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Fecha: 20-Abr-17 « Anterior | Siguiente » en Gays

Universitario (9)

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Las humillaciones de Pablo continúan, ahora también convirtiéndome en un show de internet Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Había pasado un día entero, y aún no me habia acostumbrado a la sensación de haber tenido la polla de Víctor en el culo. Me ardía y me costaba sentarme, así como también lo notaba abrise y cerrarse. Sin duda había sido impresionante, no podía negarse, pero no era algo que estuviese dispuesto ahora a repetir. Las paredes de mi culo habían cambiado permanente a partir del último encuentro.

No obstante, todas esas sensaciones no bajan mis ganas de volverme a encontrar con mi verdadero amo. Mi mente cada vez estaba más turbia, y empezaba a aceptar como un hecho mi situación de puta particular y esclava de mi dueño. Era como estar sometido a una hipnósis: pensaba en su cara, con su flequillo y su sonrisilla, y se me ponía dura. Pensaba en su polla y mojába los calzoncillos.

Antes de acudir a clase, recibí un mensaje de Pablo. Esta mañana no iría a clase, pero eso no tenía que hacerme bajar el nivel, puesto que quería que estuviese por la tarde en su casa, a las siete y media clavadas. Decía que tenía una sorpresa especial para mí que seguro que me encantaría. Su última "sopresita" había sido ir de puta a casa de Víctor, así que temblaba de saber que coño podría maquinar esta vez su mente perversa. Como no tenía que ir al baño para arreglar ningún asunto con Pablo, fui directamente a clase. Había bastante gente, pero aún así un poco menos de lo normal, contando que era el primer año de carrera y siempre hay mucha más que gente que en los siguientes cursos. Efectivamente, Pablo no estaba por aquí tampoco, pero tampoco lo estaba ninguna de las dos personas con las que yo más me llevaba. Me tocaría tragar un par de horas de clase yo sólo, aunque lo más seguro es que la mente se me disparase hacia cosas más calenturrientas y no pudiese prestar mucha atención. El profesor entró por la puerta y me preparé para atender.

La atención no pudo durar mucho. Me tocaron al hombro y me giré a mi derecha. Víctor se estaba sentando a mi lado. Éstabamos los dos sólos en esa fila, en uno de los laterales de clase. La fila de delante tenía gente, aunque la de justo detrás aún estaba vacía. "Que pasa zorra, aún te duele lo de ayer?" me susurró al oído. Pasé de él y continué prestando atención. Él, por su parte, sacó su impecable y caro ordenador y lo encendió. "Como no ha venido Pablo, te pago a ti directamente. Ya sé que lo vas a ver esta noche, así que ni se te ocurra no darle el dinero. Se lo das todo, no te quedes nada para ti, guarra." Esperaba que me pusiese el dinero en la mesa, pero no lo hizo. Me lo empezó a meter por dentro del pantalón, en el culo. "Será cierto que la muy puta sigue sin llevar ropa interior... a ti te dicen algo y lo cumples a rajatabla eh? Anda que no estas dominado ni nada..." No sabía ni cuanto dinero me había metido, así que me metí la mano en el culo y los saqué. Veinte míseros euros. Pablo me había vendido a su amigo por veinte míseros euros, de los que yo no iba a aprovechar nada. El dolor de mi culo no valía esa mierda.

"Tengo curiosidad por una cosa. Las tías siempre se quejan de que la tengo grande... quiero mirar a ver qué estragos ha hecho esta vez mi polla". De golpe, me metió la mano en el culo. La cara se me quedó pálida. "No hagas ni un movimiento, chupapollas". Me empezó a meter un dedo, y luego otro más. Obviamente no podía ni coger apuntes, pero el tío disimulaba muy bien. "Pues será verdad que te ha quedado más ancho? Ni puta idea, con lo zorra que eres no me extrañaría de que ya de por sí estuviese más amplio... con todos los tíos que te deben haber follado..." El muy cabrón metió el tercer dedo. "Ahora levanta la mano y pide que repita la última parte". Me quedé aún más pálido.

Para meterme prisa, empezó a mover los dedos furiosamente. Levanté de golpe la mano, el profesor se me quedó mirando y me preguntó que quería "Podría... podría repetir..." Víctor no paró ni un segundo de mover los dedos ahí dentro "la última... parte?" lo último era ya casi un gemido. Me moría de vergüenza delante de toda la clase. El profesor repitió sin ningún problema lo último que explicaba, sin darle más importancia. Una de las chicas de delante se giró "Joder, sí que te poner nervioso hablarle a un profesor". No era eso lo que pasaba, pero sólo pude dedicarle una sonrisilla.

Víctor me volvió a susurrar "Dime, estas mojado?" Vaya sí lo estaba, había empapado los pantalones, puesto que no llevaba calzoncillos. Asentí. "Menuda guarra estas hecha... anda, que no se te olvide darle el dinero. Y no te toques mucho tu triste polla pensando en mí". El cabrón sacó los dedos y no me volvió a prestar atención en toda la hora.

Al acabar la clase, me remangué la camiseta para abajo con tal de tapar las manchas y salí rápido hacia casa. Con toda la tontería me había puesto aún más cachondo y sólo podía pensar en llegar a casa de mi amo.


Estaba en casa, preparándome antes de acudir a casa de mi amo. Como dijo que me tenía preparada una "sopresita", no quise fallarle y lo primero que hice fue afeitarme y depilarme bien. En la cara no dejé ni un pelo de la barba, cosa que me hacía parecer estúpidamente más infantil, pero tampoco me quedaba mal, debía reconocer, y me acostumbraría fácilmente. El pecho y las axilas fue lo siguiente en depilarme. Eso también fue relativamente fácil, puesto que no era la primera vez y no me gustaba mucho tener abundante pelo en esa zona. Cuando llegamos a los huevos, el problema fue un poco mayor. Nunca me había depilado esa parte, y me sentía ridículo haciendo. Cada vez que me quitaba más pelo, me sentía más desnudo y más vulnerable. Cualquier ráfaga pequeña de viento me causaba una sensación extraña. No era algo que me gustase especialmente, pero todo fuese porque le gustase a mi dueño. Depilarme el culo fue algo más complicado, pero no imposible. Tenía un espejo que ocupaba toda la puerta de un armario, así que me tumbé boca arriba delante de él, alzé mis piernas hacia arriba y dejé todo mi agujero expuesto. Cogí la cuchilla y me preparé. En ese momento me ví en el espejo: no me reconocía. Estaba tirado en el suelo, con el culo abierto a cualquiera que entrase en la habitación en ese momento, con mis huevos completamente depilados. No me reconocía, pero me gustaba. Con un poco más de orgullo en el cuerpo, me acabé de depilar el culo. Debía admitirlo: así estaba mucho mejor, tal como correspondía estar. Afeitado, depilado, y lo mejor arreglado que pude me dirigí a casa de Pablo.

A la hora ordenada ya estaba en el portal, así que toqué al timbre y oí su voz "Quien es?". Otra vez la misma historia, sólo que cada vez tenía un poco más clara mi situación y me reconocía más el morbo de responder adecuadamente "Soy su puta, señor". La puerta se abrió sin más, así que supuse haber adivinado la contraseña. Subí hasta la puerta de su casa, me quité la camiseta y empujé la puerta, puesto que estaba entornada. Ya me conocía la casa, así que entré hacia dentro, pero no encontré a nadie. Supuse que tenía que llegar hasta la habitación de Pablo y así hice. Por precaución, antes de entrar decidí dar un par de golpes en la puerta. "Pasa perra" fue la contestación que recibí, así que con tal de no contradecir su orden, abrí inmediatamente y entré.

Pablo estaba tumbado, con el portátil encima. "Lo primero de todo, dame el dinero que me debes". Se refería al que me había entregado Víctor por los servicios realizados, así que le entregué los veinte euros. "Cómo se portó el capullo?" me preguntó con una sonrisa. Algo molesto le empecé a resumir, sin entrar en mucho detalle, lo que había hecho la noche anterior. A continuación, continué con lo que me había hecho pasar esa misma mañana, metiéndome los dedos en el culo en mitad de la clase. Su cara cambió inmediatamente. "Será cabron!". Me tranquilizaba saber que mi amo se preocupaba por mí. "Eso no me lo ha pagado!". Quizá no conocía a mi amo tanto como creía. Se levantó, cogió el movíl y empezó a telefonear hasta que descolgaron al otro lado. Pablo empezó a gritarle a Víctor "No sé de que coño vas, pero al menos ten la decencia de pedirme antes lo que vas a hacer con mis esclavos." Al otro lado se oía disculparse a Víctor, alegando que al fin y al cabo sólo era para reírse y que el único que había disfrutado aquí era yo. Esas excusas no le bastaron, pero pareció conformarse si le prometía que sería la última vez que actuaba sin avisar. Éste aceptó y colgó. "Perdona, pero es que tu amo soy yo, y si alguien quiere algo de tí tiene que hablar antes conmigo. Pero bueno, como te decía, hoy tengo una sopresita para tí. ¿Te has preparado bien?" Le contesté con un "Sí señor" y procedí a bajarme los pantalones y quitarme zapatos y calcetines. Tenía el cuerpo desnudo, sin ningún pelo donde no tenía que tener una persona de mi clase. "Bien, bien, me gusta. Has hecho un buen trabajo. A cuatro patas". Obedecí y me coloqué como pidió. "Te has currado bien ese culo. Y los ejercicios físicos seguro que empezarán a notarse pronto. Me sirves bien". Me sentía lleno de orgullo, era agradable complacer a tu amo.

"Como te decía, te he preparado una sorpresita". Giro la pantalla de su ordenador, pero no podía ver más que mi propia imagen que proyectaba la webcam. "Te acuerdas de los anuncios que puse por internet? Habían bastantes interesados así que pensé que una primera opción era que les contentases a todos un poco. Aquí hay tíos que van a pagar por verte, así que cúrratelo." Podía estar asustado, pero no lo estaba tanto. Al fin y al cabo, esa gente no podía tocarme ni destrozarme, como otros. Estaba dispuesto a hacerlo, podía ser incluso divertido.

Cuando ya estuvo todo preparado, encendimos la cam. El primero en conectarse fue un hombre gordo peludo. Como siempre ocurre en estos sitios, no se veía otra cosa que no fuese su polla masturbándose. Ambos teníamos los micros encendidos. "Dime lo perra que eres". Tenía que estrenarme y quería hacerlo bien. Me coloqué a cuatro patas sobre la cama delante del portátil, con el culo bien en pompa. "Soy una auténtica perra, una comepollas, señor. Vivo para tragar semen y para que me preñen el culo, no sirvo para nada más. Mi único órgano sexual es mi culo". Ni yo me creía lo que decía, pero parecía que ante las cámaras me crecía. Al fin y al cabo, debía admitirlo, estaba muy cachondo. El gordo empezó a masturbarse frenéticamente. "Enséñame ese culito bonito". Me puse en la misma posición que cuando me depilé el culo, la espalda en la cama y las piernas arriba, con los pies lo más atrás que pude. Me llevé un dedo a la boca y me empecé a acariciar el culo. El tío se masturbaba como loco. Cuando me empecé a introducir un dedo, comencé a gemir, como siempre me pasa. El gordo no aguantó más y se corrió a borbotones. Inmediatamente, cortó la señal.

La imagen de la cam cambio y se vió a un tío mucho más joven. Esta vez podía verse mejor: debía tener unos 28 años, el pelo corto militar y unos pectorales y abdominales de infarto. Ojalá no estuviese detrás de una cámara, pensé. Aún estaba en la posición que me había quedado, con el culo bien expuesto, enseñándolo a mis invitados. "Hola zorra, sabes usar bien tu culo?" Por supuesto que sabía, después de la polla de Víctor, podía domar cualquier otra cosa. "Sí señor, le puede dar un buen uso". Continué metiéndome un par de dedos. "Tienes algún dildo cerca?"

Cuando me giré, Pablo ya me había preparado tres dildos, de diferentes tamaños y colores, en una bandeja. Esta vez había sido atento, me había dejado un poco de lubricante. "Coge el más gordo". Agarré con la mano un dildo absurdamente gordo, de color negro, y me lo empecé a introducir. Con el lubricante todo era más facil, y disfrutaba de ir metiéndomelo. Cuanto más dentro, más largo era mi gemido. El chulo empezó a masturbarse con ganas, le estaba gustando. "Mételo hasta el fondo". De un solo golpe, me llegó hasta lo más dentro que pudo, chocando la base del consolador con mi ano. "Manténlo ahí dentro". Yo tenía una cara de salido total, con la mirada perdida hacia arriba y la boca abierta, salivando. "Y ahora, ves soltándolo". Fui a cogerlo con la mano, pero su voz se adelantó. "Sin manos, como si lo cagases". Me cogí los pies con las manos y empecé a hacer fuerza con mi ano, hasta conseguir, centrímetro a centímetro, que todo lo largo del dildo saliese de dentro.

El consolador salió despedido, dejándome sensación de vació en el culo. "Tienes un buen coñito, un día me gustaría probarlo personalmente". Con esto colgó y me dejó en espera de la siguiente visita.

No tardó apenas unos segundos en aparecer un nuevo invitado. Me llamó la atención, puesto que iba vestido, tanto con camiseta como con pantalón vaquero, pero no se le veía la cara, aunque se notaba que era joven. Después de verlo, me recoloqué en mi pose y continué acariciandome el ano. El nuevo invitado no tenía micro activado, pero sí podía oírme, así que empezó a teclear: "Hola. Hay alguien contigo?" No entendí muy bien, y no supe que responder. "Acércate más a la cámara". Me puse a cuatro patas y acerqué mi cara. "Hay alguien más, si o no?" Miré a Pablo, y este me hizo gestos de que no con la cabeza, así que no supe que contestar. Mi dueño se negaba a mostrarse por cam, puesto que quedaba claro que yo era la única zorra dispuesta a recibir órdenes. El desconocido siguió insistiendo ante la falta de contestación. Pablo, vista la insistencia, se acercó al portátil y miró la imagen de la pantalla. No supe verlo, pero la expresión de su cara cambió: había algo que le hacía reconocer al tercero, quizá la ropa, quizá la habitación donde estaba.

Pablo me hizo señas haciéndome saber que había cambiado de opinión y que estaba dispuesto a según que cosas. Le hice saber a mi cliente que sí que había alguien más, y el nuevo mensaje no tardó en aparecer: "Bien, chúpale la polla". Pablo no se lo pensó dos veces. Ya estaba en gallumbos, así que solo tuvo que bajárselos, acercárse a la cámara y darme de mamar. Él estaba de pie, mientras yo, arrodillado en la cama, le chupaba todo el falo. El de la cámara podía verme perfectamente la cara, pero de Pablo sólo podía ver su polla. Lo hice como mejor sabía, combinando una buena felación con lamidas y pajas, mirando de vez en cuando a la cámara con mirada lasciva. Sin duda, estar delante de una cámara me ponía.

"Muy bien, cambiaos". Eso fue lo único que escribió. Miré a Pablo, quien también leyó el comentario, pero me hizo que no furtivamente con la cabeza, mensaje que retransmití al suscriptor. "He dicho que os cambiés. Ya." Pablo no sabía que hacer, esta un poco estresado, pero se sintió avergonzado de hacer lo que iba a hacer. "Venga", fue el siguiente mensaje que recibimos. Bajo la presión, Pablo se vino a la cama, se hizo un hueco y me empezó a chupar la polla. Se notaba que el tío disfrutaba, pero no se masturbaba. Daba la sensación de que no quería darnos el placer de dejarnos verle la polla. "Hasta que se corra". Pablo no sabía que más hacer, se notaba que no tenía mucha experiencia, pero yo disfrutaba. "Métete un dedo en el culo" Me incorporé un poco y me fui a meter un dedo. Nuevo mensaje en la pantalla: "Tú no". Pablo flipaba. Sin saber muy bien ni porqué obedecía, se metió ese dedo. Yo, por mi parte, no aguantaría mucho más, me tenía que correr. Pablo lo veía venir, y me lanzó una mirada, dejándome claro que más me valía que no me corriese encima suya. No pude aguantar más y me corrí, pero procuré que todo cayese sobre mí. El último mensaje que recibimos antes de que repentinamente se cortase la conexión decía "Qué fácil eres en el fondo, Pablito". Mi amo estaba lleno de rabia, o no sabía muy bien qué. Me daba la sensación de que él sabía bien quién estaba al otro lado desde el principio, o lo sospechaba.

Cerró el portátil de un golpe. "Se acabó la sesión. Vete a casa. Ya te diré cuando quiero volverte a ver, puta". Recogí mis cosas, me vestí, y salí por la puerta sin dar mucho portazo. No sabía que había pasado.



© Demeter

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