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Fecha: 03-Ene-17 « Anterior | Siguiente » en Dominación

Inicios... (5)

carlota
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Después de meditar... hay gente que escoge el buen camino. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

Al cabo de 5 minutos ya tenía los tobillos completamente inmóviles, luego ató mis muslos por encima de las rodillas, para luego preguntarme;

JJ- ¿Prefieres las manos delante o detrás?

Al oír mis gemidos me miro a la cara y se dio cuenta que me había amordazado minutos antes.

JJ- Perdona, no me acordaba Carlota.

Puso mis manos atrás y negué con la cabeza, entendió que tenía que atarlas delante, cosa que hizo con una cuerda de nylon. Una vez terminó se apartó de mi para mirarme.

JJ- Sigo sin entender cómo puede gustarte estar así, pero tú sabrás. Supongo que tendrás que estar estirada en el suelo, ¿Dónde quieres que te coloque?

Mire hacia el sofá, Juan José se acercó y me aguanto mientras saltito a saltito iba hacia el sofá de tres plazas que hay en el comedor, me colocó encima y se reincorporó.

JJ- Como me has explicado antes, tengo que dejarte sola 30 minutos. Estaré en la cocina mientras tanto.

Le miré, me miró y salió del salón, cerró la puerta de la cocina y escuché como se abría otra cerveza, me mire el cuerpo, completamente inmóvil, excitada. Empecé a masturbarme con mis dedos, fue tal la excitación que a los 7 minutos me estaba corriendo como una loca en el sofá, retorciéndome de placer y gimiendo durante largo rato. Escuchaba a Juan José en la cocina, intenté relajarme, respirar por la nariz lo mejor que pude pero no sé qué pasó que me quedé dormida. Me desperté a la mañana siguiente, tapada con una sábana y un cojín en la cabeza, desatada y una nota encima de la mesa junto a una botella de agua con un vaso.

-Cuando he salido estabas dormida, no he querido despertarte. Te he desatado y tapado. Espero que hayas descansado bien-

Me levanté y desayuné copiosamente, estaba hambrienta como hacía tiempo que no lo estaba, le mandé mensajes a Cloe para ver que hacíamos ese día 12 de julio, en principio lo de siempre, le quedaban solo 3 días allí y los quería disfrutar al máximo. Nos fuimos a la playa del pueblo y nos quedamos a comer en una pizzería del paseo marítimo, así aprovechamos para quedarnos en la playa después de comer hasta la hora de irnos a cenar.

Por la noche no salimos, nos quedamos en casa como hicimos el primer día, noche de chicas, nos dijimos cosas que cada una pensaba de la otra y nuestro vinculo se hizo más fuerte. Me confesó que estaba enamorada de un chico 10 años mayor que ella, yo no tuve coraje de decirle lo que había pasado la noche anterior en la misma estancia donde estábamos en ese momento. Si, mejor no decir nada…

El día amaneció nublado, con probabilidad de lluvia, todo un fastidio, pues juntamente, ese era el día que teníamos que ir a hacer submarinismo, actividad que no pudimos realizar, así que Cloe se quedó en su casa preparando maletas pues, al día siguiente por la mañana se marchaba a Bruselas con sus padres. Yo salí a pasear  sobre eso de las 10, anduve unos 4 kilómetros, de los cuales 3 eran por los acantilados que bordeaban las playas y a la vuelta 1 kilómetro, pues era la calle principal que vaya acceso a la urbanización donde vivía, me paré a tomar un café con leche en la zona comercial, el cielo se estaba cubriendo cada vez más y hacia un poco de fresco para ser mediados de julio. Aproveché para leer el periódico y al cabo de una hora salía en dirección a mi casa, estaba cansada y además tenía hambre. Para ir a mí casa podía ir por dos calles, una que daba un poco de rodeo o ir por la que vive el sr. Juan José, decidí esta última y a las puertas de su casa me paré, contemplé la puerta de acceso y pensé en llamar al timbre o no, hablar con él y darle las gracias por cómo se había portado conmigo hacia dos días. Me puse un poco nerviosa pero llamé al interfono.

JJ-¿Quién?

C- Soy Carlota, ¿puedo entrar?

JJ- Claro pasa.

La puerta se abrió y caminé por el camino de piedras sobre el césped hasta la puerta de la cocina, pues la principal apenas la usa.

C-¡Hola!

JJ- Pasa, pasa. Perdona, me pillas haciendo la comida, veo que  estas bien.

C- Si, pasaba a darle las gracias por lo de hace un par de noches, me ayudó mucho.

JJ- Cuando regresé al salón estabas completamente dormida, no gocé despertarte, así que lentamente te fui desatando y al cabo de 15 minutos te saqué la cinta americana lentamente, pensaba que te despertarías, pero tu saliva la había humedecido muchísimo y salió sin dificultad. Subí a tu habitación y cogí la sábana y bajé a taparte por si más tarde tuvieses frio. Ayer pasé por tu casa pero vi que salías con Cloe y me volví a casa.

C- Fue muy amable, espero que lo vuelva a ser…

JJ- El otro día me pillaste sentimental, estaba preocupado por ti. Ahora no se si podría volver a hacerlo…

C- Espero que si. Tengo que irme. Solo he venido para darle las gracias y además usted tiene faena.

JJ- No te preocupes, ¿te quieres quedar a comer?

C- No, gracias, no se lo tome a mal, pero tengo que hacer las maletas que en dos días yo también me voy.

Le di dos besos y salí por donde había entrado, cruzando el jardín por el sendero de piedras, llegué a la puerta, la abrí y salí. Al llegar a casa me preparé un precocinado Yatekomo (fideos con pollo y curri) junto con una cerveza. Le dije a Cloe que me pasaría por la noche a despedirme, pues se iban muy temprano. Comí y dormí una siesta de una hora, luego preparé las maletas y limpié la casa, sobre las 7 fui a casa de Cloe a cenar con ella y sus padres y a despedirme de ellos hasta el verano próximo. Me invitaron a pasar las Navidades con ellos, pero le dije que eso lo hablaran con mis padres, ellos mandaban a pesar de tener yo 18 años.

Como se iban de madrugada no me demoré mucho y a las 9 salía de su casa, querían llevarme, pero dije que no, que me pasaría a tomar algo por la zona comercial y luego iría a casa. Las calles estaban llenas de gente, vaya diferencia con lo que eran esas calles en invierno, llegué a la zona comercial y entre en el bar, me pedí una cerveza a modo de capricho, solo me había tomado una en los 15 días que llevaba allí, estuve sobre ¾ de hora, la melancolía se apoderó de mí, me iba en apenas  24 horas y esos habían sido los 15 días más intensos de mi vida, más incluso cuando quedé con un agricultor en un pueblo a 20 km de mi casa para charlar sobre BDSM.

Llamé al camarero para que me dijera que le debía del botellín de cerveza cuando este me dijo que ya estaba pagado, le pregunté por quién y me respondió señalando al otro lado de la barra. Allí estaba el sr. Juan José, mirándome con cara un poco triste. Me acerqué a él y le saludé;

C-Hola sr. Juan José, muchas gracias por la cerveza, no le había visto.

JJ- Hola Carlota, de nada. Ya estaba aquí cuando has entrado, no me he acercado porque te he visto decaída, me pensado que si has venido aquí y tomarte una cerveza era para desconectar.

C- Si, ha acertado. Mañana a las 6 se va Cloe y yo me iré por la tarde, mi padre tenía que venir a buscarme el día 16, pero prefiero volver sola, así me relajo y me espabilo un poco más.

JJ- Te diría si necesitas algo, pero no se porque me dirás algo que ya hemos hablado…

Sonreí mientras agachaba la cabeza.

C- Me iría muy bien repetirlo hoy. – decía con la mirada perdida observando la televisión.

JJ- Entonces vamos.

Me giré para mirarle, no podía ser que ese hombre dijera eso. ¿Qué estaba pasando?

JJ- No te extrañes Carlota, aún recuerdo tu cara de felicidad cuando regresé de la cocina, no se me borra de la cabeza, me dijiste que te cuidara y eso quiero hacer ahora que más lo necesitas, más que hace unos días incluso.

Le miré agradecida, recogió su bandolera…

JJ- ¿quieres que te acerque a casa? – dijo a modo de disimulo

C- Si gracias, sr. Juan José.

Me abrió la puerta y salimos del bar, las mesas de la terraza estaban llenas y nos dirigimos hasta su coche, un Nissan Qasqai que se había comprado al jubilarse. Nos subimos y salimos en dirección a mi casa, pero a escasos segundo de iniciar la marcha le propuse que si no le era inconveniente ir a la suya, no fuera que mis padres vinieran sin avisar y nos encontraran allí. Le pareció bien, solo dijo que si no me sentiría incomoda estando en una casa que no fuera la mía. Le dijo que no, que confiaba en él y que para mí eso era un plus, hacerlo en una casa que, a pesar de conocerla completamente, no era la mía…

Una vez dentro de la propiedad,  cogió las cuerdas  que anteriormente había utilizado y que tenía guardadas en el garaje, cuando regresó yo estaba en la cocina sirviéndome una cerveza y otra para él.

JJ- ¿siempre lo haces de la misma forma?

C- Que remedio, una sola tiene pocas opciones, pero siendo dos se extiende más el abanico.

JJ- Tú dirás, yo estoy aquí para ayudarte y cuidarte jejeje. ¿Qué te gustaría probar?

C- Muchas cosas, pero no quiero que huyas, mejor repetimos lo del otro día. Pero esta vez despiértame…

JJ- Tenlo por seguro.

Esa noche yo llevaba un short jean y una camiseta rosa claro, no un pijama como hacía unos días, me puse a escasos centímetros del sofá y empezó a atarme de la misma manera, lo que esta vez me colocó esparadrapo en lugar de cinta americana.

Mientras yo me retorcía en el sofá donde muchas veces me había sentado con mis padres, el hacía pizzas para cenar, estuve tocándome durante diez minutos hasta que un orgasmo me recorrió entera, mi vagina tenia contracciones que me hacía gemir incluso más que la vez anterior. Noté como mi entrepierna estaba completamente mojada,  me quedé esperando a que el sr. Juan José regresara, inmóvil viendo como ese hombre había aceptado mis fantasías y por caridad o compasión, se estaba convirtiendo en mi cómplice.

Al rato salió y me desató, mi cuerpo tenía las marcas de las cuerdas y mi boca se había dormido con tanta vuelta que dio al esparadrapo.

JJ- ¿Cómo estas Carlota?

C- Como nueva, muchas gracias sr. Juan José.

JJ – Llámame Juanjo cuando estemos como ahora.

C- De acuerdo Juanjo.

Pusimos la mesa y cenamos, luego le enseñé unos videos sobre BDSM, me miro asustado, pues eran sobre bondage, momificación y confinamiento.

JJ - ¿De veras quieres que haga esto?

C- Si, si usted quiere claro…

Llegó el día de que Cloe se iba a Bélgica, yo esa mañana me despedí de Juanjo, me acercó al pueblo para que cogiera el tren que me llevaría a Barcelona y de allí a Lleida. El viaje fue muy tranquilo, pensé en lo ocurrido mientras intercambiaba whatsapp’s con Cloe. Juanjo se había comprometido a que me ayudaría en todo aquello, fue una larga noche, negociando hasta cerca de las 3 de la madrugada, luego me llevó a casa en coche. Todo un detalle.

Como decía, durante el viaje estuve haciendo resumen, de lo vivido y de lo que estaba por venir. Había pactado con Juanjo que nos veríamos cuando yo le mandara un mensaje o una llamada. Pero el mes de agosto sería complicado, pues mis padres estarían en el chalet y no sería fácil. En principio serían a primera hora, pues yo salía a correr o por la noche, diciendo que salía a mis padres, pero a mis amigos del pueblo que no podía. Pactamos también que las sesiones no serían como hasta ahora, pues a mí me excitaba el estar atada, la masturbación era un plus.

Pasaron esos quince días lentamente, con mis amigos de Lleida. Disfrutando de mi ciudad. Pero llego el día 30 de julio y en casa ya teníamos las maletas preparadas para un mes entero de vacaciones y en mi caso, de morbo…


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© carlota

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