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Fecha: 16-Mar-17 « Anterior | Siguiente » en Sexo con maduras

Seducido y “vencido”

CARTUZ
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Como diría un amigo mío… “La cabra tira al monte” y como dice el refranero español… “Donde tengas la olla no metas la polla” pues bien, no aprendo. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Últimamente he recibió más correos de los que me hubieran gustado, hablándome de moral, ya les he contestado a todos. Pero ahora quiero hacerlo de una forma pública. Como decía Lillian Hellman, escritora estadunidense… Me gusta la gente que se niega a hablar hasta que está preparada para hablar

 

Aunque Andrés en el desayuno a mi pregunta de a donde irían de luna de miel, me contesto que la harían más adelante y que yo me lo creí, no era así, tenía una sorpresa para su mujer y si se irían de luna de miel. De eso me entere más tarde. Volví a mi vida diaria y si ningún remordimiento. A mitad de semana me informaron de que vendrían de la sede central. Lo encontré normal, se cumplía casi el año y lo raro que no hubieran venido antes. El día que llegaban, mande a Milena para recibirlos al aeropuerto, diciéndole que en el momento que pudiese me avisara de quien era el que venía o los que venían. Los tendría que llevar al aeropuerto y dejarlos allí, quedando para cenar por la noche, así descansarían un rato. Me llamo Milena, me dijo que se refrescarían un poco y que querían venirse ya a verme. Cuando me dijo quienes habían venido tampoco me extraño, eran lo que se suele decir “cabezas cuadradas”, aunque Camilo no pintaba nada le avise por cortesía. El primer “roce” con la comitiva de los cinco, se produjo cuando de una manera poco diplomática, quisieron quitarse de en medio a Camilo para tener una conversación privada. Algo que no permití y fue una situación muy tensa. Pidieron disculpas a Camilo y después de un rato, Camilo de forma muy prudente dijo que tenía que hacer unas cosas y se marchaba. Le dije que contábamos con él para irnos a comer. Ofreciéndose el, a elegir el sitio, algo que se lo agradecí.

Nada más quedarnos solos, fueron directos al grano. Sacaron la documentación que llevaban y después de estar un raro leyéndome los datos, que yo me conocía de memoria, porque se los había mandado yo. Alabaron mi gestión y mi labor en general, me expresaron lo contentos que estaban y que se habían quedado sorprendidos. Esto fue el tono general durante una hora aproximadamente. Les oía, pero no les escuchaba, porque cuando empiezan a dar coba, quiere decir o que te van a pedir algo difícil de cumplir o que te la van a jugar. Aquí fue un poco de cada cosa. Quise ser directo, les pregunté que se saltaran esa parte y me dijeran lo que habían venido a decirme. Sus caras fueron de desconcierto, pero el que llevaba la voz cantante y que ya nos conocíamos me dijo… “Se ha pensado, se cree conveniente, que tú, emprendas una nueva gestión en otro lugar. Queremos premiarte por tu buen hacer” mi pregunta fue donde era ese lugar y que era lo que tenía que hacer. La respuesta fue… “Es a unos 4600 km. De aquí y es a hacer lo que has hecho aquí” nuevamente pregunte que a donde, porque los de los kilómetros no me indicaba el sitio y me dijeron que a Buenos Aires. Pensé que más que un premio era un castigo. No por tener que ir a Argentina, sino porque ya se hace uno a un lugar y otra vez a hacer maletas y empezar de nuevo. Mi duda era saber si era una oferta o una decisión ya tomada y era una decisión ya tomada. Me comunicaron que Milena se quedaría de momento allí, para ayudar en un principio a la persona que designaran para sustituirme. Al final me quedaba un mes justo antes de irme.

Una de las personas que vino, se quedó para realizar la transición con la persona que me sustituiría, pretendí que me sustituyera una persona de las que habían trabajado conmigo, pero ya tenían la selección hecha, era otro español, que vino a los pocos días y conocía de vista. Esos días trabaja lo de siempre y después un poco más para ayudar a mi sustituto, vida personal poco tuve. Un domingo me despedí de todas las amistades que había hecho y con mal sabor de boca por tener que dejarlos. De los únicos que no me despedí fueron de Andrés y Carolina, que no habían llegado todavía, pero seguro que los vería antes de marcharme. Milena estaba cariacontecida y me pedía que hiciera lo posible para que se viniera conmigo y le explique cómo estaba todo. Ya quedaban pocos días para irme, estaba en mi despacho con mi sustituto, cuando recibí una llamada de Andrés, que se acababa de enterar que me marchaba y quería quedar conmigo para comer, diciéndome que su mujer también vendría y le dije que sí. Terminé de hablar con él y al momento me avisaron de que tenía visita, pensé en escaquearme, pero cuando me dijeron que era Carolina, se me erizaron todos los pelos de mi cuerpo. Le pedí a mi sustituto que me dejara solo y dije que nadie me molestase.

La entrada de Carolina me impresiono. Se la veía más majestuosa que nunca. Traía puesta como una gabardina muy fina, nos dimos dos besos muy fraternales como saludo y más cerrarse la puerta, se quitó la gabardina. Quedando con un vestido azul oscuro muy ajustado, con un escote pronunciado, llevaba botones delanteros a lo largo de todo el vestido, aunque no era muy largo más bien corto. De un vistazo me di cuenta de que eran once botones los que llevaba, que parecían que saltarían o eso es lo que deseaba mi mente. Yo hablaba, aunque no se bien lo que dije, eso sí, sin quitar la mirada de sus ojos, ella no decía nada, aunque la notaba súper nerviosa, la invite a sentarse, pero siguió de pie, con una postura más que sexy, una pierna la tenía en posición normal y la otra echada a un lado, lo que me ponía cachondo hasta decir basta. Carolina empezó a soltar los botones sin dejar de mirarme de una manera intensa. Nuestros corazones estaban al máximo, se palpaba en el ambiente. Una vez que termino con los botones se quitó el vestido. Quedándose con la ropa interior famosa, la que yo le regale. Y me pregunto… “¿Me queda bien? La estoy estrenando hoy” no la pude ni contestar, trague saliva y me acerque a ella. Carolina sin decir nada más y cuando estaba cerca de ella, estiro sus brazos me desabrocho la corbata y luego me saco la chaqueta. Trate de besarla, pero aparto su cara. Siguió desabrochándome la camisa y luego empezó con mi cinturón. Volví a intentar besarla, pero nuevamente se apartó.

No le daría oportunidad a que me lo hiciera una tercera vez. De manera “violenta” le di la vuelta y la empuje contra la pared, solté el cierre de su sujetador y se lo quité, sus tetas ahora estaban pegas a la fría pared, se quiso zafar, pero no la deje, a pesar que me dijo que no le hiciera eso. No le hice caso y empecé a bajar sus braguitas, que, aunque protestaba mucho, al final facilito que se las bajara y con los movimientos de sus pies salieron, quedándose solo con sus tacones, porque no llevaba ni medias. Pegándome a su espalda le decía a su oído… “Eres muy puta, has venido a que te folle y te voy a follar. Que diría tu marido si se enterara…” Carolina con voz excitada me dijo… “No diría nada, porque le dije que me habías cogido la noche de bodas y no se lo creyó…” mientras hablábamos yo tenía mi mano entre sus piernas y su coñito estaba encharcado. Hizo amago de querer irse, me pidió que fuéramos a otro sitio mejor. Me desabroche del todo el pantalón e hice como ella, sin necesidad de agacharme, solo con el movimiento de mis pies me lo saque del todo y ya con mi polla fuera, no me anduve con contemplaciones, se la puse por detrás en la entrada de su coñito y se la metí de una sola vez, con un gran suspiro de ella que al final se convirtió en un gran gemido.

Seguía diciendo que se quería ir a otro sitio, pero a la vez había echado su culito hacia atrás para que la follara mejor. Se la saque y creyendo que le iba a hacer caso, se dio la vuelta y me miro con cara de pena. La atraje hacia mí y esta vez me beso con mucha pasión, agarre su culo con mis dos manos y la ice para follármela en esa posición, no tardo nada en poner sus piernas por detrás mío, enganchándose bien y yo volví a meter mi polla en su húmedo coñito. Lo contenida que había estado en todo momento se perdió rápidamente, estaba cada vez más excitada y parecía que ya le daba todo igual, solo pedía que se la metiera más fuerte y por la fuerza que hacía con sus piernas en mis riñones estaba claro de que se iba a correr, como así fue. Lo hizo de una manera tan brutal, que en uno de sus movimientos su cabeza dio contra la pared y ni se inmuto. Una vez que se corrió, tuve que agarrarla bien, porque era como si hubiera perdido fuerza. Se puso de pie y nos fuimos para los sillones, me senté y ella se quiso sentar encima, pero no la deje. Le dije que primero cogiera su teléfono y llamara a Andrés, que por lo menos que él lo pasara también bien. Carolina se me quedo mirando y solo e dijo…” ¿Seguro?” y mi contestación fue… “Por mi sí. Se lo merece, merece por lo menos oír lo puta que es su mujer… pero tú tienes la última palabra…”

Se fue hacia su bolso, meneando ese precioso culo y saco su móvil. Vino hacia mí y venia dudando. Abrió sus piernas se puso sobre mí y cogiendo mi polla con una mano, se la llevo a la entrada de su coñito, sentándose esta vez de forma pausada, mirándome con mucha excitación a mis ojos, hasta que la tuvo toda dentro y entonces hizo un gesto muy lascivo con su boca. En una mano seguía con su móvil, lo apretaba con fuerza. No quise insistir, pero según sus movimientos se iban acelerando, con cara de perversa y sin decir ni una sola palabra, me enseño el móvil moviendo su mano, me miraba fijamente y elevo sus cejas demostrando felicidad, expectativa como preguntándome y yo me limite a decir si con la cabeza. Aminoro sus movimientos, miro su móvil lo toqueteo y puso el altavoz, se oyó el primer tono de llamada y sus tetas se hincharon por la profunda respiración, llena de excitación y nerviosismo. Hasta que se oyó la voz de Andrés…

-Dime Carol…

-Hola mi amor… (Con voz contenida y mirándome)

- ¿Necesitas algo?

-Nada, solo quería oír tu voz. (Como yo no paraba de moverme, a ella le costaba más hablar)

-Cari… ¿Te sucede algo? (Se le noto extrañado)

-No nada, bueno si, no…

- ¡SI! ¡NO! Cálmate Carolina, ¿Qué te sucede? Te noto extraña.

-Mi amor que me están cogiendo y estoy… aaahhh…

-Espera que cierro la puerta del despacho. (Su voz sonó de lo más normal, algo que me sorprendió) Me gustan tus jueguecitos y… ¿Quién se supone que te está cogiendo?

-Carlos, Carrrrlos… que bien me coge, lo que tu querías mí amor…

-Te lo estas cogiendo en nuestra cama… que víbora que eres, ero cuéntame, no te pares. Luego en la comida te pondrás nerviosa de verle y pensar en lo que estás diciendo ahora, pero continua, cuéntame que me estoy excitando…

-De verdad Andrés, que me está cogiendo… estoy sentada sobre él, estamos desnudos en su despacho, me ha hecho llamarte y… aaahhhhhhh… que caliente me tiene… ya eres todo un cabrón mi amor… lo que querías. Tiene un vergón que me está destrozando de placer, me cuesta hasta hablar…

-Pues no te calles sigue contándome tu fantasía que me estoy pajeando.

-Carlos dile tu algo… que no se lo cree y yo no puedo hablar más…

Se quedó callada, estaba muy cachonda para poder seguir hablando. En ese momento solo se oían los gemidos de Carolina y la fuerte respiración de Andrés, el cual rompió el silencio diciéndole obscenidades, “insultándola” y ella cada vez moviéndose de manera más provocativa, sin levantarse a penas, pero si moviendo sus caderas de un lado a otro haciéndome sentir en la gloria. Me mordía la oreja, me pasaba la lengua por ella, mientras su marido le pedía que siguiera diciéndole cosas, Carolina que estaba muy encendida, me puso el teléfono casi en la boca y me miraba con complicidad. Sin dejar de mirarla decidí que tenía que decir algo a mi amigo.

-Andrés, tenías toda la razón, tienes una mujer incansable, folla como una diosa. (Carolina dio un suspiro y su mirada era de calentura máxima, el sonido de la respiración del desapareció durante un rato, pero al final se oyó la voz de Andrés con mucha potencia)

- ¡VAMOS PERRA…! Cógetelo, déjalo seco… (Era todo excitación y Carolina al oírlo, se puso más cachonda, gimiendo más fuerte)

-Tienes suerte de tener una mujer así, como folla… uufffff, que salvaje… luego la follare el culo, cuando tu estés para que lo veas, para que seas un “cornudo” feliz…

-SIIIIIIIIIIII…

-Tiene la cara desencajada del placer que está teniendo… que puta que es, le pone cachonda oírte… (Sus gemidos eran fuerte, ya no se podía contener más y ahora si se movía subiendo y bajando)

Carolina estaba a punto de correrse y lo hizo cuando oímos como se corría su marido, fue algo exagerado pero que se oyó perfectamente y Carolina lo hizo igual. Se sacó mi polla, corto la comunicación con su marido y se agacho para comerme la polla, me hizo una mamada con mucho morbo, mirándome a los ojos y recreándose con su lengua en mi polla, hasta que me llevo a una corrida bestial, pero que no dejo que me corriera de golpe, apretaba fuertemente para saborear mejor toda mi leche, saliendo lentamente. Se lo trago todo y luego me dio un morreo espectacular con el sabor de su boca a mi corrida. Se vistió y se fue diciéndome que nos veíamos para comer. Se marchó tan majestuosamente como llego.

Llegue al restaurante temprano, creía que sería el primero, pero no, Andrés ya estaba allí esperando, con una copa en la mano. Nos saludamos de una forma amigable y el con una sonrisa, además de con ojos picarescos. Nos pusimos a hablar de todo un poco y sobre todo de mi partida. Pero palpaba en el ambiente los nervios de él y algo de excitación por su parte. Hasta que apareció Carolina, que traía su habitual sonrisa que eclipsaba a cualquiera. En la comida estuvo muy chispeante Carolina, hablando todo el tiempo en doble sentido, entendiendo perfectamente su marido y yo a lo que se refería. Ya habíamos terminado de comer y estábamos en la sobremesa, yo esperaba saber lo que haríamos, porque por mi estaba dispuesto a ir a mi casa o donde fuese. Andrés llego un momento que corto la conversación para preguntarnos lo que haríamos ahora. Yo iba a contestar, pero Carolina me agarro la mano y se dirigió a su marido diciéndole…

-Mi amor, haremos lo que tú quieras (Se lo dijo con un tono provocador)

-Pues podíamos ir a tomar una copa a otro sitio. (Se quedó con ganas de responder algo más a su mujer, se le noto)

-Para tomar una copa, estamos bien aquí para que movernos…  (Lo dijo con mucho morbo)

-Mujer lo decía por ir a un sitio más tranquilo…

-Yo estoy trabajando y luego tengo una cita concertada, para una copa te repito que mejor me quedo aquí. (Ahora se notaba que le retaba a que dijera algo mas)

-Quiero ver lo que no vi antes y seguro que nos da tiempo ahora.

- ¿Qué es lo que quieres ver? No sé a qué te refieres. Carlos… ¿Sabes a que se refiere? (Me limite a encogerme de hombros)

-Cuando quieres como te pones… quiero verles coger (Esto último lo susurro)

-Pues si es lo que quieres, pues vamos.

 Nos levantamos y sin decir nada más nos fuimos para mi casa. El camino hasta casa fue muy normal, para mi algo frio, pero no decidí forzar la situación. Sabía que no teníamos todo el tiempo del mundo, porque Carolina tenía una reunión de trabajo. Una vez en mi casa les dije que se sentaran que yo les serviría las copas. Andrés estaba híper excitado y muy nervioso, aunque trataba de ocultarlo no podía. Carolina estaba tranquila, sentada majestuosamente en un sillón de una plaza, de cara a su marido. Una vez les di las copas, yo me quedé apoyado en el respaldo del sillón de Carolina. Andrés decía cosas que no tenían sentido unas con otras, fruto del nerviosismo, empecé a acariciar la melena de Carolina, que, al sentir mis dedos entre su pelo, movía su cabeza modosamente, dejando escapar algún leve sonido de placer. Quedo recostada sobre el respaldo y ahora mis manos acariciaban sus hombros, mientras lo hacía miraba a Andrés que ya no hablaba, sus ojos parecían que se iban a salir de sus orbitas. Una de mis manos se metió por dentro del escote de su vestido azul. Legue a una de sus tetas y empecé a acariciarla y note como su pezón crecía entre mis dedos. Era un placer notar como su pecho se hinchaba. Me agache y mordisquee el lóbulo de su oreja, me gustaba como se le erizaba la piel. Estiraba un brazo y me acariciaba mi cabeza, estaba muy cachonda.

Pare y me puse a su costado, ella llevo sus manos a mi pantalón, me acaricio por encima de él y después de tocarlo un buen rato, me desabrocho el pantalón y dejo libre mi polla, miro a su marido y luego empezó a lamer toda mi polla, tenía una lengua prodigiosa. Me desnude de cintura para arriba y luego deje caer mi pantalón. Sin interrumpir la mamada que me hacía, logre librarme de mi boxers y quedarme completamente desnudo. Al estar de lado Andrés podía ver perfectamente todo y su cara era un poema. Estibaba como a dos metros de nosotros y su mirada era de pura lujuria. Se podía palpar que su nivel de excitación era máximo. Carolina que de vez en cuando le miraba, se dio cuenta también y eso hacía que ella me mamara la polla de forma diferente, con más intensidad. Estábamos todos tan excitados que quise darle más calentura a ese momento. Hice que parara la mamada, puse mis dedos en su barbilla y se la levante un poco para que me mirara a los ojos. Me miro con intensidad y esperando saber porque le había hecho parar, le dije… “Mira a tu marido y dile que quieres, que estas deseando que vea como te la meto y te follo… díselo” no pudo ocultar la excitación que reflejaban sus ojos, su boca y una leve sonrisa “perversa”

Ella dio un paso más y sin yo pedírselo dijo… “Andrés, mi amor. Deseo que me la meta, que me folle, pero deseo mucho más y quiero, que tú se lo pidas” Andrés no lo dudo me dijo… “Fóllate a esta perra ya, quiero ver como goza…” se levantó y se quitó el vestido muy rápido. Quedando en ropa interior, que yo le ayude a quitarse. Mientras nos besábamos de una manera tremenda, con un ansia terrible, ante las propias narices de su marido. Hice que se diera la vuelta y la abrace por detrás, que dando mi polla justo entre sus nalgas, moviendo ella su culito de arriba abajo, como si me estuviera haciendo una paja y yo mientras acariciaba sus tetas. Andrés ni pestañeaba nos miraba con calentura. Una de mis manos la bajé hacia su coñito y empecé a tocar su coñito, se retorcía de gusto y se apretaba más contra mi polla. Andrés se desnudaba de forma torpe por no dejar de mirarnos. Fui moviéndome muy lentamente, acercándonos a Andrés, una vez pegados al sillón donde él estaba sentado, agarre por las caderas a Carolina y le metí mi polla de golpe, dejándose oír un gemido bestial. Apoyo un brazo en cada reposabrazos del sillón, quedando casi pegada su cara a la de su marido. Carolina que no dejaba de gemir y moverse le dijo a su marido que le comiera las tetas, Andrés parecía un bebe comiéndoselas, lo que hacía que Carolina aumentara sus gemidos. Sus sonidos se fueron haciendo más fuertes hasta que ella cogió a su marido por el cuello y cuando empezó a correrse le decía que le quería, morreándose con mucha pasión.

Le dije a Andrés que se cambiase de sillón, que se pusiese en el grande y luego dándole un buen azote a su mujer, le dije que se follara a su cornudo. Se quedó descolocada, pero se fue hacia él y se sentó metiéndose su polla. Andrés devoraba sus tetas y yo me acerque por detrás, aunque la posición no era de lo más cómoda, me coloque a su espalda, lamí y mordisquee sus hombros, bese su boca y luego la eche un poco para adelante, ella enseguida supo lo que iba a pasar. Empecé a meter mi polla en ese culo tan lindo y pare, deje que se acomodara, su respiración estaba acelerada y le di tiempo a que se relajara. Me estaba costando, pero ella se dejaba. Era su primera doble penetración, los nervios fueron desapareciendo y llego el placer, ya entraba mejor mi polla, aunque muy ajustada y apretada. Andrés también estaba muy cachondo, era lo que había deseado siempre, nos costó coger el ritmo y Andrés opto por moverse muy poco, llevando yo el ritmo. De pronto Carolina… “Aguanta, no te vengas todavía… espérate” el con la voz contenida le respondió… “No sé si podre, nunca había estado tan, tan…” no le dio tiempo a mas, se corrió como un primerizo y su mujer se movía con más furia, hasta que también se corrió. Ella se quitó de encima de su marido, quedándose de rodillas en el sillón, apoyada sobre el respaldo y así volví a follarle el culo, pero esta vez con más ganas, con más rabia y con mucha más potencia. Sacándole los gemidos más grandes hasta el momento. No tardamos nada en corrernos los dos a la vez, fue una corrida gloriosa. Cuando relajamos los movimientos vimos a su marido haciéndose una paja mirándonos. Estaba pegado a nosotros. Carolina se pasó una mano por debajo, entre sus piernas y llego a donde estaba mi polla y recogió con sus dedos algo de mi corrida, para luego ni corta ni perezosa, llevar esos dedos a la boca de su marido, que los chupo y luego se dieron un nuevo morreo apoteósico.

Se levantó y le costó ponerse de pie. Había sido su primera doble penetración y decía que le costaba mantenerse de pie, que no sabía si podría andar, que tenía algo de dolor pero que había sido un placer inimaginable, que era una pesadez tener que acudir a esa reunión de trabajo. Medio tropezó al dirigirse al aseo y se rio. Regreso ya vestida y con una amplia sonrisa, diciéndonos que esto había que repetirlo, pero sin prisas, para tomárselo más relajadamente. Les dije que por mí no había ningún problema, que todavía me quedaban unos días antes de irme. También les dije que me daba igual el día y la hora, ya que prácticamente había acabado mi labor allí y mi sustituto estaba haciéndose cargo de todo.

Al día siguiente todo dio un vuelco. La persona que estaba de la central, me comunico que nos iríamos al día siguiente a primera hora, que habían sucedido algunos contratiempos y teníamos que estar en Buenos Aires lo antes posible. Como es normal quise saber qué tipo de contratiempos, pero la única información que obtuve, era que habían aparecido algunos problemas. Si ya estaba molesto por tener que irme de allí, la falta de información, el que no me hubieran consultado… todo ello me llevaba a replantearme muchas cosas a nivel laboral. Prácticamente no me dio tiempo a despedirme de nadie, le pedí a Milena que lo hiciera por mí. Al día siguiente iniciamos el viaje y en el avión apenas hablamos nada. Eso sí me entrego una documentación que aproveche el viaje para echarle un vistazo. Era sobre proyectos iniciados, pero no acabados y sobre el personal. La llegada fue de lo más rara, nadie nos esperaba, algo que me sorprendió. Tomamos un taxi y nos fuimos al hotel. Pase la tarde estudiándome mejor toda la documentación y luego nos najamos a cenar. En la cena ya me comento que había alguna que otra irregularidad en la gestión por parte de la persona que yo sustituiría. Según me iba contando, todo me daba mal rollo.

Al día siguiente a primera hora estábamos en la empresa. La persona a la que sustituiría era europea también y tenía muy mala cara cuando llegamos. En los primeros quince días, ya me hice una composición de cómo estaba todo. Me llamo la atención que la media de edad estaba en los 45 años más o menos. Faltaba gente joven. Como había que contratar como a veinte personas, decidí que fuera gente joven, para que se compensase la experiencia y la juventud. Esa sería mi primera prioridad y la otra era cambiar el funcionamiento, incentivar al personal. En esto me ayudaría mucho el secretario que tenía, que aquí era un hombre de 52 años. Se llamaba Leonardo, se conservaba bien, era delgado, pero se le veía fuerte, pelo grisáceo y desde el primer momento me di cuenta de que era un hombre muy inteligente. Como sucede en estos casos y si uno es medianamente inteligente, deposite mi confianza en él y él me puso al día de todo. Rápidamente nos cogimos confianza. Una vez encaucé todo, puse en marcha los proyectos de una forma distinta a la llevada hasta ese momento e hice distintos equipos de trabajo.

En esto primeros días Leonardo, siempre que buscaba a alguna persona para dirigir algo, siempre salía el nombre de Ailen, es que, según él, valía para dirigir lo que fuera. Por lo que imagine que sería una mujer “especial” para él, pero no quise indagar más. No quería hacerle ningún feo a Leonardo, además estaba siendo un gran apoyo para mí. Seguro que la tenía que conocer, porque lo primero que hice fue presentarme a todo el personal. Para salir del paso, le dije que al día siguiente la avisara de que quería verla y si como decía el, reunía los requisitos, la pondría al frente de recursos humanos. Salió de mi despacho todo contento. Cuando llegue al día siguiente, nada más verme Leonardo me dejo la carpeta con el expediente de Ailen y me dijo que cuando yo quisiese que la avisaba, le dije que ahora le diría algo. Revise el currículum vitae y la verdad que si todo lo que ponía allí era cierto, era una persona totalmente cualificada para ese puesto, aunque también había cinco personas más que podrían optar a ese puesto. Estuve haciendo varias cosas y una de las veces que entro Leonardo, le note algo nervioso y para que se relajara le dije que avisara a su recomendada. Al rato, me aviso de que estaba allí, le dije que pasara y me la presento, marchándose luego.

No me extrañaba que estuviera obnubilado con semejante mujer. Era una mujer alta, delgada, pero con buen culo. Poco pecho, boca grande y labios carnosos. Lo más llamativo, eran sus ojos, grandes y muy oscuros, miraba provocativamente y de forma penetrante. Su voz era dulce y atrapaba, estuvimos hablando de todo, la entrevista se prolongó por algo más de una hora y el final fue casi explosivo, porque yo la dije… “Me ha agradado mucho la reunión y veo que estas muy preparada, pero por respeto a los demás todavía tengo que reunirme con alguien más…” ella mordiéndose el labio de una forma provocativa y mirándome intensamente me soltó… “Lo entiendo, pero soy la persona adecuada, además soy muy servicial y no te arrepentirás…” lo dijo muy sensualmente, sobre todo lo último. Le avise que como al resto de personas que elegí para otros puestos, no sería una elección definitiva, que sería temporal hasta comprobar que fueron las personas adecuadas. Pero que pronto diría quien ocuparía ese puesto. Se dio la vuelta y salió moviendo el culo de forma provocativa.

Nada más irse hice una llamada de teléfono y al rato entro Leonardo, venia como lanzado para preguntarme como había ido todo o para tratar de convencerme, pero al verme hablando por teléfono, se disculpó y salió. Cuando más tarde volvió a entrar, antes de que pudiera decir o preguntar algo, le quise aclarar un par de cosas…

-Mira Leonardo, no me gustaba que se entre en mi despacho sin avisar, no es por nada, simplemente es por estar tranquilo. Tampoco me gusta que, si estoy reunido, sea con quien sea, se me moleste y mucho menos que se me interrumpa, salvo urgencia, que para eso entonces está el teléfono.

-Discúlpame Carlos, no era mi intención molestar… (Le corte, quitando importancia al asunto.

-Ahora dime… Ailen, esa mujer tan hermosa de donde ha salido, que esta que quita el hipo. Esta para… “Hacerla un favor” ¿Es casada? (Se tensiono un poco, lo que me dio a entender que si tenían algo y por eso no se lo pregunte)

-Es cierto es muy bella y si está casada. Es mi bruja. (Entendí que me confiaba que era su amante, lo que me dio pie a seguir preguntando)

-Ya me imaginé que tanto interés era porque tenías algo con ella. Que después de verla no me extraña. Esa embruja a cualquiera. Sin ir más lejos a mí me ha encantado. Pobre marido.

-Carlos, creo que no me has entendido, cuando te he dicho es mi bruja, quería decir es mi esposa. (Tierra trágame, pensé)

-Ahora el que me tienes que disculpar por mis excesos eres tú. No sé qué más decir…

-No hay nada que disculpar, tenía que habértelo dicho desde un principio y también es cierto que está muy bien mi esposa. No tiene importancia. Quedará entre nosotros.

No sabía que decir ni que hacer. Si darle el puesto o no. Todo era una complicación, mi metedura de pata había sido antológica y todavía me pregunto cómo sucedió, nunca soy un bocazas. Realicé el resto de entrevistas y me quise tomar unos días para decidir, la verdad que todos reunían los requisitos. No había ni un momento en que Leonardo no me exaltara lo bien preparada, lo buena trabajadora… que era su mujer. No quería quebraderos de cabeza, no quería saturarme más, tenía mucho trabajo por hacer, volver a buscar vivienda y tratar de tener una vida un poco normal. Llame a Leonardo y le comunique que había decidido que de momento fuerza su mujer la elegida, pero le recalque que, de momento, que probaría cómo funcionaba y si encajamos. El con cara alegre me respondió que no me arrepentiría y que, seguro que nos llevaríamos bien, que su mujer se adaptaba muy bien. Después de decirle eso, le dije que me marchaba a ver unos pisos y el me volvió a insistir que él me lo podía buscar, pero agradeciéndoselo, le dije que prefería hacerlo yo, quería guardar las distancias y que no se repitiera lo de Colombia. Como también rechace de forma muy diplomática sus invitaciones a comer o cenar en su casa, mi intención es que todo fuera distinto a lo de antes.

Llevaba un listado de sitios donde poder alquilar una vivienda. Me lo facilito uno de la embajada cuando me fui a inscribir. Días anteriores había visto varios y de momento solo uno me gusto. Llegue al que más me recomendó el de la embajada había quedado con los propietarios que vivían en el mismo edificio. Se parecía mucho al de Bogotá, lo único que por fuera era una torre, con una parte más baja y la otra muy alta. Tenía seguridad, gym, piscina… estaba muy bien. La diferencia con la que vi que me gustaba, es que esta era amueblada la casa. La zona era buena, una avenida ancha y grande. Me gustaba, ahora era cuestión de ver el resto. Pregunte por Héctor y le avisaron por el telefonillo. En vez de decirme que subiera, me dijeron que esperar allí. Me extraño mucho, pero… vi llegar un hombre con un poco de melena, que no le pegaba, un poco más bajo que yo y con una buena tripita, daba la sensación de ser uno de estos que hacen de “modernos” tendría los 55 años o alguno más. Una vez que se me presento, se disculpó por hacerme esperar ahí, pero lo hizo para aprovechar y enseñarme los exteriores. Me enseño todo, desde el gym, hasta la piscina. El deje al hablar y lo agradable que resultaba me hizo que me cayera bien. Una vez que termino de enseñarme todo, me llevo a la vivienda donde nos estaba esperando su mujer.

Nada más verla me dije que esa pareja no pegaba en nada. Era más alta que su marido, también gracias a los zapatos altos que llevaba, si no serían más o menos de la misma altura. Era de las que yo digo que tienen edad indefinida, cuarenta y pico o cincuenta, iba espectacularmente vestida, era de las que antes muerta que sencilla, pechos voluminosos y bien erguidos, supuse que la cirugía tendría algo que ver y bastante maquillada. Me gustó nada más verla, porque tenía pinta de “loba” y se veía que era una “loba” con poco que me gustara el piso, ya estaba elegido. Entre ella y Ailen, ya me tenían como un cohete. Me enseñaron el piso, pero estuve más pendiente del culo de ella, que llevaba un pantalón blanco muy ajustado y se veía muy “apetitoso” muy bien puesto, respingón. Al final dije que me gustaba, aunque el mobiliario no mucho, pero me valdría perfectamente. Me invitaron a su casa para hablar de las condiciones. Me explicaron todas las condiciones y estuve de acuerdo en todo, incluso en el precio, no pudimos firmar el contrato, ya que tenía que ir a nombre de la empresa, eso les choco un poco, imagino porque lo mismo lo querían hacer de una forma más “informal” pero al final llegamos a entendernos y quedamos que, al día siguiente, se pondrían en contacto de mi empresa para dejar todo cerrado. Cuando me fui una cosa tuve clara, que tarde o temprano con Belén follaría. Sería cuestión de tiempo.

A la mañana siguiente nada más llegar, encargue que me gestionaran lo del piso, dándole los datos al responsable de esos asuntos. Ailen vino a mi despacho, me quiso dejar sorprendido y lo consiguió, vaya si lo consiguió. La primera sorpresa fue verla como iba vestida, minifalda, tacones y una blusa ajustada con varios botones desabrochados, dejando ver un buen escote. La segunda sorpresa que traía unas carpetas y eran la de los aspirantes a trabajar allí, con una valoración que ella había hecho, en espera de las entrevistas oportunas. Lo que quería decir o que se había pasado con su marido toda la noche preparándolo o lo tenían ya hecho de antes. Lo que fuera me daba igual, lo importante que está hecho. Solo pude decirle que estaba todo muy bien, que me dejase echarle un vistazo y que ya le avisaba para verlo juntos. Me puso una sonrisa de las que son maliciosas y se fue. Tuve que decirle que me dejara un rato solo, porque los “calores” me subían por todos los lados y más con el morbazo de saber que su marido estaba al otro lado de la puerta.

Una cosa me quedo claro, era descarada y provocadora, hasta qué punto no lo sabía. Empecé a estudiar lo que me había entregado y el trabajo estaba perfecto, todo muy detallado, no había manera de decir que había algo mal, para poder apartarla. Una vez terminé de leer todo, volví a llamarla y nos pusimos a trabajar sobre su informa. Ese despacho no era como el anterior, era más pequeño, estaba mi mesa y una mesa redonda de reuniones, no tenía sillones ni nada parecido. Para estar más cómodos y no tan distantes, nos colocamos en la mesa redonda, pusimos todos los papeles sobre ella y a trabajar. Cuando yo preguntaba algo en concreto sobre alguno de los expedientes, ella se pegaba a mí de una forma descarada, rozándome el brazo con sus tetas, olía muy bien y me hablaba muy dulcemente. Para tratar de cortar la situación, me aparte un poco alegando que me había dado un tirón en el cuello. Se levantó y se puso detrás de mí, me decía que eso lo solucionaba ella y se puso adarme un masaje sobre mis hombros y mi cuello. Quise que se quitara, pero era persistente, ganando la batalla porque me sentía muy bien. Ella me decía que me relajase, que no le extrañaba lo del tirón, que estaba muy tenso. Aflojo mi corbata hasta que me la quito. Le fu fácil, no llevaba la chaqueta puesta. Llevaba un buen rato tratando de evitar el ponerme cachondo y sobre todo el empalmarme.

Ailen dio un paso más. Se dio la vuelta, movió mi asiento que giro sin problemas y se quedó frente a mí, abrió sus piernas, colocándose de tal manera, que las mías que estaban juntas, quedaron entre la suyas y se puso a darme a hora un suave masaje en la zona de mis hombros, clavículas y pectorales. Al tener esa posición, su falda se subió un poco más de forma inevitable y al ser minifalda… que decir. Aunque estaba cachondo hasta decir basta, la situación en cierta manera me desbordaba y no quería que pasara de ahí. Por lo que la dije… “Ailen, no creo que a tu marido si entrara, le hiciera gracia vernos así, aunque no estemos haciendo nada malo, me entiendes… ¿Verdad?” ella con mucho aplomo, sin dejar de hacerme el masaje y con una mirada pecaminosa me respondió… “Leonardo no se enfadaría, me quiere mucho y lo que más le gusta es que yo sea feliz, le da igual… ¿Me entiendes tú?” no me esperaba esa respuesta y tampoco la pregunta que me hizo que era como retándome.

No la conteste, me limite a no quitar mi mirada de sus ojos y a meter mis manos entre sus piernas. Se sonrió me miro y me dijo… “Uuuhhhmmm… me has entendido…” acariciaba sus muslos, su culo y como no, su coñito. Estuve así un rato hasta que la hice sentarse sobre la mesa, encima de los expedientes, le quité las braguitas y metí mi cara entres sus piernas. Tenía un coñito muy rico y jugoso, cuando noto mi lengua, me atrapo con sus piernas, poniéndolas alrededor de mi cuello. Levantaba el culo para que la comiera mejor, gemía de forma comedida, aguantando como podía la respiración, hasta que soltaba como una bocanada de aire, así estuvo un buen rato, hasta que se levantó bastante, apretó mi cabeza contra ella, estiro sus piernas y note como se corría, haciendo un esfuerzo considerable para evitar gritar. Luego se relajó, quedándose quieta sobre la mesa. A pesar de haberse quedado así, su respiración seguía agitada, se incorporó, se quedó sentada, se acercó a darme un beso muy caliente y me dijo que tenía una lengua prodigiosa. Se puso como una felina y empezó a desabrocharme el pantalón, me mordisqueaba el lóbulo de la oreja y cuando toco mi dura polla, me dijo sorprendida… “Menudo amigo que tienes, buffff… esto volvería loca a cualquiera…” se llenó la mano de saliva y me empezó a hacer una paja espectacular. No aguantaba más, como mucha suavidad, la empuje hacia abajo y ella me dijo… “Uy, si quieres que te haga un pete… que malo, que eres, querer eso de una mujer decente…” lo decía con voz sensual y provocadora, agachándose hasta empezar a chupar mi polla y mirarme detenidamente mientras lo hacía. Además de notarse que lo hacía con frecuencia, se notaba que le gustaba, lo hacía de puro vicio. Se la metía bien dentro, lo hacía muy rápido, como de pronto lo hacía muy lento, la degustaba como si fuera un manjar, la chupaba con deleite, verla me ponía más cachondo.

Me canse, me puse de pie y la apoye contra la mesa, no me hice esperar y se la metí como si estuviera poseído, me costó un poco al principio, el roce fue importante, pero al final se la metí toda. La folle con furia, con “rabia” mis envestidas fueron profundas y esta vez se corrió más deprisa, cuando lo hizo se le escapo algún gemido importante, que no creía que se hubiera oído fuera. Una vez se corrió, se empeñó en seguir chupándomela y la deje, entre otras cosas porque estaba a punto de correrme. Reinicio la mamada con más énfasis y de forma más “diabólica” era como si le fuera la vida en ello. Cuando estaba ya cerca de correrme la avisé, para que hiciera lo que quisiera y lo que quiso, fue mamármela con más intensidad, hasta que empecé a correrme en su boca. Escapándosele sonidos guturales, no dejando que nada se escapase y chupándomela bien chupada cuando termine de correrme. Se levantó y su cara estaba colorada, congestionada me dijo en plan divertido… “Guau… la próxima vez estaré preparada…” riéndose con complicidad. Nos arreglamos y quedamos en que ella citaría a las personas para las entrevistas personales. Una vez se marchó, su marido entro con una excusa absurda y me pregunto si su mujer hacia bien las cosas, si creía que encajaría… yo no sabía a qué se refería exactamente, aunque por la cara de inocencia que tenia, pensé a que se refería a la parte laboral. Para no pillarme los dedos le dije que de momento perfecto. Se marchó orgulloso y tranquilo.

Cuando me quede solo me recrimine el volver a liarme con alguien de trabajo, no es que tuviera remordimientos, es que no quería. También pensé en lo que ella me dijo de que a su marido le daría igual vernos, lo de que no se enfadaría… ya antes había oído respuestas muy similares, pero tenía que asegurarme de que lo que había dicho, era lo que yo pensaba y entendía.


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