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Fecha: 02-Jul-17 « Anterior | Siguiente » en Lésbicos

Jugando con la nena

AmbarConeja
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Esa noche se dio todo lo que jamás pudo haber pasado. mi sobrina estaba borracha, con noticias y, yo con mi amante! dedicado a Tassi, con cariño! Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Jugando con la nena

Esa noche llovía, como casi todos los días previos a mi cumpleaños. Era una noche normal. Solo que, mi hermana había viajado con su marido a Uruguay, en una especie de nueva luna de miel, debido a que no estaban pasando por sus mejores momentos.

Me encargó a mi sobrina Noelia, durante su ausencia, y no podía decirle que no. Además la pendeja es un sol.

Me hizo sentir que soy su tía preferida desde los 13, cuando me secreteó de su primer beso.

Ahora tiene 18, y a pesar de que no es una alumna modelo, no es muy complaciente con sus padres y que le cuesta hacer caso a los adultos, es muy compradora, alegre, solidaria y de buen corazón.

Ese sábado nos habíamos organizado muy bien. Ella se ganó la salida al boliche con sus amigas después de mostrarme que había terminado con los prácticos para la escuela. Era el tercer día que la tenía en casa, y no se podía estar del despelote que dejaba a su paso.

Por mi parte, yo aprovecharía su noche de diversión para juntarme con Araceli, y encamarnos como hacía tanto tiempo lo necesitábamos. Digamos que, ella es una amiga con derecho, algo así como el refugio más potable para mis ganas de sexo.

No soy de comprometerme demasiado, pero con ella tenemos piel, química y mucha pasión. Nadie me hace acabar como ella, con esa lengua y esos besos fragantes, húmedos y tentadores.

Cuando Noelia al fin se tomó el taxi, le envié un sms a mi cachorrita para decirle que ya podía venir a casa.

Supongo que Noelia sospecha que soy lesbiana, pero nunca se dio el momento para charlarlo, y por alguna razón prefería mantenerlo así.

Araceli llegó más que urgente, mojada por la lluvia y perfumada hasta las medias. Ni bien entró nos comimos a besos, nos franeleamos descubriendo nuestros cuerpos palpitantes, nos quedamos en tetas para olernos, reconocernos como leonas en celo, para chuparlas y fregarlas unas contra otras, y nos empezamos a perseguir por la casa, a medida que nos íbamos desvistiendo. Parecíamos adolescentes desatadas.

La verdad, ni pensamos en cenar. Abrimos unos vinos, picamos unas milanesas que me quedaron del mediodía, hablamos de Noelia cuando ella encontró un corpiño en el piso del baño, y la puse al tanto de su situación a mi cuidado.

Volvimos a besarnos en el sillón, ya en bombacha y dispuestas a franelearnos para arder como leños en un incendio forestal. Me comía los pezones como si mañana algún destino nos arrancaría el placer de disfrutarnos, y yo le frotaba el clítoris duro como nunca, mientras me celaba de mi propia sobrina, medio en chiste.

Quisimos parar un poco ya que, teníamos la madrugada a disposición. Aasí que vimos una peli, y entre que charlamos se nos hicieron las cuatro.

Ahí fue que Ara me dijo:

¡vamos a coger negri, estoy que vuelo, y quiero comerte esa conchita!

Íbamos rumbo al cuarto, cuando suena el timbre de mi departamento. Me asusté, y lo primero que pensé es que el ascensor pudo haberse trabado. Esto era gravísimo, ya que en el edificio había mucha gente mayor, y algunos impedidos.

Pregunto por el portero para saber de quién se trata a estas horas, y la voz de una chica intenta explicarme:

¡señora, su sobrina,  la Noe está, bueno, tomó mucho, y está complicada!

¡la trajimos en un taxi, y está abajo con nosotros!, dijo la voz de un mocoso que parecía más asustado que la chica.

No lo pensé. Bajé el ascensor en bombacha como estaba, abrí la puerta del edificio y, sentí cómo la mirada del flacucho me hacía radiografías gratuitas, especialmente en mi culo, y cómo la chica intentaba calmar a Noelia, que lloraba sin lágrimas, y que tenía la calcita empapada.

¡se hizo pis en el taxi señora… yo le dije que faltaba poco para llegar, pero no pudo más la pobre!, dijo la rubiecita.

Les agradecí, les di plata para que puedan tomarse algún otro taxi, y como pude me cargué en brazos a Noelia para subir el ascensor y por fin recostarla en la cama de una plaza que estaba a centímetros de la mía, donde ahora Araceli permanecía sentada, expectante y en calzones.

¡vestite nena, y tapate!, le dije entre dientes mientras acomodaba a Noelia tras descalzarla. Me había costado un triunfo lavarle la cara!

Le pregunté mil veces si quería vomitar, qué carajo había tomado o mezclado, por qué no tiene autocontrol, si estaba mareada, si no prefería darse una ducha. Ella casi no me respondía. Solo gesticulaba con la mirada avergonzada. Ni siquiera dejó que le quite la calza meada.

Decidió meterse así nomás a la cama. Gemía sofocada, se daba vueltas y respiraba fuerte, cuando entonces yo la vigilaba desde mi cama, mientras Araceli me franeleaba su pubis en la cola. Ambas en calzones, estábamos excitadísimas, y ella más desde que le vio las tetas a Noelia.

Se desató de repente, y mientras me besaba la espalda, el cuello y los hombros sin abandonar sus apoyadas, empezaba a persuadirme:

¡nena, esa pendeja está deliciosa! Segura que no te tienta comerle esas lolitas? Le cambiaste los pañales a esa bebé loquita? La viste amamantando, o desnuda acá en tu casa? Debe tener la conchita bien rosada, jugosa… mmmmm!

Cuando le confié que una vez me pajeé oliendo su corpiño mientras ella se duchaba, me bajó un poquito la bombacha y me dijo al oído:

¡y, acabaste chancha? dejame tocarte la concha, y pensá que esa nena está borrachita, a lo mejor fumada, y hecha pis, como una nena! No te calienta? Levantate putita, olele las tetas, tocáselas, y sacale la calcita!

Le dije que estaba chiflada, y entonces, comenzó a endulzarme lamiendo mis orejas, saboreando mis pezones, y sorbiendo uno a uno mis dedos.

¡dale negri, tenés a la bebé bien relajadita! Andá a cambiarla que mañana el olor a pichí, si tomó alcohol va a ser imbancable!

Pero como no le di el gusto, ella se levantó sin escuchar mis intenciones de conservar la cordura.

Tampoco fui capaz de detenerla.

Araceli la destapó, le acarició las tetas desnudas, le abrió la boca con un dedo, le lamió los labios impotentes, le dio un chuponazo en la mejilla, acercó su cara a su entrepierna y la olió.

Noelia reaccionó recién cuando empezó a lamerle los pies.

¡te gusta chiquita? Te calienta esto?!, dijo Araceli en voz alta para despertarla del todo.

¡¿tía, quién es esta mujer? Decile algo!, jadeó Noelia, aunque abrió los ojos con prisa y me pidió que prenda la luz.

¡soy Araceli chiquita, una amiguita torta de tu tía, y quedate tranquilita, que te va a encantar… no sé si tanto como la pija, porque, a vos te gustan los machos, no?!, dijo Araceli, sin hacerme caso.

Yo le pedía que la corte, que tendríamos problemas si todo pasaba a mayores. Pero Noelia colaboró para que Ara pueda quitarle la calza, y le abra las piernas cuando empezaba a tener chuchos de frío.

Araceli la tapó, pero se le sentó al lado para acariciarle la cara, mientras le decía:

¡qué tomaste pendeja?!

¡no sé, de todo… y además fumé un faso re rico… y encima cogí con dos pibes en el baño del boliche!, dijo reponiendo los colores de su aura mi sobrina, increíblemente en manos de mi amante.

Salí disparada de la cama tras oír su confesión, pensando en un discurso para reprenderla, o ponerla en su lugar. Pero Araceli me hizo callar

¡tranqui Vivi, que la nena está creciendo, y se le están desarrollando estas tetitas de nena dulce!, le decía con voz de maestra jardinera mientras se las palpaba con ambas manos, pegando su cara al hueco de sus senos..

Noe gimió un par de veces, y apretaba las piernas.

¡¿y qué te hicieron esos hijos de puta chiquita? Te soltaron toda la leche en la vagina? Te hicieron doler?!, le dijo luego acercándose a su boca.

¡cerrá la boquita mami, y los ojitos!, le instruyó, y la guacha le pasó la lengua por sus labios apretados, por la naricita y el mentón.

¡¿te encanta la pija Noe? Te gusta tragarte la lechona, que te toquen las tetas esos degeneraditos?!, le decía al oído jugando con sus pezones rosados luego de humedecer sus dedos con mi saliva.

Me encantó que me los haga chupar, y que me pida que mire bien de cerquita todo lo que le hacía.

¡¿te hiciste pis en el taxi, o en el boliche nena?! Decime la verdad!, la acusó.

Noelia dijo que fue mientras uno de los pibes le puerteaba la cola.

¡y te culeó ese guacho? Te duele mi amor?!, averiguó mi descarada amiga.

¡no, no me la metió porque yo no quise… no soy tan puta señora!, respondió Noe.

Araceli le dio una cachetada mientras le reprochaba:

¡no seas mal educada pendeja, y no me grites! Haber, chúpame los deditos nena, como si fuera una pija… quiero ver cómo petea la sobrina de mi putita favorita!, le decía, a la vez que hundía uno y otro dedo en la boca descolorida de mi niña.

Noelia se los chupaba, se tocaba las gomas solita, y dejaba que la otra mano de Araceli le separe las piernas.

¡así chupa pijas la nena? Mirá Vivi, y tocate!, dijo como hincada en el paraíso mi chica, embelesada por las tetas de su presa.

Pero todo quedó en suspenso después de que Ara deslizó:

¡supongo que te cuidaste boludita, no?!

Noelia tuvo un pequeño instante entre que le devoraba los dedos a Araceli y suspiraba visiblemente excitada y sacudía las piernas para sacarnos de aquel trance que parecía perpetuo, cuando dijo:

¡no me cuido, porque hace cuatro meses que estoy embarazada!

Juro que no supe a cuál de todos mis estímulos atender primero. Quería cagarla a trompadas. Necesitaba razones, o algo que sostenga tamaño descenlace. No quería que Ara sea partícipe de ese secreto, y a la vez tenía ganas de cogerla y de que me coja.

¡cómo que hace cuatro meses? Qué hiciste Noelia?!, le grité al borde de revolearle lo que sea.

¡sí tía, pero mami no lo sabe, y te pido que no se lo cuentes por favor… es de Maxi, un chico con el que cogemos siempre… no me importa si se hace cargo o no, pero yo lo quiero tener!, explicó el desatino de una pendeja que, de haber sido mi hija hubiera recibido unos cuantos recortes y ajustes a sus libertades. Mi hermana le había soltado la mano muy rápido para mi gusto.

¡tranquila Vivi, no te pongas mal ahora… y vos nena, sos una tontita, una calentona, y una descocada! Vés lo que te pasa por coger con los nenes? Vos tenés que comerle la boquita a las nenas, como vos, que tienen tetas, y una conchita como esta!, le decía Araceli casi encima de su cuerpo como en cuatro, comiéndole la boca y ocultándole la mano derecha bajo su bombacha blanca para que le toque la concha.

¡dale nena, tocame la conchita, meteme los deditos, y jodete si estás embarazada… viste, cómo terminó tu sobrina Viviana? Hecha pichí, borrachita, drogada y preñada… y todo por no enseñarle los placeres que puede dar una mujer!, decía Araceli, intuyo que buscando dañar mi psicología.

Pero yo me pajeaba como una enferma, y no pude negarme cuando me ordenó:

¡sacate la bombacha, y que tu sobrina la huela, vení nena, dale, pajeate al lado de la carita de esta perra, y que te vea!

Noelia gozaba, porque Araceli le fregaba la rodilla en la vulva, porque sus dedos derrotaban a la abundancia de jugos que seguro se multiplicaban en su sexo, porque entre sus bocas había un río de baba, mordiscos y lamidas obscenas, y porque ahora la nena olía mi bombacha, y yo me pajeaba con una pierna flexionada sobre la cama, para ofrecerles un mejor panorama de mí.

¡querés acabar chiquita? Quién de las dos querés que te saque el pañal, nena cochina?!, le preguntó con autoridad Araceli mientras le escupía las gomas para friccionarlas junto a las de ella.

¡quiero que las dos me saquen la bombachita con la boca, y que las dos me coman la concha, porfi, no puedo más!, concluyó entre jadeos y gemidos acelerados mi pequeña, y entonces las dos cumplimos con su súplica impostergable.

Yo atrapé entre mis dientes el elástico derecho y Ara el izquierdo, para poco a poco empezar a llevar su bombacha a sus pies. Ahí nos detuvimos, porque las dos necesitamos deleitarnos con el sabor de sus talones, sus deditos, sus plantas sudadas y sus pantorrillas. Eso a Noelia la sumía en un estado de éxtasis que no le permitía hacer otra cosa más que pedirnos que nos la cojamos con todo.

¡mmm, qué olorsito a pis tiene la grandulona, la embarazadita, la rapidita del boliche, pero la que se mea como una nena de la villa!, le decía Araceli aproximándose a su vulva.

¡mirá Vivi, no te pierdas esto negrita!, me alertó mientras le abría los labios vaginales.

Yo entretanto me frotaba la bombacha de Noelia por el clítoris.

¡mirá bombona, todavía tiene restos de semen la cochina! Me dejás probarlo pendeja?!, dijo Ara con su olfato embriagándose de lujuria.

No esperó su respuesta, pero me dejó hundir mi pulgar en su vagina para que luego lo saboree ante sus ojos ensoñadores.

Entonces, me conformé un buen rato lamiéndole las tetas a mi sobrina, mientras ella comenzaba con su ritual preferido. Le lamía desde el ombligo al culito, se detenía en su clítoris para sorberlo sin omitir gemidos, le adentraba la lengua en la vulva y se maravillaba con el sabor de sus jugos mezclados con el semen que el pibe le había descargado impiadoso.

Noelia jadeaba, se retorcía de placer y le pedía que le roce el agujerito de la cola, que le escupa las piernas, y a mí que le muerda los pezones.

Araceli me trató de cagona porque no me animé a chuparle la conchita.

¡sos una tarada Viviana, te vas a perder el sabor de tu sobrinita? No sabés lo rico que tiene el clítoris la guacha!

No sé cómo fue que las dos, de repente la besábamos en la boca, al tiempo que Araceli me pajeaba, y yo dejaba que mis dedos chapoteen en la vulva de mi nena, en medio de un sinfín de palabritas sucias.

Araceli le pidió que le chupe las tetas, y yo que me lama las manos. Eso me sofocaba casi tanto como las fricciones de los dedos incansables de mi divina perversita en mi clítoris cada vez más hinchado.

En eso, Araceli me dejó adivinar sus intenciones, y no estuve tan de acuerdo.

¡querés chuparnos la conchita, a tus dos tías nenita? Y después te hacemos mierda con los consoladores que tiene tu tía!

No sé por qué, pero no quería que las cosas llegaran tan lejos. O, tal vez, quería resguardarme todos sus sabores, olores, texturas y locuritas para disfrutarla yo solita.

Ahora Noelia sabía de mi condición, y eso me excitaba más que nada. Y más cuando, después de que le pedí a Araceli que la corte, poniendo como excusa la cantidad de alcohol que había ingerido Noelia, nos sumimos en un sexo desaforado, tierno aunque poco elegante, y muy sucio.

Convertimos casi sin quererlo a Noelia en nuestra espectadora de lujo, en nuestra musa inspiradora o en la dedicatoria más sincera. Y ella, nos lo agradecía tocándose toda, lamiendo nuestras bombachas y haciendo resonar los jugos de su conchita cuando se penetraba con los dedos, y se frotaba la cola con los talones.

Nosotras, en la cama grande la veíamos impresionadas, mientras un consolador unía nuestras vaginas para darnos un goce inesperadamente magestuoso. Las dos estábamos con los culos enfrentados y en cuatro patas, apretándonos las tetas, y sin dejar de observar a Noe, que en especial nos pedía que nos movamos más rápido.

Araceli le sacaba la lengua, le tiraba besitos, y le decía que la próxima vez que vuelva borracha a casa no se iba a contener, y me insistía para que la nena nos coma la argolla.

Al rato las dos estábamos acostadas de costadito y enfrentadas, cada una con la vulva de la otra en la boca. Ara me la mordía y lamía como nunca, y yo me volvía loca con sus flujos que parecían clonarse cuando le rozaba el clítoris con la lengua.

Gemíamos alborotadas, nos pegábamos en el culo con determinación, nos hacíamos acabar una y otra vez, nos colmábamos las bocas de jugos vaginales y nos los escupíamos por todos lados.

De repente vimos que Noelia se tapó con su acolchado de peluchito, y que los ojos se le cerraban sin obedecerle a sus ganas de seguir mirándonos. Entonces, nuestra motivación se diluyó. Por lo que, ni bien Ara acabó luego de un rato de frotarme la conchita contra las tetas, decidimos descansar un poco. El sol ya nos saludaba tibiamente por entre las cortinas, y el sueño nos fue conduciendo de a poco a un mediodía confuso en la mirada de Araceli, turbulento en la piel de mi sobrina, y muy nítido para mi cerebro.

Araceli se fue, ni bien me ofreció sus disculpas por lo ocurrido la noche anterior. Noelia no recordaba nada. Por eso, tipo 3 de la tarde, la esperé a que termine de tomar un cafesito para destaparla, mirarla y reconocerme enamorada de su desnudez!      fin


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