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Fecha: 03-Ene-17 « Anterior | Siguiente » en Confesiones

La zorrita chilena

Callejera
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Tiempo estimado de lectura: [ 17 min. ]
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Sé que tengo buenas tetas, grandes noventa y nueve centímetros, apetitosas, con un pezón marcado en una aureola pequeña rosadita. Sé que tengo buen culo, levantado y de nalgas pulposas. En cuanto a la conchita, nada que decir, bien saben que más o menos gorda, más o menos húmeda, son todas parecidas. En definitiva, nada del otro mundo. Es mi actitud la que me hace diferente, siendo puta, como lo soy, y como lo son muchas, yo no reniego ni oculto mi disposición, me gusta fornicar, me gusta que se exciten conmigo y con mi cuerpo, me gusta exhibirme, me gusta que me tomen desconocidos, me gusta que me vean mientras se satisfacen con mi cuerpo. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

          Sé que tengo buenas tetas, grandes noventa y nueve centímetros, apetitosas, con un pezón marcado en una aureola pequeña rosadita. Sé que tengo buen culo, levantado y de nalgas pulposas. En cuanto a la conchita, nada que decir, bien saben que más o menos gorda, más o menos húmeda, son todas parecidas. En definitiva, nada del otro mundo. Es mi actitud la que me hace diferente, siendo puta, como lo soy, y como lo son muchas, yo no reniego ni oculto mi disposición, me gusta fornicar, me gusta que se exciten conmigo y con mi cuerpo, me gusta exhibirme, me gusta que me tomen desconocidos, me gusta que me vean mientras se satisfacen con mi cuerpo. Siempre he sabido que lo que produce mayor placer en mí, es dar placer, a quien me usa, a quien me ve, a todos. Me siento orgullosa de mi cuerpo, de mi forma de ser, soy feliz siendo puta, sintiendo que me emputecen y me emputezco cada día más.

          Pueden comprender, entonces, que en esta ocasión haya salido vestida como salí, con mi mejor pinta de maraca: botas de taco alto, toda mujer sabe que el taco alto realza aún más un buen culo, un colales, cosa de no cubrir el culito y apenas tapar un poco, sólo un poco, la conchita. Una minifalda negra muy cortita de modo que se viesen mis piernas, ligas y muslos y una polera negra ajustada que realzaba mis tetas. Sobre todo una chaquetilla que guardaba el conjunto en el breve tránsito entre el vehículo y el local. Sobrecargada de maquillaje. Cualquiera que me viese diría, que era, lo que ese día quería ser, una callejera.

          El local al cual me dirigí, es uno que frecuento hace mucho, pero a la vez, al cual hace largo tiempo que no iba. Me gusta este local porque tiene ambientes bastante disímiles, uno cerca de la entrada que más que nada es para beber y conversar en el cual cada uno de los asistentes escucha la música que desea en un wurtlitzer, un segundo en el cual se presentan los show de las niñas que trabajan en el local y un tercero que es la zona vip. Sin embargo lo que más me agrada es que es un bar de alterne, donde atienden putas y en su mayoría sólo entran hombres, esto me hace sentir una más, con la única diferencia que yo puedo escoger si estar o no con alguien, además por su ubicación y precios es frecuentado mayoritariamente por obreros, ebrios, delincuentes, sólo gente de clase popular, lo cual me hace sentir segura en cuanto a no encontrarme con algún conocido de mi medio socioeconómico, me hace además sentirme más putita al imaginar a todos ellos deseándome por el sólo gusto de poseer una mujer dela clase acomodada.

          Fui al local el fin de semana siguiente al pago quincenal de los trabajadores, el mismo se encontraba lleno, tal como lo había supuesto. Apenas ingrese me liberé del abrigo dejando ver mi vestimenta de puta, los comentarios no se hicieron esperar, logre ubicarme en una mesa en el primer sector del local y pedí una cerveza, bebí alegremente sabiéndome el centro de atención. Me levante para poner música en el wurtlitzer y diversas manos tocaban mi culo casi con descuido, los cuerpos se rozaban en mí, otros me invitaban a sus mesas, a lo cual me negaba cortésmente, sentada bebiendo veía como me miraban de reojo y hacían comentarios entre ellos, les notaba el deseo en la cara, tanto por mi como por cada una de los niñas que por una u otra razón venían de los otros sectores del local; el ambiente era totalmente de bohemia, promiscuidad y sexo en el ambiente. Me levante una vez más al wurtlitzer a poner música, intencionadamente me demoré para poder exhibir aún más mi culito, junto a mí se paró un hombre modesto, apoyó un brazo en el wurtlitzer impidiendo mi huida y se posó a mi espalda, pidiéndome al oído que bailase con él, me explicaba que estaban celebrando la mayoría de edad de uno de ellos y a ese precisamente le encantaría veme bailar. Me di vuelta quedando de frente a él y le dije que si el festejado quería verme bailar que me lo pidiese el mismo, yo lo esperaría poniendo música, nuevamente me di vuelta y el desapareció. Llegó a mi lado un mocoso que con bastante suerte se podía decir que tenía 18 años, me di vuelta frente a él y le señalé si quería bailar, era obvio que si, baile con él, acerque mis tetas a su cuerpo, lo abrazaba y dejaba que tocara mi culito levantando la falda que quedaba esporádicamente expuesto para todos, me ponía de espaldas y le restregaba mi culo, sintiendo su bulto duro por debajo del pantalón que parecía a punto de reventar, apoyé mi cabeza en su hombro mientras sus manos jugaban con mis tetas, y le susurre al oído que liberara mi sostén, así de frente a la mesa de sus amigos, no tardó en hacerlo y bajando mis brazos dejé que este cayera al suelo, dejando mis grandes tetas a la vista de todos, guie sus manos de mi cintura a mis pechos, dejando que se entretuviera a su antojo con ellas, las apretaba, las sobaba, las pellizcaba, tiraba mis pezones, todos los de su mesa silbaban y gritaban, dos de ellos se levantaron a acompañarnos en el baile coreando al muchacho, tome sus manos y las lleve a mi cuerpo, ese gesto fue suficiente, para que ellos y todos los dela mesa que se habían acercado se sintiesen con derecho a tocarme, muchas manos recorrían mi cuerpo, me pasaban de unos a otros, me besaban, me chupaban las tetas, tocan en conjunto mi culo, mi entrepierna, yo estaba totalmente mojada, cuando acabó la música, ya achispada por los tragos, fui con ellos a su mesa, guarde la polera y el sostén en el abrigo y permanecí semidesnuda como me encontraba, todos los de la mesa me tocaban a su antojo y con cualquier excusa, otros clientes pasaban por nuestra mesa y tocaban mis senos o se acercaban por mi espalda y acariciándome hablaban a mi oído o se sentaban en nuestra mesa siendo rápidamente alejados por mis eventuales anfitriones. Bebimos y conversamos relajadamente, me encontraba excitadísima pero no avanzaba más allá. Uno de los garzones se acercó a mi mesa, me dijo al oído si podía levantarme, cosa que hice, tomándome de la mano me hizo girar sobre mi misma, estaba siendo exhibida, lo sabía y me encantó, mas no sabía para quien, intenté sentarme pero no me dejó y pidió que arqueara un poco mi cuerpo, lo hice, exhibiendo mi culito en la medida que el mismo garzón muy risueñamente levantaba mi falda, aprovechando a su vez para acariciar mi colita. Me senté no sin antes dar el gusto a mis anfitriones y mostrarles mi culo para su deleite.

          Un trago llegó a la mesa, señalándome el garzón que me era enviado por unos caballeros que se encontraban sentados en la primera fila bajo la tarima en la cual se desnudaban bailando las niñas del local, y preguntaban si podría bailar para ellos, la respuesta fue evidente al señalarle que la única condición era que mis amigos fuesen ubicados en una mesa en el sector donde se encontraba la tarima.

          Ellos fueron ubicados pese a sus reclamos en una mesa bastante apartada, y yo fui llevada por el garzón detrás del escenario para cumplir la solicitud de mis misteriosos caballeros, me vestí nuevamente, no sabía en realidad que iba a hacer sin embargo, confiaba en mi bien definida vocación de puta, culta, profesional, a quien le gusta vestir sexy y mostrar generosamente los atributos que la naturaleza me dio, con un gran amor por el pene sin importar su dueño, pedí que pusieren dos canciones, comenzó a sonar Toxic y salí al escenario, lo recorría entero, tocándome los pechos, levantándome la falda y dejando ver mi culito, afirmándome de los espejos y levantando mi culo, no podía ver el público pero sabía que se estaban excitando, los gritos y aullidos me lo decían, empezó entonces a sonar Black Velvet de Alannah Myles y entonces si comencé mi show deje mi polera en el aire y mis pechos quedaron a la vista de todos, me di vuelta incline mi cuerpo y deje caer la falda, quedándome sólo en colales, me acerque al público y comencé a bajarlo de a poco hasta quedar desnuda sólo encaramada en mis tacos me acerque a la mesa que había hecho la invitación y tome el trago de uno de ellos, lentamente al ritmo de la música comencé a vaciarlo en mi cabeza y dejar que recorriera mi cuerpo, me puse de estómago y repté hasta el principio del mismo levantando mi culo, me di vuelta me puse en cuatro patas y mostrando mi trasero hacia movimientos simulando que estaba fornicando, volví a darme vueltas, me arrodille y reclinando mi espalda expuse toda mi conchita al público, jugué con mis tetas y comencé a masturbarme, con una mano masajeaba y mostraba mis tetas y con la otra llevé mi dedo índice en mi clítoris haciendo pequeños círculos en él, haciendo presión, notaba como me lubricaba, acabó la música, entonces comencé a sobar mi clítoris de arriba abajo rápidamente, mis gemidos se escuchaban en todo el local, acabé en un gran orgasmo, fantaseando que me estaban enculando, que estaba mamando y se corrían en mi boca y senos. No podía levantarme, cuando una mano amiga fue en mi ayuda, sacándome del escenario hasta la mesa de mis nuevos anfitriones.

          Ya más repuesta, acepté el trago que me ofrecían, ni siquiera pensé en vestirme, nos presentamos, Pedro me besó inmediatamente tomando una de mis tetas clavando su lengua en mi boca, Carlos ni se movió, yo hube de besarlo, se explica en todo caso por su obesidad, era un hombre gordísimo, sudaba copiosamente, mostrando su pecho escaso producto de su prominente panza. Conversamos de cualquier cosa cuando sentí la mano de Carlos en mi muslo, subía lentamente de mi rodilla a mi concha, la detuve con mi mano y entonces Pedro me dijo, «crees que puedes evitarlo, es igual el que sea todos te van a meter el pico por donde quieran y como quieran, viniste a eso, no es así», lejos de asustarme, sonreí , una corriente eléctrica de placer recorría todo mi cuerpo, sentí el placer de la situación morbosa de sentirme usada, de sentir que abusaban de mi tratándome peor que una puta callejera, como objeto, y esto me ponía muy caliente. «No pretendo escapar les dije pero se hará a mi modo o no se hará». Me levante y llame al muchacho de 18 que había estado antes conmigo, lo pare cerca de la mesa y dando el culo a Carlos comencé a bajar el cierre del muchacho quien dejó ver un pico normal el cual lleve a mi boca, mientras con una mano tome la de Carlos y la lleve a mi concha para que me masturbará, podía sentir los dedos regordetes de Carlos jugando con mi clítoris mientras yo comía como poseída el pico del muchacho. Carlos no dejaba de masturbarme a la vez que lamía mi ano tratando de introducir su lengua, mis tetas no alcanzaban a lograr un ritmo dado las envestidas discordantes del muchacho en mi boca, se apuraba, enterraba su pico profundamente hasta arrancarme arcadas. Su mismo ímpetu juvenil hizo que se viniera rápidamente entregando una gran eyaculación que retuve en su totalidad. Me separé de Carlos y a la vista de todos, deje caer el semen contenido de mi boca a mi trago, sentándome nuevamente entre todos y bebiendo alegremente mi nuevo coctel.

          Carlos no dejaba de manosearme, se le notaba excitado, me atrajo hacia sí y me habló al oído, corrió un poco su silla y descendí a su entrepierna, desabroche el cierre de su pantalón, apareciendo un pene grueso pero pequeño, el cual puse en mi boca, acariciando su glande con mi lengua; Carlos apoyaba sus manos en mi cabeza, marcando tanto el ritmo como la profundidad de la mamada que le estaba proporcionando, de rodillas ante él dejaba a la vista de todos mi espalda y culo, mientras escuchaba los comentarios sobre lo gran puta que era, aceleré mi mamada, sacaba el pene de mi boca y lo masturbaba mientras jugaba con mi lengua en su glande, mirando a todos de reojo. Pedro y otros se masturbaban, sin dejar a Carlos con mi otra mano comencé a ayudar a Pedro, noté que Carlos estaba a punto de acabar, entonces tomé mi copa y apuré mi mamada para hacerlo acabar en esta, su orgasmo y gemidos fueron aplaudidos por la mesa, sin pensarlo Pedro tomó mi copa y también acabó en ella pasándola a otro de los que se encontraban en la mesa, finalmente esta desapareció, sentada desnuda sólo veía que mi copa iba de mano en mano por el local, otras chicas, trabajadoras del local, masturbaban a sus clientes y pedían mi copa para depositar ese elixir masculino que tanto me gustaba; yo seguía indiferente pero mi cuerpo me pedía algo más que unas cuantas mamadas.

          El sabor del semen, al contrario de lo que puedan pensar, no es único, por lo general es salado y ligeramente ácido, más la mezcla en esa copa frente a mí, tenía un sabor definido, un poco más dulzón que la mayoría de las veces y nada espeso producto del alcohol, era sin duda el mejor cóctel que había degustado en mucho tiempo; lo apuré mientras conversaba con todos dejando intencionadamente caer un poco de mi boca, que escurrió hasta acabar en mis tetas.

          Nunca he logrado entender el placer que produce en los hombres ver la cara de una mujer llena de semen, pero al ver la cara de mis acompañantes cuando con mi mano levantaba mi teta para lamer el semen en ella, resultaba indudable su placer y morbosidad. Comencé a acomodar mi ropa, mis medias portaligas, sostén y blusa volvieron a su lugar, volví a la pista de baile, saltaba entre los hombres que luchaban por tocar mi cuerpo al ritmo de «vamos aportarnos mal» de calle trece, yo dejaba que me tocasen pero mi mente ya señalaba que poco más podía esperar de aquel local y mi cuerpo pedía calle, la callejera que vivía en mi pedía sexo, pedía sentirse usada, solicité mi abrigo entre lo ruegos que me quedase, invitaciones a beber y los últimos agarrones mi culo, salí del local.

          Recorrer las calles del puerto, dejando llevar mi abrigo por el viento, que permitía ver mi estilo de mujerzuela me hacía sentir libre. Encamine mis pasos hacia el llamado «barrio puerto», sector de la ciudad donde la gente acomodada no va, pues les resulta peligroso, las calles además de estrechas son poco iluminadas, no tienen una dirección única y son cruzadas por aún más estrechos callejones que provocan la desorientación en quienes se aventuran por ellas, los pub cambian poco a poco por cantinas, tabernas y casas de putas que son de todos conocidas, las personas ya no son oficinistas u obreros calificados, circulan por ellas los despreciados de la ciudad, obreros de aquellas tareas que nadie quiere ejecutar, recogedores de basura, los mendigos son parte del paisaje y los ebrios son adornos que caminan afirmándose de las paredes, todos malolientes y sucios, ese era el lugar que clamaban mis impulsos. Muchas invitaciones me hicieron en el trayecto, unos jóvenes que purgaban su rebeldía circulando por estos lugares me acorralaron en un rincón preguntando mi precio por acompañarlos, pero de jovencitos ya había tenido suficiente, de un vehículo me llamarón también para acompañarlos señalándome que podía cobrar lo que quisiese pero de oficinistas, arribistas sin sentido que esperan pasivamente ser sexualmente satisfechos, sin usar el pedazo de puta que se les ofrece, mi cuerpo se encontraba aburrido, no iba por esos recovecos buscando aquello que podía encontrar en mi propio mundo.

          Al fondo de un callejón oscuro, de fuerte olor a orines vi dos ebrios que con gran dificultad se mantenían en pie, un escalofrío recorrió mi espalda y mis pezones se endurecieron cuando inconscientemente mis pasos ingresaron por aquella calle de adoquines, me vieron venir, ya cerca de ellos sus palabras casi ininteligibles por su estado, encendieron aún más mis sentidos: -ven acá puta- , -te estábamos esperando zorrita-, no dije nada sólo me puse entre ellos, me arrodille, desabroche sus pantalones y me puse a chupar alternadamente esos dos miembros que se ofrecían a mi boca y difícilmente lograban momentáneas erecciones, sus palabras  -dale puta-, -no pares zorra- me excitaban; uno de ellos prendado de mis tetas me levantó, me puso de frente a esa sucia pared, corrió como pudo mi abrigo, apartó mi colales y clavó sin miramientos su miembro en mi concha húmeda e hinchada, me embestía con rapidez en tanto yo levantaba mi culo a fin de lograr una mayor profundidad en la penetración, no hablábamos, me sujetaba de las caderas y embestía con rabia mi concha, apenas podía mantenerme en pie, parecía elevarme con cada golpe de sus caderas en mi culo. El otro tomó mi pelo y girando levemente mi cabeza introdujo su lengua en mi boca con desesperación, jugaba con ella baboseando mi cara con su saliva mezclada con trago barato, mientras sus manos hurgaban mis tetas apretándolas, pellizcándolas y tirando de mis pezones como si quisiera arrancarlos. El primero apretó fuertemente mi caderas y me dio una estocada brutal, quedándose en mí, mientras acababa, entre su orgasmo y su ebriedad cayó arrastrándonos a todos, no pudiendo volver a levantarse, puse de espaldas a aquel que había jugado con mis tetas y me monte sobre el dejándome llevar en una cabalgata que me hizo acabar recostada en su pecho y le hizo a él estallar en mi útero. Trataban de hablarme pero no podían, así me levanté ordene mis ropas y seguí sin rumbo conocido pero claramente más feliz. 

          Si bien no era primera vez que me aventuraba por aquellos lugares, me encontraba un poco pérdida, las calles del puerto claramente desorientan, el alcohol y el sexo también, al salir de aquel callejón, no me encontraba en el mismo lugar por el que había llegado, sabía que debía regresar al vehículo, a lo menos recordar el regreso al local, llegando a él podría volver sin dificultad, sin embargo la satisfacción que me embargaba termino por llevarme a los pies de uno de los tantos cerros del puerto, esta zona si era peligrosa, pero por más vueltas que daba, sólo parecía ir adentrándome más y más en dicho lugar. No vi venir a aquel grupo de hombres hasta que prácticamente choque de frente ellos, -más cuidado puta de mierda-dijo uno de ellos haciéndose a un lado y dejándome avanzar, intenté volver a enrumbo conocido, me encontraba mareada, a fin de orientarme me detuve a observar el lugar, así me apoyé en una pared percatándome que la casona se encontraba abandonada, me disponía a volver a caminar cuando un brazo me tomó fuertemente del cuello colocando una navaja en mi cara y arrastrándome hacia adentro, me lanzó fuertemente contra una pared, trate de huir pero siempre me aparecía mi retenedor amenazándome, acercándome el cuchillo tomo mi blusa y la arrancó, separándose un poco me dijo -ni sueñes con arrancar- me miraba girando a mi alrededor -no te muevas maraquita- me decía, hasta que lo sentí acercarse por mi espalda tomando desde atrás mi tetas mientras con su otra mano levantaba mi falda, dejando expuesto mi culo el cual se dedicó a manosear a su antojo, le rogué que no me hiciese daño, pero parecía no escucharme, apegando su cuerpo al mí me llevó hacia el marco de una ventana, me tomó del pelo y me obligó a inclinarme de forma que mi cuerpo formó un ángulo perfecto dejando mi culo a su merced, lo sentí cortar mis calzones y escupir mi culo, sentí su pene presionando mi ano, trataba de levantarme pero me tenía aferrada del pelo y me obligaba a permanecer en la posición que le acomodaba, su pene venció la resistencia de mi ano y un grito de dolor escapó de mi garganta, pero siguió presionando hasta lograr introducir completamente su pene en mi culo, sentía arder mi culo cuando comenzó a moverse, entraba y salía de mis entrañas a un ritmo enloquecedor, realmente no podía sentir placer alguno, la posición en la que me encontraba era tan incómoda que no me lo permitía, no obstante en mi interior me gustaba el trato que estaban infringiendo a mi culo, podía adivinar el placer de aquel hombre al someterme de esa manera, -te duele pregunto- , no alcancé a responder cuando me levantó del pelo y siguió penetrando mi culo con movimientos rápidos hasta acabar en él. Sacó su pene de mi culo y sin dejar de tirar de mi pelo, me lanzó hacía un lado, volvió a mirarme y me ordenó desvestirme, cosa que hice lanzándole la totalidad de mi ropa como lo había ordenado, quedándome completamente desnuda frente a él. Se sentó en el piso y yo frente a él seguí su ejemplo, sacó del lugar una botella de alcohol y bebió un trago, no dejaba de mirarme, -me das un trago- le dije, y extendió la botella, no me paré avancé hacia el a gatas, mirándolo hasta alcanzar la botella, sorbí un tragó deje la botella de lado y seguí avanzando, él no decía nada, sólo me miraba sosteniendo fuertemente su navaja en su mano, abrí sus piernas y me acerque aún más, baje mi cabeza y con mi boca alcancé a su pene, hizo un leve movimiento, seguí chupando, me tomó del pelo y me separó.-Eres bien puta- me dijo echándome e un lado, -no te gusta- le pregunté-no es tú asunto, hoy eres mi perra- No dije nada, sólo volví a su pene y comencé a masturbarlo, escuchaba agitarse su respiración, separar sus piernas y dejarse hacer, extendió su mano por mi espalda y comenzó nuevamente a jugar con un dedo en mi ano, me detuve, -sigue- me dijo, espera, ¿estás sólo?, se rio ,espera tú perra, y tomó mi mano y llevando a su pene la movió para masturbarse, seguí haciéndolo mientras le escucha hablar por su celular, no pasó mucho tiempo cuando vi entrar otros cuatro vagos, más ebrios que mi secuestrador, era obvio que se conocían, quedaron pasmados y mudos al verme. Se levantó y los detuvo antes que llegaran a tocarme, conversaban entre ellos alabándome, cuando me ordenó levantarme, se arrimó a mí y poniéndose a mis espaldas levantó mis brazos cruzándolos sobre mi cabeza, dejando expuestas mis tetas las que dada la posición se veían aún más grandes, -es nuestra dijo- y los cuatro se abalanzaron a mi cuerpo, me tocaban, chupaban mis tetas, mi vientre, mi culo, mi concha, en tanto me mantenía en dicha posición, el placer me embargaba toda y mi concha destilaba sus jugos, sus dedos exploraban mi conchita y mi ano introduciéndose por ellos, me daban nalgadas, sus miembros erectos se dejaron ver, los refregaban en mi cuerpo, como pude abrace a dos de ellos y, no sé si esto fue un error, pues otros dos tomaron mis piernas quedando suspendida en el aire, el quinto tomo mis caderas y comenzó a aserruchar mi concha aferrado a mis caderas, mientras los otros me sujetaban, este abusaba de mi cuerpo magreando mis tetas, hasta que acabó en mí. Así pasaron los cinco, que placer sentía, no conocía a ninguno de ellos, eran unos sucios vagos que simplemente abusaban de mí, satisfaciéndose. Me soltaron y bebieron, arrojando alcohol en mí y chupando de mi cuerpo, en medio de ellos, de espaldas, cada uno hacía con mi cuerpo lo que se le antojase, me metían sus dedos, me lamían, me hacían chupar sus penes, lo que les viniera en gana. A fin de elevar nuevamente sus mástiles me masturbe para ellos, me puse de espaldas, en cuatro patas y exhibiendo mi culo, me masturbaba, ¿no quieren partir este culito?, ¿quieren reventar esta putita? ¡mmmm quiero muchos penes¡, -vengan a comer a su zorrita- les hablaba a medida que iba arqueando mi cuerpo, ellos se pajeaban, entonces acercándome a uno de ellos lo empuje de espaldas, chupe su pene y abriéndome de piernas me introduje su pene en la concha, los otros ya querían participar de la fiesta pero les pedí que esperaran, llame a otros dos y les pedí se acomodarán perpendicularmente a aquel que me penetraba apoyando sus cabezas en el pecho de este, inmediatamente percibieron que quedó cada uno a la altura de una de mis tetas, así comenzaron a chuparlas mientras yo me movía sobre mi penetrador, afirmando mis manos en los penes de quienes gozaban mis tetas, los quejidos de ellos y un gran y profundo ronquido de mi orgasmo, desesperó a quienes aún no me gozaban, quien me había secuestrado trató de fornicar mi boca, lo rechacé llamando al otro, situándolo frente de mí, introduciendo su pene en mi boca, lo solté y le dije al último -mi secuestrador- tu párteme el culito, no se hizo esperar y de un solo golpe me rompió el culo, que placer dios, sentía aquellas dos vergas en mi interior peleando entre ellas, otra me ahogaba la boca, y otras dos ocupaban mis manos, les rogaba que me dieran duro, que era su esclava, que mi culo era de cualquiera, se creó un desorden se intercambiaban entre ellos, y así fueron acabando, sin saber cuál en cada uno de mis orificios. Luego de ello, me dejaron en una esquina de la habitación, conversando entre ellos o conmigo, el sueño ya me embargaba, sabía que no podía dormir, de pronto uno se levantó, se paró frente a mí, tomó su pene, lo apuntó y me orinó encima, ni siquiera intente esquivarlo, cuando terminó su meada, le chupe el pene una vez más. 

          Tomé mi abrigo, sin nada más me lo puse y les señalé que debía irme, ninguno se opuso, sólo me preguntaron si volvería, les afirmé que sí, pero que debían preparar algo especial. Ellos mismos me señalaron como llegar al centro de la ciudad, salí de la casa y caminé, sólo cubierta con mi abrigo, me sentía desnuda y feliz, sentía escurrir el semen de mis hoyos, me dolía el culo, la boca, la zorra la tenía hinchada, pero trataba de no pensar o nuevamente me calentaría. El local ya se encontraba cerrado, me subí al vehículo y regrese a casa, a mi mundo, donde no era una callejera sino una respetable dama, que muchos querían poseer, pero no podían vencer el cerco de honorabilidad. Nadie sabía que era cosa de llegar y tomarme, como había sido en esta gran noche.


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