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Fecha: 13-May-17 « Anterior | Siguiente » en Grandes Series

Solo tenía seis años...

Olga
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Cómo fui abusada a los seis años y lo que siguió después... Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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SOLO TENÍA SEIS AÑOS…

 

Mi familia se componía de cuatro miembros, mi papá que se llama Jorge, mi mamá: Josefina, mi hermana mayor, que ya tenía diez años: Carolina y yo, Olga con seis años. Éramos una familia unida, de origen humilde, pero felices en ese entonces.

Mi papá trabajaba en una fábrica de plásticos y tenía muchos amigos, mi mamá nos atendía y mi hermana ya iba a la escuela. Vivíamos en la Colonia Primero de Julio. El mejor amigo de mi papa era Roberto a quien le decíamos tío Robert, llegaba casi todos los domingos a almorzar, era alto, muy alto, moreno y viejo, como mi papá. Era muy divertido, siempre nos llevaba dulces y veía los partidos de futbol con mi papá, siempre acompañados de varias cervezas.

Uno de tantos domingos, como a las siete de la noche, mi papá estaba borracho durmiendo en la sala, mi hermanita estaba arreglando su uniforme y yo tonteaba por toda la casa, cuando observé que mi mamá limpiaba el comedor y llevaba los trastes sucios a la pila, entonces el tío Robert la acompañó, se puso detrás de ella y comenzó a jugar como si tuviera un ula ula en la cintura, se movía de atrás para adelante. Mi mamá seguía lavando los trastes sin decir nada.

En otra ocasión, escuché (escondida) a mi hermanita, contarle a Rosarito, una vecina nuestra, que el tío Robert le había tocado las nalgas y que ella no supo cómo reaccionar, lo hizo varias veces hasta que Carolina le dijo que se lo iba a contar a mi mamá y el tío Robert le dio un billete de a quetzal. Yo me las toqué y no entendí por qué mi hermanita estaba tan ofendida, ya en nuestro cuarto se lo pregunté y ella muy enojada me dijo que no se lo contara a nadie y que nunca estuviera a solas con el tío Robert.

Otro domingo, mi hermanita se había ido a pasar unos días a la casa de mi tía Julia, hermana de mi mamá, porque estaba de vacaciones de medio año en la escuela. Como todos los domingos mi papá dormía borracho en el sofá de la sala y mi mamá me llevó a mi cuarto para acostarme, seguramente me dormí, pero me despertaron las ganas de hacer pipí y me levanté al baño, al salir vi luz en la puerta entreabierta del cuarto de mis papás y vi por primera vez en mi vida, una escena que me marcaría para siempre: mi mamá y el tío Robert estaban desnudos, él acostado boca arriba en la cama y mi mamá tenía la cosa del tío Robert entre la boca y subía y bajaba la cabeza mientras el tío Robert le decía: -seguí, así, así Josefina, que rico- luego mi mamá se puso de rodillas como si fuera a rezar, el tío Robert se puso una vejiga en su cosa, que era muy grande y la empujó para que se pusiera con las rodillas y sus codos sobre la cama y le metió su cosota, no sé por dónde, porque yo me tocaba mi cosita y no me entraba mi dedito, luego de jugar ula ula, la acostó boca arriba y le vi su cosa a mi mamá, tenía muchos pelos, ¿Sería cosas de adultos? Mi mamá le decía que se apurara porque mi papá se podía despertar y él se la volvió a meter, hasta que el tío Robert empezó a gruñir como nuestro chucho  Patán y después él se quedó aplastando a mi mamá encima de ella. Lo que no entendía era por qué esperaban a que mi papá se emborrachara para jugar ula, ula; ya se lo preguntaría a Carolina.

Para la feria de Agosto nos fuimos todos al Hipódromo del Norte, por supuesto iba el tío Robert, mi mamá me había puesto un vestidito blanco acampanado con unos ribetes rosa, era mi vestidito preferido; nos subimos a muchos juegos, tomamos atol de elote con tostadas de guacamol y de frijoles. Yo quería subirme a la rueda de Chicago pero mis papás son muy miedosos, entonces el tío Robert subió conmigo, después de la primera vuelta yo me asusté mucho y el tío Robert me sentó en sus piernas, para la segunda vuelta sentí algo muy duro entre mis nalguitas y cuando le pregunté me dijo que eran sus llaves, pero yo sabía que me estaba mintiendo porque las llaves no se mueven y además lo sentía caliente, no sé por qué pero me imaginé que era la misma cosota que le había metido a mi mamá, luego me abrazaba muy duro y cuando estábamos en los más alto me metió la mano bajo el vestido y toco mi cosita sobre mi calzoncito, me pasaba un dedo y yo no entendía por qué lo hacía.

Una noche le conté a Carolina lo que había visto entre mi mamá y tío Robert y me dijo que ella también los había visto pero que no dijera nada, también le conté que me había tocado en la feria y me dijo que el tío Robert era muy malo y que me alejara de él, pero lejos de eso, cada vez que podía el tío ya me metía la mano dentro del calzoncito y me daba dulces y dinero para que no dijera nada, pero algo me decía que estaba mal y se lo conté a mi mamá, ella habló con mi papá y nunca más volvimos a ver al tío Robert.

Mi siguiente acontecimiento sexual ocurrió cuando yo tenía nueve años, mi papá nos llevó al Puerto de San José, como siempre se emborrachó mientras mamá preparaba el almuerzo, yo estaba jugando en la arena a la orilla del mar cuando una ola me arrastró y un señor tubo que nadar mucho para rescatarme, pero al agarrarme lo hizo de mi culito y mi cosita, a esa edad yo ya sabía que a nadie le debía permitirle tocarme mis partecitas, pero como estaba semi ahogada, no me importó, me llevó con mis papás y ellos le agradecieron el haberme salvado, lo invitaron a almorzar y ya por la tarde, volvimos al mar y Don Mario me volvió a tocar, yo sentía cositas ricas y me dejé que me metiera la mano bajo el agua, hizo a un lado mi calzoneta y me pasaba el dedo por mi cosita y por mi culito, yo abrías más las piernas porque estaba sintiendo cositas extrañas, pero me gustaba. Eso nunca se lo conté a nadie.

A los once años ya tenía curiosidad por el sexo, con mi vecina Rosario ya nos habíamos bañado juntas en varias ocasiones y le había visto su cosita con algunos pelitos, yo me moría porque me salieran para sentirme MUJER. Ella fue la que me contó sobre el sexo de los hombres, yo no le dije que ya se lo habías visto al tío Robert; ella fue la primera mujer que me tocó mi cosita y yo se la tocaba a ella, nos metíamos deditos en los culitos la una a la otra y ella también fue la que me enseño a besar, mi hermana nos sorprendió en una ocasión y ya no pudimos seguir jugando con nuestros cuerpos.

Tenía un primo llamado Juan (16 años) hijos de mi tía Julia, con quien nos veíamos en las reuniones familiares, para el cumpleaños de su papá fuimos a su casa, era muy bonita, mucho más grande que la nuestra y tenían un garaje lleno de chunches y el carro donde mi tío lo guardaba, Juan me llevó ahí y me dijo que le enseñara mi cosita, yo le contesté que primero me la enseñara él y se bajó el zíper y se sacó su cosa, se la jalaba y le crecía más hasta que de repente vi cómo se le bajaba su pellejito y le salía la cabecita de su cosa, bien húmeda y roja, yo me bajé mi pantaloncito con todo y calzón y él me tocó mi vaginita, me agarró mi mano para que yo también se la tocara, así estuvimos por varios minutos, yo muerta de miedo me compuse la ropa y salí corriendo.

Cada vez que nos veíamos encontrábamos pretextos para escondernos en algún lugar, una vez fuimos a La Isla, un balneario muy bonito en Cobán, nos escapamos al bosque y ya solos nos desnudamos, a mí me gustaba mucho tocarle su cosa y que Juan me la tocara a mí, él me dijo que no le dijera cosa, que se llamaba verga y que mi cosita se llamaba pusa, pero yo preferí decirle pene y vaginita.

Esa vez me sentó en una roca y se agachó entre mis piernas y me lamió la vaginita, fue una sensación deliciosa que me hizo sentir una tembladera por toda mi espalda, luego me pidió que yo hiciera lo mismo y le agarré el pene con mi manita, me agaché y me lo metí a la boca, luego Juan me la metía y sacaba, me fue enseñando como hacerlo y me decía: -que rico me mamás la verga, Olga- a mí me gustaba que le gustara, pero a veces sentía que me la metía hasta la garganta y eso me molestaba, pero a él no le importaba y me seguía metiendo y sacando su pene de mi boca, sin decirme nada me la sacó y me bañó el pecho sin senos de agüita, me dijo que se llamaba semen y que la próxima vez me iba a enseñar a tomármelo.

Efectivamente, la siguiente vez en su casa, me lo tomé, me dio asco y no me gustó, así que le dije que no lo volvería a hacer y Juan respetó mi decisión. Así pasamos vario tiempo escondiéndonos para darnos placer, al cumplir los trece me encontré con que Juan llegó una vez por mí a la escuela, me invitó a comer pollo Campero y luego me llevó a una casa en construcción, nos empezamos a besar y a meter mano cuando siento que me mete un dedo dentro de mi culito, eso solo lo había hecho con Rosario, pero sentí muy rico, luego me dio vuelta y me pasó su pene entre mis nalgas hasta sentirlo en la entrada de mi vaginita, le dije que se detuviera porque ya sabía que por ahí podía ser mamá y yo estaba muy chiquita para eso, él me dijo que me la quería meter por el culito y yo acepté con la condición que lo hiciera despacito, me metió dos y hasta tres dedos mojados y luego sentí la cabecita de su pene tratando de entrar en mi culito, lo intentó varias veces sin éxito, se la agarró con la mano y fui sintiendo como mi culito se abría y me dijo: -me moría de ganas por chimarte por el culo- a mí me dolía un poco, pero no tanto como me había contado Rosario que dolía, Juan me la sacaba y me la metía con ganas y de repente me descubrí moviéndole el culo para que me entrara más, era delicioso sentir como me llegaba hasta el fondo, ahí tuve el primer orgasmo anal de mi vida, empezó a moverse más rápido hasta que sentí sus chorros calientes bañándome los intestinos.

Cuando Juan tuvo novia no le permití volver a tocarme y yo me moría por tener novio pero mi mamá no me daba permiso, me masturbaba casi todas las noches, entonces al cumplir los 15 me hice novia de Oscar, un alumno de la escuela que ya estaba en bachillerato, él fue el primer gran amor de mi vida, era mucho más aventado que Juan, desde el principio cuando me besaba me tocaba las chiches, que ya me empezaban a crecer, me gustaba mucho que me las mamara, yo le tocaba su pene por encima del pantalón, pero no pasó mucho tiempo para que me llevara a una pensión, yo nunca había entrado a una, sabía que las parejas solo iban a acostarse, pero la verdad me moría por sentirme mujer, ya tenía pelitos, ahora solo faltaba que Oscar me la metiera para cumplir mis sueños.

Lo recuerdo como si fuera sido ayer, fue un 15 de marzo, para su cumpleaños, que me pidió de regalo, mi virginidad y yo moría por dársela, así que entramos a la tal pensión, nos desnudamos e hicimos un 69, fue delicioso sentir su lengua como iba de mi panochita a mi culito, me tenía empapada, yo mientras tanto me metía su verga a la boca y le arañaba los huevos con ternura, él gemía de placer.

Me preguntó si alguna vez me la habían metido por el culo y yo le dije que no, (hipócrita, mentirosa), pero como lo amaba le dije que lo hiciera, me cogió delicioso, me hizo tener un orgasmo larguísimo, luego me dijo que había llegado la hora de que perdiera mi virginidad, se puso un condón y yo me acosté boca arriba, él se me subió encima, como lo había hecho el tío Robert con mi mamá y poco a poco me fue empujando su verga hasta que topó con mi telita y sin mucho esfuerzo fue cediendo hasta que la sentí hundirse en mi cueva, la sentía hirviendo y como cabeceaba en mi intimidad, yo jadeaba y me movía para sentir más profundas sus embestidas, él metió sus manos bajo mis nalgas e introdujo un dedo en mi culo, el entrar y salir de su verga y su dedo hicieron que explotara en un orgasmo intenso, el primero de mi vida y fue exquisito, luego Oscar se vino y me sentí la mujer más dichosa del mundo. Cogimos muchas veces, duramos como seis meses pero lamentablemente me enteré que Oscar tenía una hija y terminamos.

Luego conocí a Gerardo, mi actual esposo, los inicios con él fueron tormentosos, él era mi maestro y me enamoré como una estúpida, con él aprendí los placeres más grandes del sexo, pero lo bueno no dura para siempre, yo sabía que salía con otras mujeres, me moría de los celos y le armaba escenitas que seguramente lo desesperaron y me mandó a volar y se consiguió a Miriam, Mimí le decían a esa idiota.

A los 16 me hice novia de Pancho, un hombre ni feo ni guapo, lo acepté más por despecho que porque me gustara, al principio me trataba bien, me regalaba flores y chocolates, siempre tenía dinero, que en ese momento no sabía de donde lo sacaba. El sexo con Pancho no era la gran cosa, tenía panza y sudaba mucho, a mí me daba asco pero me lo aguantaba.

Una noche su mamá me llamó por teléfono y me preguntó si Pancho estaba conmigo, al decirle que no se angustió y yo salí a preguntarle a sus amigos si lo habían visto, uno de ellos me contó, con mucha pena, que estaba tirado a las puertas de la cantina, lo fui a buscar y lo llevé a su casa, su mamá me contó que ya no sabía qué hacer con él, que no trabajaba y que ella lo mantenía.

Su alcoholismo fue subiendo hasta que lo abandoné.

Pasé más de un año sin novio y apareció Alex, de él pueden saber al leer mi saga Boca Sucia que la encontrarán en Grandes Series.

Así fueron mis inicios, pero aunque no lo crean, no me arrepiento de nada, bueno, de Alex sí, pero de mis inicios no, nunca fui maltratada, sí abusada, pero la mayor parte del tiempo, desde niñita, me gustaba que me tocaran, sentir una verga parada en medio de mis nalguitas era delicioso, fui precoz en el sexo sin quererlo.

Seguramente esta es la historia de muchas mujeres que me leen, y quizá la historia de sus novias, esposas, amantes o hermanas.

Casi todas las mujeres hemos sido abusadas siendo niñas, pero peor aún es cuando son violadas o las vuelven putas.

El sexo es lo más delicioso que nos regala la vida, pero sin traumas, sin trastornos y sin dolor.

Hombres, aprendan a amarnos y respetarnos y si lo hacen, seguro estaremos dispuestas a hacer por ustedes lo que se les dé la gana, por lo menos yo… soy así.


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