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Fecha: 01-Ene-17 « Anterior | Siguiente » en No Consentido

La Zorra

pintocom
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Tiempo estimado de lectura: [ 50 min. ]
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Un relato de fetichismo, en el cual una súper-heroína madura, ataviada con un minúsculo traje negro de dos tiras que la deja casi desnuda, se enfrenta a un malvado ladrón. Las cosas no irán como La Zorra creía y se le complicarán mucho, mucho, hasta el punto de que terminará desnuda y violada. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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LA ZORRA

 

Capítulo 1

            Un hombre corre deprisa bajo las titilantes luces de la ciudad. La noche es oscura y silenciosa y tan solo se escucha el lejano rumor de las sirenas policiales y del tráfico, amortiguado por la distancia. El hombre jadea y mira hacia atrás, con ansiedad y miedo. Ha oído pasos tras él, pero no ve nada, aunque...

            Una sombra oscura parece moverse, destacándose del resto de las sombras negras del callejón. El hombre entorna los ojos. No, allí no hay nada, no puede haber nada. Ya la ha dejado atrás. Es imposible que esa mujer, que esa...ZORRA, como se hace llamar, esté tan cerca. No, no puede ser. La Zorra no puede haberle seguido de modo tan eficaz, él se ha asegurado tras el robo de que nadie iba tras sus huellas. Y sin embargo, algo no va bien. Nada bien. El silencio lo rodea. La noche parece arroparle con su oscuridad, pero siente, a la vez, que no está seguro allí. Y justo en ese momento, una voz femenina, una voz con autoridad, pero bella y suave, una voz melosa y dulce, una voz sensual que promete placeres prohibidos, se deja oír en el callejón medio iluminado por lámparas olvidadas.

            –¿Cansado? Porque yo no lo estoy. Yo podría seguir persiguiéndote toda la noche, pero la verdad...preferiría terminar ahora y marcharme a casa. Vamos, entrégate, no seas estúpido.

            El hombre retrocede y de la oscuridad surge una visión. Una hermosa mujer madura, no muy alta, atlética, de oscuros cabellos y corta melena, ataviada con un traje negro que parece dejarla prácticamente desnuda. El hombre traga saliva, excitado sexualmente. Si; la Zorra está ante él, en todo su esplendor: una mujer casi desnuda, con un traje consistente tan solo en dos minúsculas y estrechas tiras de tela elástica que desde los hombros y pasando por los grandes pechos, se unen en la entrepierna. Una máscara negra y unas botas de caña corta completan la imagen. La Zorra, consciente del efecto de su escueto y casi inexistente traje, sonríe, y avanza. Realmente, piensa el hombre por un instante, aquella puta parece estar desnuda. Por un momento, pensó que debía llevar algo debajo, algo que cubriera su desnudez, una malla o algo. Pero no. La Zorra está desnuda por completo bajo el traje; se le  notan los pezones y las tetas, grandes y voluptuosas, a punto de salirse de los límites de aquellos pequeños trozos de tela negra que nada tapan. El hombre intenta reaccionar, tomar una decisión. La Zorra avanza y al hacerlo, sus grandes y lujuriosas tetas se menean a un lado y a otro, arriba y abajo, pareciendo a cada momento que los pezones van a salirse de su prisión y van a quedar expuestos.

            –¿Te gusta lo que ves? – pregunta la Zorra, irónica. Y sin esperar contestación alguna, la súper-heroína se da la vuelta y permite que el hombre, extasiado, contemple la sensual belleza de su trasero. Las dos tiras de tela, descendiendo desde los hombros, coinciden en forma de V justo al final de la desnuda y atlética espalda. En ese punto se unen y conforman una delgadísima y casi invisible tira de tela negra que se introduce entre las nalgas desnudas de la súper-heroína.

            El hombre no puede creer lo que ve, aunque ha oído historias. Porque la realidad es que la Zorra se exhibe ante él y la muy puta tiene el culo al aire. Esa es la realidad. La Zorra es una súper-heroína, pero va por ahí con el culo al aire. El hombre nota que una erección va nublándole el cerebro. La Zorra se da la vuelta de nuevo y se acerca, cada vez más. ¡Lo que daría el hombre por arrancarle a aquella puta el traje y follarla allí mismo! La verdad es que la muy zorra lo está pidiendo a gritos, piensa el hombre, desequilibrado ya por aquella hermosa mujer casi desnuda que está a punto de echársele encima. Las tetas prácticamente al aire, el ombligo a la vista, las piernas desnudas, el culo al aire...aquella súper-heroína es demasiado extraña. No sabe qué hacer, solo puede mirar, hipnotizado, a aquella belleza madura avanzar hacia él, con aquellas jugosas y casi desnudas tetas moviéndose arriba y abajo, a un lado y a otro, con sensual ritmo y cadencia.

           

            Y entonces, sucede lo inesperado.

            La Zorra, confiada y tranquila, no mira hacia abajo. Sus pies, embutidos en unas bellas botas negras de tacón alto, penetran en un charco de grasa. Acto seguido, la súper-heroína resbala de modo humillante y cae de espaldas con un ruido sordo, golpeándose la cabeza en el proceso.

           

            – ¡Augh! – exclama la Zorra. El golpe ha sido contra un ladrillo que sobresale del suelo. Aturdida, no puede reaccionar y permanece allí, tirada, boca arriba, obscenamente abierta de piernas, gimiendo de dolor. Sin embargo, el ruido del golpe y el grito de la súper-heroína han servido para sacar de su entumecimiento al hombre que, al fin, reacciona. Sabe que podría huir ahora y dejarlo todo atrás, escapar con la bolsa de dinero que yace a su lado, fruto del robo a causa del cual lo ha estado persiguiendo la Zorra. Pero allí hay algo que no todos los días se le ofrece: la ocasión de manosear y lamer aquellas increíbles tetas que parecen ofrecérsele en bandeja pero sobre todo, la oportunidad única de violar a placer a una súper-heroína.

            Así pues, el hombre se abalanza, resuelto, sobre la Zorra. La inmoviliza con sus fuertes manos, pero la valerosa súper-heroína se resiste, a pesar de no encontrarse al cien por cien, pues aún se encuentra bastante aturdida.

            –¡Déjame, suéltame! – exclama la Zorra –¡Como te atreves, cerdo!¡ Como te...AAUUGHH!     

            Ante la resistencia de la súper-heroína, el hombre le propina un fuerte cabezazo. La Zorra siente que todo le da vueltas y cesa de resistirse. Aquel hombre le parece ahora mucho más fuerte y peligroso que cuando empezó la caza, hace no muchas horas. Ha cometido un grave error al resbalar, al no apreciar el entorno y, sobre todo, al subestimar a su enemigo. El hombre , al notar que la Zorra prácticamente ha dejado de ofrecer resistencia, introduce sus manos bajo el escueto traje de la súper-heroína y , agarrándole con fuerza las tetas, las saca afuera. Durante varios minutos, aquel ladrón manosea a su antojo las grandes y hermosas tetas desnudas de la súper-heroína y, ante tamaña humillación, la Zorra solo puede gemir.

            –¡No!¡No!¡Déjame, no! – grita la Zorra, sin fuerzas para luchar, pues todavía siente débil la cabeza. El hombre lo sabe y no se molesta en inmovilizar a la súper-heroína, sino que, en lugar de ello, alza una de sus manos y la abofetea con fuerza. La cabeza de la bella enmascarada salta hacia el lado contrario del golpe recibido y la Zorra siente que las fuerzas la abandonan. El hombre la golpea de nuevo, esta vez con más fuerza, abofeteándola con verdadera rabia no una, sino tres veces seguidas. El sonido humillante de las bofetadas traspasa el aire y los gritos de dolor de la Zorra llenan el callejón. El hombre, temblando de emoción y de excitación sexual, se detiene. Ante él yace la Zorra, con las tetas fuera, gimoteando, sin fuerzas, vencida.

            Ahora, la súper-heroína siente como las manos del hombre la agarran por los hombros y le bajan el minúsculo uniforme, con la evidente intención de desnudarla. Debería hacer algo, debería luchar, resistirse, pero no puede. Se siente débil y los golpes recibidos la han dejado aturdida. Así pues, no solo no se resiste, sino que colabora con dejadez, alzando los brazos y permitiendo que aquel hombre le baje el uniforme y se lo deslice hacia abajo, hasta la cintura. Ahí el hombre se detiene, agarra por el pelo a la súper-heroína y la obliga a darse la vuelta, volviéndola de espaldas. La Zorra ofrece ahora una ligera resistencia e intenta debatirse, pero el hombre le tira con fuerza del pelo y le asesta un fuerte puñetazo en la cara.

            –¡Arggh – grita la Zorra, dolorida y cada vez más aturdida. El puñetazo parece haber sido definitivo y el hombre, ante la nula resistencia de la súper-heroína, se concentra ahora en terminar de desnudarla. Para ello, agarra el minúsculo y sexy uniforme – enrollado en torno a la cintura de la bella cazadora de criminales – y tira con fuerza hacia abajo, sin detenerse, hasta sacarlo del todo. Ahora, la Zorra está desnuda; solo conserva las botas – que le llegan hasta un poco antes de las rodillas – y la máscara negra que cubre parte de su rostro. El hombre, con el arrugado uniforme de la súper-heroína en la mano, mira hacia abajo. La Zorra se estremece, y su magnífico culo, un culo de buen tamaño, de nalgas blancas y prietas, se menea, asustado, de un lado a otro. Al hacerlo, la súper-heroína, sin querer, se abre un poco de piernas y permite que el hombre contemple su coño.

           

            El hombre siente como una maravillosa y poderosa sensación de triunfo y satisfacción lo inunda. No en vano ha vencido a la Zorra, que yace ante él con el culo al aire, desnuda, indefensa, incapaz de reaccionar, mostrándole el coño. La polla del hombre parece estar a punto de hacer reventar sus pantalones. Sin pensar demasiado en lo que hace, tira a un lado el uniforme de la súper-heroína y , de un solo movimiento, la despoja de las botas, dejándola ahora con los pies desnudos al aire. Son unos pies bonitos, de tamaño adecuado, bien cuidados, que muestran, aunque levemente, la edad madura de la súper-heroína en unas pequeñas y deliciosas arrugas.

            Las botas caen al suelo. Ahora sí, la Zorra está totalmente desnuda, y la famosa súper-heroína siente que ese acto final, ese despojarla de las botas, ha marcado su completa humillación. Se nota vencida y sabe que, por ahora, no tiene fuerzas para luchar. El golpe recibido en la cabeza al caer al suelo, luego el cabezazo propinado por el hombre , y, posteriormente, las bofetadas y el puñetazo, han resultado demasiado contundentes para ella. Suspira, mira hacia atrás e intenta suplicar, con voz apagada.

            – Por favor, no...por favor...– y entonces oye un ruido inconfundible. El sonido de una cremallera bajándose. Con sus propios y asustados ojos, ve como el hombre se saca la polla de los pantalones, con la más que evidente intención de violarla allí mismo. – ¡No!¡No, por favor, no lo hagas, te lo suplico, no me violes!

            El hombre, sin hacer el más mínimo caso de las protestas de la derrotada súper-heroína, se baja los pantalones y aprieta su gran verga contra las nalgas desnudas de la Zorra. Ni siquiera se molesta en imposibilitar de algún modo los movimientos de la súper-heroína, pues intuye que la hermosa enmascarada está fuera de combate. La Zorra nota como aquella polla dura, gruesa y mojada está a punto de violarla. La siente ya rozando su coño, pues el hombre, después de disfrutar acariciando con su miembro endurecido el culo de aquella hermosa, voluptuosa y desfallecida mujer madura, decidió pasar a la acción, acercando su verga al apetitoso coño de la súper-heroína. Los labios del coño de la Zorra sienten ya la presencia de la polla de su adversario. Es el momento de hacer algo. La Zorra no puede permitir que aquel tipo la viole. Debe hacer algo. Algo drástico, y rápido.

            – Por favor – gime la Zorra, mirando hacia atrás, con su voz más sensual y caliente – por favor, no me violes. Yo...yo haré cualquier cosa por ti. Te...mmm...te la chuparé. Te la chuparé ahora mismo. Te la chuparé todas las veces que quieras.

            El hombre se detiene y retira su verga unos milímetros. La Zorra, alentada por ese resultado, se incorpora y se vuelve de frente al hombre, pero situándose de rodillas ante él. Necesita tiempo para recuperar sus fuerzas y sobre todo, necesita despistar al hombre, hacerle perder la concentración. Así pues, la súper-heroína mira a los ojos del hombre con una mirada tierna y sumisa. Luego, baja la vista y, con voz muy sensual, abriendo y cerrando despacio los rojos labios, le dice:

            – Puedo hacerte una mamada. O dos. O tres. Puedo hacerte todas las mamadas que quieras. – susurra cálidamente la Zorra, sacando la lengua y lamiéndose el labio inferior. – Pero por favor, no me violes.

            El hombre está sorprendido. No se esperaba esto y la vista de la desnuda y arrodillada súper-heroína lo está poniendo demasiado caliente. Puede aceptar la propuesta de aquella puta, piensa, y luego, la violará igualmente. Total, la muy estúpida no parece estar en forma. Y es que una mamada a cargo de una súper-heroína desnuda y enmascarada no es  algo que se pueda rechazar así como así.

            – De acuerdo – contesta el hombre, con voz pastosa, irguiéndose todo lo que puede delante de la Zorra y sacándose del todo la polla. – Chúpamela. Hazme esa mamada, y te prometo que no te violaré.

            La Zorra sonríe débilmente y lo mira con ojos acaramelados. El hombre se las promete muy felices, al ver la dulce y sensual mirada que le dedican aquellos ojos oscuros, enmarcados en la sexy máscara negra de la súper-heroína. La Zorra abre la boca, saca la lengua y empieza a lamer, muy lentamente, la polla del hombre. El olor a verga caliente la rodea, y por un momento, deja de lamer, humillada y asqueada. Pero pronto reanuda su labor. Sabe que es su única oportunidad. Necesita recuperarse, necesita tiempo, pero sobre todo, necesita que aquel ladrón se relaje y baje la guardia. Así pues, la Zorra, la famosa súper-heroína, desnuda en un oscuro callejón, continúa lamiendo la polla del hombre al que , no hace mucho, intentaba detener.

LA ZORRA

Capítulo 2

            El hombre gime, extasiado, agarrando con una de sus manos la cabeza de oscuros cabellos de la Zorra. La súper-heroína lame sin cesar la verga enhiesta y cada vez más endurecida de aquel hombre, llenándosela de saliva, mientras mueve la cabeza hacia adelante y hacia atrás, en un suave movimiento de vaivén, acompañado de dulces gemidos. La hermosa, madura y enmascarada mujer desnuda sabe que debe retrasar todo lo posible el orgasmo del hombre, para así tener tiempo de recuperar sus maltrechas fuerzas y poder sorprenderlo, porque tiene la certeza de que aquel cerdo no se conformará con una mamada y con toda seguridad querrá violarla.

            –¡Mmmmm! – gime la Zorra, besando la punta de la verga con sonoros y húmedos besos – La tienes muy grande... Por favor, prométeme de nuevo que, si te hago una buena mamada, no me violarás con este miembro tuyo...¡es tan, tan grande y poderoso, tan grueso!

            – Ah...– jadea el hombre, obnubilado en sus sentidos por la lengua y las palabras de la Zorra – te...te lo prometo...puta...te lo prometo. Pero chúpamela de una vez y deja de lamérmela, vamos. Me estás volviendo loco, puta, de verdad.

            – Oh, yo...yo...si...te...te la chuparé, por supuesto, claro que sí. – contesta la Zorra, mirando al hombre con cara de oveja sumisa. – es solo que, ya sabes, no estoy acostumbrada a esto. No soy una chupa-pollas. Soy una súper-heroína y se supone que no debo hacer estas cosas...

            – Vamos, puta, deja de hablar y usa la boca para chupármela. Si no lo haces de inmediato, te daré cuatro bofetones y te violaré, te lo prometo.

            – ¡No, por favor, no lo hagas! Yo...si...lo haré, como te he dicho...te la chuparé, no te pongas nervioso...si, ahora mismo te la chupo. Te haré la mejor mamada de tu vida. Pero no me pegues más, por favor, y , sobre todo, no me violes. ¡Ay!

            El hombre, harto de escuchar las palabras de la súper-heroína, la agarra por el pelo y la empuja hacia adelante. La Zorra se encuentra de pronto con la polla justo delante, pegada a su boca. Duda un instante, cierra los ojos, y retira un poco la cabeza. Pero comprende que tiene que tragarse su orgullo...y algo más. Abre la boca y engulle aquella olorosa polla con asco, intentando no respirar.

            El hombre exhala un profundo quejido de placer, sin soltar la cabeza de la súper-heroína. La Zorra ha engullido casi por completo la polla del hombre y siente la calidez de la misma, su sabor, su textura rugosa y blanda. Siente repugnancia pero a la vez una cierta y humillante excitación sexual se apodera de ella. Se pasa la verga a un lado y a otro de la boca y la succiona con fuerza, llenándola de saliva. La mastica suavemente, sin apretar, notando el calor, el grosor y la blandura de aquel pedazo de carne hinchada. El hombre jadea de placer, agarrando con más fuerza la cabeza de la Zorra y empujándola más aún hacia él.

            –Mmmmmhhh...– jadea la Zorra, haciendo todo el ruido posible, chupando y chasqueando la lengua con fuerza, sabedora de que aquellos sonidos de succión excitan al hombre. La oscuridad, tenuemente iluminada por una lejana farola, rodea a la súper-heroína. Sin pensar, continúa chupando, durante unos minutos que se le hacen eternos. Babea sin poder evitarlo y un grueso y largo colgajo de saliva le pende del labio inferior y se le desliza hacia las grandes y jugosas tetas, cayendo justo entre ellas.

           

            – Oh, si, si, no te pares ahora, puta, sigue, sigue chupando...– jadea el hombre, perdido en  un mar de inconcebible placer, mirando de soslayo a aquella hermosa súper-heroína, desnuda a sus pies, arrodillada e indefensa, una enmascarada mujer madura que le está haciendo una maravillosa mamada. Casi no puede creerlo: la mismísima Zorra, la famosa súper-heroína, está allí, completamente desnuda, vencida y  humillada ante él, chupándole la polla. Y esa certeza lo pone muy, muy caliente.

            –¡No te pares, puta!¡Sigue chupando! – exclama el hombre, al borde del orgasmo. La Zorra sonríe internamente. No piensa pararse, desde luego. Aumenta la velocidad de succión y chupa con violencia la polla de aquel desgraciado, a pesar del asco que siente. Al hacerlo, la súper-heroína babea con más intensidad y varios colgajos de saliva penden ahora de su labio inferior, provocando que pequeños lagos brillantes se depositen sobre sus maduras tetas. Ahora, la valerosa súper-heroína sabe que tiene al hombre justo donde quería. Así pues, se saca la polla de la boca y lo mira con falsa ingenuidad y miedo.

            –¿Qué haces, puta? – grita el hombre, sorprendido –¡ Te dije que siguieras chupando!¡ Sigue chupando, vamos!

            – Es que se me ha ocurrido algo mejor...– susurra la Zorra, con voz untuosa y sensual, agarrándose las tetas con ambas manos. El hombre comprende las intenciones de la súper-heroína y asiente con la cabeza, sabiendo que le queda muy poco para el orgasmo.

            – ¡Si, si, hazlo, hazlo, puta! – exclama, y la Zorra lo hace. Agarra con más fuerza sus tetas y rodea con ellas la verga del hombre. La polla está ahora justo entre ambas tetas y la Zorra empieza a menearlas, arriba y abajo, sin parar, estrujando con fuerza el miembro endurecido y mojado del hombre. No es el primer masaje de tetas que le hace a un hombre y sabe que nadie resiste mucho tiempo. Y efectivamente, al poco el hombre se corre, lanzando varios chorros de semen caliente y viscoso que se estrellan, poderosos, directamente contra la cara y las tetas de la súper-heroína. La Zorra siente como el semen le corre por la cara, manchándole la máscara y ensuciando sus mejillas. Nota también como el semen se estrella y se desliza sobre sus grandes tetas desnudas, pero no le importa. Ya falta poco para la venganza. El hombre lanza un par de chorros más, y la Zorra los recibe sin querer dentro de la boca, pues la tenía abierta mientras jadeaba. Asqueada, los vomita lentamente, dejando que una masa blancuzca de semen y saliva se deslice hacia abajo desde sus labios mojados, alcanzando rápidamente la barbilla. Allí se queda durante un instante aquella bola blanca, para luego caer con suavidad hasta posarse sobre las tetas de la súper-heroína.

            Todo esto ha ocurrido en pocos segundos. La Zorra cree que el hombre ha terminado de correrse y se acerca con su boca a la aún enhiesta polla, con la intención de lamérsela para así dejarlo más atontado. Pero entonces, un último chorro sale disparado de aquella olorosa verga y la súper-heroína, sorprendida, no puede evitar recibir un impacto directo de semen en su famosa máscara negra, justo en el centro de la misma. Con repugnancia, siente como el semen recién derramado corre hacia abajo, mojándole la nariz y los labios, hasta quedar colgando obscenamente de su barbilla.

            – Oh, si, puta, lo has hecho muy bien – jadea el hombre, realmente satisfecho, saboreando la intensidad del orgasmo, sin dejar de apretar la cabeza de la súper-heroína. Por su parte, la Zorra, con la cara y las tetas chorreando semen, decide continuar su actuación y , sacando la lengua, empieza a lamer con lujuriosos lametones la polla mojada del hombre. Debe hacerlo, piensa la hermosa y desnuda súper-heroína, si quiere que aquel cerdo se confíe y crea que ella, la Zorra, no es ahora más que una puta sumisa.    

            – Muy bien pensado, puta – susurra el hombre, todavía completamente excitado – límpiame la polla con tu lengua, eso es, no te detengas. Mejor aún, vuelve a chupármela, seguro que te gusta. Si, eso es, así...aaahhh...eres una chupa-pollas, lo sabía. Eres una auténtica y total puta chupa-pollas, eso seguro.

            La Zorra no contesta. Continúa lamiendo la verga mojada de aquel hombre, intentando decidirse a actuar. No sabe por qué, ahora no lo tiene tan seguro. Sabe que, si quiere evitar que aquel tipo la viole, tiene que luchar ahora, sin dilación. Pero no puede dejar de lamer; algo dentro de ella, algo sucio y obsceno, la empuja a seguir lamiendo y a desear con ansia chupar de nuevo aquella polla. Horrorizada, contempla la posibilidad de que aquel tipo tenga razón y que ella, la Zorra, no sea en realidad más que una puta chupa-pollas. Porque la verdad es que esto que le ocurre ahora, esta indecisión, ya la ha sorprendido varias veces durante su carrera como cazadora de criminales. No es la primera vez que le chupa la polla a un delincuente después de haber sido vencida. De hecho, a pesar de que en su trayectoria como súper-heroína ha tenido muchísimas más victorias que derrotas, estas últimas han sido terribles y, en casi todas ellas, ha terminado siendo violada por uno o varios delincuentes. Es el precio a pagar por la derrota y eso lo saben todas las súper-heroínas de la ciudad. Y es lo que ha sentido en algunas ocasiones, al pagar ese último y degradante precio, lo que le produce un íntimo malestar. Porque la oscura realidad es que, a veces, ha sentido algo de placer mientras la obligaban a hacer múltiples mamadas o mientras la violaban a la vez por delante y por detrás. Es terrible, pero la Zorra sabe que esas extrañas, obscenas y sucias sensaciones están ahí, fueron reales y no puede borrarlas por mucho que quiera. Por eso, ahora, mientras lame la verga de aquel hombre y siente como algo arde en su entrepierna, la desnuda cazadora de criminales sabe que tiene que actuar, antes de que sea demasiado tarde. Porque ella no es ninguna puta. Ella es...la Zorra, una valerosa y famosa súper-heroína y como tal va a luchar y a vencer a aquel cerdo.

            –¿Qué haces? – pregunta el hombre, contrariado al comprobar que la Zorra ha dejado de lamerle la verga –¡ Te he dicho que sigas chupando, PUTA!

            La Zorra comienza a erguirse. El hombre divisa en la mirada de la mujer un brillo mortal y el temor empieza a apoderarse de su ánimo.

            – No soy una puta. ¡Soy la Zorra! – exclama, triunfante, la súper-heroína, irguiéndose por completo. Ahora, el  hombre sabe que se encuentra en el filo de la navaja y que aquella hermosa y desnuda mujer madura está a punto de propinarle una paliza.

            –¡Soy la Zorra, y no voy a permitir que me violes! – grita la valerosa cazadora de criminales, alzando una de sus manos con la firme intención de golpear a aquel hombre, que la mira con los ojos desorbitados, sin aparente capacidad de reacción.

LA ZORRA

 

Capítulo 3

 

            La Zorra siente como la adrenalina corre por sus venas. Una sonrisa de triunfo acude a su rostro, a aquella hermosa cara de mujer madura recorrida por abundantes restos de semen viscoso. Va a darle la paliza de su vida a aquel tipo, por supuesto que si. Alza el brazo derecho , con la intención de asestar un tremendo puñetazo en plena cara al hombre, pero, desgraciadamente, ha tardado demasiado; sus movimientos, a pesar de sorprender al hombre, han sido lentos. Y su enemigo tiene tiempo de reaccionar.

            El hombre se agacha con increíble rapidez y la Zorra golpea el aire, buscando en vano la cabeza de su enemigo, el cual, recurriendo a toda su fuerza, lanza un terrible directo al estómago desprotegido de la súper-heroína.

            – ¡Augh! – exclama la Zorra, sorprendida. Ha recibido un puñetazo realmente demoledor y la súper-heroína, sintiendo que le falta el aire, se dobla por la cintura hacia adelante, gimiendo de dolor. Intenta retroceder, con torpeza, para alejarse de aquellos puños amenazadores. El hombre, sonriente, la agarra por el pelo y la obliga a alzarse. La Zorra, con los sentidos nublados, alza los brazos e intenta continuar la lucha. Pero es inútil. El hombre la golpea de nuevo en el estómago, con más fuerza aún. La Zorra aúlla de dolor y se dobla por la cintura. Jadeando, gimiendo, con la vista descentrada, la súper-heroína desnuda retrocede despacio, sin saber lo que hace. Solo quiere huir de allí, escapar, pero sabe que no podrá hacerlo. El hombre la alcanza con facilidad, la obliga a levantar la cabeza una vez más, tirándole del pelo y, con una risa malévola en el rostro, la abofetea sin piedad.

            –¡Agh! – grita la Zorra –¡No...no, por favor...Augh!

            El hombre abofetea a la Zorra durante varios minutos, con terrible precisión, sintiendo, con cada bofetada que descarga sobre la cara enmascarada de la súper-heroína, que su polla se pone más y más dura. Al fin, está tan excitado, tiene tan dura y tan tiesa la verga, que sabe que necesita violar como sea a aquella súper-puta. La Zorra, por su parte, se siente incapaz de reaccionar. Los golpes recibidos han sido demasiado contundentes para ella y lo único que hace es gemir y suplicar piedad, sin esperanza alguna de salir de aquella terrible situación.

            El hombre se detiene.

            – P...por favor...por favor, te lo suplico...no me pegues más...– gime la Zorra, a punto de llorar. – Haré cualquier cosa...lo...lo que sea...haré cualquier cosa...p...pero no me pegues más...no...por favor...

            El hombre sonríe. Nunca ha tenido una erección como la que disfruta en este momento. Golpear y abofetear a aquella puta desnuda y enmascarada lo ha excitado tanto que se siente a punto de explotar. Así pues, decide terminar con un golpe maestro. Agarra por el pelo a la desgraciada súper-heroína, la alza en vilo y le asesta un terrible y brutal puñetazo en pleno estómago. Un puñetazo definitivo. La Zorra siente que le falta el aire ; lanza un gemido sordo y se dobla por la cintura, hasta casi tocar el suelo con la barbilla. Intenta retroceder, pero lo único que consigue es caer abajo y quedar de rodillas, con el culo levantado y la cabeza pegada al sucio suelo de aquel callejón. El hombre se lanza con decisión sobre la súper-heroína, la cual, vencida y derrotada por completo, apenas puede hacer otra cosa que balbucear y gemir súplicas inútiles.

            –N-no...por favor...no lo hagas...no me violes...– gime la Zorra, sin fuerzas, sin esperanzas. El hombre abarca con sus manos el hermoso y amplio culo desnudo de la desnuda súper-heroína, lo acaricia y lo azota ligeramente un par de veces y, luego, sin más dilación, introduce su polla dentro del coño de la Zorra.

            –Agghh...no...no...p-por favor...no...por favor...por favor...p-p-por f-favor...– gimotea patéticamente la Zorra, lloriqueando sin poder evitarlo, mientras el hombre, jadeando como un cerdo, la viola con movimientos rítmicos y contundentes.

            –No, por favor, no sigas...no...te lo suplico...– vuelve a suplicar la Zorra, volviendo la cabeza hacia atrás, mirando con ojos temerosos al hombre. Este, al contemplar el rostro suplicante de la humillada enmascarada, siente que su excitación sexual sube a límites casi inconcebibles. Agarra por el pelo a la Zorra, la atrae hacia él y le da una bofetada.

            –¡Augh! – exclama la súper-heroína. – Por favor...por favor...no...

            El hombre hace caso omiso a las súplicas de la Zorra. Excitado, saca su verga del coño de la súper-heroína y, siempre agarrándola por el pelo, la obliga a levantarse y, tras llevarla a rastras durante varios metros, la empuja con desprecio sobre un bidón sucio y herrumbroso. La Zorra cae sobre la tapa del bidón, y allí se queda, tirada, boca abajo, con el culo levantado y las piernas separadas, el estómago directamente aplastado contra el sucio metal y las tetas meneándose a un lado y a otro, más allá del borde. El coño de la valerosa luchadora está a la vista, suavemente cubierto por una ligera capa de pelos bien recortados. Pero no es el coño de la madura y sexy cazadora de criminales el objetivo del hombre. Frente a él, también queda totalmente a la vista el agujero del culo de la Zorra, un oscuro y escondido objeto de deseo que captura su atención de modo espectacular. Aquel agujero anal  le aparece ahora como el más sublime premio a su victoria sobre la orgullosa súper-heroína. Si; lo hará. Le dará por el culo a aquella puta arrogante y presuntuosa.

            La Zorra siente, con horror, como la polla del hombre empieza a penetrarla por el agujero del culo, abriéndose paso lentamente a través del estrecho canal.

            –¡No, por favor, por el culo no!¡Por el culo no! – grita la Zorra, con los ojos desorbitados, volviendo la cabeza hacia atrás, moviendo todo su cuerpo en un inútil esfuerzo por liberarse de las garras del hombre, el cual la mantiene dominada con una de sus manos, empujándola hacia abajo con fuerza, presionando sobre la espalda desnuda de la súper-heroína, impidiendo así que su víctima se levante. A pesar de eso, la valerosa luchadora insiste e intenta resistir, moviéndose, luchando por sobreponerse a la fuerza del hombre. Pero es inútil. Ha recibido demasiados golpes, no se encuentra al cien por cien ni de lejos y aquel tipo es demasiado fuerte para ella, por lo menos en aquel momento. Así, al poco rato, la Zorra cesa toda resistencia y, con gemidos susurrantes, se limita a suplicar, aunque sabe que todo es inútil.

            –Por favor...por favor, no...por favor...por el culo no...es demasiado humillante...soy una súper-heroína...por favor, por el culo no, no me des por el culo...por favor.

            El hombre empuja con fuerza , introduciendo con violencia la polla dentro del culo de la súper-heroína. La Zorra aúlla de dolor y de humillación, al sentir como aquella gruesa verga le llena por completo el culo indefenso y expuesto. Poco después, el hombre, jadeando, empieza a moverse adentro y afuera, rítmicamente, violando con total impunidad el culo de la Zorra.

            –Mi...mi...culo...por favor...más no...– suplica la cazadora de criminales, con lágrimas en los ojos, sintiendo como todo su cuerpo se estremece con cada embate del hombre. Los movimientos de éste son potentes, demoledores. La poderosa polla del hombre se ha abierto paso, de modo inexorable ,a través del estrecho agujero del culo de la Zorra, hasta metérsela por completo  hasta el fondo. La Zorra llora, sintiendo dolor y , sobre todo, una gran humillación. Ahora, aquella brutal y sucia verga se encuentra dentro de su culo y no puede hacer nada para evitarlo.

            –Augh...aghh...no...por...favor...agh...augh...no sigas...augh – gime la Zorra, mientras el hombre la viola por el culo con cada vez más intensas y contundentes penetraciones. Poco a poco, muy a su pesar, la súper-heroína siente como una oscura y sutil excitación sexual se va apoderando de ella. Lucha contra el humillante sentimiento, aprieta los dientes y sacude todo su cuerpo, intentando resistir, intentando luchar. Pero es inútil. El hombre la domina con facilidad con una sola mano, empujándola con fuerza hacia abajo, aplastándola contra la tapa del bidón. La patética rebelión de la Zorra ha durado solo un instante y la desgraciada súper-heroína yace ahora boca abajo sobre el bidón, muy abierta de piernas, con los ojos llorosos, los brazos lánguidos y sin fuerzas, exhalando un profundo quejido cada vez que aquel hombre la penetra por el culo.

            Pero nada dura eternamente.

            El hombre cosecha pronto la recompensa a sus esfuerzos y , con un gemido gutural, empieza a correrse dentro del culo de la Zorra. Impelida por la fuerza del orgasmo, la polla sale del agujero anal de la súper-heroína y el hombre continúa corriéndose, ahora directamente sobre el culo – un culo de gran tamaño, de firmes, amplias y voluptuosas nalgas –  de aquella hermosa mujer madura.  Y la súper-heroína, humillada, siente como un par de calientes chorros de semen se estrellan contra sus nalgas. Uno de esos chorros, saliendo disparado como un proyectil, mancha no solo la espalda de la cazadora de criminales, sino que cae sobre su encrespado pelo negro. Pleno de placer y de satisfacción sexual, el hombre agarra por el pelo a la Zorra, y la obliga a arrodillarse ante él. La súper-heroína cierra los ojos y un instante después, un par de brutales chorros de semen caliente se estrellan, insolentes, contra su ya mojado rostro. Ahora, la valerosa súper-heroína tiene la cara llena de semen, un semen que se desliza hacia abajo en chorreantes arroyos blancuzcos, alcanzando pronto la barbilla y mojándole el cuello. La Zorra abre los labios para suplicar clemencia, pero solo le da tiempo para emitir un incomprensible y patético balbuceo, pues el hombre, que todavía no ha terminado, lanza un último chorro, que penetra, certero, dentro de la boca de la súper-heroína.

            –¡No, por fa...agggfsss...mmm! – gime la Zorra, con la boca llena de esperma caliente recién derramada. El hombre la agarra con más fuerza por pelo, tira hacia arriba con violencia y exige, tiránico:

            –¡Trágatelo todo, puta, todo!

            La Zorra intenta resistirse a esta nueva humillación, pero recibe una espectacular y humillante bofetada que la convence con rapidez de que debe obedecer.

            –¡Augh! – exclama la súper-heroína, con la boca chorreando semen, al recibir la bofetada – Si, si, lo haré, me lo tragaré todo...pero por favor...no me pegues más...

            El hombre sonríe y detiene su mano derecha, que ya se cernía, decidida, sobre el rostro indefenso de la enmascarada. La Zorra baja la vista, totalmente humillada, y, cerrando la boca, se bebe todo el semen. De un trago. Siente como el ardiente licor le baja por la garganta y, por un momento, no duda de que va a vomitar. Pero se contiene y se lo traga todo, sin rechistar.

            –Oh, si, así me gusta, puta, muy bien. Muy bien, eres una puta obediente. Ahora, quiero que me limpies la polla con tu lengua, porque se me ha quedado toda sucia después de meterla en tu asqueroso culo, guarra. ¡Vamos, puta, a qué estás esperando!

            Lágrimas de humillación corren por las mejillas de la Zorra. En efecto, la verga del hombre presenta algunas manchas de suciedad, evidentes restos de mierda proveniente del culo – sucio – de la súper-heroína. Asqueada, la Zorra cierra los ojos. Cumplir con la exigencia del hombre conlleva ahora una máxima humillación para la súper-heroína, esto es, limpiar con la lengua su propia mierda. Pero sabe también que nada puede hacer para evitarlo. Así pues, con reluctancia, saca la lengua y lame despacio la verga caliente y mojada del hombre, deteniéndose antes de lamer los gruesos y oscuros restos de mierda que manchan la parte superior de aquella polla. Un tirón de pelo le indica a la Zorra que se está demorando demasiado, así que, con repugnancia infinita, cierra una vez más los ojos, saca la lengua todo lo que puede y limpia a fondo aquellos restos, tragándoselos luego, con rapidez, sin darse tiempo a pensar siquiera.

            –¡Oh, si, puta, muy bien hecho!¡Has demostrado ser una puta obediente y, sobre todo, una golfa muy guarra! – exclama el hombre. Luego, sin más, con un movimiento que toma por sorpresa a la súper-heroína , le mete a ésta la polla dentro de la boca. – Ahora, puta, a chupar. Y no te resistas.

Con la boca llena con la mojada polla del hombre, la súper-heroína , sintiéndose  derrotada por completo, decide que debe obedecer. Así pues, empieza, de nuevo, a chuparle la verga al hombre que la ha vencido y humillado. Desnuda y arrodillada, casi asfixiada por el intenso olor a semen que despide la gruesa y palpitante polla, bajo la tenue luz de farolas lejanas, en medio de una noche oscura y en aquel callejón olvidado, la Zorra le hace nuevamente una mamada a aquel hombre. Sin fuerzas, dolorida, dominada, piensa que su única esperanza consiste en satisfacer los sucios deseos sexuales de aquella bestia humana. Si lo consigue, si logra dejarlo satisfecho, exhausto, de alguna manera tendrá una oportunidad.

            La Zorra chupa y chupa sin parar. En el callejón solo se escucha el rítmico sonido que produce la súper-heroína al chupar, un sonido intenso y erótico, un sonido de succión acuosa y cremosa, casi hipnótico, y tan sensual, que el hombre siente que la cansada polla se le revitaliza por momentos.

LA ZORRA

 

Capítulo 4

            La Zorra lame y chupa la verga del hombre. Siente como aquella polla ocupa casi toda su boca por completo, la siente latir y moverse de un lado a otro y  sabe que tiene que chuparla a fondo. De aquella mamada depende todo. La Zorra lo sabe y se aplica a ello. Ya ha hecho muchas mamadas durante su vida como súper-heroína, pues los malvados la han capturado en varias ocasiones y en todas ellas ha tenido que recurrir a su boca y, por supuesto, al resto de su cuerpo, para sobrevivir. Todas las súper-heroínas lo han hecho alguna vez. Todas han sido violadas, es el terrible precio a pagar por ser luchadoras cazadoras de criminales. La Zorra no es la excepción y ya ha tenido que soportar más de una violación. Pero no está resignada a que esta noche acabe de ese modo. No, ella va a luchar y a evitarlo. Aquel tipo ya la ha violado una vez, pero no logrará hacerlo una segunda. Ella se encargará de evitarlo. Y para eso debe...chupar.

            –Mmmm...si, muy bien, puta, sigue así...– susurra el hombre, mesando los cabellos oscuros de la súper-heroína arrodillada ante él. – Sigue chupando, no te pares. Naciste para esto, eres una auténtica puta chupa-pollas. Mmmh...si, deberías dejar de hacerte la valiente, deberías dejar de ser una súper-heroína y convertirte en lo que realmente eres : una prostituta. Ganarías mucho dinero, te lo aseguro, sobre todo con esa boca tuya...oh, si, eres maravillosa. Sigue chupando, puta, sigue chupando...mmmm.

            Y la  Zorra obedece y sigue chupando, con los ojos brillantes y húmedos, la cara llena de semen, la máscara negra cubierta por riachuelos blancos y cremosos, y los labios rojos mojados y babeantes. Si; la Zorra está babeando una mezcla de semen y de su propia saliva, una mezcla sucia y obscena que desciende imparable desde su ultrajada boca hasta posarse sobre sus grandes tetas, donde refluyen convirtiéndose en pequeños lagos de esperma viscosa. La polla llena por completo la boca de la Zorra y la famosa y valerosa súper-heroína siente como sus grandes y voluptuosas tetas se menean a un lado y a otro al ritmo de  los movimientos de su cuerpo. El hombre está recuperándose a gran velocidad, pero todavía dista del momento óptimo. Así pues, la Zorra continúa chupando y chupando sin parar. La mamada se prolonga durante más de treinta minutos, sin pausa alguna. A la súper-heroína le parece que ha transcurrido una eternidad. El sonido de su propia boca al chupar y los gemidos de placer del hombre se confunden en la mente de la mujer, que pierde la noción del tiempo. La oscuridad la rodea y parece no tener fin, al igual que aquella prolongada y lujuriosa mamada, que semeja ser inacabable. La Zorra ya no siente los labios, los tiene entumecidos de tanto chupar y lamer. De cuando en cuando, sin previo aviso, el hombre saca la verga de la boca de la súper-heroína enmascarada y la usa para golpearla en la cara, aumentando así, si cabe, la humillación de la Zorra. Luego de ese vejatorio interludio, la cazadora de criminales continúa chupando y, mientras lo hace, sus grandes y hermosas tetas se bambolean a un lado y a otro de su cuerpo, causando un aumento sensible en la excitación del hombre.

            Finalmente, después de demasiado tiempo, la mamada parece llegar a su término. El hombre exhibe una erección más que respetable y la Zorra sabe que lo que quiere hacer aquel tipo es violarla de nuevo. Decidida a no dejar que eso ocurra, la súper-heroína se prepara para la lucha. Deja de chupar y separa la cabeza de la polla del hombre. No está repuesta de los golpes recibidos, pero está dispuesta a pelear. El hombre, sin embargo, sonríe. La Zorra, sorprendida, no sabe qué hacer. Y entonces, aquel ladrón retrocede con rapidez, hasta alcanzar su mochila, donde presumiblemente guarda el dinero producto de su robo. La Zorra se alza, irguiéndose como una diosa vengadora.

            – No te saldrás con la tuya, cerdo – le dice, desafiándole, creyendo que el hombre intenta huir con el botín. – Soy la Zorra y ahora estás perdido...

            Realmente, la súper-heroína está espléndida, en pie, desnuda ,con la mirada oscura y desafiante. Su hermoso cuerpo de mujer madura y atlética destaca bajo la tenue luz de las farolas y el hombre, por un momento, se pierde admirando las lujuriosas y grandes tetas de aquella cazadora. Pero es solo un instante. Luego, con inusitada rapidez, alcanza la mochila, hurga dentro de ella y, antes de que la Zorra –que ya se ha lanzado sobre él – consiga darle caza, saca, triunfante, un arma. Una pistola oscura brilla en la mano derecha del hombre y la Zorra se detiene en seco.

            –¡Maldición – exclama la súper-heroína –¡Esto no es justo!

            – La vida no es justa, puta. Y ahora ,por favor, detente donde estás, ni un paso más y ponte a cuatro patas. Y, por supuesto, nada de juegos. Puedo volarte la cabeza de un tiro si quiero.

            La súper-heroína, desconcertada y enfadada consigo misma por no haberse asegurado de que aquel tipo no llevaba armas, lanza una mirada asesina a su enemigo y luego, baja los ojos ,sopesando sus posibilidades. No está lo suficientemente cerca como para lanzarse sobre él y neutralizarlo. Si opta por seguir adelante y luchar, aquel tipo puede , realmente, volarle la cabeza de un tiro. Así pues, la Zorra no tiene más remedio que obedecer. Con reluctancia, se arrodilla y luego se pone a cuatro patas delante de aquel hombre que ha resultado ser un enemigo duro de roer. La rabia la consume por dentro, pues, nuevamente, se encuentra desnuda e indefensa a merced de aquel cerdo que ya la ha violado, y que, seguramente, la violará una vez más. Se supone que una súper-heroína no debe caer derrotada tan fácilmente como ella ha caído, pero es que todo le ha salido mal desde el principio y no ha podido salir del atolladero. Ahora, solo le queda esperar que aquel tipo cometa un error.

            –Ahora, date la vuelta. Ponte de espaldas a mí, pero no abandones esa postura perruna, puta. Porque la verdad sea dicha, siempre sospeché que no eras más que una perra disfrazada.

            La Zorra se traga su orgullo y, con lágrimas en los ojos, se da la vuelta, obediente y sumisa. Ahora, el hombre tiene ante sí la visión del enorme y firme culo de la Zorra, un culo increíble y hermoso que anhela violar por segunda vez.

            –Levanta ese culo, puta. – ordena el hombre, avanzando lentamente hasta situarse justo detrás de la desnuda y ultrajada súper-heroína. La Zorra duda un instante, pero pronto se decide a obedecer, pues no se ocurre como contrarrestar la amenaza de aquella pistola.

            –Muy bien, perra ,así me gusta. El culo bien levantado, así, muy bien. Eres una puta muy obediente.

            La Zorra está temblando de miedo, de dolor y de ira. Casi no puede contenerse y todo su cuerpo, su hermoso, maduro y atlético cuerpo, se estremece. Con terror, oye como el hombre se quita la ropa. Mira hacia atrás, y, efectivamente, aquel cerdo está ya completamente desnudo, ostentando una poderosa y obscena erección.

            –No...por favor...otra vez no...– jadea la súper-heroína. El hombre, al escucharla, se abalanza sobre ella y la golpea en la cabeza con la culata de la pistola.

            –¡AUUGH!– exclama la súper-heroína. El golpe ha sido fuerte y la visión se le nubla. Las fuerzas la abandonan y casi pierde el sentido, derrumbándose sobre el sucio suelo. El hombre, excitado, la agarra por el pelo y la levanta a la fuerza. La Zorra no es ahora más que un fardo sin voluntad, una muñeca en manos de aquel hombre. Totalmente indefensa y sin capacidad de reacción, la Zorra es apenas consciente de que el hombre la arrastra hasta situarla de nuevo frente al bidón sobre el cual la violó no hace mucho. Con un empujón, la tira sobre el mismo y la Zorra se queda allí, exánime, sin fuerzas ni para quejarse, boca abajo, abierta de piernas, con el culo levantado.

            El hombre duda un momento. Ante él, tiene a su disposición tanto el coño como el culo de la derrotada y desnuda súper-heroína. A pesar de que le atrae el coño de aquella súper-puta, al final se decide  nuevamente por el culo, pues eso es algo que lo pone realmente cachondo solo con pensarlo. Se acerca a la hermosa y casi exánime enmascarada, la agarra por la cintura y empieza a meterle la polla por el culo.

            –N-nooo...por favor...por el culo otra vez no, te lo suplico...no...aaahhhrgg....– balbucea la Zorra, lloriqueando, sin fuerzas ni voluntad para luchar. El hombre la agarra por los hombros y luego desliza una de sus manos con suavidad por los atléticos bíceps de la súper-heroína, mientras con la otra sostiene el arma, pegada a la cabeza de la Zorra. El tacto de aquellos músculos tersos, duros y firmes, lo excita y la verga se le pone muy dura.

            – Si, puta, voy a metértela toda por el culo, otra vez, y no puedes hacer nada para impedírmelo – susurra el hombre al oído de la cazadora de criminales. La Zorra gime, asustada y temerosa, no solo porque tiene el cañón de una pistola pegado a su cabeza, sino porque , además, siente como la polla del hombre avanza lentamente a través de su culo indefenso.

            –Auggh...ahhg...mi...culo...por favor...por favor...– gimotea la Zorra. El hombre la agarra por el pelo y la empuja hacia abajo, con fuerza. La mandíbula de la súper-heroína golpea el metálico borde del bidón, arrancándole a la mujer un grito de dolor. El hombre, sin detenerse, sigue empujando hasta meter la polla por completo dentro del culo de la Zorra. Luego, empieza a meter y a sacar rítmicamente, con vehemencia, la endurecida verga de aquel culo violado y ultrajado. La Zorra no llora, no gime. Con los ojos muy abiertos, se deja violar, deseando que todo termine cuanto antes. Ni siquiera se plantea luchar para evitar aquella humillante vejación, porque el miedo a morir de un tiro en la cabeza es demasiado fuerte.

            La luz del callejón empieza a aumentar. Se hace de día, aunque muy lentamente. El hombre continúa violando a la Zorra despacio, disfrutando cada embate, cada movimiento de su verga dentro de aquel hermoso culo. El cuerpo de la Zorra se mueve con cada nuevo empujón del hombre y sus enormes tetas se aplastan contra la tapa del bidón. Una lágrima recorre el rostro enmascarado de la súper-heroína, mientras los sucios jadeos del hombre se hacen cada vez más y más intensos detrás de ella.

            –Oh, si, me corro, puta, me corro...Oh, si, si, puutaa...– exclama el hombre, sintiendo como un poderoso orgasmo estalla en todo su cuerpo. Chorros de semen inundan el culo de la súper-heroína y se derraman hacia abajo, corriendo por sus muslos y sus piernas. El hombre, cachondo, saca la polla de aquel mojado agujero  y termina de correrse sobre las nalgas y la espalda de la Zorra.

            La violación ha terminado y la Zorra suspira, aliviada. Cree que ahora, todo terminará de algún modo.

            Pero la valerosa y ultrajada súper-heroína se equivoca.

LA ZORRA

 

Capítulo 5

            La Zorra, desnuda, violada y ultrajada, yace boca abajo, tirada de cualquier manera sobre aquel bidón sucio y olvidado. Tiene las piernas muy separadas y un cremoso riachuelo de semen chorrea desde su agujero del culo hasta sus pantorrillas. También tiene semen – y mucho – sobre las nalgas amplias y firmes y sobre la espalda, atlética y musculosa. La cara de la súper-heroína, protegida por su famosa máscara negra, aparece también cubierta de semen, y su pelo negro y esponjoso muestra a su vez alguna que otra hebra de leche masculina, al igual que sus enormes y magníficas tetas, manchadas por abundantes chorros de semen viscoso.

            A pesar de todo ello, la Zorra siente alivio. Cree que todo ha terminado y que aquel cerdo se irá, dejándola allí tirada. La ha derrotado. Le ha dado una paliza y la ha violado, pero ahora todo ha terminado. Si, eso cree la Zorra, pero se equivoca. El hombre acaba de decidir que la diversión debe continuar.

            Un sonido extraño, como de arrastre, como si el hombre estuviera buscando algo por el suelo, intriga a la Zorra. Haciendo acopio de todo su valor, se atreve a mirar hacia atrás y lo que ve la paraliza: el hombre ha recogido del suelo su cinturón, lo ha doblado y ahora se dirige hacia ella, con la evidente intención de azotarla.

            –¡No, por favor, eso no!¡Déjame ir, ya te has divertido bastante!¡Por favor!– suplica la Zorra, haciendo amago de levantarse. Pero el hombre la apunta con la pistola y, sonriendo, blandiendo su improvisado látigo , la increpa:

            –No te muevas, golfa, no se te ocurra moverte. Si intentas huir, te pegaré un tiro.

            La súper-heroína se detiene, asustada. El hombre aprovecha aquella indecisión para acercarse y descargar sobre el hermoso culo de la Zorra un demoledor latigazo.           –¡Auggh! – grita la Zorra, al sentir, con terror, como el cinturón de cuero de aquel maleante se estrella, inmisericorde, contra su culo indefenso. –¡No, por favor, no!

            El hombre sonríe con malicia y, blandiendo de nuevo el improvisado látigo, azota a la Zorra cuatro veces seguidas, de modo rápido y contundente. La súper-heroína gime de dolor y suplica clemencia, pero es inútil. El hombre está excitado y continúa azotando impunemente el culo de la Zorra durante varios minutos más. Los gritos de dolor de la valerosa cazadora inundan el callejón dormido. El látigo restalla con furia contra las prietas y firmes nalgas de la súper-heroína, dejando rojas e indelebles marcas sobre ellas.

            –¡No, por fa...AUUGH...no...mi culo...auggh...no!¡Augh!

            La Zorra gime cada vez que el látigo descarga sobre su culo. La hermosa mujer madura mira hacia atrás y , al ver a aquel hombre desnudo, exhibiendo aquella verga gruesa y temblorosa, piensa que tiene que hacer algo. No puede permitir que siga azotándola con total impunidad. No puede permanecer allí, tirada sobre aquel sucio bidón, desnuda, simplemente gimiendo y recibiendo azote tras azote, esperando solo que, en algún momento, se canse de tanto azotarla. Pero por otra parte, comprende que aquel tipo está armado y ella no. Comprende que ella ha recibido una auténtica paliza y el tipo no. Comprende, finalmente, que no tiene arrestos suficientes para enfrentarse a él y asumir la posibilidad de que todo salga mal. Así pues, decide continuar tal cual, gimiendo y suplicando, y no hacer nada que pueda empujar a aquel animal a disparar.

            –Augh...mi culo...por favor...augh...no...augh

            Los gemidos de la Zorra son cada vez más sensuales. El hombre ha rebajado la intensidad de los azotes y ahora, tan solo deja caer el látigo sobre el culo de la súper-heroína, sin tanta fuerza como al principio. Con los ojos desorbitados por el deseo, el hombre contempla el culo desnudo de la Zorra, un culo que ha adquirido un tono rojizo muy intenso que lo excita hasta el mismo límite. La Zorra mira de nuevo hacia atrás, y, con ojos bajos y sumisos, gime, con voz cálida y triste:

            –Oh, por favor, mi culo...mi culo otra vez no...no sigas azotándome, no puedo soportarlo, por favor...soy una súper-heroína...

            El hombre se detiene. Está cansado, está sobreexcitado y el día avanza. Tiene miedo de que alguien pueda descubrirlo allí – desnudo, azotando a una súper-heroína desnuda y derrotada – con una mochila llena de dinero a sus pies. Tal vez sea el momento de irse de allí. Pero la voz de la Zorra no le deja pensar.

            –Por favor, no me azotes más...te lo suplico. Por favor, más no, no puedo más...

            El hombre duda. Las manos le tiemblan, está cansado, muy cansado y sabe que debería irse de allí ya. Pero aquella puta desnuda e insinuante es demasiado sexy para obviarla. Decidido, caliente, y con el cerebro perturbado por la visión de aquella hermosa y madura mujer desnuda, tirada allí, frente a él, derrotada e indefensa, el hombre agarra a la Zorra por el pelo y tira de ella hacia sí. La Zorra grita, gime y suplica, y, creyendo que su hora ha llegado, decide luchar. Pero está muy debilitada, moral y físicamente, tras los golpes y azotes recibidos, y su lucha es inútil. Se resiste y patalea, pero el hombre aprieta con fuerza la pistola contra su sien y la obliga a arrodillarse ante él, una vez más. La Zorra se traga su orgullo y permanece allí, arrodillada, humillada ante aquel desconocido. El hombre, entonces, le propina un fuerte bofetón en plena cara, seguido de otro y otro, y otro más...

            –¡Augh, no, por favor...no...augh! – exclama la Zorra, con su cara volteándose a un lado y a otro mientras una lluvia de bofetones cae sobre ella. Al final, aturdida, conmocionada, la súper-heroína cae al suelo , arrastrándose ante su victorioso enemigo.

            – Por...por favor...más no...más no, te lo suplico...

            El hombre le tira del pelo hacia arriba, la obliga a levantarse del suelo y, babeando de furia y de lascivia, le propina un fuerte puñetazo en pleno estómago.

            –¡Aaaagghh! – exclama la Zorra, doblándose por la mitad. El hombre no la suelta, la levanta de nuevo y, una vez más, le da otro puñetazo en el estómago. La Zorra casi pierde el sentido, se dobla sobre sí misma y se hace un ovillo gemebundo en el suelo, llorando de dolor. El hombre, ahora, nota que la paliza que le está propinando a la súper-heroína le provoca una fuerte erección, a pesar de que ya se ha corrido esa noche unas tres veces. La Zorra, por su parte, ya no piensa , ya no espera nada, solo quiere que aquello termine de una vez. El hombre se agacha ante ella, la agarra por el pelo y la abofetea de nuevo un par de veces. Luego, la fuerza a levantarse y, tras empujarla contra una sucia pared, le da un fuerte puñetazo en plena cara.

            –¡¡Aaauuggh!! – grita la Zorra, con los ojos desorbitados por el miedo y el dolor. La desnuda y golpeada súper-heroína tiembla , aterrada. El hombre la tiene agarrada por el pelo con una mano, mientras con la otra mano le aprieta la pistola contra la cabeza.

            –Bien, puta – susurra el hombre, sudoroso y excitado – ahora vas a chuparme la polla otra vez, y no quiero ninguna resistencia por tu parte. ¿Entendido, putón?

            La Zorra asiente, temblorosa y jadeante y no tarda en arrodillarse de nuevo ante el desconocido ladrón. Un intenso olor a suciedad, a basura, impregna el ambiente, no en vano el hombre ha empujado a la Zorra hacia una zona más oscura y abandonada del callejón. Varios contenedores de basura rodean el lugar y la Zorra los mira de reojo antes de engullir, de golpe, la verga de su enemigo.

            –Oh, si, así me gusta, puta, así me gusta.

            La Zorra chupa una vez más la polla de aquel malvado ladrón. Concentrada en la labor de hacerle una buena mamada, no piensa en nada, en nada en absoluto. Su mente está vacía y solo un pensamiento la llena: terminar con todo, hacerle una buena mamada y poder huir de allí, sin dignidad, vencida y humillada, pero con vida. El sonido que hace la Zorra al chupar es sensual y excitante , y pronto la polla del ladrón responde, hinchándose más y más con cada lametón. La Zorra siente como la verga crece y se pone dura en el interior de su ya ultrajada boca, pero no le importa. Sigue chupando y chupando, sin parar, sin pensar. El hombre acaricia con la mano que tiene libre la cabeza de la Zorra y admira el cuerpo blanco y desnudo de aquella hermosa, madura y tetuda súper-heroína.  Las enormes tetas de la súper-heroína se balancean a un lado y a otro con cada movimiento que lleva a cabo la Zorra al chupar, pues menea su cabeza adelante y atrás, en un suave y sensual vaivén, succionando, chupando y engullendo una y otra vez la verga del hombre.

            La mamada se prolonga durante bastante tiempo. Casi es ya de día cuando, con los ojos abiertos de par en par, pero con una mirada sin vida, sin expresión, la Zorra recibe en plena cara una lluvia de semen. El hombre, en medio de lujuriosos gemidos de placer, se corre sobre la cara y sobre las enormes tetas de la Zorra, llenándola de semen por todas partes.

            – Si, puta, así se hace, eres toda una puta chupa-pollas...– jadea el ladrón, exprimiendo su polla y golpeando con ella la cara de la súper-heroína. La Zorra aguanta la humillación ; solo quiere huir, salir de allí. Sabe que ahora el hombre está realmente seco y que es poco probable que vuelva a violarla. La presión de la pistola disminuye hasta desaparecer, pues el hombre baja el brazo con el que sostenía el arma hasta ahora. La Zorra, arrodillada y chorreando semen, considera por un instante la idea de luchar de nuevo. Pero duda. Tiene miedo; el hombre la ha golpeado ya demasiadas veces y no se siente con suficientes fuerzas.

            – Ya...ya te la he chupado...ahora, por favor, deja que me vaya...Has ganado, me has vencido, has derrotado a la Zorra. Ahora, por favor, deja que me vaya.

            El hombre sonríe y no dice nada. Sin embargo, avanza de nuevo hacia la ultrajada y suplicante súper-heroína, blandiendo el arma en una mano.

            –¡Por favor! – grita la Zorra –¡Me has violado, me has obligado a chupártela!¿Qué más quieres de mí?

            El hombre la golpea con el dorso de la mano que tiene libre. Un solo golpe en pleno rostro, un golpe fuerte, conciso, preciso. La Zorra emite un gemido y cae a un lado. Justo cuando intenta recuperarse, el hombre la golpea de nuevo. La desgraciada enmascarada solo puede gemir y jadear de dolor, doblándose hacia adelante. El hombre la agarra nuevamente por el pelo, la levanta en vilo y le propina un fuerte puñetazo en el estómago. La Zorra emite un sordo gemido y casi pierde el sentido. El hombre la mantiene en pie agarrándola del pelo con una mano. Sin temor alguno a la súper-heroína, el ladrón lanza al suelo la pistola y con la mano ahora liberada abofetea una y otra vez, hasta cansarse, a la Zorra. Luego, la empuja una vez más contra la pared y allí, con ambas manos, se dedica durante unos frenéticos minutos a manosearle brutalmente las tetas. La Zorra mira al pedazo de cielo difuso que se divisa desde aquel oscuro y olvidado rincón, mientras el hombre le retuerce los pezones, arrancándole gemidos de dolor.

            –Puta – dice el hombre – No eres más que una puta con pretensiones...Una golfa que va por ahí casi desnuda, fingiendo ser una súper-heroína...¡Ja!¡No eres una súper-heroína, eres una súper-puta!¡Un putón, un sucio putón! Y ahora voy a terminar contigo, puta.

            La Zorra mira, aterrada, como el hombre recoge del suelo su arma.

            –No...no me mates, por favor, te lo suplico...por favor...– gimotea la Zorra – por favor, por lo que más quieras, no lo hagas...

            El hombre sonríe con malicia deliberada y golpea con la culata de la pistola la cabeza de la Zorra.

            – ¡Unngghh! – gime la súper-heroína, perdiendo la consciencia y derrumbándose en el suelo como un fardo. El hombre mira a su alrededor. Es ya de día y los ruidos de la calle empiezan a ser demasiado intensos para su gusto. Cualquiera podría verle, así que tiene que darse prisa.

            – Muy bien, puta, ahora voy a tirarte al contenedor de la basura, que es tu sitio. – susurra el hombre, agarrando a la desvanecida súper-heroína por el pelo y levantándola en peso. Luego, la arrastra de forma ignominiosa por el suelo durante un pequeño trecho hasta llegar al contenedor que es su objetivo. La valerosa enmascarada está ahora sin sentido y sus brazos y sus piernas penden sin vida de su cuerpo, mientras su culo es arrastrado por el sucio y polvoriento suelo de aquel callejón sin nombre.

            –Ya hemos llegado, golfa – dice el hombre. Suelta un momento a la Zorra, dejándola sentada en el suelo y examina el interior del contenedor, levantando la tapa oscilante con un pie. Está sucio, casi lleno hasta arriba de basura de todos los tipos...y además, apesta. El hombre vuelve a sonreír para sí. Si, ese es el lugar idóneo para tirar a una puta como la Zorra. Vuelve a soltar el arma, agarra por las axilas a la súper-heroína y la levanta, con cierta dificultad, hasta llevarla al borde del contenedor. Ahora, con un  pie sostiene abierta la tapa del contenedor y con ambas manos empuja a la Zorra hasta tirarla dentro. La súper-heroína cae de cabeza sobre un montón de basura pestilente. Ahora, la Zorra tiene medio cuerpo, hasta la cintura, dentro del contenedor, y el resto fuera, a la vista. De ese modo, la Zorra se ha quedado con el culo al aire.

            – Perfecto, puta. Es el lugar perfecto para una golfa como tú. Un contenedor de basura. – exclama el hombre, satisfecho con su trabajo. Luego, de golpe, baja la tapa del contenedor, que se cierra con fuerza contra la cintura de la despatarrada súper-heroína y, retirándose un poco, admira su obra.

            –Oh, si, es perfecto, vaya que sí.

            El cuadro que se presenta a su vista es demoledor y obsceno. La Zorra, totalmente desnuda, se encuentra tirada dentro de aquel contenedor, con medio cuerpo dentro y medio fuera, de tal modo que tiene el culo al aire, a la vista de todos. Es maravilloso, piensa el malvado ladrón, maravilloso. Luego, temeroso de ser descubierto, se pone las ropas con prisas, recoge la mochila con el dinero y, finalmente, agarra también el uniforme y las botas de la Zorra y los tira junto con su dueña, dentro del contenedor.

            – Adiós, golfa, ha sido un gusto conocerte – susurra el hombre. Y antes de irse de allí definitivamente, propina un par de  fuertes azotes en el culo a la súper-heroína con sus manos desnudas.

            – Si, un verdadero gusto, puta.

            El hombre abandona el lugar, sin mirar atrás.

            El silencio se apodera del callejón y allí queda la famosa y valerosa súper-heroína conocida en la ciudad como la Zorra, desnuda, vencida, humillada, violada y ultrajada ,desvanecida, tirada dentro de un contenedor de basura, con el culo al aire.

            Si, la derrota de la Zorra ha sido total, definitiva y contundente. Pero la madura súper-heroína es valiente y esperamos que pronto se recupere para enfrentarse de nuevo a los malvados, enfundada en ese traje suyo tan sexy.

            Porque ella es la Zorra, la súper-heroína madura, y la Zorra no se rinde fácilmente.

FIN de la Zorra, episodio número uno: violada en el callejón.

           


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