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Fecha: 18-Abr-17 « Anterior | Siguiente » en Lésbicos

Mi primera vez con una chica

Ninfa
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Corrimos a mi habitación y comenzamos a desnudarnos con ganas, casi me rompe la blusa intentando liberar mi par de pechos, estábamos desnudas en la recamara y nos besamos el cuerpo la una a la otra con caricias cada vez más osadas, me gustaba frotar mis pechos, mis pezones erguidos contra los suyos Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Mi primera experiencia lésbica

Era una tarde preciosa, cálida, con una vista perfecta, embriagadora, con los rayos de sol agonizando en el horizonte. Yo regresaba de bañarme y elegía mi atuendo y finalmente me decanté por una blusa roja de mis favoritas porque me encantaba cómo resaltaba mis senos, unos jeans ajustados y unos tacones discretos; rematé mi estilo con unos rizos suaves jugando un poco con mi cabello y listo, estaba lista para la aventura. En el camino al lugar pactado, no paraba de pensar mil cosas, necesitaba despejarme, pero estaba ya apabullada de tanto pensar y suponer.

Había encontrado a una amiga mediante otra en común que estaba dispuesta a experimentar su sexualidad conmigo. Estaba flipando, pero ahí estaba, llegando al lugar con una sonrisa forzada. Pocas veces encontré un lugar tan concurrido como aquel, en plenas vacaciones de verano, muchas familias de paseo, amantes furtivos por doquier mientras ella me aseguraba que había arribado también.

Recuerdo que un par de veces pensé haberla encontrado sin éxito, hasta que sentí una mano por mi cintura obligándome a girar hacia atrás. Ahí estaba ella era pequeña, morena, con el cabello castaño y suelto, sus ojos con un brillo lascivo y una amplia sonrisa, unas tetas incipientes pero firmes y un abdomen plano. Después de sonreírnos y decidir dónde cenaríamos caminamos juntas unos metros, podía sentir sus ojos escudriñando todo de mí, fijándose en mi escote, mis tetas blancas erizándose por la excitación que todo aquello me causaba, una sensación que jamás había experimentado. Optamos por un bar neutral, tal vez hasta un poco aburrido para después de unos tragos ver qué pasaba, Íbamos por el tercer trago, platicando trivialidades, un poco acerca de la vida de la otra, etc. Cuando el alcohol comenzó a cobrar sus primeros efectos, fui rápidamente al baño y cuando salí un poco más tranquila, me la encontré de frente, estaba bien iluminado el lugar, pero sus ojos, escondían un brillo especial con mucha malicia y lascivia en ellos. Sin decir una palabra, me tomó de la cara decidida y comenzó a besarme de manera arrebatada y torpe, pero la idea de estar besándome con esta chica en el baño era alucinante, así que correspondí a su beso y la tomé de la mano llevándola al sanitario, lo último que quería era que nos echaran del lugar por guarras.

Una vez frente a frente en ese lugar tan pequeño e íntimo, dimos rienda suelta al morbo tremendo que nos causaba todo aquello, sol me besaba con furia, con prisa, esa mujer quería arrancarme los labios de una vez y yo me dedicaba a sobarle las tetas, jamás había tenido en mis manos unas tetas que no fueran las mías, les daba un magreo bueno, mientras bajaba lentamente a acariciarla toda, tocaba sus nalgas, sus piernas, estaba casi gimiendo, me sacó las tetas y comenzó a mamarlas como si no hubiera mañana, con mucha lujuria las succionaba, besaba, mordía, me tenía en el nirvana cuando escuchamos que el seguro de la puerta se abrió y dio paso a dos chicas en el baño. Me quedé de piedra mientras una entraba al sanitario contiguo y escuchaba cómo orinaba, pero sol rápidamente me sacó del trance cuando siguió con más ímpetu aun besándome las tetas y comiéndolas enteras, pasando su lengua de una a otra, endureciendo mis pezones y bajando con una mano a mi húmeda vagina. Me mordía los labios para no gemir, mientras la dejaba hacer y escuchaba de fondo los murmullos de las otras chicas y el sonido de la puerta al salir. El sentido común me decía que teníamos que salir de ahí, pero sus manos me aprisionaban y sus dedos alcanzaban mi hinchado clítoris, tomándolo como una profesional, haciéndome querer cogerla ahí mismo, tenía el juicio nublado a punto de la abolición. Le pedí con las pocas fuerzas que me quedaban que saliéramos de ahí y fuéramos a mi casa, pues la noche estaba a punto de comenzar. Nos arreglamos de manera fugaz frente al espejo, intercambiando miradas de complicidad y cargadas de deseo, pagamos y nos fuimos rápidamente a la dirección que le di al taxi. En el camino, sol no dejaba de acariciarme las piernas, de manera sutil pero sexy, sabía que deseaba arrancarme la ropa ahí si se pudiera y hacerme suya de una vez. Llegamos y como sabía tenía la casa entera a mi disposición, corrimos a mi habitación y comenzamos a desnudarnos con ganas, casi me rompe la blusa intentando liberar mi par de pechos, nos miramos unos segundos ahí, desnudas en la recamara y nos besamos el cuerpo la una a la otra con caricias cada vez más osadas, me gustaba frotar mis pechos, mis pezones erguidos con los suyos era excitante sentir su piel, sus movimientos, acompasándonos de manera apasionada y tocándola ya sin barreras de ropa, el único sonido que reinaba ahí era el del enorme reloj de pared anunciando la madrugada y nuestros gemidos ahogados en respiraciones maratónicas, era realmente excitante el cuadro ella sobre mí, besándome la boca, el cuello, las tetas, el abdomen, mirándome de manera sexy e irreverente, masturbándome de nueva cuenta mientras yo abría las piernas más intentando sentir todo lo que aquella noche ofrecía. Tocaba sus nalgas, eran redondas, firmes, cabían en mis manos, mis dedos iban más allá, pasando su periné, llegando a su encharcada vagina, a lo que ella contestó con un largo gemido y el cese de sus movimientos casi por completo; enseguida me metió un dedo, después dos yo estaba gimiendo y sintiéndome en la gloria con sus delgados pero traviesos dedos hurgando en mi interior, era alucinante, quería sentir su vulva contra la mía ya pero ella me empujaba suavemente, así que le di dedo, decidí masturbarla en forma y metí mis dedos en su muy mojada cueva, la masturbaba violentamente arrancándole gemidos cada vez más intensos, sentía sus paredes vaginales adherirse a mi mano, al ritmo de sus jadeos estaba extasiada totalmente cuando me coloqué sobre ella, abría sus piernas y colocaba mi vulva sobre la suya, bajando suavemente hasta sentir su calor, su humedad en mi vulva, era riquísimo aquello, las dos gemimos de lo delicioso que nos resultaba, me moví lento, despacio, disfrutando el momento, después de unos minutos, la intensidad aumento, nos movíamos violentamente en la cama, frotando nuestras vulvas, sintiendo su néctar resbalando por mis labios mayores y piernas, era delirante todo ello; como si fuera un hombre cogiéndomela hice el movimiento con más fuerza, escuchando sus gemidos, sintiendo su orgasmo fuertemente golpear mi vagina y viniéndome sobre ella en esa posición. Nos derrumbamos después de un fuerte y prolongado orgasmo compartido, mirándola aun descompuesta por el cocktail de sensaciones reciente, empezó a besar mis senos aún muy sensibles, bajando por mi abdomen y llegando a mi vagina, no quería pero insistió mucho en darme sexo oral y accedí, ningún hombre me dio una sensación más rica, estaba moviendo su lengua como una jodida experta, metió dos dedos en mi interior y comencé casi de inmediato a convulsionar con otro orgasmo, entre sus labios y sus dedos prolijos, me tenía en la nubes y explote en otro orgasmo, nos besamos sintiendo mi sabor en sus labios besándonos con pasión, tocándonos, sintiendo sus pezones contra mi piel, acariciándonos todas, acabamos abrazadas y besándonos con más calma ya sin prisa.

Me fui de la ciudad un par de días después, pero seguimos frecuentándonos y cogiendo cada vez más rico. Tiempo después le contamos a nuestros respectivos novios lo que pasó y al parecer les excitó mucho la idea de pensar a su novia cogiéndose a la de otro, porque ambos quieren vernos en acción. Pero ésa es otra historia ;)


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