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Fecha: 11-Feb-17 « Anterior | Siguiente » en Erotismo y Amor

Bajo el cielo de siberia (2)

HANIBAL
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Donde se narra el pasado de Nadia, y Aleksei Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

CAPITULO 2º

Nadia, en efecto, durmió hasta tarde, más, bastante más de las diez de la mañana pues eran ya más cercanas las once que las diez y media de la mañana cuando despertó;  no fue  “motu proprio” el despertarse, sino el roce de unos labios posándose en su frente, en sus mejillas, lo que la hizo abrir los ojos, sacándola del “dulce desconcertó” en que se sumiera. Había sido él, el joven amo Alyosha quien la despertó con un dulce beso en su frente, en sus mejillas, y ella se sintió contenta, embargada por una dulce paz en su espíritu. Parecía mentira que ese joven amo, que en tiempo  no tan lejano, la impresionara tanto que hasta más miedo que otra cosa sentía en su presencia, ahora fuera su mayor fuente de tranquilidad, de sosiego… Y, además, era  cierto, muy, muy cierto, que le veía con, más que otro sentimiento alguno, un cariño enorme, fruto del profundo agradecimiento que le profesaba.

Le sonrió, con esa sonrisa tan suya, tan abierta, tan dulce, rezumando ternura a todo su alrededor, sonrisa que a él, al amo Alyosha, le encantaba…y de toda su vida, pues, aunque la jovencita nunca se enterara de ello, desde siempre, desde que ella era una cría de dos, tres años  y él un casi adolescente de nueve, diez años, a esa niña le causó una gran ternura por lo angelical que era, lo inocente e ingenua que era

 Y allí estaba él, el amo Alyosha, sentado en la cama, a  escasos  metros de ella, con esa dulce, tierna, sonrisa en sus labios, en sus ojos, tal cual era habitual en él siempre que la miraba. Y Nadia, Nadezhda, se sintió feliz, gozosa, con sólo eso, verle ante ella, así, cariñoso, abierto a ella.  Le tomó las manos, ambas manos entre las suyas, apretándoselas con cariño infinito… Cariño de casi niña, cariño de casi mujer,  cariño, en cualquier caso, tierno, dulce, inefable… Pero,  ante todo, limpio, impoluto, aunque también ello tuviera su pizca, digamos, erótica, de amor de mujer que, como capullito de  flor, de rosa, se abre a la primavera, a la vida, en su primer amor… Aunque, de esto, Nadezhda, aún no fuera plenamente consciente…

  • Estas aquí, amo; has venido… Has venido a veme…a ver a Nadia…

  • ¡Y dale con lo de “amo”!... ¿No te tengo dicho que no quiero que me llames así?...

  • Peo no me sale llamarle de otra forma, más que amo; amito Alyosha… Lo  siento, amo, pero me es imposible dirigirme a ti de otra manera, pues es así como, a bote  pronto, como me surge el llamarte… Lo siento, amo, pero es así, y no lo puedo remediar…

El amo Alyosha sonrió, alegre, ante la salida de la muchacha, tan cándida, tan simple e inocente como todas las suyas, sin doblez, sin segundas intenciones en  sus palaras,  que bien podían dar pábulo a torcideras Intenciones en  otros oídos que las escucharan… Y, dando carpetazo al asunto, salió del dormitorio no sin antes señalar un hatillo de ropa que dejara a los pies de la cama al llegar

  • Aquí te dejo unos vestidos que le acabo de “tomar prestados” a mi hermana; creo, que te vendrán bien, si acaso sacarle alguna sisa en algún que otro sitio, poca cosa, en todo caso… Espero, de todos modos, que te gusten

Y dicho y hecho; cuando Nadia bajó, instantes más tarde, al refectorio de la posada, la moza vestís un elegantísimo traje, mitad de calle, mitad de amazona, preludiando la cabalgada que, indudablemente, daría de sí la  mañana, y a fe que no se equivocó ni un milímetro en lo que, tan pronto acabaron de desayunar, la esperaba, comenzando por la caza y captura de un galeno, que, como poco, mereciera tal nombre en su profesionalidad. Y a fe que lo encontraron; se lo recomendó el posadero y resultó que era, justo, lo que el amo Alyosha, en particular, buscaba. El médico reconoció concienzudamente, a la joven Nadia y determinó que el embarazo de la joven, mejor no podía ir; quedó en volver a recocerla semanalmente y que la asistiría, junto a una matrona, que no simple partera, en el momento crítico del parto, que, por otra parte, y dado lo bien que llevaba el embarazo, nada extraordinario, fuera de lo común, debía esperarse.

Luego tocó el turno a la búsqueda de un modista de confianza, que le hiciera todo un guardarropa a la joven criada; pero un guardarropa de altura, como para un señorita de auténtico prestigio palaciego en el mismísimo San Petersburgo, capital imperial de todas las Rusias bajo el Zar  Nicolás IIº; decenas y decenas de vestidos que a Nadia la tenían abrumada

  •  Amo,  te estás gastando demasiado dinero en mí, que no me merezco nada… Deja de comprarme más cosas, por favor; me abrumas, amo, me abrumas con tantas atenciones… ¡Cómo, cómo podré yo pagarte todo esto!... Nunca,  nunca podré saldar esta deuda contigo… ¡Nunca, amo, nunca!

  • En eso, en devolverme lo que dices “favores” míos, es en lo único que nunca debes pensar… ¡Te lo prohíbo!... Dices que soy tu amo, pues tu amo te ordena que ni lo pienses… Ni hoy, ni nunca… ¿Entendido? Verás, mi pequeña Nadia; cuando te encontré en el camino, abandonada de todos, hasta de tus padres, te hice mi hermana…una Boronsova…y eso es así, lo quieras o no lo quieras: Eres mi hermana Nadia, mi hermana Nadezhda, y como tal, debo tenerte, debo cuidarte…

  • Gracias, amo; gracias; muchas gracias… Es lo único que puedo decirte… Y, otra cosa también te digo: Que soy tuya; absolutamente tuya… Te pertenezco, amo; en cuero y alma… Porque yo así lo quiero, deseo que sea así… Y por siempre jamás…

  • ¡Calla, loca,  calla. No sabes lo que dices, mi niña…No; no lo sabes… Y no quiero que vuelvas a hablarme así… Ni una palabra más a ese respecto… ¿Entendido?... ¿Comprendido?...

  • Sí, amo: Entendido, comprendido…

El día acabó sin más cosas dignas de mencionarse, salvo que parearon, como buenos amigos, tomaos a veces de las manos, a veces no, para finalmente regresar a la posada a cenar allí los dos y, finalmente, retirarse Nadia al cuarto a descansar, a dormir, siempre acompañada del amo Alyosha, para siempre  hacer lo mismo: Abrirle la cama y despedirse de ella, besándola y persignándola en la frente

Alyosha, esta  vez, estuvo varios días sin aparecer por el pueblo, por su posada, ocupado de nuevo en sus deberes militares, embarcado, navegando por el Báltico-Mar del Norte, regresando a ella varias semanas después, algo más de un mes. Estuvo con ella casi una semana y volvió a marchar al mar. Así pasaba la vida entre ellos, viéndose cada vez que él podía escaquearse de su deber militar. A todo esto, Alyosha, que a sus dieciséis años, había salido del Colegio Militar con la coca de Alférez de Fragata, había ido ascendiendo, en forma harto meteórica, a Alférez de Navío, (Teniente, en el Ejército), Teniente de Navío (Capitán),y, a la sazón, Capitán de Corbeta (comandante) siendo en tal momento, 1912, veintiséis años, segundo oficial en un crucero de segunda clase, protegido, esto es, estructura de madera, recubierto de planchas de acero

Y así fueron pasando, lánguidos, pero dichosos para los dos, los meses de 1912, iniciándose 1913 con el feliz acontecimiento del nacimiento de la criaturita de Nadia, una nena más bonita que todas las cosas que llamó Masha, María, en honor a su mare, la abuela de la niña. Tras reponerse Nadia del parto, que como aventurara el doctor, transcurrió sin problema alguno, pasaban el tiempo, durante las, más-menos, frecuentes visitas de él a la posada  del pueblo con afanes de ciudad, unas veces, en la habitación, donde él acostumbraba a leerle a ella novelas románticas que,  no sólo la entretenían sino que le daban también, una cierta cultura. O paseando por las  calles, plazas y los exiguos parques que allí solían haber. Incluso vez hubo que, en coche alquilado de dos caballos, la  pareja se llegó hasta la misma San Petersburgo, que Nadia no sabía bien a dónde mirar, pues todo, toda la ciudad, la encantaba. Hasta la presentó a sus amistades capitalinas, en especial sus compañeros de armas, oficiales de la Armada Imperial Rusa,  como él mismo, presentándola en todas partes como una vieja amiga  suya, aunque las noticias, a veces, vuelan, y al cabo de la calle estaba ya el “Todo San Petersburgo” del “affaire” de Nadezhda con el amo Boria, y las “lenguas de doble filo”, masculinas y femeninas, apenas ellos se daban la vuelta, la de “trajes que le cortaban” la infeliz Nadia, para todos una criadita que, muy a sus anchas, había liado, primero al menor de los hermanos, Boria, y sin pérdida de tiempo, cuando éste le salió “rana”, al mayor, más “caballo blanco” aún que el Boria, al ser él, Alyosha, el futuro “Príncipe Boronsov”…

Pero también llegó el fatídico 1914, con los sucesos de Sarajevo, en Junio, y el estallido de la guerra entre los Imperios Centrales, Alemania y Austria-Hungría, en principio, y la Triple Entente, Francia, Gran Bretaña y Rusia, una guerra que hoy conocemos como Iª Guerra Mundial. Aleksei Aleksandrovich fue de los primeros en ser movilizado, debiendo presentarse en la Base de Kronstadt,  donde estaba el buque al que debería unirse, un cazatorpedero, (hoy, Destructor), como comandante del buque. La despedida de la pareja más triste, más patética, no pudo ser, con una Nadia deshecha en llanto, abrazando a su hija y al amo Alyosha, mientras éste trataba de consolarla con mentiras piadosas: Que la guerra acabaría pronto y que, de todas formas, él iría a verla siempre que le fuera posible, Prometió escribirle casi a diario y enviarle dinero, amén de los buenos rublos que le dejó en mano

El amo Alyosha no volvió nunca por el pueblo, aunque con regularidad casi semanal le escribía y mandaba dinero, rublos, cumpliendo así su palabra Nadia no sabía leer ni escribir, apenas si llegaba  garrapatear su nombre en un papel, por lo que iba a casa del doctor que la atendiera en su embarazo y parto, convertido ya en médico de cabecera para la joven, ocupándose de cuantas dolencias le acaecían a ella y a su hijita, que algún enfriamiento que otro les curó, especialmente a la niña, incluyendo una escarlatina que sufrió en ese mismo año 1914.

Pero 1914 pasó y 1915, para no ser menos, también se esfumó a las 24 horas de su 31 de Diciembre, dando paso a 1916. En España, suele  decirse:”Año bisiesto, año siniestro” y a fe que, en buena parte, sí que 1916 fue “Año Siniestro”(1); para empezar, comenzó con una espantos inestabilidad en el Imperio Ruso causa de una inflación galopante, que desabastecía de lo más perentorio a la población, sobre todo, lo más básico, alimentos, trigo, maíz… Y la carne, por las nubes, asequible sólo a bolsillos muy, pero que muy pudientes, que podían comprar en el Mercado Negro, pues en las tiendas, nada de nada, podía encontrarse. Aparecieron las Cartillas de Racionamiento y el hambre viva se empezó a adueñar de la población rusa en general, sobre todo, y como siempre, de los económicamente más débiles. Y claro, la pobre Nadezhda fue “carne de cañón” en aquella guerra incruenta, pero no menos aterradora y mortal que la que en los frentes de combate se libraba; la que cada día se disputaba en cualquier calle, plaza o similar de cualquier ciudad rusa, desde Petrogrado a Moscú; de Minsk a Járkov de Yekaterinburg a Krasnoiarsk; de Novo Sibirsk a Irkusk o Yakutsk… A todo lo ancho y largo de toda la inmensa Rusia

Pero para Nadezhda lo peor no  fue eso, sino que, hacia el mes de Abril de aquél fatídico 1916 cesaron las cartas y los giros del amo Alyosha; fue de  una vez, de ayer para hoy. Como si de la noche a la mañana hubiera desaparecido de sobre la faz de la tierra, sin noticia alguna de él; y Nadezhda se temió lo peor, que hubiera muerto; que quien ya, sin duda alguna, era el dueño de su vida, de su corazón de mujer, de su alma femenina, hubiera caído, para siempre, en aquella guerra. Casi, casi, se hundió en la más profunda desesperación, pero también estaba allí su hija y, por ella, tuvo que hacer de tripas corazón. Lo primero, fue buscar trabajo, pero no hubo forma de encontrarlo; ni de criada en la misma posada donde se hospedaba; ni siquiera con el médico que tan bueno fuera para ella y su hija y  el amo Alyosha. Realmente, eran malos tiempos, malísimos, para vivir en Rusia, con las gentes ya cayendo víctima del hambre viva.

En fin, a qué insistir pormenorizando todo un rosario de torturas que fue la vida para Nadezhda desde ese momento, cuando el amo Alyosha desapareció sin dejar rastro,  hasta el comienzo mismo del relato, ya en 1921. Sintetizando, digamos que, mientras dispuso de algún dinero, ella, por naturaleza ahorradora, las cosas fueron, más o menos, como antes; luego, cuando, acabado hasta el último rublo, casi el último kopek, vino el empeñar cuanto de valor pudo reunir, desde las pocas, poquísimas joyas medio dignas de tal nombre que poseía hasta los vestidos que él le encargara, acabaron en las casas de empeño, prestamistas…y hasta en poder de la patrona de la posada… Luego, cuando ni eso ya le  quedó, la cría en sus brazos y la calle para correr con lo puesto por todo equipaje. Y a partir de ahí, baste decir que recorrió hasta el final, y con infinitas creces, el famoso “Camino de la Amargura”. Lo peor, fue perder a su hijita, víctima del hambre viva, en el siguiente año 1917, ya casi en su Otoño. Días enteros pasó Nadezhda con su hija en brazos, muerta ya la pequeña, pero con su joven madre aún hablándola, como si pudiera todavía oírla… Pasó por un psiquiátrico de donde salió para alistarse, ya en 1919, en la Guardia Roja

FIN DEL CAPÍTULO

 

NOTAS AL TEXTO

 

  1. Efectivamente, 1916 fue año bisiesto

 


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