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Fecha: 27-Dic-16 « Anterior | Siguiente » en Gays

Destinados. Capítulo 19: Vacío

Derek William
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Me sentía como si me hubiesen arrancado una parte importante de mí, una parte que había sido mi combustible para vivir, mi motivación, mi única motivación. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Hola a todos, bueno les había informado que probablemente antes de que terminara el año tendría lista una nueva entrega y aquí esta… Espero les guste. Gracias por sus comentarios y correos, en verdad los valoro muchísimo… Sin más que decir, disfruten del relato…

Derek W. Johnson

Destinados. Capítulo 19: Vacío

 

DAVID

Como seres humanos creemos tener la respuesta a todo, al punto de que a toda acción que cometemos siempre sabemos cuál será su reacción, es así como ingenuamente llegamos a pensar que sabemos cuál será el futuro de nuestras vidas, fruto de las consecuencias de nuestros actos.  Dando por cierto que cada uno de nuestros planes se harán realidad si trabajamos arduamente por ello, sin embargo no está solamente en nuestras manos realizar todos nuestros propósitos. Dentro de ese mismo plano en el que se desarrolla la vida también juega el destino. Quizás dependerá de nuestras acciones el camino que tome nuestra existencia, pero aun así es el destino quien se encarga de definir claramente cuál será nuestro rumbo, no de una manera definitiva… más bien de una manera circunstancial. Es por ello que siempre debemos estar alerta, siempre, ya que nunca lograremos descifrar exactamente cuál será la siguiente sorpresa que nos tiene preparada la vida, hecho del que soy consciente y estaba comprobando de la manera más cruel.

El sufrimiento del que estaba siendo víctima era inexplicable. Me sentía como si me hubiesen arrancado una parte importante de mí, una parte que había sido mi combustible para vivir, mi motivación, mi única motivación. Sentía que ya nada tenía sentido, que después de esto mi vida había perdido definitivamente su rumbo. Una presión en mi pecho se instaló, saludándome como una vieja compañera. Pensé que jamás la volvería sentir. En esos segundos cada momento a su lado era como una puñalada a mi corazón, cada recuerdo era como una auto-bofetada, cada escena evocada la sentía como una patada que intentaba pisotearme y dejarme en lo más profundo del abismo. Así me sentía, en un abismo que no tendría salida y del cual me sería imposible salir, y del que tampoco quería salir, me daba igual. No me importaba si nunca lograra salir de él. Ya toda motivación que pudiese haber existido se había extinguido hasta la última gota. Dudaba enormemente que la ilusión y la esperanza se hicieran presente en mis pensamientos. Me sentía completamente perdido.

Ya hacía una semana desde que Fabián se había ido y todavía seguía encerrado en mi habitación, haciendo lo único que sabía, llorar. Pues esa era la única manera que tenia de drenar todo lo que me invadía por dentro. Para mi llorar era la manera más efectiva de tranquilizar todo el dolor de mi pecho. Sin embargo eso era solamente temporal, ya que el dolor siempre volvía, siempre estaba presente. No era fácil aceptar que la persona más importante en mi vida ya no estaba, que el hombre que me había amado hasta la última gota de su ser se había marchado y me había dejado completamente abandonado. Y el hecho de que se hubiese ido obligado no ayudaba en absoluto a calmar mi malestar, al contrario, lo intensificaba aún más. Pues, si Fabián me hubiese abandonado deliberadamente por lo menos tendría la certeza de que no me había querido y sería un poco más factible; aunque no fácil, pasar la página y no encontrarme en la incertidumbre en la que estaba. Pero ese no era el caso, la verdad era que nuestra separación era responsabilidad de alguien, un ser que no quería vernos juntos. Eso era lo que más sufrimiento me causaba, dado que sabía que lo que más anhelábamos Fabián y yo era estar juntos, y no podíamos cumplir ese sueño por las ideas retrogradas de un señor.

Ahora ¿Qué haría? No lo sabía. Ya nada me interesaba, y nada me importaba. Quería ahogarme en mi dolor, yo solo. No quería que nadie me molestara, ni que nadie se preocupara por mí. Si las clases ya habían comenzado, no me interesaba, si Rebeca preguntaba por mí, pues que se fuera molestar a alguien más. Quería que me dejaran en paz. Lo menos que quería era que mi madre cada mañana entrara en mi habitación para preguntarme como estaba, haciendo el papel de psicóloga que no le quedaba. Ahora menos que nunca le incumbía lo que me estaba pasado, es más, debería estar feliz; mejor dicho deberían estar felices, porque allí también iba incluido mi padre, y eso se los había expresado la tarde en que llegue del aeropuerto.

- ¡Ahora pueden estar felices. La persona que más odiaban se acaba de marchar…! - fué lo que les grite cuando cruce la puerta de entrada. Desde aquella vez no he articulado palabra alguna con ellos. Desde ese día el único contacto que tengo es con mi madre cada vez que me lleva la comida. Se podría decir que durante los últimos días ese fue único medio de comunicación que mantenía con el mundo exterior.

Mis cavilaciones mentales se vieron interrumpidas por el sonido de la perilla de la puerta de mi habitación. Gruñí por lo bajo. De seguro era mi madre, quien tenía la costumbre de pasar por mi cuarto todas las mañanas después de levantarse; antes de llevarme el desayuno, su intención siempre era preguntarme como había amanecido, o quizás saber si aún seguía vivo… o eso creo. El punto estaba en que ya me estaban hartando esos breves paseos por mi cuarto de parte de ella, donde intentaba hacerme hablar, los odiaba ¿Es que acaso no entendía que mientras me molestaran menos, era mejor? No, creo que no, y si lo hacía, no le importaría pues por lo visto ahora quería adoptar el papel de madre verdaderamente preocupada por lo que le pasaba a su hijo.

Despegué un poco mi cabeza de la almohada intentado enfocar mi vista en la puerta, pero la imagen que alcance a ver me… extraño, mas no me sorprendió. Era mi padre quien entraba en la habitación. Era la primera vez que lo hacía luego de que había regresado al hospital. Fijo sus ojos por un segundo en mí y nuestras miradas se cruzaron por un instante. No sé porque pero una sensación muy extraña me invadió, no entendía la razón pero ese contacto visual hizo revivir innumerables emociones, de dolor y de sufrimiento, y de rencor y odio a la vez. En seguida las ganas de llorar volvieron a mí e instintivamente hundí mi rostro en la almohada, girando mi rostro intentando darle la espalda con la mirada. No permitirá que me viera llorando. No le daría ese gusto.

Pude sentir como luego de unos segundos de silencio, sus pasos comenzaron a avanzar dentro de aquellas cuatro paredes, y de un momento a otro el movimiento del colchón me advirtió que se estaba sentando en el extremo del mismo. Por mi parte yo hacía todo lo posible porque mis leves sollozos se escuchasen lo menos posible. No podía soportar tener a responsable gran parte de mi dolor tan cerca de mí, aunque fuese mi padre, me afectaba demasiado. De un momento a otro sentí como su mano se posó en mi espalda. La aparte de inmediato.

-¡Déjame solo!- le pedí tajantemente. No quería que me tocara, no quería que se me acercara. Él siempre quiso separarme de Fabián. Y ahora su deseo se había hecho realidad ¡¿Qué más quería?!

-Hijo- dijo- me preocupa verte así-.

-No quiero hablar con nadie ¡vete!- le volví a exigir. Pero el hizo caso omiso a mi petición.

Luego de mi último grito, hubo un silencio sepulcral el cual se prolongó por varios minutos. Y un tiempo después, escuché como leves sollozos le hacían ecos a los míos. Intente parar por un momento mi llanto para comprobar lo que mis oídos creían oír y, si, era llanto, era el llanto de mi padre- ¿Sabes?- comenzó a decir intentando articular las palabras lo más continuamente posible- yo siempre he querido lo mejor para ti – pausó- siempre has sido mi orgullo, y por eso es que a veces he sido tan estricto con tu educación. No sabes cuánto sufrí cuando descubrí que eras…- no pudo pronunciar lo que seguía, por lo que veía aún le seguía costando decir la palabra-… homosexual- la terminó diciendo- fue una gran decepción para mí. Sentía que había fallado como padre y me preguntaba ¿Qué había hecho mal? Por eso me porte como un imbécil contigo. Creí erróneamente que si era un poco estricto, alcanzaría a enderezarte, pero estaba equivocado…- paró por un momento para tomar aire, ya sus quejidos se estaban calmando-… pero todo cambió luego del infarto. Estar al borde de la muerte me hizo entender que lo más importante en esta vida es… ser feliz y el poder disfrutar de tus más queridos, y entendí que el sentido de la vida está en vivirla con lo que tienes… y aprovechar cada momento para demostrarles cariño a quienes quizás en un mañana no veras. Fue así como entendí que te debía querer sobre todas las cosas, sin importar quien eras o tus preferencias. Te debía querer por que eras mi hijo- esta vez un breve sollozo se volvió hacer presente- Estos días medite; y el verte así tan deprimido me hizo entender que ustedes en verdad se amaban, por lo que comprendí que te debo aceptar como seas. Sé que me costara acostumbrarme a la idea pero… intentaré que eso no sea obstáculo. Así que hoy David- volvió a posar su mano en mi espalda- te digo que te acepto tal y como eres-.

No di ninguna señal luego de que terminó de hablar, ninguna. Hasta mi llanto se dejó de escuchar y mi agitada respiración se calmó un poco. No entendía que pasaba ¿Mi padre me estaba pidiendo perdón? ¿Pero cómo…? Mi mente estaba demasiado confundida. Entre tanto llanto y sufrimiento, no tenía idea cómo reaccionar a una situación así.

-También quiero confesarte algo- volvió hablar- quizás me odies después de que lo sepas- no se escuchó nada por unos cuantos segundos, luego de que pareció tomar el valor para seguir hablando, se volvió a escuchar su voz- hace unos meses le mandé un correo al señor Mauricio; el padre de Fabián, donde le dije hice saber la relación que mantenías con su hijo- en ese momento me giré, y dedique una mirada inquisidora- y ahora me arrepiento. No sabía que a causa de ello, el señor iba tomar medidas tan drásticas- su llanto regresó mientras bajaba su cabeza evidentemente arrepentido-… hijo perdóname, mi intención nunca fue hacerte tanto daño- esta vez su llanto fue más fuerte. Nunca lo había visto así. Mi padre siempre había sido un hombre fuerte, pobre de sentimientos y malhumorado por naturaleza. Por lo que presenciar el estado en el que se encontraba era verdaderamente sorprendente.

Pasaron varios minutos así. El llorando y yo contemplándolo. A decir verdad no sabía qué hacer, así que estando enormemente confundido, preferí quedarme callado y no decir nada. Luego de un prudencial tiempo en donde sus ojos ya estaban secos y su respiración se había calmado. Levanto su mirada y la fijo en mí. Allí los vi. Pude ver sus ojos inmersos en un sufrimiento profundo, pude ver un arrepentimiento sincero, pero más profundo y oculto que todo vi un cariño paternal. Y entendí que todas sus palabras habían sido sinceras. Yo no hice nada, solo me mantuve expectante a lo que haría mi padre, quien tras limpiar un poco su rostro de los resto de lágrimas, se abalanzo sobre mí y me dio un fuerte abrazo. Yo solo me deje abrazar- Te quiero hijo- me dijo al oído. Una vez separados, él se levantó y salió de la habitación.

EDUARDO

Baje del auto, asegurándome de que las puertas estaban cerradas. Cuando mi inquietud fue tranquilizada, dirigí mis pasos hasta la entrada principal. Por suerte no logré mojarme demasiado en ese proceso, dado que el día había amanecido un tanto nublado. Ya estaba de vuelta en el trabajo. Me había costado mucho hacerme a la idea que mis días de disfrute en Miami se habían acabado. Pero bueno, ya tendría tiempo para disfrutar de la vida. Por ahora mi prioridad era trabajar. Que quizás me constara un poco, pues extrañaría los festejos navideños.

Cuando entréfue inevitable toparme con el saludo de todos mis compañeros a quienes no veía desde el año pasado, literalmente. A quienes saludé calurosamente, incluyendo a mi secretaria. Luego de terminados los saludos, entré en mi oficina, ya listo para comenzar con mi labor que no fue tan fácil después de todo. Esa mañana fue un poco pesada. Estuve hasta el tope de trabajo. Una causa directa de tomar vacaciones, era que los documentos se me acumularan, lo que significaba indiscutiblemente trabajo extra en los próximos días. Pero con quejarme no lograría nada, así que mejor intentaría terminar lo antes posibles con esa pesadilla.

Durante el transcurso del día, pude enterarme de varias novedades, entre ellas estaban la unión matrimonial de una de mis colegas, el embarazo de una de nuestras gerentes y el regreso de Alberto, a quien ya hacía un mes que le había dado un infarto, pobre hombre, sí que había tenido sorpresas últimamente. Así que, como muestra de amabilidad decidí pasar por su oficina para ver como seguía con su recuperación. Su secretaria fue la encargada de anunciarme.

-Puede pasar- dijo la amable mujer colgando el teléfono de su escritorio.

Entré un tanto sigiloso en aquella oficina. No sé porque razón, pero el ambiente que se respiraba allí dentro era un tanto parecido al miedo. Nunca sabias cuando te llevarías un regaño dentro de esas paredes.

-Pasa con confianza Eduardo- me pidió Alberto levantando su vista por un segundo de los papeles que reposaban en su escritorio.

-Buenos días- saludé mientras terminaba de entrar.

-Buenos días- respondió amablemente- ¿Qué te trae por acá?-.

-Quería saber cómo estabas ¿Cómo sigues del infarto?-.

-Aun me recupero… pero todo ya casi ha vuelto a la normalidad- contestó un tanto contento.

-Me alegro por ti. ¿Tu familia como está?- volví a preguntar. No quería parecer entrometido, solo quería ser un trabajador que se preocupaba por su jefe, quien además era gran amigo.

-Están bien -dijo un poco melancólico.

-Eso no sonó muy bien- dije en tono de preocupación.

Suspiró pesadamente y pareció recordar algo, luego habló - ¿Recuerdas la vez que te pedí el correo de Mauricio Cascante?- asentí- Bueno, cuando me lo diste le mandé un correo expresándole la situación de nuestros hijos- pausó para quitarse las gafas- en un principio pensé que era lo correcto, pero no sabes cuánto me arrepiento ahora-.

-¿Por qué? ¿Qué sucedió?-.

-Sucedió que Mauricio regreso al país y se llevó a su hijo. Ahora mi hijo está destrozado, mi intención nunca fue hacerle daño. No sabes lo deprimido que está- se veía preocupado- ya no sale, casi no come y se la pasa todo el día en la cama llorando. Tengo miedo que haga una locura-.

-¿Has intentado hablar con él?- tal vez esa era la solución que hablaran y arreglaran sus diferencias.

-Ya lo hice y ni siquiera me dedicó una palabra. Si antes me odiaba, ahora me odia más, ya que le dije que yo era el culpable de lo que estaba pasando. Creí que era mejor decirle la verdad- contestó con la mirada perdida.

-¿Y qué piensas hacer?-pregunté mientras me sentaba.

-No lo sé. Ya le dije que lo aceptaba como era, que no me importaba que fuera gay, pero no obtuve respuesta de él-.

-¿Me permites darme un consejo?- asintió con la cabeza.

-Antes que nada debo decirte que entiendo por lo que está pasando tu hijo, pues… yo también soy gay- su rostro fue evidentemente de sorpresa ante la noticia, aunque no fue tan dramático como me lo imaginé que sería- claro, no viví el rechazo de mis padres por obvias razones, pero lo entiendo, no es fácil ser diferente en un mundo como este. Mira, en este momento lo que tu hijo necesita es espacio para analizar y digerir todo lo que le está pasando. Luego cuando haya pasado un tiempo considerable y sus heridas emocionales estén menos susceptibles, necesita del apoyo de ti y de tu esposa. Ambos deben demostrarle que en verdad lo quieren y lo apoyan. Eso es muy importante. Pues si para mí fue difícil lidiar con la homosexualidad, teniendo el apoyo de mi abuela. Imagínate para el que fue rechazado por sus padres. Por lo que debes demostrarle que en verdad lo apoyas-.

-Te entiendo pero ¿Cómo se supone que debería demostrarle mi aceptación y apoyo?- se veía un tanto perdido en todo aquello, sin embargo que escuchara mi consejo era algo, conociendo su personalidad.

-No lo sé, quizás preguntándole sobre su vida personal, claro respetando su privacidad. Si él no te quiere contar nada, debes darle su espacio y dejar que él solo, venga a ti- le dije gesticulando un poco con mis manos- no importa que hagas, lo que importa es que tu hijo sienta que estas tomando su condición como algo normal- al concluir lo pude notar un tanto ensimismado, ojala y pusiera en práctica algo de lo que le dije- Ahora discúlpame pero debo continuar con mi trabajo-.

-Ve tranquilo-contesto aun pensativo.

Al salir de aquella oficina sentía que había remendado uno mis errores, pues yo también había sido responsable de parte de las calamidades de David al ser imprudente con lo que decía. Si hubiera medido mis palabras ante Alberto tal vez nada de esto estaría ocurriendo. Sin embargo ya no podía cambiar lo ocurrido por lo menos podía hacer algo para enmendar las cosas, y estaba satisfecho por haberlo hecho. El resto de la mañana trascurrió sin ningún hecho extraordinario que no fuese mi estrés por tanto trabajo, pero eso se quitaba con un poco de ejercicio.

NARISSA

Los gritos de mi padre se podían escuchar en toda la urbanización. Ciertamente la noticia lo había agarrado de sorpresa y no de muy buen humor. Pero no quería esperar más. Además ya el embarazo se me notaba y estaba cansada de usar abrigos todo el día para ocultar mi barriga. Ya lo había decidido, y no daría marcha atrás. Estaba segura de darme una segunda oportunidad con Cristian, quien se había encargado demostrarme que en verdad me apoyaría, por lo que nada de lo que dijesen mis padres me haría cambiar de opinión.

-¡Dime que esto es una broma Narissa!- dijo mi padre intentando tranquilizar su ira.

-No papá. Es cierto- me levanté y me quité el abrigo que tenía puesto- estoy esperando un hijo- pude ver como sus ojos se abrieron de sorpresa al ver mi panza.

-¿Cómo pudiste…- pude percibir el desprecio en su voz-… ensuciar así el nombre de la familia? ¡¿Cómo te atreviste?! ¿Sabes lo que dirán de nosotros?-.

-No me interesa en absoluto los que los demás pueden pesar. Estoy dispuesta a enfrentar lo que sea-.

-¿Qué estás diciendo? ¿No pretenderás tener a ese niño?- preguntó aun incrédulo ante lo que escuchaba.

-Pues si lo voy a tener, y por eso estoy aquí con Cristian. Y si no piensas apóyame no tengo problema con marcharme-.

-No sabes lo que dices- dijo mi padre negando con la cabeza.

-¿Sabes qué? Ya estoy cansada de tanto dramatismo de tu parte. Vámonos Cristian- lo tomé de la mano mientras salimos de aquel despacho- salgamos de aquí-.

>>>*<<<

 

-¿No crees que fuiste un poco dura con tu padre?- me pregunto Cristian con la vista puesta en el camino. Estábamos en el auto de su madre.

-No lo creo, mi padre siempre ha sido así de dramático. Se escandaliza por cualquier cosa. La de hoy fue una de sus típicas reacciones, claro que un poco más escandalizado de lo normal- conteste- ¿Y ya hablaste con tu madre?- el agitó su cabeza en saña de afirmación- ¿Y qué paso?-.

-Bueno, primero armo todo un drama igual que tu padre. Para ella había tirado a la basura mi futuro. Sin embargo se calmó un poco luego que le dije que estaba trabajando y que lo seguiría haciendo luego de que naciera el niño, y le prometí que no dejaría los estudios. Así que estuvo un poco más tranquila. Sigue estando un poco molesta pero ya se le pasará-.

-¿Crees que será imprudente si me aparezco hoy por allá?- pregunté.

-Para nada. Al contrario creo que será beneficioso. Ya es hora de que mi madre vaya conociendo a la madre su nieto-.

-Entonces llévame a tu casa. Hoy no quiero regresar a la mía- le pedí. El asintió con su cabeza en señal de aceptación.

EDUARDO

Aun me faltaban unos cuantos metros para alcanzar mí meta, y… solo un poco. ¡Listo! Ya había acabado en la caminadora. “Una tarde productiva” pensé. Desde antes de navidad no entrenaba, de modo que el poder sentir el efecto del ejercicio después de varias semanas era satisfactorio. Hacer ejercicio siempre me ponía de buen humor, ayudaba a relajarme.

Ya tras haber terminado, me dirigí hasta los vestidores, donde tome una rápida ducha y me vestí. Lo que más quería era llegar a mi casa. Busqué mi auto en el estacionamiento del recinto, y arranque. Mientras pasaba por la entrada de estacionamiento saludé al vigilante quien amablemente me abrió para dejarme salir. En ese ínstate iba acelerar pero cuando me disponía hacerlo una figura se atravesó en frente de mi camino haciéndome parar de golpe mientras tocaba la bocina a todo lo que daba intentando avisarle al chico; que se interponía en mi camino. No sé cómo pude reaccionar tan rápido pero fue lo suficiente como para parar unos centímetros antes de alcanzar a atropellarlo. Del susto el chico dio salto hacia atrás lo que causo que se resbalara en el asfalto de la acera; que se encontraba relativamente mojado gracias a la lluvia, provocando una aparatosa caída. Luego de unos segundos de confusión decidí bajarme, para asegurarme que todo estaba bien.

-¡¿Acaso eres imbécil como para no ver por dónde conduces?!- gritó el chico aun tirado en el piso llevando la mano hasta uno de sus brazos, al parecer cayó sobre él.

-Discúlpame, pero aquí el imbécil es otro ¿No te han enseñado mirar por dónde caminas? O es que estás ciego para ver que esta es una salida de autos- contesté un poco molesto por su actitud. Si alguien era culpable era él. ¿Por qué no se fijó por dónde caminaba?

-Por qué no haces algo productivo y te largas…- dijo mientras intentaba levantarse, mientras lo hacía se pudo oír su quejido de dolor, aparentemente tenía bastante lastimado el brazo.

-Déjame y te ayudo- me ofrecí tratando de olvidar su comentario y mi enojo. Era evidente que necesitaba ayuda.

-Te dije que te largaras- volvió a decir igual de enojado.

-Por favor déjate de jueguitos infantiles. Mírate, necesitas ayuda- le tendí mi mano. A regañadientes la tomó.

-¡Aah!- soltó otro quejido cuando estaba de pie.

-¿Te duele mucho?- asintió con la cabeza como señal de respuesta, con un gesto de dolor.

-Ven te llevo al hospital- en ese momento se detuvo como dudando de mi propuesta- deja la paranoia de lado que no soy ningún asesino, ni secuestrador- le contesté sabiendo lo que estaba pensando. Caminamos hasta el auto que se encontraba aun en la puerta de salida del estacionamiento.

-¿Está todo bien señor?- me preguntó el vigilante quien había sido testigo de todo.

-Si. El chico solo se lastimo el brazo- dije señalando al muchacho que se estaba subiendo en el asiento del copiloto.

El camino al hospital fue un poco incómodo. Pues la tensión entre nosotros era bastante palpable. Ninguno dijo una sola palabra. Durante el trayecto lo único que se escuchaba eran los inaudibles quejidos del chico quien se esforzaba por mantener su brazo lo más inmóvil posible. Así se mantuvo hasta que logramos llegar a la sala de emergencias, donde luego de contarle a una de las enfermeras lo que sucedía esta se encargó de llevarlo hasta una camilla para fuese el médico y lo examinara. Sin saber qué hacer, e invadido por la culpa; a pesar de que ambos teníamos responsabilidad en el accidente, me sentí con la obligación acompañarlo para asegurarme que no fuese nada grave.

-Buenas tardes- saludó el médico entrando en aquel cubículo- a ver ¿Qué tenemos aquí?-.

- Al parecer el chico se lastimo el brazo luego de resbalarse en la calle- contestó la enfermera.

-Veamos entonces ese brazo- contestó el doctor acercándose al chico para examinar personalmente la extremidad- ¿Te duele?- preguntaba el doctor tocando distintos puntos, aparentemente buscando el lugar de la lesión, a lo que el chico asentía unas veces un tanto tranquilo y otras más adolorido, facilitándole al médico encontrar el punto de la lesión. Una vez identificado el sitio que mayor dolor le causaba, el medico se retiró.

-Aparentemente, tienes una lesión en el hombro. Sin embargo tendré que realizarte una radiografía para ver de qué se trata exactamente. Antes debo tomar tus datos- el hombre tomo una hoja que le facilito la enfermera.

-¿Nombre?-.

-Eric Godoy- contesto el chico.

-¿Edad?-.

-20 años- la verdad era bastante joven para lo que aparentaba. Pues su apariencia de imponencia, su alta estatura y las facciones masculinas pero un tanto afinadas de su rostro, daban a entender que el chico era alguien con experiencia en la vida; sin embargo no era así. También debía reconocer que era bastante guapo.

-¿Eres alérgico a algún medicamento?- Eric; que ahora sabía que se llamaba así, negó con la cabeza a la pregunta del médico.

-¿Sufres de alguna enfermedad?-

-No, hasta el momento no me han diagnosticado nada- el breve interrogatorio siguió con unas pocas preguntas más. Cuando acabaron se llevaron a Eric hasta la sala de radiografías. Mientras tanto yo opte por irme hasta la sala de espera. Allí estuve alrededor de una hora, sin más que hacer que esperar. No sé por qué hacía aquello, quizás el chico ni siquiera lo agradeciera, pero igual me sentía con el deber de asegurarme que estaría bien. Por suerte no esperé demasiado. Alrededor de media hora después el chico ya salida de emergencias, Eric salía con una venda en el hombro, y el brazo inmovilizado. Me levante de inmediato que lo vi y caminé hasta él.

-¿Está todo bien?- le pregunté.

-Si, por suerte no fue una fractura, solo me disloqué el hombro y me raspé un poco. Nada que unos calmantes no arreglen- contestó esta vez ya no tan a la defensiva como antes.

-¿Cómo te vas?-

-Creo que en taxi- contestó.

-Yo te llevo- me ofrecí.

-No gracias, ya no quiero causarte más incomodidades- respondió dedicándome una mirada. Allí pude darme cuenta de que sus ojos eran verdes. No había tenido tiempo de apreciarlo. Sí que eran lindos.

-No causas ninguna. Además en cierta parte debo reconocer que tengo parte de culpa- le dije.

-Yo también tengo culpa, por no fijarme bien por donde iba. Y por favor discúlpame por reaccionar de esa manera. A veces me comporto como un idiota-.

-Tranquilo que todos tenemos días malos. Ahora, vamos que te llevo- le dije haciéndole un gesto con la mano para que me siguiera.

REBECA

Acomodé un poco mejor mi cuerpo intentado estar lo más cómoda posible en aquel sofá. Reacomodé mi cabeza en el pecho de Esteban queriendo concentrarme en la película. Pero no podía. Estaba demasiado preocupada.

-¿Estas bien?- me preguntó Esteban, quitándole atención un momento al televisor. Al parecer era evidente mi estado de ánimo.

Me enderece de golpe, saliendo de mis pensamientos y le devolví la mirada- ¿Se me nota demasiado la preocupación?- el asintió. Di un suspiro profundo y me dispuse a hablar- Estoy preocupada por David, ya hace una semana las clases comenzaron y aun no hay señales de él-.

-¿Aún sigue desanimado?-

-Desanimado es poco. Está deprimido. Según su madre que es con la única que he hablado, no ha salido de su habitación desde el día que llego del aeropuerto. Se la pasa todo el día encerrado llorando y come poco. Me preocupa- la expresión en mi rostro expresaba a la perfección mi inquietud.

-Es que no es para menos. Imagínate que la persona de quien estas enamorada se va de tu vida. Debe ser fuerte- comentó.

-Si - dije - no me imagino siquiera como debe ser- en ese momento me enderece para verlo a los ojos - no soportaría que me dejaras - le di un fuerte beso.

-Tranquila- musitó mientras me apartaba- que nuestra historia es distinta. Además, primero me muero antes que dejarte sola-.

Se creó un silencio por unos pocos pero de inmediato fue roto con la voz de mi novio.

-¿Se querían mucho verdad?- me peguntó curioso.

-Si - contesté - Fabián daría la vida por David. No quiero ni imaginar como la está pasando el-.

-¿Y qué piensas hacer?-.

-No lo sé aun -dije- pero lo primero que debo hacer es tratar de sacar a David de ese encierro y demostrarle que no está solo-.

-Estoy de acuerdo contigo pero ¿Crees que su padre no será un obstáculo luego de lo que me contaste?-.

-Tal vez si sea un obstáculo, pero tendré que enfrentarme a él sí quiero ayudar a mi amigo - contesté - y cambiando un poco el tema ¿Cómo han tomado la noticia tus amigos?-.

-Les cayó como balde de agua fría, todos los de nuestro grupo se preguntan la causa para tan repentina partida. Fue una total sorpresa. Al que más le ha afectado es a Cristian, pues ellos eran uña y carne, y al no estar Fabián se ha visto solo estos primeros días de clases. Sin embargo intuyo que algo le está pasando pues lo he visto demasiado raro. Pero ya nos enteraremos... y por otro lado extrañamente Santiago no ha dicho nada, no sé qué paso entre esos dos pero al parecer su amistad termino muy mal- me tensé un poco ya que sabía la razón de aquello- no se en que momento pasaron a ser enemigos. Y el resto solo se limita expresar su asombro y hacer preguntas intentando averiguar algo. Obviamente será muy difícil que se enteren-.

- Al parecer Fabián era como una celebridad y por lo visto esta partida inesperada lo hizo famoso- comenté.

Esteban iba hablar pero el sonido de la puerta lo detuvo. De inmediato volteamos para ver de quien se trataba. La imagen que vimos nos sorprendió.

-¿Pero qué te paso?- pregunte mientras me levantaba del sofá e iba hasta donde se encontraba Eric, quien aún intentaba cerrar la puerta con su mano libre.

-Nada de importancia, solo una caída- respondió intentando quitarle importancia al asunto.

-¿Cómo que nada de importancia? Mírate el brazo- lo señalé.

-Solo fue una caída - contesté volteándose hasta mí - me atravesé cuando un auto intentaba salir del estacionamiento del gimnasio y del susto terminé resbalándome y cayendo al suelo - explicó como si estuviese contando cualquier historia.

-¿Quién te llevo al hospital?- pregunté mientras intentaba ver un poco más de cerca su hombro.

-El chico que conducía el auto…- contestó apartando mi mano -… y no toques demasiado que aún me duele-.

-Tranquilo solo estoy examinado ¿O es que no me puedo preocupar por ti?- le impregné un poco de enojo a mi tono de voz.

-Sí, puedes pero sin tanto manoseo - me contestó.

-Está bien te dejo en paz ¿Ya comiste?- el negó con la cabeza- bueno, entonces tienes la comida en el horno-.

-¿Y mamá?- preguntó.

-Se tuvo que quedar. Al parecer un caso se complicó y tiene que ayudar a su jefe a redactar unos documentos de última hora, aviso que llegaría tarde- le hice saber.

Suspiró aliviado- es mejor así- dijo- lo último que necesito es un escándalo de su parte, ya tuve suficiente por hoy-.

ERIC

Terminé de masticar el último bocado y me dispuse a lavar mi plato, como pude, porque con un solo brazo la cosa no era muy fácil que digamos, pero ¿Qué podía hacer? Durante los próximos días debía aprender a ser ágil con una sola de mis extremidades. Solo serían un par de semanas, no era demasiado después de todo. Podía aguantarlo. Sin embargo aún no entendía como había sido tan estúpido como para caerme por un simple sobresalto. Si, tal vez el suelo estaba resbaloso por la lluvia, pero ¿cómo no tuve más agilidad para mantenerme en pie? Bueno, ya tenía el brazo lesionado y con lamentaciones no lograría que sanara más rápido. Suspiré cansado. Estaba completamente exhausto, el día había sido bastante agotador, lo que más deseaba era poder dormir plácidamente.

Salí de la cocina y pase por la sala para despedirme de mi hermana y de Esteban; que esperaba que se fuera pronto, ya se le estaba haciendo tarde. Subí como pude las escaleras, haciendo de lado mi cansancio y llegué a mi habitación. No dude en tirarme en la cama. Creo que esa noche dormiría como no lo hacía desde bastante tiempo atrás.

Era tanta mi pereza que en ese misma posición me quite como pude toda mi ropa, quedándome completamente en ropa interior. En momentos así, deseaba tener a alguien que me esperara todas las noches para dormir conmigo, brindándome la calidez de su cuerpo. Suspiré pesadamente. Quizás nunca lo encontraría. No sé porque pero en ese instante la imagen del chico de esta tarde vino a mi mente, ¿Eduardo? sí, creo que así se llamaba. Debía reconocer que el chico era bastante guapo, un poco más bajito que yo, de un metro setenta, pelo entre castaño y rubio, y un rostro rudo pero a la misma vez de facciones finas que le daba un toque de niño bueno, haciéndolo ver extremadamente irresistible. Todo eso sumado a una mirada tierna mirada. Debía ser sincero, el chico me había gustado, que digo gustado, me había fascinado. No obstante tampoco era un desesperado. Tenía dignidad. De modo que no deje entrever mi atracción. Claro, que un primer momento la rabia me hizo detestarlo por no ver por donde conducía; pero al analizar la situación y concluyendo que ambos éramos culpables, no lo odie tanto. Es más hice algo no muy común en mí, me disculpe. Intenté espantar esos dilemas mentales y quise concentrarme en el sueño pero al recordar la imagen de ese chico tan atractivo, no pude centrarme en dormir. No fue sino hasta un tiempo prudente donde mis fantasías me fueron sacando de la realidad que realmente alcancé a descansar. Francamente no tenía idea que me pasaba últimamente, quizás era la falta de sexo que me tenía tan susceptible a los chicos guapos. Debía solucionar eso. 



© Derek William

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