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Fecha: 10-Ene-17 « Anterior | Siguiente » en Lésbicos

Una tumba vacía Parte 1

sadcuore
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Tiempo estimado de lectura: [ 44 min. ]
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Perdona por haber tardado tanto en subirlo, y espero que os guste. En este capítulo incluyo desde el 1 hasta el 5 para los que no recuerden Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Parte 1

Sin rumbo fijo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 1:    

     No puedo, y Dios sabe que lo he intentado una y otra vez, que he intentado borrar cada palmo de mi pasado, dejar atrás todos esos recuerdos que se clavan en mi piel como clavos de acero oxidados… duele mirar hacia atrás y ver que en realidad, no has avanzado nada, duele mirar hacia delante y ver que aún queda mucho que recorrer, y que todo el esfuerzo que he realizado durante estos cinco años, apenas han servido para sacarme una sonrisa de vez en cuando.

     Tan efímera la felicidad como ardua, llena de momentos que apenas recuerdo, pisados por muchos otros que realmente quisiera que ocuparan su lugar…

     Miro hacía el espejo con rabia e intento definir mi gesto, mis manos apoyadas en el lavabo agarrando con fuerza los extremos como si quisiera romperlos de un apretón, lleno de rabia, de dolor, de ahogo… veo tristeza reflejada en cada lágrima que resbala por mi mejilla, en cada lágrima que se avienta desde el filo de mi cara para fundirse con el agua estancada de aquel sucio  lavamanos.

     Nadie me entiende, nadie me comprende, nadie me quiere.

     Solo soy un mueble más en una casa que parece abandonada… donde nadie me conoce, nadie sabe nada de mí, y todos tienden a juzgarme por lo que debería ser, por lo que aparentemente aparento, pero por lo que en realidad no soy.

     Pelo sucio, mirada asustada, ojos rojos como la sangre que se pierden en un reflejo de alguien que desconozco ¿Soy yo? No consigo ver nada de mí en la imagen que me muestra el espejo. Soy como un perro indefenso, vagabundo por las calles, sin saber, cual es verdaderamente mi sitio.

     Tengo calor, mucha calor, me arden las manos como si las tuviera metida en las brasas, me quito la camisa de cuadros roja y la tiro al suelo, y me vuelvo a mirar al espejo.

     Mi torso desnudo se muestra ante mí, lleno de cicatrices de una vida que no he vivido, de castigos injustos… no es tanto el dolor del cuerpo, como la aflicción que sufro en silencio. Las heridas que no se ven, son las que verdaderamente más duelen.

     Miro hacia abajo y repaso mi muñeca izquierda con mis dedos. Aún no estoy segura de querer hacer esto, tengo miedo…

     Escucho la puerta de entrada cerrarse con un portazo y subir las escaleras…

_ ¿Nana? ¿Eres tú?

     Otro portazo fue la única respuesta que recibieron mis palabras, de ahí, de nuevo la guerra.

     Gritos e insultos, palabras vacías que creían decir tanto, y que realmente hacían más daño del que pensaba… otro portazo, esta vez más cerca. Él había llegado.

     Quise evadirme como años atrás, como cuando mamá me metía en la cama, me ponía los auriculares, música, y dándome un suave beso en la frente salía de mi cuarto… cada noche me dormía pensando que iba a ser la última en que la vería con vida… Maldito cobarde, asesino.

_lala..lalalala…lalalalala…

     Intentaba tararear una nana que mi mamá me cantaba de pequeña, de la cual la letra se había desvanecido total mente con el paso del tiempo…  como casi el recuerdo de su faz, de su olor, de su voz, esa voz con la que tantas noches pasé en vela, escuchándola gritar, suplicar, ante un déspota que no atendía a sus llantos. Cuantas noches he pasado rogándole a Dios que todo terminara, un Dios que nunca pareció escucharme. Hace tanto que dejé de creer en él que hasta pena me dan los pobres incrédulos que van cada día a la iglesia en busca de su perdón, de su apoyo, y se consuelan pensando que todo irá bien, porque él está con ellos.

     Los gritos de mi abuelita me trajeron de nuevo a la realidad, y casi de forma instintiva mis manos cogieron el cuchillo, miraron al espejo de nuevo sin dejar de tatarear la canción y acaricié mis muñecas una vez más con el afilado borde…

_ Por favor, acaba ya con esto.

     Mi mirada se perdía en los escollos de una imagen sin nombre, deleitándome con cada gota de mi sangre sumergida en un rio de arduas palizas e insultos.

     El dolor intenso que conquistaba mis sentidos crecía cada vez más, como el flujo rojo que emanaban mis brazos, me daba rabia, sentía rencor sobre él, sobre ella por permitirle hacerlo y hacía mí, por no hacer nada al respecto, por no huir, por no hablar, por no salir corriendo y enfrentarme a él, decirle basta o simplemente por no cruzar con una bala su sien.

     Volvía a sentir dolor, e intentando tomar el control de  ese mal auto infringido, mis sentidos se debilitaban a la par que se formaba una mezcla homogénea de sangre, agua y lágrimas… me sentía aliviada y confusa… las voluptuosas curvas de mi sangre al caer al agua me envolvían cual hipnotismo… Mi mirada se fijaba en ellas hasta que desaparecían hundidas en el líquido.

     Unos golpes con fuerza sobre la puerta me trajeron de golpe a mi tan absurda realidad.

_ ¡¿Qué haces tanto ahí?! ¡Abre! ¡El baño no es solo tuyo!

_ ¡¿Nada de esta casa lo es verdad?! ¡Todo es tuyo! ¡Hasta yo y la nana! ¡Por eso te sientes en la libertad de hacer lo que quieras con nosotras! ¿No es cierto?_ dije mientras me ponía la camisa torpemente con prisa.

     No sé por qué dije todo aquello en realidad, puede que la falta de sangre ya estuviera afectando a mi cerebro, me sentía un poco mareada… y me senté en el suelo, el miedo a las consecuencias de tan repentino comportamiento me traería factura en unas horas, cuando tuviera la fuerza suficiente para salir de aquel baño o cuando él tirara la puerta, lo que sucediera antes.

_ ¡Deja de decir estupideces y abre la puerta!

_ ¡No quiero! ¡Ya estoy harta! ¡No dejaré que me vuelvas a poner una mano encima! ¡Ni a mí, ni a ella!

     Los gritos eran fuertes, me sentía con ganas de desahogarme ahora verbalmente. Tenía la esperanza de que algún vecino escuchara los gritos, y acudiera a mi auxilio desesperado.

_ ¡Sal de ahí, y dime eso a la cara si te atreves!

_ ¡No me atrevo! ¿Y sabes por qué? Porque te tengo miedo ¿estás contento? Me duele cada golpe que me das, cada insulto que me lanzas, me duele cuando le tiras el plato al suelo y le gritas que no te comerás esa bazofia, ¿pero sabes qué? Ya estoy cansada de todo,… ¿qué puede ser peor que esto? ¿Qué me mates? Hace mucho tiempo que estoy muerta gracias a ti “papá”, pero si lo haces, que sepas que te estaré esperando en el infierno.

     Tenía miedo a salir, lo admito, pero parece que estaba funcionando, los aporreos a la puerta cesaron de un momento a otro, y los gritos… Seguro me estaría esperando fuera para volverme la cara de una bofetada como otras tantas veces lo había hecho.

     Oí unos pasos alejarse con prisa hacia la habitación y volver al cabo de unos 5 min acompañado de ella, que no dejaba de llorar.

_ ¿Nana?_ Era ella, el muy cabrón había ido a por mi abuelita y la tenía junto a la puerta del baño llorando_ ¿nana eres tú?

_ Sí cariño_ decía entre sollozos_ No salgas por favor.

_ No pienso dejar que te haga daño nana, ya estoy harta_ mis lágrimas apenas me dejaban hablar, tenía un nudo en el estómago, no sé si era miedo, tristeza o las palabras que tantas veces he deseado decirle que se estaban atorando en mi garganta esperando el turno para salir.

      Ya no estaba sentada, estaba de pié, abrazando a la puerta, pegando el oído intentando atravesarla sin abrirla, intentando estar más cerca de ella sin abrir aquella maldita puerta.

_ Si no sales, tú abuela lo va a pasar muy mal.

_ ¿Qué te echo yo hijo mío? ¿Por  qué me haces esto?

     Las súplicas de mi abuela me estaban rompiendo el corazón, ella que era tan buena, no sé cómo ha podido salir un monstruo así de tanta dulzura.

_ Cállate puta, y dile que salga si valoras tu vida…

_ No salgas cariño, por favor, no salgas… es hora de que todo esto termine, ya ha ido demasiado lej…

     Una bofetada se oyó al otro lado de la puerta interrumpiendo a mi abuelita. El llanto se incrementó por su parte y por la mía.

     Me sentía impotente detrás de la puerta, la golpeaba desde atrás con rabia y miedo, quería salir y matarlo, ¡realmente quería matarlo! Pero era mucho más grande y más fuerte que yo…

     Mis muñecas ensangrentadas manchaban la puerta con cada sacudida de mis puños. Ya no me sentía débil ni mareada, me sentía fuerte, tan fuerte, que podría salir y matarlo. O al menos eso sentía.

_ ¿No quieres tanto a tu nana? ¿Qué estás haciendo ahora por ella? Solo eres una maldita perra como lo era tu madre, una cobarde que no sabe enfrentarse a la vida, seguramente terminarás como ella, con una bala en la cabeza.

     Ese hijo puta ya estaba acabando con mi paciencia.

_ A mi madre no la nombres cabrón.

     Cogí el cuchillo con el que me había cortado minutos antes y me dispuse a abrir la puerta.

_ Suéltala  hijo puta.

     Lanzó a mi abuela contra la pared como si de una pluma se tratara y me miró fijamente a los ojos sonriendo.

_ ¿Qué piensas hacer? ¿Matarme?

     Mi abuela solo lloraba desde el suelo, mirando la escena. Supongo que ninguna madre espera encontrarse en una situación parecida,… pero esto ya se estaba yendo de las manos, y era algo que ni si quiera ella podía negar.

_ No eres capaz de hacerlo, eres una maldita cobarde, aquí, clávalo aquí_ decía mostrándome su pecho_ justo en el corazón, pero no falles, porque como me levante algún día, vas a arrepentirte de haberlo hecho.

_ Tú no tienes corazón…

_ ¡Y tú no tienes cojones!_ dijo gritándome.

     De un momento a otro pareció calmarse, respiró profundo y me miró, mientras yo tan solo empuñaba el cuchillo en dirección a él con manos temblorosas.

_ No me entendéis, ¡nunca lo habéis hecho!_ me gritó.

      ¿Estaba llorando?

_ Ni tú, ni tu abuela, ¡ni la puta de tu madre!

_ ¡Que no le hables así!_ cada vez que ensuciaba su nombre pronunciándola, me daban más ganas de  hundir la hoja una y otra vez en su pecho…

     No dijo más, y se sentó a llorar como un niño pequeño, como si fuera él, el que durante años había estado recibiendo palizas, como si fuera su cuerpo el que estuviera lleno de heridas y su memoria de malos recuerdos e insultos. Estuvimos así unos minutos hasta que al fin levantó la cabeza y me volvió a mirar.

     Yo no había dejado de apuntarlo con el cuchillo, mis manos estaban temblorosas y firmes, estaba dispuesta a hacer lo que fuera necesario para que todo parase, para que aquel infierno cerrara sus puertas y en ese momento no me importaba en absoluto quedar dentro o fuera.

_ ¿Qué quieres de mí?

_ ¿Cómo dices?

_ ¡Qué qué quieres de mí joder!_ dijo volviendo a alzar la voz y golpeando el suelo con los dos puños_ Yo siempre os he dado todo, ¡todo!, me he pasado horas trabajando como un puto negro, y tan solo esperaba un poco de paz cuando llegaba a casa… ¿y qué me encontraba? Un escuincle que no dejaba de llorar, una mujer que ni siquiera sabía cocinar un buen plato de comida, ¿y todo el esfuerzo para qué? Para enterarme que la puta de tu madre se había estado acostando con el del quinto, y que tú, ni siquiera eres mi hija… ¿y sabes qué? ¡Todos lo sabían menos yo!

     Miraba a mi abuela, atónita, no podía creer todo lo que estaba escuchando, el hombre que había creído que era mi padre durante 15 años, no lo era…

_ Por eso la maté_ continuó_ por eso la maté ¡Por eso la maté joder!_ golpeó el suelo de nuevo_ Esa puta… me la jugó_ sonrió_ pensaba fugarse con él, dejarme, a mí… y llevarte a ti con ellos… pero a mí no me deja nadie.

     La mató… él la mató… ese cabrón había acabado la vida de mi madre, con sus manos.

_ Creía que podía escapar, ¡ja!_ dijo soltando una sonora carcajada sarcástica_ de mí no escapa nadie, por eso_ dijo levantándose_ aquí, clávalo aquí_ me mostró el pecho de nuevo_ pero no falles.

     Mis manos cogían con fuerza el cabo del cuchillo, deseaba clavárselo, después de todo lo que me había dicho, después de todos estos años creyendo que mi madre había muerto siendo una cobarde… después de todas las veces que la odié en silencio por dejarme sola, descubrir que había sido él, quien la había matado…

_ No voy a hacerlo.

      Sus manos aflojaron de la camisa. Y mi mano temblorosa bajó por primera vez desde que salí del baño.

_ ¿Cómo dices?

_ No voy a matarte, no quiero hacerlo, ¡no quiero convertirme en una puta asesina como tú!_ dije lanzando el cuchillo contra la pared.

     Me acerqué a mi abuela y la intenté levantar, dándole la espalda a él.

     Fui imbécil al pensar que todo quedaría así, que nos dejaría marchar así sin más, pero antes de que llegáramos a las escaleras del final del pasillo sus manos se posaron en mis hombros y me arrojó a la pared.

_ ¿Por qué eres así? _ dije con más lástima que miedo_ ¡¿por qué?! Tú ya la golpeabas antes de que supieras todo eso, ¿acaso esperabas que ella te amara? ¿Crees que valoraba más tus golpes que sus caricias? ¿Tus insultos que sus palabras bonitas? ¿Acaso crees que es así como se conquista a una mujer?

_ Ella ya era mía.

_ ¡No era una posesión joder! Y por eso la perdiste…

_ ¡Basta!_ Dijo dándome la espalda y golpeando la pared con la parte baja del puño, tenía entre sus manos el cuchillo._ No quiero oírte.

_ ¡Porque sabes que es la verdad!_ Miré a mi abuela que estaba en los escalones, y le indiqué con la mirada que se fuera.

     Al principio se negó, pero terminé convenciéndola, una de las dos tenía que pedir ayuda.

_ Deberías haberme matado, cuando tuviste ocasión_ dijo volviéndose ante mí.

_ Ya te lo he dicho, no soy una asesina.

     Estaba realmente confundida. Una parte de mí deseaba matarlo, pero otra aún mayor tenía miedo. No de lo que me depararía el futuro, sino en lo que significaría que soy. Me habría convertido en él. En alguien con tanto odio por dentro que sería capaz de dañar a las personas que quiere.

     ¿Significaba eso que lo quería? No estaba segura de eso, pero sí de lo que no quería ser en la vida.

_ Eres tan hermosa como tu madre_ dijo acariciando mi mejilla con el filo del cuchillo_ y seguramente tan puta_ lo bajó hasta el escote de mi camisa, rozando con la punta el camino hasta llegar a él.

_ No la llames así_ dije empujándole.

_ Y tienes su genio_ se sonrió_ seguro que si no te mato ahora, en unos años acabarás abandonándome por otro tío.

_ No esperaría tanto para hacerlo.

     Él se dio la vuelta, y me dio la espalda, y le escuché reír, su risa me provocó un miedo terrible, mis rodillas me temblaban aunque yo me mantenía en pie, apoyada a la pared haciendo un vano esfuerzo por ocultarlo.

_ ¿De qué te ríes?

_ ¿Tú te has visto? ¿Acaso te has visto?_ Volvió su vista a mis ojos de nuevo con una mirada penetrante de loco que hizo que se me erizara la piel_ Tienes sangre en tus brazos, en tus manos, ¿cuánto tiempo llevas haciéndote daño por no enfrentarte a mí?

_ No te importa eso.

_No, la verdad es que no me importa, tan solo quería reafirmar mi teoría de que eres una cobarde.

     Su tono había cambiado. Ya no me hablaba a gritos, ni con rabía, me hablaba con la seguridad con la que un agente comercial llama a tu puerta para venderte un producto.

_ No soy una cobarde.

_ ¿Y por qué no me matas?_ Preguntó sin titubeos.

_ Ya te lo he dicho_ intentaba imitar su tranquilidad_ No soy una asesina.

     De nuevo rió y dio una vuelta en sí mismo pensativo. Volvió a mí tan rápido y con un movimiento tan brusco que cuando me di cuenta tenía su nariz de nuevo rozando la mía.

_ Si no lo fueras me matarías, ¡Vamos mátame!_ dijo poniendo el cuchillo entre mis manos y la punta en su pecho_ Tan solo tienes que empujar y ya está, todos tus problemas se habrán evaporado… ¿o no soy yo tu único problema? ¿Por qué no lo admites?

     Tan solo podía mirarlo sin decir nada, tenía ganas de hacerlo, de clavarle el cuchillo, de sentir como emanaba el último suspiro de su boca y ser la última en ver su alma antes de que entrara al infierno para siempre.

_ Eres una puta cobarde, yo soy el que da sentido a tu vida, mis golpes te hacen ser lo que eres. Yo te he hecho así, vamos mátame, ¡Mátame joder! ¡Y admite de una vez que eres como yo!

     Mis manos temblaban en el torso del cuchillo, sentía su aliento en mi rostro y su saliva chocar contra mi cara cada vez que alzaba la voz. Su corazón acelerado a la altura de mi cabeza, de mis manos, de la afilada hoja, era lo único que se escuchaba los pocos instantes que permanecía en silencio… quería que todo esto acabara ya, necesitaba que todo esto acabara ya, pero él tenía razón, era una cobarde sin fuerzas suficientes para alcanzar mi ansiado desenlace.

     Ambos nos quedamos en silencio en esa posición, mi espalda contra la pared, y él aprisionándome contra ella, con el cuchillo en su pecho y en mis manos.

_ Suelta a la niña_ dijo nana desde la puerta de la escalera rompiendo el silencio, me había olvidado completamente de ella.

_ Nana…

_ ¿Qué coño haces mama?

     Mi abuela empuñaba una pistola y apuntaba a mi “padre”, su voz sonaba firme, mucho más firme que cuando bajó las escaleras a hurtadillas.

_ Sabes que yo sí soy capaz de hacerlo.

_ Naa, basta ya, ni siquiera es tu nieta_ dijo alejándose de mí y haciendo un gesto de incredibilidad con las manos.

_ Ella es mucho mejor nieta, que lo que tú has sido nunca de hijo.

     Sentía que podía hacerlo, la veía capaz de disparar el gatillo contra su propio  hijo.

_ Ven cariño, ven conmigo.

     Yo aún tenía el cuchillo entre mis manos, y me dirigí hacía donde estaba ella, dejándolo a él a mitad de pasillo.

_ ¿Qué crees que estás haciendo mama?

_ No te acerques, no te acerques, porque sabes que lo voy a hacer.

     Él volvió a reír y de un momento a otro, como si de un loco se tratase se puso serio e hizo ademán de correr hacía nosotras, momento en el que mi abuela disparó.

     Su cuerpo se quedó en pié por unos segundos que parecieron eternos. Sus ojos nos miraban sin mirarnos, con la mirada perdida al frente, como si la oscuridad hubiese cubierto sus ojos y opacado nuestros cuerpos.

     Me miró directo a los ojos a la par que dirigía una mano a su pecho, intentando palpar que era aquel dolor que había comenzado a sentir. Retiró su mano cubierta de sangre, la miró y volvió a mis ojos segundos antes de caer de espaldas al suelo.

_ Dios mío…

     Era la única palabra que salió de los labios de mi abuela… lo hizo.

     Después del disparo, no tardó ni diez minutos en llegar la policía y la ambulancia. Yo me senté junto a mi abuela, que había quedado derrotada en el suelo, llorando entre mis brazos. Le quité el arma que aún tenía encasquillada entre sus manos. No se podía creer aun lo que había hecho.

     Aquella mujer, chiquitita, de avanzada edad y manos temblorosas, había sido fuerte, muy fuerte, y ahora estaba desahogando toda esa pena y miedo que había estado reprimiendo con el arma entre las manos en mi pecho.

_ ¿Qué ha pasado aquí?_ preguntó uno de los policías.

     Yo tan solo podía abrazar a mi abuela, sin dejar de mirar ni un segundo el cadáver.

     Dos policías se acercaron a él, le tocaron el cuello y uno de ellos gritó a viva voz.

_ ¡Está vivo!

Capítulo 2

_ No puedo creerme que ese cabrón siga vivo.

_ ¿Cómo dices jovencita? ¿Isabel es tu nombre no es cierto?

     La detective me miraba asombrada ante mis palabras. Esa mujer tenía pinta de haber nacido en una casa bien. Tenía un reloj de marca, un traje negro con corbata, camisa blanca, y un gran roete sobre su cabeza que recogía gran parte de su melena oscura, aunque medio flequillo había perdido consistencia y había escapado dejándose caer sobre sus ojos. Tenía la nariz grande, y los ojos pequeños, evidentemente desproporcionados. Su barbilla fina y sus labios carnosos serían lo único que se salvaban dentro de su casi grotesca faz. Aunque a pesar de todo, tenía un cuerpo bonito y estilizado, marcado seguramente por horas de duro entrenamiento en el gimnasio. Nunca entendería el porqué de mis palabras.

_ Nada_ me crucé de brazos y mantuve mi mirada firme en el suelo_ ¿me van a mandar a la cárcel?

_ No fuiste tú quién disparó el arma.

_ Por supuesto que fui yo quien disparó, ¿quién cree que lo hizo si no?

_ Tu abuela dice que fue ella.

_ ¡ja!_ dije soltando una sonora y sarcástica carcajada_ ¿en serio la ve capaz de hacer eso?

     La detective se apoyó en el respaldo de la silla y echo su cuerpo hacía atrás sin dejar de mirarme.

_ Sinceramente_ hizo una breve pausa_ no creo que ninguna de las dos sea capaz de hacer algo así sin motivo alguno_ se volvió a sentar bien_ En tus ojos veo miedo, y una paz reprimida, creo que muy mal lo tienes que haber pasado para que la muerte de ese hombre te de tanta tranquilidad.

_ ¿Ahora eres psicóloga?_ Intentaba que mi voz se mostrara lo más serena posible, pero por dentro estaba llena de rabia, había dado en el clavo_ Te recuerdo que está vivo… Bicho malo nunca muere ¿no? Va a ser verdad la frase_ dije apartando mi vista hacía el lado.

     La detective se levantó y me dio la espalda, mirando hacía el espejo que nos separaba del otro habitáculo.

     Estaba en una sala de interrogatorio supongo, si es como en las películas, detrás de los tres espejos que recorrían la pared de mi derecha habría otra habitación, llena de policías amantes del morbo, que un criminal pudiera contarles..

_ Yo solo quiero ayudarte, y no puedo hacerlo si no sé la verdad_ dijo sin moverse.

     Respiré profundo y miré hacía el viejo techo de la habitación, lleno de telarañas. Se veía a leguas que hacía mucho tiempo que nadie había pasado un trapo por aquella zona.

_ Mira, voy a serte sincera_ dijo inclinándose hacia mí y apoyando sus manos en la mesa_ Tienes 15 años, eres menor de edad, no vas a ir a la cárcel, y lo sabes. Como mucho unos años de reformatorio y luego a la calle, y eso si se demuestra que fuiste tú quien disparó el arma, cosa que dudo. Pero con tu abuela es diferente, tiene ya una avanzada edad, y eso en este país, no te absuelve de ir a la cárcel ¿eso quieres? ¿Qué tu abuela pase los últimos años que le queda de vida entre rejas?..._Hizo una breve pausa de resignación esperando una respuesta mía y enseguida continuó_ Encontramos sus huellas en el arma. Fue ella quien disparó. Lo sabemos.

     Levanté la mirada y me encontré directamente con aquellos ojos pequeños que me miraban sin emoción alguna.

_Mis huellas también estaban en el arma.

_ Sí, pero había resto de pólvora en sus manos

_ ¿Qué puedo hacer yo?

_ Decirnos la verdad_ dijo sentándose de nuevo frente a mí.

     Volví a respirar profundo, los nervios habían aparecido en el momento que me imaginé a mi abuelita acusada y entre rejas, con su mono naranja sentada en una cama sucia, dentro de un habitáculo aún más sucio... no, ella no se merecía eso.

_ Tú historial no es muy bueno que digamos_ dijo levantando una carpeta marrón de la mesa, con mi nombre escrito en el cabezal de la hoja_ ¿quieres verlo?

_ No gracias, conozco mi vida.

_ Faltas de asistencia a clase, expulsiones asociadas a venta de estupefacientes_ dijo asintiendo con la cabeza_ ¿tenemos que poner ahora encubrimiento de un intento de homicidio?

_ Un extenso currículo, me va a costar encontrar trabajo_ dije retirando mi mirada hacía el suelo de nuevo.

_ ¿Por qué lo encubres? ¿Acaso él se merece que lo protejas?

_ ¡No lo hago por eso!_ dije levantándome de la silla con brusquedad_ ¡Ese cabrón se merece la muerte! Y voy a ser yo quien se la dé con mis propias manos.

_ ¿Entonces por qué no quieres contarme?

     En cierto modo ella tenía razón, los nervios habían conseguido que me saliera del camino, que me confundiera en mi papel, me había perdido en mi tarea de a quién debía proteger, estaba varada en medio de una contienda entre el bien y el mal, y no sabía hacía que lado estaba luchando. Todos estos años yendo por el mal camino, luchando contra lo que todos llamaban justicia y ahora,… la justicia era la única que podía ayudarme y no podía luchar contra ella. Me rendí ante la desesperación que me abordaba y comencé a llorar sin más razón que la de todo lo que había pasado. La detective tan solo me miraba, sus ojos inexpresivos ahora mostraban pena e intentaba apartar la vista y no mirarme directo a los ojos.

_ Me golpeaba_ dije finalmente_ Nos golpeaba. Usted no lo entiende, ese cabrón ha hecho la vida imposible a todos aquellos que hemos estado a su lado. Primero a mi mamá_ me costaba hablar entre las lágrimas y los suspiros que me ahogaban_ Cada noche, no sabes lo que era cada noche, dormirme con miedo de que al despertar ella no estuviera… De arrodillarme en suelo cada vez que ella salía de mi habitación y se encontraba con sus gritos, para pedirle a Dios de que esa noche fuera la última para él… no sabes lo que es ver llorar a tu madre a escondidas cada día y sonreír ante el resto del mundo pidiendo auxilio con la mirada… pero nadie la veía.

_ ¿Por qué no dijiste nada?

_ Porque soy una maldita cobarde ¿vale?_ llevé mis manos a mi rostro, y quedé en silencio durante unos segundos en los que tomaba aire.

_ ¿Quieres agua?

_ Quiero acabar con esto cuanto antes.

_ Continua cuando puedas.

_ Tenía unos 5 o 6 años cuando comenzaron las palizas, no sé bien por qué lo hacía_ suspiré pausada_ ni sé bien como empezó. Yo era muy pequeña y apenas recuerdo nada de aquel entonces. A la par que fui creciendo, y fui teniendo uso de razón, ella hacía todo lo posible por ocultar todo.     Maquillaba los golpes visibles, me ponía música para que no oyera nada… ella se creía que yo no sabía nada, pero en realidad lo sabía todo, era consciente de todo lo que estaba pasando.

     Me costaba explicarle todo aquello a una desconocida, era mi vida, y recordar algunos momentos pasados era realmente duro. Sentía como mi piel se estremecía cada vez que la recordaba llorar.

_ ¿Te amenazó?

_ No hacía falta que lo hiciera directamente_ continué_ Yo oía cuando le decía que iba a matarla si le contaba a alguien.

_ ¿Te golpeaba?

_ Por aquella época no, tan solo a mi madre, no recuerdo que me pusiera una mano encima, ella siempre estaba ahí para protegerme.

_ ¿Qué pasó después de que ella… se fuera?

_ Ese cabrón  y yo nos vinimos a vivir con mi nana. Los primeros años estuvo tranquilo, no bien, pero más tranquilo. Nunca me sentí a salvo cuando él estaba presente.

_ ¿También maltrató a tu abuelita?

_ Hace 3 años que empezó a hacerlo.

_ ¿Cambió así? ¿Bruscamente?

_ Sí, no sé la razón del por qué lo hizo.

     La detective apuntó algo en su libreta y me miró.

_ Continua por favor.

_ Te puedo resumir si lo deseas, ese cabrón ha hecho que mi vida, nunca haya sido una vida, mató a mi madre, y casi me mata a mí, si no hubiese sido por mi abuela, yo no estaría hablando con usted ahora mismo.

_ Cuando hablas de matar, hablas en sentido figurado ¿verdad?_ Los ojos de la detective anunciaban desconcierto.

_ Esta tarde nos confesó a mi nana  y a mí todo.

_ ¿Qué os dijo?

_ Mi madre no se suicidó… la mató, porque le había estado siendo infiel con un vecino e iba a abandonarlo.

_ ¿Se fue?

_ No, la mató antes.

_ No es posible_ dijo buscando entre los archivos_ No nos consta que hayan asesinado a tu madre.

      Mis ojos se clavaron de nuevo en sus ojos.

_ Obviamente él no iba a venir a confesar su crimen_ obvié_ Dijo que se había suicidado.

     La detective se quedó por unos segundos en silencio, mirando su libreta extrañada, se levantó y se fue dirección al espejo de nuevo, tras hacer unas señas se dirigió hacia la puerta y se fue de la sala.

     Yo me quedé en silencio mirando hacia la puerta, ese cabrón era capaz de haber enterrado el cadáver y no haberle dicho nada a nadie… por supuesto que era capaz, de eso y de mucho más…

     La detective entró de nuevo y se sentó justo en frente de mí con unos papeles en las manos.

_ ¿Es esta tu madre?_ dijo soltando las fotografías justo delante de mí

     Era ella… pero estaba cambiada, de cuando…

_ ¿De cuándo son?

_ De hace 3 años.

_ ¿Pero… cómo es posible?

     La detective cogió mis manos y me miró a los ojos.

_ Tu madre, está viva.

     La detective recibió una llamada ante mi total desconcierto... ¿viva?

_ Tenemos que irnos, pasó algo con tu abuela_ dijo agarrando las cosas de encima de la mesa sin darme tiempo a decir nada más.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 3

_ No por favor, nana, no puedes abandonarme ahora_ mis lágrimas empapaban las sábanas blancas que la cubrían.

     Las manos cálidas de la detective se posaban en mis hombros, intentando servirme de un falso consuelo, que no servía realmente de nada.

     Una sombra  gris maquillaba la piel blanca de mi abuela bajo sus ojos adornado de profundas arrugas que no llegaban a mostrar del toda la vida tan dura que había soportado cada centímetro de su débil cuerpo. Mis manos acogían a las suyas frías, dándoles calor, dándoles la fuerza suficiente para que no se fuera, intentando darle vida. No quería soltarla, tenía miedo que se fuera en el instante que nuestras pieles dejaran de tener contacto.

     Una enfermera entró y apenas le hice el menor caso.

_ ¿Sois familia?

_ Ella es la nieta, yo soy la detective Kowalczuk_ dijo enseñándole la placa, y sacándola de la habitación.

     Su conversación la oía en una profundidad tan lejana que apenas llegaba a mis sentidos un leve murmullo.

_ No puedes dejarme… te necesito, lo sabes, siempre te necesité. Eres lo único que tengo…

     Me atragantaba con mis propios gemidos. Sentía un dolor agudo en mi corazón, como si se rompiera en mil pedazos, y se clavaran en mí cada uno de ellos con su filo más afilado.

     Nunca podría haber imaginado que podía llegar a sentir tanto dolor. Me dolía la garganta del llanto, me sentía mareada, cansada, no podía evitar que mis lágrimas fluyeran, pero en realidad, llorar no aliviaba nada.

    Apoyé mi cabeza en su pecho, intentando distinguir el sonido de su corazón, que latía despacio, y casi imperceptible.

     La detective entró, rompiendo con la tranquilidad de la sala.

_ Tienes que saber que han dicho los médicos.

_ Se muere, ¿verdad?

     La detective bajó la cabeza y sin mirarme a los ojos dijo “lo siento”.

     Ya lo sabía, a pesar de que el amor que sentía por ella cegaba a la razón, mi corazón sabía que se marchaba e inconscientemente con mis lágrimas me despedía de ella.

     Enterré mi cabeza entre su pecho, quería sentirlo, quería estar ahí cuando dejara de latir, cuando su alma se marchara, cuando me quedara al fin sola.

     Respiré profundo e intenté tragarme mis lágrimas como tantos años atrás lo había hecho. Debía ser fuerte y no solo aparentarlo.

_ ¿Puedo quedarme sola con ella un momento? Por favor.

     La detective se mostró reacia a aceptar mi petición por unos segundos, pero la miré, y al parecer mi mirada triste la convenció finalmente.

_ Estaré ahí en la puerta por si necesitas algo.

_ Gracias_ dije cubriendo a mi abuela mejor con la manta del hospital.

     Nada más salir de la habitación me levanté, retiré la silla en la que había estado sentada y me arrodillé en el suelo a sabiendas que no evitarían mis suplicas su muerte, a sabiendas que por mucho que rezara y pidiera por ella se iría igual, pero necesitaba sentir que lo había intentado, que había hecho todo lo que estaba en mis manos porque ella viviera, necesitaba sentir que si había un ser superior ahí arriba, alguien que jugaba con nuestras vidas como si fichas de ajedrez fuéramos, diera otra oportunidad a mi reina.

_ Ya sé que no hablamos desde hace mucho,… supongo que entenderás que después de todo lo que pasó en  mi vida y que no me hicieras ni puto caso dejara de pedirte cosas, y que incluso dudara de tu existencia_ sonreí por unos instantes_ de hecho no sé ni qué coño hago hablando sola, pero es mi abuelita_ rompí a llorar de nuevo_ es lo único que tengo, no te la lleves,… por favor.

    Un pitido agudo rompió el silencio, seguido por un alboroto de médicos y enfermeras que me sacaron de la habitación ante mi estupefacción… sinceramente no sé cómo acabé en los brazos de la detective pero cuando salió el doctor yo estaba entre ellos.

     No hacía falta que éste dijera nada, detrás de él pude distinguir su cuerpo bajo las sábanas. Me giré y abracé a la detective buscando el consuelo que necesitaba en aquellos momentos.

_ Lo siento mucho_ dijo ella

_ No se merecía morir, ahora no, ahora que él no está no se merecía morir.

     Ella me abrazó con fuerza, y nos quedamos así, sin decir nada, en el centro de un pasillo transitado, a las puertas de la habitación donde mi abuela se había ido, donde su cuerpo aún yacía bajo las sabanas que seguramente aún tenían su olor.

Capítulo 4

      Es increíble como la vida juega con nosotros, un día nos acercamos al pozo de los deseos para intentar mejorarla y cuando nos damos cuenta nos hemos caído dentro. Hay que tener cuidado con nuestros deseos, porque puede que si te enfrentas a la vida, esta termine devolviéndote el golpe. Y así me encuentro, como en un agujero negro y profundo, donde a pesar de los gritos que dé, estoy sola y no hay nadie que me ayude a salir.

     Apenas hay gente, con lo buena que es y es que apenas tenía vida, apenas nadie la conocía, y ahora es cuando me pregunto ¿esto es lo que me pasará a mí? ¿Nadie vendrá a mi entierro cuando me muera? Incluso ahí estaré sola...

_ ¿Alguien quiere decir alguna palabra?_ dijo mirándome.

    Yo miré a mi alrededor, y las cinco señoras vestidas de negro que habían asistido al entierro me miraban, esperando a que dijera algunas palabras.

_ No se merecía esto_ dije al fin_ Nada de lo que le ha pasado se lo merecía... joder...supongo que todas las personas que estamos aquí conocemos su historia y nos negamos a juzgarla injustamente, espero que si alguien la espera allá arriba, tenga la certeza de que no existió en la tierra un corazón más grande que el que ella tenía_ tras decir eso no pude soportar el llanto_ Abuela, si estás en el cielo, que estoy segura de que si_ dije mirando hacia arriba_ quería darte las gracias, las gracias por todas esas palizas que has soportado por mí, por todos esos secretos que solo sabíamos tú y yo, gracias por aceptarme siempre como soy y no juzgarme por lo que decían de mi. Creo que nunca te dije esto_ sonreí bajando la mirada al suelo_ pero te quiero.

     La voz no me dejaba decir nada más.

_ ¿Ya?_ dijo un padre sentido por mis palabras y yo tan solo asentí.

_ Estoy totalmente seguro que nuestro señor acogerá en su regazo a a nuestra hermana Carmina, y que ahora y por siempre, permanecerá en su gloria.

     Tras decir estas últimas palabras, y con un solo gesto, la arena empezó a caer en el féretro...

     Creo, sinceramente, que fue en ese momento, en el momento en que el primer grano de arena calló sobre ella cuando me di cuenta que no volvería a verla, que no despertaría ya nunca más, me sentí vacía, como si una oscuridad desoladora se adueñara de mí...

     La detective me puso una mano en el hombro y juntas vimos como  cubrían totalmente la superficie de la tierra, como si no albergara debajo nada, como si nada hubiese pasado.

_ Es hora de irnos_ dijo la detective.

_ ¿Puedes dejarme un minuto a solas por favor?

     Supongo que era peligroso que me dejara sola, podría huir, y el hecho es que lo pensé, pero ¿a dónde iría? No merecía la pena, ninguna cárcel de menores podría ser peor que de donde venía.

_ Tranquila, no me iré a ninguna parte, solo quiero estar un momento a solas con ella.

     Finalmente aceptó y sentí como se alejaba despacio mientras yo me quedaba allí, de pie, frente la tumba de la única persona en este mundo que sé con certeza que me ha amado.

     Había estado aguantando durante todo el entierro las ganas de derrumbarme, lloré, pero me mantuve en pie, me mantuve con las fuerzas suficientes para no demostrar a nadie más mi debilidad. Ella siempre me lo decía, “No muestres nunca a nadie tus lágrimas  porque éstas dejan una puerta abierta hacía tu corazón”.

     Cuando mi madre “murió” lloré, deseaba con todas mis fuerzas que mi padre me llevara hasta su tumba, me dijera dónde estaba enterrada para ir a contarle mis penas a aquel trozo de piedra que llevara su nombre, mas nunca me lo dijo. Después de aquel día, mi padre quemó todas sus fotos en una enorme hoguera en el jardín, dijo que todo lo que nos recordara a ella solo nos haría más daño, a mi me hacía más daño ver como pasaban los días y  sentir como se iba desvaneciendo su recuerdo.

_ Tú me la devolviste abuela_ dije sacando de mi bolsillo una foto vieja y gastada_ Tú me trajiste su recuerdo_ caí de rodillas a la tierra seca.

     Aquella foto lo había sido todo para mí durante años, la única imagen que había sobrevivido de mi madre. En ella aparecía mi abuelita, mi madre y yo en medio, en brazos de ellas, ambas estaban sonriendo y se veían felices. No sé cuando fue tomada exactamente, pero apenas tenía ya color y había varias zonas borrosas por el desgaste y el paso del tiempo.

_ Quiero que sepas_ A estas alturas ya me hubiera rendido en mi intento de controlar mis lágrimas_ que no importa que estés lejos, que no te pueda ver, tocar o sentir, sé que estás conmigo, que siempre estarás conmigo.

     Subí una mano a mi pecho y sentía como latía acelerado mi corazón, cerré los ojos y suspiré intentando que mis lágrimas cesaran.

     No la sentí llegar, solo su mano posarse en mis hombros.

_ Ahora sí debemos irnos.

     Yo solo asentí y la seguí hasta el coche sin apartar la mirada del suelo.

_ ¿No quieres saber dónde te llevo?

_ Realmente me da igual.

_ Debes seguir con tu vida.

_ Es lo que hago.

_ Sé que es duro.

_ No entiendes nada, solo soy otro caso más que debes solucionar, un nombre en una hoja de papel que tienes que clasificar.

_ ¿Eso crees?

_ Contésteme con sinceridad, ¿alguna vez ha pasado hambre? ¿Ha pasado frío? ¿La han golpeado tanto que ha deseado estar muerta? ¿Alguna vez ha llorado bajo la ducha sintiéndose una cobarde?

_ No.

_ Entonces no sabes nada.

     No dijo nada, se mantuvo en silencio gran parte del camino, hasta que llegamos a nuestro destino.

_ Ya hemos llegado.

     Fui a quitarme el cinturón y ella me detuvo agarrando mi mano.

_ ¿Qué hace?_ dije levantando mi vista y encontrándome directo con sus penetrantes ojos negros.

_ Mi padre y mi madre murieron cuando yo tenía 10 años, casi tu edad, en un accidente de tráfico. A partir de aquel día mis tíos se encargaron de mí. Me hundí por un tiempo, no podía salir de mi habitación porque todo me recordaba a ellos, y me culpé durante mucho tiempo y me odié por no ir en aquel coche y morir con ellos.

_ ¿Por qué me cuenta esto?

_ Tal vez no sé que es pasar hambre, frío o que me golpeen, pero sí sé que es perder a un ser querido y la soledad que eso conlleva. Quiero decirte que aunque ahora todo lo veas negro, no todo está perdido.

     Tras decir esto me soltó, abrió su puerta y se dirigió hacía la casa que estaba al fondo.

      La seguí finalmente después de digerir todo aquello que me había contado.

_ ¿Qué es?_ dije mientras esperábamos a que nos abrieran.

_ Una residencia.

_ ¿Es un orfanato?

_ No, es una residencia.

_ ¿Y qué diferencia hay?

_ Puedes salir de aquí cuando te plazca, es como un hotel en el que se te da alojamiento y comida.

_ ¿Gratis?

_ El estado carga con los gastos mientras cumplas las normas.

_ Ya sabía yo que era demasiado bonito para ser real.

_ Son unas normas sencilla y fáciles de cumplir. Solo estudia o trabaja pero no te metas en líos, nada de drogas, ni alcohol, ni sexo_ dijo mirándome directamente.

_ No hago nada de eso, solo las vendía pero no consumo.

_ Pues nada de vender tampoco.

_ ¿Y es para siempre?

_ Por supuesto que no. Nada es gratis en esta vida. El estado te brindará comida y alojamiento mientras estudies, cuando acabes tus estudios se te darán un plazo para que busques trabajo y seas independiente.

     Terminando la frase nos abrió la puerta una mujer de unos 50 de edad. Tenía la piel arrugada, sobre todo la parte de los ojos y la sien. Tenía los ojos claros, y el cabello corto como el de un chico. Bajita, regordeta y de mirada tierna y a la vez curiosa.

     Amablemente nos invitó a pasar a la casa y posteriormente a su despacho.

_ Así que tú eres Isabel ¿no?

_ Sí señora.

_ ¿Por qué te han traído aquí?

_ Es una larga historia.

_ Me gustaría conocerla.

     Yo miré a la detective y la detective asintió con la cabeza.

     Le hice un breve resumen de toda mi vida y del cómo y el porqué había llegado hasta allí.

_ ¿Cómo te describes?

_ ¿Perdona?

_ ¿Te consideras una chica conflictiva? ¿Agresiva?

_ ¿Se lo parezco?_ dije sonriendo con un punto de chulería.

_ Solo quiero conocerte mejor, no pretendo ofenderte.

_ Mira señora_ dije inclinándome hacía delante_ puede que no haya asistido a clase, que mi educación no haya sido la mejor, ni mi currículo tampoco lo sea_ miré a la detective unos segundos y volví a la señora_ Pero yo no me meto con nadie, si nadie se mete conmigo, es así de simple.

_ Bueno_ dijo la señora reclinándose hacia atrás_ Aquí nadie se meterá contigo, y si alguien lo hace, rogaría a que me lo dijeras antes de llegar a mayores.

     Tras decir esto señaló con la mano hacía la puerta.

_ La cena es a las 10, el desayuno a las 8 y el almuerzo a las 2. Si no estás a esa hora en el comedor no comerás, así que procura ser puntual.

     Yo agarré la pequeña maleta que llevaba y me dirigí hacía la puerta.

_ Tu habitación está en la primera planta a la derecha.

_ Gracias, dije saliendo por la puerta sin mirar atrás.

     Miré hacía un lado y hacía otro para intentar hacerme una ligera idea de donde me acababan de meter y la verdad es que era un sitio aparentemente placentero. Era como una especie de hogar de acogida y la verdad es que me daba esa sensación de calidez que suelen dar los hogares.

     Las paredes tenían un tono amarillento, pero no de vejez, era el color que habían elegido ponerle, supongo que para que hiciera algo de juego con los muebles rústicos que tenían.

_ ¿Crees que estarás cómoda en este lugar?_ dijo la detective sacándome de mis pensamientos.

_ ¿Qué pasará si no estoy cómoda? ¿Me cambiarán de lugar?

_ Desgraciadamente no puedo hacer eso, me ha costado trabajo que te ofrecieran esta oportunidad, no se la dan a cualquiera, espero no la malgastes.

_ ¿Por qué hace todo esto por mí? ¿Le doy lástima?

_ No es lástima… es más bien… rabia.

_ ¿Rabia?

_ Sí.

_ Pues no entiendo por qué.

_ Porque sé que eres una chica inteligente y sé que puedes llegar a conseguir lo que te propongas, solo necesitas que te den la oportunidad. Espero no me decepciones he apostado mucho por ti_ dijo acariciando mi cabeza con dulzura.

    ¿Dónde se fue esa detective fría que me encontré ese primer día en la sala de interrogatorio? Supongo que hemos pasado demasiadas cosas juntas para que pase desapercibido mi dolor, incluso para un témpano de hielo como al principio me parecía.

     Supongo que las primeras apariencias engañan,… espero que no me decepcione detective, yo también estoy apostando mucho por usted.

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 5

     Es mucho lo que ha cambiado mi vida en dos días… el que creía que era mi padre, no lo es, y está al borde de la muerte, mi madre ha pasado de estar suicidada, asesinada a viva, y mi abuelita… ya no está conmigo. Y yo, sola de nuevo, encerrada en este especie de correccional para menores. No estoy encerrada, puedo salir cuando quiera pero ¿a dónde ir? Al menos aquí tengo donde dormir y qué comer.

_ ¿Y qué debo de hacer ahora? ¿Qué debo de hacer ahora joder?_ Digo abrazando a la almohada con fuerza y con rabia.

_ ¿Buscar a tu madre?_ dijo una voz que provenía de la puerta.

     Asomaba la cabeza por detrás de ella.

_ ¿Quién eres? ¿Y cómo sabes lo de mi madre?

     Una chica de más o menos mi edad se dejó ver al fin. Tenía el cabello castaño y lacio por la altura de los hombros y unos ojos grandes verdes hermosos. Su nariz era fina y pequeña y con la punta un poco alzada, y se alzaba un poco más cuando sonreía.

     Se acercó hacía donde yo estaba, tomando, sin preguntar, asiento a mi lado.

_ Es una casa pequeña y las paredes son muy finas.

_ No entiendo nada_ dije soltando la almohada que aún estaba entre mis brazos.

_ Oí por la pared que está en el despacho de la señora como le contabas tu historia_ continuó_ perdón por invadir tu intimidad.

_ Yo no tengo de eso.

     Me subí por completo a la cama y apoyé mi espalda en la pared, abrazándome a mis rodillas como una niña pequeña desamparada.

_ Soy Emma_ dijo ofreciéndome su mano.

_ Yo Isa_ le correspondí con la mía_ ¿Qué haces aquí?

_ Aquí ¿Dónde? ¿En tu habitación o con la señora?

_ En ambos lados, supongo.

     Sinceramente no me interesaba nada lo que me tenía que decir, no estaba para escuchar historias de niñas lindas con un pasado triste.

_ Pues mi madre era adicta a las drogas y a los hombres, y al parecer también a que la golpearan. La detuvieron y aquí estoy yo.

     Me quedé en silencio, no quería hablar, esta desconocida ya sabía mucho más de mí de lo que le contaría a cualquiera… Necesitaba estar sola, pero en el fondo no quería que se fuera… no quería estar sola, tenía la necesidad de escuchar a alguien hablar, como cuando tienes la televisión de fondo pero no la estás viendo, solo por el simple placer de sentir la compañía o el calor de alguien más, que no estás solo, aunque sea todo mentira.

_ Tengo que pensar que hacer.

_ Busca a tu madre, ¿esa detective no te dio su dirección?

_ ¿Y si ella no quiere que la encuentre?

_ ¿Cómo así?

_ Pues se fue, y me dejó sola… no, no sola_ la voz se me entrecortaba al intentar hablar.

_ Tranquila_ dijo acariciándome la rodilla con sus manos, yo respiré profundo y continué.

_ Me dejó con un tío que la golpeaba, a mí, a una niña… ¿qué se suponía que tenía que hacer para defenderme?

_ ¿Te golpeaba?

_ No, a mi por aquel entonces no, solo a ella.

_ Tal vez pensó que no te haría daño a ti, y ella tan solo huyó, no significa que no te quiera.

     Ella se quedó en silencio, no dijo nada más. Tan solo se subió a la cama e hizo un amago para abrazarme, pero tan solo se quedó en intento. Finalmente abrazó sus rodillas tal y cómo estaba yo.

_ Es difícil tu caso.

_ Es una mierda mi caso_ dije lanzando la almohada contra la pared de enfrente.

_ ¿Y qué quieres tú?

_ No sé lo que quiero, verla, supongo, abrazarla… lleva muchos años muerta para mí, y ahora aparece, bueno, ni siquiera apareció aún.

_ Y ve ¿cuál es el problema entonces?

_ Que yo para ella siempre he estado viva… ¿Sabes las veces que he llorado por ella? Y ahora creo que no merecía mis lágrimas, ella estaba bien, estaba ahí y la que soportaba los gritos y los golpes era yo, ¿y quién lloraba por mí?

_ Igual tenía miedo a tu padre.

_ Ese cabrón ni siquiera era mi padre… ¿Y sabes? Ahora que mi vida debería ir a mejor, que he descubierto que mi madre está viva, y que ese hijo puta está muriéndose en la cama de un hospital, mi abuelita me deja y no tengo ni puta idea de hacía donde dirigir mi vida. Y aquí estoy, llorándole mis penas a una desconocida en la habitación de un… ¿cómo se llama esto? ¿Protectora para niños maltratados? Valla mierda de vida.

_ Al menos tú puedes elegir que camino escoger, vamos que tienes opciones.

_ Pues valla mierda de opciones.

_ Pero tienes. Mi madre, estaría drogada o muerta en algún puticlub de carretera si no estuviera en la cárcel, y mi padre… bueno ni siquiera lo conocí, tal vez estará casado, con hijos y esposa en algún lugar, disfrutando de mucho dinero, pero entre los cientos de hombres que se follaron a mi madre no puedo investigar… una lista demasiado larga, si tuviera lista, que ni siquiera eso tengo.

_ ¿Y qué se supone que debo hacer? ¿Buscar a la mujer que me abandonó?

_ También puedes esperar a que mi padre rico aparezca.

_ ¿Y eso qué tiene que ver conmigo?_ dije sonriendo.

_ Pues si te portas bien conmigo te mantengo_ respondió devolviéndome la sonrisa.

     Yo tenía clara mi condición sexual desde hacía años, y la verdad es que con todas las dificultades de mi vida, eso en concreto, nunca había resultado un problema. Tampoco había tenido nunca pareja en serio, ni había querido, mi vida era demasiado complicada como para añadir otro factor en ella, rollos de una noche y fin, cero complicaciones.

_ ¿A qué llamas portar bien?_ era mi lado seductor el que hablaba por mí, por un momento había salido de la oscuridad en la que me hallaba sin darme cuenta.

     Ella tan solo sonrió y me acarició la mejilla.

_ Tengo que irme.

_ ¿Cómo?

_ ¿Tú estás mejor?

_ Creo… que sí.

_ Pues misión cumplida. Tengo examen mañana_ dijo levantándose de la cama_ alegra esa cara cariño, que estás más guapa cuando sonríes_ Y tras guiñarme un ojo cerró la puerta tras de sí.

_ ¿Qué acaba de suceder?

     Podía hacer tantas cosas ahora, ni siquiera tenía claro nada. Destapé la cama, me quité los pantalones y me acosté. Mañana sería otro día.


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