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Fecha: 05-Feb-17 « Anterior | Siguiente » en Erotismo y Amor

Acoso Acuoso

TrabucoDonosor
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Verano caluroso en un polideportivo Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

A pesar de que hace calor, sólo meto los pies en la piscina y el cambio de temperatura hace estremecerme un poco.

La mayoría del curso de natación ya está en el agua, haciendo estiramientos, pero prefiero saborear el sol en mi piel un poco más,

sentada en el bordillo y viendo mis pies sumergidos.

Pienso que quizá una parte de mí no quiere entrar hasta que él no llegue y siento una punzada de desazón si ni siquiera viniese a la clase de hoy.

Tenía tantas ganas de verlo…

Echo una ojeada discreta a la puerta de entrada y una descarga me recorre el cuerpo cuando le veo entrar, con prisas, soltando el macuto al montón

de ropa amontonada que hay en el banco junto a las duchas.

No puedo evitar seguirlo con la mirada, contenta de verlo aparecer y disipar así los miedos de tener que aguantar una clase de natación sin tenerlo cerca en toda la tarde.

He debido quedarme mirándolo mientras divagaba, porque por un segundo, veo que su mirada conecta con la mía. Es sólo un instante, pero lo suficiente para ruborizarme y tener que desviar la mirada apresuradamente.

Muerta de vergüenza, me dejo caer a la piscina y noto en cada centímetro de mi piel cómo el agua va refrescándome.

Saco la cabeza y tomo aire. Parpadeo para quitarme el agua de las pestañas mientras noto el peso de mi pelo mojado caer y pegarse a mis hombros.

Miro de reojo a la entrada, pero él ya está junto a las duchas, con la camiseta quitada, descalzo, cubierto sólo con ese bañador largo y ancho.

El brillo del pelo desaparece cuando le cae el chorro de la ducha y un reguero de agua comienza a bajarle por el cuello, recorriendo su pecho.

Cuando el agua llega al bañador, se oscurece y se le pega a la piel.

Nerviosa aún por el cruce de miradas anterior, decido dejar de mirar y evitar una nueva situación más embarazosa aún.

Poco después, escucho a mis espaldas el estruendo del agua cuando ha debido tirarse a la piscina y las ondas en la superficie no tardan en llegar, haciendo mecerme delante y detrás de manera casi imperceptible.

Una imagen viene a mi cabeza antes de que pueda reprimirla: en la cama, estoy de rodillas, desnuda, con las piernas separadas, echada hacia delante. Él, detrás de mí, me tiene cogida por los brazos, estirados hacia atrás mientras que me va meciendo de la misma manera que el agua, sólo que en la cama me embiste cada vez más fuerte.

Abro los ojos sorprendida, ¿qué me pasa? Estos pensamientos no son normales en mí.

Sin embargo, noto cómo sube la temperatura en mi cuerpo, especialmente entre mis muslos.

Intento pensar en otra cosa y concentrarme en los ejercicios.

Cuando después de un buen rato he conseguido desconectar y controlarme, la monitora nos dice que pasemos a la piscina poco profunda, para hacer algunos estiramientos de relajación.

Una vez allí, nos pide hacer grupos de 3 personas. Miro a mi alrededor, preocupada por no conocer a nadie, ¿y si me quedo sola?

Seguro que tengo esa suerte...

Pero para mi sorpresa, le veo a él alejarse de un grupo grande y venir hacia mí.

- Hola, ¿te importa si lo hago contigo?

- ¿Qué?

- El ejercicio...

- Ah, claro, sí. No hay problema.

Me sonríe tímidamente y una parte de mí se derrite al instante.

Una muchacha joven, bastante guapa, se une a nosotros y me siento contrariada por tener que compartirlo con ella de esa manera.

No seas estúpida, me obligo a decirme.

La monitora nos explica el ejercicio. Uno de nosotros deberá estar en el centro, flotando, mientras que los otros se dedicarán a los estiramientos de sus extremidades.

La muchacha se ofrece a ponerse en medio en primer lugar. Me coloco delante suya y le ayudo a subir las piernas mientras sujeto sus pies.

Veo que él mueve sus brazos haciendo semicírculos, así que comienzo a contraerle una pierna de la misma manera que explicó la monitora.

Cuando su turno acaba, escucho que él dice : Me toca.

Se coloca en medio de nosotras y delante de mí, da media vuelta.

Antes de agarrarle los brazos, ha tomado impulso para quedar suspendido en el agua y veo cómo surge su cuerpo ante mí.

Me apresuro a sujetarlo antes de que vuelva a hundirse. Retrocedo un par de pasos para poder estirar sus brazos al máximo. En lugar de coger sus muñecas, bajo hasta sus manos y él las acepta con firmeza.

Recorro mi mirada por sus brazos y al llegar a su cara me doy cuenta de que tiene los ojos cerrados. Antes de poder pensar nada, sigo recorriendo su cuerpo con la sensación de que no puede darse cuenta.

Su pecho suspendido, lleno de gotas que se van escurriendo en él, el reflejo del sol en su piel, el relieve bajo su bañador…

Decido dejar de mirarlo; además, parece que la muchacha le ha hecho cosquillas o algo, porque le oigo reír.

En cuanto acaba el ejercicio, avanzo hasta colocarme entre los dos.

Lo dejo a mi espalda y cuando voy a dejarme caer, me dice:

- ¿Por qué no te das la vuelta y agarro las piernas mejor?

- Bueno, como quieras…

No sé por qué quiere ponerse así, pero, en fin, con eso lo tengo de cara yo también.

Mientras me pongo en posición horizontal, flexiono los brazos y noto cómo la muchacha me sujeta por los hombros. Él no tarda en agarrarme las piernas, por los gemelos y casi como una caricia, desliza sus manos hacia mis tobillos. Echo un último vistazo antes de levantar la cabeza y cerrar los ojos y la imagen me encanta: él justo delante de mí, con el agua unos dedos sobre su cintura, el pelo mojado…

Me evado mientras me ayudan con los estiramientos y me tranquilizo bastante, hasta que en el último momento, en lugar de contraerme las rodillas, noto cómo me separa las piernas lentamente…

Entreabro los ojos, sin querer alarmarlo tampoco, pero logro ver que me mira fijamente al bikini, justo entre las piernas.

Su mirada no tiene un aire nervioso o sorprendido, parece como distraída, curiosa…

Justo en ese momento, la monitora indica que se acabó la clase por hoy. Dulcemente, mis dos compañeros me incorporan y hacemos como si no hubiera pasado nada.

La piscina va vaciándose mientras me encamino a las escaleras. Me acerco a mi mochila y saco la toalla. A pesar de que sigue haciendo calor, el cambio de temperatura al salir del agua ha hecho que se me pongan los vellos de punta y noto que los pezones se me endurecen bajo el bikini.

Me coloco la toalla sobre los hombros y tras notar cómo el agua hace ya un charco bajo mis pies, la bajo a mi cintura.

Lo busco con la mirada y veo que él está secándose al sol, de pie, sin toalla. Cuando su mirada se posa en mí, sin pensarlo siquiera, se me ocurre provocar su reacción.

Cojo la toalla con ambas manos y me agarro las tetas, para secar el bikini. Comienzo a frotar y cuando retiro la toalla, con el bikini ya casi seco, me miro el pecho, viendo que mis pezones se marcan mucho.

Vuelvo a mirarlo y noto que él no ha retirado su mirada, pero cuando se da cuenta que le miro, se hace un poco el loco, disimulando que me ha visto.

Sonriendo por dentro, decido que es suficiente, ha sido divertido.

Termino de recoger mis cosas, me pongo la toalla bajo la cintura, llevo el champú en una mano y la mochila sobre el hombro.

Me dirijo a los vestuarios sin volver a mirarlo siquiera.

La ducha del fondo, como es habitual, está ocupada, pero prefiero esperar que meterme en una de las viejas o las que huelen mal.

Por fin, una mujer sale, desnuda, y me deja paso cuando la mayoría ya está saliendo del recinto.

Encajo la puerta del cubículo, dejo el champú en el suelo y abro la manilla del grifo, para que salga un chorro templado a media presión.

Sigo con el bikini puesto, prefiero dejarlo así normalmente.

Cuando me echo champú en las manos, pienso en cerrar el agua mientras me lo pongo en la cabeza, pero el agua está en su punto y opto por disfrutar de la presión del chorro en mi pecho, a la vez que enjabono mi pelo.

El olor del champú inunda el ambiente cuando noto un rayo de claridad que aparece y se desvanece en el vestuario.

Alguien debe haber entrado. Me doy la vuelta justo cuando la puerta de mi ducha se abre y sorprendida, le veo a él, cara a cara conmigo.

- ¿Qué haces aquí? ¡¿Te has vuelto loco?!

- He venido a verte.

Lo dice con media sonrisa, amable y nervioso al mismo tiempo. Me desarma esa actitud y no sé cómo responder.

Miro alrededor por instinto, como si la que no debiese estar ahí fuese yo.

- Tranquila, ya se han ido todos. Sigue, por favor.

- ¿Que siga con qué?

- Con la ducha. Pensaba que estarías desnuda, pero así también estás deslumbrante.

Noto una mezcla de sensaciones antes de poder distinguirlas por completo: vergüenza, incredulidad, nerviosismo, pero también deseo, curiosidad, y sobre todo, poder.

Como él sigue mirando desde la puerta, relajo mi cuerpo, cierro los ojos y meto la cabeza bajo el chorro de la ducha, con el cuello hacia atrás.

El champú sigue bajando por mi pelo, llenando todo mi cuerpo de espuma.

Llevo las manos a mi cabeza y comienzo a aclararla, sabiendo que mientras él estará saboreando cada centímetro de mí.

Bajo las manos y sin poder reprimir una sonrisa, vuelvo a agarrarme las tetas.

Aparto la cabeza un poco para poder verlo; no me quita ojo en cada movimiento y decido dar un paso más bajando mis manos hasta llegar al bikini inferior.

Separo las piernas y meto los dedos poco a poco en su interior, por la zona de las caderas, acercándome lentamente al centro.

Cuando mis manos se encuentran, saco los dedos fuera, dejando sólo los pulgares y doy un tirón hacia abajo para mostrarle algunos vellos negros que se asoman en el pubis.

Como si estuviera luchando consigo mismo, veo que ya no aguanta más y se abalanza sobre mí.

Me agarra cada brazo por las muñecas, los sube por encima de mi cabeza y me besa mientras noto que mi espalda choca contra la pared.

Lo noto ansioso y antes de poder devolverle el beso, hunde sus labios en mi cuello.

Exclamo un gemido cuando noto la temperatura de su lengua recorrerme desde detrás de la mandíbula hasta el hombro, a la vez que suelta mis manos para bajar las suyas hasta mis tetas.

Las agarra con las palmas abiertas y da un par de apretones antes de hacerme bajar uno de los aros, dejando uno de mis pezones al descubierto.

Mete las manos bajo el bikini, desde abajo, y vuelve a apretarlas como antes, sólo que ahora desde dentro.

No para de besarme el cuello, entre débiles gemidos, jugando con mis pezones con sus pulgares, pellizcando…

Yo le agarro por su cintura y hago que su cadera se acerque a la mía.

Noto que aumenta la humedad dentro de mí y el sólo pensamiento de imaginar correrme bajo el bikini hace que me ponga más caliente aún.

Le busco la polla sobre su bañador y cuando la encuentro se la agarro más fuerte. Después, meto mis manos por dentro también.

Le paso las uñas por los muslos acercándome cada vez más. Con una mano le masajeo los huevos y con la otra se la agarro fuerte.

Noto que exhala entre un suspiro y una exclamación de placer, que me da tranquilidad y al mismo tiempo, me anima a hacer todo lo que se me pase por la cabeza.

Lentamente, empiezo a hacerle la paja hacia delante y atrás.

Él se separa de mi cuello y suelta mis tetas. Comienza a bajarse el bañador, pero yo sigo masturbándolo.

Una vez que se queda completamente desnudo, se para a mirarme unos instantes mientras que yo acelero el ritmo de la paja.

Me mira la cara, mis tetas y cuando pone su mirada en la parte inferior de mi bikini, me coge por los hombros y bruscamente, me da media vuelta.

Me empuja hacia la pared así que pongo mis manos apoyadas y quedo ligeramente inclinada, con el culo a su alcance fácilmente.

Me refriega su polla por encima, sin quitarme el bikini.

Estoy deseando que me la meta por fin.

Como si leyese mi mente, aparta por debajo el bikini lo suficiente para destapar mi coño. No puedo contener un gemido.

Me acaricia la parte externa mientras separa los labios vaginales.

Con la palma de su mano extendida, va frotándome en busca del clítoris.

Cuando lo encuentra, le da unos leves golpes con la yema de uno de sus dedos y después lo acaricia suavemente.

Mis piernas comienzan a temblar, así que aprieto mis manos contra la pared de la ducha para no perder el equilibrio.

Casi sin darme cuenta, se me echa encima, noto su cadera apoyada en mi culo y acerca su polla entre mis piernas.

Un relámpago tensa mi cuerpo cuando me penetra, y a pesar de que lo ha hecho bruscamente, la humedad dentro de mí ha facilitado que entrase profundamente.

Se queda dentro de mí unos segundos. Después, comienza a sacarla y meterla con movimientos suaves y noto que cada vez su polla encaja mejor en mi interior. Cuando el movimiento se estabiliza, me dice:

- No voy a parar hasta correrme.

Extasiada con la sensación del agua de la ducha cayendo sobre mí y escucharlo mientras me folla, le digo que me haga lo que quiera.

- Entonces, voy a dejarte empapada por dentro también.

Acelera el ritmo y en lugar de movimientos suaves, comienza a darme embestidas. Me vuelven a temblar las piernas y esta vez mi gemido es prolongado. Oigo su respiración entrecortada cada vez que empuja para metérmela y el sonido húmedo que emite.

Cada embestida llega más profunda y empiezo a notar que el orgasmo se acerca. En ese momento me agarra las tetas desde atrás y me muerde el cuello. Baja el bikini por delante para dejar mis tetas descubiertas y vuelve a agarrarlas. Cada vez que siento su polla entrar, gimo, pero el ritmo es ya tan rápido que mi gemido es continuado.

En cada embestida, se unen las sensaciones del choque contra mi culo, la mordida del cuello y la profundidad que alcanza dentro de mí.

No puedo más. Justo cuando me embiste por última vez, me pellizca los dos pezones al mismo tiempo. La mezcla de placer y la sorpresa del pellizco hace desembocar toda mi energía entre mis piernas y dejo fluir el deseo de liberarla al exterior. En breves convulsiones, todo mi cuerpo se revuelve. En cada temblor, un relámpago de placer recorre mi cuerpo, notando cómo mi coño se humedece más y más mientras me corro.

Él ha debido notarlo en cada convulsión, porque me dice:

- Ahora voy a correrme yo.

Todavía con el cuerpo flojo por el orgasmo, sigo recibiendo embestidas.

Sus gemidos ahora se descontrolan y me coge de los hombros para que su polla llegue lo más profundo posible. Por último, noto que aprieta sus manos y no se despega de mí. Me inunda la temperatura en mi coño, sintiendo cómo el fluido se desliza en mi interior.

Cuando comienza a sacarla, veo que parte de su semen ha salido y resbala por mis piernas. Antes de sacarla del todo, me da una última embestida profunda por sorpresa y escucho el sonido de la mezcla de su semen y mi humedad en lo más profundo de mí.

Nos quedamos así un buen rato, con el agua de la ducha todavía abierta…


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