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Fecha: 06-Abr-17 « Anterior | Siguiente » en Sexo con maduras

S.O.S. Ailen mujer “PELIGROSA”

CARTUZ
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Tiempo estimado de lectura: [ 46 min. ]
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Es una autentica dulzura poder disfrutar de mujeres maravillosas, que, animándolas un poco, hacen que sus parejas entren en la vorágine del buen sexo. ( MADURAS – TRIO – INFIDELIDADA – INTERCAMBIOS DE PAREJAS ) Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

La imaginación es un arma muy poderosa, siempre que imaginamos algo nos sugestionamos con una idea y puede llegar a producirnos sensaciones muy placenteras. Es una presencia invisible entre dos o más personas, pero si se hace realidad lo que se imagina, si se toca y se siente lo que está en nuestra mente, entonces estamos creando.

Imaginar y trasferir a la realidad no es más que un maravilloso proceso creativo. Significa premiar y legitimar a la propia imaginación, integrarla en nuestro propio ser, darle un gran pedazo de nuestra historia.

  

Lo pasado con Graciela y Claudia de momento nos uniría más, aunque Claudia sabia lo de Graciela y lo mío, pero Graciela que yo supiera no sabía nada de lo que había ocurrido con Claudia. No podía estar todo mejor, no eran del trabajo, lo que me causaba menos quebraderos de cabeza y por eso intentaba mantener un poco de distancia con Ailen, que no quería decir que no quisiera nada con ella. Aunque Claudia no era del trabajo su pareja sí, pero no creo que se imaginase nada.

            En España era puro invierno y entrando en las navidades, aquí verano y con lo que llamaban una ola de calor, con una humedad desagradable. Fui a poner el sistema de aire acondicionado y no iba. Rebusque en los cajones, buscando algún manual, porque de los electrodomésticos si había los libretos de instrucciones, pero del aire no encontraba nada. Me encontré con Héctor mi casero, se lo dije y su única respuesta fue que no era para tanto que duraría poco, me lo decía el que llevaba una sudada de campeonato por el calor, además de por los kilos de más que tenía. Que ya se lo diría a su esposa que él no sabía por dónde podía estar el manual de funcionamiento. No hizo ni el amago de venir a tratar de ponerlo en funcionamiento y el resto del día no apareció nadie por mi casa, hasta ya bien entrada la tarde.

            Llamaron a la puerta y era Belén, que venía vestida tan “sencilla” como siempre. Lo primero que hizo fue pedirme disculpas por la tardanza y con cara de loba tierna. Traía en la mano lo que supuse que era el manual, me pidió permiso para pasar, pero antes de que le dijera nada ya se había colado dentro. Estaba morenísima, me dijo que había tardado tanto en venir porque había ido con unas amigas y habían ido muy lejos. Todo esto lo iba diciendo mientras caminaba para la cocina, moviendo el culo exageradamente y como llevaba un vestido cortito, de andar por casa o bien de los que se usan en la playa. Estando en la cocina, se fue hacia una de las paredes donde había como un cuadro eléctrico que estaba en la parte alta de la pared, se estiro todo lo que pudo, al hacerlo el vestido se subió casi todo, dejándolo al borde de sus nalgas, la visión era enloquecedora. Dio a un interruptor y me dijo que ya se podía conectar, dejándome sobre la encimera de la cocina el manual, diciéndome que no se lo extraviara que no tenía otro. Me dijo que lo probara, para ver si funcionaba ya y efectivamente funcionaba. Ahora quien pidió disculpas fui yo por no ofrecerla nada para beber. Me dijo…

-Te acepto algo que este frio, pero sin alcohol. No vaya a ser que me quieras… Jajaja…

-Jajaja… no creo sea tan fácil, seguro que tú te defiendes bien.

-Ahora de verdad, siento mucho no habértelo dicho antes como iba la climatización, fue un fallo mío.

-Si me lo hubiera dicho tu marido… (Me interrumpió)

-Jajaja… Héctor es muy bolita. (Vio que no le entendí) que es muy torpe. Él es así, muy feliz, pero muy… debilucho.

-Joder, sí que lo has puesto bien… torpe, debilucho… pero… ¿En todo? (Pregunte con tono malicioso)

-Jajaja… eso es querer saber mucho ya… (Utilizo el mismo tono que yo)

        Mientras hablábamos me hizo una autentica exhibición de movimientos de cruce de piernas. Se levantó para irse, que ya llevaba mucho allí, quería que se quedara un poco más, porque quería intentar hacer algo, pero cuando la estaba convenciendo, le sonó el móvil y era el marido, ella muy solemne le dijo que ya estaba yendo para casa. Mientras lo decía me miraba levantando las cejas. Me dijo que ya coincidiríamos otro día y se fue en dirección a la puerta, haciendo como al principio, moviendo el culo descaradamente y no me aguante más, cuando iba a abrir la puerta, lleve una mano hacia su culo, haciéndole entre una caricia y un pequeño azote, muy suave. Apoyo las dos manos en la puerta y no dijo nada, lo que hizo que llevara mi mano debajo de su vestido y tocara mucho mejor, solo se oyó como un “UUUuuummmm…” termino de abrir la puerta y se fue, no me dijo ni adiós.

        Que mujer más estupenda, como las que me gustan a mí. La pena que no se quedó, hubiéramos pasado un buen rato. Me hice una cena muy liviana y mientras cenaba pensaba en ella, como conseguir que por lo menos viniera un momento. Me decidí a llamarla y me cogió su marido, que estuvo hablando muy gentilmente conmigo. Me decía que estaba pensando en mí, porque iba a ver un partido de futbol de la liga española. Cambie de tema porque yo iba a lo que iba, le explique mi problema, que de pronto había hecho un ruido raro el aire y se había apagado. Se quedó callado y de pronto dijo ahora vamos. Ya me salió mal, eso de ahora vamos… lo primero que hice nada más colgar fue desconectar el aire desde donde ella lo había conectado y abrir los ventanales para que no se notara tanto fresquito.

            Abrí la puerta para esperarlos y para saber si venían dos o uno. Me había puesto una camiseta y llevaba pantalones cortos. Venían los dos. Ella venia con un pantalón muy cortito y ajustado, con una camiseta con unos tirantes que parecían hilos y sus dos tetas con un movimiento sensual, no llevaba sujetador. Ella venia como un paso adelantada de su marido, me miraba y vocalizaba algo que no llegaba a entender bien algo como “Madrid” el venía detrás con una camiseta azul oscuro con una franja amarilla y unas bermudas azules con bolsillos, que entre que la camiseta le estaba un poco ajustada y los bolsillos de los bermudas llenos, la pinta del buen hombre no era muy allá. Según me vio me pregunto que cual era mi equipo de futbol. No sabía que responderle, porque, aunque parezca un delito, en el futbol no me va la vida, salvo que juegue la selección. Pero me vino la imagen de lo que me decía Belén con sus gesticulaciones y me salió… “del Madrid, por supuesto” pero sin saber si era del atlético o del real.

            Supe que había acertado por la cara de alivio de Belén y por el palmazo que me dio en mi espalda Héctor celebrando mi respuesta. Belén fue más diplomática, se quedó sin entrar como esperando a que yo les invitase, pero el entro sin más, se fue al salón, toco lo del aire y vio que no funcionaba, encendió la televisión se puso a rebuscar hasta que apareció los prolegómenos de un partido de futbol. Empezó con una retahíla de datos de futbol, todo se basaba principalmente en que Buenos Aires era una ciudad que vivía el futbol, que corría por sus venas, que tenía un montón de equipos, me los dijo todos y luego se centró en dos equipos, el Boca Juniors y el River Plate, que me decía que era como el Real Madrid y el Barcelona en España. No diré de que equipo era él.

        El caso que se había sentado, mientras su mujer y yo estábamos de pie, el como si fuera un catedrático nos daba una charla magistral de futbol, iba a ser verdad de que lo llevaba en la sangre porque vivía cada palabra que decía. Mi disculpa era que como era entre semana, lo mismo no podía prestar toda la atención que quisiera porque me había traído trabajo y su mujer le dijo que ella iba a mirar lo del aire. Empezaba el partido era el Real Madrid contra la Real Sociedad, si no recuerdo mal. Nos fuimos hacia donde estuvo ella antes y muy segura abrió y dio al interruptor, el pantaloncito se subió metiéndosele bastante entre las nalgas. Me acerque y así como estaba, apoyándola contra la pared, sobe su culo y ella echo su mano atrás y me agarro mi polla, diciéndome que se sentía muy linda. Eran las situaciones que más cachondo me ponían, con peligro de que nos pillaran.

        Yo estaba metiendo mano a su mujer y el a poca distancia de nosotros, que calentón estaba cogiendo. Lo tuvimos que dejar. Otra vez todos juntos y Héctor totalmente cambiado, estaba absorto viendo el partido, maldiciendo alguna jugada y al árbitro. Su mujer que le decía Héctor me voy un momento y a hora vuelvo. Yo que digo que la acompaño hasta la puerta y ella que me dice que no me moleste, que no hace falta. Se levanta y se va contoneando una vez más ese culazo. Ahora el que maldecía para mis adentros era yo, allí solo con Héctor y con mi polla bien dura. Oigo la puerta cerrarse y ya nada más estoy pensando en que suene el timbre para ir a abrir y encontrarme otra vez con ella. Cuando veo a Belén en la puerta medio escondida y haciéndome señas, con una sonrisa muy “diabólica” con mucho disimulo le dije a Héctor que ahora volvía que tenía que llamar por teléfono urgentemente, que tenía que llamar a la central y que con eso del cambio horario… el solo movió la mano como diciéndome que fuera a hacer lo que fuera pero que no le distrajese.

            Nos fuimos a la cocina, ella fue la que me llevo. No encendimos la luz, porque se hubiera visto. Estábamos dentro y ella se agacho, me bajo el pantalón corto y mi polla salto como un muelle para arriba, me dijo muy suavemente “vigila” y fue cuando caí, había un pasa platos, con una puertecilla de fuelle que comunicaba con el salón. Por una ranura que había en la unión de las dos puertas, se podía ver el salón y al fondo del mismo a Héctor. Estuvo haciéndome una buena mamada, se recreaba y no podía verla, entre la oscuridad y estar pendiente de su marido. Un grito hizo que se parara había marcado algún equipo, por lo que decía tenía que ser el R. Madrid. Se puso de pie, me mordisqueaba el cuello y mientras me tocaba la polla, me decía que le gustaba mucho mi vergeta, que la cogiera muy rico y se dio la vuelta, se bajó el pantaloncito dejando todo su culo al aire y se apoyó, mirando a la puertecita del pasa platos. Metí mi polla entre sus piernas, rozando todo lo que era su rajita y ella se contorsionaba, para que le metiera la polla, al no poder hablar, se ponía más acelerada, lo que me gustaba, incluso llevo una mano atrás, agarro mi polla con fuerza e intento metérsela, pero no lo consiguió.  

        Estuve un rato haciéndole lo mismo, mi polla estaba ya más que mojada por sus líquidos y sin que ella se lo esperase, una vez más hice lo mismo, meterle la cabeza de la polla y esta vez en vez de retirarme, empecé a metérsela hasta dentro, lo hice despacio, pero sin parar, pude notar como se rozaba bien por dentro. La respiración de ella se aceleró muchísimo. De buena gana le hubiera dado unos azotes, tenía un culo muy bien puesto y duro. En esa posición, metí mis manos por debajo de su camiseta y sus tetas estaban durísimas y sus pezones también. Le apretaba bien los pezones y acariciaba con deleite sus tetas. Su corrida fue muy intensa y aguantándose el decir nada, pero se notaba que le faltaba poco para estallar, debía ser una mujer muy escandalosa. A mí me faltaba un poco para correrme y Belén, que sabía que disponíamos de poco tiempo, se agacho nuevamente y me hacia una paja, mamándomela también. Al final me hice yo la paja y ella esperaba mi leche con la boca abierta, no se podía creer todo lo que salió, se lo trago todo. Se levantó y con un dedo se limpió las comisuras de los labios para a continuación chuparse provocativamente el dedo.  

        Me fui junto a Héctor, aunque seguía caliente como una plancha. Me estuvo explicando todo lo que había pasado y no le hice mucho caso, estaba pendiente de la salida de Belén y que él no se diera cuenta. Vi pasar a Belén, lo que no oí y percibí fue que abriera la puerta, pero lo hizo muy bien porque al rato sonó el timbre. Fui yo a abrir la puerta y ella entro muy alegre. Héctor le mando bajar la voz que le despistaba, algo que no entendía, porque ver el futbol… se puede ver sin sonido. Se apoyó por el respaldo del sillón y le preguntaba a su marido como iba el encuentro. El empezó a contarle lo mismo que me estaba contando a mí. Al estar yo tan cachondo, me acerqué sin hacer ruido y poniéndome a la espalda de Belén, metí mis dedos entre sus piernas, su coñito seguía bien mojado. Disfrutaba porque ella ahora no podía decir nada. Le llegue a meter dos de mis dedos y ella no decía nada y tampoco se movió. Esta vez me fui hacia su culito y aquí si la note algo más tensa, me costó, pero logre llegar a su culito, un dedo mojado con los líquidos de su coñito, empezó a meterse en su culo. Costo bastante porque ella no se relajó, no lo facilito. Hasta que se quitó y se fue a sentar.

        Acabo el partido y estaba muy contento acababa de ganar el Madrid 2-1 y por lo que se ve Zidane fue el mejor, porque no paro de hablar de él. Se fue al aseo y cuando lo hizo, Belén en voz baja me dijo… “Has sido muy atrevido y nos podía pillar, tienes que tener más cuidado y lo último… eso no ha estado bien” yo sabía que se refería a lo de su culito y le dije… “Si es a lo de tu culito me apetece mucho y a mi polla más” con cara de pocos amigos me replico… “Por ahí nunca lo hice, jamás me cogieron por ahí” “Pues ya es hora de que alguien te follé ese culo tan bonito que tienes y el saber que está por estrenar me pone más cachondo” le dije yo y ella con cara compungida me dijo… “Que cada vez que lo ha intentado me ha hecho mucho daño y aunque suene vulgar soy muy miedosa, muy cagona, que no…”  no pudimos seguir la conversación porque oímos que Héctor regresaba. No se sentó solo me dijo que el próximo partido en su casa y yo le dije que, si no era entre semana que, sin problemas, quedando así la cosa. A sabiendas de que yo no estaba por la labor, pero no era el momento de discutir. Según se iban y en un descuido del marido, acaricie el culo de Belén y le pase la mano por medio de sus nalgas, parándome en su culito. Su mirada me hizo gracia.

            Soy una persona que, entre una de mis costumbres o manías, está en que cuando estreno una vivienda nueva o reformo una vivienda, me gusta invitar a un grupo de personas para celebrarlo, siento que eso es un buen augurio. Por eso decidí hacer una invitación a varias personas. Elegí a las más próximas en esos momentos a mí. Invite a Leonardo y su mujer Ailen, a Héctor y Belén, Santiago y Claudia, Graciela y Manuel.  Estaba claro el motivo de invitar a esas personas, todas esas mujeres habían estado conmigo. Que mayor confianza y amistad que esa unión. Pero Ailen quería que invitara a las dos parejas que conocí en el local swinger, amigos de ellos y también me insistió en invitar a las tres mujeres que ella selecciono, claro está acompañadas por sus parejas. Cedi a medias e invite a Laura y su pareja Emilia, que Ailen tenía mucho interés por ellas. A Stella y Pablo, tal vez los más desconocidos y por último a Zoe y Mateo. Que, si cedi por algunas de las tres fue por Zoe, que como ya dije era una morena de unos 45 años, 1,70 rellena de con formas muy voluptuosas, melena larga, la única pega, que su marido trabajaba con nosotros y era un responsable de área.

        Lo prepare todo para un sábado a media tarde, pero con la intención de que alguna pareja se animara a quedarse también por la noche. Estábamos ya todos en mi casa y en un primer momento el ambiente estuvo un poco enrarecido, especialmente por Laura, Stella, Zoe y su marido Mateo. Algo que solía pasar ene estas situaciones, pero como soy consciente de ello, fue con los que más interactúe en un principio para que se soltaran y se sintieran cómodos, como así ocurrió. A excepción de ellos, con los demás tenía algo más en “común” mejor dicho con sus mujeres, eso sin contar con Leonardo y Ailen, que esos seguro que se quedaban a pasar la noche. En este tipo de reuniones alguna vez puede pasar, que empiece bien pero que según pasa el tiempo, se empiece a volver en un puro aburrimiento y eso parecía que empezaba a pasar. Había que revitalizar ese momento o nos dormiríamos todos al final. No estaban por la labor de bailar, Manuel estaba a mi lado, contándome lo bien que le iba con Graciela y también me lleve una desagradable sorpresa con él, porque yo pensaba que el día que hablamos nuestra conversación iba en el mismo sentido y no, me había equivocado.

            Ocurrió lo que tenía que ocurrir y lo digo porque no me pilló por sorpresa. En estas reuniones y más si el aburrimiento empieza a aparecer, alguna persona que ya no sabe de qué hablar, suelta la típica pregunta…” Carlos… y tu… ¿Cómo es que estas soltero? Buen trabajo, estas bien…” esta persona fue la voluptuosa Zoe. En esos momentos de forma rápida pensé y… ¿Por qué no? Fue mi primera vez, en hacer esto, aunque luego y en otras circunstancias lo volví a hacer. Sabía que mi respuesta desbarajustaría alguna cabeza presente. Mateo recrimino a su mujer por la pregunta, le dijo que había sido una pregunta además de desafortunada indiscreta y yo de forma pausada, con toda la tranquilidad del mundo conteste… “Mateo tranquilízate, que no ha preguntas indiscretas ni desafortunadas, cada cual pregunta lo que quiere y luego se le contesta o no. Yo contestare porque no tengo ninguna objeción a la pregunta. Mira Zoe, ahora mismo no tengo pareja porque no he encontrado a la mujer que tenga las mismas ideas de vida, de pareja que tengo yo. Y antes de que me preguntes cuáles son esas ideas… (hice una pausa intencionadamente) soy una persona que me gusta ser liberal de mente y de actos. Tengo un concepto de la pareja totalmente distinto y me gusta el mundo swinger. Me encanta estar con una pareja, es muy divertido y placentero”

        Todos se quedaron sin saber que decir, hasta los que se estaban quedando dormidos. Según lo iba diciendo me fijaba en las caras, la de Leonardo fue de preocupación, como con miedo de que contara algo. La de los demás fue más que nada de expectación, sorpresa incluso de incredulidad. Las únicas que fueron naturales fueron Laura y su pareja Emilia, que ellas decían que ellas eran más o menos de la misma opinión. Que yo creo que eran absolutamente de la misma opinión, pero trataron de no ser tan directas. Poco a poco la conversación se fue haciendo más interesante. Lo único que los únicos que hablaban eran los hombres, exceptuando a Leonardo que miraba y escuchaba atentamente, habiéndose relajado. Mis miradas eran especialmente para Zoe, que se dio cuenta de ellas y cuando coincidían nuestras miradas, enseguida apartaba la suya, para al poco tiempo volver a mirarme, era como el juego del ratón y el gato, aunque no tenía claro quién era quien.

            Los hombres, sin escandalizarse, pero expresando sus dudas, decían de forma contundente que ellos no harían una cosa así. Para ser más justos, ni Leonardo que estuvo callado y Manuel que se limitó a decir que eso dependía más de las mujeres. Algo que nadie entendió, aunque yo creo que si lo hice. Desafiante les dije a las mujeres que opinaban. Ailen respondió que eso era cuestión de la pareja, lo que los dos quisiesen, que ella no era quien para juzgar a alguien que lo hiciese. Graciela dijo estar de acuerdo con lo que acababa de decir Ailen. Claudia la muy cara dijo que ella nada más había estado con su marido y que no tenía opinión. Tanto Laura como Emilia decían que ellas no se cerraban a nada. Zoe ante el asombro de todos incluido su marido dijo que no estaría mal probar algo así, que sería un revulsivo para las parejas y se rio estrepitosamente. Stella hablaba algo con su marido, pero no dijeron nada.

        Quise picarles más aun, por lo que subí mi tono de desafío y les dije que a excepción de Zoe que fue la más valiente y de Ailen, los demás habían sido muy prudentes en sus comentarios, que había que mojarse más. Sabía que decir eso haría reaccionar a más de uno. Lo que, si me quedo claro que las mujeres, no todas fueron más atrevidas en sus comentarios. Esta vez Laura fue la que mirando a todos con atención dijo… “¿Quién no ha tenido ese tipo de fantasías? No seamos maulas (se referían si no recuerdo mal a no ser cobardes)” se produjo un run, run… y como nadie decía nada, dije… “Es que aquí parece que pasa como en España, los hombres si se acuestan con quien sea son muy machos, pero si lo hace una mujer son muy putas” las mujeres todas, sin excepción me dieron la razón y provoque un poco más diciendo… “Luego están los que dicen que lo hombres tienen más necesidad del sexo, que las mujeres… que es tener mucha cara” ahora hasta aplaudieron.

        Ya las opiniones variaban un poco más, demostrando alguno los miedos a que si se hiciera alguien se pudiera enterar y que como quedarían ellos, siempre los hombres primeros. Todos se iban volviendo más liberales en sus comentarios, iban mostrando otra cara y el que soltó el bombazo fue Pablo que dijo… “Nosotros nos lo hemos planteado, lo que pasa que no encontramos a la persona adecuada, pero si lo hemos hablado” su mujer toda azorada le dio un pellizco en el brazo y todos nos reímos. Pablo con una total sinceridad dijo… “No te enfades Stella, pero es que es verdad, vamos a tener en cuenta una cosa, el hombre cuando es joven esta todo el día loco por coger y la mujer es más remisa. Según pasa el tiempo se va produciendo un cambio a la inversa, la mujer se vuelve más activa y el hombre como que menos” como digo lo vi muy sincero, pero lo que más me llamo la atención fue la cara de los demás, que no le dieron la razón, aunque sus caras decían que la tenía.

        La conversación empezó a estar muy entretenida y no sé si debido al buen rollo, al alcohol o ambas, todos se fueron soltando, seguro que al día siguiente alguien se sentiría “mal” por lo dicho. Volvieron a centrase las preguntas en mí y eran algo más fuertes, yo las contestaba a todas y me miraban como no creyéndose mis respuestas. A estas alturas que la “temperatura” estaba alta, esperaba que Ailen se hubiera atrevido a contar lo suyo, pero veía que no se atrevía. No la descubriría yo, de eso nada. Como se hizo tarde y nadie se iba, me ofrecí a hacer unas pizzas y poner algo de picoteo para cenar. Vinieron las típicas frases de no queremos molestar, no queremos abusar… sin embargo Emilia y Laura, me dijeron que por ellas estaba bien, que aceptaban mi invitación. Todas las parejas aceptaron menos Leonardo que se quería ir, su mujer Belén le decía que no fuera pesado, que ella se quería quedar y él dijo que se iba que quería ver el futbol. Ella le acompaño para dejarle la cena pero que subía cuando acabara. No tardo nada, porque no habíamos acabado de preparar las cosas cuando ya estaba de nuevo con nosotros.

            Mientras picoteábamos seguimos con la misma conversación. La “temperatura” iba creciendo, como crecían más cosas. Como iba a la cocina por mas hielo, aproveche para llevarme algunos envases vacíos para rellenarlo y Zoe se ofreció a ayudarme mientras los demás seguían con la conversación. Mientras yo sacaba el hielo, ella iba rellenando. Se veía un culo muy salidito. Zoe de pronto me dijo… “No sé si eres consciente, pero has provocado un incendio... ¿Qué es lo que buscas con todo esto?” se dio la vuelta y se quedó mirándome de frente. Me acerqué a ella y le dije esto, para darle un buen morreo que ella no rechazo, agarrándose bien a mi cuello. Me dijo que era un bandido y me siguió besando, para quitarse de golpe, agarrar varias cosas y llevárselas a donde estaba el resto de la gente.

            Tuve que esperar un momento para tranquilizarme y cuando llegue, Stella y Pablo su marido se estaban despidiendo de todos, trate de convencerles y me dijeron que tenían familia y que ya era muy tarde, pero me dijeron que otro día se quedarían más tiempo. Quedando ya solos, Laura y Emilia, Zoe y Mateo, Leonardo y Ailen, Belén y yo, los únicos desparejados. Se empezaba a sentir una “tensión” sexual importante, pero nadie daba el primer paso. Sin saber cómo ahora la conversación se desarrolló hacia la bisexualidad. En ese asunto las más lanzadas fueron Laura y Emilia. Sobre todo, cuando Emilia nos contó que ella estuvo once años casad y que tenía dos hijos. Que después de divorciarse tuvo alguna que otra relación con hombres, pero que también de forma esporádica y sin buscarlo con alguna mujer, hasta que conoció a Laura y se enrollaron hasta la fecha. Rápido a sus comentarios se unió Ailen que, haciéndose la mojigata, dijo que era una forma más de disfrutar de la vida. Belén solo sonrió. Zoe dijo que había que estar abiertas a todo, que eso no quería decir nada. Ailen entonces nos preguntó a los hombres. Nadie decía nada, pero ante la falta de negativas me hacía “sospechar” en algún caso.

        Ahora las preguntas fueron dirigidas directamente a mí. Con la misma naturalidad de siempre, les dije… “Que me la ha mamado un hombre con su pareja si, a solas nunca. Que la primera vez me sorprendió y me pillo en fuera de juego si, que luego me dio igual sí. Que no me importa, pues no, no me importa, porque normalmente cuando eso ha ocurrido, veo, noto y siento, como la pareja se pone al máximo y eso es lo que se busca, pero hasta ahí, hoy por hoy” se produjo a continuación un enorme silencio, hasta que Ailen dijo que a ella le excitaría mucho ver a Leonardo comiéndose un buen pene. Leonardo abría los ojos ante lo que acababa de soltar su mujer. Belén aplaudió riéndose y dijo que a ella también, pero que su marido… lo mismo no. Ahora miraron a Zoe y le preguntaron, contesto que no se lo había planteado nunca, pero que sí, que seguro que sería morboso. Laura y Emilia, no dijeron nada, pero andaban muy acarameladas, entre la bebida y la calentura, estábamos todos que explotábamos.

        Solo hacía falta una pequeña chispa, por lo que andaba elucubrando como hacerla saltar. Esa chispa salto cuando Emilia pregunto a todos, que cual era el prototipo de persona para tener sexo. Mateo que había estado bastante callado dijo… “Pues nosotros si lo hemos pensado y fantaseado. Pasándolo muy bien” Zoe como si estuviera obligada hizo una “protesta” que nado se creyó. Como se dio cuenta de que no había sido convincente, dijo… “Pues no sé de qué hablas, porque siempre en esos momentos dices que te gustaría cogerla para colocármela…” todos nos reímos, menos Laura y Emilia, que pasaron de besos cariñosos a unos morreos de mucho cuidado, estaba claro que les gustaba que las vieran.

            No había nadie que estuviera muy bebido, pero si con esa copita justa en la que te deja como más libre y se notaba en los comentarios, en las miradas, se podía palpar en el ambiente. Leonardo y yo era los que apenas habíamos bebido. Mateo empezaba a sentirse el centro de atención y le gustaba. Belén que estaba más que animada me pregunto, por esas relaciones tan particulares mías, que como solían ser. Conte que, en algún club, en alguna casa… y desnudos todos, esto último lo dije en espera de que alguien osara a decir que lo hiciéramos. Fue cuando Mateo pregunto si no me daba vergüenza el que me vieran desnudo, solté una carcajada provocando y dije… “Voy a playas nudista, suelo estar en mi casa siempre desnudo… vamos que desnudo es como más cómodo estoy, sé que eso os puede chocar y sé que nos os atreveríais, pero yo soy así” dio resultado porque Mateo dijo… “¿Te atreverías a desnudarte en verdad delante de todos? Porque si tú te desnudas yo también soy capaz” quise seguir provocando y dije en forma de broma, sabiendo bien lo que decía… “Es que soy tímido, pero si alguien me ayuda a desnudarme no tendría ningún problema” ahora quienes se rieron fueron ellas diciendo que sí, que se me veía muy “tímido”

        Ailen ante la sorpresa de todos dijo que si otra la ayudaba ella se ofrecía voluntaria para desnudarme. Como nadie se decidía, ahora ella fue la que las provoco, decía que cuanto miedo, que mucho hablar, pero a la hora de la verdad… no quise dejar pasar la oportunidad y me puse de pie, levante los brazos y dije que allí estaba, para quien se atreviera. Esperaba que además de Ailen, Belén diera un paso hacia delante, pero me equivoque, Zoe se levantó y le dijo a Ailen, venga vamos. Ya estaba la llama, ahora había que ver hasta donde llegaba. Las dos empezaron a quitarme la ropa de cintura para arriba, mientras se oían aplausos y las voces principalmente de las mujeres. Cuando quede sin ropa en la parte de arriba, me silbaban y decían cosas subidas de tono. Ailen me hizo dar la vuelta y quedarme de espaldas al resto de la gente. Me descalzaron lo primero y luego entra las dos empezaron a quitarme el cinturón. Una vez me quitaron el cinturón, Ailen se adueñó de él y mientras le decía a Zoe que siguiera, ella de forma provocativa, le dio con el cinturón a su compañera de correrías, que me desabrochaba el cinturón sin dejar de mirarme a los ojos.

            Ailen se agacho también y le ayudo a quitarme los pantalones, quedándome solo en boxers, oyendo a las otras decir cosas sobre mi culo, pero yo estaba más atento a Zoe. Que vio como por arriba asomaba mi polla que estaba bien dura y miro a Ailen, que se hizo la tonta y gesticulo con la boca, en forma de sorpresa. Empezaron a quitarme esa última prenda y mi polla quedo mirando para arriba antes los ojos salidos de Zoe, que no sabía qué hacer. Ailen le abrió el camino, sin cortarse un pelo, me paso la lengua por toda mi polla y luego la garro ofreciéndosela a Zoe, que tenía la boca medio abierta y cuando parecía que se la iba a comer, se echó para atrás, se levantó, se abanicó con una mano y miraba a su marido. Me di la vuelta y hubo silencio que lo rompió Laura diciendo que la naturaleza había sido muy generosa conmigo, riéndonos todos otra vez. Para que no se enfriara la situación, le dije a Mateo, que tenía que cumplir con su palabra y no hubo que decírselo dos veces, se desnudó sin poner pegas.

        Ahora la que se animo fue Belén, que dijo que ella también se atrevería si hubiese menos luz. Les dije donde había velas (que donde yo vivo nunca faltan) Emilia, Zoe y ella fueron y sacaron varias velas, las encendieron y apagaron las luces, quedando en penumbras. Con las luces de las velas resultaba más cálido todo. Mateo y yo estábamos sentados en el mismo sitio, ya mi erección había disminuido, no mucho, pero si algo. Zoe venia en dirección a donde estábamos, para sentarse junto a su marido, aunque los tres estábamos muy apretados. Al llegar a nuestra altura, tenía que pasar primero por delante mía y sin ningún miramiento, la agarre y la hice sentar sobre mí. No hizo ningún esfuerzo por evitarlo, se dejó y una vez que se sentó, le dijo en voz baja a su marido, que joven más bizarro, se rio y el marido la sonrió de manera cómplice. Ahora empezábamos todo a animar a Belén, que había pedido música y estaba haciendo un strip-tease como una profesional, mirábamos absortos y Zoe se levantó solo un poco, para coger la copa de la mesa pequeña, pero lo justo para luego sentarse mejor, notando ahora que había subido su falda, el contacto directo de su piel y sus braguitas. Provocando que mi polla creciera otra vez al máximo.

        Todavía seguía Belén con su baile y Zoe se levantó sin avisar, me tuve que dar prisa, para tratar de disimular mi erección. Le dijo a su marido que iba al aseo y Mateo le vino a decir que no se pasara mucho, que le respetase y ella haciéndole una caricia en la cara, le dijo que no se preocupara y le dio un pico en los labios. Belén ya estaba solo con un tanga muy pequeño, esta soberbia y Mateo me lo decía también. Sus tetas eran grandes y muy bien puestas, desde luego la cirugía había sido perfecta. Se notaba que tomaba mucho el sol, estaba muy morena y más se notaba en sus tetas, que tenían la marca blanca del bikini. El tanga lo medio bajaba para subirlo de nuevo, se inclinaba un poco para hacer que su culo se viera mejor y Mateo estaba tan salido, que me decía o que se lo quitaba o al final iría el a quitárselo, me hizo gracia. Belén se paró un momento y todos protestamos, ella quería dar un trago a su bebida y llego Zoe, poniéndose otra vez conmigo. Belén dejo la copa y dijo que, si había algún voluntario, Zoe animo a su marido, que no se hizo de rogar.

        Al irse el, ella amparada en la semi oscuridad, en que todos estaban atentos a lo que sucedía con Belén, llevo su mano hacia abajo y me agarro mi polla rozándome con sus dedos. Se los llevó a la boca y volvió a meterlos y a tocarme. Luego llevo mi polla hacia su coñito y se había quitado sus braguitas, podía notar la humedad de su coñito y sus pelos, porque se notaba que no estaba depilada. Ahora el que metió la mano fui yo, para llegar hasta su coñito, el clítoris lo tenía muy duro, le sobresalía bastante y me quitaba la mano, para que fuera mi polla lo que rozase su clítoris. Así que me fui a por sus voluminosas tetas. Yo quería que se la metiese, pero ella me decía que no, que no podía ser. Ailen se vino a donde estábamos nosotros, mientras Mateo se daba un “festival” tocando el culo de Belén, pero no pasando de ahí. Que seguro que Belén si hiciera algo mas no se quejaría. Zoe en cuanto vio a Ailen, se quedó quieta, no se movía. Saco sus manos y las puso sobre su regazo.

        Ailen que se notaba que venía con ganas de “marcha” le dijo a Zoe que tal en su “asiento”, Zoe se encogió de hombros y fue más directa, ¿No has probado todavía su pija? le dijo, esta vez Zoe negó con la cabeza y Ailen sin dar opciones amas le respondió, “Eres una tarada, pues levanta que yo si lo voy a aprovechar”  se fue a levantar para quitarse, cuando me agarre bien la polla y sin dejar que se levantara del todo, la hice volver a sentarse, pero esta vez se la coloque bien en la entrada de su coñito, ya no dijo nada más, se empezó a sentar hasta que la tuvo toda dentro, resoplo y mirando a Ailen, le dijo… “Es muy pijudo, que barbaridad” se movía con mucha discreción para que no se le notara, como si alguien estuviera mirando. Ailen que es muy zorra, no se quedó conforme y metió una mano por debajo de la ropa de Zoe hasta llegar a sus tetas. Zoe protesto, pero como ninguno le hicimos caso se dejó llevar. Fue cuando vi a Mateo como le comía el culo a Belén, que se inclinaba un poco junto a Leonardo, para que se lo pudiese comer mejor.

        Se lo indique a Zoe y al verlo, ya empezó a moverse de otra manera con más alegría. Lo aproveche para decirle que nos fuéramos a mi habitación y ella estuvo de acuerdo. Nos levantamos y junto a Ailen nos fuimos a mi habitación. Dejando a Mateo con Belén, A Leonardo con Laura y Emilia. En la habitación me tumbé en la cama y les dije que se desnudaran la una a la otra. Como me lo esperaba, Ailen no tuvo ningún problema y desnudo en un santiamén a Zoe, que dejo todos sus encantos al descubierto y menudos encantos. Ailen prácticamente se desnudó ella. Zoe se vino a la cama y estaba con bastantes recelos al tener a Ailen con nosotros, pero poco le duro. En el momento que empezó Ailen a comerme la polla, yo me morreaba con Zoe, que lo hacía muy ardientemente, mirando de vez en cuando a Ailen y mi polla, solo tuve que insinuarle con mi mano, tocándola un poco para que se bajase y al instante estaba junto a mi polla. Ailen que era muy lista, se la saco de la boca y la movió un poco en dirección a la boca de ella, que se la metió en la boca con ansia.

        Ailen aprovechaba para pasar su lengua y su boca por mis huevos, pasándola también por el resto de mi polla, comiéndomelas las dos a la vez, lo que en un principio corto a Zoe, se notaba que no quería que su boca coincidiera con la de Ailen, hasta que Ailen en una de esas, no le dejo separar la boca de mi polla, comiéndomelas las dos a la vez, donde luego Ailen se fundió en un beso con Zoe, que una vez que Zoe se dejó llevar, paso a ser un buen morreo. Ahora si era una gozada, verlas así me ponía a tope. Fue lo que aprovecho Ailen para dejar sola a Zoe comiéndome la polla, para ella empezar a comerse su coñito. Debía estar muy bueno, porque Ailen no dejaba de soltar como gemiditos según se lo comía. Zoe se corrió rápidamente y de una forma sonora, con buenos gritos, sin reprimirse. Cuando termino de correrse, no lo dudo, se sentó sobre mi polla y nada de moverse suavemente con antes, se movía como una fiera. Subiendo y bajando con energía, con cierta brusquedad.

        Ailen no quería quedarse atrás y empezó a comer sus grandes lolas como ella decía, consiguiendo sacar unos enormes gemidos de Zoe. Cambio de postura Ailen y se sentó sobre mi cara, su coñito está muy mojado. Ailen estaba muy cerquita de correrse, yo lo sabía. Quise cambiar ahora de postura, quería follarme a Zoe y que ella le comiera el coñito a Ailen. La puse a cuatro patas y empecé a follármela, Ailen se colocó delante de ella, para que le comiera el coño, pero Zoe se resistía. Le azote como solo se hacer yo, ese exuberante culo y cuando ya se lo iba a comer, se empezó a oír una pequeña escandalera, que iba subiendo de tono. También empezamos a oír a Mateo llamando y preguntando donde estaba su mujer. Me coloqué solo el pantalón, mientras Zoe se vestía y salí para ver lo que pasaba. Lo que sucedía era que había llegado Héctor, no se quien le abrió la puerta, el caso que pillo a su mujer en plena faena y casi se engancha con Mateo.

        No sucediendo nada más gracias a la primera intervención de Leonardo, que logro calmar un poco los ánimos. Luego me puse yo a hablar con todos. Se fue todo calmando un poco, cuando Laura y Emilia, se despidieron y se marcharon, no pude decirles nada, no dieron tiempo. Con Zoe y Mateo sucedió lo mismo, preferí no decir nada más, no era el momento. Nos quedamos hablando, Belén, Héctor, Leonardo y yo. Porque Ailen se había quedado en mi habitación y no salía. Para sorpresa mía, el más convincente fue Leonardo, que reconoció que el solía hacer ese tipo de cosas con su mujer, que lo disfrutaba y había logrado romper la monotonía de su matrimonio. No dejaba hablar a Héctor, también le decía que no fuera un boludo, que ellos ya habían pasado los cincuenta, que sus mujeres estaban todavía en la cuarentena y que estaban muy bien, que era mejor saber, que no saber. Lo que más me sorprendía era que al único que miraba mal era a mí. Parecía todo calmado, su cara era de cierto desasosiego, la de su mujer de pasota total y cuando se iban, me miro y señalándome con el dedo, me dijo… “Y con vos, ya hablare con más seriedad, pero sería bueno que se fuese buscando otro departamento” lo dijo con mucha rabia, con demasiada acritud.

        Nos quedamos solos Leonardo y yo, cuando se cerró la puerta movió la mano agitándola, como diciendo, menudo follón. Pero lo de buscar otro piso, como que no me hizo mucha gracia y Leonardo me dijo que seguro que se le pasaría. Para que preocuparme antes de tiempo, le dije a Leonardo que había alguien esperándonos si no se había dormido y el sonriéndose me dijo que le extrañaba que estuviera dormida. Según entramos en la habitación, allí estaba ella mirándonos con cara de devora hombres, masturbándose y diciéndonos que necesitaba ser cogida, que ya había acabado varias veces. No tardamos nada en desnudarnos y Leonardo nos dijo que fuéramos empezando que él ya se acercaría, a ella no le pareció mal, pero yo quería que el participase desde el primer momento. Le dije que no, que se viniese a la cama que tenía mucho que hacer. Al ver que dudaba le pregunte a Ailen, como se dice aquí cornudo y ella riéndose me dijo que así o también gorreado. Así que el dije pues cornudo, ven aquí que quiero que no te pierdas nada de cómo me follo a esta putita y quiero que me ayudes. Vi que no le disgusto mi lenguaje y eso sería muy bueno.

        Ailen vamos, chúpamela que lo vea nuestro cornudo. Se puso delante de el a mamármela y nos miraba a los dos, pero sobre todo a su marido, que, aunque no quería que se le notase mucho, se notaba que le gustaba demasiado lo que veía. Una de esas veces en la que Ailen me miro, le guiñe un ojo, para que no se perdiera nada. Puse mi mano sobre la cabeza de Leonardo, que, al llevar el pelo tan cortito, me hacía cosquillas en mi mano. El no dijo nada ni me quito la mano. Suavemente fue moviendo su cabeza hasta tener su cara cerca de mi polla. Ailen con cara de cachonda total, se quitó la polla de su boca y con voz sensual, provocativa le dijo a su marido… “Vamos putito, a qué esperas, hazle un pete… que lo estas deseando” Leonardo se engancho bien a mi polla y aunque con cierta torpeza, con las caricias de su mujer me la estuvo chupando un rato, hasta que ella él dijo que ya estaba bien que ahora quería que la cogiera, le hizo a él, ponerse debajo, diciéndole que lo vería en primera fila y que así con su lengua nos podía chupar a los dos.

        Efectivamente me puse a follarla y al momento sentí su lengua, unas veces me chupaba a mí y otras lo hacía con su mujer. Ailen se la mamaba a su marido y a este se le oía que estaba encantado. Ailen se corrió sin esperárnoslo, fue una corrida muy buena. Ahora quería ser follada por los dos a la vez, quiso que yo me tumbara y ella se sentó encima, yo hubiera preferido follarle el culo, pero ella prefería que fuese su marido y así lo hicimos. Su cara cuando su marido se la metió en su culito era de satisfacción total, su mirada era muy morbosa. Le dije que era una magnifica zorra, que el cornudo de su marido tenía mucha suerte. El al oír esto se la metía con más ganas y ella se agachaba y me mordía los labios de lo excitada que se ponía. Se empezó a poner escandalosa, eso me gustaba. Yo le decía a su marido… “Vamos fóllale bien el culo, métele la polla hasta los huevos, vamos que esta puta se entere lo que son dos pollas…” Ailen medio cerraba los ojos, me apretaba mis pezones, respiraba más fuerte, se mordía los labios… yo usaba la misma intensidad en sus pezones, de la que ella usaba en los míos.   

        Notaba que ella se estaba conteniendo para no correrse, le estaba costando mucho no hacerlo. Entonces le dije, que cuando se corriera, le iba a hacer comerme la polla para llenársela de leche y que luego iba a hacer que no se lo tragara, para que besara al cornudo de su marido. Acabe de decir eso cuando soltó unos gritos y gemidos, que hicieron que su marido se corriera también, pegándole unas embestidas cortas pero intensas. Estaba claro que les gusto lo que les dije. Ella se quitó rápido y se puso a mamármela de forma rápida, como si estuviese necesitada. El miraba fijamente, como si estuviese aprendiendo y ella seguía muy rápida, le avisé de que me corría y la verdad que me sentó muy bien, tanto que mis gemidos y todo los que les dije a los dos nos pusieron a los tres más cachondos aún. Una vez que deje de correrme ella se quitó y yo esperaba que Leonardo se hiciese un poco el remilgado, pero no, fue el que se lanzó a la boca de ella y daba gusto ver cómo se morreaban, con que pasión, cuanta calentura. Seguimos un buen rato más y luego nos relajamos tomando una copa.

        No sé el motivo y me da igual. Pero en ese momento de relax, después de relajarnos. Ailen y Leonardo, me reconocieron que habían hecho cosas que nunca pensaron que harían, pero que alguna vez si se lo habían imaginado, peroque por vergüenza incluso entre ellos no se lo habían contado. El que se llevó una sorpresa fue el, cuando dijo que no sabía cómo había sido capaz de… y no se atrevía a decir “mamarla” cuando Ailen le corto diciéndole, que sería el único que no sabía que se le notaba que tenía unas ganas locas. Riéndonos los tres fuertemente. Ailen entonces me dijo… “Que sepas que te voy a dar una sorpresa muy agradable, pero no te digo cuando ni el que” su marido dijo… “Te temo, de que sorpresa hablas, porque yo no voy a llegar a más de lo que he llegado” Ailen se rio nuevamente, sabiendo ella sola porque se reía y dijo que no se preocupara, que principalmente la sorpresa era para mí. Me limite a decirle que no me gustaba ni dar sorpresas ni que me las dieran. Pero ella puso una sonrisa “maligna”

La decisión es importante en esta vida, por eso algunas veces hay que decidirse entre una cosa a la que se está acostumbrado y otra a lo que nos gustaría conocer, pero que, por miedos, dudas, indecisiones, por el que dirán… se quedan siempre a mitad de camino. No hay que pensar que la persona que tenemos enfrente es distinta a nosotros porque en un momento dado, creamos que va por delante o nos falta mucho para estar a su altura. Lo que sí es importante es que nadie puede tratar de verlo todo con claridad antes de decidir, porque si eso es lo que se pretende, NUNCA DECIDE.   

Por eso y una vez más, usare un refrán muy español, que dice… “Al pan, pan, y al vino, vino” que como casi todo el mundo sabrá, se dice cuando se habla o se debe hablar con sinceridad, diciendo lo que sea llanamente y sin rodeos.


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