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Fecha: 03-Ene-17 « Anterior | Siguiente » en Confesiones

Cortita pero buena

Callejera
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Cuando llegó mi pareja al bar, quedó sorprendido al verme, no andaba especialmente vestida para una ocasión como aquellas que nos gustan disfrutar de cuando en vez, sin embargo reí pues sabía lo que le estaba provocando. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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          Cuando llegó mi pareja al bar, quedó sorprendido al verme, no andaba especialmente vestida para una ocasión como aquellas que nos gustan disfrutar de cuando en vez, sin embargo reí pues sabía lo que le estaba provocando. En verdad, hacia arriba no era gran cosa, una polera ajustada y un sweater cortito sobre ella, que lógicamente marcaban mis tetas, pero nada del otro mundo. Para abajo y he ahí mi sonrisa, llevaba unas calzas de vinilo, suficientemente ajustadas que dejaban ver mi gran culito. Siempre he sabido que mi culito calienta sobremanera a mi pareja, pero esta vez era evidente que no sólo a él calentaba, pues cada vez que transitaba por el bar, todos los hombres miraban única y exclusivamente es presa de mi humanidad.

          Bueno el asunto es que le solicité me llevase a casa, claro me dijo, y nos despedimos de todos, subiéndonos al auto, ahí conversamos un poco sobre las locuras que hacíamos antes, cuando recién nos conocíamos, -deberías chuparme el pico- dijo, a lo cual sólo sonreí. La casa no se encuentra lejos del bar en que nos encontrábamos, tomó un camino secundario, bajó el cierre de su pantalón y sacó su pene, me agache y comencé a chuparlo mientras manejaba, lo hundía en mi boca y lo sacaba lentamente, conducía cada vez más lento, hasta que detuvo el auto en una esquina, acomodó el asiento, tomo mi cabeza y la hundió haciendo que me tragará todo su pene hasta el fondo de mi garganta. Jugaba con su pene en mi boca, lo chupaba, masajeaba con mi lengua, lo pajeaba mientras le daba pequeños golpecitos en mi lengua, quería hacerlo acabar, me encanta ver como acaban los hombres en mí; pasó su mano por mi espalda para introducir difícilmente su mano entre medio de mi calza, hasta alcanzar mi ano, jugaba en él, introducía uno de sus dedos, lo sacaba y volvía a introducirlo, mientras me hablaba, sin dejar de pajearlo y entre lametón y lametón yo respondía, -si soy una puta-, -el culito es de todos-, -de cualquiera, del que quiera usarlo-, sentía sus dedos abrirme el culo.       Estaba gozando, de pronto me levantó, vamos me dijo viene alguien, eso me excito aún más, me aferré a su pene, pero el insistió en irnos, le suplique que no lo hiciera y seguí chupando con más ganas aún. La persona pasó de largo, o a lo menos eso pensé yo, de pronto le escuche decir que nos estaban viendo, desde la ventana del lado posterior a escondidas nos miraban, podían verme como una puta cualquiera prestando un servicio en el auto, lo tranquilice y como pude traté de ponerme en cuatro mientras lo seguía chupando, levanté mis nalgas, sabía que podían verme, imaginaba que el mirón se estaría pajeando, -que puta eres- me dijo, llevé mi mano hacía atrás y no sin dificultad logré abrir la puerta, sólo esperé, pude sentir que se acercaban, tímidamente y por sobre mi calza tocaban mi culo, con un gesto mi pareja lo ánimo dándole confianza, llevé mis manos hacía atrás y baje mis calzas dejándolas a medio muslo y todo mi culito expuesto, mientras mi pareja afirmaba mi cabeza sin dejarme mirar a quien se entretenía en mis nalgas, fui hacia tras sacando mis piernas fuera del vehículo quedando a la altura de mi extraño abusador, la calza no me dejaba abrir las piernas, mi pareja no me dejaba mirar, sólo sentí introducirse en mi concha un pene duró que comenzó a bombearme con desesperación, gemía mientras pajeaba a mi pareja y sentía como abrían mi concha, no puedo negar el placer que produce en mí el ser utilizada de esa manera, acabé con un pequeño gritito, que hizo explotar a mi pareja en mi boca, mientras mi exquisito desconocido seguía buscando su propio placer -revienta a esta putita- le dije, -hazlo fuerte- y entonces comenzó a darme de golpes con su pene en mi útero, hasta acabar con una gran explosión de semen sobre mi espalda. 

          Se arregló sus pantalones y se fue, me senté, mi pareja hizo andar el vehículo y partimos. Sonreí y le dije -cortita pero buena-. El sólo sonrió. Llagamos a casa y despedí a la nana, quedé imaginando como se desquitaría mi pareja con la nana antes de regresar.


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