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Fecha: 19-May-17 « Anterior | Siguiente » en Sexo con maduros

Mi coño conquistó New York. (2)

tauro47
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Cuando decidí labrarme un futuro, lo hice abriéndome de piernas. Poco a poco lo iba consiguiendo, hasta conseguirlo. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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Mi coño conquistó New York. (2)

Cuando decidí labrarme un futuro, lo hice abriéndome de piernas. Poco a poco lo iba consiguiendo, hasta conseguirlo.

Paul siguió como siempre, me trataba con educación y el máximo respeto, me tenía desconcertada y ahora más aún al conocer a su hermano.

Estando limpiando unos libros me fijé en la fotografía que tenía colgada, tenía polvo de tiempo, se notaba que además de años colgada allí no la limpiaban, con un poco de jabón la froté, descubrí que bajo el polvo, el cristal casi opaco dejó ver que Paul estaba con una mujer joven, él también era joven pero al otro lado de la chica había una sombra, saqué la foto del marco y vi que había un papel descolorido que cubría la tercera parte de la foto, bajo de él estaba Robert, también junto a la chica, sin duda no quería verlo y menos al lado de la chica, tampoco quiso romperla ni recortarla, pensé que los quería a los dos aunque su hermano le traía malos recuerdos.

Cuando Paul volvió de un juicio se le notaba contento, acababa de ganar un pleito complicado, según me contó además de ganar mucho dinero había ganado lo más importante para él, prestigio.

Vino tan contento que había comprado una botella de champagne, le habría costado lo suyo porque era francés, yo saqué unas copas de una vitrina, las limpié y brindamos, estaba delicioso, me escanció dos veces más, él chocaba mi copa con la suya cada vez, se le veía animado, aproveché para preguntarle sutilmente por la foto, me contestó con una evasiva, se notaba que era un tema que no quería compartir.

Lo dejé tranquilo, a la cuarta copa ya cantaba una canción de moda de su juventud, volví a sacar el tema de la foto, se puso serio y suspirando me dijo que algún día me lo contaría, me puse detrás de su sillón y comencé a darle un masaje en el cuello, se sintió relajado y supongo que agradecido, apreciaba mucho las muestras de cariño, mientras le quitaba la americana, el se aflojaba la corbata y mis manos se  extendían por sus hombros, un sopor le relajó, supongo que ayudado por el champagne, apuré la botella entre las dos copas y se la di, el me miró a los ojos y la apuró lentamente.

--- Sabe una cosa Jean? Usted me recuerda a una secretaria que tuvimos, perdón que tuve hace muchos, muchos años, era además de una chica muy bonita, como usted, muy profesional pero sobre todo muy formal, extremadamente seria y discreta, era todo lo que yo más apreciaba en las personas, llegué a enamorarme de ella, me habría hecho muy feliz y creo que yo también a ella.

--- Y que pasó, se casaron?

--- No, se metió por medio otra persona, era todo lo contrario a mí y la sedujo con su facilidad de palabra y su carisma, cuando quise reaccionar ya era tarde y me la quitó, fue una verdadera lástima.

--- No será la chica de la foto, verdad?

--- Si, era la chica de la foto, una pena y aunque me dejó sigo queriéndola.

--- Dice “era”, ya no está?

--- No, ya no está, al final no fue para ninguno de los dos.

--- Si que lo siento Paul.

--- Ya no tiene importancia, mi vida fue en declive desde entonces, no he vuelto a pensar en las mujeres.

--- No diga eso, usted es joven todavía, educado, galante y si me lo permite atractivo, estoy segura que muchas mujeres suspirarían por usted.

--- No lo crea, tengo un problema desde entonces, ninguna mujer que lo supiera querría estar conmigo.

--- No creo que sea para tanto, si el problema es físico se podrá arreglar y si es psíquico estoy segura que también tendrá solución.

--- Usted no lo comprende, sufro de una apatía hacia las mujeres que me hacen antipático.

--- No creo que sea para tanto, creo que lo que necesita es alguien que le vuelva a dar cariño.

--- No sé, no creo que haya nadie así.

--- No le gustan las chicas ya?

--- Sí claro, pero no las miro con ojos de hombre.

--- Que desilusión, lo dice por mí, no soy nada atractiva.

--- No, no es por usted, al contrario es usted preciosa, confieso que a veces cuando no me ve me fijo en su cuerpo, viste muy elegante y a veces me atrevo a mirar su cuerpo escultural.

--- Jajaja, No se ría de mí, no tengo nada de escultural como dice, sino un tipo de lo más corriente.

Cuando dije esto me puse frente a él y me levante las faldas por medio muslo dándome la vuelta.

--- Ve Jean?, reconozco que tiene unas piernas preciosas, en otro tiempo me habría encandilado, pero ahora no soy capaz más que admirarla como una escultura.

--- Las esculturas no llevan esta lencería Paul! Ni estas medias…

Me abrí la camisa enseñándole el sujetador que me oprimía las tetas haciéndome un canalillo mucho más cerrado que el mío natural y me acabé de subir la falda por encima de la goma de las medias que se ajustaba a los muslos, hasta asomar las bragas a juego del sujetador.

--- Por favor Jean, no sea dura conmigo, no pararía de alabar su belleza pero no soy capaz de valorar la sensualidad que sin duda tiene, estoy traumatizado desde entonces.

--- Permítame que lo dude, creo que lo que le pasa es que no quiere traicionar el recuerdo de aquella mujer, estoy segura que su cuerpo no está de acuerdo con su mente.

Me acerque a él despacio, cuando estuve a su lado le pasé los dedos entre su pelo y acercando su cara a mis tetas le hice oír los latidos de mi corazón.

El se dejo hacer, no movía ni un músculo pero tampoco se apartaba, baje un tirante y sacándome una teta se la puse al alcance de sus labios, no se movió, con dos dedos apreté la areola y sacando el pezón lo metí en su boca, se resistía, no la abría, solo cuando notó la espereza del botón en su lengua lo lamió tímidamente, fueron dos o tres lamidas, después abrió la boca y aspiró fuerte, casi media teta se coló en su boca, yo notaba su lengua como me acariciaba el pezón mientras sujetaba con los dientes toda la areola hinchada, me presionaba entre la lengua y el paladar, el otro pezón también se me salió y lo tuve que sacar del sujetador, cuando solté el cierre de mi espalda y cayó al suelo me cogió las dos con sus manos, las besaba desesperadamente, con rabia me atraía contra él, hasta que metiendo la cara entre las dos rompió a llorar.

Entre sollozos me confesó que no respondía sexualmente, que su polla no se levantaba, que no sentía su hombría.

Me enterneció verlo llorar, no quería que siguiera en la convicción de que no era capaz de hacer el amor a una mujer, yo estaba convencida de eso.

Me senté en sus rodillas, mis labios buscaron los suyos mientras secaba sus mejillas de lágrimas, él esquivaba mi boca para no besarme, le tuve que coger de la barbilla para estamparle un beso lento pero ardiente, cuando le metí la lengua me encontré con la suya buscándome, me rodeó mi cuerpo con sus brazo mientras yo lo hacía en su cuello, bajo mis piernas noté como algo crecía, sin decirle nada lo busque y cuando lo encontré lo apreté con la mano y lo miré fijamente, aun así me miró con pena negándolo.

Ante la evidencia no lo pude remediar, lo tenía que convencer, lo empujé sobre el respaldo del sillón de directivo y me arrodillé entre sus piernas, solté el cinturón que ya conocía y bajé la cremallera, el bulto había decrecido pero no del todo, me dio tiempo para meter la mano y cogerlo antes que desapareciera bajo su bóxer, no sin dificultad lo saque y sin mirarle me lo metí en la boca, saboreé las gotas de liquido pre seminal y con un poco de esfuerzo me metí el glande, el cuerpo aún blando no reaccionaba todavía, le estiré de las piernas hasta sacarle el culo del asiento, solo se sostenía de las nalgas, le bajé el pantalón y busqué entre las nalgas, él se tapaba la cara con las manos, no quería ver mi fracaso, pero no impidió cuando mi dedo ensalivado se metió en su agujero negro, cuando su polla empezó a crecer fue separando las manos incrédulo, él mismo aún sintiéndolo no se lo creía y quería verlo con sus propios ojos, su polla crecía sin parar en mi boca, cuando ya no me cabía la saqué y se la enseñe triunfante.

Volvió a llorar, esta vez de alegría, se puso en pié gritando, me golpeó en la cara con la polla, estaba dura como un garrote, me cogió de la cintura y me levantó, me beso como no me había besado nadie y de un manotazo tiró al suelo todo lo que había sobre el escritorio, lámpara incluida, le ayudé subiéndome la falda hasta la cabeza, pero él prefirió soltarme la cremallera sacarla por los pies me quedé con las bragas delante de su cara, esperaba que tirara de ellas o que las rompiera en un arranque de pasión, pero no, recobró su calma habitual, pasó las manos sobre mí y fue despasando los pocos botones que quedaban de mi camisa, cuando la abrió quedó mirando extasiado mi cuerpo, el conjunto que llevaba ese día era de encaje, me presionaba las tetas para juntarlas en un canalillo de lo más sensual, a través de su tejido se trasparentaban mis areolas, los pezones estaban oprimidos y deformados, bajo mi ombligo las braguitas se cogían a mis caderas haciendo que las piernas crecieran en longitud, una curva en corazón se dirigían a mi pubis, otra trasparencia dejaba intuir la oscuridad del vello bien recortado.

Quedó admirando lo que veía, indudablemente no estaba acostumbrado a ver una lencería tan sexi, y tengo que reconocer que mi cuerpo la realzaba, acercó sus manos hacia mí, parecía no atreverse a tocarme, se quedó inmóvil, sus ojos entrecerrados recorrían mi cuerpo como un escáner, por fin posó sus manos en mis rodillas las fue separando y las paseó por mis muslos calientes, cuando iba a llegar a la ingle se detuvo y dando un rodeo las pasó por mis nalgas, no decía nada solo miraba fijo donde se posaban sus manos, me cogió las nalgas y las apretó, las separó y las subió, yo estaba expectante esperando el próximo movimiento.

Cuando sus dedos se juntaron bajo mis bragas las separó y ensanchándolas las sacó lentamente, cuando bajaban por mis rodillas las olió, aspiró profundamente, no olía a mujer desde hacía muchos años, mi flujo brillaba entre mis labios menores, volvió a pasar sus manos por mis muslos hasta que separó mis labios, un clítoris rosado salió a recibirlo, se inclinó sobre él, pensé que lo iba a chupar, pero solo le dio un beso a la vez que sus manos pasaban por mis lados y me soltó el sujetador, cogía las tetas desde el nacimiento bajo mis axilas y las iba apretando y juntando hasta tenerlas cogidas por los pezones, su cara se acercó a la mía, mis piernas colgaban de la mesa, su polla fuera del pantalón tocaba mi sexo, la notaba palpitar pegada a mí, se movió un poco buscando mis pechos para besarlos, con los pies rodeé su cintura y le bajé los pantalones y el bóxer, al volver acercarse a mi solo tuve que separar las rodillas y apoyar los talones en la mesa, no me dijo nada, simplemente cerró los ojos, pensé que estaría recordando a la antigua secretaria, sonrió y fue presionando mis labios, no hizo falta lubricarme, ya lo estaba bastante y su polla aunque tenía el glande grueso como un fresón se abrió paso sin dificultad, cuando lo metió se quedó indeciso, por lo que con mis talones lo atraje hacia mí y lo clave dentro de mi vagina, no se movía, solo sentía dentro de mí los latidos de su corazón reflejados en su capullo, se inclinó sobre mi pecho, me abrazó y sus lagrimas mojaron mis tetas, detrás de él en el ventanal vi la sombra del andamio del limpiacristales, ésta vez no tenía la polla en la mano como siempre, estaba pegado al cristal mirándonos.

Estuvo mirando atento hasta que Paul cogido a mis caderas empezó a moverse, por fin su polla cogió ritmo, la velocidad fue en aumento, a los pocos minutos me miró, una mirada mezcla de disculpa, de agradecimiento y de ruego.

Lo comprendí enseguida, no había podido aguantar lo que había querido, hacía muchos años que no hacía el amor, me agradecía haberle despertado de su letargo, y me rogaba poderse correr dentro de mí, con la mirada se lo concedí, cuando pegó a mí sus huevos encajados entre mis nalgas fueron trasvasando su leche acumulada desde hacía mucho a su polla, con las contracciones de su glande me fueron llenado la vagina y los labios, al fin cuando terminó el semen me salía entre el vello del pubis, sus huevos estaban blancos y mis nalgas que dirigían el flujo hasta los riñones.

Cuando volví a mirar hacia la ventana, el hombre me felicitó con una señal, y fue desapareciendo hacia arriba.

Me dio un beso suave en la boca, solo oí un susurro…

--- Gracias Jean.

Se volvió a vestir, cogió el cuadro con la foto de su amada y la volvió a dejar en su sitio, cuando cerró la puerta detrás de él, me sentía contenta, Paul después de muchos años había aceptado que no podía estar siempre recordando.

Me quedé unos momentos como estaba, desnuda, tumbada en la mesa y despatarrada, con mi coño abierto y goteando leche de Paul, no me moví hasta que dejo de salir de mi vagina, luego lentamente me lavé y me vestí, cerré el ordenador y me fui a casa.

A partir de aquel día Paul simplemente estaba más contento, su tristeza pasada había desaparecido aunque me seguía tratando igual de caballeroso y educado que siempre, perecía que no hubiésemos estado follando encima de la mesa nunca, no quise desconcentrarlo de su trabajo.

Un día estaba como siempre comiendo sola a mediodía, había pedido comida china a un restaurante y me la comí rápido, estuve recordando la reacción de Paul al ver que su polla funcionaba y muy bien, cogí la foto y me senté en su sillón frente al ventanal, hacía una tarde desapacible, gris y con algo de viento, frente al ventanal buscaba un poco de calor del sol que no encontraba, mirando a la foto mis manos fueron pasando bajo la blusa, el sujetador me molestaba y lo solté, mis tetas recobraron su forma natural y me sentí aliviada, presentí que la misma sensación la tendría si me quitaba las bragas, lo hice y enseguida me relajé al notar mis labios libres, poco a  poco me molestaba toda la ropa, miré el reloj y vi que faltaba mucho para que Paul volviera, acabe de desnudarme puse las piernas colgadas de los brazos del sillón, en mi coño abierto recibía el fresco de la habitación, mis dedos no tardaron en buscar mi clítoris, me estaba esperando, separé los labios y después de descubrirlo, lo estuve acariciando, me pellizcaba mis pezones estirándolos suavemente, una sombra ya conocida apareció por fuera de la ventana, ya casi lo esperaba, hacía mucho que no se asomaba, cuando paró frente a mí se sacó la polla, me pareció hermosa, como la de Paul.

El hombre aunque con barba larga era mucho más joven que Paul y que Robert, pero el glande era parecido, cuando lo puso duro recordé las veces que follé con Robert y con Paul, aunque hermanos era totalmente diferentes, me acordé del secreto que me nombró Robert y creí que sería por su amor a la secretaria fallido.

Estuve metiéndome dos dedos en mi coño, los hacía desaparecer hasta dentro, luego metí otro en mi culo, el limpiacristales pegado al cristal se sacudía la polla.

Vi como su ropa empezó a agitarse, incluso el casco lo cogió al vuelo cuando una ráfaga casi se lo quita, se había levantado un vendaval.

El andamio colgante empezó a moverse, en un golpe de viento uno de los soportes cedió y el hombre estuvo a punto de perder el equilibrio, el cubo con el agua jabonosa se volcó y el agua cayó al vacío dispersándose en gotas, intentó subir pero el motor eléctrico no respondió y el andamio se balanceaba peligrosamente, a veces desaparecía por los lados de la ventana, me preocupaba por él cuando pasó frente a mí, su cara demostraba terror, y me señalaba hacia arriba, cuando lo comprendí cogí mi falda y mi  blusa y salí al pasillo, el ascensor me llevó hasta el último piso, desde allí hasta la terraza habían dos tramos de escalera metálica, la puerta daba golpes, cuando salí a la terraza me quedé aterida de frio, apenas llevaba ropa, me asomé a la baranda y miré hacia el vacío, sentí vértigo pero me fijé que de los soportes a mi lado pendían los cables que sujetaban el andamio del hombre en peligro.

Abrí la portezuela del control manual, había una palanca de seguridad y la pulsé rápidamente, el aire no me dejaba ver nada pero oí como un ruido empezó a sonar en los motores, el carrete de cable empezó a enrollarse y tras unos angustiosos minutos vi aparecer la cabeza del hombre por la barandilla, estaba empapado de sudor frio,

Cuando saltó al interior, se quedó tumbado en el suelo, luego me abrazó, me besó con un gesto rápido y se ocupó de recoger el andamio hacia dentro de la terraza. 

Yo estaba helada, hecha un ovillo detrás de la baranda de la terraza solo abrigada con la falda y la liviana blusa, el hombre me rodeó con sus brazos y me llevó hacia dentro, bajamos la escalera metálica y pronto el ascensor nos dejó en mi piso, entonces me fijé que con las prisas no había cogido las llaves, al hombre no le importó, me llevó varias puertas más allá y abrió, yo creí que la planta estaba desocupada, de hecho era así pues al entrar no vi ningún despacho, entre cortinas de plástico y muebles sueltos entramos a una estancia cerrada con tabiques prefabricados, dentro me sorprendió que estaba acondicionado con bastante gusto y aunque funcional no le faltaba ningún detalle.

El hombre me arropó con una manta, me tumbé en un sofá mientras me preparaba un café muy cargado, cuando lo preparó se sirvió otro, no habíamos hablado todavía, de un armario sacó una botella de whisky, en un vasito  me sirvió un poco y pronto noté el calor volver a mi cuerpo, el hombre desapareció un momento y al rato me entregó mis llaves del despacho, le miré extrañada y sonrió, simplemente había entrado y las había cogido. Me tranquilizo cuando me dijo lo fácil que lo había hecho, él tenía la llave maestra de los despachos, los limpiaba por las noches, cuando me arropé se me abrió la manta y entre las piernas mi falda subida dejó ver un poco mi sexo, el hombre aunque me vio no dio muestras de haberlo hecho.

Me tranquilicé ante el desconocido, vi que no querría aprovecharse de la situación, a la primera taza de café siguió una segunda, le pregunté cómo es que estaba la planta casi desocupada, al principio  solo me dijo que el motivo era la crisis, pero cuando le dije que en el piso de arriba pasaba lo mismo cambió de postura y se sentó a mi lado en el sofá, me hice a un lado y me empezó a contar…

--- Creo que es el momento de que conozcas una historia que encierra esta planta y la de arriba, primero me quiero presentar, me llamo Bob, y soy el encargado del mantenimiento de éstas plantas, en primer lugar quiero pedirte excusas por haber violado tu intimidad asomándome por tu ventana, en un principio me gustó verte y me hice unas pajas a tu salud, pero con el tiempo has entrada sin querer en la historia de mi vida.

Yo le hice cara de no comprender lo que me decía, a la vez que quitaba importancia a que se corriera sobre los cristales a mi costa, siguió…

--- No sé si te habrás fijado que en esta planta solo estáis vosotros y en la de arriba también está Robert, me parece que Robert no te lo habrá contado, el se preocupa por otras cosas.

La historia empezó hace muchos años, cuando entró a trabajar una chica como secretaria en el despacho de los dos hermanos, creo que ya la has visto en la fotografía que tiene Paul colgada en la pared, era muy  guapa, los dos hermanos se enamoraron de ella, cada uno con su forma de ser, Robert con su simpatía y su labia, Paul era más tímido y solo la trataba educadamente aunque soñaba con ella, cuando Paul se decidió a declararle su amor, ella le contó que estaba embarazada de Robert, se despidió del despacho y no lo volvió a ver, esto a Paul le hizo hundirse moralmente y después de una terrible discusión con su hermano se separó de él, desde entonces no se hablaron, solo cuando Robert le contó que la chica había dado a luz un niño, pero a los pocos días le tuvo que decir que desgraciadamente había muerto la madre por una complicación en el parto.

Paul ya no fue nada, se dedicó a su trabajo, hizo dinero y compró toda la planta y no quiso alquilarla a nadie, su hermano se quedó arriba justo y también compró los despachos, pero él en vez de trabajar duro se dedicó a vivir, de vez en cuando vendía algún local y sigue, es un cabeza hueca.

Con el tiempo Paul conoció a su sobrino por casualidad, le gustó mucho el crío y vio en él a su madre y que se le parecía mucho a él, más que a su padre, se dedicó sin que él lo supiera a llevarlo a los mejores colegios, pues su padre apenas le hacía caso, cuando se hizo mayor le ofreció trabajar con él, pero su hermano se opuso otra vez, el chico no quiso trabajar con él pero tampoco separarse, encontró una solución salomónica, le encargó el mantenimiento de su planta del edificio donde tenía el despacho.

Yo abrí los ojos asombrada, no podía creer lo que me decía.

--- Si, el sobrino de Paul soy yo, Bob hijo de Robert.

Se me humedecieron los ojos ante una historia tan triste, Bob me abrazó y me dijo que él quería mucho a su tío y que le había encantado cuando vio que yo le había demostrado que aún sentía atracción por las mujeres y la vida.

Bob se levantó y me enseñó fotos de él sin barba, me dijo que tenía treinta años y se la dejaba para que a su tío no tuviera que recordarle a su madre si lo veía, por eso solo aparecía cuando sabía que no estaba en el despacho, me hizo levantarme y me llevó a una pared donde tenía un cuadro, lo apartó  abrió un hueco y pude ver mi despacho, mi ropa y mi ordenador todavía encendido al otro lado, lo miré extrañada y me dijo que desde allí seguía viendo a su tío, cuando llegué yo también me miraba cuando jugaba con mi cuerpo, hasta que decidió probar a verme de cuerpo entero a través de la ventana, me agradeció haberle dejado compartir conmigo sus corridas.

Me reí un rato y me dirigí a la puerta, Paul no tardaría en llegar, nos despedimos con un beso en la mejilla, me hizo prometerle que podría estar conmigo sin el cristal por medio.

Cuando entré en el despacho miré intrigada por donde miraba Bob, después de buscar y por la trayectoria de la visión descubrí un agujero disimulado bajo un cuadro de los puentes sobre el Hudson, la saludé por si estaba mirando.

Recogí mi ropa y me vestí, Paul no tardaría en volver.

Nada más hacerse la hora de abrir el despacho llegó un repartidor con un grandísimo ramo de flores, era precioso y lo puse en un jarrón que seguro hacía muchísimos años que no tenía flores, en la tarjeta y bajo las iniciales de Paul solo me decía “Para la primavera que ha entrado en mi vida.”

Cuando llegó Paul me abrace a su cuello y le besé, ya tenía mejor cara que cuando se fue agobiado, había estado llorando en su casa recordando a su amada y después de mucho rato se convenció de que debía dejar el pasado y vivir el presente.

Venía con energías renovadas, me dio las gracias por haberle abierto los ojos y me invitó a cenar.

Para la cena me compré un vestido largo negro con un escote bastante generoso y los complementos a juego, con los zapatos de tacón casi sobrepasaba en altura a Paul, cuando me recogió en mi casa me llevó a un restaurante, al entrar en el coche me abrió la puerta, me gustó el detalle, ya no se ven estas galanterías, yo le correspondí cogiéndome a su brazo cuanto entramos en el comedor, los comensales hicieron un breve silencio cuando entramos, pese a la notable diferencia de edad hacíamos una buena pareja, Paul siguiendo su costumbre me ayudó a sentarme retirando la silla, le dejé que pidiera la carta y comprobé que tenía un excelente gusto, me dejé llevar totalmente, quería que se sintiera otra vez el hombre solícito que había sido antes de su fracaso amoroso.

La cena transcurrió agradablemente, en un momento dado Paul me cogió la mano y la sostuvo unos instantes, su tacto era cálido y afectuoso, aunque transmitía un poco nervioso, la conversación se hizo cada vez más fluida según íbamos tomando confianza y el vino iba haciendo desinhibirnos. Yo francamente estaba muy a gusto con los progresos que notaba en Paul, cada vez se iba disipando la amargura tanto tiempo arrastrada.

Por la puerta apareció un joven acompañado de una chica morena con el pelo largo y rizado, era toda una belleza, en principio no les di importancia pero luego cuando el joven retiraba también la silla de su chica me llamó la atención, observé con más detalle al chico, no le conocía de nada pero en algunos detalles me resultaba familiar, la chica se sentó de espalda a nosotros, podía admirar el vestido tan maravilloso que llevaba azul turquesa, el escote trasero le llegaba casi al nacimiento de las nalgas, los hoyuelos de las caderas se notaban claramente y denotaban que no llevaba ropa interior, le alabé el gusto pues las caderas se marcaban perfectamente, el chico frente a ella me miraba de vez en cuando por encima del hombro de su acompañante, eso me ponía nerviosa, cuando nos marchamos del restaurante, Paul, después de abonar la cuenta me ayudo a levantarme y salimos cogidos del brazo, ya en la puerta me volví por última vez y miré a la pareja de jóvenes, él me sonrió y con los labios me lanzó un beso sin que si chica lo apreciara.

Casi tropiezo en la alfombra al salir,  Paul se dio cuenta y me preguntó si estaba bien, tuve que decirle que me había hecho efecto el vino, él se ofreció a llevarme a casa si no me encontraba bien pero yo le rogué que me llevara a la suya.

Quedé gratamente sorprendida al entrar, pese a la sobriedad que ya suponía demostraba un gusto notable para la decoración, era un apartamento muy acogedor, la chimenea encendida la daba una calidez que reconfortó mi cuerpo y mi ánimo, Paul me sirvió una copa, y se sentó en un sillón de cuero con orejas, a la otra parte de la mesita auxiliar estaba el sillón donde yo estaba, hablábamos a demasiada distancia por lo que yo me levanté y me senté en el brazo del sillón de Paul, brindamos y bebimos un sorbito de champagne, al segundo quise romper el hielo y animar al hombre, llené mi boca con champagne y la pegué a la suya, al abrirla recibió el líquido que le ofrecía, él se sorprendió pero cuando se tragó mi ofrenda buscó más y encontró mi lengua, pasé la mano por su nuca y no le dejé separarse hasta que nos faltaba la respiración, una mano suya ya subía por mi muslo hacia arriba, yo separé las piernas lo suficiente para dejarle seguir, cuando llegó a mi pubis buscó la orilla de mis bragas pero se llevó la grata sorpresa de que no llevaba, noté sus dedos rodeando mi nalga por debajo hasta llegar a mis labios que encerraban mi vagina ya húmeda, crucé las piernas y levanté el culo, un dedo primero y después dos entraron a mi coño, los noté buscar mi clítoris y mi punto G, no tardó encontrarlos, el clítoris se liberó de su envoltura saliendo orgulloso, mientras mi vagina vibraba de sensaciones placenteras.

Le solté el nudo de la pajarita y le fui abriendo su camisa, el pecho velludo canoso me permitió enredar mis dedos buscando sus tetillas, Paul, suspiraba mientras sentía mi mano bajar hacia sus cinturón, la cremallera se oyó bajar y mi mano buscó su polla, ya no me costó encontrarla como días atrás, me estaba esperando dura dentro del bóxer, no esperé a quitarle los pantalones, solo saqué la polla y los huevos fuera del bóxer cuando pasé mi pierna sobre él y me senté en sus piernas de frente.

Con mis piernas rodeando las suyas mi coño ya estaba abierto, simplemente moví mi cintura un poco cuando me encontré su glande caliente, me dejé caer y fui notando como su anillo pulsaba cada pliegue de mi vagina como una cuerda de guitarra, sus manos se apoderaron de mis tetas, yo me solté los tirantes del vestido detrás del cuello y cayó entre nosotros, las dos tetas subieron ayudadas por sus manso hasta juntarse en una, me las puso para que yo besara mis pezones, con la punta de la lengua alcancé a lamerlos, los puse duros y él siguió lo que yo había empezado, los mordía y chupaba, mis tetas apresadas por sus labios quedaban bajas o altas según yo iba cabalgándolo lentamente, noté como sus piernas se tensaban y me cogía las caderas sin soltarme las tetas con los labios, noté su capullo como palpitaba cada vez más fuerte, no quise interrumpirlo, seguí subiendo y bajando sobre su polla, con mis músculos vaginales le masajeaba el glande escurriéndolo, cuando se abrazó a mí, ya sabía lo que seguía, un chorro de leche caliente me inundó el útero, los siguientes acabaron de llenar mi vagina hasta dilatarla, pero no paré, no sabía cómo iba a terminar, yo no me había corrido, pero era igual, me sentía satisfecha de notarlo dentro lleno de placer, esperé a que la polla le bajara y le besé tiernamente, él abrazado a mí recibió mi beso ávidamente, quizá por eso su polla lejos de ablandarse volvió a coger dureza y creció hasta llenarme nuevamente, me abrazó y se levantó del sillón sin sacármela, me tumbó en la mesita auxiliar y subiendo mis piernas sobre sus hombros las abrió y me clavó la polla hasta hacerla desparecer en mi coño, estaba tan dura como la primera vez, yo notaba su glande golpearme en el fondo de mi vagina, el vestido estaba recogido en mi cintura, tanto la falda como el cuerpo, las tetas oscilaban de arriba abajo sobre mi pecho, apenas podía sujetármelas, él estaba desatado, me hizo sentir como una princesa, y cuando le dije que me iba a correr, simplemente me acarició las mejillas sin parar de clavarme la polla, por mi culo resbalaban mis jugos mezclados con su corrida anterior manchando mi vestido y la mesa, acabó por unir su segunda lechada dentro de mí.

Grité, si grité, de placer sobre todo, pero también de alegría, Paul ya estaba curado, me estaba follando como seguro hacía muchísimos años, él estaba eufórico, me había hecho tener un gran orgasmo a la vez que se había corrido dos veces sin llegar a sacarla, era todo un hito para él, cuando nos pudimos levantar estábamos en la alfombra, mi vestido arruinado lleno de fluidos y el con los pantalones todavía en los tobillos, con los huevos mojado y la polla caída sobre su muslo.

Al día siguiente, me saludó como todos los días al llegar, quiso agradecerme la velada tan fantástica de la noche anterior, si bien me dejó claro que nuestra relación sería como hasta ahora, no quería tenerme como amante ni nada parecido, se lo agradecí enormemente, yo tampoco quería nada de eso, aunque no excluía volver a repetirlo.

A la mañana siguiente llegué pronto, tenía un trabajo que adelantar para cuando llegara Paul, lo necesitaba para ir a visitar a un cliente, no me di cuenta hasta encender el ordenador que pegado al monitor había una nota manuscrita.

--- “Ayer estabas bellísima, y muy bien acompañada”

Me volví a la ventana, no vi a nadie, esperaba que fuera de Bob, pero también sospechaba que podría haber sido de Robert que nos hubiera visto juntos, me intrigó bastante pero tuve que olvidarme de momento y ponerme a trabajar.

A medio día bajé a comprarme la comida, cuando subía coincidí con Robert, me sonrió un poco sarcásticamente y me preguntó por mí y por Paul, me descolocó un poco, pues me lo dijo acercándose demasiado para mi gusto, esperaba que me comentara lo del vestido, pero no dijo nada, basé en mi piso y él siguió al suyo.

Cuando entré en el despacho había otra nota.

--- “Te apetece comer acompañada?”

Yo instintivamente miré otra vez por la ventana, no vi nada, pero de reojo vi un poco de luz en la trampilla que Bob había hecho desde su cuarto.

Llamé con los nudillos en el tabique y cuando vi luz al otro lado enseñé la bolsa con mi comida.

Al momento se cerró y llamaron a la puerta del despacho, era Bob, traía una botella de vino con dos copas, y su comida, pero preferí pasar a su casa, entonces me di cuenta de que no parecía el mismo, se había afeitado la barba y recortado el cabello, me recordó a alguien, si era él, el chico del restaurante.

Bob parecía que estaba esperándome, tenía la casa ordenada y la mesa puesta, se notaba contento de que hubiese aceptado comer con él, estuvimos hablando de cosas intranscendentes hasta que me quedé interrogándolo con la mirada, él bajando la mirada, me confesó que en efecto era él el del restaurante, le acompañaba una amiga muy especial pero no sabía nada, él conocía los hábitos de su tío y no fue difícil saber donde me llevaría a cenar, me confesó que en él también se había obrado un cambio importante por mi culpa, había vuelto a sentir ganas de vivir y de arreglarse, se cambió de aspecto y compró ropa más actual, el vestido de la chica se lo había comprado él pero pensando conmigo, como si fuera yo quien lo llevaba.

Le agradecí el detalle y le alabé el gusto, era un modelo precioso, estuvimos comiendo tranquilamente, en un momento le hice la pregunta que me intrigaba, quien era la chica?

Bob en principio me contestaba con evasivas, al final me dijo que era una amiga muy especial, aunque no eran pareja se veían bastante a menudo, me armé de valor acuciada por la curiosidad y le pregunté a bocajarro…

--- Y follasteis esa noche con “mi” vestido?

Bob se puso rojo, avergonzado, con la cabeza baja y susurrando tuvo que admitir…

--- Si, follamos toda la noche, lo hice pensando en ti, lo siento pero es cierto, no podía quitarme tu cuerpo de mi memoria, tu boca, tu pelo, tus tetas, tus piernas y sobre todo tu coño, en fin toda tú, nunca había follado con tantas ganas casi con desesperación, hasta el punto que Emma se dio cuenta, se lo tuve que contar, estaba como en una nube de placer toda la noche.

--- Creo que exageras, te confieso que me siento halagada por tu admiración hacia mí, pero la chica que te acompañaba, se llama Emma? Tiene un cuerpo mucho mejor que el mío, solo le pude ver la espalda, perfecta, imagino que por delante sería mucho mejor, y de cara es bellísima.

--- Es cierto, pero tú eres especial, tienes un aura angelical a la vez que muy sensual, a Emma también le gustaste mucho.

--- A Emma le guste? Cuando me vio? Si no me conoce.

--- Será intuición femenina, pero cuando entró se fijó en ti enseguida, me lo dijo luego y cuando me vio mirándote lo captó enseguida, me hizo un comentario que no te puedo decir.

--- Que te dijo?

--- Lo siento, no te lo diré, se me ha escapado.

--- Por favor Bob, no me dejes así, me importa lo que digas de mí y más una  belleza cono Emma.

--- Es una tontería, dijo que le gustaría mucho que pasáramos una velada los tres juntos.

Me quedé asombrada, nunca había pensado en nada parecido, las mujeres no eran mi opción, pero tenía que reconocer que una chica así de bella y con ganas de dar y recibir placer era una cosa a meditar.

--- Nunca creí decir esto pero a mí me encantan los hombres, aunque siempre he tenido curiosidad como debe ser una mujer en la cama, pero no le digas nada eh?

--- Descuida, solo fue un comentario.

Mientras hablábamos note como Bob se removía en su silla, me fije como pegado a su pierna izquierda se notaba un bulto que no podía ser otra cosa que su polla, para mí no era una desconocida, la había visto muchas veces, en todos los estados, blanda, dura y extremadamente dura hasta eyacular, en primerísimo plano, solo separada de mi boca por el cristal de la ventana, además era igual que la de su padre y que la de su tío Paul, le pregunté mirándole el paquete…

--- Y en el restaurante tenias la polla igual de dura que ahora?

Él cruzó las piernas avergonzado, aún así perecía que tenía tres piernas paralelas.

--- Oh, perdón no lo he podido evitar.

Se colocó la polla bajo de sus piernas para que no se notase, me levanté y poniéndole la mano sobre ella le dije…

--- Es una pena que la escondas, ten en cuenta que ya nos conocemos, no necesitamos presentación, tienes una polla muy apetecible, te viene de herencia, tu padre y tu tío la tienen igual que tú, solo que la tuya despide unos chorros de leche mucho más abundantes.

Me dio la impresión de que sin la defensa del cristal de la ventana no era tan intrépido con las mujeres, por lo que me convencí de que tenía que ponerlo al día también.

Le empuje la frente hacia atrás y le hice apoyarse sobre el respaldo de la silla, el no lo esperaba y se quedó con los brazos colgando y las piernas separadas, el bulto seguía ahí pegado a su muslo izquierdo, antes de que pudiera reaccionar ya le tenía una mano en los cojones y otra en el capullo, me gustó notar el tacto después de vérselo tan fríamente, el suspiró y se relajó estirando las piernas, mi mano ya iba bajo su bóxer y le había cogido la polla del tronco, no tuve miramiento y aunque ya la tenía bastante dura tiré de ella, salió medio doblada pero no se quejó, no le di tiempo pues para cuando notara el frescor de la habitación ya la tenía dentro de mi boca.

Se cogió al asiento de la silla, con la cabeza colgando por detrás no me veía pero sentía como le absorbía el glande hasta toar mi campanilla, solo decía palabras inconexas, lo mismo decía que si, que decía que no, pero su polla no se quejaba en absoluto, palpitaba cada vez con más fuerza, el glande que tantas veces había visto crecer frente a mis ojos ahora lo hacía dentro de mi boca, era aún más grueso que el tronco, cuando me daban arcadas lo sacaba lo suficiente para poder respirar, procuré que su tensión no bajara y lamiéndole el frenillo y estrujándole los huevos se tensó, se quitó los zapatos y levantó el culo del asiento para que le bajara los pantalones, con una mano lo hice y me arrodillé entre sus piernas, solo en el último momento se soltó del asiento y me cogió de la nuca atrayéndome contra su pelvis, hubiera pasado un mal rato si no hubiera tragado toda la leche que le salió al mismo tiempo que me llenaba el paladar, sus gruñidos sonaban en mi cabeza como un alce en celo, cuando cayó desvanecido me saque la polla y me levanté frente a él, me miró sin fuerzas, abrí la boca y le enseñé la leche que aún tenía en la lengua, se la ofrecí y no me la hubiese negado si no me la trago delante de sus ojos.

Quedó con los ojos cerrados, las piernas estiradas y abiertas sentado en el canto de la silla, los brazos caídos y la cabeza colgando, me levanté me estiré la ropa y le dejé una nota en el monitor…

--- Cuando quieras te invito a cenar en mi casa, ah! Y trae a ti amiguita, si quieres.

Cuando entré en el despacho me arreglé el maquillaje y me pinté los labios que habían perdido el brillo, al momento llegó Paul, al oírlo entrar me corrió un escalofrío por los muslos, estaba caliente, me despasé dos botones de la camisa y me volví sonriente hacia Paul, me iba a desquitar.

Cuando mi jefe se puso a trabajar, yo frente a él estaba pasando unas resoluciones del juzgado, él estaba enfrascado en los documentos que tenía delante, no levantaba la cabeza, yo estaba incomoda con las bragas mojadas, como no miraba me subí el vestido y tiré de las bragas hacia abajo, me las saqué por los tobillos, y sentí el frescor en mis labios, separé las piernas para que se enfriara el coño antes, no lo conseguía lo suficiente y me volví a subir el vestido por las caderas, Paul estaba con los codos en la mesa sin mirarme, me levanté y me quité del todo la falda, con los zapatos de tacón alto se veían unas piernas espléndidas, me miré en el espejo que hacía al cristal de la vitrina y vi que desentonaba la camisa, me la quité y el sujetador le siguió, Paul no se fijó en ningún momento, me molestaba tanta indiferencia, creía que merecía un poco de atención , me subí a la silla y de ahí a la mesa frente a Paul, fui bajando hasta ponerme en cuclillas frente a su cara, con mis piernas abiertas del todo era imposible que no viera mi coño o que lo oliera, parecía una hembra en celo despechada.

Cuando Paul levantó la cabeza lo primero que vio era mis labios rojos de excitación, hinchados y húmedos, abiertos dejando salir el clítoris y los labios menores, era el límite de su resistencia, de un manotazo retiró todo lo que había en la mesa y me cogió del culo, me arrastró hasta la orilla de la mesa, hundió la cara entre mis muslos y su lengua recorrió mis labios de abajo arriba, me dejé caer sobre la mesa estrujándome los pezones y gimiendo, Paul no paró de comerme el coño hasta que grité que me follara, no me hizo caso y siguió lamiéndome hasta que me corrí en su boca, mis flujos manaban de la vagina como una fuente, él los recibía como iban saliendo, cuando me aflojé aún di un último espasmo cuando me mordió el clítoris.

Quedé desmadejada sobre el tablero con las piernas colgando, el lentamente se levantó y echando el sillón hacia atrás de abrió la bragueta y sacó la polla, no hizo falta mojarla, simplemente descubrió el glande y brillando como un semáforo en rojo se hundió dentro de mí.

No paró de metérmela hasta que le dije que me iba a correr otra vez, siguió hasta correrse él, su polla lanzaba chorros de leche a mi vagina que en pleno orgasmo lo absorbía y ordeñaba hasta dejarlo seco.

Cayó sobre mí sin decir una palabra, cuando se calmó su polla se salió con un rio de leche y flujo, al oído le susurré…

--- Paul, tenemos que hablar.

Se sentó de golpe en el sillón, extenuado, me senté sobre sus muslos y esperé a que estuviera repuesto.

Le obligué a que me prestara atención, le resultaba difícil teniendo mis tetas apuntándole, pero le miré a los ojos y le dije…

--- Paul ya hace mucho tiempo que tienes un asunto pendiente, sé que estás sufriendo pero no quieres dar tu brazo a torcer, el tiempo pasa y suaviza las aristas, me gustaría que hicieras las paces con tu hermano Robert.

Se me quedó mirando fijamente, se le notaba entre sorprendido e irritado, estuvo pensando un rato, bajo los ojos y dijo…

--- No sé qué sabrás, pero no es tan fácil, hay más cosas.

Creo que lo sé todo, he conocido a Robert y a tu sobrino Bob, están deseando volver a tratarse como familia que sois, sobre todo Bob.

--- Bob… un muchacho estupendo, podría ser mi hijo, pero Robert se me adelantó, aunque se me parece más a mí que a él.

--- También me lo ha contado y esta siempre pendiente de ti, es un chico maravilloso, se ha sacrificado para estar a tu lado y no abandonaros.

--- Quieres decir que está  cerca?, hace mucho que no lo veo.

--- Pues él te ve todos los días.

--- No puede ser, siempre me fijo en los muchachos que, me cruzo por si acaso lo veo, donde esta?

--- Tranquilo, eso te lo contará él si os reconciliáis.

--- Y mi hermano, lo has visto?

--- Y también está deseando volver a tu lado.

--- Son muchas cosas, lo pensaré, a mí también me parece que esto dura demasiado.

A partir de este momento empecé a cavilar como reunir a estos hombres sin que hubiera reticencias entre ellos, por la mañana ya tenía una idea en la cabeza, en apariencia descabellada, pero si salía bien no iba a ser nada traumático para nadie.

Lo primero que hice fue rebuscar el teléfono de mi amiga Emi, ella me había ayudado en un momento muy difícil para mí y ahora yo podía ayudarle a ella.

Quedamos a comer en una hamburguesería cerca de mi despacho, le conté la historia y le encantó, luego le expliqué la idea que había tenido y le entusiasmó, le gustaba el plan y más cuando le dije que ella me podría ayudar, por supuesto me dijo que sí, que contara con ella.

Al día siguiente como Paul no iba a venir por la tarde después de comer subí al piso de arriba, llamé con los nudillos pero no me contestó nadie, esperé y al rato me rendí, llame al ascensor y cuando se abrió la figura de Robert casi choca conmigo, nos sorprendimos los dos, pero enseguida me preguntó si estaba bien y si quería algo, le dije que necesitaba hablar con él, le conté en su despacho la conversación con su hermano y le dije que era un buen momento para restituir las relaciones, él se entusiasmó enseguida, me confesó que también estaba triste de tener a su hermano y a su hijo distanciados.

Me ofrecí a intentarlo, pero necesitaba su colaboración, le prometí que si mi idea funcionaba la iba a gustar.

Lo dejé intrigado pero me aseguró que colaboraría en todo.

Una tarde quedé con Emi, le dije que le iba a presentar a uno de los hermanos, también le dije lo seductor que era y que intentaría follarla enseguida, ella no vio inconveniente, se fiaba de mi criterio, cuando le dije que yo ya lo había hecho acabó de convencerse.

Después de comer, hicimos el encontronazo con Robert y se la presenté, cuando íbamos en el ascensor Robert me miró suplicante, entendí enseguida, yo bajé en mi piso, ellos siguieron.

Mi idea era juntarlos a todos en mi casa a una cena, con la excusa de pasar una buena velada, Bob iría con su amiga, yo con Paul y Emi con Robert, crucé los dedos para que saliera todo bien.

A Paul en principio le pareció bien la cena, era terreno de “nadie” y siempre estaba a tiempo de arrepentirse, aunque me prometió que en honor a mí no lo haría, a Bob le gustó la idea, era una muy buena ocasión de hacer las paces y Robert, aún con reservas de no ser perdonado por su hermano también aceptó de buen grado.

El sábado que quedamos estuve preparando mi casa lo mejor que pude, me probé al vestido que me había comprado para la ocasión, me había gastado buena parte de mis ahorros, aunque Paul se ofreció a regalármelo, procuré que fuera muy elegante pero sobre todo muy sexi, imaginaba que las otras chicas serían una competencia en elegancia y sensualidad, la lencería era aún mas sexi y los complementos de zapatos, medias y demás o se quedaban atrás, encargué la cena a un conocido restaurante de Bob que me ayudó en lo que pudo al conocer bien a su familia.

A la hora citada llegó con puntualidad británica Paul, yo estaba como un flan de nervios, al abrir la puerta su mirada me gustó mucho, abrió los ojos de asombro, no hizo falta que me dijera nada más, me besó galantemente los dedos de la mano y le hice entrar, con una mirada rápida se hizo una idea de la persona que era yo por el aspecto del apartamento, le serví una copa y esperamos hablando de cosas banales, el segundo en llegar fue Bob, luego me contó que estuvo controlando al camarero que nos iba a servir la cena en casa y esperaron un momento hasta que llegara su tío antes.

Estaba guapísimo, no me extrañaba que su tío no lo hubiera reconocido con el mono y la barba tras la ventana, nos presentó a Emma, la apreciación que había tenido de ella en el restaurante no tenía nada que ver con la belleza que tenía delante, llevaba un vestido largo, rojo y ceñido, la melena morena azabache caía sobre sus hombros justo hasta donde empezaba el escote, era lo más sexi que había visto hasta ahora, las tetas morenísimas, brillantes y duras pugnaban por salirse, cuando nos dimos un beso en la mejilla sus pezones se marcaron escandalosamente, por supuesto no llevaba sujetador, entre otras cosas porque no le hacía falta, por detrás el escote también era inmenso, lucía su espalda morena hasta la cintura, la curva de las nalgas no marcaban ninguna prenda interior, Bob sonrió al notar mi expresión.

La escena cuando vio a su tío fue emocionante, se abrazaron,  se besaron, los ojos vidriosos denotaban la emoción, juntos parecían un retrato a diferentes edades, los dejamos hablar, mientras Emma y yo pasábamos a la cocina discretamente, me estuvo contando que Bob y ella eran amigos y aunque no eran pareja siempre salían juntos, estuvo alabando mi vestido, me levantó el ánimo pues me había quedado impresionada con su belleza, me dio algún consejo sobre maquillaje pues era esteticista de profesión y maquillaba a las modelos en los pases de moda.

Cuando sonó el timbre se produjo un silencio, Paul y Bob se miraron, se estiraron las chaquetas del traje y se armaron de valor, la primera que entró fue Emi, fue una buena idea, se suavizó la tensión bastante, luego Robert muy elegante me dio dos besos y pasó al salón donde le esperaban su familia, hubo un segundo de tensión, fue Bob quien se abrazó a su padre y lo llevó hacia Paul, tras un instante de duda sonrieron y se fundieron en un abrazo fraternal, Bob los rodeó con sus brazos a los dos.

Nosotras tres estábamos emocionadas de ver a los hombres unidos después de tantos años, la llamada en la puerta del camarero con la cena nos vino de perlas para romper la tensión, muy profesionalmente preparó todo luego nos invitó a sentarnos, dudamos de cómo hacerlo, pero el protocolo se rompió cuando los tres hombre se sentaron juntos sin dejar de hablar.

Nosotras pronto encontramos tema de conversación, Emi aunque no conocía a Emma  pronto se hicieron amigas, entre las tres hicimos un frente común para hacer de aquella velada algo inolvidable.

El camarero nos sirvió la cena muy atento, cuando hubo servido los postres y el champan se retiró discretamente, en la mesa estuvimos un rato más mientras yo preparaba el café en la cocina, Emi vino a ayudarme y me dijo que tenía una cosa importante que contarme.

El café lo tomamos en el salón, lo serví ayudada por Emi mientras Bob sacaba las bebidas y servía según le pedíamos, los hombres no dejaban de hablar y nosotras aprovechamos un momento en que estábamos bebiendo todos para sentarnos con nuestras parejas.

Robert estaba en un sillón y Emi se sentó sobre el brazo con las piernas sobre las de él, Bob en el otro sillón y Emma se colocó igual y Paul en el sofá, yo me senté a su lado pero con la cabeza en su hombro, me pasó el brazo sobre mí y me beso en la frente, Robert, mas intrépido pasó la mano por el muslo de Emi y le dio un beso en una teta sobre el vestido, Bob fue el más cohibido, pero Emma le cogió de la barbilla y le dio un beso con lengua, todos le animábamos a ver cuánto duraba, hasta que Bob pidió tiempo para respirar.

Ya se había roto el hielo, nosotras nos lanzamos al contraataque, yo besé a Paul en la boca mientras él metía las manos entre mis muslos, Bob pasaba la mano por la espalda de Emma y le cogía la teta al volver, se le notaban los nudillos de la mano como la tenía aprisionada, Emi se había sentado en las piernas de Robert levantándose la falda hasta la cintura, tampoco llevaba bragas, su imponente culo se apreciaba por su piel blanca, Robert le cogió de las nalgas y la levantó hasta llegar con su boca a las tetas, la mano de Paul ya había encontrado mis bragas y las estaba tocando con los dedos imaginándose el encaje, cuando tenía un dedo en mi ingle separé la pierna lo suficiente para que buscara bajo de la breve prenda transparente.

Bob por su parte le había bajado los tirantes del vestido rojo de Emma, sus tetas me causaron una sensación en el coño que no había sentido nunca, la chica ignorante de mi mirada le sacaba la polla al joven mientras se arrodillaba entre sus piernas, Emi se había subido de pié en el asiento del sillón de Robert, con las dos manos recogía en su cintura el vestido mientras se separaba los labios del coño para que su pareja le comiera el clítoris, cuando sentí los dedos de Paul avanzando entre los labios de mi sexo le ayudé a encontrar la entrada de mi vagina, dos de ellos entraron juntos hasta donde pudieron mientras que el pulgar acariciaba con furor mi clítoris, no pude más me subí el vestido estrecho a la cintura y le enseñé las bragas tan bonitas, Paul las besó y haciéndolas a un lado con la lengua me recorrió los labios hasta la vagina, Emi ya se había cansado del vestido y se lo había sacado por la cabeza, sus tetas saltaron cuando se desprendió de él, lo arrojó sobre una silla y volviéndose le dio la espalda a Robert, se sentó sobre él cogiendo antes su polla y encarándola en su coño se dejó caer hasta que desapareció entre sus labios, yo lo vi perfectamente cómo se metía el glande, de reojo lo comparé con el de Bob que en este momento se lo sacaba de la boca Emma, quise ver los tres juntos y metiéndole la mano por el pantalón a Paul se lo saqué mojado de liquido pre seminal, hasta mi amiga Emi se dio cuenta de que los tres tenían la polla iguales, un gran glande redondo, casi sin punta y el tronco un poco más delgado, lleno de venas hinchadas y rematadas por un par de huevos redondos ásperos y pegados a la polla.

Vi como Emma le decía algo a Bob, él la cogió en brazos, la levantó y la fue dejándola caer sobre su polla, cuando la tuvo clavada, así de pie fue andando hasta nuestro sofá, se sentó al lado de su tío, yo le quité los pantalones a Paul, me clave su polla y lo cabalgué mientras él me mordía las tetas, Emma pasó la mano bajo mi culo y le apretó los huevos a Paul, él la miró y le sonrió, lo que no vio cómo a la vez que le cogía los huevos me rozaba la entrada dilatada de mi vagina, sus dedos mojados por mis fluidos me recorrían las nalgas hasta pasearse alrededor de mi ano, en ésta posición tan abierta no tardó en meter la yema de un dedo hasta la primera falange, esperó mi reacción y como no la tuve siguió metiéndolo más hondo hasta que no pudo más, lo sacó y lo volvió a meter, pero esta vez acompañado de otro dedo.

Robert nos miraba desde su sillón, Emi lo cabalgaba de espaldas a él, por eso la cogió de la cintura y sin dejarle salir la polla del coño se dirigió hasta nuestro sofá, los tres sentados cabíamos perfectamente, nosotras sobre ellos, Emi no tardo en cogerme una teta, las suyas eran bastante más pequeñas, le gustaban mis pezones aunque los suyos estaban más salidos que los míos, yo quise probar las de Emma, sentía una curiosidad morbosa por aquel tipazo de mujer, ella se volvió hacia mí para que se las cogiera, tuve que reconocer que eran perfectas, en mis manos sentí como su areola se hinchaba y el pezón crecía sin parar, se levantó de Bob y se acercó a mí, me puso las tetas al alcance de mi boca, podía elegir la que quisiera, las probé las dos, apenas noté como Bob estaba a mi espalda confundí sus manos con las de Emma cuando me acariciaba el ojo del culo, esta vez lo noté más suave, pero noté el cambio cuando sentí el grueso glande presionando para entrar, se deformaba en el intento, pero la dureza de su polla era más que la de mi esfínter y ganó en el intento, cuando noté que me llenaba mordí sin querer la teta de Emma ella se encogió y tuve que compensarla pasándole la mano por su pubis depilado y apretándole el clítoris, hasta el coño tenia perfecto, solo una línea recta indicaba la separación de los labios, pero eran carnosos y el clítoris escondido no tardó en asomar, rosado y brillante.

Bob y su tío se cogieron de los brazos, yo entre los dos saltaba clavada en la polla de Paul en el coño y la de Bob en el culo, Emi tenía su boca llena de uno de mis pezones, como estaba caída sus tetas rozaban a Paul que las atrapaba cuando podía.

Robert fue el primero que se levantó, le dejo el asiento a Emi que tumbada subió las piernas sobre su cabeza, le volvió a meter la polla, esta vez quiso meterla en el culo de la chica, pero no estaba dilatada y se quejaba, le dio con el codo a su hijo y Bob pasó a intentar clavársela a Emi y Robert sin preámbulos me la metió a mí en el culo, a decir verdad no noté la diferencia, era la misma polla.

Cuando cansada me separé y me tumbé en el asiento Emma se acercó a mí, me acarició los muslos, me los abrió y vio como manaban flujos por todas partes, con su lengua fue recogiéndolos, estaba inclinada sobre mí, sus tetas colgaban a unos centímetros de mi cara y cuando se los absorbí  se pegó más a mi levantando aún más el culo.

Hubiera apostado que Paul no había visto un culo tan bello, las nalgas apenas dejaban ver los labios casi cerrados de Emma, las piernas perfectas llegaban rectas hasta el suelo, se acercó a ella y mirando a su sobrino le rodeó las manos en la cintura y hundió su polla en Emma, con un suspiro se la agradeció, la polla de Paul hasta hacía poco desahuciada según él en 45º de elevación se incrustó suavemente pero de un tirón hasta chocar sus huevos en su culo,

Emi ya había probado los goces del sexo anal gracias a Bob, el chico con más paciencia que su padre no paró hasta meterle a Emi toda la polla, ella soplaba al principio pero ahora gemía gritando que quería más.

Emma me fue colocando sobre el asiento del sofá de manera que pude alcanzar con mi boca su coño, a escasos centímetros veía entrar y salir la polla de Paul en el culo de Emma, mi lengua recorría su clítoris, sus labios y su vagina intentando meterse dentro de ella, alguna vez la lamía al culo cuando la polla sacaba sus fluidos, con las manos le cogía las tetas que caían sobre mí como racimos de uvas.

Cuando Robert volvió junto a Emi, su hijo le cedió el puesto, sacó la polla suavemente y dejó que su padre ocupara su lugar, con ella clavada se sentó llevándola en volandas, Emi se quedó con las piernas abiertas enseñando la polla que entraba y salía de su culo, miró lastimosamente a Bob, éste la entendió y cogiéndola de las rodillas le metió la polla en el coño vacante, pero Emi le dijo algo al oído, el sonrió y la sacó, cuando se volvió a acercar a ella su glande rozaba al de su padre, con los dos fuera empujaron a la vez, el esfínter se quejó, pero Emi estaba decidida, quería a las dos pollas gemelas en su culo, los hombre se dejaron convencer enseguida ante los ojos de Emi y presionaron decididos, un Plop! de oyó y su quejido que se transformó en gemido de placer, las dos pollas entraron suaves pero juntas hasta el final, la chica braceaba suplicando que se la metieran más profunda, que quería más polla, Robert llamó a Paul, éste viendo la situación y oyendo los ruegos de Emi se acercó no sin dolor por haber dejado el culo de Emma y evaluando la situación buscó la postura de metérsela por el coño, Emi cuando se sintió llena gritaba sin cesar que quería más, Emma me miró y se encogió de hombros, me dejó y nos acercamos a ella, estaba tumbada en el sofá, su culo más que lleno con dos polla y otra en el coño, aún así pedía más, nosotras nos reíamos ante la desesperación de Emi, decidimos darle gusto, ella señalaba su boca y sus manos vacías, lo solucionamos subiéndome yo y sentándome sobre su boca, mi coño destilaba flujos todavía, ávidamente se puso a lamer, Emma de acercó para que le metiera los dedos en el coño y en el culo, ya tenía la boca y las manos ocupadas, la boca llena de coño, no podía hablar pero estaba feliz, creo que la primera que lo notó fui yo, las lamidas se hicieron más fuertes, incontroladas y a veces me mordía sin querer, cuando el orgasmo explotó dentro de ella, lo sentimos todos como un terremoto, se propagó en cadena, ella saltaba sin poder ni gritar, sus manos atacaban al clítoris de Emma fuertemente, y las pollas se clavaban en ella.

Fue un orgasmo en serie, Emi explotó con un gruñido, los hombres dentro del culo empezaron a bombear leche, Paul notando las pollas de sus colegas se dejó ir y empezó también a escupir leche en el útero relleno de la chica, mi coño no pudo resistir más y me invadió un orgasmo que me hizo cogerme para no caer sobre el grupo, las sacudidas las soportaba Emi lamiendo los flujos que me salían, la última fue Emma, toda las maravillas de su cuerpo temblaron, las tetas, brillantes, hinchadas y duras oscilaban a su alrededor, su vientre acusaba los espasmos que la recorrían y su coño empezó a derretirse como un helado de fresa entre las manos de Emi.

Cuando poco a poco se fue deshaciendo el montón de brazos y piernas, estábamos agotados, las pollas de padre e hijo estaban rojas de frotarse juntas, Paul sentado en un sillón admiraba su polla casi erecta aún, me miró y me lanzó un beso en agradecimiento, yo estaba con las piernas temblando por el esfuerzo y los efectos del orgasmo, la peor era mi amiga Emi, tendida en el sofá estaba inmóvil, en la misma postura como la habían dejado al sacarle las pollas que le llenaban, el culo se le veía muy dilatado aún, negro hasta el infinito, las nalgas rojas, pero los labios del coño, irritados, mojados e hinchados.

Bob fue el primero en revivir, sirvió una bebidas y las fue repartiendo, propuso un brindis, nos levantamos todos menos Emi que brindó tumbada…

--- Por mi nueva familia recién reunida otra vez.

Al día siguiente Emi me llamó, le pregunté y me dijo que aún se tenía que pensar como se sentaba, nos reímos, también me contó que Robert la había contratado para secretaria con un buen sueldo, iba a volver a ejercer, me alegré por los tres, Bob les ayudaría y Paul ya no estaría solo en los juicios.

Estábamos juntos en el mismo despacho, de vez en cuando Emma nos invitaba a un gran desfile y nos maquillaba, hacíamos un gran equipo de mujeres y hombres, éramos felices.

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