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Fecha: 30-Dic-16 « Anterior | Siguiente » en Fantasías Eróticas

Camino a L.A

Oscar Zimmerman
Accesos: 1.288
Valoración media:
Tiempo estimado de lectura: [ 15 min. ]
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Mi primera aportación a la web, mi primer relato erótico, y probablemente el último. La historia se me ocurrió en un sueño tórrido y la desarollé prácticamente por completo la mañana siguiente. Tengo pensada una segunda e incluso una tercera parte, pero me gustarían unas notas para saber si voy bien Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Llevábamos dos semanas trabajando juntos, ella había leído algo de mi trabajo y yo aún disfrutaba  de su pasado como actriz. Ahora, como directora, Jenni me sedució para colaborar en una nueva producción que, por fin, me estableciera en el sórdido mundo del cine para adultos. Tras recibir su oferta subí a un avión, sin pensármelo dos veces, rumbo a la ciudad de Los Ángeles.

Colaborábamos en el despacho de su pequeña productora para construir una historia sexy y morbosa, alejado del sexo brutal y sin sentido convertido en norma en la industria actual. A decir verdad había química, ambos proponíamos ideas, yo me ocupaba del contexto y diálogos mientras que ella añadía descripciones de planos y detalles técnicos. Trabajábamos con mi ordenador portátil, normalmente, bajo mi control, me dictaba sus aportaciones desde su butaca, que yo transcriba con celeridad desde el lado opuesto de la mesa, otras veces se sentaba a mi lado para leer el documento y me tocaba la rodilla con excitación si el resultado era de su agrado. Pero en ocasiones se colocaba detrás de mí, podía sentir su respiración cálida en el cuello cuando se excitaba y sus pechos acomodándose en mi hombro. tenía la sensación que se me insinuaba, pero ¡diablos! en su línea de trabajo, aquello no podía ser más que una chiquillada inocente de alguien acostumbrado al contacto íntimo con extraños. Además yo llevaría a cabo una pobre actuación ante una estrella del porno consagrada.

Una tarde, tras una jornada altamente fructífera, me sugirió continuar trabajando en su hogar, pues anochecía y debía volver a casa antes de que la niñera acabara su turno. Jamás pensé que Jenni tuviera una hija de edad temprana, no había fotos en su despacho, aunque este sector profesional, dudo que sea algo habitual. ¿Tendría marido?

Vivía en una gran casa en los suburbios de L.A, acomodada, que no fastuosa, con dos plantas, garaje y jardín con piscina. La veterana del cine X se había ganado bastante bien la vida. Llegamos al atardecer en su toyota auris y una vez dentro de la casa me invitó a ir a la cocina a prepararme un trago mientras ella corría escaleras arriba hacia la habitación de su retoño. Tras un vistazo rápido a su increible trasero, embutido en un vestido blanco, formal, para una mujer con menos curvas, me dirigí a la cocina estilo americano que compartía paredes con el enorme salón que era la primera planta.

No me sorprendió ver a una chica con el cabello anaranjado sentada, preparando un emparedado, debía ser la niñera.

  • Hmm… hola- ella se giró y, abriendo mucho los ojos, hizo la mueca de gritar ante un intruso- ¡trabajo con Jenni! -grité- ella está arriba- pareció tranquilizarse.

  • Con que trabajas con ella... ¿Eh?- añadió con una risita.

  • Si, uhm… no es lo que crees, tratamos de hacer una película- ¡pánico! no sabía hasta qué punto la profesión de Jenni era de conocimiento público, quizá había metido bien la pata.

  • Tranquilo- me guiño un ojo- se bien a que se dedica la señora S. Soy Ellie, cuido de Mía.

Por algún motivo creí que la niñera se trataría de una señora mayor hispana con delantal y excesivamente maquillada para ir al trabajo. Ellie era el paradigma de niñera adolescente. Una chica risueña, pecosa, con el pelo recogido en dos colitas que le caían elegantemente sobre los hombros. Tenía los ojos grandes como Betty Boop pero era todavía más sexy.

Incluso con el uniforme de tono grises y apagados que llevaba, probablemente diseñado para apagar la incipiente sexualidad de los alumnos de una estirada escuela privada. El suntuoso escudo bordado en su rebeca no dejaba lugar a dudas.

  • No te quedes ahí balbuceando, tonto - rió, había un ápice de travesura en su expresión- ¿crees que yo valgo?

  • Seguro que eres una niñera estupenda- traté de disimular, esa chica había encontrado la forma de apretarme las clavijas en menos de un minuto-.

  • Para la película- continuó firmemente- cualquier película, ya tengo 18 años y podría usar el dinero…- se acercó dando largos pasos, contoneando exageradamente la cadera.

  • Te estas equivocando, Ellie. Yo me encargo de  escribir, acabo de llegar a California y no se muy bien como funciona todo este mundillo- ella pareció adivinar donde se encontraba la semi erección debajo de mis pantalones, y la recorrió de arriba a abajo con un solo un dedo.

  • parece que sea grande-dijo relamiéndose- ¡oh! eres enorme ¿puedo lamerla?-la retahíla de obscenidades continuaba mientras trataba de agarrarme el pene con todos los dedos de la mano-  me encantan grandes ¿te puedes creer que nunca he probado  una? Me gustaria que me cupiese toda en la boca, al menos probar hasta dónde puedo llegar…- quise detenerla pero estaba atorado ante la explosión de sexualidad de la cría.

  • Lo siento cielo, se nos ha hecho tarde en el despacho- interrumpió Jenni,  bajando por las grandes escaleras que comunicaban las dos plantas del edificio.

  • No importa señora S. Acosté a  Mía hace un ratito y me preparaba un tentempié- volvió la chica angelical que se supone que debía ser, mientras me ardía ahí donde me había tocado. Hablaron de banalidades mientras yo trataba de recomponerme y disimular mi erección. Tras unos minutos, Ellie recolectó sus ganancias y se marchó, no sin antes guiñarme un ojo de nuevo, ante la mirada cómplice de Jenni.

  • Eres increible- dijo sirviéndose una copa de afrutado vino californiano- llevo dos semanas retozando delante de ti y esa zorrita te tiene babeando en 5 minutos ¡pero si es una niña! - su tono burlón y los brazos en jarra indicaba que bromeaba pero su mirada dejaba entrever que estaba realmente disgustada ante la comparación con la jovencísima Ellie.

Pero poco tenía que envidiar, Jenni era preciosa, de ascendencia puertorriqueña había sido modelo antes de su prolifica carrera pornografica. Ahora, acercándose lenta pero inexorablemente a los 40 años, se podía decir que el tiempo la había tratado estupendamente,  y, salvo un innecesario aumento de pecho, gozaba de una belleza natural impactante. Pero por un momento se sintió vulnerable ante una joven resultona, en la que veía algo de sí misma.

  • Ellie es una niña vivaracha que juega a ser traviesa, Jenni. Camina la línea entre la castidad y el deseo. En su cara vemos inocencia pero sus ojos son obscenos. - Jenni torció el gesto, cansada de poesía barata- Quiero decir que he olido su sexo desde que hemos entrado... ¡Apuesto a que podríamos seguir a ese coñito hasta su casa con los ojos cerrados! - Jenni se sonrió, iba por el buen camino- Esta mañana, ha tenido la genial idea de omitir las braguitas debajo de ese uniforme con falda de colegio de pago. ¿Quien se daria cuenta? Le encanta sentirse sucia bajo la apariencia de niña buena, y nosotros, nosotros queremos ensuciarla. Me pregunto si ha manchado ese taburete donde estaba sentada... Me gustaría olerlo y lamerlo para probar un bocado de su jugoso coño. Te confieso que si no estuvieras aquí, lo haría.

  • Está bien - contestó Jenni satisfecha- me quede blanco por confesar algo tan depravado, pero me encantaba obedecer a esa mujer- esta bien, podemos trabajar con eso, saca el portátil, imbécil, ni se te ocurra tocar mis muebles con esa lengua tan sucia- rió con una amplia sonrisa, tratando de descargar el tenso ambiente sexual- me parece que encontramos nuestra historia, recuerda: hemos venido a trabajar.

Arrastré los pies, decepcionado, hasta la barra donde pocos minutos atrás había conocido a la chica y saqué el portátil de la funda. Mientras lo encendía noté unas manos ciñéndose a mi cintura, la izquierda me bajó los vaqueros un poco, lo justo para que la derecha tomara mi pene erecto y empezara a masturbarme.

  • Trabajar…- susurro Jenni en mi oído- y juguetear.

Giré la cabeza sin acabar de entender qué ocurría, ella me guiño un ojo evocando a la ardiente adolescente que había provocado aquella situación. Masajeaba mi miembro rápido, de arriba abajo, con toda la mano. Yo me recliné extasiado frente a la barra de la cocina. Quise girarme, no pude. Quería besarla, apretarle el culo, las tetas, cogerlas con mis manos y arrancarle ese maldito vestido. Penetrarla. Que me tomara en su boca, o que al menos fuera más despacio. No lo hizo. Jenni me tenía totalmente dominado, a su merced. La misma que tantas veces había visto en pantalla, que me había imaginado follándome en mi cabeza. hizo que me corriera en menos de un minuto. En el suelo de su cocina. Me encantó.

  • Se acabó el recreo- dijo antes de chupetear los pocos restos de semen  que quedaron entre los dedos de su gloriosa mano derecha- volvamos al trabajo.

Evoqué una vez más en el rostro de Ellie, y me puse a trabajar


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