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Fecha: 20-Mar-17 « Anterior | Siguiente » en No Consentido

Keyla: Madre violada en vacaciones

Gaol7
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Durante un viaje a la playa, un grupo de jovenes deciden drogar a la sexy madre de su amigo y violarla sin contemplaciones. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

1

La camioneta circuló por la carretera sin detenerse después de haber estado varada durante tres horas. Dentro hacía un calor infernal, pero por lo menos el tráfico volvía a ser fluido y el viento que se colaba por la ventanilla refrescaba el ambiente.

− ¿Ya casi llegamos Ma? –Gael no pudo ocultar un tono de fastidio, observando las hordas de vacacionistas que se dirigían a la playa.

−Sí, ya estamos muy cerca−la mujer dio un suspiro resignada, no había contado con semejante retraso.

− ¡¿Puedes dejar de quejarte?! Todos estamos hartos, pero si actúas como niña llorona no ayudas en nada−le espetó su primo desde el asiento trasero, a pesar de que tenían la misma edad, su relación no era del todo amable. Gael lo fulminó con la mirada cerrando los puños, listo para dar pelea. La temperatura del vehículo aumento otro poco, los ánimos se estaban calentando.

− ¡Ya basta muchachos! ¡No quiero que se estén peleando! –Keyla trató de imponer el orden sabiendo que le sería imposible. Desde que eran niños esos dos nunca se habían llevado bien, desgraciadamente su hermana estaba enferma y lo menos que podía hacer era  traer consigo a su sobrino. Por suerte los otros chicos eran mucho más tranquilos.

−No les haga caso señora, así van a estar todo el día−dijo Julio desde la otra esquina, a pesar del horrible trayecto, ninguno de los amigos de su hijo daba problemas. Keyla echó un vistazo por el retrovisor y vio a los cinco jóvenes amontonados en la parte trasera.

−Gracias Julio, de hecho ya estoy acostumbrada−A pesar de su edad seguía conservando una belleza radiante, del tipo que atraía la mirada de todos los hombres. Sus ojos azules idiotizaban a cualquiera, sin mencionar el perfume que irradiaba de sus cabellos, cualquiera diría que esa mujer parecía una modelo de revista.

Llegaron a la playa poco después de las doce. Desde ahí la cabaña se alzaba en medio de algunas lomas. A pocos metros se hallaba otra construcción similar, aunque ésta no daba señales de vida.

−Hemos llegado−Keyla abrió la portezuela para bajar del vehículo, el sudor le escurría por todo el cuerpo y la brisa del exterior le pareció un gran alivio.

− ¡Por fin! –Gael saltó de la camioneta y se dirigió corriendo hacia la cabaña. Su primo lo imitó, aunque en lugar de correr se quedó mirando la lejanía.

Solo los amigos de Gael permanecieron donde estaban. Debido al calor, la tela del vestido de Keyla se pegó a su cuerpo, ofreciéndoles una vista espectacular. Su figura delataba unas medidas perfectas, con una cintura de avispa labrada a base de ejercicio y dietas, sus caderas eran anchas, coronadas por un trasero de ensueño que tensaba la tela. Pero lo que más entusiasmó a los muchachos fue el breve vistazo de su ropa interior, donde se adivinaba una pequeña tanga blanca que se enterraba con erotismo en medio de sus nalgas.

El interior de la cabaña era bastante amplio, contaba con tantas habitaciones que parecía  un hotel de lujo. Después de sentarse a la mesa, Keyla les preparó un desayuno rápido. Los sándwiches volaron en un santiamén, mientras los jóvenes se relajaban entre bromas; todos parecían de mejor humor después de haber salido de la camioneta. Al verlos Keyla pensó que su hijo se estaba haciendo mayor, apenas tenía trece años, pero al igual que sus amigos ya no tenían pinta de niños, de hecho, comenzaba a atisbarse el aspecto que tendrían cuando fueran adultos. Julio era fornido, de tez muy morena, con el cabello  alborotado y rebelde. Rodrigo era obeso, tenía una expresión torpe y a veces despedía un olor desagradable, por desgracia el muchacho siempre estaba bañado en sudor. Cesar era el más delgado de los tres, se le marcaban las costillas y los músculos del torso, tampoco era muy agraciado físicamente, pero tenía buenos modales. En silencio Keyla se reprendió por aquellos pensamientos tan mezquinos, pero al verlos no pudo evitar pensar que su hijo y su sobrino eran mucho más atractivos.

−Bueno chicos, ahora que se instalaron voy a cambiarme de ropa, me muero por darme un chapuzón−Keyla subió las escaleras con aire despreocupado.

− ¿Qué les parece si también vamos al agua? –Gael se levantó de su asiento para ponerse el bañador, tenían pensado quedarse ahí tres días y no quería perder más tiempo.

−Con éste calor me parece buena idea−Julio se puso de pie y se quitó la camisa,  la mayoría de ellos ya tenía puesto el traje de baño.

De pronto escucharon pasos viniendo de la escalera, Keyla apareció en el umbral, enfundada en un bikini rojo muy entallado que les robó el aliento. Ninguno pudo ocultar su erección. La parte de arriba apenas cubría sus enormes tetas, tan generosas que desbordaban la prenda; lo de abajo no dejaba casi nada a la imaginación,  salvo su sexo, todo lo demás quedaba al descubierto, permitiéndoles apreciar la suavidad de su piel y la anchura de sus caderas.

−Bueno niños, ¡vamos a divertirnos!−Keyla dio un saltito de entusiasmo, el movimiento hizo que sus pechos se balancearan. Sonrió al ver el efecto que provocaba en los jóvenes, a pesar de que era madre seguía siendo una mujer atractiva, acostumbrada a ser el centro de atención y el hecho de saberse deseada por hombres veinte años menores que ella le daba un refuerzo a su autoestima. “Tú te lo pierdes idiota” dijo pensando en su ex marido, el cretino que los abandonó hace cinco años.

−Claro, pase usted señora−dijo Julio quitándose de la puerta para cederle el paso, en su rostro se dibujó una expresión ladina.

− ¡Qué caballero! –Keyla siguió con el jugueteo y pasó primero, consciente de que la atención de los chicos no se desviaba de su trasero, después de todo no les haría daño mirar un poco. Gael parecía un poco avergonzado pero no dijo nada.

El movimiento de sus caderas era hipnótico, ni siquiera su sobrino podía despegar la vista de ella, sus increíbles nalgas temblaban deliciosas conforme avanzaba, mientras el hilo dental se le metía hasta las entrañas. “¡Maldita sea, ésta zorra está buenísima!” pensó Julio siguiéndole los pasos “¡Me gustaría meterla dentro de esas nalgotas!”. El resto de los jóvenes la miraba como si fueran perros saboreando un suculento pedazo de carne.

El día transcurrió con normalidad, sin que pasara nada sobresaliente, excepto que Keyla les dio una buena vista de su cuerpo. Ninguno de ellos dejaba pasar la oportunidad de verla nadando, bronceándose o poniéndose bloqueador; eso último era una verdadera delicia, ya que ella solía acariciar su cuerpo embadurnándolo con aceite. A pesar de que Gael se daba cuenta de las miradas discretas que le dirigían a su madre, no hizo nada para detenerlos, después de todo sabía que era una mujer muy hermosa y sería un hipócrita si dijera que nunca la había mirado de esa forma. Poco después de medianoche, todos se alistaron para irse a la cama. Los primos decidieron que dormirían en extremos separados de la habitación, sin embargo, no pudieron evitar hacer de eso una discusión que duró casi una hora. Mientras tanto Julio y sus amigos bajaron con el pretexto de tomar un vaso de agua. Keyla se encontraba en la cocina, el bikini que tanto les obsesionó durante el día estaba cubierto por una bata de seda blanca. Su piel se transparentaba dejando a la vista su silueta.

− ¿Le ayudamos en algo señora? –dijo Julio, sus ojos emitieron un brillo muy peculiar.

−No querido, estoy bien, ya casi acabo−Keyla terminó de acomodar los platos en el fregadero, se despejó el sudor de la frente, pero las gotas resbalaron por su garganta deslizándose por el canalillo de sus pechos− ¡Hace un calor infernal aquí! ¿No creen?

−Sí, tenga, esto ayudará bastante−Julio sirvió un vaso de refresco con una buena cantidad hielos, la botella yacía sobre la mesa. Keyla se volvió hacia él mientras Cesar se acercaba a la estufa.

− ¡Gracias! ¡Eres muy lindo! –la mujer estiró la mano para sostener el vaso, pero en ese momento sus movimientos se vieron interrumpidos por un estrépito. Todos se volvieron hacia la cocina, donde Cesar miraba alarmado los restos de un plato roto.

− ¡Lo siento señora! Se me resbaló… –exclamó César.

−No te preocupes hijo, no es nada, ahorita te paso la escoba y el recogedor−mientras Keyla se encaminaba distraída hacia el armario donde guardaba los estropajos, Julio hizo un movimiento rápido y volcó unas gotas sobre el vaso, el refresco burbujeó durante unos segundos, luego regresó a la normalidad.

Cesar se encargó de limpiar, alegando que todo fue un descuido. Keyla lo tranquilizó restándole importancia, luego tomó su vaso y le dio un par de sorbos. Julio la miró expectante, sintiendo un agradable hormigueo en el estómago. La observó de arriba abajo, repasando sus pronunciadas curvas, deleitándose con sus movimientos, disfrutando como la tela se transparentaba dejando a la vista el hilo de la tanga. “Mmm, no sabes lo que te espera mami” pensó para sus adentros, metiendo la mano en el bolsillo de la bermuda para acomodarse el paquete. Cinco minutos después, Keyla se despidió diciendo que estaba demasiado cansada, subió las escaleras hacia su habitación tambaleándose un poco, dejándolos reunidos alrededor de la mesa.

− ¿Lo hiciste? –preguntó Cesar en un murmullo.

Julio asintió con la cabeza, intercambiando una sonrisa de satisfacción con sus amigos. Esperaron durante media hora, fingiendo ver televisión, luego subieron a la alcoba para verificar que los primos estuvieran dormidos. Después de su alegata habían caído rendidos, esa era la ventaja que tenían sobre los “niños bonitos”, ninguno de ellos estaba acostumbrado a desvelarse.

2

La habitación de Keyla se encontraba cerrada, pero eso no fue ningún impedimento para sus jóvenes visitantes. Julio fue el primero en acercarse, la luz de la mesita de noche seguía encendida, Cesar y Rodrigo le siguieron los pasos hasta situarse alrededor de la cama. La mujer yacía boca arriba, sin la bata. Sus piernas se inclinaban ligeramente hacia la derecha, luciendo sus muslos gruesos y trabajados. Arriba sus senos se desparramaban hacia los lados sin perder la forma, sus pezones se adivinaban a través del corpiño. Su rostro era hermoso, con una ligera capa de maquillaje, casi como si se hubiera preparado para la ocasión. Sus labios carnosos tenían un labial rojo que resultaba irresistible  y el sedoso cabello negro caía sobre la almohada, emanando un perfume embriagante.

−Señora… ¿Está despierta? –susurró Julio acercándose a su oído, el olor a hembra le provocó una erección instantánea.  Su bermuda parecía una tienda de campaña, pero ésta vez no hizo el mínimo intento por ocultarla−Vamos preciosa, contesta−ésta vez se atrevió a darle unos ligeros golpecitos en la mejilla. Su respiración era lenta. Demasiado profunda−Creo que funcionó−informó a sus amigos.

Cesar se acercó del otro lado de la cama y empezó a dibujar el contorno de su pezón izquierdo con la punta del dedo, el chico se la comía con la mirada, sin poder separarse de esas tremendas tetas. Julio le acarició la mejilla con suma delicadeza, luego deslizó sus dedos hasta posarse sobre su pecho, presionó suavemente sintiendo su textura, apenas cabía en su mano.

−Parece que nos vamos a divertir mucho…−dijo Julio sin dejar de sobarle la teta, con la otra mano volvió a acariciarle el rostro, metiéndole el dedo medio en la boca para simular una felación−¡Ahh! Miren nada más ésta boquita.

Keyla permanecía quieta, como una muñeca indefensa, mientras sus captores la manoseaban a su antojo. Rodrigo deslizó una mano sobre su pierna, apretando la parte superior de sus muslos. El contacto de su piel era agradable, lisa, suave y sudorosa, el aire secaba la humedad haciendo que estuviera un poco fría, pero eso solo la hacía más apetitosa. Julio siguió haciéndole una felación con el dedo, mientras todos miraban extasiados aquel gesto, el dedo entraba y salía, lubricado por la saliva.

−Vamos a quitarle la ropa−dijo Cesar presionándole ambas tetas sobre el sostén.

Julio asintió y con dedos temblorosos fue deslizando el tirante hasta descubrirle el hombro, luego sujetó la copa con la yema de los dedos y con sumo cuidado fue jalándola hacia abajo. Cesar hizo otro tanto. Los pechos de Keyla fueron liberados de su prisión quedando completamente al aire, el movimiento que hicieron al rebotar fue tan erótico que todos soltaron una ligera exclamación.

− ¡Ohh! ¡Mira qué tetas!

− ¡Sí! Está buenísima−Cesar no pudo esperar y se abalanzó sobre ellas para chuparle los pezones. El sonido de la succión fue tan escandaloso que por un segundo tuvieron miedo de que los delatara. Keyla emitió un ligero gemido, pero algo en la expresión de su rostro les indicó que no era incomodidad.

− ¡Parece que a la doña le está gustando! –exclamó Julio−Vamos a ver que siente después de esto−Se colocó a la mitad de la cama y se dirigió a Rodrigo−Oye tú, ábrele las piernas, vamos a comernos éste bizcochito.

Rodrigo obedeció de inmediato, metió la mano entre sus piernas y separó los muslos con cierta delicadeza, deleitándose con la textura de su piel, sin encontrar mucha resistencia. La visión era espectacular, la tanga era tan diminuta que podía vislumbrarse la forma de su raja. Julio le acarició el interior de los muslos disfrutando la visión que tenía delante, acto seguido, procedió a jugar con su entrepierna. La humedad de esa zona casi le provocó un orgasmo, aun así, siguió pasando la yema con sumo cuidado, encontrando cierta calidez, acompañada de un aroma embriagante.

− ¡Vaya, si ya está mojada la perra! –dijo observando como Cesar le plantaba un beso en la boca sin dejar de amasarle las tetas con avidez, parecía hipnotizado, sin prestarle atención a lo que decían los otros. La mano de Keyla colgaba deliciosamente cerca de su miembro y el chico aprovechó para que rozara sus huevos. Julio deslizó la tanga hacia un costado con los dedos, dejando a la mujer expuesta ante sus deseos. En el aire se percibía un aroma embriagante, el perfume entremezclado con el sudor de Keyla era abrumador, apenas podían creer que se tratara de la madre de su amigo.

−Pues…vamos a comenzar−sin más preámbulos se quitó la bermuda, su miembro punzaba ansioso, listo para iniciar la penetración. Los dos amigos lo imitaron, haciéndose a un lado, pero sin dejar de admirar a su presa.

Julio se inclinó sobre ella, acomodando las piernas de Keyla a la altura de sus caderas, la sensación de su piel desnuda hacía que su pene se irguiera majestuoso. Con gran deleite presionó la parte trasera de sus muslos hasta agarrarla de las nalgas, redondas y voluminosas, con cierta rudeza la acomodó a su gusto y fue recorriendo su cuerpo con ambas manos, deteniéndose en cada detalle hasta posarlas sobre sus pechos. Jugó con ambas tetas amasándolas a su antojo, admirando como sus dedos se hundían en esos sacos de carne, pellizcándole los pezones hasta dejarlos puntiagudos. Sus amigos se masturbaban junto a la cama, mirando embobados como se las chupaba con avidez, su lengua recorría la superficie de esas tetas, embadurnándolas de saliva. Mientras, con mucho cuidado se iba abriendo paso entre sus piernas, penetrándola con lentitud, para luego acelerar el ritmo.

Su interior era húmedo, el calor que proporcionaba lo hizo estremecerse, sus manos seguían aferrando sus pechos sin atreverse a soltarlos, apretándolas con saña, mientras miraba como su rostro se contraía en una expresión de dolor y placer entremezclados. La penetración se volvió más acelerada, el sonido de la succión y sus respiraciones entrecortadas era excitante. Julio dejó caer todo su peso sobre Keyla, la rodeó con un brazo por la cintura para pegarla a su cuerpo, haciendo que sus tetas se restregaran contra su pecho, la fricción de sus pezones lo volvía loco, sin mencionar su dulce aliento que notaba en el cuello. Desbordado por la lujuria, la penetró con más fuerza, arrancándole un breve gemido, dejando que sus pechos se balancearan con cada embestida. La sensación era grandiosa, jamás imaginó poder montar a una hembra como esa, con ese cuerpo de infarto y esa cara tan perfecta. Permaneció así durante diez minutos, empujando de atrás hacia adelante, tensando las nalgas para darle mayor fuerza, entrando hasta lo más profundo. Antes de terminar se inclinó sobre ella para besarla en la boca, su lengua húmeda le proporcionó el estímulo que necesitaba para llegar al orgasmo. El semen que resbalaba por su vagina hizo un débil sonido, pero Julio tardó todavía unos minutos en detenerse, descargando los últimos residuos mientras seguía con el mete-saca, ésta vez con más soltura que antes. El cuerpo de Keyla se zarandeaba inerte, ofreciendo una vista maravillosa.

−Toda suya amigos, disfrútenla−dijo Julio entre jadeos, su miembro colgaba flácido en su entrepierna. César se abalanzó para tomar su lugar, a pesar de su cuerpo delgaducho su pene era de un tamaño considerable− ¡Vaya! Pero mira nada más como te trae la zorrita. ¡Dale con todo!

−Sí…−Cesar comenzó a masajear su miembro, la erección era insoportable. Con movimientos lentos acarició las piernas de Keyla, presionando suavemente sus muslos, sudorosos por la faena anterior−Sí que es hermosa…−dijo sin aliento, inclinando su cuerpo hacia adelante para besarla en la boca, sus labios carnosos no respondieron, pero sus lenguas se frotaron durante unos segundos en un beso que lo dejó extasiado. Así permaneció durante unos segundos, llenando de saliva el interior de esa boca tan suculenta. Había soñado con hacer eso desde que la conoció, así que no desperdiciaría esa oportunidad. La cercanía de su cuerpo lo hizo estremecerse, en el movimiento su miembro frotaba contra su abdomen plano, la sensación era tan placentera que estuvo a punto de venirse sobre ella, regando un hilillo de semen sobre su ombligo. Hizo un esfuerzo para reprimir las ganas, luego la sujetó de las muñecas para inmovilizarla sobre la cama.

 El verla tan indefensa hacía que la deseara con más intensidad, sobre todo por tener esas enormes tetas al aire; sus pezones se proyectaban hacia arriba, completamente duros  y erectos. En ese momento ya no pudo contenerse, se sentó sobre ella y encajó su pene en el canalillo de sus pechos, luego los apretó con fuerza, ejerciendo una presión sobrecogedora. La suavidad de su cuerpo lo volvía loco, sus movimientos se volvieron frenéticos, así que permaneció un buen rato follando sus tetas, notando como su líquido seminal empezaba a regarse sobre esa piel desnuda lubricándola, la visión era impresionante. Pero antes de que sus instintos lo traicionaran, se incorporó un poco, levantándose sobre las rodillas, la primera corrida se disparó sobre ese rostro, hermoso y  sensual.

−Eso es putita, toma tu leche−César admiró entusiasmado como el semen le escurría por la comisura de los labios. Llevado por la lujuria, tomó sus mejillas con una mano, forzándola a abrir la boca en “O”.

− ¡Eso es! ¡Deja que te la chupe! –exclamó Julio. Rodrigo ni siquiera podía hablar, se masturbaba convulsivamente sin perder detalle. Cesar asintió e introdujo su pene muy lentamente, primero la punta, luego el resto del tronco. Keyla no puso ninguna resistencia, sus labios tragaban todo lo que le daban con gran facilidad.

− ¡Ah! Se siente bien rico−el rostro de Cesar se transformó en una expresión de absoluto placer. –Su boca es muy húmeda…no puedo... –la eyaculación explotó de un momento a otro, el semen se derramó dentro de Keyla, sin que ella pudiera hacer nada para evitarlo. − ¡Eso es mami, cómetelo todo!

− ¡Wow!–Julio la miró sorprendido−¡Hasta se me paró de nuevo! Apúrate Rodrigo, que quiero volver a cogérmela.

Rodrigo subió a la cama para posarse sobre su presa, su cuerpo fofo despedía un olor asqueroso, una mezcla entre sudor y grasa. A esas alturas su miembro ya estaba como una torre, pero aún así quería divertirse un poco antes de terminar con ese monumento de hembra. Con parsimonia se encargó de amasar sus tetas, las cuales brillaban debido al sudor y el semen de sus amigos, poseído por la lujuria, embarró los fluidos a lo largo de todo el cuerpo de Keyla, comenzando por las tetas, recorriendo el abdomen, las piernas, hasta pasarle los dedos por el contorno de su boca. En su mente era una forma de reclamarla como la puta de toda la banda. La suavidad de su piel era maravillosa, sin mencionar el tamaño de esas ubres. Sin pensarlo se abalanzó  para chupar sus pezones, el aroma de Keyla lo volvía loco, así que después de recorrerla entera se atrevió por fin a penetrarla. La hermosa figura de la madre quedó cubierta por el voluminoso cuerpo de Rodrigo, quien comenzó a clavársela más fuerte, gozando con el movimiento de sus carnes. Al ver su rostro perfecto, con los carnosos labios ligeramente entreabiertos, se pegó a ella igual que sus compañeros para robarle un húmedo beso, ni siquiera le importó que su boca aun tuviera restos de semen. La sensación de aprisionar a una mujer desnuda, teniéndola sometida bajo su abultada barriga, con los enormes pechos bamboleándose frente a él, lo tenía extasiado, así que no tardó mucho en correrse dentro de ella.

Rodrigo se quedó inmóvil durante unos minutos, con la respiración acelerada, inhalando el perfume de la mujer que acababa de cogerse.  Volvió a sobar sus tetas, notando la piel pegajosa, el olor a sudor flotaba en el aire.

− ¡Muévete gordo! Es mi turno de nuevo−Julio lo hizo a un lado y volvió a contemplar el cuerpo de Keyla. Se masturbó un poco, poniéndose erecto en cuestión de segundos, se colocó entre sus piernas, sin molestarse por su vagina repleta por el semen de su compañero. Con el dedo índice, hizo a un lado la tanga empapada y la penetró sin miramientos, su miembro se deslizó sin ningún problema, provocándole un placer inigualable. El mete saca aumentó su ritmo, hasta que comenzó a cabalgarla, ya sin temor de que despertara, sabía que la droga había hecho efecto. La madre de Gael era una muñeca de carne, sus carnes se zarandeaban con cada embestida− ¡Ahh! ¡Ésta puta es increíble! Podría cogérmela todo el día−Sus amigos miraban tratando de recuperase, pero al parecer, ambos habían quedado satisfechos, así que solo lo dejaron hacer, desquitando sus ganas con la sexy madre de su amigo. La faena duró alrededor de cinco minutos, después de eso, el chico volvió a terminar dentro de ella, el semen chorreó de su agujero, mientras Julio todavía seguía dentro.

Keyla permaneció recostada boca arriba, las tetas relucientes por las corridas de todos esos niños. El sudor seguía impregnado en su piel, otorgándole un aspecto demasiado erótico, parecía bañada en aceite. Los captores supusieron que esa excesiva sudoración se debía a la droga, aún así, el olor que desprendía era enloquecedor y antes de que pudieran irse, ya estaban deseándola de nuevo.

−Hay que lavarla, si no va tener sospechas−dijo Julio centrando su atención en el semen que escurría por su vagina−Tenemos que dejarla tal como la encontramos−Entre todos procedieron a vestirla, pasándole un trapo húmedo por los lugares estratégicos, podían disimular el sudor, pero el semen tenían que limpiarlo.

−Bien, parece que hicimos un gran trabajo−Julio miró a sus compañeros y todos rieron. Antes de irse, el chico le colocó una suave nalgada a su víctima, deleitándose al ver como su piel temblaba−¡Ahh! No puedo creer que nos hayamos cogido a ésta señora, creo que no podré dormir en meses recordando éste momento−se dirigió a la puerta junto con sus amigos, dirigiéndole una última mirada a esas tremendas nalgas, la tanguita se metía hasta el fondo, dando la ilusión de que no llevara nada.

−Lo bueno es que nadie nos ha visto−intervino César en un susurro. Sin embargo, no tardarían en saber… que eso no era del todo cierto.


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