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Fecha: 08-May-17 « Anterior | Siguiente » en Hetero: General

Me tiré a mi ex novia siendo actor porno

Apolonio Tealorus
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Cuando tenía veintitrés años mi primer amor me dejó, ella quería ver mundo. Cinco años después la encontré en el rodaje de una peli porno. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

Cuando tenía veintitrés años mi primer amor me dejó, ella quería ver mundo. Cinco años después la encontré en el rodaje de una peli porno.

Han pasado ya dieciocho años desde que trabajé en aquella película como actor secundario porno, tenía veintiocho años y nunca lo olvidaré. En aquella época yo buscaba trabajo, y vi un anuncio de un casting para un puesto como actor porno. Ese había sido mi sueño cuando "me mataba a pajas" a los dieciocho años, pero en aquella época yo estaba cargado de complejos; y no me atreví.

Conocí a María José como compañera de trabajo en mi primer empleo, un almacén de frutas y verduras, ella tenía dieciocho años, yo dos más. Trabajamos juntos durante tres años "platónicos", nunca antes me había enamorado: su sonrisa, su bello rostro lleno de pecas, su melenita corta, "pelirroja como el fuego". Por las mañanas me duchaba, me afeitaba y me perfumaba para ir a trabajar, bueno, mejor dicho, lo hacía para ella. Cuando ella me miraba sentía una emoción que después nunca he vuelto a sentir. Ella reía con una sonrisa contagiosa, si me miraba a mí, yo creía descubrir en su mirada también el amor. Si pensaba en decirle de quedar al salir del trabajo, "me sudaba la frente  solo de pensarlo", y no me atrevía, ¡yo!, que era muy guapo y todo un conquistador. Durante dos años estuve sin atreverme a pedírselo, después, otra compañera de trabajo, "nuestra concubina", buscó la ocasión y comenzamos a salir.

Ella me dijo al empezar a salir que no quería sexo hasta después de casarse, solo me dejaba besarla y tocarle las tetas. Salíamos con su grupo de amigas y a veces con mis amigos. Poco antes de que ella me dejara, una amiga suya me dijo que María José no me quería, que no estaba enamorada de mí, pero que no se atrevía a decírmelo; un mes después, estando en una discoteca con más gente, se puso a bailar con un amigo mío y en la misma pista de baile ella lo besó en la boca... sentado como estaba, me derrumbé; se sentó a mi lado y me dijo:

—Apo, no aguanto más, necesito ver mundo, encontrar alguien de quien me enamoré, Apo, yo no te quiero, eres guapo y buena persona, pero te dejo a ti y dejo el trabajo en el almacén de verduras; me marcho a ver mundo con lo que tengo ahorrado.

—María José, ni siquiera hemos follado, con tu royo del matrimonio.

— Quiero serte más sincera aún... no es verdad que espere al matrimonio para hacer el amor, espero a alguien del que este enamorada; "perdona que sea directa", pero creo que es mejor así.

Después de ese día no la vi en mucho tiempo, aquel amigo se disculpó por "haberle metido la lengua en la boca", ¡así mismo me lo soltó!, mal amigo... le eché la cruz y no volví a quedar con él. Seguí trabajando algún tiempo en el almacén de verduras; pero todo allí me la recordaba a ella, y a los dos meses también busqué un trabajo nuevo y me marché.

Habían pasado ya cinco años y mi enamoramiento se había esfumado, durante esos años me volví más audaz. Mi mayor satisfacción había sido experimentar el mundo de la dominación, visitando sitios de esa temática, donde conocí a varias mujeres, todas sumisas de distintas edades; con las que experimenté momentos "intensos"; pero sin amor. Al ver aquel anuncio (se ofrece trabajo como actor porno, casting en...) me sentí capaz de probar, me provocaba excitación  realizar mi sueño. Al llegar a la dirección indicada, una oficina de una productora en el centro de la ciudad, entré y dije a lo que iba, me dijo ese señor trajeado:

—Joven, rellena este cuestionario y en esta dirección te harán un análisis de sangre, si sale bien y estas sano, te llamaremos por teléfono para decirte donde y cuando harás la prueba.

El análisis salió perfecto, me lo dijeron al llamarme y darme la fecha de la prueba. Dos días después me encontraba en un enorme chalet, al entrar y dar mi nombre me pasaron a una habitación con muchas sillas, donde había otros nueve jóvenes, algunos de veintitantos como yo, pero también dos más maduros, todos hombres. Ninguno hablamos, solo vi como varios de ellos se "palpaban" tocándose la bragueta para entonar "la fiera". Al cuarto de hora entró una señora mayor y nos dijo:

—Buenas tardes, muchachos quiero que os desnudéis completamente, dentro de unos minutos pasareis con Olga, la actriz que hará la selección.

Al poco pasamos todos en pelota, en fila, como en las duchas de la mili... al entrar a la habitación contigua nos recibió una rubia espectacular, de rasgos nórdicos, rubia platino; su cintura era tan exageradamente delgada como prominentes eran sus caderas, lo mejor su mirada, derretía al mirarte. Estaba completamente desnuda, su bollo era muy abultado, y todo rasurado excepto una línea "como una ceja de fina" en el centro de su pubis... se quedó mirándonos como examinándonos, con las piernas algo separadas, los pechos de punta, los pliegues íntimos color carmesí asomando al exterior.

Di un vistazo a izquierda y derecha, a ver como estaba de "armada" la competencia; casi todos se tocaban el pene para estirarlo, menos un muchacho algo grueso y yo; mi pene, no tenía presión, si salía bien la prueba mejor, si no, lo habría intentado... con ese pensamiento acudí a aquel lugar. Mi mirada estaba fija en el perfecto conejo de la rubia, que era más alta que yo, me excité pensando que ella estaba allí para que me la follara, y mi pene, sin tocarlo, comenzó a dar saltitos, a elevarse como el gato del coche; ver a mis compañeros meneándose el pito me hizo sentir especial al mirar como mi pene estaba tan duro como un palo, es muy grueso, de unos dieciocho cm, pero sobre todo la punta la tengo tan gorda como una porra de "arrear"... Desde siempre, si me empalmo se me queda "en alto" hasta que escupe su sentido de ser. Los ojos de Olga se clavaron en mi nabo inhiesto y gordo, que brillaba, con los surcos marcados; ella con un acento extranjero dijo:

—Tú, el de la cachiporra, y el gordito del pene largo os quedáis, los demás, ya os podéis volver con vuestras novias.

Olga no lo dudó, me señaló a mí y al del nabo grande, un hombre algo mayor que yo... su pene aún algo flácido era de más de veintitrés centímetros, algo más delgado que mi pitorro.

Olga se tendió en una cama, al otro hombre lo dejó de reserva, y abriendo mucho las piernas, y de cara al techo, me dijo:

—Cómo te llamas

—Apo, señora.

—No me llames señora, llámame Olga; y mira, a ver si sabes mover ese cipote muchacho, métemelo.

Me subí sobre ella, toqué su bollo con mi mano, su piel era suave, le arrimé mi rabo y de un golpe se lo clavé, me excité muchísimo por haber clavado a aquel monumento de mujer, empecé a moverme como si la quisiera atravesar, muy, muy rápido, me empalmé más aún, mi pene, algo ladeado a la izquierda, por su dureza luchaba por mantenerse en su forma ladeada, pero la vagina de la rubia no lo dejaba, y ella sentía aún más presión en sus adentros ( ya había saboreado yo anteriormente el placer de sentir mi punta gorda y dura intentando arrastrar las carnes de otras mujeres hacia la izquierda, eso las volvía locas de placer) su boca comenzó a jadear intensamente, le babeaba la liebre a más no poder, me dijo entre gemidos:

—Guapetón, no te corras dentro, córrete en mi caraaa aggg.

Seguí macerando su raja hasta que Olga se corrió con espasmos y chorritos que escapaban de su grieta rosada y bella. Acto seguido le saqué mi cipote y meneándomelo con fuerza me corrí con dos chorros muy espesos en su cara, con tanta presión salió mi semen que al estrellarse en su rostro salpicó incluso sus cabellos color platino.

Todo un éxito, me dije. Me hicieron un contrato hasta el final de la actual producción, el productor me dijo que si seguía igual en la peli, después me harían fijo, que yo era su último fichaje estrella. Aquello me llenó de autoestima y satisfacción, lo mejor fue lo que me pagarían por rodar varios días, más que trabajando varios meses en cualquier trabajo normalito.

El primer día de rodaje el entorno me impresionó, muchos focos, luces de colores y más de diez personas tras paneles blancos que reflejaban la luz sobre los actores, me corté un poco. El actor protagonista, al que recordaba de alguna peli x, me dijo a solas:

—Hola me llamo... me ha contado Olga que te la follaste ayer como un profesional, que hasta se corrió, no muchos la hemos corrido, si sigues así puedes ganar un pastón, los hombres que "funcionan" a tope están muy valorados Apo. (En aquel tiempo no existía la viagra).

—Muchas gracias, intentaré hacerlo bien.

El director me dijo que esperara tras los focos, vestido como me habían dicho, de chófer con gorra y guantes, y que a su señal yo entraría y el protagonista me hablaría.

Mientras yo esperaba sentado en una silla, en el plató, el director hablaba con Olga y con el protagonista, dándoles instrucciones. Después el director llamó a alguien dando una voz:

—Mari Pepaaaa, ven a escena.

Un escalofrío recorrió mi espalda al ver entrar a escena a mi ex novia María José, vestida de sirvienta, con cofia y todo. Entró a escena desde una habitación en el extremo opuesto a donde yo me encontraba, no me vio, reculé más aún... estaba más feúcha que en la frutería, alicaída la vi, el director le dijo con un tono de voz algo alto:

—Mari Pepa, esta es tu última oportunidad de hacer un buen trabajo, en la anterior peli, los índices del canal erótico de la tele de pago bajaban al entrar tú en escena, tienes que ser más ardiente; no te lo tomes a mal, pero hoy le darás la alternativa a un nuevo talento masculino, de cómo lo hagas con él depende que te renueve el contrato o no, ¡entendido!

—Sí señor director, lo haré muy bien, intentaré mejorar.

Me senté allí al fondo esperando a que me dijeran que entrara, como el mayor de los vengadores, pero a la vez la vi tan acorralada que no deseaba follármela en aquella situación de presión hacia ella (alguno al leer esto me llamara lelo, yo lo llamo dignidad); por eso antes de que empezara "el espectáculo" hice señas al director, el vino y me preguntó:

—Apo, dime, que pasa.

—Señor director, yo conozco a la pelirroja, y sé que no lo desea hacer conmigo, y no me siento bien haciéndolo sin que ella ponga ganas.

El director dio un salto y me dejó con la palabra en la boca, y fue a pegar su boca a la oreja de María José. No se veía lo que él le decía a ella pero si los gestos airados de él, y la no menos airada expresión de María José, la cual dirigiéndose a todos en voz alta dijo:

—A ver, que salga ese que quiere quitarme el trabajo, quien quiera que seas no tienes derecho a decir lo que yo deseo o no.

El director me llamó y yo acudí... al acercarme a María José (Mari pepa no me gusta) su rostro se quedó pasmado, como si hubiera visto una aparición, le dije:

—María José, no podía entrar y follarte sin más, tú me entiendes, verdad.

—Apo, cuanto tiempo, que maduro te veo, me da vergüenza esta situación, pero si el destino te ha puesto en mi camino por algo será. He cambiado Apo, he follado con tantos que hacerlo contigo no me molesta, "ya no solo busco hacerlo por amor"... tú me entiendes, verdad. Necesito este trabajo, quiero hacerlo muy bien, follare con quien me diga el director, no te preocupes, y gracias por el detalle, ¿pero cómo tú por estos lares?

—Como tu María José, esto para mi es solo trabajo.

Regresé a mi rincón, la escena comenzó, el prota y Olga follaban en un sofá, ella sentada frente al actor y sobre sus piernas, con el gran nabo clavado entero en su raja, y ella golpeando su culo contra el... un poco más alejada María José limpiaba el polvo de un mueble bar de atrezo con un plumero, el cámara la enfocaba de vez en cuando, el prota se puso de pie y se corrió en la cara de Olga y le dijo a M J:

—Silvia, hoy quiero que tú también folles, que estás muy sola tan lejos de tu hogar, después de limpiarme a mí, vendrá el chófer y te follara por encargo mío, delante de mí y de mi mujer, queremos veros follar, ¿qué te parece Silvia?

—Sera un placer señor, lo haré encantada si es su deseo.

Acto seguido MJ limpió con un trapo húmedo el pene y los huevos del protagonista, ella de rodillas y el de pie con las piernas separadas, después también acicaló a Olga.

Me hizo una señal el director y entré a escena, antes de entrar el director me dijo al oído:

—Apo, fóllatela como quieras, quiero verte improvisar.

Al entrar me dijo el protagonista:

—Ceferino, como te dije antes, quiero que te folles a la criada, que está muy sola y queremos veros follar (el argumento era malo de cojones, pero lo narro como sucedió).

Me acerqué a María José y vi un brillo de odio en su mirada, semioculto, pensé; odio debería sentir yo y no lo siento, le dije:

—Silvia, por favor, abre bien las piernas, así como estas de pie.

—Con mucho gusto Ceferino.

Le saqué las bragas por los pies, las lancé hacia el cámara, a un metro de distancia. Le besé el cuello, la desnudé entera. Que emoción sentí, era la primera vez "en mi vida" que veía desnuda a María José, el vello se me erizó. Era preciosa, su piel era clarita como la leche, sus pecas como la canela, su conejito estaba rasurado completamente, muy pequeñito, parecía como si más que verse su sexo se viera una curva casi plana y de piel tan suave como el terciopelo... se lo acaricié con mimo, su pequeña raja estaba ardiendo y empapada, desplacé mi mano hasta acariciar su ano, suave también.

Me quite toda la ropa, todo aquel uniforme y mi ropa interior, y le dije:

—Silvia, por favor, arrodíllate delante de mí y chúpame el pene, y no te olvides de chuparme los huevos también, vale.

—Como desees Ceferino.

Se arrodilló y, bajo la atenta mirada del director y el enfoque del cámara, haciendo un gran esfuerzo se tragó medio pene, sentí sus dientes rozando mi gruesa punta, y su saliva chorrear hasta mis huevos, que placer, y que sensación de poder follarme a María José, y más en aquella situación. Cuando su boca se tragó entero mi pene sentí el calor de su barbilla chocar con mi testículos, empapados por su saliva, esa misma saliva que un día utilizó para decirme que me dejaba para buscar "el amor".

Cuando acicaló mi rabo comenzó a succionar mis huevos, tirando de ellos con sus labios y atrapándolos alternativamente, la miré a los ojos y ella me miró roja como un tomate y con un rostro avergonzado, ¡como estiraba mis cojones! Sentí un subidón de poder, me sentí su dueño y la sentí mi esclava. Luego, sin demora la puse en pompa y me follé su diminuta rajita clarita, como un canalla, sin miramiento; mi ritmo fue infernal, su estrecho bollo salía y entraba arrastrado por mi cipote, sentía como mi pene chocaba con el fondo de MJ.

Ella comenzó a jadear y se corrió varias veces, no salía líquido visible, pero su vagina se contraía contra mi pene haciendo más intensa la fricción, le dije al protagonista que nos miraba sentado en el sofá junto a Olga:

—Señor, puedo darle por el culito a Silvia.

—Por supuesto Ceferino, ella está aquí para servir, como tú.

María José volvió el cuello hacia atrás desde su postura en pompa, y me miró a los ojos fijamente, su mirada me dijo muchas cosas, yo le pregunté:

—Silvia, ¿te hace ilusión que te tapone tu ojito negro?

—Mucha Ceferino, mucha.

Apretando los dientes agachó la cabeza dejándome hacer "a sus espaldas", ¡y como lo hice! Hice saliva con mi boca, la derramé en mi mano y con esa mano magreé su ano, metiéndole los dedos, todos menos el pulgar, dilatándola. Me alcé un poco y le clavé el pene en el "ojo negro", entró muy apretado, ella dio un gritito, aceleré y su culo se ablandó, ya mi pene entraba y salía con si estuviera lleno de aceite. Antes de correrme me "desmonté de MJ y le dije que se sentara en el suelo frente a mí.

Allí sentada en el suelo y con la boca abierta estaba mi primer amor, esperando que mi semen se estrellara contra su cara. Su mirada era casi de sorpresa, mi excitación era algo más que sexo, el pene me quería reventar... y me corrí con un chorro desproporcionado, descargué toda mi tensión en su cara como una curva blanca que se estrelló en su ojo derecho, salpicando desde ahí toda su cara... le chorreaba entre los labios, y como buena Actriz que quería ser, se limpió el ojo con una mano y se tragó lo que recogió, después relamió mi pene como si fuera un helado.

Aquel día todo fueron halagos por parte del equipo, María José estaba avergonzada y confundida, le dije a ella al despedirnos que en ese trabajo no te faltaría amor, no dijo nada, ni siquiera se atrevió a mirarme a los ojos.

Solo hice esa película, porque encontré un buen trabajo "normal", y mujeres no me faltaban. Han pasado años y no he vuelto a ver a María José, pero siempre la recuerdo con su ojo derecho cerrado por mi semen.

Apolonio 2017


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