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Fecha: 20-Jun-17 « Anterior | Siguiente » en Sexo Oral

Boquita sucia

AmbarConeja
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Si querés te saco la lechita en el baño de los varones, por 5 pesos! Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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Boquita sucia

El secundario siempre es un ramillete de nuevas sensaciones, y más si la pubertad, las hormonas y la calentura nos convierte en sus mejores presas.

El 12 de marzo cumplí los 16, y ese mismo día empecé cuarto año en una escuela modesta pero exigente. La primer semana fue un bajón porque, si bien la mayoría nos conocíamos de primero, había 5 repitientes, uno nuevo y 2 chicas que venían de otra escuela. Una de ellas era Daniela, con bastantes problemas de conducta según aclaró la preceptora. La otra era Tatiana, con serios inconvenientes con su integración en su anterior colegio, por contar con pocos recursos económicos, y por eso fue discriminada. Además era gordita.

La segunda semana pasó inadvertida por una serie de huelgas docentes. Pero la siguiente ya había rumores de que Tati era una nena fácil.

El Rulo nos contó primero que ella le dibujó en la carpeta una pija gorda escupiendo leche. ¡Todos la vimos!

Luego el Tincho nos confesó que le manoteó el pedazo cuando se sentaron juntos para hacer un práctico de informática, y pronto Carlitos se animó a contar que la pibita durante la hora de lengua le metió la mano debajo de su slip y lo pajeó brevemente, mientras le balbuceaba al oído:

¡si querés te saco la lechita en el baño de los varones!

La bola se corría con el transcurrir de las semanas, y mayo fue para mí llegar a casa y matarme a pajas con todo lo que me enteraba de nuestra compañerita. Lucas una vez nos compartió una fotito de su cola cuando la pilló apoyada con los codos sobre la mesa meneándola lujuriosa. ¡se le veía hasta el inicio de su rayita y el elástico de su bombacha, y para nosotros era terrible!

Más tarde el Laucha nos dijo que él y Omar se la tranzaron en el baño de nenas, que la dejaron en tetas y que ella los pajeó hasta hacerlos acabar en sus manos.

Tatiana no era linda. No tenía un buen culo, ni tetotas, ni ojos preciosos. Sólo una cabellera larga negra, una vocecita de gata alzada, un aroma ensordecedor a su paso y una picardía que la diferenciaba de las demás bobitas del curso. Ellas se horrorizaban, nos trataban de degenerados y asquerosos, pero se morían por estar en la piel de la Tati. Ella sabía sugerir lo que quisiera.

Durante ese mayo la fama de lecherita de la Tati creció. El Rulo, Omar, el Chelo y Ramiro nos confesaron que la borrega les dijo por separado en el recreo pero bajo la misma consigna:

¡si me das 5 pesos te hago flor de pete en el baño!

Los 4 dijeron que sí. Se mostraban felices detallando cómo la pasaron.

¡a mí me chupó hasta las bolas, y cuando me saltó la leche se la tragó toda!, dijo el Chelo.

¡faaaa, a mí también, y me la escupió como una guanaca!, agregó Omar.

¡yo le ensucié hasta la nariz, y la gila se enojó porque la quería en la boca!, afirmó el Rulo.

¡yo, apenas pelé el choto se lo mandó a la boca y no pude aguantar bolu, casi la ahogo, y no me cobró!, se nos burló Ramiro.

Yo estaba lleno de pudores, curiosidades y preguntas. Todavía era virgen, aunque gracias a Tatiana me pajeara hasta 8 veces al día. Es más, una vez hasta me acabé encima en clase cuando me senté con ella. Ahí descubrí que me calentaba su olor a villerita, el aliento de su boca siempre nutrida por el arsenal de caramelos, pastillitas y chicles que había en su guardapolvo, y hasta la brisita del movimiento de sus piernas que acentuaban su esporádico olor a pichí. En esos días escribió en un papel que dejó en mi carpeta:

¡quiero que me acabes en la boquita, por 5 pesos!

Yo me hice el dolobu, pero esa misma mañana me apretujó el pito sobre el jean, me dijo que soy uno de los pocos que no le dio la lechona, y luego, mientras la de historia nos aburría con el imperio romano, su manito se reveló entre mi bóxer para moverse lentamente.

Apenas me susurró:

¡pendejito, la tenés durita y mojada… parece que te hubieras meado, porque tu calzoncillito está empapado!, ahí nomás le saqué la mano y, avergonzado como nunca sentía cómo derrapaba el semen por mis piernas.

Yo le huía a sus provocaciones. No quería saber nada, pero era más miedo que otra cosa. Encima, una mañana el Tincho me confirmó que por 10 pesos la turra dejó que le acabe en la parte de atrás de la bombacha después de que se la mamó haciendo globitos con un chicle. Nunca le creíamos del todo, porque él por las dudas siempre llegaba un poco más lejos que el resto. Pero su relato logró que por la noche entre mis sábanas escupa 5 lechazos bien abundantes.

Al fin junio fue el mes de la verdad para mi credibilidad hacia los chicos. Gracias a profes permisivos como la de inglés o el de biología la Tati salía dos veces al baño de varones, y enseguida alguno de nosotros iba detrás de ella con cualquier excusa. Una de esas veces me la jugué envalentonado por los pibes.

Cuando la de inglés preguntó quién se ofrecía a buscar tizas y el libro de temas a preceptoría, lo hice de inmediato ni bien los pasos de Tati cruzaron el umbral del aula. Atravesé la galería al trotecito hacia el baño y comencé a buscarla, con las manos sudadas, la boca seca y con millones de temblores en el cuerpo. La vi de casualidad, sentada detrás de la puerta de uno de los bañitos con la pollerita subida y el pelo suelto. Creo que por los nervios le dije: ¡qué linda que estás!

Ella se rió burlona diciendo:

¡dale nene, pelá la verga que mi lengua te va a sacar toda la leche!

Me bajé el pantalón como pude, y ella pegó su cara a mi bulto, me olió desesperada, me mordió suave la cabecita del pito sobre mi elegante slip, y en cuanto se la metió a la boca balbuceando: ¡qué pijita guacho, dame leche bebé. ¿te gusta cómo te la chupo?!, le pinté los labios con una suculenta acabada que me perturbó por un instante. Me sentí mareado pero feliz, y ella no me cobró.

A la mañana siguiente no quise esperar ningún recreo ni oportunidad generada por los pibes. Después de lengua, sabíamos que la de historia siempre llegaba 15 minutos tarde. Le di 5 pesos a Tati y nos fuimos a sentar al último banco, ya que no podíamos salir del aula. Ella se metió debajo de la mesa, fregó su cara de lado a lado en mi carpa viril, me abrió la bragueta, dijo que mi bóxer tenía olor a semen apenas lo corrió para escupirme hasta los huevos. Le dio unos besitos a mi pija y la anidó en su boquita de golosina para subir y bajar, ladear su cabeza con su lengua juguetona contorneando mi glande, estremeciendo mi tronco con sus labios afiebrados y entrecortando las cosas que decía cuando se la clavaba más en la garganta. Pero esa vez le acabé en las manos antes de que entre la dire.

Finalmente pasó que el Rulo tuvo la idea de enfiestarla en el baño de nenas del primario que por la mañana no se usa, pero solo para nuestro grupete de amigos. Esto se le ocurrió luego de que un recreo la Tati se la mamó a él y a Omar, mientras afuera del bañito esperaban dos más. Aquella vez a la piba se le ocurrió ir al cole sin bombacha, y según Omar no toleraba su olor a conchita de nena en el salón. Necesitaba descargar, y lo invitó al Rulo. Nos juró que se metía las dos vergas a la vez, que pedía leche como nunca y que hasta se quedó con las tetas al aire para que ambos se las encremen.

Ahora Omar, el Tincho, el Chelo, Rami, el Rulo y yo queríamos su boquita sucia para nosotros.

Sabíamos que el lunes la de inglés no venía. Pero los seis fuimos igual al colegio con el motivo de terminar una monografía en la sala de computación. La Tati se las arregló para entrar a primera hora y esconderse en el baño. entre todos juntamos 80 pesos, y apenas sonó el timbre corrimos hacia ella. ¡la chancha estaba de pie contra la pared comiendo un chupetín de frutilla, con el pantalón en los tobillos y oliendo contenta un calzón rosa que alguna nena dejó tirado.

El Chelo le sacó el vaquero mientras yo la sostenía, y los 5 nos quedamos en calzoncillos, aunque arriba vestidos por si algo fallaba. Ella entretanto gateaba moviendo su colita, se abría las nalgas para enterrarse la tanguita en ese orto pobretón, y enseguida comenzó a olernos los bultos con urgencia, fregonera y jadeante.

Se apartó para pasarse el chupetín por toda la cara. Ahí la amarramos para comerla a besos entre todos, y pronto se arrodilló contra una pileta del baño. se engolosinó un largo rato con la del Chelo primero entre nuestros piropos obscenos y manoseos deshonestos. Después se prendió a la del Rulo, se pegaba en la cara con las manos y el pene, se lo escupía y se la encajaba en la boca como para hacernos desearla más. Luego Rami y yo le desprendimos el uniforme y le subimos la remerita media chivada para tocarle las tetas mientras Omar testeaba la profundidad de su arte bucal, y los demás acustizaban el ambiente con una paja terrible.

No recuerdo bien, pero creo que lo saqué a Omar para que me la chupe como solo esa cochina inmunda sabía. Jugaba con el chupetín y lo escabullía junto con mi pija pegoteada y dulce, se baboseaba, se azotaba el orto y me daba unos mordisquitos que por poco me la violaba ahí nomás, mientras el Rulo le acababa escandaloso entre las manos, porque aprovechaba a pajearnos. Enseguida Omar empezó a estirarle los pezones y el pelo para que mi pito siga regalándole arcadas a su garganta, lo obligaba a pajearlo y hasta en un momento se detuvo para mearle los pies cuando el resto seguía acogotándosela. Incluso Omar pajeaba al Tincho, y Rami dudaba si vestirse o sacar fotos.

Pronto la zorra se comía la de Omar y la del Rulo mientras yo le pegaba en el culo, le pegoteaba las nalgas con el chupetín, y hasta logré sacarle la bombachita para hacérsela oler sin que ella detenga su peteada. Fue increíble verla estornudar con las pijas en la boca, entretanto que el Tincho le mordía las gomas como podía, y como al parecer tenía alguna alergia o algo, luego me la mamó a mí y al Tincho entre estornudos, lamidas intensas, escupidas fatales y hasta con lagrimitas cuando le pellizcábamos el culo con vehemencia.

Omar no podía aguantar más, y en cuanto ella gemía atragantándose con su exceso de baba, apenas dijo: ¡quiero toda tu lechita perro, quiero ir toda sucia a casa!, le enchastró la cara con un chorro que parecía no tener fin, y la muy puta se pasó la bombacha para untarla allí y luego metérsela enterita en la boca.

Eso nos encegueció de tal manera que Rami y yo quisimos cogerle la boquita a la fuerza, y más cuando la escuchamos eructar lamiendo su bombacha. Rami le ordenó que le eructe en la cara y lo pajee mientras el Tincho intentaba ubicar su cabecita roja entre sus pompis, Omar se vestía y el Rulo seguía con sus fotos, pero con la pija dura de nuevo.

En eso el Tincho dijo que quería acabarle en las tetas ya. Así que la pendeja se puso de rodillas en el suelo y le fregó las gomas en la tripa con un ritmo espeluznante mientras se la escupía, y cuando podía le mordía la puntita. ¡y el guacho se las enlechó todas apenas ella le enterró un dedo en el orto, sin detener su fricción ni la violenta paja que me daba su mano izquierda!

Ella se puso el corpiño, Omar y el Tincho se fueron para no despertar sospechas, y el Rulo quiso que la Tati se la chupe recostada en el piso.

Ella se arrojó sobre su ropa revuelta y él se le sentó en la cara para ahuecarle aún más la garganta mientras la cerdita nos pajeaba, nos exigía que le peguemos con las pijas donde quisiéramos, estornudaba de nuevo y cruzaba las piernas frotándolas fuertemente.

Todo hasta que el Rulo le gritó: ¡abrí las piernas y meáte toda puta de mierda!, mientras notamos que pronto acabaría, y así fue.

De repente su pene salió disparado de la boquita de Tatiana  y salpicó leche por doquier, aunque ella con su lengua ancha logró apoderarse de cada gota del Rulo, que transpiraba más que jugando a la pelota con nosotros, y se las tomó. Pero antes le sacó una foto a la nena así como estaba, tendida en el piso sobre su ropita meada, con la carita enlechada y con mocos.

Rami y yo estábamos en la gloria encerrados en ese baño con semejante pendeja, y más cuando se sentó a mamarnos las pijas, por momentos de a una y a veces juntitas, sin dejar de frotar su cola en las baldosas frías y mojadas. Le fascinaba que se la sacudamos entre los labios, escupirlas y fregarlas en su cara, gimiendo bajito y comiéndose nuestros huevos colmados de leche con felicidad. Aunque, debo confesar que le acabé en las manos mientras me pajeaba y la veía hacerse pichí. Pero ahora estaba más alzado que antes, disfrutando de su boquita besando mis piernas, mi panza y el pito, de los roces de su aliento en mi piel y de sus lengüetazos hasta por mi culo.

Rami al toque le pidió explotar en su conchita. Pero ella se puso la tanga y el pantalón, lo pajeó un rato mientras me la succionaba arrodillada junto a la puerta para que él hiciera como si se la estuviese cogiendo aprovechándola medio en cuatro, con las manos sobre la pared y parada. Pero solo frotaba su poronga entre su bombacha, su colita y esa conchita deseada de perrita incurable, donde finalmente le derramó toda la leche, la que según ella le chorreaba por las piernas. Yo le chupé las tetas, y justo cuando se la metí en la boca escuchamos unos golpes en la puerta, aunque me fue inevitable no atragantarla con mi estallido seminal, el que saboreó y dejó caer en sus manos para amasarse las lolas.

Al rato todos estábamos perplejos en el aula por su aspecto, su olor a pis, su aliento a leche y su aparente tranquilidad. Las chicas desde entonces le hicieron la guerra, y ese fue el último día que Tati vino al cole.

¡su familia se mudó a otra ciudad por inconvenientes laborales!, nos explicó esa mañana la preceptora, sin comprender nuestra verdadera tristeza.      fin


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