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Fecha: 24-Jun-17 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

En bombachita... (más caliente que antes)

AmbarConeja
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Eso de andar en bombachita por la casa para papi se me volvió una adicción. quiero ganarme su lechita, y ya no que solo me la deje en la bombacha! Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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En bombachita… más caliente que antes!

Estábamos planeando con mi papi el día de su cumpleaños. No sabía si alquilar un camping, si hacerlo en el club o en el patio de casa. Yo le sugerí esto último, sabiendo que contamos con mucho espacio, comodidades y, una parrilla más que suficiente para los 12 amigos que tenía pensado invitar.

Yo reposaba en sus brazos, con una bombacha azul de algodón, bastante simple, pero con cenizas de flujo en la parte de adelante, ya que su pene se paraba impiadoso contra mis nalguitas.

¡no sé pa, yo digo que hagamos unas ensaladas, y, una picada! No sé si hacer tanta comida! Pero cervezas no pueden faltar!, le dije mientras su mano derecha estiraba el elástico de mi bombacha.

¡y vos Micu? Digo, obviamente que vas a estar esa noche! A mí me encantaría que estés en bombacha, como una mucamita hot! Qué te parece?!, articuló nervioso mi padre, sin enterarse de mi respuesta. O al menos en ese instante porque, sonó el timbre.

Era Gustavo, el mejor amigo de papá. Dudé entre correr al baño o al patio. Pero mi papi me dijo:

¡no te vayas, que quiero ver lo que dice Gusti si te ve así!

Me quedé parada mientras se saludaban efusivos, ya que no se encontraban hacía unos meses. Cuando Gustavo me vio, abrió los ojos como si fuesen las puertas de un paraíso. Quiso decir algo, pero solo pudo suspirar acalorado.

¡acercate Micu, dale un abrazo a Gusti, que te quiere tanto!, ordenó mi papi.

En cuanto aquel hombre alto, rubio y tembloroso y yo nos abrazamos, sentí sus manos curiosas por tocarme la cola. Pero fue prudente.

No obstante, casi me acabo encima cuando papi dijo:

¡dale un beso en la boca Micu, que se lo merece!

Mis labios se pegaron a los suyos, y mi lengua ardió en deseos por conocer la suya. Pero su lengua fue más rápida, y conquistó mi paladar con unos movimientos sutiles, suaves y cada vez más agitados.

Sentí los latidos de su pija en mi entrepierna, y las oleadas de jugos que no podía retener por las conmociones de mi sexo. Quería que me la meta ahí mismo, y que mi papi me vea coger!

Pero, de repente, el encantamiento se rompió, sin más. Otra vez yo me paseaba por la casa trayendo y llevando cosas para el almuerzo. Gustavo no paraba de mirarme las tetas. Mi papi lo advirtió, y le dijo:

¡viste cómo le crecieron? Así, en bombacha y con las lolas desnuditas, es una preciosura!

Me costaba hasta masticar de la calentura. Me ardían los pómulos, me mojaba incontrolable, me latía el clítoris, tenía un millón de sensaciones en la cola, y mi boca no era capaz siquiera de generar saliva. Me frotaba contra la silla siempre que mi papi no lo notara, y hasta tuve que reprimir algunos gemidos cuando acabé.

Le pedí permiso a mi papi para cambiarme la bombacha, y no tardé en volver a la mesa con una bedetina blanca.

Al día siguiente, mi papi no me avisó que en el living me esperaba Juan Cruz, un compañero del colegio. Tenía que traerme información para un práctico de economía. De pronto me lo desayuno cuando bajo en bombacha para prepararme un café.

¡epa Mica, qué onda nena?!, dijo levantándose del sillón de un salto.

¡nada nene, no sabía que habías llegado… estaba por darme un baño!, qué me mirás tanto? Nunca viste a una piba en calzones boludo?!, le contesté intentando disimular mi descuido.

Pero, la voz de mi papi fue un masazo en mis sienes, y para Juan Cruz la entrada directa al limbo, cuando dijo:

¡chicos, ustedes nunca se tuvieron ganitas? Vos pendejo, te animás a mostrarle el pito a tu compañera?!

El muy tarado no supo qué hacer, y menos cuando yo, bajo las instrucciones de mi papi me fui acercando, hasta sentarme bien pegadita a él.

¡dale nene, mostrame la pija! Te da vergüenza verme en bombacha? Si te la pasás espiando a tu hermanita!, le largué sin prejuicios.

En cuestión de segundos, Juan Cruz se pajeaba con la pija apuntando a mi entrepierna, pero sin aproximarse demasiado. Mi papi nos estaba observando, y no le apetecía que su lechita se derrame sobre mi bombacha.

¡agachate y olela, pero no la toques!, le ordenó. Yo pude relojearle la pija a mi viejo, y la tenía hiper parada.

¡te gusta nene? tiene olor a conchita, o a pis? Nunca les mostró la bombacha en el colegio?!, decía mi papi cada vez más acelerado.

¡comele la boca, pasale la lengua por toda la carita, y pajeate pibito, dale, olele el pelo, y levantale un poquito el elástico de la bombachita!, le exigía mi padre, y Juan me volvía loca con su lengua desmesurada, sin experiencia pero, con una obsesión que me condenaba a seguir tranzándolo con todas mis ganas. Se acabó en las manos el tonto, justo cuando le dije que me estaba mojando como su hermanita seguro se moja en la camita cuando se toca.

Me dejó las fotocopias, tomamos una gaseosita y se fue, después de que le expliqué que todo lo que vivió no debía saberlo nadie. A cambio le haría un pete cuando él lo quisiera.

Yo ya no era virgen. Debuté a los 14 años con un pibe del colegio, y fue en el baño de las chicas. Nos re calentábamos en ese momento, y en casa todavía vivía el cuida de mi hermano. Después de él, cogí un par de veces con el hermano de una amiga, con mi primo Ariel, que tiene como 7 años más que yo, con un novio que me duró 6 meses y, con un tarado que, descontando que tenía una buena pija, lo demás ni siquiera merece ser recordado.

Pero ahora, desde que empezaron los jueguitos con mi papi, no cogía hace casi un año. Y el guacho me vivía calentando!

Una vez lo acompañé al super, y mientras yo llevaba el carrito con las cosas, el muy atrevido me apoyaba su pija hinchada en la cola, y me decía al oído:

¡bajate un poquito el pantalón, y mostrame la bombacha bebota!

Eso me ponía a mil motores, y no podía concentrarme en lo que teníamos que comprar.

Otra noche, mientras cenábamos en paños menores, después de tomarnos un vino entre los dos, me pidió que me toque las tetas. Luego quiso que me chupe un dedito, que me suelte el pelo y que juegue con mis pezones. En un golpe de vista, descubro que se estaba pajeando por debajo de la mesa.

Entonces, me pidió que me siente arriba de la mesa y que me toque la vagina por arriba de la bombacha. Esa vez tenía un culote rojo, el que no me dejó quitarme cuando llegué del gimnasio.

Cuando en un momento, cerca de acabar con todas sus ansias me dijo:

¡sacate la bombacha pendeja, y tiramelá en la cara!, pensé que por fin su pija me iba a penetrar como lo merecía por depravada.

Pero solo lo vi hamacarse con violencia sobre su silla, sacudirse la pija sin reparos, oler mi calzón enceguecido y largarle toda la leche en la partesita de la concha, mientras decía:

¡qué rico olor a putita tenés mi nena, sos una chancha, con olor a pis, no aprendés más Micaela!

Otra vez me fui a dormir, desnuda, solita, caliente y alzadísima.

Al fin llegó el día del asado, de su cumpleaños, y de la juntada con sus amigos.

Yo me encargué minuciosamente de las ensaladas, de que las bebidas estuviesen frías, de que no falte hielo, y hasta de la música para amenizar la noche. Quería que todo salga de maravillas, porque mi papi se lo merecía.

Finalmente fueron 8 los que vinieron. Gustavo, Pipo, Mariano, Sebastián, Ulices, el Gabi, Fernando y don Pedro, el más grande de sus amigos. Digamos que es su jefe en la planta.

Yo los fui recibiendo uno a uno, y los iba conduciendo al patio. Nadie se me había zarpado, porque estaba en jean y zapatillas. El único fue Gustavo, que, cuando quedamos en la cocina unos segundos, me dijo:

¡te juro que me muero por saber la bombachita que tenés puesta!

En cuanto todos ya estaban divertidos, jaraneros y compartiendo cervezas o fernet de una jarra impactante, yo hice mi aparición con una bandeja de papas, una tablita de fiambre, y tan solo con una bombacha rosa bien de nena, con dos colitas en el pelo y descalza. Me encanta pisar el césped de nuestro patio solo con los pies.

El estruendo de abucheos y aplausos fue unánime. Podía sentir cómo esos ojos lujuriosos me arrancaban la bombacha para llevarla a sus narices. Don Pedro no se privó sentimientos al decirme cuando pasé por su lado:

¡uuuuy, chiquiiita, esa bombachita me parece que te sobra… yo te quiero ver desnudita como a mi nieta!

Me hice la sonsa, y seguí acomodando todo en la mesa, mientras algunas manos comenzaban a repicar en mi colita pomposa, a estirarme despacito el elástico de la bombacha, y a revolverme el pelo.

¡faaaa, looocooo, no sabíamos que estaba tan crecidita la nena!

¡¿y cuántos añitos tiene la bebota?!

¡me imagino las pijas que debés andar parando por ahí!

¡pero mirale esas tetas boludo, no pueden más, está para penetrarla toda!

¡séeee mamita, yo te las lleno de leche, y te hago comer esa bombachita por la cola!

¡dale bebé, abrí las piernitas, un poquito para nosotros, y movenos la cola!

Se pronunciaban las voces del cónclave, cada vez más eufórico. El único que no decía nada hasta ahora era mi padre, que pronto dijo:

¡dale Micu, haceles caso, moveles la colita, y abrí las piernas!

Lo hice sin nada de sensualidad, pero no era suficiente. Todos me silbaban, me piropeaban y buscaban tocarme. Pero mi papi no los dejaba.

Al rato, luego de traer la segunda tandita de papas y maní, antes de que el asado estuviera listo para servir, mi papi me dice al oído:

¡Micu, quiero que les dés un besito en la boca, a todos, dale, y dejalos que te toquen las tetas!

Salí de los brazos de mi padre como una perra a la que le quitaron el bozal, y me mezclé entre los hombres que seguían bebiendo y admirándome, ya no tan cargosos aunque con cierta intermitencia.

Le comí la boca a Gustavo primero, al que ya le conocía loslabios y la lengua, y me mojé sin más cuando de nuevo mi paladar sintió la puntita de su lengua ancha.

Después seguí con don Pedro, que no paraba de jadear, y decirme: ¡sos muy rica chiquitita!

Pronto Ulices y el Gabi me detuvieron cuando mis pasos tenían a otro destinatario en mente. Me re tocaron las tetas y el culo, y me tranzaron directamente con un salvajismo que me encendía aún más. De hecho, Ulices le pidió permiso a mi papá para fijarse si se me mojaba la bombacha. Menos mal que le dijo que no, porque podría haber pensado que me hice pis de lo empapada que la tenía.

Después Pipo me besó contra la mesa, y enseguida Sebastián se entretuvo lamiendo mi lengua pequeña. Fernando era el que parecía no aprobar demasiado aquellos episodios, pero cuando me tuvo en frente, sus labios por poco me arrancan los míos.

Mariano, digamos que hasta se atrevió a escupirme una teta después de comerme la boca con una pasión que me enrojecía las mejillas. Sentía que me ardían, casi tanto como la vagina.

Después de eso, el asado fue el protagonista. Yo comí al lado de mi papi, una vez que servimos y abrimos los vinos. No sé cuánto tardamos en comer, pero a mí se me hizo una eternidad.

Mi papi y sus amigos hablaban de política, de fútbol, de la empresa, de autos, de tragos, y yo no podía ni tragar de la calentura que me cargaba.

Hasta que todos los platos quedaron vacíos. Nadie quiso repetirse más, ya que las porciones eran abundantes. Ahí mi papi dijo:

¡bueno Micu, ahora subite arriba de la mesa, sentate y tocate las tetas!

Como me faltó coraje para obedecerle, mi papi fue el que me hizo upa y me sentó en la mesa, después de darme 3 chirlos en la cola, bien sonoros para el deleite de esos machos cada vez más entonados.

Empecé a tocarme las tetas, y creo que fue Sebastián el que me pidió que me escupa una mano para bbabearme los pezones. Fernando fue más directo, y quiso que me escupa las tetas, después de pasarme los dedos por la boca entreabierta. Mi papi no decía nada, y eso era señal de que todo marchaba bien.

Don pedro quiso que me ponga en 4 para mirarme la cola, y cuando lo hice, no sé quién quiso que la menee y me pegue con una mano. Cuando lo hice hubo un aplauso jubiloso, y hasta brindaron por mi osadía.

De repente, mientras yo seguía meneando mis pompis, Ulices me acerca un chorizo a la boca y me dice:

¡haber cómo la nena se come el choricito? Dale bebé, abrí la boquita, y mové esa colita!

Primero le lamí la puntita, después le eche una escupidita y empecé a comerlo de a pedacito, abriéndome un poquito la cola para meterme la bombacha en el medio, como me lo pidió en un momento mi papi.

Pronto, los 8 estaban frente a mi cara, todos mostrándome sus erecciones magníficas por debajo de sus pantalones. Mi papi estaba atrás mío, supongo que admirando las caras de inclemencia de sus amigos, porque no me podían hacer nada. Además el guacho me pasaba algo por la cola. Después supe que era otro chorizo, cuando lo dijo socarronamente Gustavo.

Al rato a Pipo se le ocurrió:

¡che loco, la dejás que se haga pis en la mesa para nosotros? De paso después la vemos cambiarse la bombachita!

Mi papi se rió con fuerza, y entonces me dijo al oído:

¡acostate en la mesa, que ahora todos te van a oler la vagina, pero por encima de la bombachita!

Eso fue exactamente lo que pasó luego. Todos pasaron por mi entrepierna. Me olieron entre jadeos, hilos de baba, suspiros, manotazos a sus pijas, como vi que se la masajeó el Gabi y Pipo, y con algunas frases obscenas, todos, cada vez que dejaban de olerme para darle paso al siguiente, me decía algo al oído, y eso me calentaba más.

¡qué rica nena, tenés olor a pañalín bebota… tu olor a pichí me da ternura, y tu olor a conchita me da ganas de violarte toda!, dijo don Pedro, que fue el que más me hizo volar.

Mi papi también me olió, y fue él quien empezó con lo próximo, desde que me apoyó el bulto entre las piernas. Para eso debió poner mi cola bien en el borde de la mesa, para sostenerme las piernas y colocarse entre ellas.

Después todos lo imitaron. Eso fue terrible, porque, sentía esas durezas fregarse en mi vulva, sentía que la bombacha me quemaba, y que me costaba respirar.

Gustavo en vez de fregarse, me golpeaba con su carpota como si me estuviese cogiendo. Don Pedro, digamos que fue más dulce, pero no por eso se podría decir que tenía menos erección. Él fue el que me decía mientras tanto:

¡así chiquita, mirá cómo te coge el abuelito cerdita!

Fernando me punzaba con su hinchada pija, al parecer más gordita, y no quería desprenderse de mí. Pero mi papi era el que les daba el tiempo preciso a todos.

El Gabi no pudo más, y se acabó encima mientras me la refregaba, mordiéndose los labios con sus ojos clavados en mis tetas. Pobresito!

Ulices y Sebastián parecían ser menos dotados que los otros, pero ese jueguito me estaba volviendo tan loca que, no podía discriminar tales detalles.

Pronto mi papi me pidió que me baje de la mesa, que me ponga de rodillas, y que primero le chupe los dedos de las manos a todos.

¡limpiales los dedos a estos mugrientos, que seguro tienen las manos llenas de grasa hijita, dale, y sacate la bombachita de la cola!, dijo mi papi con severidad.

Le obedecí, y ellos gemían cuando mi boca les cubría de saliva sus falanges. Se los chupaba como si estuviese mamando pija, y eso los derrotaba por completo.

Aquello no duró mucho, porque luego mi papi les ordenó a todos que se bajen los pantalones y se apilen uno al lado del otro frente a la parrilla, que todavía seguía encendida.

¡Mica, primero les vas a pasar la colita por las pijas, después las tetas, y por último la carita! Pero solo podés fregarte, y nada más! Entendido?!, me aclaró mi padre.

Esa fue una prueba no superada, porque solo duró hasta mi accidente inevitable. Solo pude hacerlo con el Gabi, a quien de paso le conocí el olor de su lechita, ya que tenía el slip colmadito, con don Pedro y con Fernando. El tema es que cuando llegué a la pija de Ulices, me hice pichí, y no pude detenerlo. Yo le había advertido a mi papi que si me apoyan muy fuerte en la cola, me caliento demasiado.

Mi papi dio la órden de que si querían que se pajeen, y me llamó para que me suba a su regazo. Él estaba sentado en una reposera, con la pija al aire y el pecho desbocado.

¡quieren que le saque la bombachita a esta meonsita?!, fue todo lo que dijo antes de empezar a chuparme las tetas.

¡cómo te gusta mostrarles la bombacha a mis amigos cochinita! Y calentar al viejo Pedro! Te gusta hacerte pis para que él te mire no?! Sos una trolita hija, pero me re calienta verte en bombacha, rodeada de pijas, y loquita por no poder hacer nada!, me decía, al tiempo que me sacaba la bombacha para pasársela por el pito, luego para que yo la huela, y entonces, sin medir consecuencias, me dio una tremenda nalgada para obligarme a arrodillarme en el pastito, y a que me meta su pija en la boca. Nada quería más en la vida que eso!

Se la chupé haciéndolo delirar con mis mordiditas, gemir con mis lamidas a sus huevos gordos, jadear como a un niño con mis escupidas y con la sopapa que le hacía con mis labios a su glande, y hasta estremecerse cuando le tiraba mi alientito en la cara. Él no paraba de pasarse mi bombacha por el pecho al descubierto y el rostro.

Los otros se pajeaban libres, audaces y cada vez más cerca de nosotros.

Pero apenas mi papi me dijo que me ponga la bombacha y que me suba arriba de él, supe que hoy era el día.

¡la próxima te voy a poner pañales, haber si así aprendés a no mearte encima mocosa!, dijo segundos antes de rozarme el clítoris con la punta de su pija, mientras los murmullos de los hombres pajeros nos excitaban más.

¡imaginala en pañales, y con esas tetas! Seeee, gateando toda babeada, con un chupete! Con la carita llena de leche, y hecha pis y caca, pidiendo pija!, decían los tipos, mientras mi papi ya me hacía gemir, y eso que aún no me la había metido.

¡apartir de mañana quiero que te acabes en todas las bombachas que te pongas, y que te hagas pichí, y no las laves, hasta que no te quede ni una bombachita, escuchasta putita? Quiero que tengan tu olor a conchita y a culo pendeja!, decía mi padre, ya con su pija hamacándome en sus envestidas, mientras Ulices derramaba su leche en el suelo, y Fernando se acercó para acabarme en las piernas. Mi papi me cogía con ternura, pero duro, pellizcándome las tetas y ladeándome un poquito para los costados, emocionado por el choque de mi culo en su pubis.

Don Pedro pareció descompuesto a la hora de eyacular, y a pesar de que le pidió mi bombacha a su empleado para enlecharla toda, mi papi no se la dio. Incluso lo amenazó con bajarle el sueldo. Pero lo dejó acabarme en las manos, para después exigirme que me las lama para saborearlas.

Mi papá ahora me daba más rapidito, seguro y jadeante. Yo ya había tenido dos orgasmos, pero quería más.

No sé en qué momento acabaron los demás. Solo sé que, de repente mi papi dijo:

¡basta nena, bajate, que la lechita te la voy a dar en la camita!

Acto seguido, despidió a todos, como si quisiera hacerlos desaparecer de un plumazo. En medio del desconcierto, alguno se llevó mi bombacha, pero no nos importó. Mi papi me iba a dar su lechita en la cama, y me había jurado que me lo había ganado.     fin


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