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Fecha: 10-Ene-17 « Anterior | Siguiente » en Sexo con maduras

La pasional Aleska

CARTUZ
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Lo oímos hasta el cansancio, pero esta frase es una de las más indicadas para las citas y encuentros amorosos... “La primera impresión, es la que cuenta” pues una vez más… un grandísimo error. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Nuevamente aquí, se acabaron los días de fiestas y a trabajar, que mejor que empezar con un viaje de trabajo y como decía el Marqués de Sade…

            El sexo es tan importante como comer o beber, y debemos satisfacer este apetito con tan pocas restricciones y falso decoro como los otros.

 

Era el día para ir a cenar a casa de mi amigo Pawelek y ver si cuajaba una “relación” con su mujer. Esta situación ya la había vivido antes, no era que digamos novedosa. La diferencia era que a Pawelek lo conocía bastante y a su mujer Aleska de tomar dos cafés, de los cuales el primero me marche. Los veía muy fríos, distantes. Lo bueno… que los tenía “calados” como en la inmensa mayoría de las parejas, él se creía que mandaba, que tenía la última palabra, pero craso error, la que mandaba era su mujer, que imagino que no quería hacerle ver la realidad y no sería yo quien le sacara de ese espejismo.

Llegue a su casa con la intención de controlar desde el primer momento la situación. Lleve unos dulces y me abrió la puerta Pawelek, que contrario a lo que yo me esperaba me recibió con mucha amabilidad y sin la tensión que se palpaba otros días. Quise saludar a su mujer y me dijo que ahora venía que estaba en la cocina, no quise esperar y le dije que me indicara donde estaba la cocina, el me la señalo y fui hacia allí. Entre en la cocina ella preparaba una ensalada y se veían muchos platos ya preparados. Me miro y sonrió sensualmente, yo sabía que a mi espalda estaba Pawelek, ella llevaba un vestido de color crema ceñido a su cuerpo, de manga larga y muy corto, le llegaba un poco más abajo del culo. Se terminó de dar la vuelta para quedarse de frente a mí, tenía un escote en V que, hacia destacar sus tetas, que parecían un poco más grande de lo que se intuían. Era de un tamaño medio.

Esta vez nada de darme la mano, nos acercamos a darnos un beso en las mejillas, pero lo que hice yo, además, pillándola desprevenida, fue tocar su culo y meter mi mano por debajo del vestido, comprobando que no llevaba braguitas. Supuse que el marido si no lo vio lo intuyo, por el respingo que dio su mujer. Si llevaba sujetador no me hacía falta comprobarlo, porque tal como se le marcaban los pezones, no era necesario. La cara de Aleska era de absoluta sorpresa y miraba intensamente a su marido, el cual estaba callado. Le dije que todo lo que veía preparado tenía muy buena pinta, quitando importancia al “saludo” que la había dado, se repuso y nos mandó a sentarnos, que ella se encargaba de todo, insistí para ayudarla y no me dejo, decía que yo era el invitado.

Nos fuimos y nos sentamos en una mesa redonda de cristal y un pie único de la mesa hecho de forja, no había mantel, había como unos mantelitos pequeños individuales. Había unos aperitivos puestos y picoteamos mientras llegaba Aleska. Llego con una fuente con la ensalada que había preparado y la puso en los tres platos, sentándose luego. Sabía mucho a limón y a algo más que no llegaba a distinguir el sabor. Era la ocasión, se me acababa de ocurrir algo, como el cristal era transparente se veían sus piernas, que al sentarse el vestido se subió más y si llego a estar frente a ella, no de lado, seguro que le vería todo. Lo que hice a alguien le pude resultar que fue una desconsideración por mi parte, pero es que la cena me daba igual.

Le dije si no tenía un poco de aceite de oliva para la ensalada, en otras circunstancias me hubiera adaptado y no lo hubiera pedido, pero mis intenciones eran otras. Ella algo consternada me dijo que no tenía, que solo tenía aceite hipocalórico que es en parte mineral y vegetal, el otro aceite que tenía era de avellanas. Pawelek enseguida dijo que ellos el aceite lo usaban todo, que utilizaban más la mantequilla para cocinar. Zanje la conversación diciéndole que seguro que el hipocalórico me apañaba. Se fue y trajo el aceite, traía la botella entera y se disculpaba por no tener un recipiente adecuado para ponerlo, le quite importancia y ella se ofreció a ponerlo. Estaba de pie junto a mí. Le dije que me pusiera un poco en los dedos que lo probaría antes.

Los dos se quedaron extrañados y ella me puso en los dedos muy poco, la anime a que me pusiera un poco más, apenas lo probé, me daba igual y le dije que ahora lo pusiera muy lentamente en mi ensalada mientras yo la removía. Con la mano izquierda cogí el tenedor para remover la ensalada y la derecha con los dedos con aceite, la pase por detrás de ella, subí por debajo de su falda y sin cortarme un pelo, busqué su culito y metí un dedo. Lo hice consciente de que me podían echar de la casa, pero me daba igual, quería ver su aguante, el de los dos. Una vez que encontré su culito metí mi dedo más largo poco a poco, que me costó mucho, no sé si porque nadie antes había “visitado” ese sitio o por la postura. La única respuesta que obtuve de ella fue un buen chorretón de aceite en mi ensalada y que con la mano libre se apoyó en mi hombro, clavándome sus uñas.

Yo imaginaba que Pawelek suponía que le estaba metiendo mano, pero seguro que no lo que estaba haciendo. Él se sonreía y ella dijo… “Ríete, ríete… pero…” y bufo porque en ese justo momento aproveche para meter un dedo dentro de su coñito. Lo que me daba cuenta viendo a Pawelek era que no estaba tan disgustado como el primer día que hablamos de eso, ahora pensaba que todo fue una impostura por su parte. Aleska estaba apretando mi hombro cada vez más y cuando la vi mejor, quité mis dedos y mi mano. Se quedó parada y al final se sentó. La ensalada era incomible, se había convertido en una sopa de aceite y cuando dije que no me apetecía sopa, nos reímos todos. La mirada de Aleska hoy, era una mirada ardiente y que pedía “juerga” al ser de cristal la mesa, podía ver, mirar y admirar las piernas de Aleska que no paraban de moverse. 

Pawelek que siempre y sobre todo jugando a baloncesto lo veía fuerte, correoso… y al hablar de cualquier tema se le notaba siempre acelerado, eufórico defendiendo su opinión, en cambio ahora veía a un Pawelek tranquilo, muy tranquilo, con un alto grado de pasividad y sobre todo muy callado. Yo era y soy todo lo contrario, hablador, bromista, me considero divertido y miro con descaro, firmeza y pasión cuando me interesa. Una vez terminado de cenar, nos fuimos a otra parte del salón para estar sentados más cómodos, habíamos quedado desde el principio, aunque nos costase, entendernos en ingles todo lo que pudiéramos, para de esa manera entrarnos los tres.

Me preguntaron lo que quería beber, me daba igual porque sabía que lo que me pusieran de alcohol, daría un sorbo testimonial y poco más. Aleska entonces dijo que me pondría lo mismo que tomaban ellos, un vodka que era de color verdoso. Cuando lo probé prácticamente estaba helado y no sabía mal lo poco que tomé. Se notaba que ellos estaban acostumbrados porque daban buenos sorbos. Estábamos en un momento de estancamiento y propuse que pusieran música para bailar, cuando Pawelek se levanta rápido y puso música de bailes típicos polacos. Yo quería música más tranquila y se lo hice saber. Le vi rebuscando en un mueble y sorpresa, puso música lenta italiana, no me lo esperaba. Me dijo que era música que le gustaba a Aleska. Me levante y la invite a bailar.

Pawelek se fue a sentar y se colocó en otro sitio para vernos mejor. Le agarré bien por la cintura, empecé a acariciar su espalda y su cintura, hasta que empecé a bajar mi mano, rozaba prácticamente su culo y al estar de espaldas a su marido, este lo veía perfectamente. Yo le decía al oído susurrándole, lo bien que me sentía al tocar ese culito que se notaba tan delicado. Ya no era yo solo el que me pegaba, ella en cuanto empezó a notar como mi erección aumentaba, se rozó bien contra mi dura polla. Ella me dijo al oído si su marido la miraba y yo se lo confirme, me dijo que estaba rabiosa porque notaba que a él le gustaba la situación creada y le había estado diciendo que no para que ella se sintiera mal y yo la tranquilice con palabras suaves y diciéndole que estaba equivocada, lo que le sucedía a su marido es que no esperaba que cuando la viera así le pudiera gustar. Como la vi dudar le dije que nos fuéramos a sentar y lo vería.

Nos sentamos esta vez en el mismo sillón. Con el mayor descaro del mundo y no cortándome para nada, puse una mano encima de su pierna y fui subiéndola hasta llegar a su muslo. Pawelek miraba entusiasmado, ni nos escuchaba. Se puso nervioso y dijo que iba por hielo dejándonos solos. Aleska se cortó un poco, no sabía si se había enfadado o que pasaba, la volví a tranquilizar y sin perder el tiempo metí mi mano bien metida entre sus piernas, ella al sentirla, se echó hacia atrás, lo que aproveché para por encima del vestido, donde se marcaban perfectamente sus pezones, mordisquearlos. Cada vez ella se soltaba más, se le notaba más relajada y mirándome a los ojos y en voz muy baja me dijo… “A mi marido lo amo, pero tu creo que eres el indicado para darme el sexo que él no sabe darme…”

De reojo vi a Pawelek, empecé a desnudarla, a quitarle la única ropa que tenía si no contamos las medias ni los zapatos de tacón que llevaba puestos. Una vez que le quité el vestido, vi que las tetas las tenía un poco caídas pero unos pezones rositas bien puntiagudos. La cogí en brazos y la lleve a su habitación que ella me iba indicando el camino, pasando junto a su marido y ella lo miro calientemente. Llegamos a su amplia habitación y la deje suavemente sobre la cama, me empecé a desnudar y le dije que mientras se tocase para mí, ella con vergüenza me dijo que eso no lo había hecho nunca para nadie y le avise que esa noche no me dijese más, ni que no, ni que nunca lo había hecho, que esa noche sería distinta. Se empezó a tocar muy tímidamente, pero según la miraba ella se iba animando, hasta que se tocaba ya sin ningún tipo de corte.

Una vez desnudo se quedó fija mirando mi polla y dijo… “Realmente no me has mentido…” miré hacia atrás y vi a Pawelek mirando en silencio. Quería que se sintiera especial y que esa noche fuera diferente para ellos, pero sobre todo para ella. Lentamente empecé a besar sus pies e iba besando sus piernas, su tripa, sus tetas, sus hombros y su cuello. Lo hacía como he dicho con una tranquilidad absoluta, para desesperación de ella, porque cada vez que pasaba cerca de su coñito, vibraba, se zarandeaba y me pedía que se lo comiese ya, que no podía aguantar, que le dolían los pezones de lo excitada que estaba.

Ahora decidí comprobar si era verdad eso de tanta excitación y llevé dos dedos hacia su coñito, los metí con total suavidad de lo mojada que estaba. Empapé mi dedo pulgar y muy suavemente empecé a acariciar su clítoris. En ese momento levanto sus caderas y todo. Seguía mordisqueando y lamiendo sus muslos, sus tetas y me daba cuenta de lo acelerada que tenía su respiración. Por ello me di cuenta que era el momento justo para comerme su sabroso coñito. Quite mi dedo pulgar y lo cambie por mi lengua, siguiendo follando con mis dedos suavemente su coñito. Noté como se tensaba pegando si es que se podía más, su coñito contra mi boca y fue justo cuando le dieron varias sacudidas teniendo una corrida muy sonora y por la cara de sorpresa de Pawelek, que miraba como si no entendiera lo que había pasado, me di cuenta de que no debía de ser muy habitual. Ese tipo de situaciones me ponían más cachondo y mi polla parece que va a reventar de cómo se marcan las venas.

Ella trato de comerme la polla, pero era la boquita más pequeña que había visto, le costaba metérsela en la boca y me hizo un poco de año, pero su lengua hacia virguerías lamiendo el tronco y mis huevos. Iba a follarla y ella me mostró su preocupación, me decía que era muy estrecha, le dije que no se preocupara que iríamos a su ritmo, la hice tumbarse boca arriba en la cama y acerque mi dura polla a su coñito. Le agarre y la pase por toda su rajita y con la cabeza de la polla mojada, se la pasaba por su clítoris. En el momento que vi que cerraba los ojos y se mordía los labios, empecé a penetrar ese deseado coñito. Era cierto que entraba apretado, pero entraba bien, estaba bien mojada. Lo hacía lentamente para que no se preocupara, metía y sacaba, hasta que ya la tenía toda dentro y al darse ella cuenta, abrió los ojos y sobrio lascivamente, entonces le dije… “Ves putita, como te iba a entrar toda…” ella me respondió… “No me digas eso, que no soy ninguna puta…” lo hablamos es español por lo que Pawelek no se enteró, aunque estaba tan absorto mirando a su mujer, que no se hubiera enterado en ningún idioma.

Fui aumentando la intensidad de las penetraciones, ella empezaba otra vez a tener acelerada la respiración y yo seguía diciéndole lo puta que era, al final ella me decía… “Si soy una puta, pero habla solo en tu idioma, que no se entere (Refiriéndose a su marido) y no pares, mételo hasta el fondo” también me decía el gusto que la estaba dando y que nunca había sentido igual y empezó a correrse otra vez de forma escandalosa, corriéndome yo también, llenándole su coñito con mi leche, mientras ella me tenía bien atrapado con sus piernas en mi espalda.

Nos quedamos como pegados, como atrapados, mientras Pawelek estaba deslumbrado por todo lo sucedido y por la escandalera d las dos corridas de su mujer. El seguía vestido y con una importante erección que su pantalón no era capaz de ocultar. Era el momento adecuado para hacer un alto y dejarlos solos con alguna excusa, sobre todo por si Pawelek tenía algo que hablar con ella y por si querían dar por finalizada la noche. Así que me disculpé diciendo que tenía que ir al aseo y me iba a salir de la habitación cuando me dijeron que no, que usara el de la habitación, me metí y cerré la puerta dejando una pequeña rendija.

Lo de dejar la rendija fue una tontería, porque hablaban en su idioma y no me enteraba de nada. Me quede esperando y de pronto dejaron de hablar, algo hacían y por la respiración de Aleska imagine que estaban follando, ahora tenía dudas si salir o dejar que acabaran, pero salí del aseo y vi que Pawelek estaba comiéndose el coñito de su mujer, ese que hacía muy poco lo había llenado de leche. Ella al verme me sonrió y me dijo que me acercar, me tumbe a su lado. Nos empezamos a morrear y se notaba que estaba cachonda por cómo me comía la boca. Entre eso y sus caricias en mi polla, hizo que me volviera a poner bien duro, ella al oído me dijo que era una maravilla y como ardía. Le dijo a su marido que se desnudase, pero fue una excusa, porque en cuanto empezó a quitarse la ropa, ella decidió cabalgarme, me agarro el tronco de mi polla, la coloco en la entrada de su coñito y se dejó caer suavemente, notando los dos perfectamente como estaba prieto, como se rozaba, pero como entraba hasta el fondo.

Ella nos decía a hora a los dos que jamás lo había disfrutado tanto. Le decía a su marido que gracias y lo que le amaba. Ella hacia todo tipo se sonidos, según subiera o bajara sobre mi polla, se pellizcaba los pezones, que en algunos momentos parecía que se los arrancarían. Viendo la cara de Pawelek le dije… “Con lo que le gusta a esta puta follar, no me extraña que no des para más, tienes una gozada de mujer, que bien folla, como me la pone de dura…” a él los ojos le delataban que no le molestaba lo que decía y a ella lo único que le produjo fue contonearse más “perversamente” y le dijo a su marido que se la quería chupar. Pawelek se puso de pie encima de la cama y era súper caliente ver como esa mujer se comía la polla de su marido de forma tan cachonda. Parecía una maquina mamándola, lo hacía a toda velocidad hasta que Pawelek se corrió en su boca llamándola puta caliente y Aleska se volvió a correr de nuevo.

No me había corrido esta vez, pero no me preocupaba, mi pensamiento estaba ahora en el culito de ella y más sabiendo que nadie lo había follado. Entre otras cosas porque Pawelek pensaba que eso era una guarrada. Le pedí a Pawelek algún lubricante y me dijo que no tenían, le hice traerme ese fabuloso aceite de la cena. Si Aleska estaba preocupada por pensar que en su coñito iba a costar, ya no digo cuando vio mi intención de follarme su culo. Pawelek paso de pensar que era una guarrada a decir que quería ver como entraba todo eso (Refiriéndose a mi polla) dentro de ese culito. Hacíamos Pawelek y yo un equipo perfecto, el dejaba caer pequeños chorritos de aceite justo en la parte superior de la raja del culo, que ella estaba tumbada boca abajo y yo con mis dedos según llegaba el aceite a su culito, se lo iba metiendo con mis dedos.

Según lo hacia ella se ponía más cachonda, aunque trataba de negarlo por la preocupación que tenía. Pawelek le decía… “No querías probar cosas nuevas, no querías que te follasen otros, no querías, pues ahora a aguantar, que Carlos te lo va a dejar bien abierto” fue como una ofensa, un desafío, un reto para ella, que con toda serenidad dijo… “Vamos Carlos, no esperes más, fóllame el culito que este no ha sabido hacerlo, que vea como lo estrenas tú y no el” Pawelek dejo de echar aceite en el culo de su mujer, pero yo seguía todavía con mis dedos, quería dejarla bien preparada. Sin decir nada el me dejo caer un buen chorretón sobre mi polla, echo tanto que mancho la cama y luego de forma sorpresiva agarro mi polla para repartir todo el aceite. Dijo es verdad que le arde un montón, de golpe ella miro y no se lo creía… pero le puso cachonda, se lo vimos en la cara.

Me coloque ya detrás de ella y coloque mi polla en la entrada, nada más notarla sentí como se tensaba. Tenía que lograr que no estuviera tan tensa, porque si no, no lo intentaría. Me tumbe prácticamente sobre ella le lamia el cuello, la nuca, mordisqueaba el lóbulo de su oreja y le decía lo bien que lo íbamos a pasar, no te bastante relajación y que se ponía más cachonda. Para hacerlo más fácil, le dije a su marido que se pusiera debajo, que le comiera el coñito, tan deseoso estaba que se colocó muy rápido y se puso a comer el coñito, Aleska no se quedó parada y empezó a comer la polla de su marido.

Me situé de nuevo detrás de ella y sin esperárselo le metí lo que era la cabeza de la polla, dejo de comer la polla de su marido y dijo un ¡AAAAYYY! Me quedé quieto no hice ni el más leve movimiento, hasta que de nuevo se agacho y continúo comiendo la polla de Pawelek, que el no paro en ningún momento. Mis movimientos era algo más que lentos, pero con mucha paciencia fui metiéndola hasta tenerla toda dentro. Nuevamente me quedé parado y al ratito empecé con movimientos suaves a sacarla y meterla, pero muy poquito. Llevábamos ya un rato así, cuando ella me dijo que si quería podía ir un poco más rápido. Sin hacerlo a lo bestia, aumente mis penetraciones. Sentí como ella ya estaba relajada del todo y fue cuando nos fuimos animando los dos, ella moviendo su culito y yo dándole con más ganas. Aleska se quedó como parada y fue porque su marido se estaba corriendo. En cuanto a cabo se medió incorporo y me pidió más fuerza, ahora le daba bastante duro y ella gemía, gritaba y balbuceaba de lo cachonda que estaba. Hasta que se corrió aplastando su culo contra mi polla y después de correrse le dijo a su marido que se quitase, se tumbó y yo sin sacarla de su culo, me tumbe encima. Ahora ella se metió la mano por debajo y se empezó a tocar.

Desde que coloco la mano no paraba de gemir estaba como fuera de sí y que manera más excitante, más provocadora de mover su culito. Inesperadamente volvió a correrse otra vez, había sido muy seguido y se movía más, con más fuerza y yo correspondí dándola con más ímpetu hasta que nos corrimos los dos a la vez, tal vez empecé yo primero, pero ella vino detrás. Aleska se quedó en esa postura muy relajada y sin moverse, me levanté a darme una ducha para marcharme y Pawelek me dijo si quería un café antes de irme, ya estaba amaneciendo y se lo agradecí. Una vez que me duche me enrolle una toalla a la cintura después de secarme y al salir del baño, me llego un olor a café que casi me hace levitar y sin vestirme me fui a la cocina. Pawelek estaba desnudo y poniendo el café en dos tazas bastante grandes.

Tomando el café le pregunte que como se sentía y el con una expresión relajada, me contesto que ya se había visto, que la respuesta era que muy bien, que había sido algo entre raro y excitante, pero más excitante que nada. Y me pregunto que como podía tener tanto aguante, le dije que, haciendo deporte, ejercicio y buena alimentación, pero que sin obsesionarse. Pensábamos que su mujer estaba durmiendo hasta que la vimos aparecer, venía con una bata de seda y descalza. Se puso un café, sujeto la taza con dos manos y se quedó apoyada en un mueble, me miraba intensamente, provocándome y lo hacía con tanta intensidad que mi polla empezaba a responder. El descaro total llego cuando sin que el marido la viera, se pasó un dedo por su coñito lentamente y luego se lo llevo a la boca, lamiéndolo más lentamente aún. La mesa me tapaba de la vista de Pawelek, pero la polla ya estaba arriba otra vez, en total plenitud.

Yo escuchaba a Pawelek, pero de aquella manera, sabía que me decía algo sobre coches que se quería comprar uno y que tenía la duda entre varios, se levantó y me dijo que me enseñaría los catálogos. Aleska dejo la taza, sin dejar de mirarme se abrió la bata y se acercó a mí, sin necesidad de levantarme me solté la toalla, que cayó a los lados de la silla y ella se colocó encima, abriendo sus piernas y con mirada fija en mis ojos se fue sentando, colocando yo mi polla hasta que toco la entrada de su coño y ella con un simple movimiento la encajo, sentándose poco a poco hasta que estuvo toda dentro y acto seguido nos morreamos con toda la pasión del mundo.

Oía que su marido venía hablando por el pasillo y supe cuando entro en la cocina sin verlo, porque dejo una frase a medias. Esta vez en vez de quedarse se fue dejándonos solos, lo que Aleska aprovecho para decirme al oído, que teníamos que hacerlo más a menudo que era fantástico, que quería hacer más cosas, que la “pervirtiera” que la hiciera gozar como hoy. Iba diciendo todo esto y ella sola se oía y se ponía más cachonda, hasta que, comiéndola un pezón de forma un poco más dura, se volvió a correr y casi nos caemos de la silla, éramos demasiado grandes para una silla tan ridícula.

Al final me marche sin saber el coche que quería comprarse Pawelek, pero la despedida fue agradable y lo mejor de todo que Aleska quedo satisfecha, con ganas de más y Pawelek, le sucedió lo mismo y disipo de su mente cualquier pensamiento de mal rollo.

De camino a casa al pasar por una pastelería, olía tan bien que entre y compre unos bollos típicos de aquí y que están muy buenos. Al entrar en la casa, vi en el recibidor varias maletas, que para ser de Sabino eran más de la habituales. Entre en la cocina a dejar los bollos que había comprado y apareció Sabino, quien me dijo que había traído a los padres de Giordana y encogió los hombros. Quite importancia a la situación y me fui a descansar un poco. Lo que en un principio era un poco de descanso, se convirtió en algo más. Oí ruido fuera de mi habitación, eran un poco más de las doce y pensé en irme a comer por ahí, para no molestar a la familia.

Estaba ya dispuesto a marcharme, pero antes debía de saludar a todo el mundo. Giordana me presento a sus padres. El padre se veía un hombre de buen porte, sobre los 70 años y la madre era guapísima, por la edad de Giordana yo echaba a la madre sesenta y bastantes, pero no porque los aparentaba y estaba claro que la hija había salido al padre, no a la madre. No me permitieron irme a comer por ahí, la madre estaba preparando la comida y me decía que sería una ofensa no comer con ellos, el caso que me quede.

Una vez que cogí a solas a Giordana le pregunté si había pasado algo, porque su cara me decía que pasaba algo y como ni ella sabía que venían sus padres… lo de los padres fue una sorpresa que le quisieron dar y lo de su preocupación, era por algo que le había contado su marido. Era un secreto, que no podía saberse, el lunes nos iban a comunicar que teníamos que ir los dos a la central y por lo que decía Sabino, era algo muy serio y delicado, pero no malo. No había podido enterarse de más. Le dije que estuviera tranquila y no se preocupara, que lo que tuviera que ser seria y nos enteraríamos el lunes, que para que dar más vueltas. Me dijo que le desesperaba mi tranquilidad algunas veces.

El lunes estuvimos a la hora, ninguno se despisto en el horario, una cosa era no preocuparse y otra saber que nos llamarían y no estar. Porque otra cosa no, pero esta gente era de llamar temprano. La mañana fue pasando y nadie de la central llamaba, Giordana vino a verme y le dije que lo mismo había sido un rumor de los muchos que suele haber siempre en todos los sitios. Llego la hora de almorzar y le dije de ir juntos, pero Giordana insistía que primero uno y luego el otro, para estar alguno si llamaban. El caso que ella quiso quedarse primero y que me fuera a almorzar yo. Insistí en bajar los dos y le dije que si cambiaba de opinión donde iba a estar. Había ido a un bar a almorzar donde un camarero es español y aprovechábamos para charlar un rato. Es de Jerez y cuanta muy buenos chistes, con esa gracia que solo tienen los andaluces contándolos. Estaba que me partía de risa y veo en la puerta a Giordana con cara de funeral. Me disculpo con el camarero y nos vamos a sentar en una mesa.

Venia toda preocupada y me dijo que al día siguiente teníamos que estar en la central. No entendía su preocupación y así se lo exprese, para mí era como otras tantas veces que nos llamaban. Lo que le preocupaba era que también tenía que ir Milena y empezó a decirme que lo mismo había contado algo, que si esto, que si lo otro. En cambio, a mí me vino que tenía que ser algo relacionado con mi viaje a Colombia, que lo mismo se había cerrado el acuerdo. Al decírselo su expresión fue de relajación total. De todas maneras, cuando llegue a mi despacho llame a Milena para decírselo y ella me confirmo que tampoco tenía ni idea.

Fuimos en tren que tardaba unas dos horas. Tanto ellas como yo íbamos vestidos más elegantemente que en días normales, era lo habitual cuando se iba a la central. Giordana iba con unos de sus trajes pantalón, chaqueta oscuros y blusa blanca. Milena más discreta de lo habitual, pero con falda y con una camisa burdeos, que llevaba debajo de una chaqueta que oprimían sus dos buenas tetas. Yo con un traje y corbata. Lo único que la corbata no la llevaba puesta, lo haría cuando estuviésemos llegando.

Yo soy una persona muy activa en todo, me cuesta estar sentado sin hacer nada. Me levanté y me fui a la plataforma donde se unen los dos vagones. Era todavía de noche, habíamos cogido el primer tren de la mañana, que salía a las 05:55 de la mañana. En nuestro vagón íbamos un total de seis personas y en el otro iban cinco, todos medio adormilados, aunque algunos iban leyendo papeles. Vi venir a Milena en mi dirección, traía un cigarro escondido en la mano. Una vez se cerró la puerta del vagón me pidió que vigilase por si venia alguien y se encendió el cigarrillo. Con el traqueteo del tren, veía como su culo se movía de un lado para otro, no sé si lo exageraba, pero tanto movimiento me estaba poniendo muy cachondo. Mi polla como le solía suceder muy a menudo, se empezaba a animar ella sola.

Me arrime a ella y pegue mi paquete a su soberbio culo, pude ver en el reflejo del cristal de la puerta el reflejo de su cara sonriendo. Su culo lo movía en todas las direcciones, da un lado a otro, de arriba abajo. Mientras lo hacía agarre sus tetazas desde atrás y pellizcaba sus pezones por encima de la chaqueta que llevaba. Milena me facilito más las cosas desabrochando su chaqueta y por encima de su camisa se notaban mejor sus pezones, porque la muy cachonda no llevaba sujetador. Nos estábamos poniendo cachondos a toda mecha. Un sitio público, donde nos podían pillar, todo eso nos subía la temperatura y el atrevimiento, ella ya había dejado caer su cigarro hacía rato.

De forma rabiosa Milena se dio la vuelta, me bajo la cremallera del pantalón, se agacho y aunque en un principio le costó, saco mi polla y se la metió en la boca. Sus movimientos eran salvajes, lo hacía de forma desaforada, como me gustan y como me ponen de cachondo las mujeres así. Yo me encontraba allí de pie, mirando a derecha e izquierda por si a alguno de los pocos viajeros que había se le ocurría acercarse. La situación era de lo más excitante y cuando miraba a Milena, le veía mamando de esa manera y con una mano metida entre sus piernas tocándose la excitación pasaba a ser algo incontrolable. Saco su mano y la estiro hacia mí, se veían sus dedos brillar de lo mojados que estaban, me agaché un poco y se los lamí, que ricos que estaban.

Vi que se acercaba Giordana y no dije nada, lo único que me moví un poco para que cuando se abriese la puerta, nadie pudiera ver nada. Giordana se quedó con la boca abierta cuando nos vio, lo único que pudo decir y balbuceando, era que por lo menos nos podíamos haber metido en el aseo. No recuerdo lo que le iba a decir, cuando oímos como se corría Milena, que se amortiguaban sus gemidos por tener toda la boca llena con mi polla. Se levantó y con ojos vidriosos, se acercó a Giordana y se dieron un morreo, aunque se notaban los reparos de Giordana, Milena entonces le metió dos dedos en la boca a Giordana y esta al final los lamio de forma provocativa. Me aparté de ellas y abrí la puerta del minúsculo aseo. Milena le dijo a Giordana que aprovechara ella y puso todo tipo de pegas por llevar pantalones. Milena no se hizo de rogar y se metió rápida en el aseo, quedándose fuera Giordana.

No podía haber más morbo, el habitáculo era pequeñísimo, pero nos apañamos bien. Ella se apoyó sobre el pequeño lavabo y mirando al espejo. Me puse detrás de ella, aparte su tanga y se la metí de forma “brusca”, siendo recibido con un potente gemido. Se desabrocho toda la camisa, el meneo de sus tetas era una imagen morbosa y la cara que ponía, me sacaba toda la “rabia” follándola de manera más fuerte y salvaje. Milena me provocaba para que fuera más duro y ya que lo quería así, así se lo di. Nos estuvimos aguantando las ganas de corrernos hasta hacerlo juntos, siendo una corrida sin igual.

Nos recompusimos y salimos del aseo, ella quería fumarse un cigarro, que decía que el cigarro que mejor le sentaba era el que se fumaba después de una buena sesión de sexo, me fui a nuestros asientos, donde estaba Giordana con cara de perro, cogiendo un cigarro del bolso de Milena. Regresé y la hice compañía hasta que se fumó el cigarrillo.

 La reunión en la central, no fue nada de lo que pensamos. Fue peor. Milena se fue a otro sitio y nosotros a una reunión. En esa reunión nos informaron de que habíamos realizado un trabajo perfecto poniendo en funcionamiento y desarrollando los distintos proyectos en las instalaciones nuevas. El “premio” por tan magnífica labor, era de hacer lo mismo en tres países de América, Colombia, México y Argentina, estando pendiente de una operación en Chile. Como en Colombia en otros países se habían fusionado con otras empresas del sector en esos países. Una vez más la decisión tenía que ser rápida. Yo hice mis indagaciones y si no lo aceptaba, me dijeron que casi seguro que tendría que dejar la empresa. Se lo conté a Giordana y llamo a su marido, que nos dijo que iba a hacer algunas llamadas y nos diría algo.

En la reunión también nos enteramos que Milena venia en el pack, supusimos que sería la única que se alegraría, pero cuando la vimos, no era alegría lo que reflejaba su cara. Lo único que había de bueno en la propuesta, era la parte económica. Pasado un buen rato el marido de Giordana nos llamó y no fueron mejores noticias que las que teníamos, era sí o sí. Era de esos premios envenenados que dan algunas veces. Yo entendía perfectamente la preocupación de Giordana, era alejarse mucho de su familia y si donde estaba ahora le había costado ver a sus hijos, si aceptaba seria materialmente imposible.


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