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Fecha: 12-Jul-17 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Vanessa, mi marido y mi hermano...

madridmadridmad
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Un accidente con la Harley de mi marido hace que este me haga pagar la madre de todos los castigos, que disfrute como una cerda pero hizo que todo cambiara. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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Segunda parte de Roberto me hace pagar mis cagadas y Roberto me hace pagar mis culpas,  para entender esto mejor, deberías leerlo, aun así os hago un pequeño resumen.

La protagonista es un desastre que la va cagando día tras día, su marido, Roberto se coge tremendos cabreos que acaban con una gran sesión de sexo.  En su ultima cagada su marido la hizo follar con dos desconocidos, todo iba bien hasta que nuestra protagonista destrozó la Harley de su marido contra una columna del garaje al sacar su coche….

 

----------

Roberto no dijo nada, me miro con esos ojos que él pone cuando realmente odia, se dio media vuelta y se fue.

Me quedé aterrorizada.  Su Harley era su bien más preciado, a lo único terrenal a lo que él tenia cariño, y ahí estaba destrozada y aparentemente inservible.

Esa noche no durmió en casa y la verdad me quedé de piedra cuando a la mañana siguiente en el trabajo me encontré con un email suyo.

-       Ve a amantes, en la calle Pelayo 46, pide un paquete a tu nombre, dentro del paquete hay instrucciones.  Ve hoy a las 20:30.

Tuve que ver que era Amantis en internet pues lo desconocía.  La verdad es que la hora era una jodienda pues salía de trabajar a las 19:00, pero por calmar a Roberto en aquello momentos era capaz de cualquier cosa.

Paseé por Chueca durante las hora y media que tenía viendo escaparates y disfrutando del ambiente.  A las 20:30 entré puntual en el local.

-       hola venia a por un paquete a nombre de Lola.

-       Si, un paquete y este sobre – me dijo el afeminado dependiente.

-       Gracias – contesté amablemente dando me la vuelta.

-       Espera preciosa – me dijo el marica – son 458 euros.

-       ¿Perdona?

-       Perdona tu monina, no esta pagado y para llevártelo debes de pagarlo.

La visa casi grita al ser pasada por el TPV.  Aquello escocía.

Salí del sex-shop mientras abría el sobre.

-       tienes media hora para llegar al Hotel Palace y coger una habitación reservada a tu nombre.  Abre el paquete y lee el segundo sobre una vez estés allí.

Mire el reloj, me tentó abrir el segundo sobre, pero lo deje estar.  Llamé a un Uber y e subí en el en cuanto llegó.

El trayecto fue de solo 5 minutos, me despedí del conductor, entré en el Palace y pedí mi habitación, tuve que pagar 400 euros y subí pensando más en los casi 900 euros fundidos en pocos minutos que en lo que iba a pasar arriba.

Abrí el paquete y lo primero que vi fue un pasamontañas de cuero con cremalleras en la boca, ojos y otra por detrás para poder cerrarla.

A su lado había unas esposas para las muñecas, unas para los tobillos, distintos vibradores, un plug anal, pinzas para los pezones y una barra de castigo.

La segunda nota decía: “desnúdate, ponte la mascara, ponte las esposas y espera de rodillas y a las 9:00 entraremos allí, cállate y disfruta”

Miré el reloj y me quedaban 10 minutos.  Me desnudé, como pude me puse la mascara dejando cerrados ojos y boca y me puse a cuatro patas sobre la cama mientras esperaba.  No fue fácil.

A las 21:15 y cuando las rodillas ya me flaqueaban la puerta se abrió y entró el que parecía Roberto seguido por lo que por el ruido identifiqué como un hombre y una mujer.

-       joder cabrón años sin corrernos una juerga y contratas a esta zorra.

-       Ya ves, me la recomendó un amigo de Burgos que hace un tiempo se la folló con otro.  El otro día pensé en ella y me acordé de ti, y aquí estamos.

-       Joder sabía que tarde o temprano saldría el Rober de antes de casarse con mi hermana, a ver como se nos da – me quedé horrorizado

Pasaron unos minutos en los que los tres hablaban y se reían hasta que noté como alguien pasaba su dedo por mi cerrado esfínter.   Una mano me agarró de la cintura y noté como un capullo se apoyaba en mi esfínter y sin previó avisó ni precalentamiento alguno empezó a entrar sin prisa pero sin pausa venciendo la tensión que mi pobre y ya dolorido culo ofrecían.  Me desgarró por dentro pero una ola de placer recorrió mi cuerpo.  Sabia que era Roberto pues ya me lo había hecho antes.  Adoro el sexo anal, me gusta desde joven, pero con Rober descubrí una nueva dimensión de lo que es el sexo anal.  Mi marido lograba que mi esfínter se fuese abriendo a base de pollazos, desde luego nunca empezaba sin preliminares, pero no es que le dedicase mucho tiempo a los mismos.  Como decía me encantaba que mi culo se fuese dilatando con su bombeo y acaba siempre con unos intensísimos orgasmos.  

Noté una mano en mi cabeza y a continuación noté como abrían la cremallera que cerraba mi boca y sin perder un segundo una polla dura entraba en mi boca y ante mi asombro empecé a chupar.  Había comido muchas pollas en mi vida, pero aquella no era una polla más, aquella era la polla de mi hermano mayor, el que me presentó a Roberto, el que tantas veces me llevó al colegio, el que se cabreó con su mejor amigo cuando se enteró que salía con su hermana, a ese, a ese ahora le estaba comiendo la polla.  Agradecía tener los ojos cerrados por dos cremalleras, no quería ver lo que hacía, pero me gustase o no, era la polla de mi hermano el cual clavaba sus dedos en mi cráneo.

Roberto me folló hasta que gemí de placer a gritos victima de mi primer orgasmo de la noche, pensé que mi hermano sacaría la polla y no se correría como su amigo y cuñado, pero continuó metiéndomela hasta las amígdalas hasta que después de unos minutos y tras tensar su cuerpo descargó varios chorros de esperma que inundaron mi boca y garganta.

-       joder Andrés, menos mal que nos hemos tomado los dos pitufos.

-       Si, sin un viagra hoy en día no eres nadie – dijo mi hermano.

No veía nada pero me invadieron los celos cuando oí gemir a la otra cerda.  Mi hermano aún mantenía la polla como una piedra por lo que no dudó en darme la vuelta y clavármela en mi ano sin piedad.  La verdad es que lo tenía muy dilatado pero especialmente sensible por lo que empecé a gemir como una desequilibrada.

Andrés me daba de lo lindo  y la verdad que el tío sabía usar su polla como un fiera.

-       pero chaval ábrele los ojos a la zorra que se nos va a quedar dormida.

-       Joder ni me di cuenta.

El mamón de mi hermano sacó la polla de mi ano y me cerró la cremallera de mi boca y me abrió los ojos abriendo la cremallera.  Casi se me rompe el corazón cuando vi a mi marido metiendo y sacándosela a una cría que no debía de tener más de 20 años, tatuada y aros en los pezones.  La verdad es que la tía estaba muy bien aunque tenía una cara de chacha que no podía con ella.  La chica sobreactuaba con los pollazos de mi marido, aunque bien pensado ella estaría pensando lo mismo de mi.  Deje de pensar e incluso de mirar cuando un segundo orgasmo invadió mi cuerpo de nuevo y después de tensar mi sudado cuerpo caí muerta.

Caí muerta sobre la cama, casi inconsciente, solo abrí los ojos cuando oí a la zorra y a mi marido gritar de placer victima de un tremendo orgasmo.  La muy puta se abrazó a él mientras Roberto bajaba la cabeza y le mordía las tetas tirando de los aros de sus pezones.

Andrés se levanto y metió la polla en la boca de la cría, esta se recuperó en nada, divina juventud, y empezó a lamer como una loca, como si la vida le fuese en ello.

Roberto que seguía con el asta arriba se acomodó y estrenó el ojete de la cerda.  La niña estaba claro que veía aprendida de casa pues el buen rabo de mi marido le entró como cuchillo en mantequilla en su recto.

Me quedé mirándoles y cuando me di cuenta la palma de mi mano recorría mi hinchado clítoris, fue un acto reflejo. 

Le dieron como bestias, uno en el culo y el otro en la boca durante más de una hora.  Si el padre de la cría la hubiese visto en ese percal le hubiese dado un pa’ alla.  La tía se comportaba como una autentica profesional ante dos talluditos que sabía lo que se hacía.  Yo no dejé de masturbarme y correrme una y mil veces hasta que los cuatro nos corrimos casi a la vez.

Estaba rendida pero necesitaba volver a ser follada por mi marido, una especie de reconciliación.  Casi en la cama mientras la chica pasaba por el baño y los dos hombre se pusieron unas copas que no ofrecieron.  Y seguía con la boca cerrada en esa capucha de cuero que me daba un calor tremendo...

-       oye y si a esta zorra le quitamos la capucha.

-       Ni de broma, es casada y no quiere problemas.

-       ¿qué problemas?

-       ¿Pues que la conozcas algún día, o que ya la conozcas?

-       Bueno por como se mueve te diría que me es familiar.

-       ¿Quién sabe?, a lo mejor te las has follado ya.

-       Me acordaría de esa peca al lado del pezón.

-       Bueno vamos a usar estos juguetes que ha traído la guarra esta.  Vanessa, sal de una vez túmbate en la cama.  Tu guarra- me dijo dirigiéndose a mi -  cuando se tumbe te tumbas encima – y me abrió la cremallera de la boca.

La tal Vanessa salió del baño y se tumbó en la cama, yo me tumbé encima de ella.

-       no joder así no, al revés.  Un 69.

Me di la vuelta quedando con el coño de la guarra esta enfrente de la boca.  No hizo falta que nadie le dijese que empezase a mamar.  Vanesa le dio un largo chupetón en mi raja y empezó a lamer.  Me volvió loca, Roberto no es un gran comedor de coños, pero esta Vanessa era una maquina lamiendo.  Empecé a devorar mi ración con desenfreno.  Estábamos las dos en éxtasis cuando en nuestras manos apareció un vibrador de los comprados por mi a precio de oro.  Vanessa no se cortó y me lo metió hasta el fondo del coño. Yo no, no pude contenerlo y le metí el mío en su culo.  No daba crédito metiéndole un falo a una casi niña en el culo.  Empecé a menearlo con fuerza y ella hizo lo mismo sin dejar de mamar.  Me mataba de gusto la muy hija de puta, me volvía loco sus subidones de mi pepitilla como el placer que eme daba con el rugoso falo en mi coño.

Ella se quejaba a veces con que le hacía daño en sus bajos con los dientes de la cremallera pero según se quejaba se corría por lo que tampoco es que nos afectas mucho. 

Me corrí como una boba dejando de comerle el coño a Vanessa, esta no paró de darme placer hasta que la aparté con las manos.  La chacha no me dejó irme de rositas y apretó mi cara cubierta contra su depilado coño el cual no me quedó otro remedio que mamar y mamar hasta que se corrió como una cerda era.

Mi marido y hermano habían acabado sus copas hacia tiempo y el viagra no les había bajado nada.  Me cogieron sin mucho miramiento y me hicieron entrar sobre la polla de mi marido que me esperaba esperando en el sofá de la habitación, mi hermano no esperó un segundo y viniendo desde detrás me la metió por el culo.

Noté clarísimamente como las dos pollas chocaban en mi interior dándome un gusto bestial.  André me agarró delas tetas y empezó a darme con firmeza.

 

Roberto jadeaba dando síntomas de no poder más, a pesar de ello su dopada polla no daba muestras de ello, por detrás Andrés me daba con fuerza amasando mis tetas a la vez.  Yo miraba fijamente a mi marido a pesar de no parar de jadear victima del mayor placer nunca antes vivido.

Los dos chicos se fueron turnando en darme por cada uno de mis tres agujeros.  Vanessa mientras se masturbaba con los dos vibradores y gemía a gritos.  La rubia de bote siguió gimiendo como una desesperada cuando tanto mi marido como mi hermano llenaban mis intestinos y vagina de caliente lefa.  No me dieron cuartel y me obligaron a comerle el clítoris a la rubia y acabar con su trabajo masturbatorio.

Acabó la noche con Andrés y Roberto con una copa en la mano y la chica y yo mamando sus pollas mientras ellos descojonados de risa comentaban las jugadas de la noche.  A mi me tocó mi hermano y se la comí la verdad como si no fuera él.  Se tuvo que marchar contento por el servicio.

Quede sola en la habitación, me di una ducha y cuando salí todo el cuarto olía a culo y sexo.  Abrí la ventana y desnuda como estaba me sequé al calor de las noches madrileñas.  Encendí un cigarro y me planteé coger mis cosas, llamar a un taxi y esperar que mi marido estuviese en casa para hacer el amor una vez más como símbolo de haber arreglado el asunto.

Contra todo pronosticó y sin pensarlo mucho, llamé a Jonás, mi jefe desde hacía muchos años, mi confidente, mi hombro en el que llorar y sobre todo alguien que llevaba enamorado de mi desde que entré a la empresa.  Nunca me lo había dicho pero hay cosas que no es necesario decir.

-       Jonás

-       ¿Pero si son las seis de la mañana?

-       He discutido con Roberto.  Estoy en el Palace, si es una locura, pero me he venido al Palace.  Necesito un hombro donde llorar.

-       ¿Pero no será mejor que duermas y mañana hablamos?

-       No, ven ahora, estoy en la 518, dejo la puerta abierta entra.  ¿Cuánto tardas?

-       15 minutos.

Tiré el cigarro a la calle, cerré la ventana cogí el vibrador y a cuatro patas me empecé a masturbar despacio, disfrutándolo, sintiendo como aquello hacia disfrutar mi interior y mi coño. 

Casi ni oí a Jonás entrar.   No hizo falta que le dijese nada, se sacó la polla y me la metió por el único agujero que estaba libre y que por su dilatación invitaba a ello.

Jonás resultó una mierda de amante, un torpe en la cama, pero aquella noche despertó en mi una explosión sexual y Jonás fue el primer beneficiado.

Desde esa noche y después de una pobre sesión de sexo con mi jefe me he desatado sexualmente.  Los castigos de Roberto me han demostrado no solo que me gusta el sexo duro y sin miramientos, sino que me gusta ser sometida cuando el cuerpo me lo pide.  Ahora disfruto de grandes pollas que se clavan en mis zonas rosadas, húmedos coños que me como y tremendo juguetes que me hacen gozar y sufrir a partes iguales.

Nunca volví a casa, me volví a montar obviamente a Roberto en alguna ocasión, pero sin ningún amor por dentro.  El amor se escapó cuando le tuve que comer la polla a mi hermano por una estúpida Harley Davinson.

 

De esto hace ya cinco años y de verdad, agradezco mi torpeza.


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