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Fecha: 09-Ene-17 « Anterior | Siguiente » en Hetero: Infidelidad

Hazme tuya Juan, aunque ella esté aquí...

Streya
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La fiesta de mi amiga Roxy parecía mi mejor elección de fin de semana, hasta que él cruzó el umbral de la mano de su esposa... Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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¡Oh no! ¿Qué hacia él ahí?

Por un momento sentí que todo me daba vuelta, ¿Por qué Juan y su mujer estaban en la fiesta de Roxy?

-Ven Estrella te quiero presentar a algunos amigos

Por un momento pensé que no podría hablar.

Estaba totalmente en shock.

-No, Roxy, yo prefiero mantener un perfil bajo, es tu fiesta, anda saluda tú

- ¿Qué te pasa Estrella?, parece como si hubieras visto un fantasma. ¿Pasa algo?

-No, no pasa nada, de verdad, no pasa nada

Yo debía huir, debía irme inmediatamente antes que Juan me viera, sin embargo, me quedé pegada al suelo, como si de pronto mis piernas no tuvieran movilidad alguna.

-Ok, iré a saludar a Lizy y su esposo, atiendo un poco a los invitados y regreso para que nos bebamos algo más juntas

- ¿Ella es tu amiga? La mujer que acaba de entrar, la pareja…

-Sí, no somos las mejores amigas, pero si lo somos, de hecho, por muchos años sus padres y los míos vivieron al lado, nosotras de chicas si éramos las mejores amigas, a su esposo no lo he tratado mucho. ¿Pasa algo con ellos? ¿Los conoces?

-No, en absoluto

La mirada de Roxy me hizo ver que no me creía del todo y que sospechaba que algo me pasaba.

Así que la esposa de Juan y Roxy eran amigas, que mala suerte la mía, al único hombre que no quería volver a ver en mi vida era a Juan, y ahí estaba a unos pocos metros de mí y ¡con su esposa!, con su flamante esposa, la que yo supe que existía hasta tres meses después de haber iniciado la que consideraba una relación fabulosa.

¡Maldito Juan!, mentiroso de porquería, aunque yo debía reconocer que desde el momento que le conocí muchas cosas no calzaban y tenía casi la seguridad que él mentía y aún seguía casado, sin embargo, no fue hasta que él mismo lo confirmó que acepté que ya no podía seguir saboteando yo misma la verdad que siempre supe… Juan no era un hombre libre…

Y yo me había vuelto loca por él.

Mis ojos fueron incapaces de mirar hacia otro lado, mis pies fueron incapaces de caminar y alejarse. En un momento más los ojos de Juan se cruzaban con los míos. Él al igual que yo estaba totalmente sorprendido de verme, su mujer conversaba amenamente con Roxy y no notó como su marido y yo nos observábamos directamente uno al otro, en todo caso y aunque yo había visto fotos de ella y sabía de su existencia, yo era una total desconocida para ella. Yo fui la amante anónima por un corto tiempo, pero ese tiempo fue suficiente para dejarme devastada ante la mentira y la ilusión hecha trizas.

Me terminé de un solo mi trago de tequila y me serví otro de la botella en la mesita a mi lado.

La mujer de Juan parecía muy sociable y en un momento más estaban varios de los asistentes a la fiesta junto con ella y Roxy, en lo que parecía una tertulia de viejos amigos. Juan no participaba en la conversación y me observaba constantemente.

No habrían pasado más de quince minutos y yo sentía que llevaba siglos observando aquella escena.

De pronto mi sorpresa inicial fue sustituida por la rabia que aún guardaba dentro hacia él, levanté mi rostro y entonces movida por el coraje me alejé a toda prisa, necesitaba respirar, necesitaba codificar el hecho de que la fiesta de Roxy apenas empezaba y yo era su huésped, por lo que no podía irme, no podía ir tomar mi maleta y marcharme, debía poner todas mis emociones en su sitio y sobrevivir a aquella fiesta que pasó de ser una excelente opción de fin de semana a una verdadera pesadilla.

-Lo siento, no sabía…

No fue necesario que me volteara ni que él hablara para que supiera que Juan estaba detrás de mí, podía sentir su presencia.

-Déjame sola, no quiero que te acerques a mi

-Estrella, por favor, mira intentemos ser amigos

- ¿Amigos? No seas estúpido Juan, yo nunca quise ser tu amiga

-Estrella, por favor, no tenía ni la menor idea que fueses amiga de la amiga de…

- ¿De tu esposa? Aun te cuesta decir abiertamente tu esposa frente a mí, ¿tan acostumbrado a mentir que ya no sabes hablar con la verdad?

-Estrella aparte de lo de mi estado civil, todo lo demás fue cierto, lo mucho que te deseaba, lo que me hacías sentir, lo que me haces sentir.

Por un segundo los demonios de mi ser afloraron y desee entrar de nuevo al salón y contarle todo a su mujer, vengarme, pero lo único que hice fue quedarme viéndolo, observando aquellos labios carnosos que me devoraran a besos tantas veces, su cuerpo que yo apretara con todo el deseo y la excitación contra el mío.

-Hazme tuya Juan, aunque ella esté aquí…

La cara de asombro de Juan fue total, aunque al mismo tiempo parecía totalmente incrédulo ante mi propuesta, quería que me hiciera el amor, ahí y ahora, que asumiera las consecuencias y me diera lo que yo deseaba, disfrutar una vez más de esa forma violenta como me poseía, no me importaba nada ni nadie, quería sexo y lo quería en ese preciso momento.

-Estrella no, lo que dices es una locura

Escuché su voz entrecortada, su respiración agitada y pude intuir que ante la sola idea de que tuviéramos sexo mientras su mujer estaba ahí tan cerca, lo excitaba, sabía que yo lograría que él hiciera una locura como aquella.

Lo tomé de la mano y casi con violencia lo hice seguirme, bajar las gradas hacia el jardín; sabía un sitio exacto donde no creía que alguien llegaría y era justo el sitio donde quería que él me hiciera suya.

-Estrella, es una locura, lo haremos Cielo, pero no ahora

Cruzando casi todo el jardín, llegamos a la fuente, ésta tenía poca iluminación y el sonido del agua corriendo tenía un poder seductor sobre mí.

No me importaba que él protestara, estaba en mis manos y yo quería someterlo a mi deseo.

Lo rodeé con mis brazos al cuello y me apoderé de su boca, él no tardó mucho en entregarse al beso, entonces aproveché para bajar mi mano y comprobar lo que casi estaba segura, su pene estaba totalmente duro.

-Me debías esto Juan, quiero sentirte, quiero ser tuya.

Mis palabras fueron pólvora y en un momento más Juan me sentaba al borde de la fuente y se colocaba en medio de mis piernas, sus enormes manos tomaron mi espalda y me apretaron a él, yo movía mi pelvis en una descarada invitación al sexo, estaba totalmente loca y no pararía hasta que él me cogiera, era extraño, pero mi venganza no parecía serlo tanto cuando era algo que ambos deseábamos.

Su lengua entró salvajemente en mi boca y tomó el control de aquel beso rudo y demencial que solo él sabía darme.

¡Cómo extrañaba esos besos! Me volvían loca.

Sus manos ahora se apoderaron de mis tetas, esas tetas enormes que yo sabía que a él le volvían loco, no pude evitar sentir una combinación de dolor y excitación cuando él sin misericordia apretaba con fuerza mis tetas. Cuando él separó su boca de la mía yo supe que mis tetas recibirían ahora una de esas mamadas deliciosas que solo él sabía darme.

Mi vestido voló por los aires y mi sostén le siguió, posterior al sonido de encaje rasgándose, de pronto, de pretender someter a aquel hombre fui sometida, con fuerza, con rudeza.

Mi piel sintió el frío de la noche como pequeñas agujas.

¡Ayyyy sus dientes! Sus dientes mordieron mi pezón y yo ahogué un grito, luego en forma casi demencial Juan mamaba mis tetas, mordía mis tetas, succionaba con fuerza mis pezones y yo sentí como mi concha se mojaba completamente, temía tener un orgasmo antes de lo que yo deseaba, yo quería su verga dentro de mí, yo quería que él llevara mis jugos en su verga en aquella fiesta, que mientras estuviera al lado de su mujer fuera mi olor y mi cuerpo el que estuviera grabado en el suyo.

Sentía dolor en mis tetas, pero a la vez unas oleadas de placer, por cada mamada suya, por cada succión y chupetazo sentía como mi cuerpo reaccionaba con deseo, cada vez más deseo.

Mis manos con dificultad llegaban a su sexo y bajaban su bragueta, estaba duro, palpitante, mis manos se apoderaron de su verga y pude sentir su humedad coronando, tocar sus huevos duros a punto de explotar, supe que ninguno de los dos podría soportar más, yo quería mamarlo, quería mamar su polla dura, como lo hiciera tantas veces, pero sabía que él me metería su pene en segundos, porque no había tiempo para un mayor preámbulo, la adrenalina y el deseo corrían a raudales por nuestro cuerpo.

No supe en que momento Juan despojó con habilidad de mi cuerpo el último trozo de tela de encaje que me quedaba, yo estaba totalmente desnuda y él conocedor de lo que me volvía loca introdujo en mi concha sus dedos, masturbándome hábilmente, metiendo uno, dos, tres dedos en mi húmedo y palpitante sexo.

Media luz, el ruido lejano de la música en la fiesta, el ruido del agua de la fuente corriendo, mis nalgas en el frío borde de la fuente, excepto por mis zapatos de tacón, totalmente desnuda, aquel hombre besándome salvajemente con sus dedos dentro de mi vagina, haciéndome estallar. Aquello era el paraíso.

Mi Juan, mi amado Juan, mi odiado Juan, lo hacía de nuevo, me llevaba al cielo. Me volvía loca.

Con gran fuerza y habilidad Juan me volteó, mis manos en el borde de la fuente, mi culo levantado y mis piernas abiertas, su verga entró sin complicación alguna, pero con gran fuerza. Mi cuerpo se arqueó más aún para recibir sus bombeos, rudos fuertes, rápidos, una y muchas veces.

El jadeaba, gemía, yo casi gritaba de la excitación.

-Sí, mi amor, si, así, cógeme, coge a tu puta, a tu perra

Sabía que a él lo ponía que le hablara así mientras me cogía.

Sus gemidos se hicieron más fuertes.

Yo tocaba mi clítoris con mi mano, mientras la cogida de Juan me movía fuertemente.

Me seguía cogiendo fuerte, rápido, dentro muy dentro, sus huevos rozaban mi hoyo del culo con cada bombeada en mi concha de su pene.

Estaba totalmente perdida, me corrí delicioso, sintiendo como brotaban mis jugos y mi leche en forma abundante. Fue uno de los orgasmos más fuertes que yo hubiese sentido y uno de los más particulares, por el sitio y el momento. Entonces escuché esa forma deliciosa de gemir fuerte y grave de Juan cuando llegaba a su orgasmo, lo sentí retorcerse un poco y dejar fluir todo ese semen que tantas veces yo degustara en mi boca, se quedó inmóvil un momento más dentro de mí y luego sacó su polla y me sentí extrañamente vacía, goteando su semen revuelto con mis jugos.

Me volteé y quedando de nuevo de frente lo tomé y lo besé con toda la pasión que se besa a tu hombre, a tu amante, a quien deseas tener siempre y no lo puedes tener. Lo deseaba nuevamente, como se desea aquello que no es tuyo y añoras lo sea. Lo besé como se besa a quien te lleva a un extraordinario orgasmo con toda la lujuria y la pasión.

Bajé un poco y le chupe su aún erecta verga y pude probar su leche y mis jugos, chuparla y limpiarla con mi lengua, meterla en mi boca y mamarla, para luego subir y volverlo a besar son su semen en mi boca.

Nuevamente yo estaba en desventaja, totalmente desnuda, sin idea de donde había caído mi ropa y él en solo un momento estaba nuevamente vestido.

-Estrella sigamos juntos, veámonos de vez en cuando…

A lo lejos la voz de su mujer llamándolo llegó claramente.

-Vete al infierno Juan

Él se alejó rápidamente porque aquella voz estaba a punto de llegar a nuestro lado.

Yo no me moví, me quedé ahí, congelada, desnuda, sintiendo como bajaba el semen y mis jugos por mis piernas, sintiendo como las lágrimas bajaban por mi rostro.

Escuchar como su mujer le gritaba enfurecida, mientras él intentaba calmarla, dándole estúpidas explicaciones, fue la cereza del pastel.

Sonreí

Vete al infierno Juan… y cuando estés ahí, llámame y hazme tuya una vez más…

De pronto entre los arbustos algo se movió.

-Vístete niña o tomarás un resfrío

Casi me desmayo, el padre de Roxy se acercaba con mi ropa en una mano y su polla totalmente erecta y goteando semen en la otra.

-Niña acabas de hacerme una fantasía realidad. Que pajeada más deliciosa me he dado viéndote, que puta salió la amiga de mi hija. Deliciosa, sencillamente deliciosa.

No pude hablar, sabía que él estaba en esos días en la casa de mi amiga, pero ella dijo que había salido y no estaría en la fiesta.

-Ven niña, necesitas una ducha, un trago y Papi te lo dará

Hablaba con una naturalidad pasmosa. Se quitó su camisa y me la puso en mis hombros, ahora el que estaba totalmente desnudo era él.

Aquello no podía estar ocurriendo, él nos había visto y se había masturbado viéndonos, pero tenía razón una ducha y un trago era lo que necesitaba justo en ese momento.

Él siguió hablando como si aquello fuese una situación normal y trivial de la vida.

-Una ducha, un trago y tal vez algo más… si tú lo quieres así niña, por supuesto, Papi te lo hará con mucho amor

Esto último lo dijo en un susurro en mi oído, que me petrificó aún más.

Tomándome de la mano aquel hombre maduro, que yo siempre admirara por ser tan buen padre, tan amoroso y tan bien conservado a pesar de su edad, me guiaba a su habitación bordeando el jardín.

¿Quieres que te cuente que pasó con el padre de mi amiga? ¿Si? Déjame un mensajito… besitos, gracias por leerme…


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