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Fecha: 04-Jul-17 « Anterior | Siguiente » en Confesiones

Complaciendo los deseos de mi novio.

olivenza
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Como ayudé a mi novio a poder realizar su deseo más inconfesable desde hacía mucho tiempo. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

Hola, soy Berta. Os escribo para contaros la experiencia que desde hace ya un tiempo estoy pasando con mi novio, con el cual llevo ya unos cinco años conviviendo en este modesto apartamento.

Desde que lo conozco, nuestra relación siempre había funcionado muy bien, y en lo relativo al sexo, tampoco nos podíamos quejar ninguno de los dos.

Pero de un tiempo a esta parte, empecé a notar en él una especie de desgana hacia mí, que una vez se lo comenté, tan solo la achacó al haber llegado ya a un punto de rutina, sobre todo en el sexo, y en su caso particular me comentó que le faltaba como un algo más para sentirse plenamente satisfecho.

Eso me dio que pensar, puesto que en ese aspecto precisamente yo me entregaba siempre a fondo, aunque dentro de unas limitaciones, ya que no soy ninguna actriz porno de esas, ni nada por el estilo.

Por eso un día me decidí a hablar seriamente con él y le pregunté, que más quería de mí y que más necesitaba para sentirse del todo satisfecho, ya que, si era algo que yo pudiese darle, haría todo lo posible por complacerlo para que nuestra relación siguiese funcionando.

Entonces él, tras ponerse muy colorado debido a la vergüenza que debía de estar pasando, se limitó tan solo a callarse y a decir finalmente que todo iba bien y que no me preocupase por nada, ya que eran solo cosas suyas.

Así de nuevo, a partir de ese día, seguimos con nuestra vida de siempre y con nuestros encuentros sexuales cuando podíamos hacerlo, tratando de aprovecharlos siempre lo mejor posible.

No obstante, él desde entonces, actuaba de forma muy diferente a lo que me tenía acostumbrada y yo lo notaba siempre muy raro y nervioso, sobre todo antes de que llegásemos a nuestro clímax total en nuestros respectivos orgasmos.

Yo como lo conocía bien, sabía que en ese preciso momento quería pedirme algo más, pero tal vez por vergüenza, no se atrevía nunca a hacerlo.

Entre las nuevas rarezas que le fui notando, estaba la de besarme y lamerme las nalgas, así como la aureola del culo e incluso, el mismo orificio, cosas por las cuales yo no solía protestar, aunque sí me parecía extraño, debido al gran placer que me proporcionaba al hacérmelo.

Pero es que luego, además, se empeñaba siempre en hacer el sesenta y nueve conmigo, y aunque él no paraba de disfrutar con mi coño y de hacerme disfrutar a mí con su polla, no paraba de acercarme a la cara sus rasuradas nalgas y además con un movimiento de culeamiento y de pelvis exagerado, digno del mejor bailarín.

Pero al no decirme nada (aunque lo intuía) yo tan solo me dedicaba a chuparle aquella gran polla que Dios le había dado, hasta acabar corriéndonos los dos como locos. Y así un día tras otro, hasta que, en uno de ellos, me empezó a chupar todo el culo más a fondo y me fue clavando la punta de su lengua dentro de él, haciéndome gemir de placer ante esa nueva sensación.

Después continuó metiéndome un dedo en él, para seguir con un mete y saca constante que me estaba haciendo morir de gusto, tanto que mi esfínter empezó a dilatarse de tal forma que él al darse cuenta, me fue metiendo ya los dedos de dos en dos.

Todo aquello, aunque era nuevo para mí, lo estaba disfrutando a tope y me parecía una gozada. Lástima de no haberlo descubierto antes. En ese momento al ver mi estado de excitación y tras escuchar mis continuos gemidos de placer, mi novio por fin se decidió a preguntarme que me parecía todo aquello que me estaba haciendo, y al contestarle que me encantaba y que era una maravilla, él me comentó que no me podía imaginar la envidia que le daba, ya que aunque nunca se había atrevido a decírmelo, esa era una de las cosas que siempre le hubiera gustado que yo le hiciera a él ya que tras vérselo hacer a una chica a su chico en una de esas películas porno, le había quedado esa fijación en la mente y tenía que intentar por todos los medios el poder realizarla.

En ese momento al oírle decir todo eso, me quedé un poco sorprendida y no supe reaccionar, ya que lo primero que pensé era que mi novio se había convertido en gay, por eso no le dije nada y preferí que pasaran los días para poder asimilarlo.

Así, en uno de ellos y tras haber hecho muy bien el amor con él, le pregunté directamente y sin tapujos si le gustaban los tíos y si había tenido algún contacto con alguna persona de su mismo sexo o si tan solo lo que quería era probar conmigo nuevas formas de conseguir placer.

Él entonces me dio todo tipo de explicaciones y razonamientos, y al comprobar que era muy hetero y que solo había sido que al ver esas películas y ver como disfrutaban haciendo esas cosas, le habían entrado ganas de probarlo a él también, le dije que, si eso era lo que quería, yo estaba dispuesta a darle todo el placer que necesitara, pero eso sí, tenía que ir a lavarse bien toda esa zona con agua y jabón por dentro y por fuera.

Él tan pronto escuchó eso de mis labios, se fue rápido al baño y minutos después regresó oliendo muy fuerte a ese perfume que se solía poner siempre en los momentos más íntimos y que sabía que a mí me gustaba tanto.

Seguidamente me besó en la boca como queriéndome dar las gracias, y decidimos empezar ya con la nueva práctica. Para ello se tumbó de espaldas en la cama y separó todo lo que pudo las piernas. De esa forma dejó ante mí un panorama que hasta entonces nunca me había fijado en él. Unas nalgas y unos muslos bien rasurados, así como todo el orificio de su culo con su aureola incluida, justo debajo de sus abultados testículos y de su gran polla, la cual tenía ya bastante tiesa debido tal vez a la situación que estaba viviendo en ese momento.

Entonces, aunque yo no sabía muy bien que tenía que hacer, me arrodillé ante él y acerqué mi cara a todo aquello que me ofrecía, para seguidamente, empezar a besarle sensualmente toda la parte interna de los muslos hasta que fui viendo cómo se iba calentando por momentos e iba cerrando los ojos para tal vez sentirlo todo mucho mejor.

Luego me decidí a dar el siguiente paso, y aunque con un poco de recelo todavía, empecé a besarle por alrededor de su culo, para acabar al final, justo en el medio de aquella oscura diana. Una vez allí, empecé a hacerle unos pequeños círculos sobre ella con la punta de la lengua y seguí lamiéndole sin parar toda aquella zona.

Entonces mi novio empezó a mover sus nalgas y a levantarlas, para dejarme trabajar mucho mejor, así pude seguir lamiéndole y besándole todo su agujero. Poco a poco fui consiguiendo que su esfínter se fuese dilatando y la punta de mi lengua se fuese clavando en él como si lo estuviese follando.

A continuación, seguí con un mete y saca constante con ella, hasta que vi que él ya no podía aguantarse más, aunque aun así seguía pidiéndome entre gemidos de placer que por favor no parase y a su vez, me cogía la cabeza y la atraía hacia él para que la penetración fuese más profunda. Por eso, al comprobar que necesitaba algo más de lo que le estaba dando, cogí uno de mis dedos y una vez lo lubriqué bien con su saliva para darle más morbo a la cosa, se lo introduje por completo en su culo y empecé como a follarlo con él con un mete y saca constante.

En ese momento sí que empezó ya a gemir como un desesperado, dándome las gracias una y otra vez y diciéndome que eso era como estar en la gloria. De ese modo yo me animé aún más y seguí dándole más placer sin parar, aunque ahora ya se lo iba haciendo con dos de mis dedos, al igual que él me lo había hecho a mí algunas veces.

Pero no obstante y aunque estaba ya casi a punto de llegar al éxtasis total, no conseguía que le llegase ese orgasmo tan deseado por ambos, así que se me ocurrió que, a la vez, le podía ir haciendo también una buena paja, para ello le cogí su hermosa polla, aquella que tantos buenos momentos me había hecho pasar, y empecé a hacerle unos leves movimientos de arriba hacia abajo para después ir acelerándolos por los dos lados a la vez.

Entonces mi novio ya fuera de sí, me comentó que por favor no parase por ninguno de los dos lados y que me preparase para presenciar dentro de unos segundos el mayor orgasmo que jamás había tenido, y todo eso gracias a mí. Y así fue, ya que con dos sube y baja más, empezó a arrojar una gran cantidad de leche caliente sin parar, hasta dejar todo su bajo vientre y mi mano, llena de ese líquido blanco y viscoso, el cual quiso que probase con mi lengua y que luego lo besase en la boca para que así se pudiesen juntar nuestros jugos.

Después cuando todo acabó, me comentó que como bien yo sabía, aquello era estupendo, y que la experiencia de ese día le había hecho pensar que si tan solo con la punta de mi lengua o con mis pequeños dedos había llegado a hacerle sentir tanto placer, como sería si se lo hiciese con una de esas pollas tan grandes como se solían ver en esas películas entrando y saliendo del culo sin parar, a lo que yo le contesté que en eso sí que no podía ayudarle ya que como bien sabía yo no tenía una de esas grandes pollas para poder satisfacerlo y hacerlo disfrutar como él quería.

Entonces me dijo que, si yo estaba dispuesta, eso hoy en día no era ningún problema y además él tenía la solución. A continuación, me estuvo contando sobre una técnica llamada strapon, en la cual se ve que la chica después de que él se la haya follado bien por todas partes, se acaba poniendo al final un arnés a la cintura, del cual sobresale siempre un buen consolador y con el cual se folla al chico por el culo hasta hacerlo que se corra de nuevo.

Además, me comentó también que eso era también estupendo para practicar con él entre los dos, las dobles penetraciones, cosa que hasta ahora no habíamos practicado todavía ninguno.

En ese momento, como no quería defraudarle y además me había vuelto ya muy viciosilla con todo aquello, le di luz verde a la idea, y a los pocos días se presentó ante mí con un estupendo regalo para ambos… ¿Adivináis que fue?...


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