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TODORELATOS » DOMINACIÓN » VALERIA -DE ESPOSA FIEL A PUTA SUMISA- 3ª PARTE
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Fecha: 04-Ene-17 « Anterior | Siguiente » en Dominación

VALERIA -De esposa fiel a puta sumisa- 3ª parte

ReigDreed
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Tiempo estimado de lectura: [ 44 min. ]
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Valeria recibe una llamada de su Amo mientras esta en el gimnasio. Tiene un nuevo cliente que atender. Pero primero deberá pasar una prueba allí mismo, que nunca pensó que sería tan dura. Dominación, humillación, exhibicionismo y mucho morbo. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

Siento mucho la tardanza en continuar la historia. Pero mi tiempo es muy limitado y estoy dando prioridad a otros relatos.

Espero que sepáis disculparme y podáis disfrutar de este relato. Donde Valeria, continuara su camino hacia la más completa degradación, por encargo de su marido.

 

 

Busque rápidamente a Sergio que estaba en el salón al lado de la ventana. ¿Me habría visto salir de aquel coche? Cuando me vio con aquella ropa, se quedó con la boca abierta. Me puse frente a él y trague todo lo que tenía en mi boca. Era delicioso. Fue a decirme algo pero le calle con un beso con lengua apasionado. Él me correspondió y me agarro del culo. Debió notar que no llevaba bragas. Me dio igual. Cuando pude notar su polla dura contra mí. Me aparte de él y le dije.

-Tengo que ir un momento al baño.

No espere contestación y dejándole con la polla dura, me fui a recuperar mi alianza y esta vez, también el condón de aquel viejo.

 

VALERIA -De esposa fiel a puta sumisa- 3ª parte

Había pasado una semana desde el último encuentro con Jorge, donde me había puesto a prueba como su puta. Y lo mejor, era que yo había aprobado y creo, que con buena nota. Me sentía sucia por lo que hice, pero las ganas de ser su putita y que me tuviera a su disposición para lo que quisiera, aunque fuera para cederme a otros hombres, me mantuvo caliente todo ese tiempo. Sergio, mi marido, estaba igual. Desde entonces no le había dejado tocarme. Como ordeno mi amo, solo podía follar con quien él me autorizara y no pensaba desobedecerle, ni siquiera con mi marido, por mucho que le amara.

Yo siempre había sido una mujer caliente, el sexo para mí, debía ser casi diario, enseguida lo echaba en falta si no follaba con mi marido en un par de días. Y el estar una semana, sin ni siquiera tocarme yo misma… Y claro, Sergio me buscaba. Me ponía más cachonda aun cuando mi marido me apretaba su polla contra mi culo en la cama y yo le decía que no podía ser. Saber que ambos estábamos privados de nuestro placer, por el simple capricho de un hombre, al que casi ni conocía, me excitaba aún más. Era un círculo vicioso, donde mi lujuria se unía a mi tortura.

Pero ya eran muchos días sin tener noticias de él. Esa mañana había ido al gimnasio. Como Marta llevaba días sin ir, no me apetecía meterme en ninguna clase, por lo que fui un rato a la sala de fitness a poner mi culo duro para mi amado Jorge. Allí estaba yo, en la típica máquina de glúteos que te deja con el culito en pompa, mientras unos chavales, los típicos chulillos de gimnasio, hacían que entrenaban justo detrás de mí, para deleitarse de mi culo enfundado en mis ajustadas mallas. Aquello, la verdad me ponía cachonda. Tantos días sin sexo y con todo lo vivido en mi cabeza, me mantenía caliente constantemente. Por eso, quizás, ese día había elegido las mallas más finas que tenía, las cuales se transparentaban bastante y mucho más si me agachaba, como estaba ahora mismo. El tanga rojo que había elegido para mi sesión de gimnasio, tampoco ayudaba a que mi culo no fuera el centro de las miradas. Algo había cambiado en mí, siempre me había gustado sentirme deseada, pero ahora rozaba lo indecente.

Notando como mi tanga se mojaba por mi exhibición ante los chulillos esos, sonó mi móvil. Pensé que sería Sergio desde el trabajo, pero no. Era él. Descolgué inmediatamente sin moverme de la máquina.

-¡Jorge! Que alegría escucharte.

-¿Cómo que Jorge?

-Perdón, Amo. Que alegría de escucharte, Amo.

-Eso está mejor. Pero mereces un castigo.

-Si Amo, lo que quiera.

-Tengo un cliente para ti, después te mandaré la dirección y la hora. Quiero que te lleve tu marido a la cita. Pon la excusa que quieras, pero quiero que vea como entras en esa casa y que después te recoja cuando termines.

-Si Amo, no se preocupe, algo se me ocurrirá para hacerlo.

-Así me gusta Valeria. Por cierto tu castigo ¿Dónde estás?

-En el gimnasio Amo, para ponerme en forma para ti.

-Eso está muy bien. Quiero que ofrezcas tus servicios al hombre que tengas más cerca.

-Pero… aquí me conocen, vengo siempre…

-¿Me estas desobedeciendo?

-No, no. Lo haré. No se preocupe.

-Así me gusta Valeria.

-¿Cuándo podré verle?

-Si haces bien tu trabajo con este cliente, nos veremos. Es un empresario importante, compórtate como espero de ti.

-Así lo hare Amo, no tendrá quejas de mí, se lo aseguro.

-Eso espero.

Y colgó. Ya tenía un cliente nuevo, bueno dos. Pues me acababa de ganar otro como castigo por mi estupidez. Como se me ocurría llamarle por su nombre en vez de Amo. Escuche risitas detrás de mí. ¡Dios! Se me habían olvidado mis mirones. Había estado hablando con mi amo con ellos escuchándolo todo. Hoy estaba más estúpida que de costumbre. Les miré y los dos se estaban riendo descaradamente de mí. Eran los que tenía más cerca. Y ya que habían escuchado todo, eran la mejor opción para cumplir mi castigo. Me di la vuelta sin bajarme de la máquina, dejándole así, mi culo ofrecido.

-Hola chicos ¿de qué os reis?

-Nada, nada. ¡Jajaja!- dijo uno de ellos, riéndose.

-Yo creo que os reis de mí.- les dije.

-Pues mira sí. ¿A tu amo no le gusta que se rían de ti?- me dijo el otro, dejando claro que me habían escuchado.

-Claro que sí, le encanta. Pero prefiere ganar dinero con ello.- les dije.

Los chavales volvieron a reírse a carcajadas al decirles aquello.

-Entonces a parte de tu Amo, es tu chulo. Eso te convierte a ti en una puta.- me dijo el mismo.

-Exacto. Veo que sois muy listos.- les dije, haciéndome la tonta aduladora.

-¿Y cuánto cobras?- me preguntó el otro.

-Depende de lo que queráis hacerme.- les dije.

-Nos gusta esto de reírnos de ti. Y tu culo también nos gusta.- me dijo, el que parecía más atrevido.

-Mi culo os lo dejo por 50€ y por otros 50 por media hora para reíros de mi lo que querías.- les dije, debido a mi calentura y sin saber dónde me estaba metiendo.

-¿100€ y podemos usar tu culo y reírnos de ti como queramos?- me preguntó el más tímido.

En ese momento, me di cuenta de lo que estaba haciendo. Me estaba prostituyendo en mi gimnasio, donde iba varios días por semana. Con unos chavales, que dudo mucho, que tuvieran la boca cerrada después de aquello. Encima, no lo me había bastado con ofrecerles un polvo y punto, casi les había regalo mi culo y la oportunidad de humillarme. ¿Estaba loca? No lo sé, pero lo que sí estaba era excitada.

-Cada uno, claro. Esa es la oferta de hoy. Pero solo para pagos en efectivo, si no los tenéis encima, sintiéndolo mucho, me tendré que ir.- les dije, esperando tener una oportunidad para librarme del lio, donde yo solita me había metido.

Hablaron entre ellos y por sus caras, parecía que iba a tener suerte y no llevarían tanto dinero encima.

-Vamos al vestuario a por las carteras y vemos cuanto tenemos ¿vale?- me dijo el tímido.

-Claro chicos. Aquí os espero, poniendo durito mi culo.- les dije, continuando en mi papel de zorra.

Ellos se fueron a buscar el dinero. Mi cabeza era un mar de sentimientos. Por un lado quería escapar de allí, pero eso sería desobedecer a Jorge. No era una opción. Mi única escapatoria real, sería que no tuviesen el dinero encima. Pero algo en mí deseaba que no fuera así y que esos chulitos trajeran 200€ para follarme por primera vez en una semana. Aunque fuera por mi culo, e incluyera las humillaciones que se les ocurriera. Seguí, como les había dicho, entrenando en aquella máquina. En dos minutos estaban de vuelta.

-Tenemos un problema.- me dijo el tímido.

-¿No tenéis el dinero?-les dije, con sentimientos enfrentados.

-Solo tenemos 70 € entre los dos. – me contestó el mismo.

-Eso es muy poco. Uno de vosotros se quedará sin probar mi culete.- les dije.

-Ya. Pero no queremos eso. Podemos ir a un cajero a por más dinero.

-Lo siento, no tengo tiempo para esperar.- les dije, intentando evitar que lo consiguieran.

-¿Y por qué no nos haces otra oferta?- dijo el atrevido.

-Ya os he hecho una. Y creo que era bastante buena.- les contesté.

-Y si cambiamos el follarte el culo, por una mamada a cada uno.- me dijo esté.

Lo pensé por un segundo. Era un mal menor. Ya había dado el paso de mostrarme como una puta en el gimnasio, la fama ya la tendría, hiciera algo o no. Además, si le llevaba ese dinero a Jorge, seguro que se pondría contento de saber que había cumplido.

-Está bien, pero porque me habéis caído bien.- les contesté.

-¿Y lo de reírnos de ti… como seria?-me dijo, el tímido.

Pensé que se habían olvidado de eso y se conformarían con las mamadas. Pero pensar que se les podría ocurrir, me atemorizaba y a la vez me excitaba.

-Por 70€… os dejo que cada uno me mandéis hacer algo. Lo que queráis, aunque sea humillante.

A ellos se les abrieron los ojos con esa frase. Creo que acababa de sentenciar mi reputación en ese gimnasio.

 -Venga, pues donde vamos.- pregunto el mismo.

-¿Tenéis bañador?- les dije yo.

-Sí, claro. Luego íbamos a la piscina.

-Pues, creo que la sauna del spa, sería el sitio perfecto para tener intimidad.

-Perfecto, vamos a cambiarnos y nos vemos allí.- me dijo el atrevido.

-Allí os espero guapos.- les contesté.

Se fueron y yo me quede un minuto allí. Pensando lo que acababa de hacer y lo que me esperaba. No era el hecho de hacerles una mamada. Eso casi, lo estaba deseando. Era lo que eso me repercutiría. Como volvería al gimnasio, sabiendo que esos chicos podían correr la voz de que yo era una puta que iba ofreciéndose allí. No podía darle más vueltas o me arrepentiría. Fui camino del vestuario. Intentando no pensarlo. Pero mi paranoia me hacía pensar que la gente que me miraba, sabía lo que estaba a punto de a hacer.

En el vestuario, me cambie y me puse mi bikini que siempre tenía en la taquilla, por si me apetecía un chapuzón en la piscina o relajarme en el spa. Pero hoy no me iba a relajar demasiado. Cogí una toalla y fui al encuentro de esos dos chicos.

Cuando llegue, ya estaban dentro de la sauna. Entre y cerré la puerta. Como es normal, el calor y la humedad hacia que ellos ya estuvieran sudando.  Al verles en bañador, me di cuenta que no estaban nada mal.

Eran dos chicos jóvenes, de unos 25 años. Con el cuerpo bastante trabajado en el gimnasio, sin estar demasiado musculados, la verdad que tenían un cuerpo apetecible. Eso me ayudaría en mi trabajo. El más atrevido era a su vez el más bajito, sobre 175 cm, pero también el más musculado. El otro era un poco más alto, rondaría los 180cm y más delgado que su amigo.

-Lo primero, las mamadas.- dijo él más bajo. Quitándose el bañador.

Cuando vi aquella polla joven, de un tamaño normal, pero suficiente, supe que no había marcha atrás. Aunque me cueste reconocerlo, la boca se me hizo agua al verla, al igual que otra parte de mí. Su compañero le imitó dejándome ver una polla un poco más pequeña, pero él tenía aquella parte sin pelo alguno,  lo que me dejo ver unos grandes huevos colgando del banco donde estaban sentados. Puse mi toalla en el suelo y me arrodille entre ellos.

-Vamos a ver qué tal la chupas zorrita.- me dijo él más alto.

-Me dicen que lo hago muy bien, a ver vosotros que opináis.- les contesté, poniendo mis manos en sus muslos, para ir calentándoles.

-No te preocupes, luego te ponemos nota.- dijo el mismo.

-¿Y quién te ha dicho que la chupas bien? ¿Tu maridito?- me dijo el atrevido, mirando mi alianza que había quedado bien a la vista al poner mi mano sobre su muslo.

Que imbécil. Ni siquiera había pensado en mí alianza… Ahora, aparte de que podrían correr la voz de que soy una puta, también podían hacerlo con que estoy casada. Yo misma estaba destrozando mi imagen en aquel gimnasio a pasos agigantados. Pero ya no podía hacer nada. Solo disfrutar.

-Pues sí, entre otros muchos. Pero como decís, luego me ponéis nota como chupapollas.- les dije, llevada por mi excitación, humillándome yo sola.

-Pues venga zorra casada. ¿No tenías prisa? Empieza a chupar entonces.- me dijo él alto, que ya no me parecía tan tímido.

Tenían razón, entre más tiempo estuviera allí de rodillas hablando, más fácil sería que alguien quisiera usar la sauna también. No me entretuve más y lleve mi boca al que me había dicho eso. Su polla, que no estaba dura del todo, empezó a crecer en mi boca rápidamente. Estuve un rato chupándosela, notando como me estaba empando la braga del bikini. Una semana sin sexo hacia que devorase esa polla como si fuera lo más delicioso del mundo. De repente note unos golpecitos en mi cabeza. Su amigo requería mi atención. Me saque aquella polla y fui en busca de la de su amigo que ya la tenía bien tiesa. Le bese la punta, como pidiéndole perdón por el retraso y luego me la metí empezando a chupar. Mientras, con mi mano pajeaba al chico alto, para que no se sintiera desatendido. Aquel rabo era bastante más grande que el de su amigo ahora que estaba completamente duro en mi boca. Me costaba mucho tragármela entera. Y él con su mano en mi cabeza me animaba para que lo hiciera.

-Vamos zorra, trágatela entera. Para una mamada así tengo a mi novia.- me dijo él.

Intente tragármela del todo, pero no era capaz. Por su parte, su amigo me saco una teta del bikini y empezó a amasarla como si no hubiera tocado una en su vida. Eso no estaba dentro del trato, pero la verdad es que me estaba calentando con su magreo, por lo que le deje hacer. El otro seguía empujando mi cabeza, tratando de que metérmela entera, pero solo consiguió que me viniera una arcada y sacase su polla de  mi boca babeando. Mientras yo trataba de coger aire me dijo:

-Venga puta. Si no te la meto entera no te pago un duro. Vaya mierda de chupapollas estas hecha.

-Déjame que pruebe con la de tu amigo, que es más pequeña y luego volvemos a intentarlo ¿vale?- le contesté, dejando en evidencia a su amigo.

-¿Has escuchado a esta puta? Te ha llamado pichacorta.- le dijo a su amigo riéndose.

-Pues a ver si piensa que están pequeña cuando la tenga en la campanilla.- dijo su amigo, cogiéndome del pelo y llevándome a su polla.

Me dio dos pollazos en la cara, entendí que para que abriera bien la boca y así lo hice. No tardo en metérmela de golpe, como intentando vengarse de mi comentario, tan poco afortunado. La metió todo lo que pudo, que sin llegar hasta mi campanilla, si hacía que me atragantara. Pero sujetándome la cabeza no me dejo sacarla. Le di palmadas en sus muslos, para que me soltara. Después de unos segundos, que para mí fueron agonizantes, lo hizo pero sin llegar a sacármela del todo. Cogí aire como pude, con su polla aún dentro, hasta que empezó a follarme la boca, moviendo mi cabeza salvajemente. No había sido buena idea menospreciar el tamaño de una polla que tenía que chupar. Estaba claro que hoy, todo lo que salía de mi boca, no me hacía ningún favor a mí misma.

Intente relajar mi garganta, para evitar las arcadas y así poderme tragar aquella polla, que ya no me parecía tan pequeña. Pero él no paraba de follarme salvajemente la boca y solo la sacaba unos segundos, que yo aprovechaba para coger aire, mientras me daba pollazos en la cara. Su amigo, mientras estaba ocupada intentando chupar esa polla, me quito del todo el sujetador de mi bikini y me bajo las bragas hasta las rodillas, ya que en mi posición no podía hacer más. Metió su pie desnudo entre mis piernas y empezó a frotarme con él.

Era la primera vez que me tocaban allí desde hacía una semana, por lo que aquel roce, aunque fuera con el pie, me hacía ver las estrellas. Seguí aguantando la follada en mi boca, ya que no podía decir que se la estuviera chupando, mientras el otro me masturbaba con el pie.

-Espera tronco, que a esta zorra le encanta mi pie.- dijo él a su amigo.

-Puta, túmbate en el suelo con las piernas bien abiertas.- me dijo a mí.

Lo cachonda que estaba, hizo que no me pensara dos veces si debía obedecerle o no. Me tumbe notando el calor y la humedad del suelo de la sauna y quitándome las bragas del bikini, me abrí de piernas para ellos. No sabía que me iban a hacerme pero yo ya estaba fuera de control.

-Venga tío, sigue follándote su boca, que yo me ocupo de mantenerla caliente con mi pie.- volvió a decirle a su amigo.

El que me estaba follando la boca, se puso de rodillas sobre mi pecho. Dejándome su polla en mi cara y sus grandes huevos depilados en mi boca. Se los lamí con gusto, pues comparados con los de aquel viejo era una delicia. Acabe con ambos huevos dentro de mi boca, lo que hizo que tuviera que tenerla bien abierta, pues de verdad eran enormes. Fuera de mi visión, pues el chico que tenía sentado sobre mi le tapaba, su amigo volvió a usar su pie en mi coño, pero esta vez metiéndome sus dedos en él. Masturbándome con su pie. Era bastante brusco, pues más que masturbarme, era como si me diera patadas allí abajo. Me dolía, pero me gustaba. Abrí todo lo que pude mis piernas y cada vez sus dedos entraban más dentro de mí. Mi otro “cliente” se cansó de tener los huevos dentro de mi boca, por mucho que quise darle placer lamiéndolos con mi lengua desde dentro y me los saco, dejando mi boca vacía y dolorida por tenerla tan abierta. Me dio otro par de pollazos en la cara y yo abrí mi boca, me la metió, dejando que esta vez fuera yo quien se la chupara.

Continúe mamando mientras su amigo me seguía follando el coño como si jugara al futbol con mi coño. Sentir aquello, hizo que bajase el ritmo de mi mamada, por lo que nuevamente el chico empezó a follarme la boca. Esta vez como estaba tumbada en el suelo, puedo ponerse encima mío, siendo aún más real que me estaba follando la boca.

Su ritmo era frenético, al igual que de su compañero con su pie. Apenas podía respirar y gemir al mismo tiempo. Note que me iba a correr con su pie. Y cuando el chico que tenía en mi boca metió bien dentro su polla y empezó a correrse directamente en mi garganta, no aguante más y sin poder gritar, me corrí mientras intentaba respirar por la nariz.

 Intente aguantar con su polla en mi garganta, pero viendo que no se quitaba empecé a patalear y darle golpes con mis manos. El que tenía encima de mí me sujeto los brazos, manteniendo su polla dentro de mí y el otro chico me sujeto las piernas con sus manos, dejándome totalmente inmovilizada. De mi boca salía lo poco de su corrida que no había ido directamente a mi estómago, junto con mi propia saliva, llenándome la cara y la nariz, lo que me dificultaba todavía más respirar. Fueron unos segundos agónicos. Cuando él chico que tenía encima, debió ver mi cara completamente roja por la falta de aire, fue cuando saco su polla de mi boca, dejándome por fin respirar. Yo no paraba de toser con mi boca aun llena de aquella mezcla, mientras el chico pasaba su polla por mi cara limpiándosela de mis babas.

-¡Ahora no te parece tan pequeña verdad puta!- me grito, mientras yo seguía tosiendo.

-¡Contesta zorra! O te la vuelvo a meter hasta la campanilla.- me amenazó.

-No, no, tu polla… es muy grande. Lo siento… perdóname…- le suplique apenas sin aliento.

Estaba completamente humillada por esos dos chavales mucho más jóvenes que yo. Pero a su vez, tremendamente cachonda. No sé cómo podía sentirme así. Lo que hacía unas semanas hubiera sido para mí una pesadilla, ahora me provocaba un increíble morbo. Jorge me había convertido en una puta salida. O ya lo era y él solo lo había sacado a la luz. Lo que estaba claro es que había aprendido la lección y no volvería a menospreciar a un cliente con el tamaño de su pene.

-Bueno zorra, ya has acabado con mi amigo. A ver si ahora eres capaz de tragarte entera mi rabo.- me dijo el otro chico, sacando sus dedos del pie de mi sexo.

Cuando su compañero se levantó de encima de mí me volví a poner de rodillas, esta vez desnuda completamente. Andando sobre ellas, fui hasta el chico que esperaba con su polla mirando al techo se la sauna, que yo fuera capaz de tragármela entera. Viendo su tamaño, lo dudaba, pero haría todo lo posible para que aquel chulo de gimnasio me pusiera buena nota. Fui a meter mi cara entre sus piernas cuando me dijo:

-Espera zorra. Te has corrido con mi pie. Lo suyo es que le des las gracias primero.

Yo le miré a los ojos y vi una mirada perversa. Ese chico ya empezaba a humillarme, si no lo había hecho ya haciéndome que me corriera con su pie.

-Muchas gracias por hacer que me corra con tu pie.- le dije.

-A mí no, a mi pie.- me dijo él.

Estaba claro que las humillaciones empezarían antes de terminar las mamadas. Pero excitada como estaba, no me importó. Mirando a su pie le dije:

-Muchas gracias por hacer que me corra contigo.

-No te oye, díselo más cerca.- me dijo el dueño del pie.

Poniendo mis manos en el suelo, agache mi cara hasta su pie, dejando mi culo en pompa y bien abierto, que bien seguro, el otro chico disfrutaría de la visión de mis agujeros.

-Muchas gracias pie. Me ha encantado como me has follado.- le dije, esta vez.

-Mucho mejor. Ahora límpiamelo, que está lleno de tus sucio coño.- me ordenó.

Otra humillación nueva, limpiar el pie de un macarra de 25 años, de mis propios jugos. Saque mi lengua y así lo hice, dando pequeñas lamidas como si de una perrita obediente se tratase. Como era habitual últimamente en mí, mi lado sumiso se adueñó de mi cordura y ya no me importaba lo más mínimo humillarme para ellos. Es más, me gustaba.

-Venga ya, que veo que te pone lamer pies. A ver qué tal se te da con mi rabo.- me dijo.

Le di un último beso para despedirme de quien me había dado mi primer orgasmo en una semana y volví a ponerme de rodillas entre sus piernas. Metí en mi boca aquel gran rabo y empecé a chuparlo de arriba abajo, intentando que mi garganta se acostumbrara a lo que debía tragarse por completo. Con aquellos movimientos y mi garganta relajada, casi era capaz de metérmela entera. Pero todavía quedaba un pequeño pedazo de polla por fuera de mis labios.

-Vamos puta. Hasta que tu lengua no toque mis huevos, no voy a sacártela de la boca.- me dijo, empujando mi cabeza hacia ellos.

Ahora si sentía mi garganta forzada. Me puse nerviosa y ya no controlaba como antes aquel enorme trozo de carne que buscaba entrar del todo. Volví a llenarme de babas, que veía como caían por lo poco de su polla que estaba fuera de mi boca, hasta llegar a sus huevos. Recordé lo que me dijo y forzando aún más mi situación, saque mi lengua intentando llegar a sus huevos. Casi podía tocarlos con la punta, pero aún no lo conseguía.

-Creo que hay que motivarte. Ya verás como ahora llegas a lamerme los huevos.- me dijo.

El muy cerdo me tapo la nariz con sus dedos y con la otra mano siguió empujando mi cabeza. Ahora no podía respirar de ninguna manera. Intente que me soltara con mis manos. Pero su amigo me las sujeto y me las puso a la espalda, haciéndome un poco de daño. En esa posición, ya no tenía nada que hacer. Mi única salida era metérmela entera antes de quedarme sin aire y morir ahogada con una polla en la boca. Deje de hacer fuerza con el cuello y olvidándome de lo que tenía en mi garganta, deje que fuera el chico, con su fuerza, el que terminara de meterme la polla entera en la boca. Casi sin aliento, note mis labios chocar con sus huevos. Era el momento, saque mi lengua de nuevo y los lamí, lo hice rápido y con las pocas fuerzas que me quedaban. Me soltó la nariz y sin sacar su polla de mi boca, pude volver a respirar.

Después de coger aire e intentar relajarme, le mire a los ojos, pidiéndole clemencia. El muy cerdo se reía de mi cara, seguro que roja por todo lo que había pasado.

-¿Quieres que te la saque?- me preguntó.

Con aquello tan dentro de mi garganta, ni siquiera podía emitir ningún sonido. Por lo que simplemente le volví a mirar, y pestañeando, rece porque entendiera que sí.

-¡Jajaja! Puta de mierda. Seguro que tu marido no la tiene como yo. Sino estarías acostumbrada a comerte pollas como la mía.- me dijo, empezando a sacarla lentamente.

Cuando por fin dejó mi boca libre, respire profundamente, apoyada en su muslo. No tenía fuerzas ni para mantenerme de rodillas. Su amigo seguía sujetándome los brazos en mi espalda, aunque yo no hiciera ninguna fuerza para librarme de ellos. Aun respirando agitadamente le di las gracias.

-Gracias, muchas gracias.

Parecía estúpida. Le daba las gracias por dejarme respirar, después de que había sido él quien me lo había impedido.

-Venga, que me tienes apuntito. Pajeame que quiero correrme en tu cara.- me dijo.

Al menos todo esto había servido para tenerle listo para correrse. Ahora con un paja acabaría con él. Le cogí su herramienta con mi mano y empecé a pajearle.

-¡Vamos zorra, rápido!- me dijo, a la vez que me daba una bofetada en la cara.

Me asuste por el golpe, aunque me picaba la cara, no había sido demasiado fuerte. Mi ritmo no cambio debido a la sorpresa, por lo que me lleve otra bofetada.

-¡Venga puta casada! Te voy a estar dando hostias hasta que me corra.- me dijo él, cumpliendo su amenaza.

Ahora sí que aumente mi velocidad pajeándole, cada dos o tres segundos me abofeteaba la cara. Que sin hacerlo con demasiada fuerza, conseguía que mis mejillas me picaran mucho. Pero no era el dolor lo peor, era el sentirme una puta degradada, que tenía que pajear a un niñato mientras él me abofeteaba entre risas. Los dos se reían de mí, mientras mi cara debía tener ya la marca de su mano. La mía, por el contrario, bajaba y subía a toda velocidad, lo que hizo que por fin el chico dejara de pegarme. Entendí que le llegaba el momento de correrse y colocando mi cara bien cerca, deje que su corrida se estrellara en mi cara roja y dolorida.

El chico después de eso, se derrumbó sobre el banco en el que estaba sentado. Yo estaba feliz por haber acabado mi trabajo. El otro chico soltó mis brazos y me dijo.

-¡No te limpies eh!

-No, no. Tranquilos.- les dije, quedándome de rodillas como me había dejado.

Él también se sentó en el banco, mirándome los dos como yo había quedado. Completamente desnuda, con mi cara roja por las bofetadas y las mamadas salvajes que había hecho. Y llena de  mis babas y la corrida del último chico. A mí me parecía bastante humillante ya. Pero algo en mí me hizo volver a hablar.

-Bueno chicos ¿Qué nota me ponéis?- les pregunté.

-¡JAJAJAJA!- rieron los dos al escucharme.

-Al final has conseguido tragártela entera, aunque con mucha ayuda. Yo te pongo un notable bajo.- me dijo el más bajo, el que se había corrido en mi cara.

-Pues a mí me parece que para dedicarte a esto no tienes ni puta idea de chupar. He tenido que hacer yo todo el trabajo. Te pongo un 5, porque te lo has tragado todo. Seguro que mis espermatozoides estarán dando vueltas por tu tripita.- me dijo el otro.

-Lo siento chicos, si os he decepcionado. Soy nueva como puta. Pero aprendo rápido, la próxima vez ya veréis como lo hago mejor.- les dije, volviéndome a degradarme yo sola.

-Eso espero. Pero bueno, ahora toca reírnos de ti.- me dijo el bajito.

-¿No os habéis reído ya bastante?- les dije, que tal y como yo estaba, ya era motivo suficiente para reírse de mí

-Bueno. Pero eso ha sido porque no sabes chupar, Ahora toca las humillaciones que nos habías prometido.- dijo el otro.

-Está bien. Podéis pedirme una cosa cada uno. Pensarla bien.

-Ya está pensado no te preocupes. Yo quiero tu toalla como recuerdo.- me dijo el más bajo.

Me pareció una tontería, si me hubiera pedido el bikini, hubiera entendido que lo quisiera como recuerdo, además de la humillación de quedarme desnuda. Menos mal que mi mente es más pervertida que la de esos chavales, pensé.

-Como quieras, aquí tienes.- le dije, cogiéndola del suelo y dándosela.

-¿Y tú que quieres? Espero que no sigas enfadado conmigo, siento mucho ser tan tonta y haber dicho aquella mentira.- le dije, tratando de darle pena.

-Que va, ya se me ha pasado el enfado, es más, te voy a dedicar unas palabras.- me dijo el chico sin que yo entendiera a que se refería.

Se puso su bañador, mientras yo esperaba de rodillas e intrigada que es lo que iba a hacerme. Su compañero le imitó y cuando ambos estuvieron vestidos, el chico que me iba a dedicar unas palabras saco un rotulador de su bolsillo.

-¿Que vas hacer con eso?- le dije asustada.

-Dedicarte unas palabras, ya te lo he dicho.- dijo él, destapando el rotulador.

Pensé en intentar resistirme, pero llegado a este punto, sabía que no podría. Eran dos hombres, mucho más fuertes que yo. Solo hubiera servido para hacerles enfadar y que me hicieran algo peor de lo que tenían en mente. Además, aún tenía que cobrar los tristes 70€ por todo lo que había sufrido.

-Pon las manos tras la cabeza. -me dijo.

Obedecí y le deje hacer. Empezó a escribirme en mis tetas. Poniendo BARATA en la izquierda y PUTA en la derecha. Luego pinto unas estrellas alrededor de mis pezones. Y dos pollas en forma de flechas, en mi escote, que apuntaban a la cara. Teniendo los brazos detrás de la cabeza. Pudo escribirme, CHUPAPOLLAS-7 en uno y TRAGAVERGAS-5 en el otro, en señal a las notas que me había puesto ellos, evidentemente. Vi como pintaban en mis piernas, por delante volvieron a dibujar varias pollas en mis muslos, apuntando hacia mi sexo. Justo debajo de mis tetas, escribieron PUTA CASADA A PRECIOS ECONOMICOS.

-¿Cómo dices que te llamas?- me preguntó.

-Me llamo Valeria.- le dije, con una lagrima casi escapándose de mis ojos.

Continúo escribiendo debajo de aquella frase: PREGUNTAR POR VALERIA.

Por detrás no pude ver lo que me escribían, pero note como lo hacían en la espalda en mis piernas y por último en mi culo, el cual abrieron y también pintaron una especie de círculos sobre mi agujero, supongo que en forma de diana. Al acabar, note como presionaban en mi ano, era el rotulador. Me lo estaban metiendo. Eso estaba fuera del acuerdo, pero ya que más me daba. Solo quería que acabasen de una vez. Debieron meter la mitad, pues note como le daban un golpecito a la parte que quedaba colgando de mi culo y como él se movía dentro de mí.

-Bueno, pues ya está.- dijo mi artista particular.

-Espera tío. Como la vas a dejar así desnuda. Vamos a ayudarla a ponerse el bikini.- dijo su amigo.

Inocente de mí, deje que esos chulos que me había estado humillando, me pusieran las bragas del bikini, mientras aprovechaban a meterme mano. El rotulador se notaba claramente sobresaliendo de mi culo, a través de la tela del bikini. Al ponerme el sujetador, uno mantuvo las copas de bikini en mis tetas con sus manos, mientras el otro ataba el nudo trasero, pero al hacerlo con el que debía ir detrás de mí cuello, lo que hizo fue coger mis manos y volviéndolas a llevar a mi espalda anudo cada tira de mi sujetador a la muñera contraria, haciendo que las tiras se cruzaran por detrás de mi espalda, manteniendo mis manos en ella. Para impedirme que pudiera mover las manos, también ataron lo que sobraba de la lazada de la otra cuerda del bikini a mis muñecas. No podía moverlas sin quitármelo.

-Así estas muy guapa. Yo no intentaría soltarme o dejaras tus tetas al aire.- me dijo el que me había atado, mientras los dos se volvían a reír de mí.

-Por favor, darme la toalla para salir. No podéis dejar que me vean así.- les suplique.

-Si hombre, para una cosa que te he pedido. Esa toalla me la quedo yo, para limpiarme los cojones, mañana si quieres vuelves aquí y te la doy bien sudadita.- me dijo el muy cabrón.

-Toma tu dinero. ¡Ah! Que no puedes cogerlo con las manos, espera que te lo metemos en la braguita como las putas de verdad.- me dijo, haciéndolo, dejando parte de los billetes por fuera, perfectamente a la vista.

-Venga zorra, a tu puta casa con el cornudo de tu marido.- me dijo, al que yo había menospreciado con su polla.

-Por favor, os lo suplico. Os las volveré a chupar ahora mismo, pero no me hagáis esto.-continúe yo, intentando librarme de la humillación pública de tener que salir así.

-Vamos guarra, o sales o te dejamos aquí encerrada.- me dijo, mientras mantenía la puerta de la sauna abierta.

Muerta de vergüenza camine hasta la puerta. Asome mi cabeza, pensé en meterme corriendo en el agua, para intentar que se borraran mis escrituras, pero en la sala de Spa había gente. Un hombre en el jacuzzi y una pareja en una de las piscinas de hidromasaje. No podía meterme con ninguno con aquel mensaje de PUTA CASADA PRECIOS ECONOMICOS escrito en mi tripa. Me dieron un empujón y termine de salir de la sauna. Las tres personas que había allí me miraron, no sé si alcanzarían a leer lo que ponía en mi cuerpo, ya que esa sala tiene una iluminación tenue, pero era seguro que verían que tenía todo el cuerpo escrito, con las manos atadas a la espalda y que acaba de salir de la sauna con dos tíos. No podía seguir allí.

El otro chico abrió la puerta que daba al pasillo, donde se podía ir a la piscina, a los vestuarios o a las escaleras para el gimnasio. Pero hasta los vestuarios tenía que recorrer un pasillo, que sin ser demasiado largo, con estas pintas era imposible no cruzarme con alguien. No sabía qué hacer.

-Vamos zorra o te dejamos aquí.-dijeron los dos desde la puerta.

-Está bien, contaremos hasta tres y nos vamos.- dijo el otro chico.

-1

Mi cabeza no reaccionaba, tenía que salir antes o después.

-2

Si cerraban la puerta no podría abrirla con las manos atadas. Salí corriendo hacia ellos.

-3. Adiós puta.- dijeron, cerrando la puerta.

Me quede con la puerta cerrada en mis narices. Mire a los que estaban disfrutando del spa y del espectáculo. Qué vergüenza, seguro que podían ver como se marcaba el rotulador en mi culo. Intente abrir la puerta con mis manos, pero era imposible, quedaba muy alto para donde me habían atado las manos y no llegaba. Me puse muy nerviosa. Lo intente con el pie, pero cuando casi tenía el picaporte bajado, perdí el equilibrio y caí de lado, sin poderme apoyar con mis manos. Dolorida, me levante como pude sin mis manos. Solo me quedaba probar con mi boca. Así estaba, intentando abrir con la boca la manilla de la puerta cuando escuche:

-¿Quieres que te ayude?

Mire y era el hombre que estaba en jacuzzi. Un hombre de unos 55 años, con una barriga cervecera considerable. Me estaba mirando con lujuria, sin embargo, se ofrecía para ayudarme. Apartando mi boca de la puerta le dije:

-Puedes abrirme la puerta, por favor.

-Claro guapa, pero dime ¿es cierto eso que pone en tu cuerpo?- me dijo mientras la abría.

Como estaba en medio no podía salir, por lo que tuve que contestarle.

-Sí. Pero déjame salir, por favor.

-Claro, claro.- me dijo apartándose.

Yo salí de allí corriendo y le escuche decirme riéndose:

-Por cierto, se te ha salido una teta del bikini.

Mire y era cierto. Llevaba una teta botando por fuera del bikini. No podía colocármela, lo mejor era seguir corriendo por el pasillo. Dos chicos que por sus ropas, se dirigían al gimnasio se cruzaron conmigo y aunque no me dijeron nada se quedaron parados intentando leer todo lo que pudieran de mi cuerpo. Yo seguí corriendo hasta que llegue al vestuario de mujeres.

Allí habían tres mujeres cambiándose y alguna más en las duchas, por lo que podía escuchar el agua correr. Por supuesto, las tres mujeres que allí estaban se me quedaron mirando alucinadas. Intente soltarme de mis ataduras, pero solo conseguí que el sujetador se soltara de arriba y dejara ver, ahora mis dos pechos.  Las mujeres, que habían dejado de cambiarse, simplemente me miraban, sin ofrecerse ninguna a ayudarme. Forcejeando, conseguí liberar una mano del bikini. Con ella libre lo solté de mi cintura, dejándolo colgado de mi muñeca izquierda. No me entretuve en intentar deshacer ese nudo y lo más rápido que pude saque mi ropa de la taquilla. Pensé en ducharme. Pero dudaba que esa tinta se fuera a borrar fácilmente y si entraba en las duchas, las mujeres que estaban allí también serían testigos de mi humillación.

Me limpie la cara de la corrida con mi ropa sudada del gimnasio y disimuladamente, cosa que no sirvió de mucho pues no me quitaban la mirada de encima, me saque el rotulador de mi culo. Lo deje encima del banco y me vestí corriendo. Me maldije otra vez por haber amanecido tan caliente. La ropa que me puse para ir al gimnasio no tapaba apenas mi cuerpo. Un short muy corto, que dejaba ver casi parte de mis nalgas, lo que hacía que los círculos que habían pintado en mi culo se vieran. Y una camiseta de tirantes con bastante escote. Esa mañana quería lucir sexy y ahora lo haría como una completa puta. Por supuesto brazos y piernas estaban completamente al descubierto, dejando mis dibujos y frases a la vista. Maldito verano, deseaba que fuera invierno para tener un abrigo largo con el que taparme.

Salí del vestuario, dejando allí a las tres zorras que no se habían dignado a hablarme. No tenía más remedio que salir por la puerta del gimnasio, pasando por la recepción. Lo más rápido que puede, pero sin correr para no llamar más la atención, lo hice, al menos otras 5 personas me vieron, incluyendo a la chica, la típica niña buenorra que siempre está tonteando con los tíos buenos. Y allí estaba, hablando con mis dos clientes, seguro que escuchando sus aventuras conmigo. Salí casi sin mirarles y ya en la calle, corrí hasta mi coche.

Por fin en mi coche, al cubierto de las miradas, rompí a llorar. Estaba claro que no podía volver a ese gimnasio en la vida. No sé por qué, pero lo que acababa de hacer me recordó a Marta. ¿Habría hecho ella algo similar a lo que acababa de hacer yo? No lo creo, por muy zorra y sumisa que ella fuera, no la veía capaz de hacer aquello. Un sentimiento de superioridad con mi amiga me invadió. No sé por qué. Pero eso me hizo sentirme mejor. Como si el que yo fuera más guarra que Marta fuera algo bueno. Sé que es denigrante ese pensamiento para cualquier mujer, pero es lo que sentí. Mire mi móvil y allí tenía la dirección y la hora a la que debía estar en casa de mi siguiente cliente. Las 4 de la tarde.

Fui directa a casa. Con miedo a encontrarme algún vecino, subí por las escaleras. No fuera que coincidiera de nuevo con mi querido vecino del tercero. Al entrar en casa, allí estaba Sergio, que se quedó mirándome alucinado con lo que podía leer en mi cuerpo.

-¿Qué te ha pasado?- me preguntó preocupado.

-Nada amor, Marta que es una cachonda. Nos hemos picado en el gimnasio, hemos hecho una apuesta y he perdido. Esta ha sido su manera de vengarse.- le dije, con lo primero que se me ocurrió.

-¡Joder con tu amiga! Para que quieres enemigas así. A ver cómo te quitas eso.- me contestó, ya más tranquilo.

-No sé, voy a ducharme a ver si sale.- le dije.

Ya en la ducha, no había manera de borrar esas letras de mi cuerpo, por mucho que frotaba mi cuerpo con la esponja. Mi marido entro en el baño.

-¿Qué tal Valeria?- me preguntó

-Nada, no salen.- le dije.

-Eso solo se va a borrar con alcohol. Déjame.-dijo sacando el bote de alcohol del botiquín.

Allí estaba yo, desnuda, con mi cuerpo entero escrito y dibujado por dos tíos, a los que acababa de chuparles las pollas y el pobre de mi marido limpiando cada polla dibujada en mi cuerpo.

-Puta casada, precios económicos ¡Jajaja! Que morbosa es tu amiga Marta ¿no?- me dijo Sergio, mientras frotaba mi cuerpo con el alcohol.

-No te lo puedes imaginar.- le contesté yo.

Fue frotando cada centímetro de mi cuerpo vejado por aquellos chulos. No entiendo aun la razón pero ver a mi marido, teniendo que borrarme todos esos mensajes y dibujos humillantes del cuerpo de su mujer, me excitaba. Yo había sido humillada y casi violada en el gimnasio y ahora él, tenía que limpiar lo que esos hombres había hecho en mi cuerpo. Me fije ¡y mi marido estaba empalmado! Debajo de su pantalón, podía notarse como su polla se había puesto dura al verme así de vejada. Eso aumento mi calentura. Aprovechando que había incluido a Marta en mi excusa, la use como mi cómplice para mi siguiente mentira a mi marido.

-Oye amor, Marta me ha pedido un favor. Tenía que ir a limpiar la casa de su jefe, pero no puede porque tiene médico. Y me ha pedido que fuera yo. Necesito que me lleves esta tarde.- le dije.

-Encima que te hace esto, te pide un favor. Que morro tiene Marta.- me contestó.

-Sí, es un poco aprovechada, pero sabes que la quiero mucho. Anda, llévame a la casa de su jefe y luego ven a buscarme.- le dije, poniendo voz de niña buena, mientras el  intentaba borrar lo que fuera que habían escrito en mi culo.

-Vale nena, no te preocupes.- me contestó.

Que aparte de tener que borrarme aquellas frases, tuviera que llevarme a donde, de seguro, me follarían y me volverían a tratar como una puta. Me volvió a calentar. No sé por qué, pero hacerle eso a mi marido me ponía cachonda. Me estaba volviendo una autentica zorra. Quise rizar más el rizo y cuando termino de limpiarme entera le dije:

-Ya que estas aquí, podías depilarme tú el coñito, papi.

-Pero si esta depilado.- me dijo él, que lo sabía muy bien pues había estado allí frotando para borrar el rotulador.

-Pero siempre queda algún pelito y tengo que ir perfecta, ya lo sabes.- le dije, volviendo a poner voz cariñosa.

-Como quieras nena.

Me senté en la taza del wáter y me abrí de piernas. Ver como mi marido me depilaba el coño, que en unas horas seria utilizado por vete a saber quién, me encantaba. Él lo hacía con sumo cuidado, cuando dentro de nada, me estarían reventando por allí mismo. Cuando acabo, no pudo contenerse y empezó a comérmelo. Pensar que un ratito antes, un pie de otro hombre había estado allí dentro y ahora él me lo estaba comiendo. Ummm. Tuve que pararle, pues no podía correrme con él.

-Vamos nene, que tenemos que comer y me tienes que llevar a mi trabajo.- le dije, dejándole completamente empalmado.

Comimos y para seguir manteniéndole caliente, aprovechando que los niños estaban en clase, lo hice completamente desnuda. Eso también me mantenía caliente a mí. Prueba de ellos fue la mancha que deje en la silla.

No sabía que ponerme de ropa, pues Jorge no me había dado ninguna indicación. Además tenía que ir con mi marido, por lo que no podía ponerme nada exageradamente sexy, para ir a limpiar en casa del jefe de Marta, como se suponía. Elegí un conjunto de tanga y sujetador negros muy bonitos, que mi marido me regalo el San Valentín pasado y me puse  la misma ropa que lleve al gimnasio.

En el coche, de camino a mi nuevo cliente, note que mi marido estaba aún excitado, pues no paraba de manosearme. Pero yo estaba bastante nerviosa por lo que me esperaba. Después de casi una hora de viaje, llegamos a un enorme chalet, con una valla grande.

-Vaya casa tiene el jefe de Marta ¿no?- me dijo Sergio.

-Sí, es un empresario importante. No puedo hacerle esperar.- le dije.

-Vale, vale. ¿A qué hora vengo a buscarte?-me preguntó.

- No lo sé, Marta me dijo que había que hacerle una buena limpieza, por lo que seguro que salgo tarde. Yo te aviso.- le dije

-Vale nena, no te canses mucho. Te quiero.

- Y yo a ti, cariño.- le contesté, dándole un beso.

Baje del coche y llame al video portero de la valla. Me contestó una voz de mujer.

-¿Quién es?

-Soy Valeria, me manda Jorge.- les dije y las puertas se abrieron.

Me despedí de mi marido lanzándole un beso y nerviosa recorrí el camino empedrado que conducía hacia el gran chalet. Al llegar a la puerta llame al timbre. No tardaron mucho en abrirme, aunque con mis nervios se hizo largo. Lo hizo una chica joven, no se decir la edad pero tendría menos de 30. Iba vestida con el típico uniforme de doncella francesa, excesivamente corto y con un generoso escote. Lo que unido a sus grandes pechos, hacía que luciera muy sensual. Estaba claro que el dueño de la casa era un salido, si tenía al servicio vistiendo así. La mujer me saludó muy educadamente y me dijo que la acompañará.

Entre en la casa, siguiendo sus pasos, la decoración era muy ostentosa, pero se notaba que tenían mucho dinero. Llegamos a una gran sala, donde había un grupo de cuatro hombres negros jugando a las cartas, con una pinta bastante rara. La verdad, me dio miedo. No parecía la casa de un empresario prestigioso, allí había lujo, pero era muy raro. Los hombres me miraron con lujuria, pero no dijeron nada. La mujer continúo andando y yo la seguí. Llegamos a una puerta y llamo con sus nudillos.

-Pasa.- dijo una voz femenina desde dentro de la habitación.

La sirvienta abrió la puerta y me hizo pasar. Dentro había una mujer, más joven aún. No debería llegar a los 25 años, era mulata, o eso me pareció, pues sin ser tan oscura de piel como los negros de antes, ese moreno no era de tomar el sol. A mi parecer, vestía como una puta. Con un vestido rojo, muy corto. Con varios collares de oro al cuello y anillos bastante grandes para una mano de mujer.

-Es Valeria, la manda Jorge.- dijo la sirvienta.

-¡Oh! Jorge, que gran hombre, pasa que te vea bien.- me dijo ella, que al parecer conocía bien a mi Amo.

Yo camine unos pasos hacia ella con bastante miedo, pues no sé por qué, pero todos allí no me daban buena espina. Me quede parada a unos dos metros de ella. La mujer se levantó de la cama donde estaba sentada y se acercó a mí, mirándome detalladamente el cuerpo. Dio una vuelta sobre mí, sintiéndome observada como si fuera ganado.

-Está claro que Jorge sabe elegir a sus putas. Mi marido quería una madurita que estuviera bien. Y tengo que reconocer, que como siempre, Jorge no ha fallado.- dijo ella después de revisarme con sus ojos.

Yo me mantuve callada, pues como no me había preguntado nada y viendo el día que llevaba, era mejor tener la boca cerrada hasta que la abriera para comerle la polla a su marido. Estaba claro que esa guapa mulata era una cornuda, pero sin embargo parecía no importarle.

Llévala y aséala como siempre. Allí tienes la ropa que debes ponerla. Tira eso que lleva, da pena verla así. Toda una puta como ella debería llevar una ropa más acorde.- dijo la mulata, empezando con mi humillación.

-Sí, señora.- contestó la sirvienta.

Agarrándome del brazo, la chica me instó para que la acompañara. Yo me había quedado un poco atontada. No entendía nada de todo lo que estaba pasando. Seguimos caminando por aquella gran casa, hasta llegar a un baño. No hacía falta asearme, pero después de mi aventura con aquel viejo, me imagine que sería lo normal y más si aquel hombre al que iba a servir era tan importante. El baño era enorme, mucho más grande que el salón de mi casa. Tenía, aparte de todo lo común en un baño, una bañera de hidromasaje, además de una gran ducha que cubría toda una pared. Me imagine a mí misma dándome un baño relajante como forma de asearme. Que ilusa.

-Desnúdate.- me dijo la sirvienta.

La orden me dejo un poco sorprendía, pero tampoco era nada del otro mundo para lo que yo venía haciendo normalmente. Por supuesto, obedecí, quitándome toda la ropa y quedándome completamente desnuda delante de aquella sirvienta.

-Metete en la ducha.- me dijo.

Nuevamente, la obedecí, entrando en la gran ducha, que parecía más la del gimnasio que la de una casa. Lo que me sorprendió fue cuando la vi que ella también se desnudaba. Ahora sí que no entendía nada. Fue dejado su ropa minuciosamente colocada, encima de una silla. Todo lo contrario que yo, que la había dejado tirada en el suelo. Cuando vi su cuerpo desnudo, comprendí porque tenía tan buen escote. Eran operadas, era imposible que esos semejantes pechos estuvieran tan firmes. Pero lo que más me choco, fue cuando se quitó su sujetador blanco y pude ver sus pezones anillados, unidos con una cadena entre ellos. Esa mujer no era una sirvienta normal, tenía más pinta de ser una sumisa como yo. O mejor dicho, una esclava. Cuando se quitó sus braguitas blancas, descubrí que no solo llevaba piercing en los pezones. Los labios de su sexo estaban también anillados, al menos tenía tres aros en cada labio y lo más fuerte de todo, era que estaban unidos por un candado. Era una manera bastante cruel de asegurarse de su abstinencia. Al acercase, pude ver que también llevaba un pequeño tatuaje justo encima de su completamente depilado sexo. Parecía una pica, de las del póker.

Hipnotizada mirando sus curiosos accesorios, no me di cuenta que abría el grifo del agua. Fue cuando el agua helada cayó sobre mí, cuando desperté. Ella cogió una esponja y echando gel en ella se acercó a mí, mojándose también con la misma agua helada.

-Está muy fría.- la dije tiritando.

-Lo sé. Ella lo quiere así.- contestó.

Entendí que la que decidía como asear a las putas de su marido era su mujer. Aquella mulata sabia vengarse por hacerla cornuda. Mis pezones estaban de punta debido al agua helada. Los de ella estaban igual, pensé en lo que deberían dolerla teniendo esos piercing y la cadena colgando.

La chica empezó a frotar todo mi cuerpo con la esponja. Cuando digo todo era todo. Me hizo levantar los brazos para limpiarme las axilas. Froto con ansia mis pechos, haciendo que se movieran de un lado a otro. Estuvo un buen rato en mi coño y en mi culo. Se arrodillo mientras a ambas nos caía esa agua helada y limpio mis piernas y mis pies con la esponja.

-Date la vuelta y apoya las manos en la pared- me dijo.

Yo obedecí y me puse como me había dicho mientras el agua helada seguía mojándonos a ambas. Dejo la esponja, y cogiendo la ducha de mano, desenrosco la alcachofa. Cuando separo mis nalgas, abriéndome el culo, supe lo que iba a hacer. Con bastante cuidado, metió la punta de la manguera de la ducha en mi culo. Cambio la llave, para que el agua saliera por allí, haciendo que mi culo se inundara, esta vez, de agua tibia. Al menos había tenido la decencia de no hacerlo con la misma agua helada. No sabía cuándo pensaba parar. Mi esfínter no podía albergar más agua en él, empezaba a notar como mi tripa se hinchaba. Entonces paro. Note como mi cuerpo quería expulsar el agua de mi culo.

-Tienes que aguantar sin que se escape un rato, para que te limpie bien.- me dijo.

-Lo intentaré.- la contesté.

Era difícil aguantar las ganas de dejar salir el agua. Era algo muy desagradable, encima teniendo una testigo de aquella curiosa tortura. La chica metió la punta de la manguera en mi coño e hizo lo mismo que en mi culo. Puso su mano en mi coño, para evitar que saliera el agua. Y me tuvo así un rato. No pude con mi curiosidad y tuve que hablar.

-Tú no eres una simple empleada ¿verdad?

-Que observadora eres.- me dijo con ironía.

-¿Por qué haces esto? ¿Te pagan tan bien como para llevar esos piercing?- la pregunté.

-No me pagan nada.- me contestó, dejando sorprendida.

-Entonces, ¿por qué lo haces?- la dije, ya moviendo mis piernas, nerviosa por las ganas de soltar el agua que tenía dentro.

-Por lo mismo que estás tú aquí.- me contestó.

No sé si era que no me aguaba más, pero no entendí la respuesta.

-No puedo más, se me va a salir.- la dije, suplicante.

-Está bien, ve. – me dijo, apartando su mano de mi coño.

Corrí hacia el wáter y me senté. La mujer seguía allí mirándome, me daba mucha vergüenza expulsar aquello de mi culo con ella mirando. Pero a mi cuerpo no le importaba eso y dejo salir toda el agua de dentro de mí. Cuando acabe, la chica con su mano, me indico que debía volver a la ducha. Lo hice, completamente avergonzada por la situación.

-Vuelve a ponerte igual, tenemos que repetirlo dos veces más por lo menos, hasta que salga completamente limpio.- me dijo.

Con la cara roja como un tomate. Volví a poner las manos en la pared y dejar que aquella chica metiera de nuevo eso en mi culo. Lo volvió a inundar y las ganas de ir al baño volvieron. Como sabía que tenía que esperar. Seguí preguntándola.

-¿Qué quieres decir con lo de que lo haces por lo mismo que yo?

-Estas aquí porque Jorge te lo ha ordenado ¿no?- me dijo, dejándome sorprendida.

-¿Quieres decir que Jorge te ha ordenado a ti ser la esclava de ese hombre?- la pregunté.

-No de él. De ella. La mujer que has conocido antes.

-¿Por qué?- la pregunté muerta de curiosidad.

-No puedo contarte eso.- me dijo.

-¿Pero estas aquí siempre?

-Sí.

-¿Desde cuándo?

-Hace 6 meses.- me respondió, dejándome más helada si cabe.

-¿Y hasta cuándo?

-Si no fallo en nada. Otros 6 meses.- me contestó.

Quise seguir preguntándola, pero me mando que volviera a expulsar el agua. Con algo menos de vergüenza, lo hice y yo misma volví a mi posición, pues sabía que al menos volvería a hacerlo una vez más y deseaba seguir sabiendo sobre ella. Espere a que hubiera llenado mi culo de nuevo. Para volver a preguntarla.

-¿Cómo es él? El hombre al que voy a servir.- la dije.

-Tú se obediente, no digas a nada que no. Haz todo lo que te diga, por muy duro que te parezca. Siempre será mejor que lo que te puede pasar si fallas.- me contestó.

-¿Cómo te paso a ti?- la pregunté.

-Exacto.

Aquello me dejo muerta de miedo. Por nada quería que acabar como ella, siendo la esclava de aquella mulata. No me considero racista. Pero si es verdad que le tengo, como diría, aprensión a la gente de color. No es que les odie ni nada, simplemente no me gustan. Muchas mujeres fantasean con follar con un negro, a mí, me daría muchísimo asco. Desde bien joven tengo ese sentimiento. Si acabase siendo la esclava de una mujer negra… no sé qué sería de mí.

-Ya está bien. Ponte de cuclillas y expulsa el agua, tengo que comprobar que sale completamente limpia.

Aquello era más humillante todavía, debía hacerlo delante de ella, al menos estaba casi segura que saldría limpia. Me puse como me dijo y deje salir el agua de mi culo. Ella me miraba atentamente, era la primera vez que hacia algo tan humillante delante de una mujer. Pero a saber lo que tendría que sufrir aquella pobre chica...

El agua por suerte, era limpia. Había acabado mi tortura. Pero a parecer empezaba la suya. Activo de nuevo la ducha de la pared y el agua helada volvió a mojarnos. Ella se tumbó bocarriba en el suelo y metió su cabeza entre mis piernas, justo debajo de mi culo y mi coño. El agua que resbalaba por mi cuerpo iba directa a su cara, empapándola entera.

-Baja un poco más, debo asegurarme con mi lengua de que estas completamente limpia. Si te queda algo de agua, tienes que expulsarla en mi boca.- me dijo, con voz débil, como resignándose a su humillación.

No quería hacerlo, pero mantenerla más tiempo en esa posición no haría más que aumentar su agonía. Doble más mis rodillas dejando al alcance de su boca mis partes más íntimas. Ella empezó a lamerme el coño, metiendo bien su lengua dentro de él, el agua que caía hacia que en su boca se formara un charco, lo que supongo, la ayudaba a limpiarme. Después de un rato, pasó a mi culo e hizo lo mismo, metiendo su lengua todo lo que pudo, que al tenerlo yo abierto por la posición en la que estaba, fue bastante.

Cuando termino, se levantó y me dio una toalla. Yo me seque, pero ella se quedó tiritando de pies, viéndome como me secaba. La ofrecí la toalla, pero ella se negó a aceptarla. Abrió un armario y trajo un conjunto de lencería de encaje blanca. Se arrodillo y me puso el tanga ella misma. Yo por supuesto la ayude en todo lo que pude. Después me puso el sujetador, bastante justo para mis pechos, lo que hacía que quedasen bien levantados y juntos. Luego cogió unos sandalias de tacón, también blancos, con una altura impresionante. Por último, un collar de cuero, del mismo color, junto con cuatro pulseras a juego con el collar, que puso en mis muñecas y tobillos. Todos tenían una argolla, supongo que para enganchar una cadena e inmovilizarme.

Me puso frente al espejo. Y me recogió el pelo con en un moño, que sujeto con cuatro palillos chinos. Me maquillo, con mucha profesionalidad por cierto, pero bastante sobrecargado. Dando la imagen de lo que era. Una puta. Saco una cadena que engancho a mi cuello y tirando de ella me dijo:

-Vamos, es la hora. Hazme caso y se obediente.

Llevada por la correa, volvimos a recorrer varios pasillos hasta una gran puerta doble. Llamo y después de 5 segundos abrió la puerta sin esperar contestación.

-Señor, la señorita de Jorge.- dijo ella.

-Que pase.- dijo, una voz muy grave desde dentro.

-Ve. Y hazme caso.

Entre sola en la sala, dejando fuera la desnuda y mojada sirvienta. Entonces fue cuando le vi. Un hombre negro que mediría más de dos metros, sentado detrás de una mesa. Mi pesadilla se había hecho realidad.

Espero que el relato sea del gusto de Sergio, el marido de la protagonista. Y por supuesto, de los lectores seguidores de esta serie.

Como siempre, espero sus comentarios sobre el relato y sobre todo para Sergio, las ideas para dominar y humillar a su mujer Valeria.


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