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Fecha: 26-Dic-16 « Anterior | Siguiente » en Gays

En unos días tan señalados

Machi
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Este relato es una especie de felicitación navideña para los lectores de la página. NO CONTIENE SEXO. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Navidades de 1.983

20 de diciembre

Querido diario:

Hoy nos han dado en el cole  las vacaciones de Navidad  y nuestras madres han tenido que ir a recoger las notas. He sacado un diez en matemáticas, un nueve en Lengua y en las  demás asignaturas un ocho. Mi mamá se ha puesto muy contenta y ha estado presumiendo de ellas  con un grupo de mujeres de mi barrio.

A la única que ha parecido no darle coraje lo listo que soy, ha sido a la señora Carmen, la mamá de Ramón. Ella me ha acariciado el pelo y me ha dicho que soy muy inteligente y que su hijo había aprobado mates gracias a que Don Paulino lo sentó conmigo para que lo ayudara con las multiplicaciones.

Lo que no sabía la señora Carmen es que Ramón y yo teníamos hecho un trato: yo le explicaba las cuentas y él me enseñaba a gatear. Mi amigo es el mejor de los mejores subiéndose  a los árboles y dándole a la pelota.

21 de diciembre

Hoy Ramón me ha invitado a ir con los niños de su calle a jugar al futbol en el campito de la plazoleta.  Es la primera vez que voy a participar en un partido, pues en el cole, como llevo plantillas por tener los pies planos y no puedo correr muy bien,   siempre me toca hacer de último suplente.

Aunque mi mamá no lo sabe, me he puesto  unas zapatillas de deporte viejos de mi hermano Carlos de cuando tenía mi edad, me quedaban un pelín grande y le tuve que meter unos algodones para llegar a la punta, pero los prefiero a los zapatos de todos los días. Mis botas ortopédicas pesan tanto que no puedo correr con ellas. Son tan horrorosas que los niños se burlan de mí  y me dicen Frankenstein o Luis Ricardo Cantidubi.

Como los niños mayores estaban terminando su partido, tuvimos que esperar. Ramón me dijo que, para calentar, diéramos una vuelta al campo. Cuando los otros chavales del barrio me vieron correr se empezaron a reír y dijeron que me parecía al Pato Donald.

Ervivito les dijo al Jaime y al Manuel que en su equipo no había patizambos. Que si quería jugar lo debería hacer con los “malos”. Ramón me defendió, pero como eran mayoría me tuve que ir con la pandilla del Verruga, un niño del barrio de las casas baratas que tiene doce años y está todavía en tercero. A mí me cae muy mal, porque fuma, se mete con las niñas y se lleva todo el día diciendo palabrotas.

Al principio, los “malos” se negaron a que jugara  con ellos, decían que para perder siempre había tiempo. Me puse muy triste y pensé que tendría que volverme a casita y nunca aprendería a darle a la pelota. ¡Qué penita me daba! No me querían en su equipo, ni los malos ni los buenos.

Me disponía a marcharme para casa, cuando Ramón me llamó. Había convencido a Ervivito para que el Verruga se cambiara de equipo con él y este me dejaba jugar, eso sí de portero.

¡Qué buen amigo es! Prefería perder a que yo no participara.

A pesar de que nunca había jugado antes, hice lo que me dijo mi amigo y me tiraba por la pelota. Paré cinco goles y me metieron dos. Le ganamos a los “buenos” por tres a dos.  ¡No sabía que era tan divertido eso del futbol!

23 de Diciembre

No sé qué pasó ayer con el abuelo Eulogio, que mi mamá, mi papá y mi hermano Carlos tuvieron que salir corriendo para el hospital del Valme. Mi hermana Dermi y yo nos tuvimos que quedar a dormir en casa de nuestra vecina de al lado,  la Señora Modesta. ¡Qué  mujer más aburrida! Como nos ordenaron que nos portáramos bien y que no diéramos mucho ruido, estuvimos toda la tarde calladitos viendo la televisión.  ¡Dios mío, qué lote de ver telenovelas nos dimos! ¡Qué malísimos son Ángela Chaning y el chino Chao Li!

25 de Diciembre

Ayer, antes de salir mi madre para la clínica. Vino la madre de Ramón para pedirle permiso para  que mi hermana Dermi y yo nos pudiéramos quedar en su casa a pasar la Nochebuena, que ella no iba a consentir que nos perdiéramos unos días tan señalados. No sé porque la Señora Carmen decía que “las criaturitas no tienen culpa de nada”. Sobre todo porque creo que las dichosas criaturitas  de las que hablaba éramos mi hermana y yo.

Dermi  se lo pasó muy bien con Marta, la hermanita de Ramón y yo me llevé todo el día jugando con mi amigo y su hermano David. Tenían un Ibertren la mar de grande  y no los pasamos requetebién.

Lo mejor fue por la noche, después de cenar sopa de mariscos, besugo al horno, jamón, gambas, mantecados y no sé cuántas clases de turrones. Nos pusimos a cantar villancicos con panderetas y una zambomba que tenía el padre de Ramón.

Esta mañana, mi familia  ha venido a recogernos y la señora Carmen ha vuelto a repetir otra vez la retahíla de “son días muy señalados” y “las criaturitas no tienen culpa de nada”. Será muy buena, muy simpática  y hará las comiditas muy ricas, pero cuando coge una canción se repite más que los cuarenta principales.

29 de Diciembre

Nos hemos llevado cuatro días en la casa del campo del tío Román, el hermano de mi madre. Como la prima Lucia es de su  misma edad, Dermi se lo ha pasado mucho mejor que con la hermanita de Ramón. Yo, sin embargo, me he aburrido un montón, pues  como el primo Mario  está en el Instituto no quiere jugar conmigo y me trata como a un niño chico. Total porque tiene quince años y yo ocho. ¡Qué se habrá creído! Como  siempre dice mi abuelito Eulogio: “Torres más altas han caído”.

Por la tarde mis padres vinieron para llevarnos a casa  y han hablado con nuestros tíos. Mi mamá, aunque se quería hacer la fuerte, se puso a llorar y mi tía Mercedes se abrazó a ella para consolarla. Le he preguntado a mi primo Mario qué pasaba  y me ha dicho que el abuelo está muy, pero que muy malito. ¡Me dio tanta pena que hasta se me saltaron las lágrimas!

30 de Diciembre

La tía Mercedes y el tío Román también se han ido con el abuelo para el hospital. Las primas Lucia e Irene se ha quedado a cargo de su hermano Mario y a nosotros nos han mandado otra vez a casa de los papás de Ramón. Sé que debería haberme puesto muy contento pues en la casa de mi mejor amigo me lo paso muy bien, pero pensé en el abuelito Eulogio, tantos días  ya en el hospital, y me entró una penita muy grande. 

Sin que nadie se diera cuenta, cuando la señora Carmen preguntó a mi mamá por su suegro, pegué la oreja lo más que pude. Como hablaban muy bajito, lo único que me enteré es que al abuelo Eulogio le había dado un infarto, que era lógico pues no se cuidaba nada  y lo único que hacía era comer, beber y fumar. Al final, la mamá de Ramón volvió con su canción favorita: “Que no se preocupara, que eran unos días muy señalados y que las criaturitas no tenían culpa de nada”.

1 de Enero

¡Qué bien nos lo pasamos ayer! Nos pusimos finos pilipinos de comer: sopa de picadillo, pavo, mazapán, turrones de por lo menos cinco clases. ¡Qué comiditas más ricas cocina la madre de mi amigo!   A los niños incluso  nos  dieron vino espumoso sin alcohol.

Eso sí lo más guay fueron las uvas. Una campanada, una uva y después nos echaron otra copa del champán infantil  y brindamos.

Dermi  y Marta se quedaron viendo el especial de Nochevieja, por lo visto salían muchos  de los cantantes que a ellas le gustaban: Tino Casal, Miguel Bose, Hombres G…

La señora Carmen y los varones nos fuimos al salón. ¡Qué  lote de canta villancicos no pegamos!, estuvimos por lo menos hasta las dos de la mañana, canta que te canta. Nos fuimos a la cama porque nos lo ordenaron, pues no estábamos ni chispa de cansados.  

Me lo pasé estupendamente, tanto que no me he acordado de mi abuelito  hasta esta mañana cuando  mi mamá llamó  para preguntar cómo no estábamos portando y la madre de mi amigo le ha preguntado que “¿Cómo está tu suegro, Aurora?”. No sé qué le ha contestado ella, lo que sí sé es que la señora Carmen se ha puesto muy seria y ha dicho una frase que se me ha quedado grabada durante todo el día: “Si los médicos dicen que no se puede hacer nada, lo que os queda es esperar”

02 de Enero

Hoy nos han levantado muy temprano y lo primero que ha hecho la mamá de Ramón es darnos de desayunar.  Nada más llegó  mi  hermano Carlos para quedarse a cargo de mi hermana, de Ramón y de mí (David dicen que es muy grande y que no hace falta que nadie lo cuide), la señora Carmen se marchó, por lo que pude entender a un sitio llamado tanatorio.

Como no sabía qué podía ser aquello del “tanatorio” y mi hermano Carlos con la cara de civil que traía seguro que no me lo iba a querer explicar, a la primera ocasión le pedí un  diccionario a mi amigo.

Más vale que no hubiera buscado la dichosa palabrita, pues decía que era un local donde se realizaban los servicios funerarios y lo de funerario, que yo sepa, únicamente  tiene que ver con los entierros. ¿Quién se habrá muerto? Como temía saber la respuesta, ni pregunté.

Me puse muy tristón y me dio mucha penita de solo pensar que mi abuelito Eulogio se hubiera ido al cielo con el Señor. Ramón, al verme un poquillo triste, se puso a contarme chistes y  hacerme guasas para que me riera. ¡Qué gracioso y qué buena gente  es mi amigo!

La señora Carmen volvió al mediodía, nos hizo patatas con huevos y pimientos fritos para todo. Yo la veía muy seria, pero como no  me quería enterar de ninguna mala noticia, ni siquiera le  pregunté que le ocurría.  

Lo único que  nos dijo es que Dermi  y yo nos íbamos a quedar un par de días más en su casa.

03 de Enero

Hoy mi amigo Ramón me ha contado un secreto: los Reyes  Magos son los padres. Yo ya algo me imaginaba, pues cómo iban  a poder tres personas en tres camellos,  por muy Reyes que fueran y por mucha magia que hicieran, repartir los regalos a todos los niños del mundo. ¡Eso no hay quien se lo crea! Ni aun siendo tan veloces como el Correcaminos y Speedy González juntos es posible eso.  

Me pidió que le jurara y le perjurara  que no le diría nada a nadie y menos a sus padres. Pues a su hermano David desde que lo sabe,   ya no le regalan juguetes  y lo único que  le compran es ropa. Así que él, mientras pueda, se va a seguir haciendo el tonto.

Visto que ya estábamos en confianza, le pregunté que si sabía lo que había pasado con mi abuelito. Al principio no me respondió  y se limitó a quedarse pensativo. Después me confesó que su mamá les había pedido que no me dijera nada a mí y a mi hermana, pues debían ser nuestros padres los que no lo contaran.  Muy bajito, muy bajito, como si fuera el secreto más grande del mundo, me susurró al oído que mi abuelo se lo había llevado el Señor con él.  

Fue pensar que  ya no lo volvería a ver  más y sentí una penita muy grande en el corazón. Sin embargo, como le había jurado a mi  mejor amigo que no me chivaría,  me volví de lo más valiente y  como me dice mi padre cuando me hago una heridita: “Marianito, ¿tú eres un hombre fuerte? Pues los hombres fuertes no lloran”.

A continuación,  me imagino que para alegrarme un poco, se puso a hablar de los regalos que le iban a comprar sus padres para Reyes. Él había escrito en su carta como preferente: la equipación  del Betis y un balón de Reglamento.

Entonces pensé en la bicicleta y en la enciclopedia que me había pedido. No sé porque, pero me acordé de mi mamá y en lo triste que debía estar. Por lo que llegué a la conclusión de que, si como aseguraba Ramón, los Reyes eran los padres, la pobre  no tendría ganas de salir a comprar ni bicicleta, ni bicicleto.

Me había quedado sin mi abuelo, sin mi bicicleta y sin mi enciclopedia, todo de golpe. Me volví a poner triste, pero como no quería preocupar a mi compi preferido, le pedí que me contara unos cuantos chistes de esos buenos que él sabe.

04 de Enero

Mi mamá y mi papá, tal como me chivó mi amigo, vinieron a contarnos que el abuelito se lo había llevado un ángel al cielo. No sé si porque me había  estado aguantando las lágrimas o porque me puso muy triste de pronto, el caso es que mis ojos parecían dos grifos. Mi hermana Dermi  y nos abrazamos a mi mamá llorando. Lo hicimos con tantas ganas que a todos los presentes les entró la llantina,  hasta se le pusieron los ojos brillantes a mi hermano Carlos y a mi padre, que son dos hombres muy valientes y muy fuertes. Menos mal que la señora Carmen, para que nos tranquilizáramos,  nos trajo una infusión a mi hermana y a mí, que si no nos hubiéramos llevado llora que te llora hasta la noche.

Mientras nos tomábamos la tila, oí como la señora Carmen volvía con la dichosa cancioncita de “unos días muy señalados” y “las criaturitas no tienen culpa de nada”, para pedirles a mis padres que nos dejaran allí hasta el día de Reyes. Ellos nos preguntaron a Dermi y a mí si nos queríamos quedar. Nos miramos y, aunque con un poquito de pena, le dijimos que sí.

05 de Enero

Querido Diario,  ¿cómo puede una cosa que esperas con muchas ganas causarte tristeza? Pues eso es lo que me ha pasado a mí hoy con la cabalgata de los Reyes Magos. ¡Mira que estaba bonita! ¡Mira que han tirado caramelos! Pues si me he reído ha sido para no preocupar a mi hermana y a la familia de Ramón. Sobre todo a la señora Carmen que la pobre nos ha llevado con mucha ilusión a ver el desfile y no quería que se diera cuenta que me encontraba un poquillo triste.

La verdad es que parte de la culpa la tiene Ramón. Muy bueno gateando y jugando al futbol, pero es que no piensa las cosas. ¿Cómo se le ocurre contarme que los Reyes son los padres con la pena tan grande que tengo por la muerte de mi abuelito?  Si me hubiera dejado siendo un ignorante, ahora no le estaría dando vueltas a la chola,  pues con lo triste que está mi madre por lo de su papá, seguro que no se acuerda de comprarnos los regalos a mi hermana y a mí.

Se lo voy a perdonar porque es el mejor amigo que tengo y es muy  buena gente, pero a veces  es un mendrugo de los gordos y no piensa las cosas.

06 de Enero

Hoy ha sido el día más feliz de mi vida. Lo voy a escribir con precisión porque es algo que no quiero que se me olvide nunca.

Esta mañana me levanté sin apenas ganas, pero Ramón me llamó diciéndome que ya habían venido los Reyes. El muy granujilla me guiñó el ojo, porque en realidad él sabe que son sus padres quienes les compran los regalos.

Se fue para el salón corriendo y yo con los ojos pegados de lagañas me fui detrás de él, pero muy despacito. Total para que iba a correr, si a mí lo más seguro es que mis padres no me hubieran podido regalar nada. Cosa que era lógico porque si fueran ellos los que se hubieran ido al cielo, yo no tendría tampoco ganas ni de mirarme.

El vozarrón que pegó mi amigo al ver que le habían traído la equipación y el balón del reglamento fue tremendo. Al llegar al salón me encontré la sorpresa más grande del mundo. Marta estaba loca de contenta con las muñecas que le habían traído: unos cuantos Barriguitas, un Nenuco, una Barbie y hasta una Chabel. A David, como sabía lo de quien era los Reyes, le habían regalado solo ropa: un chándal, unas deportivas, un chaleco, una camisa, un pantalón, unos zapatos y un anorak.  A mi hermana le habían traído su bicicleta y el juego de peluquería y… ¡En el centro del salón, junto al árbol de Navidad,  estaba mi bicicleta y mi enciclopedia, muy bien puesta y ordenadita cómo a mí me gusta!  

Miré a la gente que había alrededor y vi que estaba mi hermano Carlos, mi papá y mi mamá. La pobre estaba vestida de negro, con un moño cogido en el pelo y no se había pintado siquiera. Estaba claro que tenía una penita muy grande por lo de mi abuelito Eulogio. Sin embargo, allí estaba para que sus hijos tuvieran sus regalos de Navidad. No sé por qué, pero en aquel momento entendí lo de “las criaturitas no tienen culpa de nada” y lo de “son unos días muy señalados”. Sin pensármelo, me fui para ella y le di el abrazo más fuerte y más grande que le había dado nunca.

No sé si con ello me chivateé de lo que me había contado Ramón, pero  no me pude aguantar. Tras darle las gracias a ella y a mi padre, le pegué a los dos un beso de los más fuertes.  

De nuevo, como pasó cuando me dijo que mi abuelito se había ido al cielo, a todos los que estaban allí en el salón se les saltó las lágrimas. Pero estaba tan contento por mi bicicleta y mi enciclopedia que no me paré ni un segundo y me limité a pedir permiso para salir a la calle con ella. Como no sabía manejarla muy bien, mi hermano Carlos se vino conmigo para que no me cayera.

Por la tarde nos regresamos a mi casa, porque mañana tenemos cole. Me he llevado toda la tarde buscando palabras en la enciclopedia y he descubierto unas cuantas cosas que no sabía.  Aunque creo que la lección más importante la he aprendido esta mañana: mis hermanos y yo tenemos los mejores padres del mundo. ¿A que sí, querido Diario?

 Sirva este relato como felicitación (un poco tardía) para las fiestas y para la entrada de año a todos los lectores de la  página y en especial para aquellos que frecuentan mis textos.

Ahora paso a agradecer los comentarios dejados desde que publiqué De cruising en los caños: A tragapollas manchego: Una alegría verte por aquí de nuevo, la canción de “Follow the líder” como ve tiene mejores utilidades que hacer el ganso en las bodas. No sé si te lo habrás leído el final de la orgia, pero, por favor, ¡no tengas deseos de matarme”;   APepitoyfrancisquito:Mis mayores deseos para que sus majestades los Reyes Magos de Oriente os traigan todos los regalos que os pidan. Confío en que os haya gustado esta versión mini de mis personajes más carismáticos, he intentado todo el tiempo que no fuera un “Pepito”, pero seguramente se me haya escapado un poco y no preocuparos más por estar en paro, porque a primero de año os pongo a trabajar. Eso sí un contrato temporal (un episodio solo), pero es lo que hay en esta España Mariana; a Dedmundo: Me has dejado con las piernas colgando con tu disección del relato. Muy buena por cierto. La semana que viene publicaré una guía de lectura donde comentaré que series son las que trabajaré este año.  Pero te avanzo que el primer relato del año que viene será de “Los descubrimientos de Pepito” y nada más que termine el arco argumental de “Sexo en Galicia”, me pondré con la historia de Iván hasta terminarla. Alternándola con “¿Sabes lo que hicimos el verano del 2012?”. A ver si me acompaña la inspiración; a The crow: No sé si el relato al vivir en distintas tradiciones culturales (parecidas, pero no iguales), te ha podido llegar. No sé si el formato diario es el más adecuado, pero he intentado recoger en mis palabras, mediante la evocación, los momentos más importantes de estas fiestas. Espero haberte transmitido un poco aunque sea; a polla 18:Pues en los próximos relatos no hay “meadas” previstas, pero me tomo nota para ir por esos fueros, en los momentos que mi imaginación se ponga muy guarra; a gatacolorada: Un placer verte por aquí de nuevo. ¿Sabes? Llevas razón en lo que dice con el relato, que lo importante es el misterio del sexo.  Estuve tentado de mandarlo a “Dominación, advirtiendo que era una relación entre dos hombres, pero como últimamente hay ciertos individuos que se la cogen con papel de fumar, opté por mandarlo a la categoría de siempre y a vieri32: La cama de Mariano es de las antiguas, herencia de sus abuelos, todos los polvos con Ramón acaban ahí, así que los pobres ancianos desde el cielo no saldrá de su asombro con las cosas que les da a su nieto por hacer en ella. ¡Porque están  bien muertos o sino les da un patatús! En cuanto a la variedad sexual, es algo que ha hecho mella en Ramón desde el “Perdiendo mi religión” y cuando vuelva a retomar al personaje, volveré a incidir en ello.

Bueno, a primero de año publicaré una nueva guía de lectura y sobre el día quince (aproximadamente) retomaré una historia que tenía ya un tiempo aparcada: Los descubrimientos de Pepito, en un episodio coprotagonizado por su primo Francisquito y que se titulará: Quizás en cada pueblo se practique de una forma. No me falten.

Hasta entonces, procurad sed felices y entrad con buen píe en el año nuevo.



© Machi

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