Utilizamos cookies propias y de terceros para prestar nuestros servicios y mostrar publicidad relacionada con sus preferencias.
Si continua navegando, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Política de cookies.
Usuario:
 Contraseña:
 CREAR CUENTA  Recordar Clave  Ayuda
 9.156 Usuarios Conectados [ Contactos ] [ Comunidad de Cams ] [ Twitter TodoRelatos ]  1.453.807 Miembros | 19.455 Autores | 99.139 Relatos 
Fecha: 05-May-17 « Anterior | Siguiente » en Orgías

Machona y caliente

AmbarConeja
Accesos: 10.266
Valoración media:
Tiempo estimado de lectura: [ 17 min. ]
 -   + 
Soy un nene en el cuerpo de una nena, y eso me excita más que nada en el mundo! Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Machona y caliente

Cuando tenía 18 años viví la mejor experiencia de mi adolescencia. Aquello me marcó indudablemente para siempre.

Me llamo Pilar, hoy tengo 26 años, trabajo como cajera en una tienda de ropa deportiva y soy poco voluntariosa para terminar el  secundario. Tuve que dejarlo en mitad de mis 18, porque quedé embarazada. Mis padres me pusieron de patitas en la calle, y yo con mis penas fui a parar a lo de mi padrino. Como era un hombre viudo y, sus hijos ya no vivían con él, no hubo problemas con que, a cambio de limpiarle un poco la casa y cocinarle, yo pueda alojarme allí. Tomás, mi hijo hoy tiene 7 años y es igual a su mamá cuando era niña. No es que sea muy afeminado, que juegue con muñecas o que se pinte los labios. Por el contrario. Yo era un varonsito inquieto, trepador de árboles y bastante violento.

Me encantaba pegarle a los nenes, y la excusa perfecta era la de defenderme cada vez que me decían gorda. En efecto, que sea gordita, piernuda y muy buena dominando mi cuerpo me proporcionaba fuerza. Se me hacía fácil pegarles, hacerlos llorar o sangrar de vez en cuando la nariz o la boca.

Uno de ellos me decía Pipo, supongo que para resumir y no decirme pipona.

Siempre jugué a la pelota con ellos. En el colegio, en el patio y en el barrio, en la canchita de la esquina o en la calle, cuando a la siesta no pasaba ni el perro.

Me ponía de pésimo humor cuando me mandaban al arco, pero me la bancaba. También disfrutaba revolcarme de un palo al otro. Por ahí terminaba lastimada, con un dedo mocho o con la nariz chorreando sangre gracias a un pelotazo. Pero no me resistía a jugar en patas.

Me encantaba bajarle los pantalones a los del equipo rival, y que los míos festejaran mi travesura.

Vivía callejeando. Si no era por el fútbol era por las carreras en bici, porque nos poníamos a cazar gorriones, a tocarles el timbre a las viejas y salir corriendo, o para robar flores del coqueto jardín de doña Teresa, la curandera del barrio.mi madre nunca sabía por dónde buscarme. Me pudría la cabeza diciendo que debía comportarme como una señorita, que ordene mi cuarto, que me lave la ropa, que me bañe o me cuide el pelo. Se ponía furiosa cada vez que mi tía Amalia me cortaba el pelo como un varón las veces que yo se lo pidiera.

Los días de lluvia andaba con los pibes chapoteando por las zanjas, ya que mis calles eran de tierra, y jugábamos a la lucha hasta que alguno terminaba herido.

Mi padre se enojaba cuando me veía descalza por la casa, y aveces en bombacha y remera por las noches. Mi hermana más grande se quejaba de mis olores y de mis pocas ganas de estudiar. En el colegio ya no solo me cargaban por ser gordita, sino por mi olor a pis. Eso por alguna razón me gustaba.

Cuando una guacha me dijo en quinto:

¡che Pili, cambiate la bombacha nena, que tenés mucho olor a pipí! Vos no lo notás?!, me acuerdo que le pegué, y que en el mismo momento le pedí perdón. Mientras ella mariconeaba un poco por mi cachetada, la besé y le dije:

¡ya está Lore, no llores, y no te preocupes, que hoy me baño!

Le di un piquito para reírme de ella, pero no entendí por qué tuve unas cosquillitas raras en la v vagina. Incluso sentía ganas como de mearme encima.

Como Mariano, uno de mis compañeros nos vio, enseguida empezó a decir que Lore y yo éramos novias. En el patio lo tiré al suelo y lo re cagué a patadas, mientras me quedaba con su alfajor, y sus amigos se le reían en la cara. Esa vez terminé en la dirección. Esa y unas cuántas más después de aquel día.

Se me había hecho costumbre pelear con los varones. Las chicas siempre intentaban mediar para que no me lastimen, pero yo no quería perderme la oportunidad de pegarles, insultarlos y de defender a cualquier taradita que no tuviera el valor de hacerlo por sí misma.

Era incontrolable por las profesoras y la directora. Cuando Paula me dijo que Cristian le tocó la cola, fui a buscarla re encabronada al otro quinto, sin importarme la clase. Le inventé que la profe de música lo necesitaba, y cuando estuvimos en el patio le bajé el pantalón de una y le di terrible patada en los huevos, jurándole que si volvía a tocar a mi amiga le iría peor.

También me enfrenté a Mariano y a Nicolás, ni bien la Viki me dijo que los dos le tocaron las tetas y el culo en el baño.

Cuando era el cumple de alguno, yo era lo que más lo castigaba en medio de la piñadera que los otros le otorgaban. Yo lo mordía, lo rasguñaba, le daba patadas en los tobillos y a veces le apretaba el pito con fuerza. Una vez a un guacho lo dejé en calzoncillos mientras los otros seguían dándole su merecido festivo. Con ese, que se llamaba Martín, fue con quien perdí una apuesta. Yo creía que la Colo le diría que no a sus intenciones de ser su novio. Pero la culeada le dijo que sí, y lo besó adelante mío. Como perdí tuve que ir al baño de varones y mirarle la pija, a él y a Mariano mientras meaban. Los tres en el mismo baño!

Cuando terminaron me arrodillaron y me obligaron a chupárselas.

¡dale Pipona, dale que me salta la lechona enseguida, chupala guachita!, decía Mariano apretando los ojos.

¡a mí también me salta rápido nenita, chupala gorda sucia, dale que no sabés cómo nos pajeamos pensando en vos!, agregó Martín riendo descarado.

En cuanto el semen de Martín comenzó a fluir de su pitito apenas erecto, se lo mordí y le razguñé los huevos. Mariano quiso que se la siga mamando, pero entonces mi ira incontenible hizo que lo empuje sobre el pozo y se dé la cabeza contra la pared, además de ensuciarse la ropa. El otro salió corriendo a buchonearme a la directora.

No sé si fue el mismo día en que mis bviejos se separaron. Aunque es posible que haya sido esa noche. Mi hermana, que por aquel entonces tenía 23, estaba a los chupones con su novio en la cama, mientras yo intentaba dormir. Era la única pieza para los tres hermanos, y agradezco que esa vez no estaba mi hermano mayor.

Sucede que justo cuando el sueño me vencía, oigo que empiezan a hacer la cochinada con tantas ganas que, me descontrolé. Ella gemía pidiendo más, y él la besaba jadeando cuando salí de la cama en calzones como estaba, prendí la luz, y me tiré encima del pibe que estaba en bolas sobre mi hermana. Empecé a darle puñetazos en la espalda, a escupirlo y razguñarlo diciéndole que quería dormir, que eran dos alzados de mierda y que yo no tenía por qué escucharlos coger.

El flaco se levantó con la cara llena de odio.

¡querés verme la pija pendeja roñosa, querés que te coja a vos también enanita?!, me dijo mientras me hacía agarrarle la pija. Nunca había visto una verga tan dura y larga!

Mi hermana lo echó al carajo haciéndole una escena de celos, y el pibe se vistió lo más rápido que pudo para irse entre puteadas, portazos y amenazando con salir en busca de una putita.

En cuanto él dio el último portazo y mi hermana entró a la pieza me increpó entre cachetadas y tirones de pelo, cuando ya me había acomodado para dormir.

¡quién te creés que sos pendeja? Sos una gorda machona, ni tetas tenés boluda, sos un animalito, y nadie te va a coger nunca sabés, por sucia! Mamá tuvo que haberte abortado, por deforme! Mirá lo que es tu cama, esa bombacha meada, toda tu ropa de crota! Me das asco Pilar, y me cagasta la cogida mogólica!, gritaba la muy idiota, ignorando que nuestros padres seguían discutiendo en la cocina.

Me defendí, y durante un rato fue un concierto de trompadas, arañazos y cosas que iban y venían por el aire. Cuando el viejo vio aquel desastre, nos cagó a cintazos, y yo me dormí llena de rencor, después de hacerme pis encima, muy calentita por todo lo que viví. Me excitaba mucho tamaña acción.

En esos días me la pasaba con los pibes en la esquina de la canchita, tomando vino, birra o fernet a la par de ellos, y fumando como una condenada. Casi siempre algún desubicado me manoseaba, y yo lo disfrutaba. Mi cola tenía cierto prestigio, y todos le declaraban sus mejores piropos.

Con mi hermana me cagué a piñas varias veces más. Una de esas fue fatal porque, en el fragor de la pelea, la inmunda me coló dos dedos en la concha.

¡depilate gorda puta, porque por acá la pija del que te coja se queda enredada!, dijo riendo, y encima me chuponeó las tetas. Tuvo que entrar mi hermano mayor a separarnos. Ella lloraba vendiendo lástima, y él la abrazaba más de la cuenta. Vi que le tocaba las tetas, y que se la tranzaba diciéndole:

¡tranqui Pao, si Pilar es un nenito, y a vos siempre te la voy a dar toda!

Quería pirar de mi casa, pero no sabía cómo.

En el colegio seguía participando de cuanta riña pudiera. Una vez me vengué de la Colo, porque cuando le pedí permiso a la profe de dibujo para ir al baño ella dijo:

¡dejela profe, que sino esta se mea como en su camita!

Apenas el recreo llegó la tumbé contra la pared del patio y le comí la boca con fuerza. Luego la llevé al baño, le agarré las manos, las puse en mi entrepierna debajo de mi bombacha y se las meé todas. Después la tiré al piso, me bajé el pantalón y me subí a su cara para que me chupe la concha.

¡salí gorda villera, dejame tortillera de mierda, sos horrible nena!, decía mientras yo le frotaba la concha por toda la cara. Desde luego, su lengua no me hizo nada. Sin embargo, eso comenzaba a calentarme. En esos tiempos también disfrutaba de pelearme con las chicas, más que nada para mirarles las gomas, la bombacha, el culo y, si se podía la conchita.

Tuve una novia a escondidas. Se llamaba Rocío, tenía lindos ojos, y un culo precioso. No duramos mucho, porque ella no entendía mi forma de ser. Además yo era muy celosa, y ella nunca me dejó chuparle la concha como yo quería. La última vez que nos vimos nos re cagamos a palos a la salida del colegio, y esa vez acabé como nunca mientras me apretaba las tetas buscando hacerme daño.

Otra vez el profesor de gimnasia tuvo que meterse a detener mi encarnizada lucha con dos flacas escuálidas de exto. Una de las dos había escrito en una de las paredes ¡Pilar Lopez, te la chupa y no te cobra!

Sabía que fueron ellas porque entraron al baño justo cuando yo se la mamaba a Juan Cruz. El guacho me dijo en el recreo que la tenía tan dura que le dolía una banda, y como yo era su mejor amiga le hice el favor de sacarle la leche. Me divertía hacerlo con cualquiera!

Cuando salí las vi comentando lo que observaron, y enseguida la Lore me avisó de la pintada. A una de ellas le bajé un par de dientes. En el momento en el que el profe se metió, yo le mordía el culo a la otra y, sentía que algo flotaba adentro mío al romperle la tanga, oler y saborear sus piernas y sus nalgas. A esa le sangraba la nariz.

Claro que me suspendieron por tres días del colegio.

Mis viejos se separaron por que mi madre había descubierto que su marido tenía dos hijos con la hija de la curandera. Mi vieja se deprimió al punto de no importarle nada. De hecho, una vez entré a la cocina, y Paola estaba meta petear a mi hermano. Mi madre miraba la tele indiferente, y ni siquiera escuchó mis protestas.

Cuando Paola se quedó en bolas, él la tiró arriba de la mesa y se le subió para darle bomba. Mis hermanos cogían entre ellos, y mi madre no movía una pestaña!

Repetí quinto año, probé mariguana, llegué borracha varias noches a casa, y hasta me atreví a chuparle la pija en la cocina a Juan Cruz delante de mi madre, una tarde en la que la tenía como un ladrillo y no paraba de tocarse. Me daba cosa que le duela el pito y los huevitos a mi amigo!

Pero mi madre estaba shockeada!

Para mis 18 había una extraña sensación revoloteando en mis entrañas, y aunque no sabía de qué se trataba, me la pasava jugando a la pelota. Sentía que en la canchita podía estar la respuesta.

Me sorprendí cuando una siesta fui a comprar puchos, y el gil del kiosko me dijo:

¡che gorda, así que no cobrás para comerte una buena pija?!

El pecho se me resquebrajaba y las manos se me convertían en dos pesados puños listos para actuar.

¡no te hagas la mala conmigo eh, que ya te voy a agarrar solita en el campito, y vamos a ver si sos tan matona!, dijo mientras le tiraba la guita y me iba. No le hice nada porque el tarado es hijo de un milico.

Entonces, el gran día llegó. Fue a una semana del cumple de Paola. No hubo fiesta, como tampoco para mis 18, ni vestidos ni torta. Solo una tarde de cervezas y fútbol. Para ella solo una tarde triste.

Juan Cruz me regaló una caja de forros, un alfajor y una revista porno. La Lore una bombacha de River y un cd de las Pastillas del Abuelo. Mis hermanos, bien gracias. Mi madre ni se acordó, y mi viejo me mandó un sms al celu, tanfrío como lo fue con nosotros.

Aquel sábado el guacho del kiosko que se llamaba Iván había organizado un partido. El que perdía debía pagarle al otro un cajón de cervezas.

Uno de los equipos era el suyo con sus amigos, casi todos arriba de los 25 años. El otro era el mío, en el que jugaba Martín, Juan Cruz, Mariano, Tomi, Elías, Mati y yo.

En el fútbol sí que hay que correr como loco. Yo estaba en pantalón corto y remera, en patas y re sucia. Los del grupo de Iván se reían por los pelos de mis piernas, por cómo se balanceaban mis rollitos al trotar y de la forma en la que escupía si me ahogaba en algún pique. Era buena pasadora, y no le pegaba tan mal.

Esa vez convertí dos goles de penal y uno de tiro libre. Ganamos 7 a 1, y el guacho tuvo que ponerse con el jonca de birra. Pero en el partido tuve que soportar que los amigos de Iván me manosearan, me claven dedos enel orto y me bajen a cada rato el pantalón.

Los de mi equipo me defendían, y dos por tres se armaba un show de piñas.

Iván logró meter mi mano adentro de su slip para que lo pajee un ratito, y cuando le escupí en la cara me acabó en la mano. La tenía gordísima, transpirada y llena de semen. Me limpié la mano en el pantalón y seguí jugando.

En otro momento Juan Cruz me dijo sin dudarlo:

¡ey amiguita, tengo la pija que se me va a reventar!

Entonces, cuando estuve en el arco lo llamé para darle unos chupones y calentarlo un poquito más.

El partido terminó, y mientras los perdedores huían como ratas, nosotros festejábamos saltando eufóricos. Hasta que dije que me banquen un toque, y en el medio de la cancha me bajé el pantalón y la bombacha para mear. No aguantaba más!

En ese instante los seis me rodearon y se babeaban al mirarme.

¡sos una masa guacha, alto tiro libre clavaste!

¡y qué hermosas lolas tenés gila, yo te la doy toda Pipona, te desinflo con mi verga bebé!

¡acordate que tenés que chuparme la pija nena!

¡qué buen orto te dio tu mamita gorda!, decían los pibes que no me dejaban levantarme.

Cuando al fin zafé de ellos abrimos unas cervezas y nos prendimos unos fasos. No sé cómo se dio, pero al rato todos me corrían para toquetearme. Juan Cruz fue el primero que me alcanzó. Me volteó al suelo de un empujón y se bajó el pantalón. No tenía calzoncillo.

¡dale Maradona, comeme el pito nena!, decía poniendo su carne cerca de mi boca.

Enseguida los otros fueron cayendo sobre mí.

¡feliz cumple pendeja, y espero que te guste nuestro regalo!, dijo Tomi.

¡síiii, le va a gustar, si ni siquiera sabemos si alguna vez lo hizo!, agregó Mariano.

¡qué olor a chibo tenés gorda, pero igual te voy a chupar las tetas!, dijo Martín, y todos los demás reían acotando guarradas.

Al fin comencé a comprender. Pero aunque quisiera hacerme fuerte con los puños, no lograban que me suelten. Cuando miro mejor, noto que salvo Mariano y Martín, los demás tenían sus pantalones por los tobillos.

Les dije que no se las iba a chupar, mientras Juan se pajeaba entre mis labios, y Elías me pegaba en el culo pisando mis pies para que no me mueva.

Pronto los seis me pegaban, me metían sus dedos sucios en la boca, me estiraban la remera, me amasaban las tetas y me hacían tocarle las pijas. Todos la tenían re paradas!

Juan Cruz entonces me la metió en la boca y me ahogó cuando su salcita blanca invadió mi garganta. Tosí como una pelotuda, y estornudé liberando una cantidad de mocos que pareció alentar a Mariano y a Elías  a ponerme sus penes en la boca.

Hasta ahí no tenía drama. Se las chupaba entre mordiditas y sorbitos, y hacía que sus pijas se choquen. Pero cuando Tomi me quitó la remera y Martín el pantalón, intuí que todo se saldría de control.

Todos otra vez estaban sobre mí, pajeándose, estirando y oliendo mi bombacha, arengando a los guachos a largar su leche en mi boca y a frotar sus pijas por mi piel.

Yo ya estaba llena de pasto y tierra. Cuando quería gritar, porque sabía que lo que se me venía podía ser terrible, alguno me golpeaba o me atragantaba con su pija.

Elías acabó en mi cara, y me hizo lamer su calzoncillo. En un momento me amordazó con él.

De repente siento que alguien me abre las piernas, y otro huele mi culo y mi concha con desenfreno.

¡la tiene re peludita la gorda petera, mirá Tomi!

Era la voz de Mati la que olfateaba mi intimidad.

¡che nena, es verdad que te hacés pis en la cama todavía?!, acertó Tomi, y losotro rieron. En ese instante un cuerpo cae sobre mi humanidad, y entonces persibo la punta de un pito apoyarse en la entrada de mi vulva.

¡dale, cógela fuerte a esa cochina!, dijo Martín mientras me hacía un enchastre en el pelo con su acabada.

Como estaba boca abajo, no veía al que en breve deslizaba toda su pija adentro mío, pero cuando el infeliz me dio vuelta supe que era Mariano.

Elías me rompió la bombacha y se pajeó contra mis tetas.

Entonces Mariano me acostó en el suelo y le cedió su lugar a Tomi. En cuanto comenzó a penetrarme, Juan, Mariano y Mati rodearon mi cara para que se las mame, mientras también sentía los dedos de alguno rozarme el culo.

Enseguida me pusieron en cuatro patas. Ahora Martín me cogía la concha y mi boca apestaba a pija de tanto lamérselas a todos. Solo que me pegaban, me quemaban con faso, Elías me meó las manos y todos me demigraban con insultos y escupidas.

Cuando Juan me apartó del resto, se me tiró encima y me penetró arrastrándome por el pasto hasta que eyaculó en mi interior.

Al rato Mati me arrodilló y me dijo:

¡chupanos el culo a los dos gorda sucia!

Se trataba de él y de Tomi, quienes mientras aullaban cuando mi lengua y mi saliva resbalaba por sus anos sudados, dejaban que Juan Cruz les chupara las pijas.

Cuando miro a mi alrededor descubro a Mariano y a Martín tirados en el piso mamándose uno al otro, y eso me calentó.

Fui a chuparles el culo a ellos un rato, y en cuantro me hice pichí, Elías me puso en cuatro para calzar su pene en mi vagina caliente.

El hijo de puta me arrancaba el vello púbico al tiempo que me bombeaba! Y pronto invitó a Tomi. Cuando las dos pijas me cogían la concha a la vez lloré de dolor, pero no podía detenerlos. Encima los otros reducían mi moral aún más con sus pijas en mi boca. Hasta probé el pis de Martín, y me pareció delicioso. Alguno de ellos dos acabó en mi concha.

Paramos un rato solo para beber cerveza, y en cuanto Martín dijo:

¡che gordita, sabías que sos una petera muy fea, pero que la chupás re masa?!, todos volvieron a rodearme. Esta vez los esperé acostada, y uno a uno fue pasando para cogerme la argolla, el que mejor lo hacía era Juan Cruz. Tenía una pija que me hacía ver las estrellas!

Al cabo de un rato mi cuerpo estaba encremado en semen. Estaba mareada, borracha, meada, sucia, porreada y desnuda corriendo por la canchita mientras ellos me perseguían con sus vergas duras como troncos.

Cuando llegamos a un árbol Juan Cruz me hizo abrazar la madera, subir un poco la cola y dejar que los seis metan y saquen dedos de mi vagina empapada, los que luego me hacían chupar. Pero pronto sentí la dureza de una poronga entre mis nalgas, y temí por que me desgarraran. Entonces, apenas aquel glande estuvo atrapado en mi colita, me tiraron al suelo y sentí cómo me entró toda en un impacto brutal. Grité, le mordí los dedos al que quiso callarme, me retorcí de dolor y hasta comí yuyos de la bronca.

Era Mariano el que me culeó por primera vez. A él le siguieron Elías y Tomás. Los otros no se animaron, pero sí me cogían por la concha mientras alguna de las pijas que mencioné me aniquilaba el orto.

En un momento tenía dos pitos en la concha, uno en el culo y dos en la boca. Cada vez que una pija salía expulsada de mi cola, tenía la sensación de que me iba a cagar encima. Cuando ellos me lo pedían me ponía loca. Pero solo me meé unas cuantas veces.

Cuando quise acordar solo me acompañaba Juan Cruz. El pibito no se fue hasta que no me acabó en el culo.

Eran las 12 de la noche,y yo no encontré más que mi pantalón re meado, me lo puse igual y corrí a mi casa. Esa ves quedé preñadísima, y no puedo saber de cuál de esos perversos fue.

Juan Cruz estuvo a mi lado hasta mis 20 años. Nos pegábamos terribles cogidas. Incluso cuando estaba embarazada. A él le excitaba tanto pensar que el bebé podía tomarse su leche!

La noche del barullo, cuando llegué a casa mi hermana estaba garchando con otro flaco. Todo estaba tan normal que a nadie le importó que estuviese con un bebito adentro. Mi vieja seguía como estúpida, y entonces me las arreglé solita.

Hoy soy lesbiana declarada, y nuestro nene sabe que yo hago de papá. No puedo dejar de pensar que la semana del campito fueron los mejores polvos de mi vida!      fin


Comunidad de Autores y Lectores de TodoRelatos
Chatea online con webcams!

comunidad.todorelatos.com

© AmbarConeja

Valore y Comente los relatos que lee, los autores lo agradecerán y supondrá una mejora en la calidad general de la web.
 Comentarios sobre este Relato (0)
\"Ver  Perfil y más Relatos de AmbarConeja
 Añadir a Lista de Favoritos
 Reportar Relato
 Excelente
 Bueno
 Normal
 Malo
 Terrible
« VOLVER A LA PAGINA ANTERIOR IR ARRIBA  ▲
 
LWNET 1999-2017 | TodoRelatos.com v3.80
Info Legal / Privacidad / Cookies · Ayuda · Stats · Enlaces · Contacto · Webmasters (Sponsors Favoritos)