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TODORELATOS » SEXO ANAL » TRILOGÍA ANAL - PARTE 1. EL CASTIGO ANAL DE DAYANA
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Fecha: 11-Mar-17 « Anterior | Siguiente » en Sexo Anal

Trilogía Anal - parte 1. El castigo anal de Dayana

Teseo
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Continuando con las experiencias anales de Dayana (experiencias que dieron inicio en "solo por detrás"), esta vez la salvaje y sensual Dayana llegará a límite, siendo penetrada salavajemente por detrás luego de una noche de copas y placer Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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Cada mañana Pamela sonreía alegremente cuando Carlos y ella se encontraban a la entrada de la empresa de marketing donde laboraban, él la saludaba cortésmente y a veces se tomaban de la mano de manera inocente mientras bromeaban en medio de alguna conversación intrascendente. Pamela era una chica delgada, no muy alta, bordeando el 1m 50 o tal vez un poco más, de cabello castaño oscuro y ensortijado, ojos verdes muy bonitos, labios redondos y pequeños, del resto no se podía hablar mucho ya que un sweater  de lana 3/4 o alguna chaqueta floja, además de unos pantalones jean desteñidos, siempre ocultaban su figura. A Carlos le parecía que su tierna compañera era demasiado delgada, ella siempre estaba alegre, era amable y delicada en su trato, sus suaves y bien cuidadas manos lucían muy sensuales y graciosas cuando se pintaba las uñas de color rojo y eso era algo que a Carlos le llamaba mucho la atención, bueno!, mejor dicho... Carlos jamás habría coqueteado con ella o mucho menos le habría propuesto algo poco ortodoxo, además, él era un hombre casado; pero esa mañana, esa precisa mañana de viernes algo no encajaba, algo estaba diferente, algo le hacía sentir un tanto incómodo y acalorado... era Pamela, si, era ella, cuando se acercó a Carlos y le tomó de la mano para saludarle, él apenas pudo decir “hola” nerviosamente. Pamela sonrió pícaramente mientras tomaba a Carlos del brazo y lo conducía hacia el puesto en el que ella trabajaba. -Era ella?, -en verdad era ella ?- se preguntaba Carlos mientras disimuladamente la examinaba de pies a cabeza. Jamás habría pensado que bajo esos horribles pantalones y esas acostumbradas chaquetas flojas, se escondía un bomboncito tan dulce. Pamela estaba muy bien maquillada, sus ojos estaban delineados, sus labios brillaban y lucían suaves y muy dulces como invitando a un beso. –basta!- pensó Carlos, -es mi amiga la flaquita, es muy dulce y tierna, y por Dios, soy por lo menos 10 años mayor que ella-, así que decidió dejarla en su puesto y no volver a pensar tonterías, pero mientras se alejaba hacia la otra sala donde él tenía sus escritorio, su instinto masculino fue más fuerte e irremediablemente tuvo que voltear a mirarla, ella estaba de pie y de espadas a él, Carlos no perdió detalle de aquella sensual aparición recorriéndola desde los pies muy lentamente hacia arriba. Pamela traía puesta unas sandalias de tacón muy alto, de esas que se abrochan en el tobillo; medias nylon satinadas color piel, sus delicados pies de dedos perfectos y uñas bien cuidadas parecían los de una bailarina andando de puntillas por la forma en que se amoldaban a los altísimos tacones de sus sandalias, aunque los tacones tan altos eran obviamente un ardid para lucir más alta, con ellos se la veía tan esbelta, bonita y llena de gracia, a Carlos le extrañaba la forma tan elegante como Pamela se deslizaba, a pesar de que jamás la había visto usar zapatos de tacón tan alto. -quién sabe, tal vez ella lleva una vida secreta- pensaba. Carlos siguió observando las piernas de Pamela recorriéndolas con la mirada se desde los tobillos y deslizándose por unas pantorrillas fuertes y curvilíneas; rodillas muy bonitas, pero lo mejor de todo eran sus muslos, esos muslos eran una escultura, perfectos, atléticos y curvilíneos, Carlos no podía dejar de pensar en que su gran fetiche sexual eran las hermosas piernas de una mujer entalladas en unas lujuriosas medias nylon, y en este caso, Pamela cumplía todos los requisitos. Sin perder tiempo, el absorto Carlos siguió deleitándose con lo que veía, recorriendo cada centímetro de esas bellas piernas con medias satinadas, hasta que llegó finalmente bastante arriba de sus muslos y se topó con el filo del vestido lycra de una sola pieza color negro con blanco, bastante corto pero sin llegar a ser vulgar, y bastante elegante como para lucirlo en la oficina, el vestido se amoldaba perfectamente al cuerpo de la bella Pamela. Por primera vez Carlos podía juzgar si el cuerpo de la chica era bonito o feo, y no era nada feo… era hermoso!, -porqué lo habría escondido por tanto tiempo ?- se preguntaba Carlos. Aquel vestido destacaba lo mejor de la muchacha, su trasero era redondo y perfecto, su vientre completamente plano, su cintura delicada, su espalda esbelta y sus senos redondos y pequeños. Pamela no tenía el cuerpo de una vedette pero sus formas eran perfectas en relación con su estatura. Pamela se sentó en su silla giratoria y volteó a ver al boquiabierto de su amigo, le sonrió y levantando la mano derecha, agitó delicadamente los dedos en señal de despedida. Carlos, sudoroso, hizo el mismo gesto, salvo que a él se le veía ridículo, y luego de despedirse se alejó hacia su puesto de trabajo. Desde donde Carlos estaba apenas divisaba el puesto de Pamela y durante toda la mañana no dejó de observar quien se le acercaba o quién la saludaba, los demás muchachos entraban y rendían el debido homenaje a tan fabulosa hembra, uno de ellos se acercó a Pamela, la besó en la mejilla y tomándola delicadamente de la mano, la hizo levantarse de su puesto y la hizo girar como si fuese un paso de baile, haciendo lucir todos los bellos atributos de la agraciada Pamela, -que quiere ese idiota con ella?- se preguntaba Carlos consumiéndose en celos mientras los observaba desde su puesto. Todos la elogiaban, especialmente sus amigas, -hasta que al fin guardaste a la vieja amargada y sacaste a la belleza con ganas de sexo salvaje !- le decía Doris, una de sus locas compañeras, mientras todas reían a carcajadas. Pasó la mañana y como de costumbre Carlos y Pamela salieron a comer juntos, la tarde fue un suplicio para él, Pamela no estuvo en su puesto y Carlos enloquecía de deseos de verla; a ratos él se levantaba y pasaba por el puesto de su amiga fingiendo ir al baño, a tomar una taza de café o cualquier otra tontería, y en cada viaje trataba de ubicarla y le preguntaba a Doris inventando cualquier excusa, siempre sin resultado. Ya casi a la hora de salir, sonó la extensión de Carlos, y cuál fue su sorpresa al escuchar a Pamela, enseguida giró su cuerpo intentando verla, mientras ella le decía con su inigualable tierna voz...-esteee ... estás muy ocupado ?

-    No, por qué? - respondió Carlos sin perder tiempo

-    Lo que sucede es que pedí permiso la tarde  para acompañar a mi hermana a solucionar algo y ella se llevó mi auto y me da un poco de vergüenza salir así a la calle- dijo Pamela

-    Así cómo ? - respondió Carlos fingiendo demencia

-    Aaaayyy, así como estoy vestida! Aunque estoy segura de que no te fijaste que no estuve la tarde - respondió Pamela con un tono de reprimenda y voz un tanto triste.

-    Ohh, esteee, lo siento, lo que pasa es que yo también pasé en una reunión toda la tarde en el otro edificio, pero no hay problema, yo te llevo - respondió el muy mentiroso

-    Debes estar cansado! mejor pido un taxi, no te molestes- dijo Pamela

-    Nooo! - dijo Carlos inmediatamente con tono alterado -lo que quiero decir es que no tengo ningún problema en llevarte- inquirió nuevamente.

-    Y Dayana ... no se enojara ?, ... bueno, quiero decir, si es que ya regresó - dijo Pamela con voz nerviosa

-    No, ya van dos y aún le falta un mes

-    entonces, si no te incomodo, te lo agradecería mucho – respondió la dulce Pamela

-    como no mi vi.... Pame..lita querida - le respondió Carlos mientras se golpeaba la frente contra el escritorio -por poco le digo... "mi vida" ... estúpido- se dijo a si mismo Carlos.

 

Mientras Carlos conducía, Pamela, en el asiento del copiloto, se sentó de costado mirando a Carlos a la vez que se sacaba los zapatos y recogía sus lindas piernas sobre el asiento. El límite del vestido se le subió hasta donde se podía observar el refuerzo más oscuro de las satinadas pantimedias. Carlos estaba muy excitado y ninguno de los dos intercambió palabras con el otro hasta llegar al apartamento que Pamela compartía con su hermana. Al llegar, Pamela le dijo... -quieres entrar ?, Sonia no está, viene a veces entre semana-

-    Miles de ideas ya bailaban en la cabeza de Carlos desde el inicio del día y finalmente respondió... te lo agradezco pero estoy muy cansado y tengo que ir a casa, tu sabes...

-    Claro, Dayana ! …no te preocupes - respondió dulcemente Pamela,  - Pues está bien...hasta el lunes- le dijo, y se acercó para despedirse con un beso.

 

Que fue lo que sucedió en ese momento, nadie lo sabe, Carlos tomo con su mano la nuca de Pamela y comenzó a besarla en la boca, ella respondió inmediatamente y sacó su lengua para juguetear excitantemente con la lengua de su amigo. Ambos cerraron sus ojos y se dedicaron a sentir como sus lenguas se exploraban mutuamente y como sus bocas trataban de comerse una a la otra, las caricias comenzaron a crecer de tono y Pamela se acercó más aún a Carlos, subiendo su pierna derecha sobre los muslos de Carlos, acomodando la pantorrilla en medio de las piernas de él. Ambos reacomodaban sus bocas intentando devorarse el uno al otro, Pamela frotaba delicadamente con su tobillo la entrepierna de Carlos, y el sin perder tiempo, colocó su mano izquierda sobre el hermoso muslo de su amiga, su mano acariciaba toda la extensión de la pierna de la chica hasta llegar por el muslo casi hasta la nalga, la sensación del nylon sobre la piel de Pamela le parecía algo terriblemente excitante y ardiente, mientras la besaba y la acariciaba intentó traer a su memoria cuando fue la última vez que Dayana y él habían tenido un momento así, y sin poder recordar, Carlos comenzó a explorar otros sitios hasta que Pamela emitió un gemidito, que hizo que él retire su mano inmediatamente de la entrepierna de la muchacha y deje de besarla.

-    Lo siento ... yooo....- dijo Carlos muy nervioso.

-    No, yo lo siento ! , perdóname, que estarás pensando de mí- dijo Pamela, mientras retiraba nuevamente sus lindas piernas; Pamela se colocó sus sandalias apresuradamente y tomó la manija del auto disponiéndose a bajar.

-    Yo, yo, en verdad lo siento! - decía Carlos intentando disculparse, a la vez que Pamela se bajaba del auto terriblemente abochornada y triste, y se alejaba hacia la entrada del edificio, dejando la puerta del auto abierta.

-    Soy una idiota! - se decía Pamela a si misma a la vez que con la palma de la mano secaba una lagrima que intentaba rodar de su ojo derecho hacia su mejilla.

-    Soy tan idiota ! - se decía a si mismo Carlos mientras observaba como aquella dulce criatura se alejaba a paso firme, haciendo sonar acompasadamente los tacones de sus sandalias golpeando contra la baldosa del corredor, emitiendo un eco un tanto seco que martillaba dentro su cabeza, recordándole que de ahí en adelante nunca volverían a ser los mismos.

 

El teléfono sonaba insistentemente en la sala sobre una pequeña y elegante mesa de madera junto al sofá donde Carlos, tumbado como si estuviera muerto y con un vaso de whisky en la mano, hacía remembranza de lo sucedido en cada instante que estuvo con Pamela dentro del auto esa misma noche. Los insistentes timbrazos lo hicieron salir de su letargo y sin el menor deseo de contestar hizo un esfuerzo supremo y se estiró hasta alcanzar el aparato inalámbrico que tanto sonaba, no le faltaban ganas de estrellarlo contra la pared a pesar de que sabía quién estaba llamando.

 

-    Hola ? - dijo alguien al otro lado de la línea

-    Hola, estas ahí ? - dijo una voz femenina, melodiosa, un poco más gruesa que la de Pamela y bastante sensual, era la voz de Dayana.

-    Si aquí estoy, perdóname pero esta cosa no funciona como uno quisiera – respondió Carlos

-    Aaahhhyy Carlos ! Acaso es tan difícil usar un teléfono inalámbrico - replicó Dayana con un tono de fastidio, queriendo hacerle saber que estaba disgustada por estar llamado insistentemente.

-    He estado llamando desde hace casi dos horas y no contestas, pensé que habías salido a parrandear- dijo Dayana un poco más calmada, intentado suavizar la situación.

-    lo siento mi amor, trabaje hasta un poco más tarde para no tener que ir mañana, ya sabes el sábado se hizo para descansar- replicó Carlos con tono de arrepentimiento.

-    Si mi amor, te entiendo, pero me preocupo si no me anticipas nada- dijo Dayana

-    Como te está yendo, todo bien por allá? - preguntó Carlos como recitando algo escrito algún papel

-    Todo bien mi amor, si adelantamos el trabajo estos fines de semana, tal vez en tres semanas ya esté viajando a casa, pero hoy voy a descansar ! - dijo Dayana con voz efusiva

-    ya vas a dormir ? - preguntó Carlos un tanto extrañado

-    nooo !, lo que quise decir es des-estresarme, bueno, las chicas me invitaron a su departamento a tomar un poco de vino mientras escuchamos música y hablamos cosas de chicas, ya sabes - respondió Dayana

-    y como regresarás a tu apartamento ? - Preguntó Carlos con cierta preocupación

-    no creo que sea peligroso, pero por si acaso, Manuela me invito a quedarme con ella, descansamos el domingo y el lunes seguimos con el proyecto. - Dijo Dayana

-    Está bien pero cuídate mucho! - respondió Carlos con voz baja

-    Claro mi amor, tú también cuídate mucho y acuéstate temprano, hasta mañana! - respondió Dayana de manera despreocupada y casi alegre

-    Hasta mañana...te amo ! - dijo Carlos con visible tristeza

-    Si, hasta mañana, duerme pronto! - respondió Dayana secamente, con la premura de quien se atrasa a algún lado.

 

Carlos no entendía lo que sucedía, tantas cosas pasaban por su mente en aquel instante, su esposa Dayana, su trabajo… pero ahí estaba Pamela, siempre la dulce Pamela, quien no salía de su cabeza, se sirvió otro whisky y se acercó a la repisa de los retratos, igual a la que hay en toda casa, observaba el retrato de su matrimonio y se preguntaba... - que fue lo que nos pasó, en qué punto del camino nos extraviamos ? - mientras sorbía un poco de whisky. Carlos estaba decidido a embriagarse, recorría la imagen de su esposa en el retrato, -Eres tan hermosa! - repetía, a la vez que intentaba recordar cuando fue la última vez que ella lo había acariciado con ternura o cuando lo había besado por propia voluntad, ya que casi siempre era él quien se acercaba a ella; o cuándo había sido la última vez que se desearon y tuvieron sexo con locura, o cuando fue la última vez que Dayana le había preparado alguna sensual sorpresa amorosa... no podía recordarlo!, y a toda esa tortura emocional se le sumaba la imagen de la dulce Pamela, sonriéndole, y gratis!. Casi podía volver saborear su boca como hace pocas horas en el auto; casi podía sentir las suaves manos de su amiga tomando las suyas cada mañana con el pretexto de hacerle notar lo frío del ambiente, sonriente, siempre sonriente y tan tierna. Carlos volvió a tumbarse en el sofá y se durmió con sus tristes recuerdos y la viva imagen de Pamela y lo que había pasado aquella misma noche, en su mente.

 

Dayana era una mujer muy joven y hermosa, alta, esbelta, de cabellos negros y largos; ojos grandes; labios carnosos; nariz delicada, casi respingada; sonrisa coqueta; y de su cuerpo ni hablar...sus larguísimas piernas eran tan sensuales y provocativas, sus caderas exuberantes, sin llegar a ser demasiado voluptuosas; su cintura delgada provocaba rodearla con los brazos y apretarla hasta dejarla sin aire, sus senos eran normales, tal vez un poco más grandes de lo usual pero delineados, redondos y firmes; toda ella era una visión lujuriosa y deseable. Acostumbraba usar siempre faldas muy cortas y blusas transparentes y muy sensuales, pero elegantes; era joven y bonita y le encantaba lucir sus bellos atributos, y a pesar de ser una mujer casada, adoraba las miradas furtivas de los hombres que la escudriñaban de pies a cabeza y se imaginaban no se sabe cuántas cosas más. Era como una niña traviesa, altiva y temperamental; caminaba por la calle como si fuese una modelo, con elegancia y sensualidad exhibía aquellas hermosas piernas siempre un poco más de lo normal, tal vez eso la hacía sentirse dueña de la situación; le encantaba rechazar a los hombres que la pretendían a sabiendas de que era casada, simplemente porque eso le divertía y sabía que era ella quien tenía el control, situación  que no había pasado cuando se casó con Carlos. Dayana siempre se preguntaba por qué lo hizo, por qué se casó con un hombre 10 años mayor que ella? , y en su cabeza siempre rondaba la frase ... "y si hubiera..", como queriendo recobrar el pasado, sentía que debió haber disfrutado más de la vida antes de aceptarlo como esposo, lo amaba o eso pensaba, creyó haberse casado enamorada aunque a veces sentía que él la había embaucado, que la había embrujado y por eso, a veces arremetía con furia y frases hirientes contra el apagado Carlos quien no se empachaba en pedir disculpas y llenarla de mimos y besos, a pesar de saber que no era su culpa. Dayana siguió con sus jueguitos de poder sin darse cuenta del grave daño que le estaba causando a su esposo y, como ya se mencionó, jugaba y flirteaba creyendo tener el control, hasta que conoció a Joao. Joao era distinto a los demás, un profesional joven, alto, y muy guapo, seguro de sí mismo y para variar, enloquecía a todas las mujeres de la empresa donde trabajaba Dayana. Llegó de Brasil a Ecuador para fungir el papel de consultor durante seis meses, tiempo que le bastó para conquistar a Dayana y llevársela a la cama, su relación fue apasionada pero fugaz, sin ataduras ni sentimentalismos, eso le encantaba a Joao, un soltero empedernido que escogía muy bien sus presas y especialmente si eran casadas y bonitas, su exagerado egocentrismo y reducido sentido de la ética, le hacía vislumbrar únicamente su placer, y una mujer casada jamás le pediría cuentas ni lo fastidiaría con compromisos o sentimentalismos absurdos.

 

Antes de viajar a Brasil Dayana había ya terminado su relación con Joao, dejándole muy en claro que si van a pasar tiempo juntos en la ciudad natal de Joao, iba a ser una relación eminentemente profesional pues lo que vivieron juntos nunca volvería a pasar, él aceptó los términos sin reparo pues ya había obtenido de Dayana lo que deseaba.

 

En Sao Paulo, Dayana se había hospedado en casa de Paula, una de las chicas de la Multinacional para la cual todos trabajaban y hasta había llegado a entablar cierta amistad con ella, si a eso se le podía llamar amistad.

 

Aquella noche luego de despedirse de su esposo, Dayana salió con Paula a casa de unos amigos de ésta última, aunque no eran excelentes amigas se llevaban bien pues ya habían convivido dos meses y Dayana hasta hablaba un poco de portugués

 

-Apresúrate- le decía Paula a Dayana, parada junto a la puerta de la sala, mientras impacientemente golpeteaba el piso con uno de sus tacones.

 

-    ya voy, ya voy!- contesto Dayana mientras salía estirándose el vestido, intentando cubrirse un poco más las piernas

 

-    wow, vas lista para matar mujer ! - le dijo Paula y ambas rieron mientras Paula cerraba la puerta del apartamento.

 

Las dos muchachas iban a encontrarse con Marcel, un muchacho alto y muy guapo a quien lo caracterizaba su barbilla de actor de cine y una pequeña barba en forma de candado, tenía sangre italiana, aunque eso sí muy brasileño; y con Ricky, un moreno guapísimo, esbelto, de facciones delgadas y hombros anchos. Las muchachas ya habían salido antes con ellos y siempre la pasaban muy bien, pero esa noche iba a ser diferente, Dayana estaba encantadora !, traía puesta un vestido lycra negro sin mangas, con rayas blancas y la espalda escotada hasta donde la espalda pierde su nombre, sus piernas esbeltas lucían brillantes. Aquella noche no llevaba medias aunque le encantaba usar lencería; su cabello estaba recogido en una colita de caballo muy sexy y lucía unas sandalias plateadas que Paola le había prestado… era el deseo mismo hecho mujer!, no sabía por qué,  pero pensaba en Carlos y se decía a si misma - A mi Carlos le encantaría verme así -, quien sabe, tal vez lo estaba extrañando y esa misma noche sentía remordimiento por haberle mentido. Los cuatro bailaron mucho, rieron, bebieron demasiado y decidieron regresar a casa de Paula a seguir con la fiesta. Dayana, como siempre, se sentía el centro de atención y su juventud desbordante y apasionada le hacía tomar decisiones apresuradas, y esa noche se daría cuenta de eso.

 

-Por favor entretenlos un poco hasta llegar, no demoro, solo voy por una amiga que vive en el piso 8, enseguida bajo, bríndales un trago...las llaves del bar están en mi cómoda!- le dijo Paula a Dayana e inmediatamente luego se le acercó a Marcel y le dijo algo al oído.

 

Ya en el departamento de Paula, Dayana dejó a los dos guapísimos invitados bien acomodados en la sala, mientras ella, bastante mareada por causa de todos los cocteles que bebieron, se dirigió a la habitación de Paula a buscar la llave del bar y brindarles un whisky a los muchachos que esperaban ansiosos en la sala.

 

-    Dayana ! ... ya vienes? - gritó Marcel

-    Ya casi !- respondió Dayana, sin percatarse de que Marcel había ido sigilosamente tras ella y la observaba morbosamente por la rendija de la puerta entreabierta. Dayana intentó ponerse de rodillas para abrir el último cajón de la cómoda del dormitorio de Paula y cayó sentada de espaldas, en ese estado su equilibrio dejaba mucho que desear, comenzó a gatear para abrir aquel cajón y buscar esa bendita llave, Marcel la observaba en absoluto silencio y pudo apreciar detenidamente la parte trasera de Dayana, y de sus muslos ni se diga, lucia espectacular y apetitosa, casi podía divisar la tanga color negro que llevaba puesta bajo su estrecho vestido. El miembro de Marcel se ponía cada vez más duro por la excitación que se apoderaba él con más fuerza a cada instante, mientras venía a su mente las palabras que le dijo Paula al oído ... - Denle duro por el culo! ... para que aprenda la muy zorra!, y no lo olviden tiene que ser en el sofá de la sala frente al librero - ... hasta que de repente ...

-     Aquí están !- dijo Dayana con tono de victoria mientras se incorporaba tambaleante. Marcel se asustó un poco y regresó rápidamente a la sala.

.

A falta de Paula, los tres bebieron, rieron, y bebieron un poco más y un poco más, hasta que Marcel decidió poner un poco de bossa romántica, tomo a Dayana por la cintura y comenzaron a bailar muy pegados el uno al otro, Ricky los observaba con envidia mientras bebía de su whisky.

 

A Dayana todo le daba vueltas, pero se dejaba llevar por Marcel al son de esa dulce y suave música, y esos brazos fuertes rodeándola por la cintura le hacían sentir un calorcito que se hacía cada vez más delicioso. De pronto sin avisar, Marcel comenzó a besarla en la boca mientras la apretaba por la cintura, Dayana correspondió al beso y haciendo lo suyo entrelazó sus brazos alrededor del cuello de Marcel. Ambos estuvieron así por un buen rato, besándose y acariciándose mientras bailaban. Con los ojos cerrados, Dayana saboreaba cada caricia de Marcel, y no siendo eso suficiente sintió un cuerpo cálido acomodándose al suyo por la espalda, era Ricky que se había levantado y había decidido unirse al grupo, eso de ser solamente un espectador no le agradaba mucho. Dayana un tanto aletargada por el efecto del alcohol giró la cabeza y miró de reojo a Ricky, ahora los tres cuerpos serpenteaban sensualmente al ritmo de la música, con Dayana en medio e imposibilitada de escapar. Dayana, como siempre, creyéndose dueña de la situación, comenzó a menear sus caderas en forma circular, restregando sensualmente los miembros de Marcel y Ricky al ritmo de la música. Los dos hombres, uno por delante y otro por detrás, se pegaron tanto al cuerpo de la sensual Dayana, que fue imposible que ella dejara de notar como los bultos de los muchachos se endurecían y la frotaban apretadamente intentando perforarle el vestido, especialmente por detrás; al mismo tiempo Ricky tomó a Dayana por la cintura y la apretó aún más fuerte contra su sexo; Dayana volteó la cabeza y se dejó besar por el muchacho de ébano, por su parte, Marcel comenzó a levantarle delicadamente el vestido y deslizando su mano dentro de la tanguita, posó sus dedos sobre el sexo de la muchacha y comenzó a acariciarla delicadamente. Dayana estaba muy excitada, ambos hombres la estaban llenando de besos y caricias haciendo que su cuerpo tiemble de placer. En medio de besos y caricias lograron desnudarla y la recostaron sobre el cómodo sofá y acto seguido, ellos también se desnudaron, Marcel separó los fuertes muslos de Dayana, colocó su cabeza entre ellos y comenzó a lamer salvajemente el clítoris de la muchacha, Ricky por su parte la besaba en la boca, en el cuello y detrás de las orejas. Dayana comenzó a gemir por el placer que experimentaba. Ricky decidió cambiar de táctica y dejando de besarla, tomo su gigantesco miembro y lo acercó a la mojada boca de la chica, Dayana miró fijamente a Ricky con sorpresa pero enseguida volvió a sentir la lengua de Marcel deslizándose sobre su mojadísimo clítoris, el placer de esa sensación le obligó a cerrar los ojos nuevamente permitiendo así que Ricky continúe con lo que iba a hacer. Ricky  tomó a Dayana por la barbilla con una mano, y con la otra colocó su pene sobre los labios de la muchacha, ella estaba un tanto reacia pero conforme él le empujaba su cosa contra el rostro, ella abría la boca cada vez un poco más y comenzaba a saborear el glande de ese poderoso miembro como si fuera un caramelo, cada vez, ese fuerte pene se le adentraba un poco más en la boca hasta llenarla casi por completo y dejarla sin aire. Ambos hombres maniobraron delicadamente con el cuerpo de la muchacha haciendo que se levante del sofá, Marcel se sentó cómodamente y Dayana se arrodilló en el piso frente a él, en tanto Ricky se arodillaba detrás de ella. Marcel tomó a Dayana por la colita de cabello que tenía hecha en la cabeza y condujo esos delicados labios hacia su potente miembro, Dayana lo miró y comenzó a chuparlo, era muy grande, pero el de Ricky era gigante !. Dayana siguió embutiéndose ese trozo de carne hasta sentir a ratos como el glande casi tocaba sus amígdalas, lo dejaba de chupar a ratos, respiraba y volvía a succionar ayudada por las manos de Marcel sosteniéndole la cabeza, De pronto, Dayana dio un respingo al sentir como el pene de Ricky se deslizaba entre sus nalgas, acariciándole el ano y deslizándose hasta su sexo. Ricky le hizo una señal con los ojos a Marcel mientras con el dedo medio de su mano apuntaba el trasero de la chica, preguntándole con señas si se la metía por detrás, a lo cual Marcel contestó moviendo negativamente la cabeza, Dayana no se percató de nada ya que se encontraba succionando laboriosamente el pene de Marcel, así que Ricky detuvo su pene sobre el sexo de Dayana y se lo introdujo suavemente hasta el fondo! … -aaaahhh- gimió Dayana sacando de su boca el otro pene que estaba succionando. Ricky comenzó a penetrarla mientras ella volvía a chupar el jugoso miembro de Marcel. El vientre del muchacho de ébano golpeaba furiosamente las nalgas de Dayana mientras la penetraba lujuriosamente. Llegó un momento en el que Ricky se detuvo y Dayana sintió como algo baboso chorreaba por su ano, Ricky le había salivado el agujerito y eso no le gustaba, especialmente cuando Ricky le introdujo el dedo pulgar en el culo mientras la volvía a penetrar con su tremenda cosa por su conchita. Dayana gritó ahogadamente pues tenía la verga de Marcel en la boca e intentó regresar a mirar a Ricky pero no lo logró porque Marcel la sostuvo por el cabello impidiéndole hacerlo. Dayana no tardo en volver a sentir el éxtasis que la penetración antero-posterior de Ricky le causaba, tenía todos sus agujeros ocupados y esa sensación le causaba una extraña excitación. Ricky la penetró con su gran miembro por la vagina mientras con su pulgar preparaba el ano de la chica. Dayana estaba disfrutando de lo que esos dos fuertes sementales le estaban haciendo sentir, jamás en su vida habría pensado que sería capaz de hacer lo que estaba haciendo en ese momento, se sentía sucia y a la vez salvaje, de pronto, Ricky se detuvo, retiró su miembro del sexo de Dayana y se puso de pie, ambos hombres habían decidido jugar con aquel delicioso cuerpo pero de otra forma que ella ni imaginaba. Marcel sentado cómodamente sobre el sofá e hizo que Dayana se acercara, y separando sus piernas, las colocó por fuera de las de él, ella adivinando lo que Marcel deseaba, delicadamente se montó sobre él y se introdujo ese duro miembro hasta el fondo de su delicado y dulce sexo. Marcel la estuvo penetrando en la pose del misionero por largo rato, ella brincaba una y otra vez y meneaba las caderas frotando fogosamente el pene de Marcel en el interior de su sexo, Dayana estaba terriblemente excitada por esa cabalgata, por su parte, Ricky se había ido al bar a tomar un poco de whisky mientras se recuperaba y observaba como su amigo agarraba con ambas manos las fuertes y brillantes nalgas de Dayana a la vez que le introducía el dedo medio de la mano derecha por el agujerito del trasero.

 

Dayana cabalgaba terriblemente excitada el miembro de Marcel cuando repentinamente sintió como otra verga se deslizaba babosa entre sus nalgas y sorprendida regresó a mirar a Ricky.

 

-Que vas a hacer?- dijo Dayana mirando de reojo al muchacho de ébano.

No te preocupes mi niña, te va a encantar! – le decía Ricky en el oído, a la vez que deslizaba su grandioso miembro entre las nalgas de ella, deteniéndose con el glande sobre el agujerito de la chica.

 

- Por favor no me la metas por detrás !, no por favor, no me gusta el sexo anal ! – suplicaba Dayana, visiblemente alcoholizada, mientras recordaba claramente como Joao le había partido el culo en un motel de la capital de Ecuador, y en aquella ocasión lo había disfrutado como nunca en su vida.

 

- Solo relájate, relájate, relájate …- le decía Ricky al oído  con voz muy suave, mientras el glande de su gigante y resbalosa verga se introducía forzada y muy apretadamente en el interior del culo de la chica.

 

- Aaaaaahhhh !!!-  Gritó Dayana, -ya por favor… esa cosota no va a entrar!- volvió a repetir, apretando los dientes y cerrando fuertemente los ojos.

 

Marcel la aprisionó con sus brazos por la cintura y la acercó hacia sí, hasta tener esos dos hermosos senos completamente apegados contra su musculoso pecho. En esa posición, el trasero de Dayana quedó más expuesto y en perfecta posición para una penetración posterior. Ricky detuvo por un momento su penetración retiró la verga del culo de la muchacha, fue por un poco de vaselina y se la untó en el pene, e introdujo un poco más en el ano de ella. Dayana tenía el pene de Marcel inundando su vagina y esperaba nerviosamente sentir en cualquier momento el pene de Ricky introduciéndose en su trasero. Pensaba que era una experiencia salvaje y que no quería practicarla, además, que haría si ellos no la soltaban?, gritaría?, huiría?, no sabía lo que iba a pasar, pero algo la detenía, ese impulso de seducción que la caracterizaba la estaba dominando y le obligaba a experimentar lo desconocido y lo que iba a hacer era considerado taboo por muchas mujeres, cosa que la excitaba demasiado y le obligaba a permanecer inmóvil como estaba.

 

-Aaaaaaahhhhh- volvió a gritar cuando sintió el pene de Ricky dilatándole el esfínter y deslizándose muy apretadamente dentro de su ano, su esfínter apretaba y aflojaba espasmódicamente el pene de Ricky, tratando de relajarse.

 

Ricky volvió a empujar y esta vez casi le introdujo la verga en toda su extensión …

- Aaaayyyyy- gimió Dayana, sintiendo como su agujerito se ensanchaba exageradamente ante la arremetida de ese voluptuoso tronco de carne.

 

Dayana respiraba agitadamente mientras decía… -sácamela, sácamela por favor!–

 

- No mi amor, si ahora viene lo bueno!- le decía Marcel, sin dejar de aprisionarla contra su pecho.

 

Con dos vergas inundando completamente su sexo y su agujero más chiquito, no tuvo más remedio que quedarse inmóvil y dejarse llevar. Marcel comenzó a mover su cadera de arriba abajo penetrando el sexo de la chica, mientras Ricky se limitaba a evitar que su gigante verga se saliera del culo de Dayana, tomándola también por la cintura y empujando fuertemente su sexo contra el trasero de ella. Luego de unos pocos minutos, los tres cuerpos comenzaron a encajar perfectamente y ahora, ambas vergas entraban y salían copiosamente de los dos agujeritos de la chica. El pene de Ricky ya no experimentaba ninguna resistencia al introducirse una y otra vez resbalosamente en el ano de Dayana. Ambos hombres le estaban causando un terrible placer, y ella, no dejaba de jadear y gemir con los ojos cerrados.

 

- Soy una puta!- pensaba Dayana debido a que había engañado nuevamente a Carlos y esta vez lo estaba haciendo con dos hombres, se sentía culpable pero también estaba experimentando el mayor placer de su vida, mucho mayor aún que lo que Joao le había hecho sentir en Ecuador. – No puede ser, esto es exquisito! … hicieron un sandwich sexual conmigo, y me encanta!...soy una puta!… que rico! …que rico!- seguía pensando la muy desvergonzada. No quería que esa sensación terminara, tenía un pene entrando y saliendo de su vagina y otro pene más grande aún, perforándole el culo. La sensación de ser penetrada por dos guapos hombres a la vez era extraña pero terriblemente excitante. El ritmo cada vez más acelerado de Ricky perforándola por detrás y el pene de Marcel masajeándole la vagina, la estaban llevando a la locura.

 

- Te gusta? Le decía Ricky

 

- Siiii, siiii, que rriiiico!- gritaba Dayana. Su éxtasis fue en aumento hasta hacerla gritar y desplomarse como desmayada sobre el pecho de Marcel.

 

Los dos muchachos!, sudorosos y un tanto agitados fueron al bar a beber agua y dejaron un rato a Dayana que quedó tendida como muerta sobre el sofá, cuando ella empezaba a recuperarse de ese fabuloso orgasmo, Marcel se acercó, la tomó por la cintura e hizo que se arrodille al filo del sofá con sus hermosos pechos descansando sobre el acolchado espaldar.

 

-Ahora viene lo bueno!-  le dijo Marcel, a lo cual Dayana ni siquiera respondió y obedeció callada y sumisa.

 

Marcel se paró detrás de ella, la tomó por las caderas, apuntó y le encajó la verga en el culo sin darle tiempo a nada.

 

-Aaaaahhh- volvió a gritar Dayana, apretando fuertemente el forro del sofá con sus manos.

 

Marcel metía y sacaba su larga verga del culo de la chica, golpeando fuertemente aquellas hermosas nalgas contra su vientre, haciéndolas temblar en cada penetración, y haciendo también que los redondos senos de ella se bamboleen como manzanas a punto de caer del árbol. Marcel la atacó por detrás por un largo rato hasta que ya no pudo más y sacó su pene del trasero de la chica y expulsó todo su semen en la espalda de ella, Marcel estaba agotado y Dayana también, ambos jadeaban por la excitación y el esfuerzo físico que esa ardua labor les ocasionó. Con una de sus manos, Marcel esparció el espeso líquido sobre la espalda y las caderas de Dayana como si fuese crema bronceadora. Inmediatamente, Ricky tomó la posta y se subió al sofá con sus piernas por fuera de las caderas de Dayana, parándose al borde, dispuesto a cabalgar a la salvaje y sexy muchacha. Dayana volteó a mirarlo con ojos de súplica y le dijo … - sé delicado por favor!!!- . Su verga era gigante y le colgaba como un gran chorizo!, Ricky  recogió un  poco las piernas y con los dedos de su mano izquierda separó las nalgas de la chica, mientras que con su mano derecha tomó su gran verga, colocó el glande sobre el ano de Dayana ya completamente cerrado luego de la culeada que le propinó Marcel, y empujó fuertemente introduciéndole lentamente en el culo ese gran bulto brillante y resbaloso. Aquella poderosa verga nuevamente estaba dilatando el apetitoso orificio trasero de esa sexy y joven señora, pero parecía que el elástico agujerito oponía cierta resistencia haciendo gemir de dolor a la bella víctima... -aaaayyyy ... despacio por favor! - gemía Dayana por el dolor que ese tremendo bulto le estaba causando a su delicado agujerito. La muchacha optó por apretar fuertemente la gorda verga de Ricky con una de sus manos, evitando así que entrara más, pero el esfuerzo fue inútil ya que en cada empuje que Ricky ejercía, la verga se le introducía un poco más en el ano, haciendo que cada vez, el fuerte agarre vaya cediendo hasta hacerla retirar nuevamente su mano y dejar su culito libre a expensas de ese poderoso bulto que era el pene de Ricky.

 

-Aaaaaaahhh- volvió a gritar Dayana, Ricky no hizo caso de los gemidos de la muchacha y se sentó sobre ese lindo trasero, inundándole el culo completamente con su miembro, permaneció así por unos momentos mientras con sus dos manos acariciaba la suave espalda de Dayana, en medio de las nalgas de la muchacha apenas asomaban los testículos que también parecían querer introducirse. Con su verga incrustada en el culo de Dayana, Ricky tomo fuertemente la cola de cabello de ella y sin soltarla, comenzó a cabalgarla delicadamente, metiendo y sacando su poderoso miembro de aquel apretadísimo agujerito, Ricky siguió cabalgándola con más y más fuerza sin soltarla del cabello, como si fuera una potranca malcriada que necesitaba ser domada. En cada furiosa penetración, los senos de Dayana se agitaban frenéticamente al igual que sus pies descalzos, que colgaban al filo del sofá y temblaban espasmódicamente fruto de una mezcla de excitación y dolor. Dayana comenzó a emitir gemidos acompasados al ritmo de cada brutal penetración, ella pataleaba, gritaba, mordía el tapiz y a veces gemía excitadamente mientras Ricky se la enculaba hasta el fondo. Finalmente ninguno de los dos pudo más y el miembro de Ricky explotó dentro del ano de Dayana inundando completamente ese agujerito con un líquido caliente y espeso que se le corría hacia afuera y se deslizaba entre las lindas y mojadas nalgas de ella.

 

Ambos muchachos se vistieron y se fueron, dejando a la pobre Dayana tumbada sobre la alfombra de la sala, con el culo destrozado y completamente mojado. Luego de un largo rato, Dayana se incorporó, tomó su vestido, y sus demás prendas que yacían por el suelo y se dirigió a su dormitorio...- Por qué Paola nunca vino?- se preguntaba, -Si ella hubiera estado aquí, esto nunca habría pasado!-, se sentía terriblemente sucia y aunque sabía que el agua no podía limpiarla, se dirigió al baño, tomó una ducha y se recostó a dormir pensando en Carlos, esa noche lloró como no lo había hecho en muchos años.

 

Continuará…


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