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Fecha: 27-Dic-16 « Anterior | Siguiente » en Fantasías Eróticas

X-Change 2

ChicaLalylunatica
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Sigo conociéndome, para decidir si debo o no dar un paso permanente. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

            Al despertar era todavía una chica, me asusté por un segundo. Luego me relaje, recordé que por haber tomado el día libre, el día anterior me había levantado más tarde; por eso todavía no se cumplen las 24 horas. Sin embargo saber me reportó una nueva fuente de angustia, y si no me volvía hombre antes de la hora de entrada del trabajo. Eran las 7:oo a.m., yo entraba a las 9:00. Creo que ayer había tomado la pastilla un poco pasadas las 8:00, entre 8:05, 8:10. Bueno no podía esperar el cambio, tenía que ponerme a hacer cosas. Me levanté y entré el baño, abrí la llave caliente y me senté a orinar. Sentir el flujo de orina, me hizo pensar otra vez en mi situación, ¿Qué iba a hacer? En ese momento no quería pensar, entre a la regadera y empecé a bañarme. Mientras me enjabonaba se dio el cambio nuevamente. Fue igual de rápido que al pasar de hombre a mujer. Antes de que supiera que pasaba ya había terminado. Todo estaba en su lugar, como había sido. Mi pene estaba ahí, había ganado altura, peso, masa muscular. Me toco las mejillas, se sentía el áspero tacto de mi barba. Mis manos eran gruesas y toscas, estaba seguro que mis facciones habían sido las de siempre.

                Estar nuevamente en mi cuerpo fue como calzar unas zapatillas viejas y usadas, cómodas, pero quizá no muy bonitas. Salí, me vestí en mis ropas habituales y salí al trabajo como todos los días. Llegué, saludé a la gente. Era jueves, mañana sería el bautizo del sobrino de Marcelo o sobrina, ya no recuerdo que había dicho. Me puse a trabajar, como había faltado, el día anterior, se había juntado un poco. Pero me concentré y trabaje duró durante la mañana y para las dos de la a tarde había sacado adelante el día, solo faltaba esperar ver si caía nuevo trabajo.

                Ahora que tenía un poco de tiempo de ocio fue cuando de verdad me puse a pensar en lo que iba a hacer. ¿Cómo me sentía en este cuerpo? Me sentía bien, tampoco puedo decir que me sienta incomodo, pero no me sentí como me había sentido el día de ayer. Claro que no podía juzgar bien un solo día contra lo que pudiera ser en el futuro, treinta y cinco o cuarenta años. Decidí mejor que no tomaría ninguna decisión drástica ese día, esperaría a mañana, viernes, ver cómo me iba con Marcelo, pero incluso así. Si me gustaba y empezaba a pensar en serio en el cambio, posiblemente tomará una píldora Plus, esas te cambian por un mes, y ya vería un mes algo más para saber que sería el cambio. En ese momento entró algo de trabajo y me volví a concentrar en trabajar. Como a las 5:30 terminé nuevamente y me levanté. Por ponerme al corriente del trabajo pendiente y ponerme a pensar sobre mi futuro había olvidado comer; así que decidí salir temprano.

                Al caminar por la oficina una de las chicas me habló. Se llamaba Magda. No era muy guapa, pero tenía un par de tetas enormes. Platicamos un poco, ya habíamos platicado antes, pero nunca nada serio. Notó interés, quizá ya me había lanzado ese interés antes pero nunca lo había notado, ahora mi experiencia como chica creo que me dio las claves para entender ciertos comportamientos; ciertas miradas, ciertos gestos. Mientras platicábamos, pensaba en que quizá me saldría bien salir con una chica, ver si puedo hacer algo y ver cómo me siento. Así que luego de un rato le dije que si quería salir a tomar un café. Me dijo que no tomaba café, pero que podría salir a tomar cualquier otra cosa. Como habíamos hablado unos veinte minutos, ya era más que buen tiempo para salir, entonces salimos los dos.

                Ella era de las chicas abiertas y alegres, que son mucho de contacto. Caminábamos juntos y me tomaba del brazo, no de la mano, como si fuéramos pareja, simplemente del brazo. Pero aunque fuese ese contacto me calentaba y me gustaba. Desde mi divorcio no había estado con ninguna otra mujer. Pero esto con Magda fue natural, no sé, como que lo del día de ayer me liberó, me hizo sentir muy cómodo y no tenía ningún problema. Además y eso es un extra, me hizo darme cuenta lo que las mujeres a veces quieren creo. No quieren tener el mando, quieren que el hombre las guíe, sin ser agresivo o mandan, o a veces incluso eso un poco.

                Así que ya en mi coche le pregunté a Magda si quería unas cervezas, me dijo que si, y dije que ya sabía a qué bar podíamos ir. Empezamos a platicar, yo sabía que ella también estaba divorciada, pero me explicó que en realidad no estaba divorciada, sino que nunca se había casado con su novio, pero habían vivido juntos tres años. Ok, llegamos al bar y nos sentamos en una mesita y seguimos platicando. Nos contábamos cosas del pasado, donde habíamos estudiado, qué habíamos estudiado. Un poco de nuestros gustos, lo usual cuando dos personas se están conociendo. A la tercera cerveza noté que ella ya estaba un poco ebria y el alcohol la había puesto cariñosa. Se me acercaba, ponía sus manos sobre mis piernas. Eso también me empezó a calentar a mí, así que tomé fuerte la silla por una de sus patas y la jale hacía mí con todo y la chica sobre ella. Con un movimiento brusco la sujeté fuerte por el cuello, como si la fuese a ahorcar. “Esto es lo que quieres puta”. Le dije, sabía que me estaba arriesgando a una bofetada, pero esperaba que no fuera así. Ella me miró con unos ojos cargados de deseo y dijo “Si”. Uff, maldita puta, tan fácil que es. Baje mi mano y la puse sobre su piernas empecé a apretar y pellizcar, quizá un poco fuerte, pero eso le gustaba, cada vez que apretaba casi podía escucharla suspirar o gemir. Con la otra mano pedí la cuenta y esperaba salir rápido.

                Salimos al coche, mientras caminábamos yo la sujetaba por la cintura, por el brazo, la pellizcaba. Podía hacer lo que quisiera con ella, era excelente y estaba realmente excitado. Al subir al coche, ella se me acercó y empecé a besarla, pero con las manos hacía de todo con su cuerpo, pellizcaba sus piernas, acariciaba su panocha por encima de la panty, manoseaba sus enormes senos. “Vamos a mi casa” dije, no era pregunta. Ella no dijo nada. Abrí mi pantalón y me saqué la verga, la tomé por detrás de la cabeza y la bajé para que me diera una mamada. Uff que bien mamaba, de verdad con ganas. Mi exesposa lo hacía siempre como si fuera un trabajo. Es decir, lo hacía pero siempre como si no quisiera y como que lo hacía lo más rápido posible para que yo terminara y ella pudiera seguir tejiendo o limpiando la casa. Pero esta mujer, puta madre, luego de un par de minutos tuve que levantarla, le di un beso y le dije “uff que rico puta, pero todavía no me quiero venir”. Llegamos a la casa, solo medio me acomodé para que no se me viera el pito al bajar, ni siquiera me abroche el pantalón, me lo iba a bajar de inmediato. Entramos a la casa, y vi las bolsas que había comprado en la sala. Mierda, pensé, así que la tomé del cabello y casi a empujones la lleve al cuarto.

                Mientras caminaba excitado, con Magda casi a rastras, trataba de pensar si había algo ahí en el cuarto que delatará mi aventura de ayer. La ropa interior, donde la había dejado, mmm, creo que en el cesto de ropa sucia eso espero, si estaba en la cama, le diría que era de alguna otra puta. Pero en el bar, le había dicho que no salía con chicas desde lo de mi divorcio. Bueno ya pensaría y a ver qué le diría, si creía que era un mentiroso o un pirujo pues ni modo. Llegamos al cuarto y la arroje sobre la cama. Me quité el pantalón de inmediato. Ella se quedó en la cama solo mirándome.

                “Levantante” le dije. Ella obedeció de inmediato. Tomé su saco oficina y lo desabroché, se lo quité, ella me empezó a ayudar a desnudarse. “No te muevas” le ordené y se quedó quieta nuevamente. “Uff, pinches tetotas tienes, ¿verdad puta?” Ella me miró, pero no dijo nada. Le di una ligera bofetada, nada fuerte, pero si la sorprendió, “respóndeme cuando te hable puta”. Lo decía con tono firme, sin ser furioso, solo firme. “Si”, dijo. “Si ¿que?” le pregunté, pero creo que no supo que contestar porque se quedó en silencio. La sujete nuevamente del cuello, “Si tengo unas tetotas, papi”. Le dije, para que supiera que quería escuchar. “Si tengo unas tetotas papi”. “Muy bien hermosa”. La solté y le bese las mejillas, la acerque a mí, restregando mi miembro sobre su vientre, la manoseaba, el culo, las piernas. Luego le levante su blusa y pude ver sus enormes tetas bajo el sujetador. Lo saqué de inmediato. Sus tetas eran de verdad grandes, un poco suaves para mi gusto, caían bastante, pero es que yo estaba acostumbrado a las de mi exesposa, que eran bastante pequeñas pero firmes. Aun así me encantaban, las acaricié, las chupe, las besé y luego seguí quitando su falda, y su panty rápidamente.

                La obligué a hincarse frente a mí y nuevamente me dio una mamada. Y de verdad que ella gozaba mamándola. Se le metía hasta donde podía, y la besaba y se la restregaba por la cara. Hasta que la levanté, lance sobre la cama y ahora yo me puse a mamar panocha. Uff en realidad ya estaba goteando esa madre. Pasaba mi lengua de su clítoris a su vagina propiamente uff que placer mamar también esa panocha. Me levanté, me quite la camisa y casi sin pausa se lo deje ir. Le entró toda sin batallar, ella estaba boca arriba cerca de la orilla de la cama y yo sobre ella, a medias recostado en la cama a medias parado aún en el suelo. Empecé a bombear mientras nos besábamos con pasión. “Puta madre que rico”, ella también dijo “si bebe, que rica verga”. Esas palabras me ponían a mil. Pero no me quería venir todavía. La tuve que sacar, “espera”, le dije. Ponte arriba. Me acomodé en la cama, yo boca arriba, ella puso una rodilla a cada lado de mi cadera y bajo sobre mi verga. Volvió a entrarle toda, se agacho sobre mí y nos seguimos besando. Yo sujetaba su cadera, acariciaba sus piernas. Nunca había cogido así, que placer. Ella marcaba el ritmo de la penetración. Yo ayudaba pero ella era la que guiaba. La levanté, es decir, así sentada sobre mí, hice que se incorporara para ver sus tetas, quería ver esas tetas mientras me la cogía.

                Al levantarse, siguió moviéndose de manera tan placentera que casi me tenía que poner a pensar en otra cosa para no venirme, pero que placer. Luego, pasó algo extraño, no sé si era el deseo o que nunca la había mirado bien, pero ahí, mientras me la cogía y la miraba Magda se me hizo tan hermosa. Era verdaderamente hermosa, si rostro, sus ojos, su nariz, sus mejillas, cada una de sus facciones me parecía hermosa, perfecta, enmarcada toda por su bello cabello. Ella tomó una de mis manos y me la guió hasta su pecho y la otra hasta su boca. Empezó a chupar mientras seguía cabalgando. Apreté el pezón, y sujete su mejilla con el dedo que me estaba chupando como si fuera un anzuelo de pesca, claro que sin traspasar la carne, pero eso pareció calentarla más porque aumento la velocidad de la penetración. De hecho la aumentó tanto que dejo de ser placentero para mí, pero ella parecía estar gozando, hasta que explotó, gimiendo y mordiéndome el dedo fuertemente. Yo le había causado dolor, así que era un poco justo soportar algo de dolor ahora. Al terminar finalmente se desplomó sobre mí. “Ya, ya” sólo dijo, pero la voz agotada de alguien que había corrido un maratón entero. Yo seguí metiendo y sacando pero despacito, mmm solo para sentir esa deliciosa y goteante vagina. “¿Te gustó?” Tuve que preguntar. “Nunca nadie me había cogido así”, me dijo. “Yo la verdad es la primera vez que lo hago así. No sé, contigo me nació hacerlo así”. “¿Tú no te vas a venir?” me preguntó. “Si, pero quiero disfrutar un poco más de esta panochita”. A ella le gustó la idea.

                La puse boca arriba otra vez y volví a penetrarla, ahora más despacio. Y con más ternura. La besaba con pasión, casi con amor. “Bebe me encanta como te entra”. Seguí un rato así, sin ganas de venirme, solo penetrándola para disfrutar. Luego la puse boca abajo e igual. Pero boca abajo, aplaste su cabeza contra el colchón y la penetre fuerte. Cada embestida ella la respondía con un gemido. “Puta madre, eres increíble”. Le dije al oído y ella sonrió, Dios que encanto. Seguí bombeando ahora si me iba a venir, pero aún no quería así que me puse boca arriba nuevamente y ella me montó. Otra vez, ella empezó una cabalgata intensa, y rápidamente se vino otra vez. Yo ya no podía aguantar, así que la saqué y me vine. Creo que ese fue el orgasmo más intensó que había tenido como hombre hasta ese día (el orgasmo que tuve como chica, aunque había sido apenas el día anterior, no lograba identificarlo bien).

                Ella se agachó y empezó a lamer mi semen. Uff hasta eso, que rica mujer. Me dejé caer en la cama, y ella se acostó junto a mí. Estaba acabando de tragarse mi semen. Cerré los ojos, estaba increíblemente relajado. “¿Te gustó?” Ahora fue ella la que me preguntó. “Fue increíble, creo que fue el mejor sexo de mi vida, y el mejor orgasmo”. Ella me beso, primero en la mejilla, luego en la boca. Su aliento sabía a mi semen, pero no le hice ascos, ella no hacía ascos a nada y no iba yo a romper el juego. Luego de un rato de besos, ella se quedó junto a mí quieta. Yo la acariciaba tiernamente y ella a mí. Así duramos y creo que yo quedé medio adormecido y ella también. Luego como a las 10 de la noche, ella me levantó. “Ya me tengo que ir”, me dijo. “Yo te llevó” le dije antes de pensar bien en lo que decía. Pero estaba bien, ella me había dado mucho placer, no podía dejarla irse en taxi o en camión.

                Me levanté y empecé a vestirme, ella se vestía también, que cuerpo tan más rico. No era una belleza escultural de siempre, tenía quizá un poco de sobrepeso, y le faltaban nalgas, pero que ricas tetas, era una mujer de verdad. Mientras se vestía la seguía mirando y la jale hacia mí. Volví a manosearla y a besarla. Ella correspondía hasta que me dijo que ya de verdad se tenía que ir. Así que la llevé a su casa. Mientras me vestía revisé el celular, 5 llamadas perdidas de Marcelo. Bueno le hablaría ya que dejara a Magda en su casa.

                El camino a casa de Magda resultó ser mucho más largo de lo que pensaba, vive prácticamente del otro lado de la ciudad. Pero bueno no importa, yo iba acariciando su pierna, y ella dormitaba. Al llegar a su casa, bajé y le di un beso de buenas noches. Me preguntó si mañana o sea el viernes quería salir. Le dije que iba a acompañar a un amigo a un bautizo, cosa que en realidad era cierta. “¿A un amigo?” le extrañó la respuesta y tenía razón en sentirse extrañada. “Si”. “Bueno”, dijo, quizá no muy convencida. “Muchas gracias por todo”, me dijo y se metió a su casa.

                Yo me senté en el carro un poco para pensar lo que había pasado. Pero apenas estaba empezando a pensar en el asunto cuando sonó mi celular. Era Marcelo, le contesté pero lo siguiente lo cuento en el siguiente fragmento. 


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