay tienes lo necesario para follártela, o que te folle ella a ti, no sé cómo hacéis las lesbianas.- me dijo hipócritamente, después de que me acababa de follar ella a mí.

-Si mi Ama.- la conteste.

-No me falles, o te castigare.- me amenazó.

-No lo haré.- la dije sumisamente, mientras ella salía de mi coche.

Así me quede, mirándola otra vez, como se movía su precioso culo en dirección a su casa. Cuando desapareció por la puerta, cogí mi móvil y busque el número de Nuria. Trague saliva y le di a llamar.

-¿Si?

-Hola Nuri, soy Eva, necesito hablar contigo.

 

La puta del súper 8

Conseguí convencer a Nuria para quedar esa tarde. Lo habíamos hecho a las 8 en su casa. Lo que me daba tiempo a volver a mi casa, ducharme y estar con mi hijo hasta que llegara Rubén para que se quedase con él.

Así lo hice. Cuando me estaba desnudando en mi baño, me di cuenta que ni siquiera me había quitado el collar para subir a mi casa. Me había cruzado con un vecino en el portal, por eso puso esa cara tan rara cuando le salude. Qué más da. Después de lo que había hecho en el centro comercial eso era una niñería.

Hice todo lo que había pensado y espere con mi hijo a que llegase mi marido del trabajo. Cuando la puerta se abrió, otra sorpresa me estaba esperando. No venia solo. Mi hermana estaba con él. Llevaba una falda cortísima, casi tanto como la que yo había comprado esa mañana. Nos saludamos, sin poder evitar poner cara de no entender nada. Cuando se quitó el abrigo vi que llevaba una camiseta negra de rejilla y dejaba completamente a la vista su sujetador azul, con muchísimo relleno. Pues le hacía unas buenas tetas, cuando mi hermana nunca había tenido mucho pecho.

-¿Que hacéis juntos?- Les pregunté, ya sin poder evitarlo.

-He tenido que ir a buscarla al trabajo. – me contestó mi marido, un poco nervioso.

-Como me has dejado tirada, he tenido que pedirle a mi cuñadito que me recogiera.- siguió mi hermana, más tranquila y segura de que me estaba dando una explicación coherente. Cuando no lo era.

-Y… ¿tu ropa?- quise decirla que porque llevaba esas pintas de puta si acaba de salir del trabajo, pero no me atreví, por todo lo que ella había visto de mí y de mi vestuario reciente.

-¿Te gusta? Me la ha regalado Mario. ¿A que es un encanto?- contesto Sandra.

No supe que contestar, el miedo a que ella hablase más de la cuenta sobre Mario y mis celos por su “amistad” con él, mantuvieron mi boca cerrada.

-¿Y por qué la has traído a casa en vez de llevarla a la suya?-le pregunte a Rubén.

-Prefiero quedarme aquí esta noche, así puedes llevarme mañana al súper. Mañana si vas a trabajar ¿verdad?- me contesto mi hermana, dejando a mi marido a un lado.

-Eh... sí. Mañana si.- la contesté.

Esa niñata me estaba dejando sin salida. No podía decirla que se fuera a su casa. Pero dejarla toda la tarde a solas con mi marido me daba “malas vibraciones”. Ya era casi la hora de irme.

-Bueno, como quieras. Puedes ponerte algo de mi ropa para que estés más cómoda. – La dije, para que así no estuviera calentando a Rubén toda la tarde.

-No hace falta. Estoy cómoda con esta. Además , mi cuñadito me ha dicho que me queda muy bien.- contesto ella.

Yo mire con mirada asesina a mi marido, que no sabía dónde meterse. Quería decirle unas cositas antes de irme. Pero no tenía tiempo.

-Bueno yo tengo que irme. Tengo que… volver a la tienda, que están muy liados en la panadería.- me invente la excusa, esperando que mi hermana no indagará.

-Vale, nosotros nos quedamos aquí cuidando del peque. No trabajes mucho.- Dijo mi marido.

-Si tranquila, hacemos muy buena pareja, cuidaremos a mi sobrino como si yo fuera tú- dijo mi hermana, avivando más mis celos.

Cogí la bolsa, donde había preparado mi ropa y me despedí de los tres dándoles unos besos.

Antes de ir a mi coche, tenía que cambiarme de ropa. No había podido ponérmela en casa, pues mi marido no podía verme vestida como una puta otra vez, para supuestamente, ir a trabajar. El único sitio donde podía hacerlo era el, desde aquella tarde, temido trastero.

Allí me desnude, recordando aquella experiencia, y me vestí con la misma ropa que había tenido puesta cuando me follo Elena en el sex-shop. Ella no me había dicho nada, por lo que entendí que tenía que ir vestida igual que me dejo. Me pinte mis labios de rojo “putón” y me maquille, sin exagerarlo demasiado, pero lo suficiente como para que Nuria viera mis intenciones y que Elena estuviera contenta. Me hice una foto y la mande en el grupo. Nadie me la había pedido, pero seguro que les gustaría verme vestida de puta y a Luis le recordaría la tarde en mi trastero. Otra vez, me humillaba yo sola con mis compañeros.

Salí de mi edificio temiendo encontrarme a alguien y corrí hasta mi coche. Ya estaba excitada, pero necesitaría más que eso para atreverme a follar con mi jefa.

No tarde mucho en llegar a su casa, sabia donde vivía por que la había llevado allí alguna noche después de trabajar, pero nunca había subido. Llame al telefonillo y me abrió. Una vez delante de su puerta, mis nervios estaban a flor de piel. Coloque mis tetas dentro del sujetador, pues al subir por las escaleras, el pequeño sujetador no había sido capaz de retenerlas. Llame al timbre e inmediatamente abrieron la puerta. ¿Habría estado espiando por la mirilla?

-¡Hola Eva! Qué guapa vas.- me saludó Nuria.

-Hola Nuri. Gracias, tú también estas muy guapa.

Era la verdad. No sé si porque no estoy acostumbrada a verla fuera del trabajo o porque se había arreglado especialmente para mí. Pero estaba guapa y sexy. Llevaba una blusa verde clarito, con un gran escote. Que con sus enormes pechos, fácilmente usaría una 110, no había forma de mirar a otro sitio. Llevaba unos pantalones vaqueros ceñidos a sus piernas, que cuando se dio la vuelta para que la siguiera dentro, comprobé que le marcaba un culo grande, pero bien formado. Las botas altas de tacón la ayudaban a que ese culo estuviera bien levantado.

Después de darnos dos besos, diría que más largos que lo normal. La seguí al sofá, fijándome con atención en ese enorme y bonito trasero. Que obsesión estaba teniendo últimamente con los culos de las mujeres. Deje mi bolso y la bolsa donde llevaba todos los juguetes, que Elena me había dado para jugar con Nuria, nos sentamos y empezamos a hablar.

-Bueno dime, que es lo que tenías que contarme.- empezó Nuria.

-Pues veras, tengo que explicarte mi comportamiento del otro día y pedirte perdón.

-No tienes que pedirme perdón, no pasa nada. Pero si me gustaría saber que te paso. No he conseguido entender muy bien lo que paso en la panadería entre nosotras.- me dijo ella, un poco cohibida a hablar del tema.

-Pues… es que… me da bastante vergüenza decírtelo. Somos amigas y eres mi jefa…- la dije, haciendo un poco de teatrillo, aunque la verdad, lo que tenía que decirle y después hacer si me daba muchísima vergüenza.

-Por eso mismo. Porque soy tu amiga, debes contármelo. Y como soy tu jefa, te ordeno que me lo digas.- dijo ella bromeando, sin saber que para mí las ordenes tengo que obedecerlas.

-Oye, que no te he ofrecido nada, que mal. Quieres una coca cola o una cerveza. O quizás prefieras una copita para soltarte la lengua.- me dijo ella bromeando.

-Pues la verdad... No me vendría mal para ayudarme a contarte lo que te intento decir.

Como ya sabéis, yo casi nunca bebía, pero si el alcohol había sido el culpable de todo lo que me había pasado desde aquella cena de empresa, era su responsabilidad ayudarme con esto.

-¿De verdad? Pues si quieres preparo unos cócteles que están muy buenos y entran mejor a estas horas de la tarde.- me dijo Nuria.

- Vale, te lo agradezco, seguro que me ayudan a relajarme.

-Espera, que lo traigo todo aquí y así me ves como lo preparo.- me dijo Nuria

Fue a la cocina y escuche ruidos de botellas de cristal. En poco más de dos minutos apareció con una bandeja con varias botellas, una coctelera y un par de copas. Lo puso sobre la mesa, justo enfrente de mí, dejando su fantástico escote delante de mi cara. Mis ojos se fueron solos hacia esas enormes y bonitas tetas.

-Te voy a preparar mi especialidad, yo antes trabaje como camarera en un bar de copas ¿sabes?- me dijo mi jefa.

-No tenía ni idea. - la contesté, mirando embobada sus pechos.

Empezó a mezclar licores en la coctelera, haciendo girar las botellas con bastante maestría. Se notaba que decía la verdad en cuanto a su anterior trabajo. Pero el plato fuerte fue cuando empezó a agitar la coctelera, justo delante de su pecho, haciendo que sus tetas bailasen al ritmo de los hielos. Se suponía que era yo la que tenía que seducirla, pero era ella la que me estaba calentando con ese movimiento. Pero que me pasaba, si se supone que no me gustan las mujeres. Termino de agitarlo y sirvió las copas.

-A ver si te gusta.- me dijo.

Yo probé mi copa y la verdad que estaba bueno. Se notaba que tenía alcohol, pero con tantas mezclas de frutas no costaba nada beberlo.

-Está buenísimo Nuria.- la dije apurando la copa.

-Ya veo ya. Espera que te la rellene.- me dijo ella.

Así lo hizo y bebimos las dos, esa deliciosa mezcla. Me estaba relajando, aunque mis nervios seguían, empecé a ver lo que tenía que hacer como un juego. Nos acabamos las copas y la coctelera estaba vacía. Era mi turno de intentar seducirla.

-Enséñame como se hace.- la dije.

Ella me fue diciendo lo que tenía que echar en la coctelera, hasta que llegó el momento que yo quería, agitarla. Como ella, puse la coctelera delante de mi pecho y empecé a menearla fuertemente. La imagen era como si estuviera haciendo una paja en mis tetas, lo que yo buscaba. Notaba mis pechos botar exageradamente.

-Ummm, lo vas a batir.- me dijo Nuria.

-¿No te gusta como lo hago?- la contesté con picardía.

-Sí, sí. Se nota que tienes practica meneando ¡Jajaja!- me dijo ella, entrando en el juego.

Seguí “meneando” la coctelera hasta que note como salía un pecho de mi sujetador. Al llevar la camiseta con la transparencia, Nuria tuvo que verlo. Pare y serví las copas, haciéndome la despistada. Ella tampoco dijo nada, aunque por como las miraba estaba claro que lo había visto.

-Espero que te guste- la dije

Ella la probó y dijo:

-Ummm, estas buenísima.- contestó ella.

-¿Quién esta buena la copa o yo?- la dije, aprovechando su equivocación. Si es que de verdad se no había querido decir eso.

-La copa esta buena, pero tú más.- me reconoció mi jefa.

No sabía si el alcohol había empezado a hacer efecto en Nuria, pero yo si me notaba un poco mareada después de tomarme la copa que acaba de servirme de un trago, al escuchar lo que me había dicho ella. No estaba acostumbrada a beber y me había decidido a emborracharme para lo que vendría después.

-Te vas a pillar un buen pedo como bebas así, Eva.

-Lo sé. Es lo que quiero para perder la vergüenza.- la contesté.

-Pero que tienes que decirme. Me tienes intrigadísima.- dijo ella.

No podía retrasarlo más. Pero entonces me acordé. Elena quería que grabase todo con mi móvil. Tenía que buscar un sitio para dejar mi móvil, donde nos grabase a las dos en el sofá y por supuesto, que Nuria no sospechase. Mire a mí alrededor, con mi vista un poco nublada por el mareadillo que tenía. Pensé que el mejor sitio sería dejar mi móvil, junto a mi bolso, en la estantería que había enfrente. Pero como hacerlo sin que me viera. Tenía que conseguir que saliera del salón un momento.

-Pues entonces yo también me emborrachare, apura la coctelera y preparamos otro.- dijo Nuria.

Hice lo que me pidió y volví a llenar las copas. Con esta llevábamos cuatro cada una. Aunque eran pequeñas, y el coctel no tenía demasiada graduación. Al menos para mí ya era mucho alcohol en tan poco tiempo.

-Vale, pero un segundo que tengo que hacer pis.- la dije.

Era verdad. Pues tanto beber es lo que tiene. Pero además pensé que así podía dejar preparado el móvil para luego solo darle a grabar.

-Espera, primero vuelve a agitar la coctelera como tú sabes. Que con las ganas de hacer pis seguro que lo haces más rápido.- dijo ella, claramente borracha y yo diría que caliente.

-Qué mala eres. Tú quieres que me lo haga encima.- la contesté pícaramente.

-No te preocupes que si se te escapa unas gotitas te dejo unas braguitas mías ¡Jajaja!

Estaba claro que estaba caliente y borracha. Mejor ocasión no podía tener.

-Umm que morbo. Ponerme unas braguitas tuyas…- la dije, intentándola calentarla más.

-¿Te da morbo? Pues no se hable más. Ven y elije las que tú quieras.- me dijo ella, envalentonada por la situación.

-Prefiero que las elijas tú. Así las llevo a tu gusto y me das la sorpresa.-

-Ummm que morbosa eres. Espera aquí, y no agites la coctelera sin estar yo presente ¡eh!

-No tranquila, se queda aquí quietecita.- la contesté, poniendo la coctelera pegada a mi pecho, notando el frio metal, sobretodo en la teta que tenía fuera del sujetador.

-Eso, eso. Mantenla justo así, hasta que vuelva.- me dijo mi jefa.

Salió corriendo y yo desobedeciéndola, deje la coctelera para poder colocar el móvil donde quería. Me dio tiempo de sobra, debía estar dándole vueltas a las braguitas que elegiría para mí. Me coloque donde estaba y puse la coctelera entre mis tetas. El frio hizo lo normal en estos casos y mis pezones se pusieron duros como piedras. Me mire el escote y se veía perfectamente mi pecho fuera del sujetador con el pezón clavado en la tela. Me excite pensando que ella llevaba un rato viéndolo y no había dicho nada. Cuando volvió, lo hizo con una sonrisa de oreja a oreja y las manos a la espalda.

-¿Qué traes tan escondidito?- la dije mientras sujetaba la coctelera donde ella me había pedido.

-Una sorpresita. Me da un poco de vergüenza… pero me tienes que prometer que te las vas a poner.- me dijo ella, ilusionada.

No sabía qué tipo de bragas serian. Pero seguro que no era nada peor de lo que había llevado yo puesto en los últimos días.

-Que interesante. No te preocupes, me pondré lo que tú me digas.- la dije, dejando que mi lado sumiso hablase.

-Que gusto escuchar eso. Pues a ver qué te parece.- dijo ella, sacando las manos de detrás de su espalda y enseñándome lo que escondían.

Eso no se lo podía llamar tanga. Mucho menos unas bragas. Era, simplemente, unas tiras de goma con un pelín de tela. Me fije bien. Era un tanga de hilo, pero abierto en la parte del coño. Me quede boba mirándolas, mientras ella tenía una risita tonta, entre nervios y vergüenza.

-Pero… si eso no tapa nada.- la dije.

-Ya. Esa es la gracia. Ideal para las ocasiones en las que tienes prisa por que lleguen ahí abajo.- contesto mi jefa.

-¿Tú te has puesto eso? – la pregunté.

-Claro que sí.

-No te creo.

-Pues créetelo. Hasta alguna vez las he llevado al trabajo. Es más, a la cena de empresa fui con ellas.- me reconoció.

-Pero si ibas con un vestido súper corto.- la dije sorprendida.

-Ya lo sé. No veas que morbo notar el airecillo allí abajo. Pero vamos, que no sé qué vas a decir tú, con el vestido de putón que llevabas.- me dijo ella.

-Está visto que las dos somos un poco putas ¡Jajaja!- la dije riéndome.

-Pues sí. Pero vamos que me has prometido que te las pondrías.

-Está bien. Y después menearé la coctelera bien rápido, que te recuerdo que me estoy haciendo pipi.- la dije poniéndola voz de niña, de niña guarra.

-Eso, eso. Hasta que no lo hagas no te dejo mear.- me dijo ella.

Esa frase me excitó. Sin darse cuenta me estaba dominando. Poniéndome una condición para hacer algo tan sencillo como poder hacer pis. Todo este jueguecito me tenía ya muy caliente. Le di la coctelera a ella, poniéndosela entre sus dos grandes pechos, al igual que yo la había tenido.

-¡Off que frio!- dijo ella, cuando se la puse. Sin embargo la mantuvo donde yo la deje.

-A que sí. Pues ya verás cómo se te ponen los pezones.- la dije yo bromeando.

-Ya, si puedo ver como se te han puesto a ti.- me dijo señalando mis tetas.

Me hice la sorprendida por llevar un pecho fuera.

-¡Pero bueno! ¿Cómo no me dices que se me ha salido una teta?- la pregunté, fingiendo muy malamente.

-¿Y por qué voy a hacerlo? Así me alegro la vista.- me contestó.

-¿Te gusta? Pues entonces se queda así.- la dije, guiñándola un ojo.

-Así me gusta. Ahora ponte mi tanguita.- dijo ella, expectante por ver cómo me lo ponía.

Ambas estábamos ya muy calientes. Por lo que decidí hacerme desear. Gracias a mi cortísima falda, metí mis manos bajo ella y fui bajando mi tanga nuevo, hasta llegar a mis tobillos. Lo recogí, agachándome en cuclillas, quedando tapada mis intimidades por la mesa que teníamos delante del sofá. Y como si de una bailarina de striptease se tratase, jugué un poco con él, para luego tirárselo a ella, con una puntería perfecta para mi estado de embriaguez, lo deje colgando de la coctelera que tenía entre sus pechos. Se quedó boquiabierta, al tener mi tanga recién quitado entre sus tetas. No la di mucho tiempo a pensar  cogiendo el tanga que había traído, si se le podía llamar tanga. Me lo fui subiendo por mis piernas hasta dejarlo en su sitio.

-¡Bravo, bravo!- gritaba ella, apludiendo con sus manos, dejando sujeta la coctelera solo por sus pechos apretados por sus codos.

-¡Ahora la coctelera!- grito entusiasmada.

Me agache por encima de la mesa y cogí la coctelera directamente de entre sus pechos, deslizándola por su canalillo que quedo mojadito por la condensación de los hielos contra el calor que debían desprender aquellos dos melones que se gastaba mi jefa.

-¿Como quiere el coctel la señorita?- la dije siguiendo con el juego.

-Agitado, muy agitado.- dijo ella, intentando poner voz de seria.

-Como gusté.- la contesté, empezando a agitar bien la coctelera.

Lo hice con una mano, dando la auténtica impresión que estaba haciendo una paja a una polla.

-Eres una pajeadora profesional Evita.- me dijo Nuria.

-Gracias jefa.- la contesté mientras meneaba aquello.

-Con las dos manos.- me dijo.

Hice lo que me pidió, como antes, poniendo la coctelera delante de mis pechos y agitándola velozmente con ambos brazos. Así mis tetas botaban mucho más. El pecho que tenía fuera, se había salido aún más. Y el otro iba por el mismo camino.

-Más rápido.- gritaba ella.

Intente ir más rápido. Pero con tanto botar y tanto beber yo ya no me aguantaba las ganas de mear de verdad.

-¡Que me meo Nuri!- la dije.

-O lo haces más rápido o no te dejo ir al baño.- me dijo ella.

Otra vez la vena sumisa hizo que mi coño se humedeciera al oír aquello. Aunque no estaba claro si era por la excitación o por que se me estaba escapando ya el pis.

-Por fa, que me lo hago encima.- la dije yo casi suplicando.

-Con tus tetas, o la meneas con tus tetas o te meas delante de mí.- me dijo ella, fuera de sí.

No me quedo otra opción que poner la coctelera entre mis pechos, y apretando estos con mis manos, intentar agitar la coctelera de arriba abajo. Auténticamente le estaba haciendo una cubana a aquel metal helado. 

-Ummm sí. Como tienes los pezones nena.- me dijo.

Me mire y tenía ya las dos tetas fuera con mis pezones intentando escapar de la transparente tela. Estaba claro que a Nuria le gustaban las mujeres y también que yo la ponía cachonda. No sé si aquella tarde fue la primera vez o si ya sentía eso por mí antes. Pero lo que de verdad me tenía sorprendida, era que yo misma estaba muy caliente. Podía notar como mis muslos estaban mojados, ya que el tanga que llevaba no se ocupaba de absorberlos. ¿De verdad me estaban empezando a gustar las mujeres? No podía pensar con claridad, pero esta misma tarde resolvería mis dudas.

-Tú me los has puesto así.- le dije a Nuria.

-¿Yo? No, no. Ha sido la coctelera que está muy fría.- me contesto ella, haciéndose la inocente.

-¿Quién me ha mandado hacerle una cubana a la coctelera?- la recriminé con cariño.

-Por lo bien que lo haces seguro que has hecho muchas. Además con esas tetazas que tienes, tu marido debe gozar mucho metiendo su pichurria hay dentro.

-¿Me dices a mí de tetas? Pero tú te has visto las tuyas. Eso sí que son unos melones.- la contesté, iniciando una discusión absurda sobre nuestros pechos.

-¿Te gustan?- me pregunto, cogiéndose las tetas con ambas manos.

-Pues claro que me gustan. ¿A quién no? Pero no me parece nada bien que tú estés aquí viéndome mis tetas y yo no pueda ver las tuyas.- la dije, prendiendo la mecha.

-¿De verdad quieres verme las tetas, Eva?- me preguntó.

-No quiero, lo necesito.- la dije acariciándome con mi mano mi entrepierna.

-Umm, si me lo pides así…- me dijo mientras se levantaba del sofá.

Ya de pies, mirándome con sus bonitos ojos, empezó a desabrocharse botones de su blusa, dejándola abierta pero sin quitársela me dijo:

-Me estas poniendo muy cachonda Eva y eso no está bien. Somos compañeras de trabajo. Además tú estás casada. Si sigo con este juego no voy a poder contenerme y no creo que debamos hacer esto…- me dijo Nuria, poniéndose seria por primera vez.

Tenía razón. La cordura que yo ya había perdido me la estaba dando ella. Pero no podía dejarlo así. Mi Ama me había dado una orden, además, necesitaba confirmar si lo que sentía por las mujeres solo era con Elena o … me estaba volviendo una guarra que necesitaba que me utilizaran tanto hombres como mujeres.

-Somos compañeras. Pero Alfredo ya me ha echado la bronca por meterte mano en la tienda. Muchos de nuestros compañeros piensan que tú y yo somos bolleras y nos lo montamos en los vestuarios a escondidas. Y por lo que respecta a mi marido, yo no le voy a decir nada ¿Y tú?- la dije, mientras me acercaba, quedándome enfrente de ella, con nuestros pechos separados por solo unos pocos centímetros.

-Eeeh, no.- me contesto ella.

Pues mis manos en sus hombros y mirándonos a los ojos la deslice la blusa por ellos. Está cayó al suelo dejando sus enormes pechos, solo cubiertos por un bonito sujetador rojo. Baje mis manos desde sus hombros, recorriendo su espalda hasta llegar a su cintura, la atraje hasta mí, quedando nuestros pechos aplastados los unos contra los de la otra. Y la bese. Un tímido beso al principio, pero cuando ella me correspondió, note que de verdad me gustaba besar a una mujer. Su boca sabia al coctel que nos habíamos bebido y su lengua era suave y blandita, me encantaba. Nos fundimos así mientras empezábamos a meternos mano. Ella fue directa a mi culo. Primero por encima de mi falda, para luego pasar rápido a meter las manos por debajo y cogerme cada cachete con una mano. Yo volví a subir mis manos por su espalda para llegar al cierre de su sujetador, era muy bonito, pero necesitaba dejar libres aquellas enormes tetas. Se lo solté para después quitárselo suavemente como había hecho con su blusa.

Mientras seguía manoseando mi culo, yo contemple aquellos pechos que me tenían fascinada. Eran muy grandes, pero paradójicamente se mantenían muy levantados aún sin el sujetador. Casi tanto como los míos, siendo yo más jóven y teniéndolos más pequeños, incluso cargados de leche como estaban. Me fije en sus pezones, estaban completamente duros,  con una aureola grande y más oscura que la mía. No pude resistirme y directamente lleve mi boca a ellos, dándole unos suaves besos, haciéndola suspirar. Se los lamí, con la punta de mi lengua, consiguiendo que se pusieran más grandes y duros todavía.

-Me toca.- me dijo Nuria.

Me quito la camiseta, sacándola por mi cabeza, dejando mis tetas a la vista, por estar fuera del sujetador. Yo misma me lo desabroche y lo deje caer al suelo junto al suyo. Ella hizo lo mismo que había hecho yo. Y después de besarme dulcemente los pezones, me los lamio, despacio, pasando su lengua haciendo círculos por mi aureola para después lamer el pezón, dejando una gota de saliva en él. Hizo lo mismo con mi otro pecho, dejándome con mis dos pezones duros y apuntando hacia ella. Nos volvimos a besar y nuestros pechos, ahora desnudos se aplastaron entre sí. Podía notar como mis pezones se clavaban en sus tetas y los de ella en las mías. Ambas estábamos muy cachondas, teníamos que continuar.

-Desnúdate- la dije, usando por primera vez en mucho tiempo, un tono dominante.

Ella me obedeció, bajándose los pantalones y dejándome ver unas braguitas rojas de encaje preciosas. Se descalzo y se quitó el pantalón por completo. La tenia desnuda a falta de esas bonitas bragas. Yo quise imitarla y baje la cremallera de mi minifalda, dejándola caer a mis pies. A diferencia de ella, mi tanga no ocultaba mi sexo. Que ella miraba con lujuria. Era mi oportunidad de ser yo quien dominara la situación.

-Arrodíllate.- la dije, usando el mismo tono dominante.

Ella volvió a obedecer. Sentí lo que debían sentir mis compañeros cuando me daban una orden y yo la obedecía sin rechistar. Era muy placentero, sentir ese poder. Tener a una mujer casi desnuda a mis pies, esperando que le diera permiso para comerme mi húmedo coño. Quise probar un poco más aquello. Quizás no tuviera otra ocasión de ser yo quien daba las órdenes.

-¿Quieres probar esto? – la dije, pasándome mis dedos por mi chochito que estaba empapado.

-Siiii.- dijo ella con voz de deseo.

-Pídemelo como se debe.- la dije, en mi nuevo papel.

-Déjame que te coma ese coñito precioso que tienes.- me dijo ella.

-Así no se piden las cosas. ¡Suplícame que te permita saborearlo!- la dije, aunque sonaba muy raro que fuera yo la que hablase así.

-Por favor Eva, te suplico que me dejes comerte el coño.- dijo mi jefa, desesperada.

-¡Mas alto! Que te oigan tus vecinos, que sepan la guarra bollera que tienen viviendo al lado.

Me miro con cara de súplica. Pero parecía que le gustaba, pues repitió bien alto.

- ¡¡Por favor Eva, te suplico que me dejes comerte el coño!!

-Primero prueba esto, a ver si te gusta.- La dije metiéndome mis dedos en el coño y moviéndolos bien, para después sacarlos empapados de mis flujos.

Se los puse delante de su cara y ella sumisamente se los llevo a su boca. Los lamio y chupo con entrega. Nunca antes me había excitado así chupándome tan solo los dedos. Cuando ya no podía sacar nada de ellos se los saque de la boca y la pregunté.

-¿Te gusta?

-Es delicioso, dame más por favor.

Cogí su cabeza y la lleve hacia mi coño. Ella no tardo en sacar la lengua y lamer mi rajita. Era increíble. Estaba claro que no era la primera vez que mi jefa hacia esto. Se notaba que sabía cómo y dónde tenía que llevar su juguetona lengua y donde tenía que chupar. Mi coño era un charco de mis flujos  y sus babas. Aunque yo la mantenía sujeta por la cabeza, como tantas veces los chicos habían hecho conmigo, ella solita se ocupaba de no parar de darme placer. Nunca antes me habían comido el coño de aquella manera. Ni Rubén en sus mejores bajadas al pilón había conseguido hacerme sentir lo que esa mujer. Empuje su cara contra mi coño, obligándola a meter la lengua todo lo que podía. Ella puso su lengua firme y yo entendí lo que tenía que hacer. Moviendo su cabeza como si hiciera una mamada a un tío, hice que me follara mi agujerito con su lengua. Era increíble, no tardaría en correrme. Pero no podía, ya hacia un buen rato que me estaba meando. Y estaba claro lo que pasaría si me corría mientras ella me comía el coño. Solté su cabeza, pero ella no dejo de chuparme el coño, tratando de beberse todo mi néctar.

-Para Nuri, te recuerdo que me estoy meando. No querrás que lo haga en tu boca.- la dije.

Ella siguió. Pensé que quería que de verdad me mease en su boca. Pero finalmente paro.

-Te ha faltado poquito para probar todo de mí a la vez.- la dije bromeando.

-Si quieres sigo.- me dijo ella muy seria.

-Creo que es mejor que me lleves al baño.

Me pareció notar un gesto de molestia por mi decisión. Se fue a levantar para acompañarme al baño pero recordé de lo que había aprendido de mis compañeros y la dije:

-No, no. Tú vas a cuatro patas como la zorra que eres.

Ella me sonrió y bordeando la mesa a cuatro patas me espero en la puerta a que la siguiera. Fuimos por el pasillo, mientras miraba ese culo tapado por sus braguitas que se metían entre esas grandes nalgas. Llegamos al baño, me baje el tanga, aunque no era necesario y me senté en la taza. Ella se quedó de rodillas, mirándome en la puerta. Aunque me estaba meando mucho, me costó un poco pues que me estuviera mirando me ponía un poco nerviosa. Cuando por fin pude hacer pis, la vi cómo me miraba con deseo. Tenía que darla un premio o un castigo, no sé qué seria para ella, pero para mí sería algo nuevo.

-Ven aquí.- la dije estando aún sentada en el wáter.

Ella gateo hasta mí y se quedó a mis pies.

-Límpiamelo.- la dije.

Había entendido perfectamente la orden. Metiendo su cabeza entre mis piernas y la taza y empezó a lamerme el coño, pasando su lengua de abajo arriba y chupando con ansias. Lo goce. Para que mentir. Sabía que era una guarrada. No me gusto cuando Luis me obligo a chuparle la polla después de haber meado en la calle y ahora yo se lo estaba haciendo a mi jefa y amiga. Que me pasaba por mi cabeza para hacer esas guarradas con alguien a quien apreciaba. Sin embargo ella no pareció disgustarle.

-Quítate las bragas.- la ordené.

Ella lo hizo sin para de lamerme el coño, que ya tenía que estar bien limpio. Aun así. Le pedí que me las diera y apartando su cara de mi entrepierna, me termine de limpiar el coño con sus bonitas bragas.

-Abre la boca.- la dije.

Ella lo hizo y yo metí sus bragas, con lo que pudiera quedar de mi coño, que no serían más que su propia saliva. Me levante del wáter subiéndome el tanga de Nuria y la ordene que me siguiera.

Llegamos al salón de nuevo. Necesitaba probar yo misma lo que era saborear un coño. No podía irme de aquella casa sin haberlo probado por primera vez en mi vida. Y aunque mi corazón me pedía que fuera el de Elena, no sabía si tendría oportunidad de hacerlo. Tendría que conformarme con el de mi querida jefa.

-Siéntate en el sofá y ábrete de piernas, voy a probar por primera vez que se siente a comer un coño.- la dije, reconociéndola que era novata en ese tema.

-Te va a encantar, ya lo veras.- dijo ella sentándose abierta de piernas en el sofá.

Aparte la mesa de centro, que solo nos estaba molestando y me arrodille delante de su chochito. Como el mío, estaba completamente depilado, salvo una fina línea de vello púbico justo en el monte. Mejor pensé. Para ser la primera vez no me apetecía comerme un coño peludo. Lleve mi cara a aquel húmedo lugar. Era la primera vez que tenía un chocho tan cerca de mi cara. Olía… pues como deben oler todos los coños que están empapados de excitación. Me gustaba. Lo bese. Como si besara los labios de una mujer, pero eran otros labios. Instintivamente mi lengua empezó a moverse, intentando imitar lo que ella me había hecho a mí. Creo que no lo hice muy mal, pues no tardo en empezar a jadear como una perrita en celo.

-Ufff, Eva como lo comes. Eres una maquina.- me dijo entre jadeos.

Aquello me estaba excitando. No sé si tanto como a ella, pero notaba mi coño empapado de nuevo. Me ayude con mis dedos y conseguí que gritara de placer. Era la primera vez en mi vida que hacia un dedo a una mujer. Pero me había hecho muchos yo misma, por lo que sabía qué hacer. La lleve hasta empezar a temblar y luego seguí con mi boca. Lamiendo y chupando como loca aquel chochito tan rico. Note como empezaba a convulsionarse. Señal inequívoca de lo que iba a pasar. Seguí chupando con ansia, metiendo mi lengua hasta el fondo, jugando su botoncito, chupándoselo como tanto me gustaba a mí que me hicieran. Me agarro la cabeza y sabía lo que me tocaba. Abrí mi boca todo lo que pude y con mi lengua seguí trabajando aquel botoncito, hasta que estallo en mi boca. Ella apretaba mi cabeza contra su coño, mientras su cuerpo temblaba entero. Yo intente chupar todo lo que ella me daba y así lo hice, hasta que ella dejo de sujetarme la cabeza, dejándome respirar de nuevo. Seguí lamiéndola uno poco mientras que terminaba de temblar. Cuando lo hizo, trepe apoyándome en sus rodillas, hasta ponerme a su altura y la bese compartiendo lo que ella, tan gentilmente, me había regalado.

Después de aquello, Nuria quiso devolverme el favor y mientras nuestras lenguas jugaban, llevo su mano a mi caliente rajita. Ella también sabía bien como jugar con sus deditos y pronto deje de besarla para gemir libremente. Recordé que mi Ama Elena no me había dado permiso para correrme. Por lo que tuve que detener sus caricias y la entretuve lamiéndola, de nuevo sus enormes tetas.

Aquello no hacia otra cosa que ponerme más cachonda. Sus tetas eran deliciosas. No pude contenerme y tuve que probar que se sentía. Metí mi cara entre ellas y las aplaste contra mí. Estaba rodeada por la suave piel de sus pechos, era maravilloso. Ahora entendía esas películas porno donde los hombres metían sus caras en los enormes pechos de las actrices. Me sentí muy guarra, por comportarme así. Pero ya estaba claro que yo no era otra cosa que eso mismo. Una guarra salida.

Nuria también gozaba con aquel juego y empezó a mover sus tetas dándome golpes en mi cara. Primero suaves, pero fue aumentando la fuerza con la que movía aquellos melones que gastaba mi amiga y mi cara sufría una deliciosa tortura. Cuando se cansó, volvió a llevar su mano a mi coñito. Tal y como estaba no tardaría en correrme. Y no tenía permiso para ello. Tenía que hacerla parar y solo se me ocurrió una cosa. Cogí ambos pezones, y se los retorcí. Parecía que la gustaba. A mi jefa le iba lo duro. Yo ya estaba casi a punto. ¡No podía desobedecer a mi Ama! Apreté más sus pezones, hasta que conseguí que parara, dando un grito.

-¡Me lo vas a arrancar!- me dijo.

Yo la pedí perdón, volviéndola a besar con dulzura. Ella me correspondió. Estuvimos un rato besándonos y acariciándonos el cuerpo suavemente. Dándonos cariño. Era mi forma de relajarme un poco y a la vez, disculparme por el daño que la había hecho en sus preciosas tetas.

                -Espera, voy a por una cosa.- me dijo ella, mientras se levantaba del sofá.

                Vi como salía hacia el pasillo dando saltitos de felicidad, con sus tetas botando. Era mi oportunidad de comprobar que el móvil estaba grabando correctamente. Lo hice. Pare el video para que se guardara y antes de volver  a ponerlo vi que tenía un whatsapp. Lo abrí y era Elena en una conversación privada, no por el grupo. Una sensación de felicidad me recorrió el cuerpo, aun sin leer el mensaje. Lo abrí:

                Hola perrita. Espero que estés cumpliendo con mis órdenes. Si es así, te dejo que te corras las veces que quieras, eso sí, por cada vez que lo hagas, recibirás un castigo de mi parte.

                Ahora sí que la felicidad inundo mi cuerpo. Tenía permiso para correrme, aunque eso conllevara un castigo. No me importaba, gozaría con Nuria y después con mi Ama mientras me castigaba. La contesté:

                Por supuesto que estoy cumpliendo sus órdenes Ama. Muchas gracias por darme permiso para correrme. Espero hacerlo muchas veces para que me pueda castigar todo lo que quiera. A sus pies.

                Vale que estuviera muy excitada. Y que esa mañana hubiera gozado como nunca con Elena. Pero al volver a leer el mensaje que la acababa de enviar me sentí muy avergonzada. Me había vuelto su perra faldera. El mismo comportamiento que yo tanto detestaba de Laura y Vero. Pero mil veces más sumisa y humillanda que ellas. Estaba claro que mi yo más oculto había florecido. Y resulta que era el de perra sumisa de una niñata. Escuche a Nuria caminar hacia el salón. Puse rápidamente el video a grabar y lo deje donde estaba volviendo al sofá de un salto.

                Cuando la vi aparecer, lo hacía con un consolador en la mano. Era uno de esos realísticos, parecido al que habíamos comprado en el sex-shop, pero más pequeño y sin ventosa.

                -Quieta.- la dije.

                Ella obedeció, mirándome extrañada.

                -A cuatro patas.- la ordené.

                Sonriendo al saber que seguía con mi juego de dominatrix, se puso a cuatro patas. Me gustaba esto de tener el control. Pero sinceramente, si ella se hubiera resistido o hubiera intentado dominarme, seguro que mi lado sumiso me hubiera vencido.

                -¿Y esa polla?

                -Es mi novio.- me dijo.

                -¿Y cómo se llama?- la pregunté.

                -Eduardo, Edu para las amigas.- me dijo, haciéndome reír.

                -Pues trae a Edu en la boca, perrita. Que quiero conocer a tu novio.

                Ella se puso aquella polla de goma en la boca y como una perrita trayéndome su hueso, vino hasta mí. Yo me puse a cuatro patas como ella y llevando mi boca a la suya, lamí aquella polla, pasando mi lengua por todo el tronco de goma y rozando sus labios que la mantenían sujeta.

                -Me gusta tu novio, dámelo.- la dije, extendiendo mi mano.

                Ella soltó su juguete en mi mano, como una perrita.

                -Habrá que darle un beso ¿no?- dije.

                Lleve su juguete a mi boca y le bese la punta de aquella polla. Imagine la de veces que Nuria habría tenido aquello dentro de ella, dándola placer. Me excito la idea y no pude contener las ganas de chupar aquella polla de juguete. Me la lleve a la boca y pudo notar, que aparte del sabor a plástico, era muy real. Podía diferenciar el capullo de aquella polla y notar sus venas en mi boca. Estuve un rato chupándola con deseo mientras mi jefa me miraba. Ella también quería.

                -¿Quieres que compartamos a Edu?- la pregunté.

                -Me encantaría.- me contesto.

                Puse a su “novio” entre mis tetas y ella supo lo que tenía que hacer. Mientras yo le hacía una cubana, ella chupaba todo lo que sobresalía de aquella polla de mis tetas. Era muy morboso pensar que de verdad fuese la polla de su novio y que ambas la estábamos compartiendo. Nuria chupaba con las mismas ganas que lo había hecho yo. Su saliva resbalaba por el pene de mentira hasta mis tetas, haciendo que mis pechos brillasen.

                -A Edu le encantan las vaquitas como nosotras.- dijo Nuria, sacándose la polla de su boca.

                -Y a mí me encanta la polla de tu novio.- la dije mientras movía mis tetas contra ese pene de plástico.

Yo también quería comerme esa polla entre sus tetazas. Por lo que puse el juguete entre sus tetas y ahora fui yo quien metía en su boca aquel plástico duro. Ella movía sus tetas, haciendo que la polla entrara y saliera de mi boca, como si me estuviera follando.  Me encantaba, pero quería hacer algo más íntimo con mi jefa. Cogí a Edu de sus tetas y se lo puse delante de su cara. Ella empezó a lamerlo y yo la imite. Nuestras lenguas se encontraban a medio camino, mientras recorríamos el tronco venoso de aquel juguete. Yo me metí la punta en la boca y ella siguió lamiendo el tronco.  Ambas estábamos dando la mejor mamada a dúo que se podía hacer y era a un puto consolador.

-Me encanta. Pero se cómo estará más sabrosa.- me dijo Nuria.

Cogió el juguete y lo llevo a su coño, se lo metió, poniendo cada de placer, mientras yo la miraba con deseo. Después de jugar un poco allí dentro, lo saco y me lo dio a probar. Yo lo chupe saboreando, de nuevo, el coñito de mi jefa.

-Quiero que me folle tu novio.- la dije.

-Pues ábrete de piernas para él y hazme una cornuda.- me contestó.

En ese momento me acorde de la bolsa que Elena me había dado. No sabía siquiera que juguetes había metido dentro, pues no había tenido tiempo de mirarlo. Pero ahora solo quería que “Edu” me follase y ganarme mi primer castigo. Me senté en el sofá y abriendo bien las piernas le deje mi coño preparado para que mi amiga jugase con él.

-Venga, que me folle tu novio.- la dije con las piernas abiertas y acariciándome las tetas.

-Primero debo lubricaros bien a ambos, como buena cornuda.- me dijo.

Volvió a comerme el coño como ella sabía, volviéndome loca de placer. Luego cambio mi chocho por su juguete, lubricándolo también con su boca. Cuando ambos estábamos preparados, Nuria apunto aquella polla a mi coñito y la metió suavemente. Que delicia, por fin podía disfrutar sin contenerme. En cuanto la tuve toda dentro, ella empezó a moverla, follandome con ella, primero despacio y alternando movimientos, para acabar con un mete saca rápido y profundo. Tal y como estaba al minuto ya estaba corriéndome con aquel juguete gritando como una loca. Cuando termine de explotar delante de mi amiga, ella, sin sacar a su novio de mi coño, empezó a limpiarme mi coñito con su boca. Lamiendo cada rincón de aquella zona, haciéndome temblar por lo sensible que estaba en esos momentos.

Cuando acabo, con su propia boca fue sacando a “Edu” de mi coñito, que salió lleno de mis flujos. Con él en la boca, se acercó a mi cara. Sabía lo que quería. Abrí mi boca y ella metió a su novio dentro de la mía, degustando mi propio coño. Ambas teníamos a “Edu” en la boca, cada una por una punta y la fuimos metiendo toda hasta que nuestros labios se tocaron. Nos besamos, aunque no fue más que un pico, ya que aquel trozo de plástico nos estaba haciendo una garganta profunda a ambas. Las dos teníamos las bocas llenas de babas y casi no podíamos respirar, pero aguantamos, como si de una competición se tratase, haber quien mantenía más tiempo a su novio en la boca. Casi un minuto después, ella se retiró entre arcadas. Supongo que su parte era menos adecuada para tenerla en la garganta o quizás, yo era mejor chupapollas que ella. Pase mi lengua por su boca limpiándola de sus babas, después fui bajando mis lamidas por su cara, hasta su cuello, saboreando su piel, una mezcla de su sudor y de su saliva, que a mí me sabía a gloria. Como no podía ser de otro modo, acabe limpiándola también sus pechos, donde me entretuve un buen rato mientras ella jugaba con los míos. Era el momento de sacar el armamento pesado. Sin saber que descubriría al abrir la bolsa la dije:

-Yo también tengo unos juguetitos, abre esa bolsa a ver que te parecen.- la dije nerviosa por saber que había preparado Elena para nosotras.

-Veo que lo tenías todo pensado, zorrilla.- me dijo cariñosamente, mientras se levantaba a por la bolsa.

Cuando la abrió puso una cara de sorpresa que aumento mis nervios. ¿Qué pollas había allí dentro? Nunca mejor dicho.

-Pero bueno Eva… aquí tienes de todo…

-Y lo tenemos que probar todito.- la dije.

Estaba deseando que sacara lo que allí había, pero parecía que la daba vergüenza. Por fin metió su mano y saco por los pelos, uno de los plugs anales.

-¿Y esto Evita? Eres una pervertida cariño.- me dijo bromeando.

-Eso es para tu culito de vaquita, ya tienes las ubres, te faltaba la colita.- la conteste

-Entonces ya entiendo esto… - me dijo sacando los cuernos de vaca.

Se los puso y ambas nos reímos a carcajadas. Con ellos puesto volvió a meter la mano y saco la mordaza con dos penes de goma. Su cara ya no podía ser de más asombro.

-Eres genial amor. Siempre he querido probar esto.- me dijo Nuria, emocionada.

Cogió la bolsa y la volcó sobre el sofá, cayendo de ella la braguita de látex negro con dos consoladores. La cogió y la examino con detenimiento.

-Parece que tienes pensado que a ambas nos duela el culo mañana ¿no?- me dijo.

-Esa es la idea Nuri, así te acordaras de mí esta noche y mañana mientras trabajamos.- la contesté.

-Tranquila, nunca olvidaré esto.- me contestó.

La verdad era que yo tampoco lo olvidaría. Era la primera vez que lo hacía con una mujer, quitando la maravillosa follada que me había dado mi Ama. Pero recordaría toda mi vida que el primer coñito que me comí, fue el de mi jefa.

-Prepárate vaquita, que te voy a poner la cola.- la dije a mi jefa.

Ella me miro sonriéndome y se puso a cuatro patas en el suelo, después apoyo su cara en él y me dijo:

-Todo tuyo Eva, hazlo con cariño. O no. Tú decides lo que quieres que me acuerde de ti.

Me puse yo también de rodillas en el suelo, cogí el plug y se lo metí en la boca, como acaba de aprender esa misma mañana, la dije:

-Lubrícalo bien que yo me ocupo de esto otro.

Ella fue chupando el tapón anal mientras yo separaba sus grandes glúteos, dejando a mi vista su pequeño agujerito. No sabía cómo iba a meter aquel cono en aquello tan estrecho. Pensé que la dolería mucho, me puse en su situación y yo hubiera querido que se apiadaran de mi culito. No lo pensé más y llevando mi carita a ese culazo abierto por mis manos, pase mi lengua por su ano, lamiendo en círculos. A pesar de lo que podía pensar al principio, su sabor no me desagradaba. Supongo que por lo cachonda que estaba y por el entrenamiento que había tenido últimamente, disfrutaba lamiéndola el ojete esa mujer. Ahora sí que se podía decir que era una lameculos de mi jefa. Ella disfrutaba mi trabajo en su culo, como pude notar por como lo movía, buscando mi lengua, intentando que entrara más adentro. La di el gusto e intente meter mi lengua en aquel apretado lugar. Estaba muy cerrado como para que algo tan débil entrase. Por lo que, sin separar mi lengua de allí, la metí un dedo poco a poco en el culo. Ella dio un pequeño bote al notarlo, pero enseguida volvió a menear su culo con mi dedo dentro, buscando su placer. Me calentó tener a mi compañera ensartada por el culo con mi dedo. Una sensación de poder me invadió. Fui jugando con ella, dando vueltas a mi dedo, sacándolo para luego volverlo a meter más profundo. Ver como reaccionaba, moviendo y gimiendo con el solo hecho de mover mi dedo allí dentro, era increíble. Entendí porque a los hombres les gustaba tanto darnos por el culo. El sentimiento de poder y control era sublime. Y si mi dedo quedaba tan apretadito por su ojete, que sería sentir para un hombre como aquello apretaba su polla.

Saque mi dedo y volví a meter mi lengua. Esta vez sí pude meterla más adentro. Pudiendo incluso jugar un poco con ella, como había hecho en su coño. Ella lo disfrutaba, pero ya era hora de disfrutar yo también.

Cogí el plug de su boca, que efectivamente, estaba bien lubricado. Lo puse en su entradita y poco a poco fui empujando, expectante por como su, aún cerradito ojete, iba abriéndose dando paso a aquel cono de goma. Me costó un poco pero conseguí meterlo entero. Nuria no se quejó apenas, algún gemido, que no sabía si era de dolor o de placer.

-Ahora sí que estas hecha una vaca lechera Nuria.

-¡Muuu!- me contestó ella.

-Así me gusta. Venga desfila para mí a cuatro patas como la vaca que eres.- la dije, imitando a Elena y sus amigas conmigo en el vestuario.

Ella empezó a gatear con aquella cola saliendo de su culo y los cuernos de vaca en su cabeza. Sus grandes tetas se balanceaban con cada paso. Era una visión muy ridícula, pero a la vez muy morbosa. Pude entender lo que sentían mis compañeros cuando me humillaban. Me gustaba, aunque casi hubiera preferido ser yo la que estaba gateando con eso en el culo.

-Vamos muge como una vaca.- la dije, para aumentar su humillación.

-¡Muuuu! ¡Muuuu!- fue diciendo mientras daba vueltas al salón mientras yo la miraba.

Verla así me puso muy cachonda. Necesitaba buscar mi segundo castigo. Cogí la mordaza y la llame:

-Ven aquí vaquita, voy a ponerte el bozal.

Ella vino a cuatro patas, mugiendo en su papel de vaca, hasta el sofá donde yo estaba sentada. Chupe la polla que iría dentro de su boca y después se la metí en ella, ajustando la correa bien fuerte para que no se moviera.

Estaba completamente ridícula. Con los cuernos en la cabeza, aquella polla saliendo de su boca y su culo lleno con aquellos pelos que sobresalían de entre sus nalgas. Pensé por un momento que todos mis compañeros la verían así de humillada. Que ya no sería yo sola la humillada con ese video. Me sentí mal. Pero mi calentura pudo más que mi conciencia. Me puse a cuatro patas como ella y metí la polla que salía de su boca en la mía. Yo también tenía que lubricarla para lo que iba a hacer con ella. Fui chupando suavemente aquella goma dura hasta que Nuria empezó a mover su cabeza, haciendo que el pene que tenía en mi boca entrara y saliera con sus movimientos. Era una sensación extraña, estaba siendo follada por la boca con una polla de goma, como aquella mañana, pero esta vez desde la boca de otra mujer. Nuria se envalentono y fue moviendo cada vez más rápido su cabeza, haciendo que aquello entrara rápida y fuertemente en mi garganta. Intente aguantar pero en una de aquellas embestidas casi me ahoga y tuve que sacármela.

-Vaquita mala.- la dije cuando recupere la respiración.

Me volví a sentar en el sofá, abierta de piernas, mientras ella me miraba con deseo.

-Venga vaquita, follame con tu boca.- la dije.

No tardo en llevar el pene que tenía amordazado a mi coño. Le costó bastante atinar para metérmelo. Pero me divertía ver como movía su cabeza buscando mi agujero, por lo que no la ayude. Finalmente lo consiguió, yo estaba empapada por lo que no la costó mucho metérmela una vez la tuvo en su sitio. Fue moviendo su cabeza lentamente, follandome despacio, era estupendo.  Aquel pene era grande y me llenaba por completo mi coño. El de su boca era más pequeño, pero lo suficiente para que lo notaba bien adentro, casi llegándola a la garganta cuando empuja su cabeza contra mí. Su ritmo fue en aumento. Al igual que mis jadeos. Era maravilloso sentir como mi amiga me follaba con sus movimientos de cabeza, mientras veía como sus cuernos iban de adelante a atrás. Me acaricie mis pechos, buscando darme aún más placer. Ella empezó a follarme salvajemente. Seguro que se estaba ahogando ella sola por hacerlo tan fuerte, pero yo solo podía pensar en el placer que me estaba dando y en el inminente orgasmos que me venía. Apretando mis pezones, llegue a mi segundo castigo.

Nuria se quedó con su cara entre mis piernas y la polla metida en mi coño, mientras yo me recuperaba del orgasmo. Cuando por fin lo hice. La retire la cabeza cogiéndola por los cuernos. Me puse de pies y cogí las braguitas. Quería follármela con aquello, al igual que Elena hizo conmigo. Aunque yo tuviera que hacerlo ensartada por mi culo.

La solté la mordaza y la saque el pene que tenía en la boca. Ella movió su boca, como desentumeciéndose por tener aquello allí dentro.

-¿Qué tal cariño?- la pregunté.

-Ha sido fantástico. Aunque me duele la boca, casi me ahogo. Pero si quieres vuelvo a hacerlo.-

-No vaquita. Ahora me toca a mí follarte. Pero tienes que hacer algo por mí.- la dije enseñándole el consolador anal que tenía la braguita de látex.

-Encantada nena, no podías irte de aquí sin que hubiera probado ese culito.- me contestó.

La sonreí. Nunca pensé que estar con una mujer sería tan maravilloso. Aparte del placer que nos estábamos dando mutuamente. La complicidad que teníamos, hacia parecer que llevásemos mucho tiempo haciendo aquello. Aunque, al menos para mí, era la primera vez.

Me di la vuelta, y agachándome un poco la deje mi culo a la altura de su cara. Ella no tardo en llevar sus manos a mis cachetes abriéndolos, al igual que yo había hecho con ella. Cuando note su lengua recorriendo mi agujero más privado me estremecí. Tenía a mi jefa lamiéndome el culo. Y mis compañeros podían verlo. Lejos de echarme para atrás, la idea me excito aún más. Lo cachonda que estaba conseguía que mi pepito grillo se mantuviera en silencio, supongo que viendo el espectáculo lésbico que le estábamos dando.

Cuando pensé que era suficiente, me levante y me puse enfrente de ella, dejando mi coñito empapado en su cara. Aquella lamida de ojete me había puesto aún más cachonda.

Metí mis piernas en las bragas y me las subí hasta mi cintura. Con cierto dolor, conseguí meterme el pene de goma en el culo. Me sentía llena por detrás, y con algo que nunca había tenido por delante. Agarre es apéndice que acababa de conseguir, y lo pajee como habría hecho un tío. Era grueso y largo. Muy grueso y muy largo. Mis dos manos no lo cubrían por entero. Y así se lo hice ver a Nuria, que me miraba con una mezcla de miedo y deseo.

-Chúpamela puta.- la dije, actuando como tantas veces había escuchado a los hombres.

Ella, como habría hecho yo. Obedeció sin dudarlo y metió aquel gigantesco pene negro en su boca. Lo chupo con ganas, intentando tragársela entera. Pero era imposible. Ni siquiera yo, una profesional chupapollas, creo que lo hubiese logrado. La folle un poco la boca, sintiendo lo siente un hombre cuando me lo hacía a mí. Al igual que con el dedo en el culo, la sensación de poder y superioridad, al ver como su cara se ponía roja y sus ojos brillaban por sentirse ahogada, era fascinante. Pero yo quería follármela.

-Al sofá.- la dije.

Ella se tumbó en el sofá bocarriba. Yo la seguí y me puse de rodillas entre sus piernas. La acaricie sus pechos, mientras con mi cadera la  fui dando golpecitos con aquel falo de mentira. Pase mis manos, de sus tetas hacia abajo. Con una empecé a mover el plug desde la cola y la otra la use para dirigir el consolador que iba ha usar para follarla. Ella se retorcía, no sé si porque le dolía el culo o porque lo estaba disfrutando. Puse la punta de mi nueva polla en su entrada y balanceando mis caderas fui metiéndosela mientras seguía jugando con su entrada trasera.  Cuando tuve la mitad dentro, note que me costaba mucho seguir empujando. El tamaño de ese falo, junto con el tapón que tenía dentro del culo debía ser demasiado para cualquier mujer. Ella no paraba de jadear, lo entendí como que la gustaba por lo que empecé a follármela solo con la mitad dentro.

Ahora si estaba claro que estaba disfrutando. Sus gemidos eran de placer sin duda. Y yo también lo estaba disfrutando mucho. Sentir mi culo lleno, mientras bombeaba el coño de mi amiga era una experiencia nueva, que me estaba encantando. Acelere el ritmo, mientras aquella enorme polla iba entrando más en mi jefa. Podía notar como se movía el pene que tenía en mi culo con cada embestida. Me estaba follando a Nuria por su coño mientras que a mí misma me follaba el culo. Eran demasiados placeres juntos. Me puse sobre ella y nuestros pechos volvieron a estar pegados de nuevo. Nos besamos, como si fuéramos dos novias enamoradas, mientras yo seguía bombeando su chochito.

Aquel sofá se había convertido en la banda sonora de una película porno. Se podía escuchar el chapoteo de su encharcado sexo, junto con nuestros gemidos de perras. Nuria paso sus manos a mi culo, cubierto por aquellas bragas de látex y busco donde estaba aquella polla que tenía dentro de mí. Con sus manos empujaba justo la entrada de mi culo, siguiendo el ritmo de mis embestidas. Me estaba ayudando a follarme el culo. Aquello hizo que me volviera loca y retrocediendo mi cadera, se la metí de golpe, haciendo que Nuria diera un alarido que tuvieron que escuchar todos sus vecinos. Ella por su parte empujo más fuerte en mi culo, consiguiendo que yo la imitara. Fue cuando empecé a follármela salvajemente, mientras ella intentaba seguirme el ritmo con su mano. El culo me dolía, pero me volvía loca. Volví a comerla las tetas mientras seguía follándola a lo bestia. Entonces vi, a un lado del sofá, a Edu. Lo cogí y lo puse entre sus tetas apuntando a su cara.

-Vamos a hacer un trio con tu novio.- la dije.

Mientras seguíamos con aquel mete-saca brutal, yo movía sus tetas, haciéndole una cubana a su novio de plástico. Ella, agachando la cabeza empezó a chupar la punta de aquella polla. Sentí envidia, yo también quería a Edu en mi boca. Lleve la mía junto con la de Nuria y ambas chupamos aquel plástico tan realista. Note como Nuria empezaba a temblar y a gemir con más fuerza. Ver como se iba a correr mientras yo la follaba hizo que yo también empezara a sentir lo mismo. Sacando fuerzas de donde no tenía, acelere aún más el ritmo de mis embestidas. A los pocos segundos nos corrimos las dos. Ella con mi polla de goma en su coño y  yo con otra parecida en mi culo. Pero ambas, lamiendo al que era el novio de mi jefa. Me desplome sobre Nuria, dejando aplastado a Edu entre nuestros pechos.

Estuvimos un rato así. Sin movernos, solo acariciándonos con cariño, las dos llenas en nuestros agujeros. Besándonos como enamoradas. Cuando por fin dimos por terminado aquel salvaje polvo lésbico. Fui sacando despacio mi consolador de dentro de Nuria. Ella parecía dolorida. No era para menos, la había follado con todas mis fuerzas y además tenía el culo ocupado por el plug. Me puse de pies, dejándola abierta de piernas en el sofá. Me quite las bragas, al sacarme el plug note que mi culo también estaba dolorido. Gajes del oficio, pensé.

Guarde las bragas, junto con la mordaza en la bolsa. Ella no se movía, solo me miraba con la boca entreabierta. Me agache y la bese de nuevo. Ella me correspondió con dulzura.

-Me ha encantado esta nueva experiencia.- la dije.

-Y a mí. Eres increíble Eva.

Me puse mis zapatos y cogí el móvil, parando el video disimuladamente, para luego guardarlo en el bolso. Recogí mi ropa que estaba desperdigada por todo el salón y la guarde en la bolsa junto con los juguetes.

-Me tengo que ir Nuria, pero mañana nos vemos en el trabajo.

-No podré mirarte a la cara después de esto...- me dijo Nuria.

-No me mires a la cara, mírame a estás.- la dije, agarrándome las tetas.

Ella sonrió y nos volvimos a besar.

-Te dejo el plug y los cuernos, no te los quites hasta que te vayas a dormir. Así nos aseguraremos que te duela bien el culo y no me olvides.

-Así estaré hasta entonces Eva, pero no voy a poder olvidar lo que ha pasado hoy aquí.

-Ni yo, Jefa.- la contesté.

Me puse mi abrigo encima de mi cuerpo desnudo, solo cubierto por el tanga de Nuria, que no se podía llamar ni eso. Y salí de su casa contenta y completamente satisfecha. Pero con muy mala conciencia por lo que iba a hacer.

Llegue a mi coche y envié el video por el grupo. Tuve que hacerlo en varias partes pues era muy largo. Toda una experiencia, donde tanto yo, como mi amiga Nuria, dábamos rienda suelta a nuestras fantasías. Y ahora, nuestros compañeros lo verían todo y tendrían la prueba de ello en sus móviles. Había vendido a mi amiga a esos pervertidos, como hice con mi propia hermana con Luis. ¿En qué me había convertido? Tantas perversiones habían conseguido que mi cabeza no diferenciada lo bueno de lo malo. Que mi lealtad a mis amigas y a mi hermana no valiera nada. Mi hermana… estaba sola en casa con mi marido. Seria capaza de hacer algo con él. Seria Rubén capaz de serme infiel con mi propia hermana. No, imposible. La única que era una puta y una persona despreciable era yo. Yo era la que les había fallado a ellos dos y ahora a Nuria.

Arranque mi coche y me fui a casa, con mi marido, mi hijo y posiblemente mi hermana.

 

                 Espero que este relato sea de vuestro agrado. Está claro que al ser un hombre, no me es fácil saber lo que puede sentir una mujer cuando tiene un encuentro como el de Eva y Nuria. Espero que las féminas que hayan podido tener esa agradable sensación, sepan disculparme si no he sabido plasmar todo lo que se debe sentir.

                Como siempre, espero vuestros comentarios, críticas e ideas sobre este y futuras aventuras de Eva.


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