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Fecha: 10-Mar-17 « Anterior | Siguiente » en Fetichismo

El Cuaderno de Elisa ( 9 º , 10 º y 11ª)

rana gustavo
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Capítulos noveno , decimo y undecimo . Aqui termina la primera parte de ests historía . Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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Capítulo 9

 

Ese día seguí en casa haciendo tareas, pase por mi tienda a recoger la recaudación del día. No había ido mal 2000€, hay días que no vendemos nada. Vino, Juan a cenar, nos quedamos un rato viendo la TV en el sofá. Yo mientras tanto, cogí el cuaderno y mientras veíamos una  película, que era un tostón, me puse a leer el diario.

 

24 de Agosto de 1934

" Son las 23:15 de la noche, estoy en casa, voy a relatar como ha ido el día hoy. A las 11: 00 de la mañana ha llegado un señor muy distinguido, ha solicitado los servicios de Joana. Joana es una chica de unos treinta años, esta soltera y es muy atractiva. Lleva un vestido de color verde, es de terciopelo. Debajo un corsé que le hace una figura de avispa. Su especialidad son las azotainas, le gusta que le peguen en el trasero. La excita. He visto algunas de sus sesiones y las hemos grabado con una cámara. Las cintas están escondidas en una habitación secreta. Solo, yo y Marta sabemos donde las guardamos. "

 

Más adelante Elisa, habla de la piscina.

 

" La piscina, allí se montaban orgías, eran bacanales. Las chicas se dejaban hacer de todo con los caballeros que venían. En ocasiones eran ocho hombres y diez mujeres. Todas hacían de todo, y hay grabaciones también. La piscina nunca se cambiaba el agua, allí se meaba y se hacían otras necesidades fisiológicas. "

 

Entonces entendí el mal olor que hacía cuando baje. Era un gran WC  Pero me quedo una duda, los hombres y mujeres se metían en ella. Lo encuentro muy antihigiénico y asqueroso. Después de leer eso. Me fui a dormir.

Por la mañana, volví otra vez a la calle Talleres. Fui directamente a la compuerta, baje por la escalera, en esta ocasión llevaba una potente linterna. Ilumine bien la piscina. Y la tonalidad del agua era marrón y en alguna zona verde. Llevaba guantes y unas botas de pescador. Me introduje en el interior y con una barra de madera empecé a remover el agua. Al remover toque con algo que se me pareció muy blando, con la barra lo conseguí subir a la superficie, era una prenda femenina, era un vestido. ¡Era de color verde! , ¿Qué paso con Joana ?

Volví a otra zona de la piscina, con la barra y encontré, más ropa, era ropa interior femenina. Corsés, medias y ligas. Al menos conté unas veinte unidades. Estaba completamente desconcertada. ¿También vendían ropa usada las  chicas? Nuestras abuelas eran muy modernas o les gustaba el morbo, o es que no reprimían sus deseos más oscuros. Y encontraban en el placer otras satisfacciones sexuales y económicas.

Salí de la piscina y estuve mirando las paredes si encontraba alguna puerta secreta o algo parecido, pues en el llavero que me dio mi tía había una llave que todavía no había usado. Con la linterna, estuve mire milímetro a milímetro las paredes del sótano, pero no halle nada. Volví a subir por la escalera y pensé que el loft  que había en el patio al lado del lavabo podría encontrar lo que buscaba y así fue. Con la linterna mire la pared y encontré un agujero de cerradura. Metí la llave que me quedaba y abrí la puerta. La puerta cedió hacía mi. Y era una habitación llena de estantes. En ellos había cintas, fotografías y negativos. Eran muy antiguos, pero se habían conservado bastante bien. En un rincón en el suelo había un proyector cinematográfico. Ahora solo faltaba ver una de las cintas.

Recogí el proyector. Lo puse encima de una mesa. Lo enchufe y lo puse en marcha. Funcionaba. Enfoque el proyector hacía una pared blanca y cerré la luz.

 Capítulo 10

 

Cogí una silla que había por allí, Comencé a ver la proyección.

En ella se veían a dos mujeres y a dos hombres. No reconocí el fondo. No parecía que fuera el piso donde estábamos. Las dos mujeres acariciaban al hombre, lo besaban le quitaban los pantalones, zapatos calzoncillos, que eran muy feos. La polla del hombre ya esta erecta, es bastante grande las chicas se desnudan. Sus pechos son grandes, una es morena y la otra es rubia. Se arrodillan y le hacen una felación, él se corre enseguida.

Pero, hay más en otras imágenes, ya es en el piso donde estoy. Es la habitación, donde se encuentra la silla ginecológica. Hay un hombre sentado, tiene los pies atados a la silla. Lo que hace la chica, que cuando vi. quien es , el corazón me dio un vuelco . Era mi abuela Elisa. Os podéis imaginar lo que pasa, mi abuela le introduce unos dedos en él ano y lo que viene a continuación no me lo esperaba. Coge la máquina con el consolador mecánico, lo pone a la altura de su ano y se lo introduce. Y empieza a mover el pedal, pero lo hace con la mano. El hombre cierra los ojos y empieza a gemir, la cinta no tiene audio, es muda, pero por los gestos se nota que esta disfrutando. Al final lanza un chorro de semen encima de su vientre. Elisa retira el aparato. Se acerca a la cámara y pone una hoja y en ella se lee: " Se llama Héctor y es nuestro mejor cliente, viene cada semana, paga 15 pesetas "

15 pesetas en los años treinta y cuarenta era una fortuna, creo yo. No lo sé, ya lo comprobaré.

Había otra parte en la película, era en esta ocasión una mujer la que estaba sentada en la silla. Ella esta con la cara tapada con un trapo, Solo se le ve el cuerpo desnudo. Es una mujer muy delgada. Pechos muy pequeños y sus piernas son escuálidos. Su sexo esta muy peludo. Pero lo que hacen en esta cinta, lo encuentro muy adelantado para la época. Cogen crema de afeitar en un bol y con una brocha la esparcen por el pubis de la mujer. Con una cuchilla, y con mucho cuidado, Elisa, que es quien lo hace, le afeita el pubis. Lo limpia con agua y lo seca con una toalla. Elisa se arrodilla y le come el clítoris. La chica le coge la cabeza y la amorra a su sexo. Ella tensa su cuerpo y se corre. Cuando vi. Esto la verdad es que me excite. Mis bragas estaban empapadas. Me quite las botas , me baje los pantalones y no lo pude evitar , me toque el sexo , hasta que me  corrí . Hacía tiempo que no me tocaba , pues mi marido lo hace muy bien y no tengo queja de él .

La cinta se acababa con esa chica.  No se le veía  la cara.

Capítulo 11

 

Tres meses más tarde.

 

El piso de la calle Talleres lo rehabilite , pues conseguí que fuera mío . La piscina la limpie , `pero los aparatos de tortura , los deposite en la sala que había en el patio y los telefónos los guarde como una pieza tecnológica antigua . Y preguntareis: ¿Qué hice con el piso?

Conservé los mosaicos del suelo, las puertas. Instalé un aparato de aire acondicionado. Después de digitalizar todas las fotografías y las cintas de cine. El inventario dio un total de 1500 fotografías y unas 389 películas. Algunas estaban repetidas. Y al final lo convertí, en una casa de relax, muy particular. Pues tenía una sala llena de ordenadores, había unos veinte. La sala de la piscina era un plato con tres ambientes diferentes y en allí, las chicas hacían sus show en vivo. También había algún chico, que hacia show, no era muy habitual, pero hay uno que sinceramente esta muy bueno y las chicas se lo rifan para hacer show en pareja. Y también hay una Ama. Ella usa material más moderno y tiene mucha fama a nivel internacional. Y otras chicas que también se dedican a vender su intimidad, sin practicar sexo. La tienda de la mercería se la cedí a mi dependienta. Pues el negocio del sexo, ya vivo de él. Mi marido Juan, bueno ex-marido, lo pesque en la cama con otro hombre. Si hubiese sido con una mujer, se podía soportar, pero con otro hombre, eso no.

 

Las películas de mi abuela Elisa, las vendía en foros de sexo, pues las pelas x antiguas tienen mucho éxito. Al final sólo, os diré que me compre un Ferrari.

Por cierto, no os he dicho mi nombre, me llamo Alexandra, para los amigos Sandra. Bueno Ama Sandra.

Fin de la primera parte .


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