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Fecha: 07-Ene-17 « Anterior | Siguiente » en Grandes Series

Cornudo a distancia (22) Despedidas de solter@s

Cornudo a distancia
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Último capítulo de esta historia que creo que no defraudará a nadie. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

Estimados lectores, esta es la última parte de mi historia: os comunico que hace tiempo que ya no estoy con la chica con la que viví las alucinantes aventuras que os he ido relatando. El principio del fin comenzó cuando una prima mía invitó a mi todavía novia a su despedida de soltera. Ella no tenía muy claro si aceptar la invitación, pero yo presioné para que asistiera porque me parecía positivo que se fuera metiendo en mi familia después de más de 4 años juntos.

La celebración tuvo lugar en mi ciudad, así que mi chica se alojó en mi casa como de costumbre. A media tarde la llevé en coche al lugar acordado y la dejé con el resto de invitadas, conformado por amigas de mi prima y otras chicas también familiares (algunas que teníamos en común y otras sólo suyas). Quedamos en que, cuando se terminara todo, me llamaría cuando cogiera un taxi para despertarme y abrirle la puerta y volví a mi casa con mis padres.

Y así fue; varias horas después, de madrugada, me llamó y esperé su llegada. Le pregunté que qué tal y me dijo que muy bien, que había sido divertido y me contó alguna de las bromas que las amigas de mi prima llevaban preparadas. También me dijo que habían cenado en el típico local de ‘boys’ en el que los camareros van medio desnudos y tratan de provocar a las chicas. Y nos fuimos a dormir como si tal cosa.

Al día siguiente ella regresó a su ciudad y un par de días después estalló la bomba: mi prima me llamó para contarme lo que había pasado durante la despedida. Primero me dijo que llevaba 3 días debatiéndose entre contármelo o callárselo porque habían acordado eso de ‘lo que pasa en la despedida, se queda en la despedida’, pero que como familiares que éramos no le parecía bien ocultármelo. El caso es que mi novia, en palabras de mi prima, se pasó bastante de la raya con los ‘boys’ del sitio donde cenaron. Ya la habíamos jodido. En la primera ocasión en la que confraternizaba con mi familia tenía que liarla. Mi prima trató de dejarlo ahí y que yo llamara a mi chica para pedirle explicaciones, pero no le permití tirar la piedra y esconder la mano y le exigí los detalles. Argumenté que necesitaba saberlo todo para pillarla en caso de que posteriormente no me contara las cosas tal y como sucedieron. Una parte de mi cabeza veía venir la tempestad que se aproximaba porque el hecho de que mi familia descubriera la verdadera naturaleza de nuestra relación supondría un escándalo; pero por otro lado me daba morbo que por una vez fuera otra persona la que me relatara una de sus aventuras.

Según me contó, la velada había sido ejemplar hasta que empezó a correr el alcohol durante la cena en el local picante. Los ‘boys’, que únicamente vestían una pajarita y unos bóxers rojos ajustados, se dedicaron a provocar a todas las asistentes, restregando el paquete contra ellas y dejándose meter mano. Hasta ahí nada fuera de lo normal. Cuando casi había concluido la cena los ‘boys’ subieron a un escenario que había en el local y empezaron a bailar. Obviamente todas las chicas les aclamaron efusivamente. Pero los problemas empezaron cuando pidieron voluntarias para acompañarles. No hace falta ser un genio para adivinar que mi novia salió disparada hacia ellos.

Una vez allí no le costó mucho robarle el protagonismo a cualquier otra mujer que también hubiera subido al escenario. Los ‘boys’ hicieron la coña de intentar quitarles algo de ropa y, mientras las demás se negaban entre risas, mi chica puso todo de su parte por irse despojando de lo que llevaba. Parece ser que terminó en ropa interior en un periquete. Y ellos, que tontos no eran, evidentemente se centraron en ella al ver todo el juego que daba. Con tanto tío musculado prácticamente desnudo a su alrededor, sumado a lo que había bebido, imaginé que se puso cachonda con bastante facilidad. Así que en cuanto pudo le bajó los gayumbos a uno de los chicos y empezó a hacerle una paja. Aun así todavía la cosa no se había salido demasiado de madre, pero claro, el ‘boy’ acosado no se quedó a verlas venir y ni corto ni perezoso le quitó el sujetador.

Otro se acopló a ella por detrás y le empezó a magrear las tetas sin miramientos, y por supuesto sin encontrar ninguna resistencia. Al contrario, mi novia deslizó una mano por detrás y la metió en los bóxers del que la estaba sobando, tratando de masturbarle también. Al parecer lo más curioso de todo fue que todas las asistentes jaleaban a mi chica como si fuera una heroína. Todas salvo las de mi familia, claro, que no daban crédito a lo que estaban presenciando. Seguro que me estaban compadeciendo. Si ellas supieran…

Los dos ‘boys’ que estaban con mi novia recibieron refuerzos pocos segundos después ya que un tercero intervino para bajarle el tanga y dejarla completamente desnuda. Pero ni siquiera así lograron intimidarla porque, con unos rápidos movimientos, se arrodilló y terminó chupándole la polla a uno de ellos mientras masturbaba a los otros dos. No sé exactamente a cuál ni cómo eran porque mi prima no entró en detalle y me pareció que sería sospechoso que le preguntara tanto. El caso es que la cosa no pasó a mayores porque el resto de ‘boys’ intervino para poner fin a la escena y que no se les fuera de las manos, supongo que no entraba en su contrato montar una orgía en medio de un servicio. Y eso fue lo último que supieron mis familiares de mi novia aquella noche porque, tras recoger su ropa, se marchó por una puerta con un par de ‘boys’ sabe Dios dónde. Pues a dónde iba a ser, al vestuario a follárselos. Imagino que se pondrían de acuerdo entre ellos para cubrirse las espaldas puesto que la velada estaba terminando y la ausencia de un par de ellos no se notaría mucho.

Después de la conversación le agradecí su sinceridad y le pedí que, pasara lo que pasara, no se sintiera culpable porque había hecho lo correcto contándomelo. Antes de llamar a mi novia me hice una gallola de campeonato porque la historia me había puesto cachondísimo, lo cual fue un error porque con la cabeza fría afronté la disputa desde la pura indignación. La discusión evidentemente fue muy desagradable: yo comencé echándole en cara que no se hubiera controlado delante de mis familiares; pero ella, en lugar de disculparse, primero se escandalizó porque hubieran incumplido el pacto de no contar nada de lo sucedido durante la despedida, y a continuación me culpó a mí de lo sucedido. No podía dar crédito, ¿como podía ser culpa mía? Pues fue capaz de argumentarlo: arrancó diciendo que antes de conocerme ella no era así, que había sido yo quien la había convertido en una viciosa sexual poniéndola en situaciones incómodas en las que se esforzó por encajar para no decepcionarme. Sorprendente lectura. Pero también añadió que otro factor era la relación a distancia. Dijo que estaba harta de tenerme lejos y que el hecho de que aparentemente yo no tuviera ningún problema con la situación le hacía sentirse poco querida.

Esos dos torpedos en mi línea de flotación le dieron la vuelta a la tortilla y efectivamente consiguió hacerme sentir culpable. Le dije que podría intentar encontrar una solución, como buscar trabajo en su ciudad (que ella se mudara a la mía era impensable porque todavía era estudiante); pero me dijo que no le valía que reaccionara cuando ya estaba viendo las orejas al lobo. Así que no hubo más remedio que poner fin a la relación. Al menos dentro de mi familia salvé mi orgullo porque todos pensaron que yo la dejé por el numerito en el local de los ‘boys’, pero realmente me quedé muy tocado. Casi hundido. Los siguientes meses fueron muy tristes y me costó mucho levantar cabeza.

Para intentar mantener la mente ocupada me apunté al gimnasio al que iban mis amigos del barrio y me centré más en mi trabajo. Y por suerte en la empresa me cambiaron a un proyecto que supuso un soplo de aire nuevo en mi vida. Así que entre que conocí un montón de gente nueva bastante juerguista y que me di al deporte como un animal, mis nuevas ocupaciones me ayudaron a desconectar bastante de mi tristezas amorosas.

Pero ese no fue el final de mis andanzas con mi exnovia. Casi un año después uno de mis nuevos compañeros de trabajo nos anunció que se casaba, así que no tardamos en movilizarnos para organizar su despedida de soltero. Una vez decidida la fecha nos centramos en fijar un destino y, fíjate tú que casualidad, la propuesta que hizo uno de ir a la ciudad de mi exnovia gustó mucho. La mayoría dijo que nunca había estado en el País Vasco y que les apetecía ir, especialmente para comprobar la fama de su gastronomía. A mí no me hizo ninguna gracia, pero no me quedó otra que aguantarme. Alquilamos una casa rural en las afueras y contratamos unas carreras en un circuito de karts, dejando la fiesta nocturna a la improvisación, lo cual tampoco me hizo demasiada gracia.

Cuando por fin llegó el susodicho fin de semana de principios de verano nos dirigimos hacia el norte en varios coches sin que el novio supiera el destino. Durante el viaje le gastamos un par de bromas, haciéndole creer primero que íbamos al aeropuerto para viajar al extranjero (imprimimos incluso unos billetes falsos y se los enseñamos) y también que le habíamos abandonado en una gasolinera sin teléfono móvil ni dinero durante unos minutos hasta que otro de los coches que formaban nuestro convoy le recogió de nuevo.

Una vez en la casa rural la diversión continuó. Cenamos con un buen arsenal de cerveza y las bromas al novio continuaron, pero sin pasarnos de la raya. A la mañana siguiente amaneció un día muy soleado y cálido (raro para esas latitudes en esas fechas) que nos permitió darnos un chapuzón en la piscina de la casa, para a continuación ir a comer a un restaurante y echar las ya mencionadas carreras de karts. La verdad es que ahí el novio pudo llevar a cabo su pequeña venganza porque quedó el primero, mientras que yo finalicé penúltimo. Está claro que no soy un buen piloto ni mucho menos, aunque en mi defensa siempre puedo esgrimir que se trataba de mi primera vez.

Después regresamos a la casa rural para asearnos de cara a la noche de jarana. Una vez duchados y cambiados fuimos al centro de la ciudad y, gracias a mi conocimiento de la misma, les llevé por los bares que menos frecuentaba mi exnovia, intentando minimizar las posibilidades de encontrármela. En un momento determinado decidimos que ya era hora de hacer pasar al novio el mal trago final y le obligamos a disfrazarse de mujer con unas prendas que llevábamos preparadas: una minifalda, un top con relleno y una peluca. Su cómico aspecto causó sensación por la calle, y es que un tío tan alto travestido no pasa desapercibido.

Tras pasar por muchos bares y no ver ningún local que aparentemente pudiera ofrecernos un striptease para el novio que redondeara la velada, algunos preguntaron a la gente por algún cabaret o burdel cercano. Yo omití por completo el bar en el que trabajaba mi exnovia, y fue todo un alivio cuando un tío nos respondió, refiriéndose al mismo, que antes había un garito en pleno centro en el que hacían bailes eróticos, pero que había cambiado de dueño y, por consiguiente, de estilo. Finalmente nos enviaron a uno que yo no conocía que estaba en medio de un polígono industrial, teniendo que pillar taxis para llegar hasta allí ya que estábamos demasiado bebidos como para ir con nuestros coches.

El sitio resultó ser bastante sórdido porque, entre los años que tenía el negocio y que nadie se había preocupado de intentar disimular, y el extremo calor húmedo que hacía dentro para que las chicas ligeras de ropa no pasaran frío, el ambiente no era el más agradable precisamente. De hecho, la negociación en la puerta con el proxeneta de turno fue bastante tensa porque nos resultó imposible conseguir que nos hiciera una rebaja en el precio de la entrada a pesar de hacerle ver que éramos 20 personas e íbamos a consumir bastante. Y es que jugaba con la ventaja de saber que eran el único club de alterne en bastantes kilómetros a la redonda. También nos dijo que el precio de cada baile había que negociarlo con cada chica porque cada una ponía un precio distinto.

En cuanto entramos nos dirigimos a la barra para canjear la consumición a la que daba derecho la entrada y, nada más vernos, las meretrices cayeron sobre nosotros como vampiresas sedientas de sangre. La situación resultó bastante incómoda porque queríamos sólo a una, y además únicamente para hacernos un striptease, servicio que no nos daba la impresión de que se encontrara en el catálogo de habilidades de muchas de ellas. Por suerte uno de nuestro grupo, el que llevó la voz cantante en la infructuosa negociación con el de la puerta y al que me referiré de ahora en adelante como el ‘cordobés’ debido su origen, consiguió dejarles las cosas claras y nos liberó del asalto de las prostitutas. Entonces comenzó la ‘feria de ganado’, en el que algunos se dieron una vuelta por el local para escoger chica. Otros nos quedamos con el novio en la barra para que la elección fuera sorpresa para él. Así que al cabo de pocos minutos los demás regresaron y nos dijeron que la chica que habían escogido había subido arriba a prepararse y que fuéramos subiendo y sentándonos en los sillones.

En el piso de arriba nos encontramos una sala en penumbra con sillones colocados de tal forma que rodeaban una pequeña plataforma en el centro de la que surgía una barra americana hasta el techo. Instantes después empezó a sonar música y un foco apuntó directamente a una puerta oculta por una cortina negra y en la cual ninguno habíamos reparado por la falta de luz. Y a través de las cortinas mi exnovia irrumpió en la sala. No sé cómo pude sobrevivir al vuelco que me dio el corazón al verla. Iba subida a unos botines de plataforma con tacones de aguja de vértigo, llevaba un short vaquero reducido a su mínima expresión y un top de cuero sobre una malla de rejilla que le cubría todo el cuerpo, la melena suelta pero con una diadema que la mantenía a raya de su cara y bastante maquillaje, especialmente sombra de ojos. Sin dejar de sonreír se dirigió con decisión a la plataforma y de un salto se encaramó a la barra. Tal vez fue por su vestimenta o por mi nivel de alcohol en sangre, pero hubiera jurado que estaba más buena que nunca.

Todos se pusieron a aplaudir y silbar de inmediato. Todos salvo yo, que estaba en estado de shock. Tras unos instantes de contoneos que nos permitieron ‘valorar la mercancía’, comenzó a utilizar la barra. La exhibición con la que comenzó su baile me dejó asombrado. Con la forma física que tenía cuando estaba conmigo jamás hubiera podido hacer todos esos ejercicios, sin duda había tomado clases de lap-dance y entrenando a conciencia. Trepaba por la barra con una facilidad pasmosa, se soltaba de manos y era capaz de sostener todo su peso sólo con las piernas, además de deslizarse suavemente hacia abajo a la velocidad que deseaba y recorriendo el segmento que ella quería, demostrando el preciso control que tenía. Después de la introducción comenzó a quitarse ropa y fue original: comenzó desabrochándose el short vaquero mientras caminaba hacia el novio, que animaba como el que más. Una vez llegó hasta él, le dio la espalda y se sentó sobre él. Inmediatamente éste posó sus manos sobre sus muslos y se los acarició, pero ella se las guió hasta que alcanzó el minúsculo pantalón y se aseguró de que lo sujetara. El siguiente paso fue levantarse de forma que fuera el novio quien le bajara el short, cosa que hizo hasta los tobillos en cuanto comprendió la jugada, dejando a la vista el tanga negro que llevaba debajo junto con la malla de rejilla.

Mientras ella terminaba de librarse del short, sacando con precaución para no caerse primero un pie y luego el otro, nuestro travestido amigo aprovechó para meterle un buen magreo al portentoso trasero que tenía ante su cara, sin ninguna protesta por parte de mi exnovia. De hecho hizo todo lo contrario, no sólo le dejó hacer sino que además flexionó ligeramente las rodillas para ofrecerse mejor mientras ponía una exagerada cara de sorpresa y se llevaba la otra mano a la boca, adoptando una pose pin-up que levantó algunas carcajadas y muchos aplausos y silbidos cómplices.

Cuando se apartó del novio regresó al centro de la sala para proseguir con su espectáculo al ritmo de la música, alternando más ejercicios de barra con enérgicos bailes. Había aprendido un buen puñado de movimientos de lo más excitantes, es una lástima que no sea capaz de describirlos, pero algunos parecían sacados de clases de aerobic. Se agachaba, saltaba, giraba, volaba asida a la barra y daba latigazos tan violentos con el torso y el cuello que su melena ondeaba descontrolada en todas direcciones dando un toque aún más salvaje a su despliegue físico. Pero lo más increíble de todo es que fuera capaz de hacer todo eso subida a esos infernales taconazos. Desde luego había practicado mucho.

Se tomó un respiro en un segundo acercamiento a sus clientes. En esta ocasión fue pasando por todos y cada uno de nosotros, excitándonos con algunas insinuaciones y caricias, subiéndose encima de los sofás o directamente recostándose encima de alguno; sin poner ningún reparo a que le metieran mano. De hecho hubo varios que no se cortaron un pelo y hasta le magrearon a conciencia las tetas por debajo del top. La verdad es que me acojoné mucho cuando me tocó el turno, pero el contraste de luz entre el centro de la sala y la zona donde estábamos sentados impidió que me reconociera. Casi entro en trance al volver a estar en contacto con ella, el poder rozar su piel de nuevo estuvo a punto de ser demasiado para mis nervios en ese momento. Pero hubo algo que me impactó todavía más: bajo ese baño de esencia de coco que se había puesto pude volver a oler su sudor, lo que me trajo demasiados recuerdos de muchas sensaciones íntimas a la cabeza e hizo que mi borrachera desapareciera por completo.

Cuando completó la ronda, volvió hasta el novio y le cogió de las manos para que le acompañara al centro de la sala. Una vez allí le indicó que se sentara en la plataforma y comenzó a contonearse a su alrededor, subiendo una marcha más puesto que guió sus manos por todo su cuerpo, incluso llegó a lamerle los dedos, hasta llevarlas hasta sus generosos pechos. Ahí se las dejó y lentamente se quitó el top, sabiendo que nuestro amigo no las retiraría de tan excitante lugar. En ese momento sólo llevaba puesta la malla de rejilla, el tanga y los botines. Repentinamente se dio media vuelta y enterró la cara del novio entre las tetas, provocando que éste le metiera otro buen magreo en el culo. Desde luego nos estaba dando más de lo que esperábamos porque pocas strippers se dejan tocar tanto pero, conociéndola como la conozco, tampoco era para sorprenderse.

El siguiente paso fue quitarle el top al travestido novio. Se puso detrás de él y empezó a levantárselo despacio, acariciándole los fofos pectorales según los iba descubriendo. Cuando finalmente se lo quitó, con cuidado para no llevarse también la peluca, se subió a la plataforma para alzar la prenda como si fuera un trofeo y pude contemplarla en todo su esplendor. Mi primera impresión no había sido ninguna ilusión causada por el alcohol, realmente estaba mucho más buena que antes: tenía los brazos más fibrosos y las piernas más torneadas, aparte de haber rebajado considerablemente su sempiterna barriguita que, en mi opinión, nunca había afeado su figura porque iba a juego con sus anchas caderas, generoso culo y voluptuosas tetas. Y una curiosidad: la malla llevaba una apertura a la altura del pecho que dejaba estas últimas completamente libres, sobre las que además no llevaba pezoneras. Sus maravillosos pezones tipo galleta María lucían más apetitosos que nunca. También es digno de comentar la ausencia de tatuajes, detalle sorprendente en los tiempos que corren y que me encantó, ya que el cuerpo femenino me gusta mucho más inmaculado.

Volviendo al baile, no se conformó con despojarle del cómico top y prosiguió con la minifalda pero, para conseguir bajársela, le tuvo que pedir que se levantara. Continuó el juego haciendo un amago de ponérsela ella misma, pero como los aplausos y ánimos se tornaron en abucheos (los silbidos continuaron igual porque ya se sabe que sirven para ambos fines), lo descartó de inmediato riéndose a carcajadas. Para ganarse de nuevo al público ejecutó una serie de contoneos alrededor de nuestro compañero luciendo tímidas e insinuantes sonrisas, acariciándole suave y lentamente por todas partes, contrastando con la violencia de sus bailes anteriores. No cabe duda que para ella el cuerpo masculino no tenía secretos porque logró que una indisimulable erección se hiciera notar en los gayumbos del afortunado.

En un momento dado hizo como que se daba cuenta de lo que había provocado y volvió a poner esa pose de sorpresa tan estilo pin-up que de nuevo despertó carcajadas, pero su siguiente cara pícara nos dejó claro que el numerito todavía no había terminado. Se colocó tras él, posó las manos sobre el vientre del novio y las fue bajando lentamente hasta que las introdujo fácilmente en los bóxers debido al efecto ‘tienda de campaña’. Al no encontrar resistencia, descubrió el erecto pene y comenzó a masturbarle lentamente con una mano mientras con la otra le acariciaba los huevos.

Esa fue una auténtica prueba de fuego porque observé como algunos se miraron y amagaron con intervenir para poner fin a la escena, pero el ‘cordobés’ demostró una vez más sus dotes de liderazgo atajando cualquier posible interrupción con un simple gesto de su mano. Ese gesto nos transmitía que el novio ya era mayorcito para saber hasta dónde estaba dispuesto a llegar. El caso es que precisamente esos movimientos parecieron despertarle y hacerle darse cuenta de lo que estaba sucediendo porque de inmediato tomó de las manos a mi exnovia y la apartó suavemente mientras le dedicaba reverencias con la cabeza, como agradeciéndole los servicios prestados. Pero ella, lejos de querer poner fin al espectáculo, simplemente le señaló su anterior sitio entre nosotros para que volviera a sentarse. A continuación se subió a la plataforma e hizo gestos con ambas manos pidiendo algún voluntario para que le reemplazara, tratando de disimular la frustación que le había causado la negativa de mi compañero a seguir disfrutando de sus encantos.

Y no sé qué se me pasó por la cabeza, pero algo me empujó a ponerme de pie como un resorte. Tal vez subsconcientemente no quise dejar pasar esa preciosa ocasión de poder volverme a acercarme a ella. Me sentí irresistiblemente atraído por esa diosa que, a pesar de que su cuerpo hubiera sido poseído por muchos, durante un tiempo su corazón fue sólo mío. Al ver que alguien se levantaba, dirigió su mirada hacia mí y, todavía sin poder reconocerme por la diferencia de luz, comenzó a hacer movimientos con los brazos como si tirara de una soga invisible para acercarme hacia ella. Instintivamente avancé hasta que la luz me iluminó de lleno y pudo verme con claridad. Doy fe de que el vuelco que le dio su corazón fue similar al mío un rato antes porque, tras estremecerse, se quedó petrificada. Yo también me paré en seco.

Esos dos segundos en los que nos quedamos mirando sin reaccionar se me hicieron eternos. Por suerte un nuevo acto reflejo mío logró desatascar la situación: le guiñé un ojo y la devolví a la vida. Instantáneamente continuó con los movimientos para seguir atrayéndome hacia ella, pero todavía sin ser capaz de disimular su cara de susto. Una vez me tuvo a su alcance, me obligó a darme media vuelta y me empujó por los hombros para que me sentara en la plataforma. Después se agachó sobre mí, cubriéndome la cara con su melena, y me dijo sin que nadie más pudiera darse cuenta “¿Qué coño haces aquí?”. “Casualidades de la vida”, respondí.

Volvió a erguirse y aparentemente logró recomponerse porque retomó sus contoneos al son de la música y empezó a acariciarme con desgana por el cuello y los hombros. El  caso es que al ver cómo le estaba afectando mi presencia me empecé a sentir culpable, así que me esforcé por dejar atrás los pensamientos negativos e intentar que ella se sintiera menos incómoda. Lo primero que hice fue alzar los brazos por detrás de mi cabeza para devolverle las caricias en un intento de ofrecerle complicidad, pero encontré resistencia porque me apartó las manos. No me quedó otra que dejarme hacer, pero con la idea de volver a intentar tomar parte activa en cuanto viera la oportunidad.

Que ella no pretendía hacer conmigo nada similar a lo que hizo con el novio anteriormente lo noté rápidamente porque retomó los movimientos bruscos del principio, así que pensé que lo primero que tenía que conseguir era relajarla un poco. Cuando bajó de la plataforma para seguir bailando delante de mí pude corroborar que estaba muy tensa porque le faltaba plasticidad, parecía que una corriente eléctrica estaba recorriendo su cuerpo y que se movía por inercia. Además me evitaba con la mirada y tenía el semblante muy serio. Lo lógico hubiera sido que hubiera puesto fin al espectáculo porque el baile al novio, que era por lo que habíamos pagado, ya estaba hecho; pero por algún motivo quiso continuar. Quizás su orgullo le impedía rendirse en esa batalla psicológica y dejarme a mí como ganador.

Entonces se me ocurrió una idea brillante: me levanté e intenté bailar con ella. Pero no de cualquier manera, sino reproduciendo algunos movimientos que en nuestra época juntos solíamos repetir a modo de cómicas coreografías con ciertas canciones. Y la estrategia funcionó a las mil maravillas porque me siguió el juego. Mirándome a los ojos comprendió que mi actitud no era hostil y que quería que los dos nos lo pasáramos bien porque le cambió la expresión de la cara drásticamente. El numerito también despertó al resto de mis compañeros de despedida, que llevaban un par de minutos en completo silencio porque la incomodidad de la stripper era evidente. Sus palmadas nos animaron todavía más.

Poco a poco nos fuimos calentando y progresivamente me fui restregando más y más contra ella y metiéndole mano, lo cual no era muy complicado puesto que ya estaba prácticamente desnuda, pero el caso es que ni se apartó ni me retiró las manos en ningún momento. La postura que puso punto y final al baile fue cuando me acoplé a ella desde detrás, presionando mi paquete contra su culo, y le magreé las tetas sin reparo. Qué gustazo volver a tenerlas entre mis manos. Además tenía los pezones bien erectos. Ella, ni corta ni perezosa, se mantuvo firme mientras meneaba las caderas y levantaba los brazos por encima de la cabeza para acariciarme la nuca.

Pero, como ya he dicho, el baile a dúo acabó ahí porque segundos después se dio la vuelta y me obligó a sentarme de nuevo en la plataforma. A partir de ese momento me dedicó un baile erótico que hizo mis delicias, fue incluso más excitante que el que le dedicó al novio porque estuvo plagado de carantoñas. Nuestros espectadores no paraban de silbar y gritar. Tras quitarme la camiseta se subió a la plataforma y me dio a entender que le bajara el tanga con los dientes, así que eso hice, haciendo que mis compañeros de viaje enloquecieran. Llevaba el vello púbico recortado pero sin rasurar del todo. Más apetecible imposible.

Cuando me levanté para ondear el tanga ante los demás a modo de trofeo, mi exnovia me pilló desprevenido y me bajó de un tirón tanto los pantalones como los gayumbos, dejando a la vista mi erecto miembro. Pero cuando esta vez empezó a tocármelo, nadie intervino porque todos sabían que estaba soltero y no había ningún problema en que disfrutara de los servicios de aquella chica. ¡Y cómo me lo tocó! Si antiguamente solía causarme molestias cuando intentaba masturbarme porque no estoy circuncidado y hay que tener cierto tacto, esta vez su desempeño en dicha tarea rozó la perfección. Estaba claro que por sus manos ya había pasado más de un pene como el mío y a esas alturas tenía la técnica más que depurada. Además supo medir el tiempo y no tardó en ponerse de cuclillas frente a mí y comenzar a hacerme una de sus prodigiosas felaciones, levantando nuevas ovaciones.

Fue un regalo del cielo poder volver a disfrutar del placer extremo que es capaz de proporcionar con su portentosa garganta. No había perdido ni un ápice de sus cualidades. Mi pene entraba y salía en toda su longitud en su boca sin el menor problema mientras ella me miraba fijamente a los ojos. A veces incluso se detenía cuando la penetración era completa para lamerme los huevos. Y eso, unido a las caricias que me dedicaba allá donde le alcanzaban las manos, estuvieron a punto de hacer que me corriera. Pero no quise que la cosa terminara tan pronto. Teníamos a nuestra disposición un puñado de hombres excitados y quise intentar ir más lejos para hacer de nuestro reencuentro una velada memorable.

Cuando extraje la polla de su boca, mi exnovia supo leer lo que quería hacer porque se tumbó bocarriba sobre la plataforma y se abrió de piernas. Bajo la luz del potente foco que había sobre ella pude apreciar que le habían salido estrías en las tetas y las caderas debido a su descenso de peso, y pensé que tal vez por eso llevaba la malla. Pero antes de que pudiera acoplarme a ella a través de la apertura que tenía la prenda en la entrepierna, alargó el brazo para sacar una caja de condones de debajo de la plataforma y me la pasó. Mientras me ponía uno se dirigió al resto de asistentes con gestos para que se acercaran, y un par de ellos ni se lo pensaron y se abalanzaron sobre nosotros deseando participar. Le empezaron a tocar las tetas mientras ella les intentaba bajar los pantalones, cosa que no le costó mucho y, en cuanto pudo, les empezó a chupar las pollas alternativamente. Entre tanto yo ya había invadido su coño y bombeaba con fuerza, disfrutando al máximo. La orgía ya no había quien la parara.

Un tercero se unió al grupo y tomó parte muy activa porque, sin previo aviso, apareció entre los otros dos, agarró a mi exnovia por las axilas y tiró un poco de ella hasta que su cabeza perdió el apoyo de la plataforma y se quedó colgando. A continuación subió un pie a la plataforma, se inclinó hacia delante, colocó su pene en la boca y se la empezó a follar brutalmente en esa posición opuesta a la habitual. Podía verse claramente el bulto que se formaba en su garganta cuando la polla entraba, que además era bastante grande, y me imaginaba su nariz chocando contra los huevos de mi compañero. Fue absolutamente increíble. De hecho me quedé alucinado mirando a pesar de haberme desacoplado de ella tras el tirón inicial que dio mi compañero. El caso es que ella se dejó hacer hasta que pareció quedarse sin aire e intentó liberarse, pero no recibió tal tregua. Tuvo que hacer buenos esfuerzos girando el cuello y empujando con los brazos para poder sacarse el miembro de la boca y respirar.

Cuando levantó la cabeza resultó muy excitante ver su cara con las típicas hebras de babas que siempre segrega cuando practica una garganta profunda en el sentido opuesto: en lugar de colgarle de la barbilla, las tenía pegadas desde la boca hacia arriba. Tuvo que quitárselas con las manos porque la nariz la tenía completamente cubierta y también un ojo, corriendo gran parte de su maquillaje. Pero, una vez recuperada, volvió a dejar la cabeza colgando, dando permiso para que continuara semejante práctica. Hay cosas que no cambian nunca. El caso es que el que la empezó dio paso a uno de los otros dos, y el restante se me adelantó porque, tras ponerse otro condón, penetró también vaginalmente a mi exnovia. La imagen de verla así, siendo follada a dos bandas en esa postura, es imborrable en mi mente.

Supongo que el hecho de pensar que no podía desperdiciar esa ocasión porque seguramente jamás volvería a repetirse me hizo espabilar porque, en lugar de quedarme agilipollado mirando como tantas otras veces, intervine y aguardé turno en la zona de las prácticas orales. Cuando el segundo en castigar la garganta de mi exnovia tuvo suficiente, tomé la delantera y, tras quitarme el condón al recordar su asco al sabor del látex, probé la nueva postura no sin antes permitirle que se volviera a quitar de la cara los abundantes efluvios salivales. Una vez en faena, la verdad es que me gustó la sensación de penetración plena porque la polla en ningún momento se te dobla hacia abajo, pero visualmente no tanto porque el hecho de no poder verle la cara despersonaliza mucho el acto sexual. Supongo que cuando no conoces a la chica te da igual, pero en mi caso no tardé mucho en desear volver a follármela por el otro lado.

Mientras tanto algunos más de mis acompañantes se unieron a la orgía y nos fuimos turnando su coño y garganta como buenos hermanos. Los condones volaban porque la dinámica de ‘en el coño sí pero en la boca no’ quedó clara muy pronto, ya que mi exnovia confirmó que repudiaba tragarse penes con profiláctico. Hay cosas que no cambian nunca. Y esto duró hasta que ella o se cansó o empezó a disfrutar de verdad de lo que le estimulábamos desde abajo, porque en un cambio de turno levantó la cabeza para no volver a bajarla y se puso a gemir como una loca. Pero tampoco cortó las prácticas orales por completo porque siguió dedicando apasionados lametones a los penes que tenía a mano siempre y cuando su ritmo de respiración se lo permitía.

El caso es que sus gritos gustaron mucho al que se la estaba follando en ese momento porque se terminó corriendo. Pero cuando se retiró, mi exnovia le pidió que se acercara de nuevo. Cuando lo tuvo a mano le quitó el condón y se vació en la boca su contenido, dejando claro que ése era el destino que deseaba para todo el semen que fuera a expulsarse esa velada. Hay cosas que no cambian nunca. El caso es que no se lo tragó, y verla gemir mientras era follada por el siguiente manteniendo esa ración de esperma en la boca resultó demasiado excitante para algunos, porque se empezaron a pajear descaradamente. Y supongo que no es muy difícil adivinar lo que pasó a continuación: se terminó montando una especie de bukkake.

Los que se mostraron más reticentes a intervenir porque tenían novia o esposa terminaron por acercarse a curiosear y creo que casi todos se la terminaron sacando para masturbarse, entre ellos el ‘cordobés’. Los que no querían aguardar turno para follársela se fueron corriendo en su boca como buenamente pudieron, básicamente porque apuntar hacia abajo con el pene erecto no resulta fácil, y algún que otro chorro terminó en el cuerpo de alguna víctima que se apartaba muerto de asco en busca de algo con lo que limpiarse, lo que provocó un clima de risas generalizado. Pero aun así, entre la que le llegaba de los condones usados y la que le dispararon directamente, lefa más que suficiente terminó en su objetivo, siendo contenida casi a la perfección en la boca pese a los envites y los gemidos, que pasaron a ser nasales. Y es que, aunque a veces se le rebosara un poco, siempre estaba rápida con las manos para rescatar y devolver a su sitio el semen que se saliera.

En mi turno de folleteo decidí no correrme porque me conozco y seguramente empezaría a darle vueltas a la cabeza en el momento en el que se pasara la excitación, así que di la vez e intenté quedarme el último. La verdad es que estaba cachondo a más no poder y empecé a pensar qué podría hacer para poner la guinda a semejante fiesta. Y la respuesta se presentó por casualidad: con tantos pies rondando alrededor de la plataforma, algunos de los objetos colocados bajo ella estratégicamente, como más cajas de condones, fueron pateados y volcados; y hubo uno que me vino como anillo al dedo: un frasco de lubricante. Cuando lo vi me agaché rápidamente para cogerlo, me quité el condón y fijé en mi mente mi objetivo definitivo: su culo. Una palabra se empezó a repetir cómicamente en mi cabeza: ¡recolonización! ¡recolonización!

Tuve que esperar bastante, pero finalmente logré quedarme el último. Por suerte no perdí mi erección en la espera, y es que la imagen de mi exnovia con la boca llena de semen gimiendo nasalmente y siendo follada pondría cachondo hasta a un muerto. Cuando todos se habían apartaron y ella vio que yo era el último que faltaba, me pareció intuir un intento de sonrisa en su cara. Me apliqué lubricante abundantemente y me posicioné dispuesto a penetrarla como ya habíamos hecho varios anteriormente, pero esta vez le levanté las piernas. En cuanto notó mis dedos lubricados masajearle el ano me miró con los ojos abiertos como platos, con una mueca que parecía decir “¿en serio?”. Yo asentí con solemnidad, y noté cómo abrió más las piernas, aprobando mi maniobra.

Así que dicho y hecho. Penetré despacio y con cuidado para no estropearlo todo, pero resultó innecesario. Mi polla entró en su culo como la seda. Ella controlaba ya su esfínter a voluntad. El lubricante hizo que no se notara en absoluto la ausencia de condón y desde el principio pude bombear a placer, gozando como hacía mucho tiempo que no gozaba. Y es que yo soy de los que disfrutan mucho más del sexo anal que del vaginal. Sé que me la jugué no usando profiláctico, pero cuando tienes la cabeza como una olla a presión se cometen imprudencias. Mi exnovia volvió a gemir y, entre lo que me estaba gustando y lo que me excitaron los sonidos que emitía por el placer, no tardé nada en correrme brutalmente. Puede que lo haya mitificado, pero diría que fue el mejor orgasmo de mi vida. Por un momento creo que hasta perdí el contacto con la realidad.

Dado que yo había sido el último que se había corrido de los que habíamos participado activamente, los demás se pusieron a aplaudir; pero todavía quedaba el golpe de gracia porque recordemos que mi exnovia todavía no se había tragado la mezcla de espermas que portaba en la boca. El caso es que, cuando me retiré, ella se incorporó cerrando la boca e hinchando los carrillos para no derramar nada con la intención de quitarme el condón que pensaba que tenía puesto para unir mi esencia a las que ya estaba saboreando antes de enviarlas a su estómago, pero se quedó ojiplática al ver que le había follado el culo a pelo. Le guiñé un ojo cuando me miró sorprendida entre las risotadas de algunos de mis acompañantes, comentando alguno: “¡Cómo se te va la olla, chaval!”; pero la sorpresa final nos la dio ella a nosotros. Hay cosas que no cambian nunca.

Noté cómo se le ocurrió una idea por el brillo en sus ojos. Se terminó de incorporar y se puso en cuclillas sobre la plataforma. Después colocó una mano bajo su culo y dejó salir mi esperma, recogiéndolo en la palma. Junto con mi semen también se le escapó un pedo, dando un nuevo toque de humor a la jugada. Ella a duras penas logró aguantar la carcajada, pero por suerte fue capaz de hacerlo; y es que hubiera sido una lástima que todo lo que llevaba en la boca hubiera salido disparado. Cuando estimó que ya había salido todo, alzó la mano por encima de su cabeza procurando no dejar caer nada, abrió la boca y vertió dentro lo que había recogido de su ano.

Una vez tuvo ya junta toda la lefa que había podido recoger esa noche, cerró los ojos y la boca, hinchó los carrillos y se llevó un dedo a los labios; tratando de concentrarse para intentar tragar semejante cantidad de fluido masculino. Se hizo un silencio sepulcral para no estropear el momento, pero lo consiguió a la primera emitiendo un sonoro “¡glub!”. Al instante todos estallamos de júbilo, aplaudiendo, silbando y gritando como nunca. Ella también se unió a los aplausos y se puso de pie sobre la plataforma alzando los brazos en señal de victoria. Es una diosa.

Justo antes de bajarse de la plataforma para recoger sus tres prendas y marcharse de la sala como una exhalación me buscó con la mirada y me dedicó un gesto de agradecimiento y satisfacción. Para ambos aquello había sido esa especie de ‘polvo de despedida’ que echan algunas parejas al romper, pero a nuestro estilo. Yo volví a guiñarle un ojo, dejándole claro que me había encantado. De vuelta a la casa rural pregunté a mis compañeros que por qué habían elegido a esa chica concretamente para que nos hiciera el baile, y me dijeron que porque les dijo que su precio era ‘tarifa plana’ mientras que las demás incluían un suplemento por cada cosa extra que se les solicitara hacer. Muy propio de ella. Ellos también comentaron que se había comportado de forma muy extraña cuando me presenté voluntario, pero me hice el loco diciéndoles que yo tampoco lo entendía.

Y esa fue la última vez que supe de ella. Sorprendentemente, en lugar de rallarme la cabeza y volver a pensar en ella, esa aventura sirvió en cierto modo para cauterizar mis heridas. Me quedé muy aliviado y me sentí libre, como si esa última orgía hubiera servido para cerrar por todo lo alto una gran etapa de mi vida y dejarme con la conciencia tranquila. Hoy en día he rehecho mi vida y formado una familia con otra mujer maravillosa que, en un estilo mucho menos ninfomaníaco, también sabe satisfacer mis deseos. Tal vez algún día me anime y escriba algunas líneas sobre ella, aunque nada de lo que hayamos hecho se parezca a lo relatado a lo largo de esta historia.

FIN


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