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Fecha: 27-Dic-16 « Anterior | Siguiente » en Gays

Los Juegos de mesa

Sofia
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Tiempo estimado de lectura: [ 13 min. ]
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En mi adolescencia practique algo, que me gusto. Lo recuerdo con cariño a mi amiga del que ya no se nada de el. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

LOS JUEGOS DE MESA

 Esta historia me ha sido proporcionada por un amigo, con la condicion de mantener los verdaderos nombres en secreto.

Como llegue a transformarme en un homosexual o gay, aun no lo sé, posiblemente era algo que tenía escondido en mi interior, o simplemente me gustó  y continúe practicándolo. Aunque debo confesar que me siguen atrayendo  las mujeres aunque disfruto con los hombres, a lo que explica que soy bisexual.

Mi nombre es Alex, y tenía un amigo llamado Máximo o Maxi como lo llamábamos.

Nos conocíamos desde que estábamos en el jardín de infantes, siempre estábamos juntos a pesar de tener alguna pelea cada tanto, pero retornábamos a nuestra amistad.

Nos encantaban los juegos de mesa, y éramos  muy competitivos por lo general no apostábamos nada era el solo hecho de ganarle al otro. Teníamos varios amigos en común pero había dos que eran con los que más nos relacionábamos.

Todo se fue desarrollando de una manera no prevista, o mejor dicho nunca hubo indicios de nuestra condición sexual, tendríamos 13 o 14, y me encantaban las chicas, hablando siempre y pensando en  ellas. Masturbándonos viendo revistas de mujeres desnudas etc.

Todo se inicio una tarde de lluvia, estábamos solos en la casa de mi amigo, sus padres trabajaban, así que teníamos mucho tiempo.

Max me propone jugar una serie de juegos y el perdedor debería masturbar al otro, en primer momento estuve a punto de negarme, pero me atrajo la idea de ese encuentro sexual. Esa sucesión de juegos duró bastante, la que de alguna manera iba estimulándome, sin llegar a saber si era hacerlo o que me la hiciesen. Después de casi más de una hora, finalizo todo llegando a ser el perdedor, no me preocupo demasiado llegar a serlo, creo que hasta me agradaba tener que masturbar a mi amigo, que estaba totalmente eufórico por “cobrar” el premio.

Fuimos al baño y se bajo sus  pantalones y su slip, su verga bien erecta no parecía estar acorde con su delgado cuerpo por el tamaño que tenia, a la que miraba sorprendido, le tomé su pene con el dedo pulgar y el índice, efectuando un leve movimiento, nos manteníamos en silencio mientras realizaba ni tarea suavemente, invadiendo a mi ser una agradable excitación.

El cuerpo de Maxi, se comenzaba a convulsionar, aunque la estimulación que le proporcionaba mantenía un mismo ritmo. Mi amigo se contraía a la medida que iba llegando a la eyaculación, para terminar de hacerlo él, por su propio medios, con  una mayor intensidad, proyectando violentamente su esperma blanca y espesa contra la tapa del inodoro.

Con su respiración entrecortada, apoyando su mano en la pared, se limpio y se levanto sus pantalones, me lave mis manos, mientras pensaba que me había gustado practicarle esa masturbación, aunque mi amigo la finalizo con toda su vigor. Esa noche mientras recordaba su verga erecta y algo mayor que la mía, solo me llevó a complacerme solitariamente.

Podría decir que esa fue mi primera experiencia sexual, aunque no fue la única, días después lo repetimos, siendo yo el ganador, al que su masturbación fue mejor que la mía, lo hizo suavemente aumentando gradualmente sus movimientos hasta llevarme a un delicioso orgasmo.

Poco a poco fuimos descubriendo variables que íbamos introduciendo, una de ellas fue introducirme su índice en mi recto, no fue demasiado, pero me estimulo mucho, hasta intente que me lo penetrase mas, mientras su mano sacudía vigorosamente mi verga dura. La vez que debí masturbarlo, encontré una crema en el botiquín del baño, unté mi dedo y se lo introduje totalmente.

Así continuamos haciéndolo de manera constante, llegando a tener hasta tres masturbaciones cada uno en el día.

Realmente estaba encantado de ese “premio” que obteníamos, hasta que me propuso algo más, el perdedor debería mamarsela, no le conteste enseguida, pero después de pensarlo, al día siguiente  lo llevamos a la práctica. El juego no fue demasiado prolongado, algo de por si buscado por ambos.

Creo que me agrado haber perdido, y hasta pienso que lo hice de exprofeso. Llegamos al baño, mi amigo bajo sus pantalones y slip, mostrando su verga totalmente a full, sentí como que el premio era para mí, al tener que deglutir ese trozo de carme, me sentí su hembra, pero eso me provocaba una especie de estimulación, sintiendo la erección de mi miembro a través de mis pantalones.

Me arrodille frente a él,  sobando levemente su sexo, mi respiración estaba agitada, y su verga estaba a centímetros de mi cara, la tomé con mi mano, mientras mi lengua la lamia levemente, deseaba hacerlo gozar plenamente, aunque yo también lo gozaba.

Lamí su glande, pasando la punta de mi lengua en su frenillo, viendo como se estimulaba ante cada fricción que le iba proporcionando. Me tentaba de sobremanera su miembro, no sé por qué.  Opté para iniciar  una sutil chupada, que poco a poco, como si fuese una droga, la iba introducía en mi boca, deleitándome con su contacto.

Como subyugado por eso, mi boca no dejaba de chupársela, succionando ansiosamente, e introduciéndola en su totalidad en mi cavidad bucal. Su glande llego hasta mi garganta, produciéndome arcadas, pero eso no frenó mi empeño de continuar mi primera mamada, seguí fervorosamente, percibiendo como el cuerpo de Maxi empezaba a estremecer. Sabía que en escasísimos minutos terminaría eyaculando, noté que trató de quitarme antes de llegar a la culminación, pero me aferré mas, cosa que interpreto, tomando mi cabeza, y empujándola abruptamente sobre su pelvis.

Acelere mi mamada, succionando su miembro, hasta que un chorro tibio y tupido invadió el interior de mi boca, con un sabor como almendras acompañaba a ese flujo Mis labios oprimieron los bordes de su verga en parte, con la intensión de  limpiársela. Mi cuerpo estaba totalmente excitado, no quise masturbarme, para no demostrar mi estado, y dar a descubrir que me había gustado, mientras escupía su semen y me  higienizaba.

Cuando llegue a casa, entre apresuradamente al baño para aplacar mi intensa e incipiente calentura. Realmente no entendía que me estaba ocurriendo, no estaba enamorado de Maxi, pero me agradaba mamar su verga y ver y sentir brotar esa excitante esperma. Por una parte deseaba cortar con esa locura, pero me atraía.

Traté por un tiempo de cortar con esos juegos y las apuestas, manteniéndome en casa y con excusas fui prolongando por un tiempo lo que tarde o temprano sucedería.

Salía con algunas chicas sin llegar a nada concreto, dos días antes de cumplir los quince fui a ver a  Maxi, se sorprendió al verme pero se alegro mucho de mi retorno a su casa.

Me propuso jugar a algo, el solo hecho de mencionarlo hizo reaccionar mi miembro, a lo que acepté rápidamente. Iniciamos la partida sin mencionar ningún tipo de apuesta. Me pareció extraño de no haberlo propuesto por mi amigo y hasta el partido carecía de interés. Volvimos a apostar por una rica y prolongada mamada, la partida fue corta y pareció que Maxi perdió premeditadamente, por ciertos errores elementales que cometió en el juego.

Me desnude totalmente, a pesar de no tener demasiada erecta mi verga, Maxi se encargo con un cierto manoseo activarla. Pero esta vez me propuso ir a la cama, así que me acosté a la espera de la actividad de mi amigo.

Me sobo bien mi sexo, hasta producirme una buena erección, acaricio mi cuerpo y hasta me chupo mis pezones, lentamente fue llevándome a un estado de total apogeo, aumentando mis palpitaciones.

Así continúo hasta llegar a mi miembro y lamerlo incesantemente, hasta que su boca comenzó a deglutirlo, cada tanto levantaba su vista par verme a los ojos, que algo ruborizado lo miraba.

Su boca devoraba mi verga, cuando su dedo busco mi orificio renal, para introducirlo palpando las paredes de mi recto. Sin quitar su boca de mi miembro muy erguido y alterado. Me encantaba esa chupada frenética e intensa, que hacía que mi cuerpo pareciese que estallaría en cualquier momento. Su índice se introduzco en su totalidad por mi conducto renal, hasta que sin poder contenerme descargue totalmente mi esperma en la boca de mi amigo.

Nos limpiamos, me vestí y regrese algo extenuado a mi casa, pensando en lo sucedido. Al día siguiente regrese y repetimos la apuesta, para disfrutar de un nuevo sexo oral. Sabía que tarde o temprano sucedería algo nuevo, no sé si lo deseaba o no, si quería ser parte activa o pasiva.

Un día antes de mi cumpleaños regrese a su casa, fui muy temprano, tiramos una moneda para que el ganador eligiese el juego, fui yo el que determino el juego. Cuando lo mencione, Maxi se sorprendió, diciéndome:

“Siempre te gano, a ese juego”

“Lo sé “le contesto,

“Veremos si hoy lo haces, también”

“Y que apostamos? Lo mismo o algo mas” me dice

“Lo que tienes en mente” contesto

“Está bien, el ganador se lo coge al otro, durante un buen rato”

Iniciamos el partido, yo estaba bastante nervioso y tenso, hice lo imposible por ganar pero no pude. Por otro lado no estaba seguro de entregar mi culo a mi amigo, a pesar que estaba excitado, pero había algo que no terminaba de aceptar.

“Bueno prepárate, mi querido Alex,” dice mi amigo mientras comenzaba a quitar sus pantalones.

“Espera, juguemos otro, si me ganas, durante una semana me entregare las veces que desees. Si yo lo hago, queda todo anulado” Le digo.

Muy sorprendido me dice “Perfecto”

Hoy lo recuerdo y no me caben dudas de que deseaba ser cogido por mi amigo, indirectamente me entregue a él, aunque diría directamente.

Previo al partido, me dijo que me desnudase, acate su pedido y me saque hasta las medias, me sentí algo humillado, pero creo que esa situación me gustaba.

La partida fue relativamente corta, y por enésima vez perdí a ese juego. Me quedé mirándolo atentamente, mientras Maxi se desnudaba apresuradamente, cuando sorpresivamente sonó el timbre. Nos miramos sorprendidos sin atinar a nada, permanecimos callados, cuando volvió a repetirse con mayor intensidad. Mientras una vos gritaba

“Abran, que sabemos que están” eran nuestros otros amigos, nos vestimos rápidamente y mi amigo le fue a abrir. Lamentablemente se quedaron y nuestros planes se esfumaron.

Al regresar a casa, fui al baño a aplacar mi calentura como lo hice otras veces, cuando acabe pensé que el pacto que había propuesto no me convencía, y decidí ir al otro día para decirle a Maxi, que no quería hacerlo.

Después de la escuela antes de ir a casa, fui a la suya, me saludo por mi cumpleaños, y antes que nada le comenté lo que había pensado.

“Está bien, pero haremos algo, y  ahora. Ayer nuestros amigos cortaron nuestro acuerdo, te fuiste y quede súper caliente, así que quiero desahogarme”

“Será mi regalo de cumple, no cogerte, pero acabaré entre tus piernas. Te parece?

Me pareció correcta la proposición, fuimos a su habitación, y nos fuimos desnudando,  la verga de Maxi delataba su estado de excitación, verla me estimulaba mucho, aunque la mía permanecía algo flácida.

Me hizo volcar sobre su cama, y comenzó a acariciarme gradualmente, su miembro caliente trataba de meterlo entre mis nalgas que yo mantenía fuertemente apretadas, hasta que lo introdujo entre mis muslos rozando mis testículos.  Sus caricias me fueron motivando, pegando mis nalgas restregándolas contra su pelvis, hasta que su verga quedó  entre mis piernas, cerrándolas para dar la sensación de sentirla bien oprimida, mientras comenzó a agitarse como si estuviese penetrándome.

Me agradaba sentir su aparato entre mis piernas, cuando su dedo jugueteo con mi ano, instintivamente me relaje, y hasta me abrí un poco, como para permitirle tener mejor acceso, su dedo hurgueteo aun más mi orificio. Eso me llevó a abrirme aun mas, mientras su índice comenzaba a adueñarse de recto, prosiguiendo ese juego hasta apreciar su dedo introducirse totalmente.

Comencé a gemir suavemente, mientras mi verga, ya estaba a full. Fue desplazando la punta de su miembro por la raja de mi culo, hasta llegar a mi abertura, mientras me dice,

“Déjame ponerte la puntita”.

Sin decir nada abrí más mis piernas, cuando sentí untar mi ano,

“No, que haces” pregunté sin parecer frenar su posible intención, cuando su dedo se desplazaba por el conducto rápidamente por efecto de la lubricación aplicada. Imaginaba que hacía, cuando sentí algo más grueso en la puerta de mi cavidad, intentando acceder.

“No, por favor” repetí,  mientras mi cuerpo intentaba relajarse, entrecortándose mi aliento, en el instante que el  glande de mi amigo iba buscando el camino para su futura trayectoria. Las manos de Maxi acariciaban mi espalda, cuando un nuevo impulso parecía ir abriendo la ruta a seguir.

Si bien mi boca decía NO, mi culito se iba elevando, como aceptando lo que mi amigo pretendía hacerme, aunque no podía negar que me estaba agradando esa intromisión ajena a mi cuerpo. Ante mis leves gemidos, la penetración se iba incrementando, y mi respiración estaba más que agitada, sintiendo como esa masa de carme se iba haciendo dueño de mi interior centímetro a centímetro. Todo fue bastante suave, hasta que de un envión bastante violento,  la totalidad de la verga de mi amigo usurpaba mi recto, como en señal de dominación.

Sentí sus testículos rozando mis nalgas, mientras su aparato se amoldaba a la funda que lo cobijaba. Su palpitar estimulaba mi excitación, manifestando su dominación en mi intimidad. Las manos de mi amigo se apoderaron de mi cintura, propinando un nuevo empujón, como  demostrando su poder sobre mí, para iniciar una serie de entradas y salidas violentas y continúas. Sentía que me salía por la garganta, la sentía enorme. Cada vez que salía me succionaba las entrañas y cuando entraba me empujaba todos mis órganos internos. Pero lo empecé a disfrutar.... tomó mis pechos en sus manos, acariciando y oprimiendo mis pezones.  Sus embestidas pronto se volvieron más fuertes, más violentas y supe entonces que eyacularía en cualquier momento. En determinado momento la sacó permaneciendo un rato sin ponerla, mientras acariciaba mi sexo,

En ese momento le rogué que me la metiese nuevamente, sin esperar demasiado mas su trozo de carne se volvió a incrustar en mi intestino violentamente.  El dolor empezó a fusionarse con el placer, me sentí su hembra y no puedo negar que me atraía la manera vertiginosa en que lo hacía. Le estaba entregando mi culo, al que se apodero inmediatamente, en la que mi sumisión, le fue permitiendo ir haciéndose dueño de mi.

Nuestros cuerpos permanecían fusionados, por su tenaz verga que friccionaba con total intensidad las paredes de mi recto. Cada empellón que me efectuaba parecía que usurpaba más y más de mí cuerpo, cediendo a ese asedio de mi amigo. Levante mas mi culito para no desaprovechar ni un tramito de su vigoroso aparato su verga tocó fondo en mí y sentí claramente cómo sus tibios jugos me invadían por dentro.  

Él temblaba, se retorcía apretando mis pechos y pellizcando aun mas mis pezones, se convulsionaba y temblaba como un poseído, gruñendo con cada disparo que salía de su verga, y de pronto se desplomó sobre mi espalda, abrazándome exhausto y sudoroso, pero sin sacar su verga de mi adolorida cobertura.

No sé cuánto tiempo permanecimos así, inmóviles, sin decirnos nada.  Él tomó una punta de la sabana. Para limpiarse y hacerlo también con mi ano, lo hizo cariñosamente, con dulzura, como si estuviera apenado con lo que había pasado. 

 “Espero te haya gustado mi regalo, de cumpleaños” me dice de manera algo irónica.

Nos quedamos desnudos un buen rato sobre la cama, cuando vi la hora me apresuré a vestirme. Pero Maxi me detuvo, parado frente a mí, con su delgado cuerpo y su miembro erecto nuevamente, me producía una atracción muy peculiar.

“Ven mámamela, un ratito” lo dijo de una manera que no me pude negar, a medio vestir, me arrodille, iniciando una seria de chupadas. Me tomo de los hombros  y me obligó a apoyar mi cuerpo sobre la barra, desplazando mi slip, y levantando mi camisa, mientras me hacia abrir las piernas.  Al hacer esto, mis nalgas quedaron al aire y mi orificio expuesto para lo que él quisiera repetir

Le rogaba que no lo hiciera, que era tarde, pero él me mantenía pegado sobre la barra obligándome a permanecer inmóvil.   Sentía que su verga se paseaba entre mis nalgas, toqueteando mi orificio.  Oh Dios mío, eso me excitaba, me volvía loco. 

Al volver a sentir la punta de su miembro colocarse nuevamente en mi ano,  comenzando  a empujar una y otra vez, la falta de lubricación y mi esfínter que no cedía.

Pasé mi mano por detrás y tomé su verga colocándola de nuevo a la entrada de mi ano y lo ayudé para que lo metiera.  Al principio volvió a dolerme, por el esfuerzo y la irritación que tenía, él solamente empujó y con algo de esfuerzo aquél cilindro de carne,  abrió nuevamente las paredes de mi esfínter y penetró hasta lo más profundo de mis entrañas.  Ya no me dolía, a cada embestida yo sentía que me elevaba al cielo, su mano busco mi miembro,  al mismo tiempo que bombeaba dentro de mí, mientras me iba masturbando acorde a cada embestida.

Entre temblores y convulsiones, acabe, y momentos después se vino él  llenando mis intestinos con un torrente de jugos.  Quedamos exhaustos, sin movernos y con su miembro clavado todavía en mi culo.  Después, sin decir una sola palabra, quito su aparato, limpiándose con una servilleta.

“Si regresas por la tarde, podría darte otro regalo” lo mire sonriente y le di un beso en la boca.

No sé si estaba feliz por lo sucedido, pero apenas termine de almorzar y ver los regalos, a las dos de la tarde, muy impaciente tocaba el timbre en su casa.



© Sofia

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