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TODORELATOS » GRANDES SERIES » LA VIDA ES BELLA. AL MENOS LA MÍA. CAPÍTULO I.
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Fecha: 28-Jun-17 « Anterior | Siguiente » en Grandes Series

La vida es bella. Al menos la mía. Capítulo I.

Amopervertido
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La becaria se viene a casa y empieza a caer en mis redes sin apenas darse cuenta. Dominación light y sexo oral. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

-A estas horas no te vas a poner a buscar un lugar donde quedarte. Te vienes a mi casa, Eli.-Le dije con firmeza y convicción. No era una pregunta, era una orden. Apenas me percaté de ello, pero ella sí que pareció percatarse, dado que su respuesta fue un tímidoSí, señor”.

Salimos del edificio con Eli cargando la pesada maleta. Por un instante pensé en cogérsela, pero luego lo descarté. Si esta chica era lo que parecía, no debía dar muestras de “caballerosidad”. Tiene que saber cuál es su sitio. En vez de coger el autobús o un taxi, decido caminar hasta casa. El calor y la distancia (una media hora) harán que se canse.

-Vamos dando un paseo, ¿sí?- Le digo, y, sin esperar respuesta, empiezo a andar. Ella me sigue como puede, al poco está sudando la gota gorda tirando de la pesada maleta. A los 20 minutos, su cara muestra cansancio y desesperación. Cuando llegamos a mi portal, parece a punto de desfallecer. Abro la puerta y le cedo el paso sujetando la puerta. Una de cal y una de arena.

-Pareces cansada. Tal vez habría sido mejor coger un taxi, Eli.- Le digo con malicia. Tenía intención de subir los 3 pisos por las escaleras, pero dudo que lo aguante  así que vamos en el ascensor. Una vez en casa, le enseño dónde está su habitación, en la que deja la maleta. Sin darle tiempo a descansar o reaccionar, le sigo enseñando el resto del piso. Los baños, mi habitación, la cocina. Allí le muestro donde están las cosas para limpiar la casa y la comida. Entonces le pregunto:

-¿Alguna duda? Si necesitas algo sólo dímelo.- Ella en ese instante me mira a los ojos y retorna su mirada al suelo.

-Sí, señor, una duda. ¿A qué hora quiere el desayuno y qué le gusta desayunar?-¡Bingo! Me ha tocado el premio gordo de la lotería y sin jugar. Ha aceptado su puesto sin tener ni siquiera que explicárselo. Por ahora me servirá, la sumisión total llegará.

-A las 7 el desayuno, café tostadas y zumo de naranja. Ahora me voy a dar una ducha, tú deberías hacer lo mismo, estás toda sudada Eli. Luego, si quieres, puedes prepararnos la cena.-Le digo en un tono que no admite discusión. Ella se va a la ducha y aprovecho que no está para apagar el aire acondicionado. Justo cuando me iba a ir, decido que mejor pongo la calefacción. Yo también pasaré calor, pero ella está totalmente acalorada de la caminata.

Me pego una refrescante ducha sin poder evitar mirarme la polla. Parece un mástil, Eli me la pone durísima. Mis 25 cms miran hacia arriba y se bambolean en la ducha.

No me entretengo y salgo rápidamente de la ducha para poder acabar antes que ella, me pongo unos pantalones cortos y una camisa de lino fresca. Salgo de mi habitación y rápidamente apago el aire acondicionado para que no se dé cuenta de mis intenciones.

Sirvo dos whiskies con hielo, el suyo bastante más cargado que el mío, y me siento en un taburete en la barra de la cocina mientras degusto el mío y enciendo la tablet para ver las noticias. Apenas he dado el primer trago y la tablet se ha encendido aparece ella.  Vestida un unas mallas negras y un top que hace que casi se me caiga la baba. El coño se le marca así como las soberbias tetas que tiene, y los pezones. Parece que la ducha se los ha puesto de punta. Fijándome un poco más, descubro algo interesante, parece que tiene anillados ambos pezones. Sonrío. Tiene el pelo mojado y huele fresco. Aspiro ese aroma. Luego le miro la cara, me he pasado con la mirada, llevo un rato observándola quieta en la puerta. Está colorada como un tomate.

-Vaya, sí que te lo has tomado con calma, Eli. –Le digo en tono reprobatorio.

-Yo… sí perdón es que he tenido que buscar la ropa en la maleta... le... ¿le gusta cómo me he vestido? ¿O le parece inadecuado? Hace mucho calor…-No le dejo continuar.

-La ropa está bien Eli. ¿Entonces te apetece hacer la cena? Toma, bebe que así te refrescas-Digo tendiéndole su vaso de whisky.

-Yo… no suelo beber…-Mi dura mirada interrumpe su discurso, como diciendo “Obedece”. Coge el vaso con manos temblorosas y, haciendo un visible esfuerzo, le da un trago. Lo deposita en la barra y me pregunta.- ¿Qué quiere cenar, Señor?-Dios, es una sumisa total. ¿Habré encontrado por fin a la mujer que anhelo?

-Una ensalada variada. Ya sabes dónde están las cosas.- Le digo secamente mientras giro mi vista a la Tablet, si bien disimuladamente no dejo de observarla. Cuando se agacha a coger un cuenco, puedo observar su culo suculento. Parece que hace deporte, sus carnes están prietas y en su sitio. Sin tenerle que insistir, va bebiendo whisky a traguitos.

Cuando tiene la cena lista, pone la mesa y viene a decirme que podemos cenar.

-Bien, espero que la comida esté tan rica como parece, que tu tiempo te has tomado.- Digo rellenando su vaso de whisky y poniendo un poco en el mío y dirigiéndome a la mesa con ambos vasos. Tomo asiento  y ella, que me sigue, se queda de pie delante de mí esperando, supongo, permiso para sentarse.  En ese momento una maldad cruza por mi mente. Me siento, me sirvo y empiezo a comer, mirándola descaradamente. A ver si supera esta prueba. Tras hacerla sufrir unos cinco minutos, le señalo el puesto libre.-Siéntate, cena conmigo.- Prueba superada. Esta chica es un diamante.

-Y bien, Eli, cuéntame algo de ti. ¿Tienes novio?- Le pregunto desenfadado, incluso siendo agradable. Ella se sorprende un tanto.

-No, Señor. No tengo pareja ni he tenido nunca.- Me dice algo sonrojada. La tendencia de esta chica a ponerse roja me encanta.

-¿Una chica tan guapa como tú? Venga ya… es imposible.

-Yo, bueno... es que mis padres son algo protectores y no me dejaban.- Me dice titubeando, sonrojado por mi velado piropo. Vaya, deben de ser unos sargentos para no dejarle tener novio a los veintitrés que debe de tener.

-Ya veo. ¿Tienes más familia?

-Sí, tengo una, no dos hermanas.- Me dice, cada vez más roja. Esta conversación la incomoda en algún sentido que desconozco.

Dado que no es muy dada a seguir hablando de su familia, le alabo la cena y, una vez finalizado (ella no ha acabado) me levanto y me siento en el sofá, dando por hecho que ella va a recoger y fregar. Se levanta y empieza a recoger todo. Entonces me levanto y voy a la cocina, donde ella está agachada con el culo en pompa poniendo platos en el friegaplatos. No me puedo resistir, y haciendo como que no hay sitio, paso pegado a su culo, apretándole mi considerable bulto contra sus duras cachas. Ella pega un respingo y yo la reprendo.

-¡Cuidado Eli que te tropiezas conmigo! Eres un poco patosa, ¿no?- Le digo, pasándole su vaso de whisky. Ella, toda roja para variar, da un largo trago al licor.

-Perdón.- Dice en apenas un hilo de voz. Su posición es más sumisa todavía si cabe.

-¿Vienes al sofá? Voy a poner una película. Historia de O.- (*Nota del autor: esta película es erótica sobre BDSM y trata sobre una chica que por amor a su “maestro” ingresa en una fraternidad sadomasoquista donde se convierte voluntariamente en un objeto sexual, siendo sometida a todo tipo de prácticas perversas)-¿La conoces?- Le pregunto ya desde el salón dándole al play.

-No la conozco pero estoy cansada y algo bebida…-Empieza a excusarse. Doy unas palmaditas en el asiento para que se ponga a mi lado, de forma que deja de hablar y se sienta. Un poco más de whisky. Empieza la película. Ella mira la pantalla, cada vez más nerviosa mientras yo procuro que su copa esté siempre llena. En un momento dado, cuando están azotando a la protagonista, se atreve a hablar.

-Pe…pero, ¿Por qué le hacen eso? ¿Y por qué parece que ella disfruta además del dolor?- Pregunta. Esta chica es completamente inocente. No sabe mucho de la vida. Igual es virgen y todo.

-Se llama BDSM. Bondage, disciplina, dominación, sumisión, sadismo y masoquismo. El Bondage es el acto de atar a una persona inmovilizándole, sadismo es el disfrute infligiendo dolor a los demás y masoquismo… disfrutar de ese dolor cuando te lo infligen a tí.- digo, señalándola a ella cuando pronuncio el ti y poniendo cierto énfasis.-Disciplina, dominación y sumisión son roles que toma la gente  en las relaciones BDSM, seguro que sabes que son.Hay mucha gente que disfruta con esas prácticas. No todo el mundo practica todas ni tienen que ir siempre unidas. Hay gente que simplemente es sumisa y su pareja dominante, otros que sólo juegan al dolor pero que la masoquista no es en absoluto sumisa,… hay infinitas combinaciones.

Asiente. Pero es mucha información. Sus ojos no se apartan de la pantalla. Se remueve en el sofá. Sus pezones están despuntando bajo su camiseta. Frota las piernas. Se está poniendo cachonda. Otro punto para mí. Sin mucho disimulo, paso un brazo por detrás de su hombro, pero está tan ensimismada con la película y gracias también al alcohol ingerido que apenas lo nota. Empiezo a masajearle el cuello poco a poco, empezando flojito para ir aumentando la intensidad. A ella parece gustarle. Relaja los hombros y se deja hacer.

Rozo los lóbulos de sus orejas. Ella suspira. Gotas de sudor perlan su frente.

-¿No tienes calor, Eli?-Pregunto meloso.- ¿No quieres quitarte algo de ropa y que te dé un masaje refrescante?- Le digo apretando levemente su cuello. Vuelve a suspirar.-Debes de estar cansada. Hoy has trabajado duro. Ven.

Sin esperar respuesta, la cojo de la mano y me levanto. Ella, dócilmente, me sigue, dando algunos tumbos por el pasillo debido a su estado de ebriedad. Vamos hasta su habitación y le digo: Quítate la camiseta y ponte cómoda, tumbada boca abajo, voy a por el gel.-Tengo un gel para masajes de esos de efecto frío en mi habitación, voy a por él y lo llevo a su habitación.

Ella está tumbada boca abajo, se ha quitado obediente la camiseta y, oh sorpresa, las mallas, dejándose puestas las bragas negras tipo culote. Me relamo. Ella respira pesadamente. Procurando no hacer ruido, me quito la camisa y me echo gel en las manos. Sin apoyarme inicialmente en la cama, apoyo las manos en su espalda para comenzar el masaje. Se sobresalta al sentir el frío contacto, para posteriormente relajarse y suspirar. Empiezo masajeándole la espalda, por todas partes y añadiendo más y más gel para que se mantenga frío. Paseo las manos por sus costados, rozando levemente esos pechos que sobresalen por los laterales, pero sin llegar a apretarlos como me gustaría. Ella pega un pequeño respingo la primera vez que lo hago, pero luego ya está relajada.

Continúo con sus piernas y pies. Voy masajeándola con cuidado, casi con cariño. Ella cada vez está más relajada y excitada. Pero no puedo permitir que se duerma, así que voy subiendo mis manos por el interior de sus muslos hasta casi alcanzar su coño. Un leve roce y sigo con la parte baja de su espalda, ella se estremece al roce. Masajeo la parte de sus riñones, bajando las manos por debajo del culote, tocándole el principio de las nalgas. Ella suspira. Otro roce casual en la braguita sobre el coño. Otro brinquito, pero no protesta. Cruzo las manos y mis dedos empiezan a frotar la parte interna de los muslos, mientras los pulgares rozan su coño como de forma casual. Un dedo se aventura bajo las bragas. Está chorreando. Suspira. Me lanzo a fondo y mi dedo busca su clítoris, está hinchado. Al tocarlo pega un brinco y se rompe la magia.

-No, no debemos,Señor, yo no…- sin hacerle caso, mi dedo frota el clítoris y sus protestas quedan ahogadas en un sonoro suspiro.- Ahhhh Señor…- Me gusta que me llame así. Froto un poco más fuerte mientras cojo gel con la otra mano, cambio de manos y extiendo gel sobre su coño. No encuentro rastro de pelos. Los piercings, depilación en el pubis, su inocencia, esta chica está llena de incoherencias. Ella empieza a gemir. Entonces la agarro de los hombros y le doy la vuelta. Ella se tapa los pechos con las manos, pero apenas los abarca. Una de mis manos le baja las bragas y ella dice, entre suspiros, “no, no, por favor…” pero levanta el culo para que salgan. Mientras, la otra le sigue frotando el clítoris. Una vez se las he quitado, llevo la mano libre a sus brazos y aparto con cuidado sus manos, pasando a tomar un pezón con mis labios y otro entre mis dedos. Que tetas. Impresionantes. Si no fuese porque las estoy sobando, diría que son operadas. Tamaño perfecto, pezones rosados aureola pequeña rosada, se resiste apenas. Gime. Me parece oír que dice No pare…” pero apenas en un susurro. Empiezo a masturbarla con más fuerza y le muerdo un pezón y pega un pequeño chillido. Estoy empezando a perder el control.  Quieto, no la cagues ahora. Bajo con la boca a su estómago y de ahí a su clítoris, que succiono con fruición. Sabe a menta por el gel. Entonces introduzco un par de dedos, los pongo en forma de gancho y paso a estimularle el punto G. Está encharcada por dentro. Ella ahora gime escandalosamente, la masturbo con ahínco para obtener el premio. Se corre como una posesa, echando un chorrito de su coño. Vaya, una chica que puede tener eyaculaciones. Genial.

Me incorporo de su entrepierna y la miro a la cara. Tiene los ojos cerrados y respira aceleradamente. Sus mofletes están al rojo vivo. Parece desfallecida. Le meneo un poco un hombro, no reacciona.

Lo lógico sería ahora follármela, reventarla, el error que he cometido tantas y tantas veces. Pero no. Esta vez no. Voy a conseguir que ella me lo pida. Que ruegue para después no poderse echar atrás. La reventaré, pero a petición suya. Elisabeth va a ser mía.


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