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Fecha: 26-Dic-16 « Anterior | Siguiente » en Gays

12.1 El viaje hasta Béthune

Albany
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Comenzó a moverse, a sudar y jadear empujando sus caderas, en un juego que me mostraba el espejo y me hacia morir de placer y gozo. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Cuando desperté Nicolás me tenía abrazado, giré mi cabeza y me encontré su mirada, se acercó y besó mi mejilla y mis labios, con cariño muerde mi barbilla.

-Esto se termina.  –suspira profundamente.

Me vuelvo hacia él, tiene el pelo revuelto, le abrazo y apoyo mi cabeza en su pecho, permanezco un rato así, escuchando los latidos de su corazón, voy acariciando su cuerpo con mi mano, pasando la yema de mis dedos por el denso vello de su estómago y llego a su miembro viril. Suelto una carcajada, cómo está el tío.

-No pienses mal, es por las ganas de orinar que tengo.

Retiro la ropa de la cama para verle desnudo, es impresionante como tiene su verga de potente.

-Vete, ve al baño que se te va a reventar la vejiga.  –tiene ganas de orinar pero no se mueve de la cama.

Me está mintiendo, la punta de su polla asoma húmeda y brillante, está excitado aunque él lo niegue, miro sus espectaculares abdominales cubiertos de vello y lo que veo me encanta.

Voy avanzando sigilosamente con mi mano, jugando por las suaves colinas que se le marcan en el vientre hasta agarrar su falo apretándolo, se le forma una gota en su meato y antes de que resbale la recojo con el dedo, se lo enseño llevándoselo cerca de su cara.

-Mentiroso, estas excitado y no voy a perder la oportunidad que tengo.  –me echo encima de él y lamo voluptuoso mi dedo.

-Sabes delicioso, ¿no puedes darme más?  -lamo sus labios goloso.

-Disfruta de tu sabor, quiero comerte la polla, vaciarte.  –susurro en su oído mientras muerdo su oreja y tiembla de deseo.

-¿Qué quieres?, ¿mi boca o mi culo?  -estrecha mi cabeza contra su cuello y no me deja respirar.

-Todo, lo quiero todo.  –me froto deslizándome por su pecho hasta llegar con la boca a sus tetillas tan llenas, chupo una y sus pelos se me enredan en la lengua, es tan viril con ese vello que me vuelve loco.

Voy recorriendo su cuerpo con mi lengua hasta llegar a su polla que es como un manantial de aguas preciosas, descapullo su glande que aparece rojo y delicioso chorreando el caliente zumo. Me arrodillo para meter su caliente capullo en mi boca  y termino de desplazar su prepucio para lamerle y envolverle en mi calor.

No lo puedo soportar y llevo mi mano derecha a mi verga que me duele de lo tiesa que la tengo, me la retira con la suya y se apodera de ella sobándola lentamente, a veces me masturba o juega con mis testículos o la entrada de mi culo, mientras yo chupo como un desesperado de su impresionante falo.

-Tienes el culo que arde. -¿cómo lo voy a tener?, maniobra en él con sus dedos y se me abre solito deseando estar lleno, ocupado todo él por su cipote.

Chupo sin parar de lo que para mí es delicioso, dulce, suave y cálido y no me cansaría de chupar y lamer si mi culo no reclamara su parte, trabaja la entrada de mi ano llenándolo de caricias, el movimiento de sus dedos es magistral y me tiene totalmente abierto.

Hundo mi nariz en sus olorosos huevos, para impregnarme de su olor a macho en celo y muerdo su escroto como queriendo comerlo. Sin perder mi posición, arrodillado ante su polla que brilla con mi saliva, le miró deseoso.

-Dámela, fóllame ya.  –se levanta y su verga se mueve de un costado a otro, me estremezco pensando que en un momento taponara mi culo con ella hasta llegar a me vientre.

Me gira ligeramente y hace que abra mis piernas y levante el trasero para él, luego entierra su cara entre mis nalgas para chuparme el ano, meter su lengua y otra vez sus dedos.

-No más, móntame ya, la quiero dentro.  –respira agitado por su esfuerzo para chupar en mi ano y absorberlo, golpea con su polla en mi culo y suena a húmedo y a hueco, me vuelven loco sus preliminares y no puedo soportar el placer.

Agarra mi pelo y levanta mi cabeza rendida sobre las sábanas, besa mi boca y la muerde y coloca su mano en mi nuca para volver a la posición inicial de humillado ante su poderosa hombría.

-Prepárate, te va a doler un poco.  –sin más siento como empuja sus caderas llevando hacía él las mías y va entrando en mi rompiéndome por dentro, de una tirada ha metido la mitad, le toco con mi mano y acaricio mi dilatado ano, a continuación sujeto su polla para que no avance un momento, y cuando el dolor pasa llevo mis manos hasta sus testículos y tiro de ellos para que meta lo que falta y ansioso espero.

Grito cuando llega donde no puede avanzar más y me preparo para recibir su último embate que no se hace esperar, la mete toda en mi interior, hace unos meses no se me ocurría pensar que pudiera tenerle de esta manera, tan dentro de mí, arañando fiero con su glande, abriéndome y partiendo mi cuerpo en dos.

Comenzó a moverse, a sudar y jadear empujando sus caderas, en un juego que me mostraba el espejo y me hacia morir de placer y gozo.

Me sometía empujando muy fuerte, haciéndome sollozar y pidiéndole más, recuperando su posición cuando la iba perdiendo resbalando sobre la ropa por su esfuerzo, rugiendo como una animal macho que quiere preñar a su hembra.

Dolor, placer, locura, placer y más placer, eran mis sentimientos cuando entraba y salía tirando a veces de mis caderas o de mis hombros cuando me cubría con su cuerpo muy pegado, y sentía sus pelos húmedos por nuestro sudor en mi espalda, su fuerza de toro imponiendo su superioridad varonil sobre mí que la aceptaba gustoso y rendido.

Incrementó sus acometidas que me llevaban al cielo, hasta que rugió profundamente y comenzó a eyacular, a llenarme de su esencia de macho que salía de él a chorros. Mordí mi mano para no gritar agudo y sofoqué como pude mi grito en el momento de sentir como era llenado, y mi orgasmo me rindió quedando paralizado unos segundos hasta comenzar a temblar como una rama agitada por el viento.

No podía controlar los movimientos espasmódicos de mi cuerpo ante el inmenso placer que me recorría hasta llegar a mi cerebro, y allí explotar en luces de colores que me mareaban haciéndome perder el sentido.

Reía acariciando su pecho y besando sus labios.

-Y decías que tu necesidad era orinar, mentiroso.   –volvía a besarle y acariciar su cara que raspaba por su barba.

-Te amo, eres una delicia para el cuerpo y para el alma, te amo Daniel.  –sus besos eran sencillos y tiernos ahora, como si ahora estuviera besando a un niño.

Mientras yo me afeito él se ducha y luego al revés, ahora se afeita todos los días, será por quedar bien con mis padres que no les importaría que llevara barba.

Vamos a la peluquería para que nos hagan algo en el pelo y quiero que me arreglen un poco las uñas,  y antes de comer volvemos para preparar sus maletas. Aún no han llamado del concesionario para que recojamos la documentación del coche.

Comemos en una comida lánguida y triste y después de tomar una infusión nos sentamos en el salón para esperar la hora de partir, el momento en que debo llevarle al aeropuerto.

Mi madre se despide de él en casa y mi padre le acompaña llevándole una maleta, yo voy al garaje a recoger el coche, no desciendo de él, acomodan el equipaje y se abraza a mi padre.

Durante el trayecto adopta su posición favorita, una pierna cruzada y sentado de costado para mirarme conducir.

Estaciono en el parking al aire libre, en la zona de salidas del aeropuerto, apago el motor y me abrazo a él, cuánto tiempo perdido, tenía que haberle estado besando continuamente durante estos días pasados  y ahora no queda tiempo.

En el hall de salidas nos esperan, tienen un acceso directo para ir a su aeroplano, pasan unos controles especiales y me despido de todos, el abrazo con Gonzalo y Ál es conjunto, siento como la mano de Gonzalo sujeta mi cintura con fuerza y creo que Ál nota mi incontenible temblor, me mira y veo el dolor en sus ojos, ¡Dios mío!, le estoy haciendo sufrir y no tengo derecho alguno.

Los observo alejarse, Gonzalo al lado de Nico, sus anchas espaldas, sus cuerpos altos y perfectos, el de Ál más débil, delicado y pequeño. Aparto mi vista de Gonzalo con esfuerzo para posarle en la del hombre que me atiende, que me da su amor con generosidad, al que tanto quiero…, pero que no puedo amar.  Y les digo adiós, hasta la próxima vez, seguramente será en Navidad.

Vuelvo al coche y mi ojos se arrasan en lágrimas, estoy un rato llorando, no puedo conducir en este estado, tengo que apartarle de mí, no me pertenece, mejor hubiera sido no haberles vuelto a ver nunca más, es tan profundo el dolor que creía olvidado.

Cuando llego a casa mi madre ha comenzado a preparar nuestro equipaje, van a ser muchas maletas.

Habíamos proyectado hacer el viaje sin dormir en el camino y ahora comienzo a pensar que es una barbaridad, voy a matar a mi madre, doce horas de viaje es mucho tiempo y razonamos que será mejor dormir en las inmediaciones de París, y  a la mañana siguiente llegar al destino. Como tenemos reservada habitación en el hotel de Béthune para la noche del miércoles, decidimos dejarla reservada y llamarles si al final nos quedamos a dormir en cualquier punto del trayecto.

A mi madre le caduca el carnet de conducir el día quince de Septiembre, como no sabe si en esas fechas habrá vuelto, quiere ir a realizarse las pruebas y dejarlo todo preparado para que le gestionen la renovación. Le acompaño y así me entretengo y dejo que esta tristeza, este dolor,  se vaya disipando.

-¿Cómo estaban todos?, te veo triste por la despedida.  –bien, se lo han llevado con ellos. Me mira, quiere sonreír y no puede, adivina cual es mi dolor, de que rincón del corazón me viene.

Ya está resuelto lo del carnet de mi madre, las gestiones se han completado y el documento licencia de conducir se lo enviarán por correo.

Nicolás me llama para decirme que todo ha ido como la seda, el viaje se ha resuelto sin problemas, que Gonzalo es un fenómeno pilotando, ¡qué sabrá él, sobre pilotar aeroplanos!  No puedo evitar el echarme a reír. Esta en Bristol con Jaime que me envía sus recuerdos.

-Te quiero Daniel.  –me lo dice apenado y se le nota en la voz.

-Yo te echo de menos.

El valor de los amigos, su inquebrantable amistad se manifiesta, saben que me he quedado solo y me llama Idoia, salimos con otros dos amigos y su novio, la charla me distrae y los problemas y alegrías de los demás empañan y difuminan mi nostalgia. Comemos unos pinchos de tortilla de diversas clases y la conversación se prolonga bastante tiempo, lo prefiero a estar solo. Sonrío, hay que afrontar la nueva etapa, no queda otro remedio.

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Creo que nos estamos poniendo nerviosos en casa, son tantas las cosas que hay que preparar para llevar con nosotros.

Toda la mañana transcurre preparando el equipaje y hablando de cosas intranscendentes.

Salimos a comer fuera, más que nada para ahorrar tiempo y después de comer pasamos por el concesionario de la Opel, recogemos la documentación que faltaba de La Dirección General de Tráfico y recabamos alguna información que preciso afinar, sobre el funcionamiento de algún dispositivo del coche.

Nico me ha llamado varias veces durante el día, no necesito llamarle, es él el que me inunda de llamadas que agradezco mucho, está gestionando vía mail o con el móvil los asuntos que tiene pendientes de concretar en París.

Queríamos ir pronto a la cama pero las horas se pasan en los últimos preparativos, nos quedan cinco horas y media para dormir antes de iniciar otra aventura en mi vida.

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Nuestro viaje comienza a las seis treinta de la mañana, ayer bajamos las maletas al coche, todo menos las cosas de mano y están dentro del vehículo. Menos mal que mi padre decide bajar a despedirse, como siempre está en todo lo referente al dinero que él procurará que no me falte, consejos sobre las tarjetas de crédito, lo de siempre de un padre que quiere hacerse el duro y no mostrarse por dentro.

Comemos y descansamos en Tours. Sí, sí, he dicho descansamos, que realmente es cansado conducir tanto y más habiendo dormido mal la pasada noche. Nos vamos turnando para conducir y así podemos relajarnos un rato.

Pasamos Orleans y mamá se está animando, los alrededores de Paris son un sufrimiento por el tráfico que hay, en sus cercanías y en algunos momentos llega a  colapsarse. Hemos pasado lo peor y para lo que nos queda nos arriesgamos, debemos haber pensado lo mismo, nos miramos y nos echamos a reír.

-¿Hasta Béthune mamá?  -daba gusto estar con ella, con su ánimo y saber valorar lo positivo de la vida desdeñando lo demás.

-¡Vamos!  -no esperaba menos de ella aunque llegáramos rendidos y rotos.

Llegamos al hotel, como imaginábamos, sin podernos tener en pie y vamos a recepción, nos atiende un chico joven, moreno y alto de unos veinticinco años, tienen nuestras reservas que hemos confirmado en el viaje, nos indican donde tienen el parking, es descubierto pero vallado y para no tener que sacar todas nuestras maletas, lo dejamos allí estacionado confiando en que no nos roben.

El hotel es antiguo pero a primera vista está muy bien, diferente a aquella especie de hotel en Leeds de hace dos años, regentado por un hindú y donde pasamos los seis peores días de nuestra vida. El chico es atento, amable y nos recibe encantado. No es un hotel muy grande, en algún lugar he leído algo sobre treinta habitaciones.

Nos duchamos y bajamos a tomar algo en el comedor del hotel, pasamos por la cafetería que no está muy concurrida, comemos una cosa ligera, muy ligera y vamos a nuestras habitaciones.

Algunas de las personas del comedor nos miraban extrañados, se les hará raro el ver a una pareja tan dispar. Una señora resuelta, delgada, con el pelo blanco, casi una anciana y que parece comerse el mundo, acompañada de un chaval al que nadie le supone más de veinte años, que tiene que traducirle todo porque ella no sabe de francés más que la entonación.

Uno de los días que estuvimos en casa y antes de ir de vacaciones a Menorca, en una cafetería en la que entramos, pidió su consumición, yo había ido al baño, el camarero  se dirigió a ella para preguntarle si su nieto iba a tomar algo.

Ella no se molesta por eso, está acostumbrada desde hace mucho tiempo a que la confundan de esa manera. Su respuesta fue que se lo preguntara a su nieto cuando volviera.

Envío unos correos a los amigos para que estén tranquilos y sepan que hemos llegado, y a mi padre que estará  molesto por no haberle llamado durante todo el día. Nico se encarga de estar en contacto sin cesar, hasta resultar casi, casi…, adorable

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Bajamos a desayunar y curioseando hemos podido ver con un poco más de detalle el hotel, ciertamente es antiguo pero está muy limpio, bien decorado y da gusto estar en él.

El desayuno es tipo bufé, ni mamá ni yo vamos a comer todo eso que hubiera resultado delicioso para Nico. Preguntamos si podemos tener un desayuno normal, un zumo, una infusión o café y una tostada o bollo. Además es un desayuno carísimo para no comerlo. No hay problema alguno para hacer lo que deseamos y nos atienden muy amables.

Recuerdo que una vez en Ávila donde fuimos a la boda de un primo mío, llegamos unos días antes y nos quedamos un tiempo más después de la boda, yo tendría unos doce años; en el hotel donde estuvimos hospedados, enfrente de la Catedral, tenían este tipo de desayunos, y claro, nosotros desayunábamos lo normal.  Dos o tres días más tarde, el responsable del hotel habló a mi padre, se habían percatado de nuestros desayunos, y ellos mismos estimaron que no era lógico cobrar el desayuno bufé. Mis padres quedaron asombrados comentando la increíble probidad de aquel señor.

Cuando volvemos a bajar a recepción para depositar nuestras llaves, el empleado de la noche pasada no está, ahora hay uno que parece jovencísimo, no muy alto y si bastante delgado, moreno, con el pelo engominado y peinado en punta, ligeramente amanerado. Es guapito pero demasiado moderno o avanzado, tiene cara de niño y a u pesar también algo que impone, como un niño que ha vivido mucha vida y madurando, a base de dificultades, su carácter haciéndolo fuerte. Era una mirada penetrante y escudriñadora que atraía, logrando que te perdieras en ella. No aparta su mirada de mi aunque lo hace con disimulo.

Mi madre me va hablando para que le traduzca lo que desea saber, quiere algún folleto de la ciudad, un plano, las horas de las comidas,  saber si el parking es seguro y el chico dice que sí, que nadie nos ha tocado el coche desde que lo dejamos anoche y tampoco corre peligro alguno.

Me deja sorprendido que sepa cuándo y dónde hemos aparcado el vehículo y le pregunto cómo conoce él esos detalles.

La respuesta es para tontos y no la debía haber formulado. A la tarde trabaja en la cafetería y salía del trabajo cuando nosotros llegábamos. Se ofrece para lo que precisemos esbozando una preciosa sonrisa que nos conquista a los dos, por su amabilidad y por la honrada franqueza que destila.  Me gusta el chico y le devuelvo la sonrisa.

-Me llamo Evans, pueden llamarme para cualquier cosa que necesiten.  –al decir “cualquier cosa” remarca las dos palabras y esboza una inocente sonrisa en su boca, si yo he detectado su tendencia el también a captado la mía.

Me pongo un poco colorado, estos franceses no se andan por las ramas, mi madre no se da cuenta al estar mirando el plano de la ciudad que Evans le ha facilitado.

Con el plano en la mano, para eso se las arregla muy bien, vamos a la inmobiliaria y comienza nuestro trabajo que nos hará sufrir un poco.

Hemos visitado varias agencias y muchas casas, volvemos al hotel para comer y descansar un poco los pies que los tenemos destrozados. 

Evans está en el mostrador, aún no le han relevado y me pregunta si nos ha gustado el paseo por la ciudad. Le digo, a grandes rasgos, que estamos buscando una casa para alquilar.

Cuando terminamos de comer volvemos a nuestras habitaciones, mi madre pasa a la mía, quiere usar el ordenador para enviarle un mensaje a mi padre.

A la tarde continuamos las visitas sin éxito alguno. Mi padre le ha sugerido que compremos algún periódico y que veamos ofertas particulares. 

Nos sentamos en una mesa de la cafetería, Evans abandona el mostrador y se acerca, nos pregunta sobre lo que vamos a tomar y marcha a por las bebidas, dos tés con hielo. 

Cuando vuelve indaga sobre si hemos tenido suerte, le digo que a mi madre no le gusta lo que hemos visto. Explica que él vive en una casa con unos amigos y pregunta el porqué no buscamos por ese camino, compartir con otros la vivienda, luego vuelve a la barra. Mi madre se está comenzando a preocupar aunque mi padre nos anima y dice que solamente llevamos un día buscando.

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El viernes es otro sin vivir y mucho andar y cansa, esto cansa muchísimo, comemos fuera del hotel, hemos quedado a primera hora de la tarde con el personal de una agencia y la comida la realizamos en un restaurante cercano a las oficinas.

Nada, no hay algo que satisfaga a mamá y decidimos que el sábado vamos a acercarnos a Lille y ver lo que pueda haber allí aunque esté más lejos.

He escrito a la empresa pidiendo su ayuda y me ponen en contacto con la agencia con la que trabajan, y que el año pasado alquilo el estudio a la chica que estuvo en un puesto similar al que yo voy a ocupar.

Los tienen alquilados todos, puede quedar libre alguno en un plazo de tiempo razonable, pero ahora no tienen nada que se acerque a lo que mi madre desea.

A la tarde en la cafetería, nos vuelve a atender Evans, parece que le tenemos adjudicado a nuestro servicio y cuando nos vamos a retirar, después de enterarse de nuestro propósito de desplazarnos el sábado a la mañana a Lille y ver lo que hay allí se me queda mirando.

 Me sorprendo cuando me propone que le acompañe a la noche, va a ir con unos amigos a Lille a pasar un rato y que así podré ir viendo y conociendo la ciudad y lo que hay, dudo y mi madre me pregunta sobre lo que hablamos.

Mira a Evans detenidamente, lo cierto es que no tiene mal aspecto, es agradable y algún razonamiento habrá tenido interiormente para decirme que vaya a divertirme un rato, que ella aprovechará para recopilar anuncios de los periódicos y analizar el trabajo que hemos ido realizando.

Estoy a punto de decirle a Evans que sí, que iré con ellos, pero no hace falta, no sabe español pero ha entendido que mi madre ha dado su aprobación, o algo así.

Continúa informándonos, quizá queriendo aumentar nuestra confianza hacia él. El sábado tiene fiesta y no le veremos en el hotel, pasará a recogerme sobre las  10 de la tarde con sus amigos.

Mi madre vuelve a explicar a mi padre nuestras andanzas por el correo, no quiere hablar con él y que la vuelva loca con recomendaciones, yo atiendo la llamada de Nico. Está ultimando sus cosas en Bristol y vuelve con Jaime para Madrid donde estará unos días con sus hermanos y sus padres.

Me pide que le cuente todo lo que hemos hecho con detalle y la llamada se hace eterna, él ha llamado y sabrá lo que se hace.

Le explico lo del chico éste, Evans, y como nos ha gustado hasta el punto de que mamá confíe en él, se ríe y me dice que mi madre tiene razón que salga y que me divierta, “con prudencia”. Me tengo que reír a la fuerza. Es magnífico, yo pensando en sus posibles encuentros en Madrid y él, tan, tan, tan…, deliciosamente comprensivo.

Continuará…

 



© Albany

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