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Fecha: 31-Dic-16 « Anterior | Siguiente » en Dominación

La puta del super 9

ReigDreed
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Valoración media:
Tiempo estimado de lectura: [ 34 min. ]
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Eva vuelve a casa después de su tarde de pasión con su jefa Nuria. Pero no podrá creerse lo que le espera tras esa puerta, junto a su marido, su hermana y alguien más. Dominación, humillación, infidelidad y como siempre, mucho morbo. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

Me puse mi abrigo encima de mi cuerpo desnudo, solo cubierto por el tanga de Nuria, que no se podía llamar ni eso. Y salí de su casa contenta y completamente satisfecha. Pero con muy mala conciencia por lo que iba a hacer.

Llegue a mi coche y envié el video por el grupo. Tuve que hacerlo en varias partes pues era muy largo. Toda una experiencia, donde tanto yo, como mi amiga Nuria, dábamos rienda suelta a nuestras fantasías. Y ahora, nuestros compañeros lo verían todo y tendrían la prueba de ello en sus móviles. Había vendido a mi amiga a esos pervertidos, como hice con mi propia hermana con Luis. ¿En qué me había convertido? Tantas perversiones habían conseguido que mi cabeza no diferenciada lo bueno de lo malo. Que mi lealtad a mis amigas y a mi hermana no valiera nada. Mi hermana… estaba sola en casa con mi marido. Seria capaza de hacer algo con él. Seria Rubén capaz de serme infiel con mi propia hermana. No, imposible. La única que era una puta y una persona despreciable era yo. Yo era la que les había fallado a ellos dos y ahora a Nuria.

Arranque mi coche y me fui a casa, con mi marido, mi hijo y posiblemente mi hermana.

 

La puta del súper 9

                Durante el camino de vuelta a mi casa, mi móvil no paro de sonar. Cuando aparque, mire los mensajes, todos eran de sorpresa y admiración por lo que había hecho con Nuria. Muchos, claro, hirientes, hacia mí y hacia ella. Llamándonos guarras, bolleras, vacas lecheras… En fin, lo que cabría esperar de mis queridos compañeros. Pero además tenía un mensaje de Elena por una conversación privada.

                -Muy bien hecho putita mía.- Decía el mensaje.

                Rápidamente la contesté:

                -Gracia Ama, la dije que no la fallaría.

                Espere un poco, sentada en el coche, por si contestaba. Y así fue.

                -¿Cuantas veces te has corrido zorra?

                -Tres veces Ama.- la contesté.

                -Muy bien, eres toda una ninfómana. Un pajarito me ha dicho que tu hermana va a dormir en tu casa. Tu primer castigo es que tienes que obedecerla en todo. Lo que ella diga, para ti será una orden. Aunque ella no sepa que tiene ese poder sobre ti, tú lo sabrás y deberás acatar cada cosa que salga de su boca. Confió en que tampoco me fallaras en esto.

                -Así lo hare Ama. No la fallaré.

                Espere un poco más pero no hubo respuesta. No entendía el castigo, para que quería Elena que obedeciera a mi hermana, si ella no sabía que tenía que hacerlo. Supongo que era una manera más de humillarme. De hacerme quedar por debajo de mí hermana pequeña. Sea como fuere, yo cumpliría mi castigo.

Me vestí con mi ropa “normal”, esta vez en el coche, por no pasar por el famoso trastero. Subí hasta mi piso, dolorida, pues tanto juguete anal deja sus secuelas. Al abrir la puerta escuche unos gemidos de mujer. Mis alarmas saltaron. No podía ser que mi marido me los estuviera poniendo con mi hermana en mi propia casa. Entré corriendo y al llegar al pasillo que daban a las habitaciones me encontré de golpe con Rubén. Estaba desnudo. A excepción de unos slip, que por cierto no recordaba habérselos visto nunca. Pero los jadeos continuaban. No podía ser él, menos mal. ¿Se estaría masturbando mi hermana con mi marido en casa? ¿Y tan escandalosamente?

-¡Hola cariño! Me dijo sorprendido Rubén.

-¿Qué haces desnudo?- le dije, sin ni siquiera saludarle.

-Es que… me he duchado… y no puedo entrar a por la ropa…- me dijo dubitativo y con una excusa bastante rara.

-¿Y el niño?- le dije preguntando por mi hijo.

-Esta con tus padres. Sandra hablo con vuestra madre y decía que tenía ganas de estar con él.- me sonó a excusa, para poder traerse a quien fuera que estaba con ella en la habitación.

-¿Qué pasa hay dentro?- le pregunté, refiriéndose a nuestra habitación, de la que salían esos jadeos.

-Tu hermana… esta con un amigo.- me contestó.

En ese momento, se escuchó un gran aullido. Mi hermana se estaba corriendo gritando como una loba, en mi casa, en mi cama, con mi marido y ahora yo, en casa.

-Pero… - ahora era yo la que no sabía que decir.

De repente, se abrió la puerta de mi dormitorio y salió mi hermana en ropa interior. Pillándonos a mí y a mi marido medio desnudo, con cara de tontos.

-¿Ya has vuelto hermanita?- me pregunto, retóricamente.

Fui a contestar, cuando se asomó por la puerta, sin camiseta y aun abrochándose los vaqueros, Mario. No podía ser otro. Tenía que ser él. De todos mis compañeros, el único que no me chantajeaba, pero me tenía dominada por méritos propios y se estaba cepillando a mi hermana en mi cama.

-Hola Evita, estas preciosa.- me dijo el muy cabrón.

-Mario…- no atiné a decir nada más.

-Joder Eva, menudo fiera esta hecho tu compañero… menos mal que me lo has presentado.- dijo la cerda de mi hermana, sin saber del todo, lo que había entre Mario y yo.

-Pero…- seguía sin saber cómo afrontar aquello.

Mario se acercó a mí y me dio dos besos, despacio, muy íntimos, pegando su torso desnudo y sudado a mi pecho.

-Tu hermana es increíble. Seguro que le viene de familia. ¿Verdad Rubén?- dijo Mario.

-Sí, su hermana también es muy buena en la cama.- contestó mi marido, contando lo que Mario conocía muy bien.

-¿Qué hay de cena, hermanita? Que nos ha entrado mucha hambre de hacer tanto ejercicio ¡Jajaja!

-Eh, pues no sé. No tengo nada preparado, no esperaba tanta gente para cenar.- la dije yo sorprendida.

-No pasa nada, pillamos unas hamburguesas, seguro que a Rubén no le importa coger el coche e ir a por ellas.- dijo Mario.

-No, no hay problema. Ahora voy a por ellas.- contestó mi marido.

-Venga, pues vamos a vestirnos y te acompaño cuñado. Así dejamos que estos dos hablen de trabajo tranquilos.- dijo mi hermana.

La situación me superaba. Llegar a casa y encontrarme con mi hermana follando con mi amante en mi cama, con mi marido medio desnudo. Y ahora me entero que se queda a cenar y manda a mi marido a comprar la cena. Dejándome a solas con Mario. Y yo, por supuesto, sin poder poner objeciones a mi hermana por orden de Elena. Y a Mario… bueno, directamente no sabía decirle que no a nada. Sandra cogió a mi, desnudo marido, de la mano y lo llevo a nuestra habitación para vestirse.

-Que bien Evita, así nos quedamos a solas.- me dijo Mario.

-¿Con mi hermana?- le dije, casi susurrando para que no nos oyeran.

-No te pongas celosa tonta. Es que me recuerda a ti.- me contestó.

Sandra y mi marido salieron de la habitación, esta vez vestidos.

-Bueno, nosotros nos vamos, tardaremos un rato, pues tendremos que recoger al peque de casa de los abuelos.- dijo Sandra.

Rubén me dio un pico para despedirse, mientras que Sandra le comía la boca a Mario, a la vez que le sobaba el paquete por encima del pantalón. Cuando acabo, dejándole dura la herramienta a Mario, cogió otra vez de la mano a Rubén y salieron por la puerta.  Dejándome a solas con el causante, sin él saberlo, de todos mi males.

-¿Cómo has podido? Con mi hermana, en mi casa, en mi cama…- le dije a Mario.

-Te pones preciosa cuando esta celosa.- me contestó.

-Vete a la mierda. ¿Crees que puedes ligar conmigo después de follarte a mi hermana?

-No me hace falta ligar contigo, nena. Ya te tengo loquita por mí.- me dijo, el niñato creído.

-Eres un flipado, por mi te puedes follar a Sandra las veces que quieras. Conmigo has terminado.- le dije enfadada.

-Claro que voy a seguir haciéndolo. Pero no puedo terminar contigo todavía. Aún tenemos algo pendiente ¿no te acuerdas?- me dijo él.

Sí, si me acordaba. Aun con todo lo que yo había vivido en esos días, no había podido olvidar mi último encuentro con Mario, en aquel cuarto de basuras. Allí me dijo, que al día siguiente fuera preparada para “taladrarme el culo”. Pero finalmente nunca paso. Mi hermana se cruzó por el camino y él no volvió a buscarme. Era una espinita que tenía clavada en mi corazón, por no habérmela clavado en el culo.

-Sí, me acuerdo. Pero no lo hiciste. Perdiste tu oportunidad.- le dije haciéndome la digna, aunque ambos supiéramos que se trataba de algo tan poco digno como sodomizarme.

-Pues parece que tu marido y tu hermana nos han dado otra oportunidad. Además, la cama está caliente todavía.- me dijo, acercándose a mí y abrazándome por la cintura.

Ese niñato sabía cómo jugar conmigo. Me retiro el pelo de mi cuello y empezó a besarme suavemente, mientras sus manos recorrían mi cintura y la parte superior de mi culo, de forma bastante casta para su estilo.

-Déjame Mario, no soy una niñata como mi hermana, a la que puedes utilizar a tu antojo.-según lo decía, yo misma no podía creer tal mentira.

-No serás una niñata. Pero en cuanto a putas, estáis muy igualadas.- me contesto, llevando sus manos a mi culo y empujándome hacia él.

Me tenía levantada, contra su pecho, mis pies colgaban unos centímetros del suelo. No quería admitirlo pero ese cabrón conseguía siempre excitarme. Después de la tarde que había pasado con Nuria, como podía ser que aun tuviera ganas de más. Y sobre todo, con ese cabrón que se acababa de follar a mi hermana. Empezó a manosear mi culo mientras me tenía levantada por él. Ese manoseo hacia que mi dolorido culo me recordase que él, ya había trabajado bastante por ese día. No estaba ahora para que Mario lo taladrase.

-Vamos Eva, deja salir a la puta que yo conozco y vámonos ya para tu cama. Al final va a volver tu marido y te va encontrar chillando mientras te doy por culo.- me dijo, con su “romanticismo” habitual.

-Por eso mismo. Mi marido volverá pronto. Si nos pilla… a mí me deja. Pero a ti te mata. Y no es una forma de hablar. – le dije, intentando asustarle, pero sin mentir. Conocía a mi marido, no era un hombre violento. Pero si de mí se trataba, no sería la primera vez que partía la cara a un hombre por mucho menos.

-Ummm que morbo. Pues venga zorrita, a ver si consigo hacer que te corras, dándote por el culo, antes de que llegue.- me dijo, tomándoselo como un juego.

-Te lo digo enserio. Si…- me beso y no me dejo continuar.

 No quería, pero me deje besar, mientras él seguía apretando bien fuerte mis nalgas, abriéndolas y amasandolas, por encima del pantalón. El dolor de mi pobre culete, fue convirtiéndose en placer según él jugaba a su antojo. Como ya era costumbre en mí, termine cediendo a su beso y yo también lleve mi lengua dentro de su boca. Mario sabía que ya había roto mis defensas. Ahora podría romperme el culo. Me devolvió los pies al suelo y sin soltarme el culo me dijo.

-Venga, desnúdate, quiero ver por dónde te la voy a meter.- me dijo, empezando a darme órdenes.

Como si hubiera apretado un botón donde pone “sumisa”, me quite la parte de arriba, quedándome con el sujetador que había comprado con Elena. Como era costumbre, mis tetas estaban casi fuera de él. Mario sonrió al verlas así y no me dejo colocarlas. Desabroche mi pantalón y mirándole a los ojos, lo deje caer a mis pies. Sus ojos se abrieron como platos. ¡Dios! No me acordaba, el tanga de Nuria. Lo seguía llevando.

-Parece que sabias que iba a estar en casa.- me dijo.

-¿Quién te dice que me lo he puesto para ti?- le dije, haciéndome la dura y disimulando mi vergüenza.

-Para tu marido no creo que sea. Me gusta. Muy práctico. Pero lo que yo voy a usar no es tu coño. Enséñame lo que quiero ver. – me ordenó.

Me di la vuelta y le deje ver mi culo, completamente desnudo, pues el fino hilo que lo atravesaba quedaba bien oculto entre mis nalgas.

-Muy bonito, pero así ya lo conozco, quiero verlo bien abierto.- me dijo.

El cabrón no se conformaría con sodomizarme, antes tenía que hacer que yo misma me abriera para él. Me agache sobre mi cintura, dejándole el culo en pompa, me lo abrí para él, dejando lo más íntimo de mi a su vista.

-Ummm. Pero si esta rojito. Parece que ya has estado jugando por ahí…

Se había dado cuenta. Si no fuera porque mi cara no estaba su vista, vería que no solo mi ano estaba rojo.

-Como tú no te decidías a jugar con él, tuve que hacerlo yo.- le dije, disimulando, de nuevo, la vergüenza.

-Bueno, a mí no me importa. Pero luego no llores si te duele.- me contesto.

-¿Has terminado de verlo? ¿Puedo ya levantarme?- le dije, como de costumbre, pidiendo permiso para todo.

-No, me gusta la vista.

Estaba claro que quería humillarme manteniendo esa posición tan ridícula. Sin embargo, yo le obedecí, quedándome así, notando el airecito en aquella zona donde no suelo sentirlo. Después de un minuto sin moverme, note como pasaba su dedo por esa zona. Di un respingo por no esperármelo. El soltó una pequeña risa, pero siguió con su paseo por mi retaguardia. Hizo el intento de metérmelo.

-¡Ay!- grite.

-¿Te duele, no?- me preguntó.

-Un poco.- tuve que reconocerle.

-Normal, eso te pasa por ser una guarra que juega con su culo. Lámelo.- me dijo, llevando su dedo a mi boca por encima de mi espalda.

Lo hice. Era lo mejor para mí y mi culito. Lo saco y volvió a llevarlo a mi trasero. Lo metió delicadamente y yo aguante el dolor. Estaba muy dolorido, putas bragas con pollas, me habían dejado bien jodida. Jugo un poco con su dedo en mi culo y aunque me dolía, también empezaba a gustarme.

-¿Crees que tu hermana es tan guarra como tú?- me pregunto de golpe, mientras seguía jugando con su dedo en mi culo.

-No creo. Ella es una niña, tiene mucho que aprender todavía. Además, si tan buena fuese, no estarías ahora jugando conmigo ¿no?- le dije.

-Eso no tiene nada que ver. Yo tengo aguante para las dos hermanitas. Ya lo veras.- me contestó.

-Te pone follarte a dos hermanas ¿verdad?- le dije, entrando en su juego.

-Por supuesto, es una fantasía de cualquier hombre. Pero me parece que a ti también te pone cachonda.

No le contesté. No sé si tenía razón, si era por el morbo de saber que acababa de follarse a mi hermana o simplemente por tenerme con el culo en pompa, jugando con su dedo en mi culo. Pero yo ya estaba muy cachonda.

-¿Crees que tu hermana también me ha ofrecido su culo como tú?- siguió interrogándome con Sandra, mientras me follaba el culo con su dedo.

-No lo sé…Ummm… dímelo tú.- le contesté entre jadeos.

-Vamos a ver si lo adivinas.- me dijo sacándome el dedo del culo.

-Arrodíllate.-me ordenó.

Me di la vuelta y me puse de rodillas delante de él. No quería reconocerlo, pero me moría de ganas de volverme a comer esa polla. La culpable de todo. Él desabrocho su pantalón y saco su polla ya casi dura. ¡No llevaba calzoncillos! Supongo que no se había molestado en ponérselos pensando lo que iba hacer después de follarse a mi hermana. Me puso la polla sobre la cara y me dijo:

-A ver si adivinas en que agujero de tu hermana ha estado.

Mis ojos se abrieron de golpe, con su polla que estaba apoyada en medio. ¡Que cabrón! No había pensado en eso. Esa barra de carne que tenía en mi cara, acababa de salir de mi hermana. Y no sabía de donde exactamente. Y me lo decía ahora, justo antes de tener que metérmela en la boca. Era… demasiado depravado para ser un niñato. Pero… peor era yo. Saque mi lengua y recorrí su polla desde los huevos, que quedaban a la altura de mi barbilla, subiendo hasta la punta. Una vez allí, le mire a los ojos, sabiéndome perdedora de mi dignidad y me la metí en la boca.

-Saboréala bien. A ver si lo adivinas.- me dijo

No podía ser más humillante. Comerle la polla después de haberse follado a Sandra. Pero lo hice. Y como él me había pedido, saboreándola bien. La verdad. No sacaba un sabor en claro. Podría haber estado en el coño de mi hermana o en su culo. No lo sé.  Me daba asco pensarlo. Pero a la vez el morbo hacia que chupara con más ganas. Volví a notar como el tanga de Nuria no servía para contener mis flujos. Estuve un rato chupándosela, hasta que me la saco de la boca y la volvió a dejar sobre mi cara.

-¿Y bien? ¿Dónde crees que ha estado?- me preguntó.

-En su coño.- la dije, pensando que mi hermana no sería tan guarra. He intentado no pensar, que se la había metido por el culo y después yo se la había limpiado con mi boca.

-Sí. Bueno, ahí también. Vamos, que los dos tortolitos no tardaran en volver.- me dijo.

¿Tortolitos? Seguro que lo había dicho por decir, pero yo me puse celosa. Que estupidez. Yo estaba desnuda, apunto de ser sodomizada por él. Y me ponía celosa de que mi marido fuera a por la cena con mi hermana.

Mario inicio el camino hacia mi habitación, me entró la duda. ¿Debía levantarme e ir caminando? O como estaba acostumbrada ¿debería ir a cuatro patas? Mi dignidad me decía que me levantara, que nadie me había ordenado nada, por lo que debía, al menos entonces, mantener algo de orgullo. Pero mi cuerpo me pedía gatear hasta mi cama de matrimonio para que Mario me diera por el culo en ella.

Mario llego hasta los pies de mi cama, que estaba completamente desecha. Yo llegue después, y espere que el diera el siguiente paso, siendo sincera espere que me diera la siguiente orden.

-Me encanta que camines como una perrita. Eso también debe ser cosa de familia.- dijo Mario, dando a entender, que mi hermana podría haber entrado a esa misma habitación, igual que yo, a cuatro patas.

-Sube a la cama perrita.- me dijo.

Yo lo hice, poniéndome de pies un segundo, para luego adoptar en mi cama, la misma posición que en el suelo.

-Dime. Y se sincera. ¿Quieres que te dé por el culo?- me pregunto.

Parecía una tontería. Pero contestar a esa pregunta era muy humillante para mí. No solo por el hecho de reconocer que deseaba que me sodomizara. También tenía que tener en cuenta que mi marido llegaría en cualquier momento, que estábamos en mi cama de matrimonio y que hacia menos de 15 minutos que él se había follado a mi hermana. Era como admitir que soy una puta sin dignidad ninguna.

-Sí. Lo llevo deseando desde que me lo prometiste.- le reconocí.

-¿Y qué vas a hacer a cambio?- me preguntó Mario.

-Lo que me pidas.- fue mi contestación. Completamente sincera.

-¿Sí? Entonces creo que lo justo, ya que quieres que yo te la meta por el culo, es que tu mimes el mío.

No entendí que quería decir con eso. Pero cuando se bajó los pantalones y se dio la vuelta, entendí que debía besarle su precioso culo. Al estar yo a cuatro patas al borde de la cama, su culo quedaba justo a la altura de mi cara. Por lo que no fue difícil empezar a darle besos por esas duritas y jóvenes nalgas. Lo recorrí entero con mis labios, besando cada centímetro de su piel. Pero no se conformaría con eso. Le pase la lengua recorriendo su raja y no se quejó. No me atrevía a seguir. A Nuria le había metido mi lengua en lo más profundo de su culo, pero no sabía si Mario iba a querer que hurgara por esa zona. Volví a recorrer con mi lengua entre sus nalgas, intentando llegar más adentro. No sé si por darle placer a él o porque yo misma lo deseaba.

-Vamos Eva. Continua.- me dijo.

Eso me animo, si le estaba gustando. Seguiría. Y al igual que él me iba a follar el culo con su polla, yo intentaría hacer lo que pudiera con mi lengua. Busque con mi lengua su agujerito. Al estar a cuatro patas, no podía usar mis manos para abrir su culo, por lo que tuve que meter bien mi cara entre sus nalgas, para que mi lengua llegara a su destino. A duras penas lo conseguí. Pero con la punta de mi lengua llegue a su agujero. Mario decidió ayudarme, no separándose las nalgas, si no empujando mi cabeza contra su culo. Me quede completamente pegada a él. Mi nariz estaba casi aplastada pero yo seguí lamiendo. Nuevamente, estaba siendo humillada por un crio. En mi casa. Y mi marido no tardaría en llegar con mi hermana. Estuve un rato así, lamiendo como loca y respirando a duras penas. Hasta que me soltó.

-Venga, que no hay tiempo que perder. Date la vuelta.- me dijo Mario.

Deseosa y también asustada, gire sobre mis rodillas y deje mi culo a su disposición. No era la primera vez que tenía sexo anal. Pero nunca había sido algo que me gustara demasiado. Aparto el filo hilo del tanga y note como escupía en mi culo y como se escurría entre mis nalgas hasta mi agujero. Lo hizo un par de veces más, cosa que yo agradecí, por muy humillante que fuese. Después note su polla en mi entrada.

-No tenemos tiempo para calentamientos.- dijo él, empezando a empujar.

Gracias al entrenamiento que había tenido últimamente. Y a la tarde que había pasado con Nuria. Mi culo empezaba a acostumbrarse a ser invadido. Pero su polla era grande. Fue metiéndola despacio, pero sin importarle mucho si me dolía o no.

-Despacio Mario, por favor. Me duele.- le dije.

-No seas quejica, Sandra que es más joven y tiene el culo más cerrado que el tuyo y no se quejaba tanto.- me dijo.

Confirmado. Había sodomizado a mi hermana antes que a mí. Puto niñato de mierda. Encima decía que mi culo estaba más abierto que el de mi hermana. ¿Podría decir algo más humillante que eso?

-Pues si no te gusta mi culo, no la metas.- le dije, entre sollozos, cuando ya tenía al menos la mitad dentro de mí.

-¿Quieres que la saque?- me preguntó, empezando a bombear en mi culo.

-¡Aaaaahh! No ¡Aaahhh!- atiné a decir.

-Pues entonces reconoce que tienes el culo muy abierto.

-¡Valeee! Lo reconozco. ¡Tengo el culooo! Muy abierto. Pero despacio por favor.- le dije como pude.

-¡Jajaja! Y más abierto que lo vas a tener.- dijo él aumentando su ritmo.

Ahora sí que estaba follandome el culo a un buen ritmo. Me seguía doliendo. Pero me gustaba más. Quería llevar mi mano a mi coñito y masturbarme, pero ni él me lo había pedido, ni podía hacerlo, pues Elena no me había dado permiso para correrme con él. Siguió follandome, cada vez más rápido y fuerte. Mis tetas se balanceaban tan rápido como sus embestidas. Llevaría más de cinco minutos a ese ritmo. No sé cuándo se correría, pero si no lo hacía pronto, seria yo la que lo hiciese, aun sin tocarme. Me cogió del pelo y tiro de mi cabeza hacia atrás. Enfrente tenía una foto mía con mi marido, en la mesilla de noche. No quería verla. Pero él me obligaba manteniéndome así. Yo ya casi no aguantaba más, era increíble que solo follandome el culo fuera a correrme de esa manera incontrolable. De repente, escuche la  puerta.

-¡Ya estamos en casa!- grito mi hermana.

Mierda, nos iban a pillar. Mario acelero el ritmo, se iba a correr. Y yo también. Soltó mi pelo y me sujeto de las caderas. No aguantaba más y él tampoco. Mordí mi almohada para no gritar y con una fuerte y profunda embestida se corrió dentro de mí. Yo no pude evitarlo y al notar como su pene descargaba palpitante en mi recto, me corrí meneando mi culo como una perrita que mueve la cola.

Estaba agotada. Pero no podía quedarme allí a descansar. Mire a Mario por encima de mi hombro y estaba tan tranquilo.

-Un cigarrito pal pecho por lo bien que lo he hecho.- dijo el niñato.

Me señalo el paquete de tabaco, que estaba encima de la mesilla de noche, justo al lado de la foto. El cabrón ya había estado fumando allí. Supongo que después de follarse a Sandra. Alargando mi brazo lo cogí, junto con el mechero y se lo di. Él se encendió un cigarro, sin molestarse en sacarme su polla de mi culo.

-Mario, por favor, mi marido.- le dije, en voz baja para que no nos oyeran desde fuera.

-A sí. Es verdad. ¿Te la saco?- me dijo él, vacilándome.

-Por favor.- le dije yo, con tono irónico.

Él fue sacando su polla, ya solo morcillona, de mi culo.

-Pero guárdame esto ¿vale?- dijo él.

No entendía que quería decir. Pero cuando termino de sacar la polla, note algo otra vez taponando mi culo. Lo metió. Era pequeño. Mierda, era el mechero.

-Así tendrás dos recuerdos míos en tu culo mientras cenamos.

Se subió los pantalones y me dejo allí. A cuatro patas y con su mechero bien dentro de mi culo. Yo me vestí, con otra ropa, pues la mía estaba en el pasillo. ¡Joder! Seguro que la habían visto. En ese momento entró mi hermana.

-¿Que hace tu ropa tirada por el pasillo?- me preguntó Sandra.

-La he dejado ahí… para… echarla a lavar… ahora la recojo.- la dije, según se me iban ocurriendo excusas.

-Ammm. ¿No te iras a poner esa ropa, no? Que tenemos un invitado. Ponte algo más bonito y sexy que esa ropa de mama amargada.- me dijo.

Era cierto que me había puesto lo primero que había encontrado, pero claro, si me comparabas con ella, que todavía llevaba la misma ropa que cuando la deje al principio de la tarde, con mi marido en casa. Pero tenía una orden de Elena. Obedecer a mi hermana en lo que dijera.

-Vale. Como quieras.- la dije.

-Haber que tienes…- dijo ella abriendo mi armario y curioseando entre mi ropa.

-Creo que esto te estará bien. Pruébatela.-dijo sacando una camiseta del armario.

Como debía hacer. La obedecí. Y quitándome la camiseta que me había puesto, me probé la que ella me había elegido. Era una camiseta ajustada de color rosa. Con un amplio escote, pero el problema estaba que era de antes de quedarme embarazada. Si antes era ajustada, ahora con el aumento de pecho, mis tetas quedaban completamente apretadas y marcadas en la tela. Me la puse y espere la decisión de Sandra.

-Esta perfecta. Marcando esas tetazas que tienes. Pero ese sujetador se marca demasiado, además te queda pequeño. Me podría valer a mí. Mejor quítatelo, estarás más cómoda y seguro que a los chicos no les importa.- dijo ella riéndose.

No podía hacer otra cosa que obedecer y sacarme el sujetador. Ahora mis pechos se marcaban libremente en la camiseta, por no hablar de cómo se notaban claramente mis pezones.

-Mucho mejor. A ver si pones caliente a tu marido, que le tienes muy abandonado. Y de paso a Mario y así me da más caña a mí. ¡Jajaja!.- dijo ella, revelando sus intenciones con todo esto.

-Toma esta mini. Póntela con unos zapatos de tacón. No vayas a salir en pantuflas que te conozco.- me dijo mi hermana, saliendo por la puerta.

Menos mal que se fue antes de ponerme la falda. Me sería difícil ocultar el mechero en mi culo con aquel tanga tan “escaso”. Me puse la falda y los zapatos como me había dicho. Sin llegar a ser de putón, mis pintas no eran las más idóneas para tener un invitado en casa. Pero teniendo en cuenta que ese invitado me acababa de dar por el culo…

Salí al comedor y allí estaban Mario y Sandra sentados en el sofá, dándose “cariño” y mi marido de pies intentando dormir a nuestro hijo.

-Creo que tiene hambre, por eso no se duerme.- me dijo Rubén.

-Seguro, le voy a dar el pecho.- le dije.

-Que bien. Me encanta ver como dan el pecho a los bebes. Me parece tan tierno.- dijo el cabron de Mario. Que de tierno no tenía nada.

-Tú lo que quieres es verle las tetas a mi hermana listo.- dijo mi hermana, diciendo lo que todos pensábamos. Pero lo que no sabía ella, era que él estaba aburrido ya de verlas.

Mi marido, como aquella tarde con Luis, no dijo nada mientras yo daba el pecho a mi hijo delante de Mario. Cuanto termino de mamar, se quedó dormidito y lo lleve a su cuna. Al volver, ellos seguían sentados en el sofá.

-Venga Eva, pon la mesa que se van a quedar heladas las hamburguesas.- me dijo mi hermana.

Sin poder contradecirla, puse la mesa, bueno realmente solo saque de las bolsas lo que había comprado. Se levantaron del sofá y Sandra y Mario se pusieron juntos. Como la mesa la tenemos pegada a la pared para ahorrar espacio. Solo quedaban los extremos por ocupar.

-Ponte a mi lado cuñado, así dejamos a los compis cerca para que hablen de trabajo.- dijo Sandra a Rubén.

Así lo hicimos, quedando yo en un extremo de la mesa, con Mario a mi lado y mi marido en el otro extremo al lado de Sandra. Según empezamos a cenar. Note la mano de Mario en mi muslo. La corta falda no le impidió en absoluto, que su mano llegase más lejos. Él muy cerdo no se cortaba ni con mi marido delante. Me separo las piernas con su mano y yo me deje hacer. Ahora tenía total disponibilidad para jugar conmigo. Y lo hizo, metiéndome un dedo. Me estaba masturbando delante de mi marido. Que comía su hamburguesa tranquilo, mientras Sandra le daba conversación. El niño lloro y pensé que era mi oportunidad para escapar de sus manos, pero Rubén se me adelantó.

-Voy a ver qué le pasa. Se le habrá caído el chupete.- dijo mi marido, levantándose de la mesa.

En cuanto Rubén salió del salón Mario me dijo:

-Evita, metete debajo de la mesa que tengo algo para que comas mejor que esa hamburguesa.

No podía creer lo que mis oídos habían escuchado. Como me decía eso delante de mi hermana. Me quede blanca, le mire a él, tan tranquilo como siempre. Mire a mi hermana y estaba sonriendo.

-Hazle caso, está mucho más buena que la hamburguesa.- dijo mi hermana.

Era todo muy irreal. Que estaba pasando aquí. Mi hermana me animaba a que le comiera la polla a su ¿novio? Y mi marido en la habitación del niño que podía volver en cualquier momento. Debía tomarlo como una orden. Pero no me atrevía a hacerlo.

-Vamos, antes de que vuelva Rubén ¿o quieres que te pille debajo?- dijo de nuevo Sandra.

Si ella me decía eso, era porque Mario le había contado todo. Era absurdo entonces seguir fingiendo. Si quisiera que Rubén se enterase de mi infidelidad ya se lo habría contado. Les obedecí y me metí debajo de la mesa.

De rodillas allí debajo, vi que Mario ya tenía la polla fuera del pantalón y bien dura. Tenía que terminar con esto rápido, o volvería mi marido y me pillaría. Me metí la polla, que tan bien conocía ya, en la boca y  chupe lo mejor que sabía. Esperando que se diera por satisfecho pronto. Estuve chupando un buen rato, mientras les escuchaba cuchichear entre ellos y a mi hijo llorar. Al menos sabía que mientras llorase mi marido seguiría con él.

Mario no se daba por satisfecho. Si tenía que hacer que se corriera me iba a costar bastante, pues conmigo lo acababa de hacer, la prueba la tenía en mi culo junto a su mechero. Y con Sandra no se las veces que lo habría hecho. Me dedique al máximo. Seguro que podían escuchar el sonido de mi mamada, al menos por sus risitas, eso me parecía. Deje de escuchar al niño. ¡Mierda! Rubén no tardaría en aparecer. Acelere mi mamada hasta que escuche pasos.

-Está buscando un pendiente que se le ha caído.- dijo mi hermana, supongo que a Rubén que habría llegado y estaría extrañado por no verme.

Mario puso su mano en mi cabeza para que no me moviera del sitio. Tenía que seguir chupando, aun con mi marido sentado en la mesa, pues podía ver sus piernas en la silla. Lo hice, pero más despacio para que no se escuchará ningún ruido.

-¿Te ayudo a buscar, cariño?- pregunto Rubén.

-¡Nooo!- dije yo, como pude, pues Mario no soltaba mi cabeza, impidiendo que me sacara la polla.

-Tú comete la hamburguesa que se te va a quedar fría.- le dijo mi hermana a Rubén.

Tenía que acabar con esto rápido. Vi bajar la mano de mi hermana, toco mi cabeza y palpando fue buscando la polla de Mario. Él soltó mi cabeza y puse sacarme la polla de la boca. Sandra agarro la polla y empezó a pajearla. De repente, la mano de Mario bajó, con un pan de hamburguesa en ella. Me dio con ella en la cara y no sé, si porque ya estaba acostumbrándome a estas cosas o porque mi mente estaba enferma, entendí lo que quería.

Cogió el pan con mis manos y lo puse debajo de su polla. Sandra siguió pajeándole, mientras yo mantenía debajo el pan. Pasó lo que tenía que pasar y su polla estallo, llenando el pan de su corrida y salpicándome a mí la cara. Pase mi mano por mi cara intentando limpiarme a tientas y antes de salir me quite un pendiente, para hacer creíble la excusa de Sandra. Si eso era posible. Al moverme para salir, vi la mano de Sandra, ¡sobre la polla de mi marido! Que estaba completamente empalmado. ¿Pero qué coño pasaba en esa mesa? Me quede un rato mirando como mi hermana acariciaba por encima del pantalón a Rubén, sin que él dijera nada. No podía seguir hay abajo, aunque lo que acababa de ver, hizo que mi preocupación por que me pillara disminuyera.

Salí de debajo de la mesa, con el pendiente en la mano y mantuve la otra con el pan debajo.

-Lo encontré- dije mirando a Rubén, que solo me sonrió al verlo. Estaba muy ocupado disfrutando de las caricias de mi hermana.

Con disimulo saque el pan y lo puse sobre mi hamburguesa. Que por supuesto era a la que le faltaba. Rubén estaba muy ocupado, intentando disimular, para darse cuenta de lo que yo hacía.

-Tienes un poco de mahonesa en la cara, Eva.- me dijo Mario.

-Sí, a ver si no eres tan guarra, límpiate anda.- continuó mi hermana.

Estaba claro que mahonesa no era. Fui a coger la servilleta para limpiarme, pero Mario puso su mano encima impidiéndomelo. No me quedo otra que usar mi dedo para limpiarme, pero no sabía dónde estaba manchanda.

-¿Dónde?- pregunté, sin dirigir la pregunta a ninguno.

-Justo en tu barbilla- me dijo Sandra.

Pase mi dedo por allí y era cierto. Lo recogí con él y me lo lleve a la boca. ¿Qué más podía hacer sino?

Terminamos de cenar. Yo con mi hamburguesa con doble de salsa y sin saber si mi marido seguía siendo “victima” de las caricias de mi hermana. Sandra me dijo que recogiera la mesa mientras ellos se sentaron en el sofá. Ella en el medio y Mario y Rubén a cada lado. Recogí todo y volví al salón. No había sitio para mí en el sofá. Pero eso no era problema, pues parecía que Sandra sabía que podía mangonearme a su antojo.

-Ponle unas copitas a los caballeros ¿no? Para bajar la cena.- me dijo.

-Claro, ¿qué queréis?- les dije yo, resignada a hacer de camarera.

Me pidieron los dos Ron con coca cola y antes de irme a prepararlo, mi hermana se a punto a la fiesta.

-A mí me pones otra también.- dijo mi hermana.

Pensé en decirla que no debía beber entre semana. Pero dadas las circunstancias mantuve mi boca cerrada. Fui a la cocina a por las cosas y al volver Sandra estaba tumbada, con la cabeza en el paquete de Mario y los pies descalzos justo en el de Rubén. Además, su corta falda dejaba ver, sin problemas, su tanga. Si yo lo podía ver, Rubén que estaba justo delante, tenía que estar disfrutando del coño de mi hermana en primera línea. De nuevo, Sandra estaba disfrutando tanto de mi marido como de mi amante. Deje las cosas sobre la mesa y les serví las copas.

-Acércalas, que estamos muy a gustitos como para movernos.- me dijo mi hermana.

Uno a uno, les fui dando en sus manos las copas. Después, como no tenía donde sentarme, me quede de pies. Supongo que esperando alguna orden de mi hermana o de Mario. Tengo que reconocer, que aparte de los celos hacia mi hermana, por estar con mis dos hombres y encima tener que estar sirviéndola, todo esto me producía bastante morbo. Verme así vestida. Con los zapatos de tacón, la minifalda y la camiseta súper ajustada sin sujetador, parecía una camarera de un puticlub sirviendo a unos clientes vips. No sé cómo podía excitarme, pero lo hacía.

-Pero no te quedes ahí de pies Evita. Ponte aquí en el suelo.- me dijo Mario, indicándome con la mano justo sus pies.

-Eso tonta, que te vas a cansar, ya te avisaremos cuando se nos acaben las copas.

No contesté, pero les hice caso y me puse en el suelo, instintivamente de rodillas. Así estuvimos un buen rato. Mientras yo veía de reojo como Sandra acariciaba la polla de Rubén con su mano y como de vez en cuando besaba su paquete por encima del pantalón. Pero también comprobé como sus pies se movían buscando la polla de mi marido, que se hacia el distraído con la tele y su copa, mientras su polla crecía bajo sus vaqueros.

-Como me apetece un cigarro, pero no sé dónde coño he puesto el mechero.- dijo el cabron de Mario, sabiendo perfectamente que no era en el coño precisamente, donde lo había puesto.

Les rellene las copas varias veces, siempre de rodillas y dándoselas a cada uno en la mano. Mario de vez en cuando me acariciaba la cabeza, como si fuera un perro. En cambio a mi hermana le tocaba las tetas, sin mucho disimulo. Metiendo su mano bajo su camiseta de rejilla. Cuando me quise dar cuenta vi que Sandra tenía las dos tetas por fuera del sujetador y tal camiseta no ocultaba nada. Mi marido también lo vio, pues no podía evitar cambiar su vista de la tele a las tetas de mi hermana. Yo me estaba poniendo enferma. Los celos me comían y no podía decir nada. Primero porque Elena quería que obedeciera a mi hermana. Y segundo, porque por mucho que mi marido mirase o se dejase tocar por Sandra, no era nada comparado con lo que yo había hecho con Mario. Pero los celos no eran lo peor. Era el sentirme excitada, notar como mis muslos estaban mojados de lo que salía de mi coño. El llevar la corrida y el mechero de Mario dentro de mí, tampoco ayudaba a bajar mi calentura. Me sorprendí a mí misma, moviéndome sobre mis rodillas, rozando mi culo con mis piernas, intentando darme placer con el mechero.

Cuando acabo la película. Mario dijo de irse a la cama. Estaba claro que no pensaba irse a su casa. Sandra se levantó de encima de ellos y dando un beso a mi marido, se fueron juntos a la cama.

-Vámonos nosotros también, que mañana madrugamos.- dijo mi marido.

Ahora si se acordaba que madrugaba ¿no? Mientras miraba el coño y las tetas de mi hermana y se dejaba poner la polla dura por sus pies, no se acordaba de que tenía que trabajar al día siguiente. No dije nada. Me levante del suelo y me fui con él a nuestra cama. La misma en donde le había entregado mi culo al chaval que ahora estaría follandose a mi hermana en la habitación de al lado.

Cuando llegamos a nuestra habitación, Rubén se desnudó como siempre y se metió en la cama. Yo debía hacer lo mismo, pero el dichoso tanga y el maldito mechero estaban allí. Rubén me miraba, como esperando que le imitara y fuera la cama con él. No sabía qué hacer. Por suerte, llamaron a la puerta.

-¿Hola? ¿Interrumpo algo?- dijo Sandra desde el otro lado de la puerta.

-No, pasa.- la dije.

-Me ha dicho Mario que tienes su mechero.

Era mi salvación y a la vez mi condena. Tenía que devolvérselo, pero antes tenía que sacarlo de mi culo.

-Ahora se lo llevo, que no sé dónde estará.- mentí como una puta.

-Vale, pero no tardes. Le gusta fumarse un cigarro después de follar.- contesto mi hermana, sin cortarse.

-No, tranquila. Lo busco y ya mismo voy.

En cuanto se fue. Le dije a mi marido que iba a buscarlo, que tenía que estar por el salón y salí yo también. Fui al baño y me saque el mechero con bastante esfuerzo. Lo lave y fui para la habitación donde estaba la parejita. Llame a la puerta.

-El mechero.- les dije.

-Pasa.- dijo Mario.

Abrí la puerta y me encontré a mi hermana de rodillas, completamente desnuda, comiéndole la polla a Mario.

-Toma, tu mechero.- le dije sin poder apartar la mirada de la escena.

-Gracias. ¿Te ha costado mucho sacarlo?- me preguntó él.

-Bastante.- le contesté humillada.

-¿Quieres un poco, hermanita?- dijo refiriéndose a lo que ella se estaba comiendo.

-No, gracias, toda para ti- la dije muerta de celos. Sí que quería, pero no iba admitirlo delante de ella.

-Tú te lo pierdes.- me contestó ella, volviéndose a meter aquello en la boca.

-¿Puedo irme ya?- les pregunté

-Primero dame un beso de buenas noches ¿no?- me dijo Mario.

Me acerque a darle un beso en la mejilla, pero él me agarro y me empezó a morrear, metiendo su lengua en mi boca, mientras Sandra le comía la polla. Fue un beso largo, casi un minuto nos estuvimos besando, escuchando el ruido de nuestro beso, junto con el de la mamada que le estaba haciendo mi hermana. Me soltó. Y cachonda pérdida, me fui junto con mi Marido.

Cuando llegue a la habitación, Rubén estaba dormido. Aunque me hubiera gustado, al menos comerle la polla, pues no me podía correr de todas formas. El que se durmiera me vino bien para cambiarme el tanga. Me metí en la cama he intente dormir, pero era imposible, los jadeos de mi hermana no me lo permitieron. Hasta que por fin acabaron y les deje de escuchar.

Desperté a la mañana siguiente tremendamente cachonda. No recordaba que había soñado pero todo lo vivido el día anterior de seguro había hecho que mi subconsciente me proporcionara unos sueños húmedos. Rubén ya se había ido a trabajar y había llevado al niño a la guardería. Antes de salir de la habitación, recordé el grupo de whatsapp, llevaba sin mirarlo desde que llegue a casa. Atemorizada porque me hubieran pedido algo y yo no lo hubiera visto, cogí el móvil. 63 mensajes nuevos. Madre mía. Los leí, por suerte no había ninguna orden directa hacia mí, pero lo que allí ponía no podía ser mejor. Luis había tenido la “genial” idea de hacer una fiesta pre-nochevieja esa noche, todos los del grupo estaban invitados. Y por supuesto yo era la estrella de la fiesta. Todos estaban encantados con la idea. Muchos de los mensajes eran solo dando ideas de que hacerme en la fiesta y ninguna era de mi agrado. Al menos Elena había confirmado que iría encantada. Saber que ella estaba allí, me daba algo de ilusión, pero era seguro que para mí sería una tortura.

Luis había dejado escrito que mañana, o sea hoy, no fuera a trabajar, excusándome que estaba enferma, para preparar la fiesta en su casa. Él libraba, por lo que encima me tendría a su disposición toda la mañana, sola para él.

Con mal cuerpo por la noticia, no tuve que fingir mucho para que mi hermana y Mario se creyeran que estaba enferma.

-No te preocupes Evita, yo se lo digo a Alfredo, no hay problema. Es lo bueno de tener de cuñado a tu encargado, que tienes enchufe.- me dijo, para ponerme celosa de buena mañana.

A pesar de suponerse que estaba enferma. Me pidieron que les preparara el desayuno. Lo hice y desayunaron, como la noche anterior, conmigo de pies, mientras veía como se metían mano. Se despidieron, dándome dos besos mi hermana y  Mario otro morreo como el de anoche.

Me quede sola en casa. Pensando lo que me depararía ese día. Si cada día no sabía que me podía pasar en manos de mis compañeros. Tenerlos a todos juntos en una fiesta… seria mi final.

Espero que este capítulo haya gustado. Lo que le espera a Eva en esa fiesta de fin de año, está por decidir.

Cualquier idea, comentario, crítica o lo que sea, como siempre, serán bienvenidos. Tanto aquí, como en mi correo.

¡Feliz 2017!


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