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Fecha: 09-Ene-17 « Anterior | Siguiente » en Gays

El hetero que me desvirgó

Frep
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Sexo guarro y explícito. La historia de cómo un hetero me folla por primera vez. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Desde siempre he sido un estudiante ejemplar; no es por echarme flores ni nada por el estilo, es simplemente la verdad. Soy y he sido siempre un empollón. El listo de la clase, el niño bueno, responsable y educado que todo padre o madre adora y querría tener como hijo. Sin embargo, y a pesar de haber estado en un colegio y posteriormente en un instituto muy religioso, no he sido nunca un Santo. Lo parecía, sí. Pero en absoluto lo era.

Ya desde muy pequeño, quizás con doce o trece años, supe que a mí lo que me gustaban eran las pollas: Cuanto más gordas y grandes, mejor. Descubrí, quizás demasiado pronto, que me encantaba el cerdeo, el morbo, ser un guarro en la cama (y quien dice cama dice cualquier sitio donde se pueda follar) y llevarme cualquier cosa a la boca. Soy una zorra total, ahora lo sé, pero quizás en el momento en el que se sitúa esta historia no era tan consciente.

Tenía 17 años, acababa de terminar primero de bachillerato con una media perfecta y tenía por delante todo un verano en el que esperaba exprimir al máximo mi sexualidad. Hasta la fecha, lo cierto es que tampoco había hecho demasiado. Le había comido la polla a algún compañero de clase y a algunos otros tíos, y también me la habían mamado a mí un par de veces. Pero casi nadie sabía de mi condición sexual, y eso claramente complicaba el encontrar a alguien dispuesto a un polvo.

Decidí que podría ser una buena idea buscarme algún trabajillo durante el verano para sacar algo de dinero, que nunca viene mal. Fue así como colgué un anuncio en una página web ofreciéndome para dar clases particulares. Puse mis notas, mis acreditaciones de idiomas y demás cosas académicas y en apenas dos días ya tenía más de 10 posibles alumnos.

Así fue cómo conocí a Javi; un chico de 18 años que era penoso en matemáticas. El chaval, he de reconocer, estaba buenísimo. Imberbe, de ojos azules y pelo muy oscuro. Jugaba al baloncesto y se le notaba que estaba muy musculado. Sin embargo, y esto era algo que no me atraía mucho, tenía una pluma exagerada. Se le notaba a la legua que a ese tío le iban las pollas tanto como a mí. Con él, la verdad es que cogí confianza muy rápido. Entre clase y clase podría decirse que nos hicimos amigos y todo. Yo veía cómo él me miraba, con el deseo pintado en sus ojos. Y él, por muy mal que se le dieran las matemáticas, sabía que a mí también me ponía. Y yo cada vez le dejaba más pistas; quería que fuera él el que se lanzara.

-Jo, estoy algo harto ya de tanto polinomio y tanta función, ¿por qué no hacemos un descanso? –Me pidió, estirándose en la silla después de terminar un problema de estos largos y muy aburridos.

-Bueno, vale. Pero tampoco podemos descansar en exceso, no me pagan por mirar cómo vagueas.

Al estirarse, pude ver el abdomen de Javi; muy marcado y por completo sin pelo. Aquella tarde hacía mucho calor, la habitación en la que estábamos olía algo a sudor y eso, para ser francos, me tenía cachondo perdido. Me hubiera encantado esnifar aquel aroma directamente de sus sobacos o de su entrepierna.

-¿Te importa si me quito la camiseta? Hace mucho calor aquí –Me dijo.

-Claro que no, estás en tu casa.

Cuando vi su torso desnudo inmediatamente mi polla pegó un respingo. Joder, Javi estaba buenísimo. Tenía unos brazos muy fuertes y unos sobacos muy peludos. Tiró la camiseta a la cama y me miró con una sonrisa.

-¿Por qué no te la quitas tú también?

Esa pregunta me impulsó a dar ya los siguientes pasos. Me deshice enseguida de la molesta camiseta, y me levanté de la silla para colocarme frente a Javi. Le miré a los ojos y me lancé a su boca; le besé con ansia mientras le agarraba la polla por encima de sus bermudas. Según parecía, el tío tenía una buena herramienta ahí abajo. Herramienta que no tardó en despertar gracias a mis magreos. Seguí jugando con su lengua mientras coloqué su diestra sobre mi polla. Él estaba algo parado, quizás no se esperaba que fuera tan directo. Pero enseguida reaccionó y empezó a sobarme casi tanto como yo lo sobaba a él. Dejé sus labios y llevé mi boca a sus pezones. Los tenía bastante grandes para ser un chico tan delgado. Los succioné con ganas, saboreando cada partícula de sudor que había sobre su pecho, despertando continuos gemidos en el chico y sin dejar de pajear su polla por encima de la ropa. No pude resistirme ni un segundo más y levanté su brazo izquierdo, aspiré profundamente el olor a sudor que desprendía su axila peluda y me dejé embriagar por semejante aroma.

-¿En serio te mola eso? –Me preguntó.

A lo que decidí responder con una acción y no con palabras: Pasé mi lengua por todo aquel pelo sudado y casi tengo un orgasmo allí mismo. Joder, pero qué bien sabía. Chupé y chupé aquel sobaco hasta que no le quedó olor alguno y me pasé al del otro brazo para hacer exactamente lo mismo.

-Joder, pues sí que da placer –Dijo Javi, que no podía parar de gemir mientras que torpemente me daba agarrones a mi polla, que estaba más dura que una piedra y chorreando de precum, al igual que la suya.

Le bajé los pantalones de chándal y los gayumbos todo de una vez: No había tiempo para tonterías. Su polla era gigante y estaba reluciente, debido a todo el precum que cubría su glande. Era una polla circuncidada, nunca había probado una. Y desde luego no iba a prolongar mucho más tiempo el no probarla. Me lancé a ella con prisas, saboreando primero su glande para llevarme todo el precum que en él había. Chupé con ganas aquel cabezón que no paraba de chorrear, para luego pasar mi lengua por todo su tronco y acabar en sus huevos: El olor allí era bastante intenso. Me los metí en la boca sin dejar de pajear su pollón y luego decidí dar un paso más y meterle toda mi lengua en el culo, lo cual despertó en Javi un profundo gemido. Supe que se iba a correr pronto, así que me centré de nuevo en su polla mentiéndomela en la boca casi entera y llevando un ritmo de mete-saca bastante acelerado. Javi tembló y le regaló a mi paladar un baño de lefa bien calentita, que no dudé en tragarme. Cuando le dejé la polla bien limpia, subí de nuevo a sus labios y le comí toda la boca.

-Ahora me toca a mí –Me dijo, y se lanzó enseguida a mi polla.

Sinceramente sólo me apetecía correrme en su boca y ya está. Así que le dejé hacer hasta que eso mismo ocurrió y mi leche inundó toda su boquita.

Desde aquel día, era raro cuando Javi y yo no nos comíamos las pollas en nuestras clases, estuvieran o no estuvieran sus padres en casa. Me encantaba llevarme a la boca a aquel pollón, para qué negarlo. Y era un chico tan agradecido…

Un día, ya casi al final del verano, llegué a su casa a la misma hora de siempre, pero me encontré con que Javi no estaba. Allí sólo estaba su padre, el cual era un hombre bastante simpático y buena gente. Era un tipo de unos 30 y muchos años,moreno, con una barba cerrada, algo de barriga cervecera y muy varonil. Aunque no tenía los ojos preciosos de Javi, lo cierto es que a mí me ponía bastante, porque siempre llevaba un tipo de pantalones que hacían que su paquete se viera muy grande. Parecía que en aquella familia lo de tener un pollón iba en la sangre.

-¿Prefieres que espere aquí o mejor vuelvo a otra hora? –Le pregunté, cuando me informó de que su hijo había tenido que quedarse un poco más del tiempo normal en el entrenamiento de baloncesto.

-Espérate aquí, hombre. Siéntate. ¿Quieres algo de beber?

Iba a responderle que sí, que la lefa de su hijo o la de él mismo me valía, pero me reprimí y puse la mejor de mis sonrisas.

-Un vaso de leche fría estaría bien –Claramente lo dije buscando algo más, pero él no parecía que estuviera interesado en absoluto.

Me bebí la leche mientras charlábamos un rato de cosas banales. Lo cierto es que no podía quitar la mirada de su entrepierna. Su paquete era francamente grande, y cada vez que se movía aquello también lo hacía. Era jodidamente maravilloso.

-¿Quieres más leche?

-No, muchas gracias.

-¿Cómo que no? –El hombre se levantó y se quedó de pie frente a mí-. ¿La de la puta de mi hijo si te la bebes y esta no? –Preguntó mientras se agarraba el nabo, que se encontraba justo frente a mi cara.

Joder, no me podía creer que aquello estuviera pasando. Un hombre casado, padre de mi ¿follamigo? y alumno me estaba ofreciendo su polla y su leche. Además el tío me ponía muy burro y tenía un pollón. No dudé y alargué mi mano para tocar semejante trozo de carne, sin embargo el hombre me dio un manotazo.

-Suelta, puta. Aquí el que manda soy yo.

Se bajó el pantalón, dejándome ver que no llevaba nada debajo del mismo. Me acerco su polla a la boca y me la metió sin decir nada más. Me folló la boca con furia, rápido y sin pausa. Llevaba un ritmo frenético, muy violento. Sin embargo me encantaba el sabor de aquel falo. Olía a macho y sabía a macho. Con cada embestida profunda, mi nariz quedaba pegada a su pubis peludo y podía aspirar más de aquel aroma que me estaba volviendo loco. Qué peludo era aquel hombre, nada parecido a su hijo. Qué olor desprendía, a macho puro. Cuando aparentemente se cansó de que se la comiera, sacó un condón de su bolsillo y se lo puso.

-Ahora voy a follarte, como la puta que eres.

-Pero yo nunca lo he hecho. Nadie me ha metido nunca nada por ahí.

-Cállate, joder. No vuelvas a hablar. Te voy a follar y punto.

Tuvo la gentileza de ponerme algo de lubricante en el culo (lo cual lo hizo metiéndome dos dedos por el ojete sin contemplación alguna) y enseguida me ensartó con aquel pollón que tenía. Grité muchísimo, primero de puro dolor y, poco a poco, conforme me fue follando (muy rápido y sin miramientos, sin parar de insultarme y decirme lo putita que era) se fue convirtiendo el dolor en el placer más grande que alguien me había dado hasta la fecha. Se corrió en el condón, me sacó la polla del culo y me miró con asco.

-Fuera de mi puta casa. No quiero volver a verte por aquí, maricón de mierda. Recoge tus cosas y largo.

No sabía muy bien qué estaba pasando, pero le hice caso. Nunca volví a darle clases a Javi, aunque sí que le comí la polla alguna que otra vez más. Y me hice más de una paja recordando cómo me partió el culo por primera vez un hombre: Su padre.

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Muchas gracias por leerme. Se agradecen los comentarios ;)



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