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Fecha: 23-Mar-17 « Anterior | Siguiente » en Sexo con maduras

Para un concierto lo mejor es un trío, o más.

tauro47
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No quise ir a un concierto, pero lo cambié por un trío, con el mejor repertorio y con posibilidad de más. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Para un concierto lo mejor es un trío, o un cuarteto.

 

No quise ir a un concierto, pero lo cambié por un trío, con el mejor repertorio y con posibilidad de más.

Aquella tarde salí de casa de mi novia con la cara colorada por la ira, sentía como hasta las orejas me ardían de rabia, lo malo es que ya debía haberlo previsto, llevábamos un tiempo saliendo a bronca casi diaria, cualquier cosa le enfadaba, siempre estaba a la que salta para herirme donde más me dolía, yo mientras no quería romper, y aguantaba todos los desprecios que me hacía, de sexo ya hacía mucho que no lo hacíamos, siempre tenía preparada una excusa para evitarlo, y la convivencia se había vuelto inaguantable, en la última humillación que me hizo aún la quise compensar comprando dos entradas para un concierto que daría un cantante muy famoso que venía de Miami solo para un concierto en mi ciudad, a mí personalmente no me gustaba nada, soy más de rock pero por darle gusto era capaz de todo, por eso por internet compré las entradas nada más salir y a un precio desorbitado, a las dos horas ya no quedaban.

Por eso estaba yo tan enfadado, sobre todo conmigo mismo por haber aguantado tanto y después porque cuando fui a su casa a recogerla, me dijo que no le apetecía salir, un calor me subió a las mejillas hasta que reventé, ya no pude más, apreté las entradas que tenía en el bolsillo, se las iba a tirar a la cara pero di media vuelta y me marché sin decir ni adiós.

Cuando subí al metro no parecía estar rodeado de gente, aún cuando estábamos apretados hasta el agobio, en una mano me sujetaba de la barra y en la otra apretaba las dos malditas entradas.

La mayoría de los viajeros iban en dirección del estadio donde se celebraba el concierto, sobre todo eran mujeres de cierta edad, algunas niñas adolescentes iban gritando el nombre del cantante y en todas ellas se les veía la ilusión en el rostro.

A mi lado se fueron colocando dos señoras no muy mayores, la riada de gente hicieron pegarnos literalmente, ellas iban hablando animadamente, según pude oír involuntariamente, eran fans del cantante que iba a actuar en pocas horas, pero se les notaba cierta tristeza por no disponer de entradas, no habían tenido suerte y ya no quedaban en taquilla.

Cuando estaban lamentando su mala suerte, se contentaban en acudir a las puertas del estadio para oír de lejos a su ídolo, con eso se conformarían.

En un primer impulso noté como me quemaban las dos entradas en la mano, por lo que les corté la conversación y les pregunté si de verdad querían ir al concierto, una de ellas me miró y con los ojos húmedos me dijo…

--- Es lo que más deseo ahora.

No lo pensé, se me ocurrió la idea de regalarles las entradas, les dije…

--- Si quieren yo les puedo facilitar unas entradas…

No me dejaron terminar, cuando les iba a decir que se las regalaba, me interrumpieron y me dijeron que me pagarían tres veces lo que valían, me sorprendieron de tal forma que no supe reaccionar hasta que pusieron en mi mano un puñado de billetes, cuando les di las entradas las miraron como si fueran unos billetes de lotería premiados, pero cuando me iba a guardar el dinero me dio apuro y les devolví una parte…

--- Me parece excesivo tanto dinero, me basta con saber que les hago felices.

Me abrazaron doblemente contentas y en la próxima parada cuando me apeé me lanzaron varios besos al aire.

Al salir a la superficie respiré más tranquilo, estaba bastante más aliviado, por lo que decidí darme un homenaje, frente a mí apareció un restaurante de primera categoría, sin pensarlo dos veces entré decidido a celebrar un banquete, al maître le pedí lo que nunca había probado por no podérmelo permitir, cuando salí estaba pletórico, me fui a un teatro a ver una comedia de éxito, ya era tarde cuando después de tomarme unas copas volví a meterme en la misma boca del metro, en los andenes se apretujaba un gentío esperando poder tomar el primer tren que viniera, pero empezaron a pasar sin parar, iban atestados de gente, con las caras pegadas a las ventanillas mirándonos en la velocidad.

Cuando por fin paro un tren apenas salieron con dificultad algunas personas, mientras nos lanzamos al asalto todos en el andén, yo fui uno de los afortunados, la marea humana me llevó hasta dentro casi sin apoyar los pies en el suelo, tenía brazos, codos y piernas apretadas por el gentío, a los pocos minutos de haber arrancado el tren noté como me tiraban de la chaqueta, miré hacia abajo y frente a mi en el asiento estaba una de las señoras que me habían comprado las entradas, me sonrió y me dijo que lo habían pasado estupendamente gracias a mí, me señaló a mi derecha donde estaba su amiga  de pié como yo, al verme fue empujando a sus vecinos hasta colocarse a mi lado.

Me alegré mucho de verlas tan contentas, estaban radiantes, la chica que estaba a mi lado me pasó el brazo por la cintura y me apretó contra ella, me dijo al oído que hacía mucho tiempo que no había disfrutado como este día, luego apretándose más a mí si cabe me susurró…

--- Para ser un día completo, solo me falta una cosa.

Lo dijo a la vez que guiñaba un ojo a su amiga que nos miraba desde bajo, sentada como estaba.

La chica paso su mano por bajo de mi americana sobre mi pecho, lo recorrió con el dedo índice, despacio deteniéndose a cada momento, sobre todo al tocar mis tetillas, en mis costillas notaba como sus pechos se acoplaban bajo mi brazo, poco a poco se iba  colocando frente a mí, amparada por las apreturas me rodeo con sus brazos y juntando sus manos en mi espalda se pegó literalmente a mi pecho, sus tetas presionaban mi cuerpo, cuando empecé a darme cuenta de la situación mi polla empezó a despertar, no tardo en aparecer un bulto en mi bragueta, la chica mi miraba directamente a los ojos, era de mi misma altura y parecía estudiar mis reacciones.

De momento note como me apretaba la polla, por un momento la confusión no me permitió darme cuenta de que con las manos cruzadas en mi espalda era imposible coger mi polla tan directamente por lo que deduje que su amiga al verla tan pegada a mí no quería perderse la fiesta.

Cuando me asomé por encima del hombro de la chica pegada a mí vi como me sonreía su amiga desde el asiento, en efecto su mano se perdía entre nosotros y se había cogido a mi polla como si fuera la barra del metro.

La chica abrazada frotaba su cuerpo con cada vaivén del metro, sus tetas se paseaban frente a mí, notaba claramente las copas del sujetador en mi piel, al presionar se llenaban hasta el punto de parecer que se iban a salir, su cintura se pegaba a la mía, era como un baile cadencioso en el que nadie se percataba excepto su amiga.

Ya tenía yo la polla dura como un palo, cuando noté como la cremallera se bajaba y una mano entraba buscando bajo mi slip, sentí un alivio cuando me cogió el tronco y no sin dificultad la puso en posición vertical, así me llegaba bajo el cinturón, después de bajar y subir la mano un par de veces  sobre el tronco en un leve movimiento la sacó al exterior, note en mi capullo el roce de la falda de mi pareja.

La chica pegada a mí noto bajo su falda la presión de mi falo, y se apretó contra mi pecho apoyando su cabeza en mi hombro, yo solté una mano de la barra y la pasé por la espalda de la chica, su leve blusa me indicó donde estaba el cierre del sujetador, con dos dedos simplemente hice de pinza y lo solté, sobre mi pecho noté como me golpeaban los dos pechos a la vez, ahora libres se salieron de las copas que se deslizó más abajo y me hicieron notar el calor y la suavidad de unas tetas tan generosas.

La chica sentada con su mano entre las piernas de los dos, manejaba mi polla ágilmente, la masajeaba con lentitud, pero haciéndonos notar a los dos unas sensaciones, a mí hinchándome las venas de la polla y de paso la paseaban entre las piernas de mi pareja haciéndole separar las piernas y acoger entre ellas mi glande ya morado.

Con la cabeza sobre mi hombro, me susurró al oído…

--- Nos gustaría agradecerte un poco más el detalle que has tenido con nosotras, si quieres en la próxima parada nosotras nos apeamos, te invitamos a una copa en casa.

Me lo dijo con una voz tan melosa que un escalofrío recorrió mi espalda, su amiga como confirmación me apretó los huevos suavemente.

Se cruzó los brazos por delante mientras nos abríamos paso hasta la puerta para no restregar las tetas con todos los viajeros, su amiga previamente me había guardado la polla y había subido la cremallera, aún así al llevarla fuera del slip, el bulto lo incrustaba entre las nalgas de la chica que abría paso.

Tras un último esfuerzo cuando paró el vagón salimos como un corcho de botella de champagne, ya en el andén intentamos recomponer nuestras ropas, una se volvió a abrocharse el sujetador, la otra sacó una toallita húmeda y se limpió la mano de líquido pre seminal.

Ya en la calle soplaba una brisa bastante fresca, ya estábamos en una zona residencial, con altas fincas a los lados, por la acera íbamos los tres cogidos, yo les había pasado mis brazos sobre los hombros de ambas chicas, al estar bastante pegados mis manos colgaban  y rozaban las tetas sin ningún disimulo, note como ellas no le daban importancia lo que me animó a dar un paso más, primero me presenté…

--- Bien creo que ya es hora de que me conozcáis, me llamo Daniel, tengo 25 años y estoy estudiando Económicas  y acabo de romper con mi novia de siempre.

A la vez que incidía sobre esta última frase, les cogí una teta y la apreté de una forma inequívoca donde estaba seguro que tenían los pezones.

Ellas como toda contestación se volvieron hacia mí y me dieron un beso en cada mejilla…

--- Pues nosotras somos amigas desde siempre, Marta que la viste sentada, está divorciada, tiene una hija de tu edad, y es unos años mayor que tú, los justos, yo me llamo Berta y estoy casada, soy un pelín más joven que Marta, pero con los mismos gustos.

Dicho esto Marta dijo mientras ponía la mano sobre mi bragueta…

Bueno, yo ya conozco a tu “amigo”, me he presentado yo misma, pero Berta aún no lo conoce, espero que no se lo ocultes.

Se rieron las dos con ganas hasta que me contagiaron sus carcajadas y reímos los tres en la calle desierta.

Berta de momento se paró y sacando el móvil de su bolso dijo…

--- Casi me olvido, voy a llamar a Juan, mi marido… - hola Juan como estas? - yo bien, lo estamos  pasando genial - si, ya te contaré con tranquilidad – he pensado que como ya es tarde me voy a quedar en casa de Marta a dormir – si yo también, también tengo ganas de follar, más que tú – ya te compensaré mañana debidamente – un beso – hasta mañana.

--- Solucionado, Juan me estaba esperando, pero ya lo veré mañana.

Diciendo esto guardó el móvil y se apretó contra mí, poniéndome mi brazo sobre su hombro como antes.

Cuando entramos en el patio de Marta, Berta corrió hasta el ascensor y cuando llegamos nosotros ya estaban las puertas abiertas, entró primero Marta luego yo, Berta esperó a que las puertas se cerraran para cogerme la entrepierna y decirle a Marta…

--- Estoy impaciente de conocer al amigo de Daniel, las dos se echaron a reír.

Cuando entramos en el piso de Marta me gustó el olor a flores que llenaba la estancia, estaba decorado con mucho gusto y cuando llegamos al saló me invitaron a sentarme en un sofá en ángulo.

A cada lado se sentaron las dos chicas, sentadas de lado con las piernas plegadas sobre el asiento me quitaron la chaqueta entre las dos, luego la dejaron a un lado y se pegaron a mí, llevaban todavía la ropa de calle por lo que no se podían mover con holgura, en cuanto se dieron cuenta se despojaron de las prendas que les molestaban, Marta se quedó con una camisa y Berta con una blusa holgada, inmediatamente se pegaron otra vez contra mí, Marta, sabedora ya del sitio, me desabrochó el cinturón, mientras Berta me subía mi camisa sin siquiera desabrocharla, en un momento me quedé solo con el bóxer, de él sobresalía un bulto inequívoco de la erección que llevaba.

Mis manos ante la ventaja que llevaban las chicas se apresuraron a soltarles los broches de sus sujetadores aprovechando lo cerca que estaban de mí, sus tetas saltaron bajo las prendas, Marta tenía menos cantidad pero en dureza aventajaba a Berta, cuando abrí la camisa de Marta, no había acabado de desabrochar todos los botones de la camisa cuando una teta se dejó caer sobre mi mano abierta, estaba dura, redonda por debajo y con un pezón en punta, la areola no era muy grande pero era oscura, con la otra mano subí la blusa hasta sacarla de la falda, cuando iba saliendo presionaron sus tetas dentro de la prenda hasta que por la gravedad salieron y cayeron las dos fuera, eran de una talla considerable, con unos pezones pequeños pero las areolas grandes y rosadas.

Marta se bajó del sofá y se quitó los zapatos, me separó las piernas y se colocó entre ellas, simplemente cogió el bóxer de la cintura y lo bajó sin apenas darme tiempo a levantar el culo para facilitar la salida, cuando mi polla saltó frente a ella la cogió y se la enseño a Berta, le hizo una verdadera presentación, separó la piel tirando de ella dejando mi grande rojo sangre a la vista, luego lo puso de perfil para que apreciara toda su longitud y levantándome los huevos los apretó dejándoles salir entre sus dedos.

Berta tomo buena nota de lo que tenía delante, mientras Marta lo sostenía recto al techo Berta acerco su boca, su lengua lamió delicadamente el glande en su redondez y luego recorrió hasta la base lamiéndome los huevos, al volver, solo fue directamente al glande y abriendo los labios lo absorbió hasta hacerlo desaparecer.

Cuando Berta se hizo cargo de mi polla, Marta se puso de pié y soltándose la falda la dejó caer al suelo, ante mi vi en primer plano dos piernas torneadas, con unas medias que presionaban los muslos y entre ellos unas braguitas exiguas que escondían un bulto acolchado que daban a imaginar una mata de vello muy bien depilado.

Mis manos pasando sobre el cuerpo de Berta fueron al encuentro de las caderas de Marta, estas nacían a continuación de una cintura bastante fina, me gusto comprobar que no tenía ningún rastro de grasa, bajo el par de tetas un estomago y un vientre bien moldeado hacían que el bubis pareciera abultado, me pareció que cuidaba mucho su figura, quizá en gimnasio.

La cabeza de Berta subía y bajaba, bajo mis brazos extendidos hacia Marta, al tener las piernas abiertas la pude acercar contra mí hasta que a la vez que pasaba las manos por detrás de sus caderas atrapándole las nalgas hacían llegar las dos tetas al alcance de mi boca.

Aspiré sobre una de ellas hasta que todo el pezón quedó en mi paladar, ella me acariciaba el pelo de la cabeza, entre los dos Berta seguía en su buen hacer de comerme la polla.

Marta suspiraba a cada lametón que aplicaba en su teta, miraba al techo concentrada en el placer que recibía, con las dos manso en sus nalgas fui bajando las braguitas hasta que aflojándose en las rodillas, las dejó caer levantando una pierna, efectivamente un triangulo apenas velloso, intentaba ocultar malamente unos labios que sin ser carnosos, dejaban a la vista un clítoris moreno, su piel rugosa brillaba entre los labios que desaparecían entre sus piernas.

Berta estaba empeñada en dejarme la polla brillante de saliva, me preocupaba la insistencia en comerme la polla, no podría resistir mucho tiempo a este ritmo.

Tuve que desistir de seguir chupando las tetas de Marta para dedicarme a Berta, pasé la mano por su espalda, estaba de rodillas sobre el asiento e inclinada sobre mí, mi mano siguió su columna vertebral, hasta pasar sobre los dos hoyuelos en su cadera, siguió entre sus nalgas, no intenté abarcarlas, simplemente pasó entre ellas, tenía mojado el culo, le solté la falda desde el lado y seguí hasta llegar a lo que en principio creí que era un bikini, pero era un minúsculo tanga, entre sus nalgas desaparecía un hilo que solo noté al rozar el agujero áspero del ano, ella dio una encogida, pero haciéndolo a un lado seguí hasta notar la humedad de sus labios menores, los tenía bastante desarrollados, pero no por eso ocultaban la entrada de la vagina mojada.

Cuando noto como un dedo pugnaba por entrar en su húmedo agujero levantó la cabeza y soltó mi polla, tenía el pintalabios corrido, lo que le daba una graciosa apariencia a la vez de viciosa, me miró y acerco sus tetas a mi cara, yo de lado incrusté mi cara entre los dos pechos, no veía nada entre ellos, hasta que Berta cogiendo uno de ellos lo apretó e hizo salir el pezón para metérmelo en la boca, se abrazó a mi cuello para sentir como chupaba con avidez de su teta, tenía la boca llena de carne tierna y suave, con la lengua rozaba la rugosidad del pezón y hacía salir duro el botón.

Marta no perdía el tiempo, mientras yo me dedicaba a las tetas de Berta ella se dio la vuelta y de espaldas a mí se fue colocando sobre mis piernas, ella abrió las suyas y se dejó caer hasta que cogiéndome la polla entre sus piernas la enceró entre sus labios, remojó el glande con los jugos que manaba su vagina y cuando lo tuvo a su gusto se dejó caer lentamente, no descansó hasta tener toda su vagina llena de mí.

Su espalda arqueada hacia delante brillaba de sudor, yo admiraba la figura de guitarra que semejaba sus caderas y que no dejaban de subir y bajar apoyada en mis piernas.

Berta se quitó la falda y se quedó solamente con el liviano tanga el triángulo delantero apenas llegaba a cubrir el monte de Venus, al parecer era menos voluminoso, pero al fijarme era con motivo de que estaba totalmente depilado, entre sus labios hinchados no se apreciaba el clítoris, mi mano pasó entre sus piernas y dejando a un lado el triángulo fue partiendo en dos este coño mofletudo, pegado en cada ingle se quedaba un labio mojado en el interior, entonces fue cuando el clítoris hizo su aparición estaba plegado, apenas reconocible escondido en su piel protectora, pero al roce de mi dedos fue apareciendo como desperezándose hasta salir, brillando y abultando tanto o más que el de Marta.

Se puso de pié sobre el asiento, puso una pierna sobre el respaldo por detrás de mí y me ofreció justo frente a mi boca el coño depilado, al abrirse como una flor por la postura, mi lengua fue directamente al clítoris recién renacido, no pudo reprimir un escalofrío al notar mi lengua, ésta recorrió hacia atrás separando y repasando cada uno de sus pliegues, sus labios caían muy desarrollados, rugosos y oscuros, los atrapé con mi boca, con los dientes apenas los pellizque estirándolos, un hilillo de flujo se resbaló hasta mi lengua, estaba sabroso, por lo que pasé la lengua dentro de su vagina para absorber lo que pudiera.

Berta separó las piernas sentándose directamente en el respaldo y abrió los muslos tanto como pudo, yo me giré lo suficiente para poder comer ese coño tan sabroso mientras que Marta al no tener impedimentos se había dado la vuelta y me cabalgaba de cara a mí, sus tetas saltaban rozándome el pecho, tenía la habilidad de saltar lo suficiente para sacarse la polla justo hasta la punta, para después caer de golpe clavándose mi falo hasta el útero, por mis huevos corrían los flujos de Marta, estaba muy excitada y gemía cada vez que se dejaba caer, los suspiros de Berta se unían a los de Marta, cuando Marta estaba cansada de saltar, se levantó y me tumbó en el sofá, Berta vio la ocasión para sentarse  sobre mi polla dejándose caer, Marta se sentó sobre mi cara, casi me atraganto al llenar de flujos mi boca, sus muslos y nalgas mojadas rodearon mis mejillas.

Las dos chicas se abrazaron mientras que yo procuraba darles el máximo de placer, gritaban que querían correrse sobre mí, Marta se justificaba que hacía mucho tiempo que no follaba con ningún hombre y Berta que su marido Juan no aguantaba tanto como yo, quizá ellas mismas se convencieron y cuando el rostro de una se desencajo de placer la otra empezó a temblar, el orgasmo llegó a la vez, las dos se corrieron sobre mí, unos ríos de flujo cayeron sobre mi cara, apenas podía tragar, mientras que a lo largo de mi polla se escurría una masa de espuma hasta inundar mis huevos.

Yo quizá porque estaba tan pendiente de darles placer a las dos no me podía concentrar en correrme, cuando se abrazaron sobre mí entre convulsiones se dejaron caer a lo largo del sofá.

Mientras se reponían, estuve manteniendo mi polla pajeándola lentamente, estuve deleitándome viendo los cuerpos tan bien conservados, Marta aunque decía ser mayor era más delgada y parecía más joven de la edad que insinuaba tener, Berta más rellenita, aparentaba tener cuarenta y alguno, por lo que deduje que Marta estaría cerca de los cincuenta.

Cuando empezaron a moverse perezosamente, me senté al lado de Berta, tenía una pierna levantada y se veía su sexo brillar, con cuidado le separé las rodillas, el coño, enrojecido por  el rozamiento y mojado dejaba un reguero de espuma que desaparecía entre las nalgas, mis manos palpando las nalgas fueron separándolas hasta hacer visible el agujero apretado del ano, estaba completamente mojado, le pasé un dedo alrededor y se encogió al tacto, Berta me miró lánguidamente y me dijo…

--- No por favor, Daniel por ahí no, mi marido lo ha probado alguna vez pero no lo resisto.

--- Bueno, pues me correré dentro de tu coño.

--- Aun no te has corrido? Yo creí que lo habías hecho con Marta!

--- No, me gustaría correrme en tu coño.

--- No puede ser, no tenemos protección, aún soy fértil, y estoy en los días más delicados.

Marta me dijo…

--- Si no te importa te puedes correr dentro de mí, yo no tengo peligro.

--- Podemos hacer una cosa, me quiero correr dentro de las dos, y lo quiero hacer en vuestro culo.

Marta se volvió de espaldas y me dijo…

--- Por mí no hay problema, ya lo he hecho alguna vez aunque hace mucho.

---Pero yo quiero a las dos, Berta tiene un culo muy excitante, si me ayudas, lo haremos sin hacerle daño.

--- Berta miró con recelo a Marta, no creía que lo iba a hacer, pero  cuando le sonrió no le cupo ninguna duda, su amiga me ayudaría a metérsela por el culo.

Intento convencerla de todas las formas, le explicó todas las posiciones y los trucos, pero ella no cedía, al fin acordaron que se la metería primero a Marta y Berta estaría mirando y ayudando para luego hacerlo ella.

Marta corrió a su habitación, cuando vino llevaba un tarro de crema en una mano y un consolador fino, sin duda tenía varios juguetes para su consumo.

Berta abrió los ojos sorprendida, no conocía esta faceta de su amiga, cuando se lo dio para que lo comprobara no se podía creer que se lo pudiera meter por el culo, tenía una forma de huso con una parte más ancha para que se quedara pegada fuera.

Marta sin pensárselo se puso de rodillas sobre el asiento del sofá y el respaldo, me dio el tarro de crema y me animó a untarla, no tarde el llenarle el ano de crema, con una dedo relajé el esfínter lo suficiente para poder ir metiéndole el plug de látex, Berta a mi lado no se perdía detalle, incrédula le hice presionar poco a poco para que notara como entraba con facilidad, no tuvo más remedio que reconocer la facilidad en que entraba ayudado por la crema.

Cuando el tope impidió que entrara más Marta se puso de pié y empezó a andar por el salón, no le molestaba nada, nos dijo confidencialmente que muchos días iba a pasear con el dildo dentro.

Cuando miramos fijamente a Berta comprendió que había llegado su momento, no obstante buscó todas las excusas posibles, pero ante la promesa de que pararíamos cuando ella quisiese se puso en posición.

Para darle más confianza fue Marta la encargada de repartir generosamente la crema por el ano de Berta, al principio se encogía evitándolo, pero cuando se confió, casi no hizo ningún gesto al notar como el delgado dedo de Marta entraba hasta la primera falange, eso animó a Marta a seguir metiendo el dedo hasta que no pudo más, Berta se volvió y pregunto cuándo se lo iba a meter todo, Marta ya no tuvo dudas, lo volvió a sacar y lo acompaño con el otro dedo, Berta se movía para facilitar la penetración, yo tenía en las manos el dildo para calentarlo a la temperatura normal.

Cuando Marta me miró dándome la señal le abrí las nalgas lo suficiente para que Marta apoyara el juguete de látex y lo fuera empujando hasta que entró la primera protuberancia, esperábamos expectantes la reacción de Berta, pero nos quedamos asombrados, la chica no solo no se quejó sino que culeaba para que entrara más hondo, al siguiente empujón entró el resto, solo se escuchó un suspiro lastimoso,  para asegurarse pasó la mano  entre sus piernas para tocar el aparato clavado en su culo, luego nos sonrió victoriosa.

Marta le fue metiendo y sacando el juguete, como si la follara, la chica lo agradecía, incluso la animaba para que le metiera más, Marta me cogió la polla y me la fue acariciando poniéndomela dura, cuando estuvo a su gusto me acercó, me cubrió de crema y cuando sacó rápidamente el dildo me apoyo contra el culo de Berta y cogiéndola de las caderas presioné lo suficiente para que entrara el glande, Marta naturalmente notó la diferencia pero ya era tarde para quejarse, suspiro lentamente y cuando se acostumbró al nuevo diámetro me dijo…

--- Adelante Daniel, métela toda, fóllame el culo.

Yo pase las manos  bajo los brazos de la chica y le cogí las tetas, con los pezones entre los dedos, empujé lo suficiente para que entrara el tronco de mi polla hasta que Marta viendo que faltaba apenas tres centímetros me empujó desde detrás y me clavó hasta los huevos.

Berta gritó un poco, creo de manera muy poco convincente, pues a continuación nos dijo…

--- Gracias a los dos, pero ahora no te pares, métela hasta partirme el culo.

Marta estaba a mi lado, con su mano pasada por bajo de Berta estaba acariciando su clítoris y abriendo sus labios para que salieran grandes cantidades de jugos, le provocó un orgasmo incontrolable.

No lo dudé, la saqué y la metí cada vez más rápido, apenas la dejaba moverse, y mis huevos chocaban en sus nalgas, cuando noté como mis huevos estaban preparados me moví desesperadamente, lamenté no tener una polla más grande para llenarla de carne. Cuando empecé a escupir leche ella chillaba de gusto, diciendo que la llenara hasta la garganta.

Cuando caí rendido sobre su espalda, esperé a que se ablandara la polla, Marta estuvo esperando y cuando salió la metió en la boca, simplemente la lamió hasta dejarla limpia de líquidos.

Estábamos agotados, a nadie le pareció mal cuando Marta se excusó y se fue a su habitación, cuando volvió nos anunció que la cama estaba preparada y que nos convenía descansar un rato.

Cuando Berta se levantó del sofá, me acomodé para dormir un poco, al momento vino Marta y me dijo…

--- Que haces aquí? Te estamos esperando.

La habitación era espaciosa, me sorprendió el tamaño de la cama, era más ancha de lo habitual, Berta ya estaba acostada, yo me fui a un lado, pero Marta me dijo que ocupara yo el centro, ella se acostó al otro lado.

No tardamos en acoplarnos, Marta estaba boca arriba, su cuerpo menudo apenas abultaba bajo la sabana, solo destacaban sus tetas, yo me puse de lado mirando a Marta, mientras Berta detrás de mí se pegaba a mi espalda.

Los ojos se nos cerraron pronto, pasé mi mano sobre el estomago de Marta, su respirar y los latidos de su corazón era como un ronroneo para mí.

Detrás de mí notaba los pechos hinchados de Berta como dos almohadones, era ya bastante tarde cuando nos dormimos.

No tenía ni idea de la hora que era cuando me desperté y me escurrí por los pies de la cama y me fui directo al baño, con la cena tan abundante y las copas siguientes estaba a reventar, cuando volví las dos damas estaban boca arriba durmiendo, me deslicé entre ellas y volví a mi puesto, estuve un rato pensando todo lo que me había pasado este sábado, de lo mal que había empezado y lo bien que había terminado.

Al mirar a un lado y a otro no dejaba de admirar a las dos mujeres hermosas, durmiendo como estaban seguían tan bellas como unas horas antes, aún con el pelo desordenado y con el maquillaje estropeado.

Mi mano se deslizó por el costado de Marta, su cintura fina daba paso a unas caderas armoniosas, inevitablemente subió por su muslo, entre ellos note el calor que subía, sus labios mojados aún me atraían y mis dedos se entretuvieron en jugar con ellos, Marta inconscientemente separó las piernas, un aroma a hembra ardiente me llegó a la nariz llenándome los sentidos.

Como pude, para no despertarlas me incorporé y me puse al revés, con la cabeza en los pies, cuando la tuve a la altura del coño de Marta le di un beso, fue muy suave, pero parece que ella lo noto porque aún separó los muslos un poco más, fue como una invitación a que siguiera, poco a poco fui poniéndome sobre ella y con las manos le separé las rodillas aprovechando el hueco que yo había dejado.

Según mi lengua iba explorando en los labios dormidos de la chica ella acusaba mis caricias removiéndose en las sabanas, cuando mi lengua se centró en el clítoris que me provocaba, ella entre sueños notó mi cercanía, solo alargó la mano para encontrar mi polla colgando sobre ella.

Aunque estaba dura todavía aumentó en tamaño y grosor cuando noté como acercaba su boca y abriendo los labios la introducía, luego aspiraba haciéndole colarse hasta más de la mitad, después encogió las rodillas para que mi cabeza se incrustara entre sus muslos.

Sus manos rodearon mi cintura y tiraron de mí, creo que lo que quedaba de mi polla la engulló de golpe, sus labios rozaban mis huevos que caían sobre su nariz, con sus manos en mis caderas me daba unos movimientos que hacían que entrara y saliera, yo con mis codos apoyados lamía y chupaba los labios, ingle y muslos, no sé quien notó antes la proximidad de nuestros respectivos orgasmos, pero al unísono cambiamos de postura, simplemente ella subió sus piernas sobre su cuerpo y yo me coloqué detrás de sus nalgas encarando mi polla a su vagina, ella alzó los brazos invitándome a llegar a ella y nada más dejándome caer, fui entrando suavemente casi sin rozar en sus labios hasta que noté el cuello del útero, ella me lo confirmó con un largo suspiro, sus tetas bajo de mi brillaban de sudor cuando yo me dejaba caer sobre ella y volvía a subir.

A nuestro lado Berta dormía plácidamente, su cuerpo oscilaba al compás de nuestros movimientos, parecía una hoja meciéndose en el mar.

Por la ventana ya entraba la luz de la mañana del domingo iluminando nuestros cuerpos hambrientos de sexo.

Poco a poco nuestros cuerpos aceleraron sus movimientos, queríamos coordinar nuestros orgasmos, y tanto empeño le pusimos que al final lo conseguimos, quizá fue porque me susurró al oído…

--- Daniel me voy a correr, por favor, no te salgas, córrete dentro de mí, necesito sentirme llena de semen.

Me dejé caer sobre ella cuando los primeros chorros salían de mi glande morado, ella con sus contracciones los recibía sedienta.

Los gemidos de Marta y mis gruñidos despertaron a Berta, con los ojos aún entornados por el sueño nos miró y pasando su mano por mi espalda nos sonrió satisfecha, luego se levanto y nos dejó solos mientras se iba a duchar.

Quedamos desnudos uno junto al otro, nuestros cuerpos sudados y agotados querían recuperarse del éxtasis.

Tal vez por eso no nos dimos cuenta de que la puerta de la calle se cerraba en estos momentos, casi a continuación una cabeza de mujer asomaba por la puerta de la habitación.

No sé quien se sorprendió más, pero las dos gritaron.

--- Mamá por dios, que haces?

--- Julia, hija, y tú qué quieres a estas horas de un domingo?

Las dos se quedaron con los ojos como platos, pero no fue nada para lo que dijo después…

--- Y tú, no eres Daniel?, vaya lo último que me esperaba.

Mi cabeza empezó a volar, no sabía cómo me conocía aquella chica, pero sin duda lo hacía y bien, Marta me miró sin comprender, yo le miré de la misma forma, al fin parece que la hija recobró la cordura…

--- Mamá nunca me he metido en tu vida, pero lo de hoy… Te encuentro en la cama con Daniel, que tiene mi edad, no me lo habría imaginado nunca.

--- Y tú de que conoces a Daniel? Me lo puedes decir?

--- Eso –dije yo.

--- No te acuerdas Daniel?, soy amiga de tu novia, trabajo con ella, anda y tápate la polla.

Yo me miré el falo, con la sorpresa no me había tapado, y aunque no estaba duro, estaba bastante grueso sobre mi muslo, no acertaba a cubrirme pensando en que conocía a mi novia, menudo lio.

Ninguno de los tres se había movido ni un milímetro, estábamos en shock, pero salimos del trance de forma violenta cuando entró en la habitación Berta, iba desnuda completamente, solamente con una toalla liada a la cabeza, con las manos se secaba el pelo, las tetas se balanceaban al andar, cuando vio a Julia no acertaba a taparse las tetas, el coño o ambas cosa, soltando la toalla que cayó al suelo.

La situación era tan impactante que nos quedamos callados los cuatro hasta estallar en una carcajada múltiple.

Al fin recobramos la cordura y Marta explicó a su hija como nos habíamos conocido, yo aprovechando la calma momentánea me deslicé entre las mujeres y me metí en la ducha, cuando salí se estaban riendo las tres y me miraron burlonas.

Me vestí rápido y mirando el reloj me excusé por la hora y me despedí de las mujeres, tanto Marta como Berta se levantaron desnudas como estaban y me abrazaron a la vez, era una gozada verlas apretándome contra sus cuerpos ardientes frente a Julia.

Cuando ya salía por la puerta oí como me llamaba Julia…

--- Daniel, espera un momento, me voy contigo, me gustaría oír tu versión.

Me hundí literalmente, ahora me aplicaría el tercer grado de preguntas para luego contárselo a mi novia, estaba acabado.

Cuando andábamos por la acera, pulsó el mando del coche, a lo lejos se encendieron las luces y un pitido nos indicó donde estaba aparcado.

Me invitó a subir, lo hice como un corderito, ella con mucha seguridad arrancó el coche y me preguntó donde vivía, le dije que prefería primero desayunar algo, tenía la esperanza de que me dejara pronto.

Al pasar por una cafetería aparcó el coche y salimos.

Hacía una mañana espléndida, apetecía caminar por un parque, pero yo estaba deseando irme a casa solo.

Sentados en una mesa en la terraza del bar pedimos el desayuno, yo mucho más abundante, me lo había merecido, Julia se conformó con un café con leche y una pasta, mientras yo devoraba mi desayuno Julia me miraba esperando que comenzara mi alegato.

Empecé contándole lo fría que era mi novia, los desplantes que me hacía y la poca química que existía entre nosotros ya.

Ella intentaba defenderla, no acababa de creerme, la conocía lo bastante para dudar de mi versión, pero pareció contentarse.

Cuando terminamos, aboné las consumiciones y salimos, hice mención de irme paseando, pero ella me cogió del brazo y me dijo…

--- Espera un momento, no te voy a dejar aquí, te llevo a casa.

Agaché la cabeza y me resigné, sentí como había girado el destino.

Cuando llegamos a casa, no habíamos cruzado una palabra, salí del coche sin volverme atrás, cuando abrí la puerta, note como me cogía del brazo y pasaba Julia delante de mí…

--- No te voy a dejar solo viéndote tan decaído, te acompañaré un rato si me lo permites.

No tuve fuerza para negarme, le indiqué con la mano para que pasara al salón, lo hizo y me senté a su lado, a partir de ese momento solo intenté justificar mi acto de esa noche, ella la verdad no me culpaba de nada, simplemente quería saber que me había pasado.

Al rato sonó mi teléfono, era mi novia, estaba llorando, me decía que la perdonara, puse el altavoz para que Julia la escuchara, dijo que ya sabía que no le gustaba el sexo, que trataría de cambiar, pero no lo podía evitar, que le llamara, solo le contesté que ya lo haría más adelante.

Cuando a medio día creí haber dicho todo lo que podía decir a mi favor, esperaba que Julia se despidiera y me fui a mi habitación un momento con la excusa de cambiarme.

Cuando salí en el salón ya no estaba Julia, sentí un alivio tremendo, me daban ganas de bailar.

Pero cuando oí un ruido en la cocina me quedé helado, no me atrevía a entrar a averiguar de dónde salía el ruido.

Cuando lo hice, entré despacio, me esperaba cualquier cosa menos lo que vi.

De espaldas a mi estaba Julia, estaba inclinada sobre el horno de la cocina, parecía manejar con las bandejas, pero lo que me dejó más impactado fue la escena.

Julia estaba agachada, de espaldas a mí, se había puesto un delantal que encontró colgado, pero lo más impactante era que debajo del delantal no llevaba absolutamente nada.

Cuando noto mi presencia detrás de ella se volvió como pillada, se levanto y la vi frente a mí.

El delantal que llevaba era un regalo en una despedida de solteros, tenía impreso una silueta de mujer desnuda, las tetas elevadas y entre las piernas una leve sombra que indicaba el coño, lo más curioso que detrás de él Julia seguía las líneas de las tetas del delantal asomando por los laterales las curvas y medio pezón, las caderas cumplimentaban lo que faltaba en el delantal y los muslos seguían por bajo de él con el mismo perfil.

Se encogió de hombros y me dijo…

Solo he encontrado una pizza, no tardará nada.

Al mismo tiempo bajo la mirada al pantalón de chándal que me había puesto, su cara se iluminó al ver como mi polla se iba levantando bajo la holgada prenda.

Como un robot salí de la cocina, en el sofá estaba el móvil de Julia, estaba encendido, en la pantalla estaba un mensaje, al pasar a su lado me fijé en lo que decía, era de su madre…

--- Julia cariño, hazme caso fóllatelo, es una maravilla.

Cuando volví a la cocina estaba poniendo la pizza dentro del horno, me acerqué por detrás, cuando estaba a unos centímetros me bajé el pantalón, mi polla saltó libre de obstáculos, cuando me pegué al culo de Julia resbaló por entre las nalgas redondas hasta llegar a los labios del coño, mis manos pasaron bajo sus brazos hasta alcanzar las tetas que colgaban generosas, aunque su madre las tenía duras y tersas no tenían nada que ver con las de Julia, su piel brillaba de tirantes, estaban duras, llenas y terminaban en punta con unos pezones que abarcaban casi la mitad del pecho, cuando se levantó y las pude coger las dos a la vez las subí lentamente juntas, no las podía recoger con las dos manos, mi polla quedaba atrapada entre los muslos sintiendo el calor del sexo ya húmedo.

Solté la cinta que sujetaba el delantal, primero por el cuello y cayó el peto, las tetas quedaron sueltas, los pezones separados miraban un poco  a los lados, pero un impresionante canalillo indicaba su nacimiento. Cuando solté la cintura, cayó el resto, pasé loa brazos por su vientre la atraje hacia mí y sentí como mi polla aparecía por delante de ella resbalando entre sus labios, su cabeza cayo ladeada sobre mi hombro.

En el glande notaba unos leves pinchazos de los pelitos del pubis, los llevaba muy recortados pero lo suficiente largos para señalar donde empezaban los labios, cada vez que yo empujaba desde detrás el glande separaba la raja y salía rozando el monte de Venus.

Cuando la fui acercando hacia el banco de la cocina Julia se apoyó con las manos, yo me agache y fui lamiendo su espalda hasta llegar al culo, ella simplemente abrió las piernas sacando el culo hacia fuera, unos labios carnosos aparecieron entre sus muslos, eran morenos, marcaban donde no hacía mucho estaba cubierto de vello, ahora unas protuberancias rugosas y rosadas en su interior señalaban la entrada de la vagina, mi lengua la recorrió profusamente, la iba abriendo al  pasar y los pliegues vibraban a cada pulsación.

Julia apoyó la cabeza en el banco, a la vez arqueaba más su cintura y elevaba sus nalgas, ahora ya llegaba hasta el clítoris, al llegar a él se cogió las tetas estirándose los pezones, estaban colgando bajo su pecho, brillaban con la piel tersa, cuando ya temblaba de placer le dije que subiera al banco y en el ángulo del rincón se apoyó en la pared, poniendo una pierna a cada lado, el coño todo abierto recibió primero mi lengua, ya lo recorría en toda su extensión, pero pronto me pidió más y tirando de mi cabeza me hizo levantarme, al tener mi polla a la altura de su coño me rodeo la cintura con las piernas y se metió ella sola mi polla hasta dentro del coño, yo con coger sus tetas tuve bastante.

Estaba a punto de correrse, solo decía palabras incomprensibles, cuando los espasmos presionaban mi polla bombeando apenas le entendí cuando dijo gritando…

--- Gracias mamá, tenías razón.

Fue un orgasmo fulminante de corta duración pero intenso, yo estaba cansado de la postura intentando llegar a ella sobre el banco de la cocina, así pues cuando se recobró del éxtasis, la cogí por las nalgas y la levanté como pude, ella me ayudó cogiéndose de mi cuello y rodeándome con sus piernas, a duras penas la lleve en volandas al salón, la dejé sobre el sofá, me di cuenta que Julia era muchos más corpulenta que su madre, era más alta, tenía más cuerpo y pesaba más.

Caí rendido en el sofá, Julia cuando se recuperó se arrodillo frente a mí, me separó las rodillas y buscó sin dificultad mi polla, la levantó con cuidado y después de unos lametones la puso otra vez dura.

No había chupado más de diez veces cuando sonó el teléfono que estaba a su lado, lo cogió y con el rabillo del ojo miró quien le llamaba, sin sacar mi polla de su boca, hizo un gesto de fastidio, me enseñó la pantalla, era su madre, le hice una seña que contestara, lo hizo.

Su madre pregunto cómo estaba y qué hacía y si le había contado algo, Julia le contestaba con monosílabos, yo le oía como le iba preguntando, hasta que Julia dándose cuenta, pulso el botón de altavoz, ahora se oía a la perfección a su madre, le hizo una cascada de preguntas, la hija le contestaba cuando se sacaba la polla de la boca, su madre notó algo raro en su voz…

--- Ya estás en casa?

--- No, todavía no.

--- Te noto rara, que haces ahora?

--- Estoy comiendo.

--- Ah, ya has estado en casa de Daniel?

--- Si.

--- Has visto el mensaje que te he enviado?

---  Si.

--- Y que te parece?

--- Bien, estoy en ello.

--- Como? Que quieres decir con que estás en ello?

--- Que te he hecho caso.

--- Cuando?

--- Ahora.

--- Me quieres decir que estas ahora con Daniel?

--- Si, está justo delante de mí.

--- No me dirás que estáis follando!

--- No, estoy comiendo, ya te lo he dicho, comiéndole la polla.

--- Diosss, cuéntame y con detalle, que habéis hecho?

--- Pues de momento me ha follado en la cocina, he tenido un orgasmo brutal.

--- Que barbaridad, y cuéntame lo que te ha dicho.

--- Me ha contado la historia de su novia, luego su novia le  ha llamado y me ha acabado de convencer su versión, por lo que no he podido resistir más y hemos terminado follando.

--- Me alegro, como te he dicho es un chico estupendo y folla muy bien.

--- Si, en eso te doy toda la razón y tiene una polla deliciosa, casi no me cabe en la boca y eso que la tengo grande, le estoy chupando hasta los huevos, está a punto de correrse en mi garganta.

--- Que gusto, me gustaría estar contigo, entre las dos le íbamos a subir al cielo.

--- Seguro que si, por mi parte lo voy a intentar.

--- Yo he quedado encantada y Berta también.

--- Me ha sorprendido Berta, no lo esperaba.

--- Si, no la conoces, cuando os habéis marchado me ha propuesto que salgamos a cenar con su marido y luego un cuarteto, le he dicho que lo pensaré, pero después de hacer un trío contigo.

--- Me encanta, gracias por pensar en mí, ahora le estoy haciendo una paja con las tetas, está a punto de eyacular.

--- Yo quise hacerlo pero no tengo tantas como tú, pero me la metió por el culo, me llenó de leche.

--- El capullo le desaparece entre mis tetas y cuando sale se lo chupo, está muy morado, la boquita balbucea como la de un pez.

--- Procura que se corra en tu boca, saborea su semen, te encantará.

……………………………………..

--- Ya sale mamá, uf, el primer chorro me ha caído en el pelo, no lo esperaba, después he podido recoger con los labios alguno más, pero las tetas las tengo llenas, es increíble cantidad de leche que ha salido.

--- Alucino, después de las corridas que llevamos desde anoche, como se recupera!. A mí me inundó y a Berta también.

--- Mmm, mamá ahora es él el que me está comiendo el coño, me ha dado la vuelta y se ha metido entre mis piernas, me está lamiendo el clítoris. Te acuerdas cuando era pequeña que me decías que lo tenía muy grande? Pues ahora lo estoy disfrutando, me lo lame y lo muerde de maravilla.

--- Me lo imagino, a mi estuvo chupándome por todo, la vagina me chorreaba como si fuera una adolescente.

--- No te imaginaba tan ardiente mamá, pero me gusta, he salido a ti pues.

--- Eso es bueno, bien te voy a dejar, sigue follando.

--- Un momento mamá espera, me voy a correr ahora, noto como me llega otro orgasmo, si ya llega mmm… que gusto, MAMA! me corro! Por dios mamá, me corro como nunca, estoy empapada, parece que me estoy meando, se traga mi corrida Daniel, es un cielo, mmm no baja, sigo corriéndome, no puedo controlarme, Mamaaa.

--- Ahhh, si hija sí, yo también me estoy corriendo, me estaba acariciando mientras hablábamos, no te lo quería decir, pero tengo los dedos dentro del coño y el dildo en el culo, estoy llena y mojada de flujo, apenas puedo hablar, la mano casi no se ve dentro del coño, sueño cuándo podremos follar con el juntas.

--- No tardaremos mucho, yo me encargo, adiós mamá.

--- Adiós cariño, sigue follando, te quiero.

Yo escuchando a la madre y a la hija estaba más caliente que nunca, me daba mucho morbo oír a las dos bellezas disfrutar de mi polla, y hacer planes para un futuro no muy lejano, y además los planes de Berta también me excitaban, un cuarteto y con su marido, eso me daba un poco de miedo, no sabía cómo íbamos a reaccionar.

De todas formas lo haremos, y no será tarde.

Continuará

Agradezco sus comentarios.


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