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Fecha: 13-Jul-17 « Anterior | Siguiente » en Dominación

La puta del super 12

ReigDreed
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Tiempo estimado de lectura: [ 39 min. ]
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Eva tendra que enfrentarse a la dura venganza de Nuria. Su antigua amiga y jefa se desquitara de la traición de Eva de una manera cruel y humillante. Siempre con la ayuda de sus compañeros. La tarde de la fiesta sera muy dura para la pobre Evita. Quizas tanto como para no llegar a la noche. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

Nuevamente pido disculpas por la tardanza en publicar. Muchas veces es tan escaso el tiempo, que hay que decidir, si inventar historias o vivirlas.

Espero que sigan disfrutando con esta historia inventada.

 

 

Nuria me miró y me sonrió. No sabía que significaba esa sonrisa. No sabía si era que me perdonaba, o simplemente le gustaba verme suplicar. Sabía que esa noche iba a ser dura, pero no la esperaba a ella. No sabía qué esperar de Nuria. Ella, a diferencia de las otras chicas, era lesbiana, y ahora tendría mi cuerpo a su entera disposición. Eso no era lo que me asustaba. Lo que temía, es que ella sí podía disfrutar sexualmente conmigo, y con la ayuda del resto de mis compañeros, seguro que no sería tan dulce como lo fue en la intimidad de su casa. No sabía cómo acabaría la noche, pero tal y como avanzaba la tarde, no podía esperar que mejorara. Tenía miedo, mucho miedo. Pero pese a estar ya seca del agua, mis muslos estaban mojados. ¿Cómo podía estar cachonda en ese momento? ¿Por qué mi cuerpo me traicionaba de esa manera? ¿O no era sólo mi cuerpo? Sentía unas ganas locas de besarle los pies. De humillarme ante ella y el resto de mis compañeros. Lo pensé un segundo y lo hice. Allí estaba yo, una de las mujeres más envidiadas y deseadas de la tienda, desnuda y humillada besando los pies de mi compañera. Esa era mi vida ahora. Y lo peor, es que lo disfrutaba.

 

La puta del súper 12

Allí estaba yo, besando los pies de mi antigua amiga y jefa directa, intentando que se apiadara de mí y no hiciera todavía más dura, lo que de por sí sería esa noche.

-Jugaste conmigo. Me hiciste cosas que no había hecho ni con mis parejas. Me entregué a ti. Y tú solo lo hiciste para poner cachondos a todos estos. Ahora toca que te devuelva el favor.-dijo Nuria, escupiendo rencor en sus palabras.

-Lo siento de verdad Nuria. No quería hacerlo, me obligaron. Estoy siendo chantajeada.-contesté yo, sincerándome completamente por primera vez, o no.

-¿Chantajeada? Me han contado todo. He visto tu cambio de comportamiento desde cerca. El chantaje acabó hace mucho. Haces esto porque te gusta. Te pone cachonda ser una puta. No vengas ahora con excusas baratas. Eres la puta de todos ellos. Y ahora vas a ser la mía también.-habló Nuria, dejándome sin palabras.

Era la voz de Nuria, pero bien podía ser la de mi conciencia. Ella había visto desde fuera, lo que a mí misma me había costado tanto asimilar. Era cierto todo lo que había dicho. Me gustaba. Me ponía tremendamente cachonda ser la puta de mis compañeros. Puede que todo empezara como un chantaje por mi “desliz” con Mario, pero ahora disfrutaba cada barbaridad que me estaban haciendo. No sé si me habían cambiado o simplemente habían sacado de mi lo que tenía guardado, pero me mentiría a mí misma si no reconociera que estaba mojada con el solo hecho de estar arrodillada besando los pies de la que era mi compañera y amiga.

-Vamos zorra. Te divertiste jugando conmigo. Enseñaste a todos cómo me hiciste fingir ser una vaca, me humillaste para que todos se rieran de la tetona de la tienda ¿no? Me metiste una cola en el culo y me hiciste mugir, no para ti, si no para ellos. Ahora te devolveré el favor.

Nuria se apartó de mí por un momento pero pronto volvió con los juguetes que dejé en su casa aquella tarde. El plug y los cuernos de vaca. Estaba claro que ahora me tocaría a mí ser la vaca. Pensándolo fríamente, era lo justo. Se lo quise hacer ver a Nuria y no pensé mejor forma que agachar mi pecho hasta aplastar mis tetas contra el suelo y ofrecerle mi culo expuesto.

-Ya veo que para ti es lo más normal del mundo que te metan cosas en el culo. Seguro que te lo han follado ya todos los del súper -dijo ella, colocándose detrás de mí.

-Ábrete tu usado culo para que te ponga tu colita, vaquita -me ordenó Nuria, que parecía tener un lado dominante que no me había mostrado antes.

Hice lo que me pidió y, apoyando mi frente en el suelo, separé mis nalgas. Al hacerlo, pude notar que mi ano ya estaba bastante dolorido. La noche no había comenzado aún y yo ya estaba con el culo destrozado. No quería pensar como acabaría. Tampoco me dio tiempo. Sentí un escupitajo en mi culo, que luego supe que era de Víctor por sus risas, y rápidamente noté la punta de goma en mi entrada. Mi jefa no tuvo la delicadeza que tuve yo con ella y fue empujando todo lo rápido que pudo el plug dentro de mi culo. Intenté no quejarme, pero hacía mucha fuerza, y yo, aunque más que acostumbrada a que invadieran esa zona tan privada, estaba demasiado “usada”, como ella decía. Cuando llegó la parte más ancha del tapón y ella hizo más fuerza, no pude evitar gritar mientras entraba dentro de mí bruscamente. Quedé con mi cara apoyada completamente en el suelo, sollozando y notando como palpitaba mi culo. Me había dolido y mucho.

-¿Qué pasa vaquita? ¿Te duele el ojete?- preguntó Luis simplemente para humillarme.

-Pues todavía no hemos empezado -dijo Nuria, colocándome los cuernos de vaca en la cabeza.

-Tengo mucha curiosidad ¿Qué es lo que tienes pensado hacer? -preguntó Víctor, diciendo lo que todos, incluida yo, queríamos saber.

-Simplemente le voy a devolver lo que ella me hizo. Y como tengo la suerte de que estamos en compañía, seguro que muchos de vosotros podéis ayudarme -contestó ella.

-Por supuesto Nuria, somos compañeros. Te ayudaremos en todo lo que podamos -dijo el cínico de Luis.

-La verdad es que necesito más la ayuda de las chicas que la vuestra. Pero tranquilos, seguro que disfrutáis del jueguecito -dijo ella.

-¿Y en qué te podemos ayudar nosotras? -preguntó Vero.

-Sentaos en el sofá y abriros de piernas, simplemente eso. La vaca tetona se ocupará del resto -les dijo Nuria a las chicas.

Vero y Laura sonrieron y rápidamente estuvieron sentadas y con el coño al aire. Habían entendido muy bien lo que Nuria quería que yo hiciera. Nuria me llevó tirándome del pelo hasta ellas, colocándome entre las piernas de Laura.

-Vamos puta, empieza. Todos sabemos que se te da muy bien comer coños –dijo Nuria.

Tener el joven coñito de Laura enfrente de mi boca, mientras mi culo, aunque dolorido, estaba lleno y con una colita saliendo de él, me ponía cachonda. Nuevamente me di cuenta de lo cerda que me había vuelto. Me regodeé un poco más en mi humillante situación mientras disfrutaba del olor de la entrepierna de mi compañera. No me preguntéis cómo, lo que hasta hace unos días me hubiera dado el mayor asco del mundo, ahora me volvía tan loca. Sin necesidad de que me repitieran la orden, llevé mi lengua a su rajita y empecé con mi labor. Laura estaba tremendamente mojada. Parece ser que Nuria y yo no éramos las únicas que se ponían cachondas con otras mujeres. Enseguida mi boca estaba llena de sus flujos y pronto estos pasaron al coño de Vero desde mi lengua, en cuanto la mano de Nuria me llevó entre las piernas de ésta y me hundió la cara en su coño. Ella no estaba tan mojada como su amiga en un principio, pero pronto le recuperó terreno, en cuanto yo usé mi lengua en su clítoris, como había aprendido recientemente. No estuve demasiado tiempo lamiendo sus coños. O al menos a mí se me hizo corto, ya no sabría qué decir. Nuria me apartó de ellas y manteniendo mi cabeza levantada, nuevamente de mí pelo, me colocó la mordaza con dos penes que había usado con ella aquella fatídica tarde.

-Ahora vas a darnos placer a las tres con tu boca. Y más te vale hacerlo bien o tus queridos compañeros se empezarán a poner nerviosos. Lo mismo alguno te saca esa colita que tienes y te meta otra en tu culo -dijo ella.

-Pero vamos a hacerlo más interesante chicas. Poneros cada una en una punta del salón a cuatro patas y que sea la Vaquita la que vaya de una a otra. Que tiene que hacer ejercicio -continuó diciendo Nuria.

A las chicas les hizo gracia la idea de que yo tuviera que recorrer el salón para llegar a sus coños. Estaba claro que cualquier cosa que sirviera para humillarme les divertía. Cada una se puso en una punta del amplio salón de Luis con sus culos en pompa, esperando que yo fuera con la polla de mi boca a follármelas. Nuria se desnudó de cintura para abajo y se colocó lo más lejos posible entre ellas dos. Estaba claro que me tocaría andar a cuatro patas con el culo lleno más de lo que me hubiera gustado. Carlos tuvo la amabilidad de llevarme, dándome pataditas en el culo, hasta Nuria. Ella sería la primera que gozaría de ser follada con mi cara.

-Vamos vaquita. Métemela -dijo ella.

Nuria, a diferencia de Vero y Laura, que estaban a cuatro patas esperando su turno, se había sentado en el suelo con las piernas abiertas. Aquello la permitía mirarme directamente a los ojos mientras intentaba penetrarla con el pene de goma. Atinar con una polla que sale de tu boca no es nada sencillo. No podía usar las manos, pues las usaba para mantenerme a cuatro patas. Además seguro que alguno de todos mis compañeros hubieran visto aquello como algún tipo de falta y me hubiera ganado cualquier castigo. Por suerte Nuria se había excitado mucho con todo lo que me había hecho hacer y estaba muy lubricada, por lo que el falo de goma acabó entrando en su agujero. Ahora solo tenía que mover mi cabeza y aguantar la polla que tenía dentro de la boca. Para eso tuve que apoyar los codos en el suelo para estar a la altura apropiada, dejando así más expuesto todavía mi culo invadido por el plug. En cada embestida que yo hacía, ese trozo de goma entraba más hacia mi garganta, ahogándome y llenándome la boca de saliva que empezaba a desbordarse por la mordaza. Conseguí coger un buen ritmo y Nuria se dejó llevar por el placer, empezando a jadear. Los chicos estaban como locos con el espectáculo, no paraban de decir todo tipo de barbaridades. Tener mis pechos hinchados colgando y balanceándose por las embestidas y mi culo completamente levantado con la colita de pelos saliendo de él, hizo que las frases "vaca lechera" o "mueve la colita, puta vaca", fueran las más repetidas. Hasta que Carlos pidió a Nuria que se quitara la camiseta para verle las tetas. Los demás no pudieron estar más de acuerdo y empezaron a vitorear para que mi jefa les mostrara sus grandes pechos. Finalmente Nuria accedió, ayudada por lo cachonda que estaba por ser follada por mi cara. Pude ver como se soltaba el sujetador y dejaba caer sus enormes melones a unos centímetros de mí. Es normal que los chicos se volvieran locos al verlos. Yo, que se supone que no me gustaban las mujeres y que además ya había probado esas tetas, no podía dejar de mirar cómo se movían por la respiración y las embestidas que le proporcionaba con mi cara. Es normal que Luis no pudiera resistirse y se acercó a Nuria agarrándole su pecho derecho. Lo que no me esperaba es que ella no se quejara, simplemente le miró, se mordió el labio y siguió gimiendo. Tengo que reconocer que ver como el viejo que más me había humillado, metía mano a mi jefa, me puso más cachonda todavía.

Llevaría como cinco minutos follando el coño de Nuria con mi boca y aguantando que la otra polla me follara a la vez la garganta. Por las tetas de Nuria ya habían pasado los tres hombres y ella no se había quejado lo más mínimo de sus manoseos e incluso tirones en sus pezones. Ver como mi amiga se dejaba meter mano por los salidos de mis compañeros me mantenía muy caliente, pero empezaba a dolerme el cuello. Pensaba que no le podía faltar mucho para correrse y por fin podría descansar aunque fuera por unos segundos hasta que llegase a otra compañera, cuando Nuria habló entre jadeos.

-Por cierto… se me había olvidado, chicos… para que no os aburráis. Cuando penséis que la vaca debe cambiar de coño… solo tenéis que tirar de su cola y llevarla adonde vosotros queráis.

Los chicos aplaudieron su idea. Y no tardaron ni medio minuto en llevarla a la práctica. Fue Luis, como no, el primero en tirar de los pelos de la cola, haciéndome sacar la polla de goma del coño de Nuria. Luis no tiraba con demasiada delicadeza y tuve que ir a cuatro patas y de espaldas hasta que me dejó con el culo y el coño de Vero enfrente de mí. Volví a repetir la operación de buscar el agujero de otra de mis compañeras, esta vez con el culo un poco más dolorido y el cuello cansado de Nuria. Vero estaba impaciente porque metiera la polla en su coño y me ayudó con su mano a que atinara. Una vez dentro, volví a mover mi cabeza con ritmo, intentando dar el mayor placer posible a la niñata que me estaba insultando mientras jadeaba. Yo aguantaba sus palabras mientras tragaba mi propia saliva y respiraba como podía por la nariz cuando ésta no era taponada por el culo de Vero al tener mi cara hundida en él. Una mano, no se de quién, era la encargada de que me mantuviera con mi cara en esa posición, clavándosela profundamente a la joven cajera. Vero no se quejaba lo más mínimo, parecía disfrutar de tener el coño inundado de ese falo de goma y de sentir mi respiración forzada justo en su culo.

No sabía qué pasaba detrás de mí, pues ahora sí que no podía ver nada más que el joven culo de Vero acercarse y alejarse según la mano que dirigía mi cabeza decidía. Podía escuchar los jadeos de Nuria, supongo que masturbándose con la visión de dos de sus compañeras más jóvenes y atractivas a cuatro patas. También escuchaba a Laura pedirle a Carlos que fuera a por mí, que estaba muy cachonda. Aquello se había convertido ya en una orgia, donde mis compañeras estaban disfrutando del placer lésbico gracias a la venganza de Nuria. A juzgar por los gemidos de Vero, yo diría que se había corrido ya, pero la mano en mi cabeza no varió el ritmo hasta que note como volvían a tirar de mi colita. En cuanto me liberaron la cabeza pude ver que era Carlos el que me llevaba casi corriendo hasta Laura. Me fijé que llevaba la polla por fuera del pantalón y bien dura. Cuando llegamos hasta ella, fue él quien hizo de mamporrero de mi polla de goma y apuntó al coñito de nuestra compañera para que yo hiciera mi trabajo. En cuanto empecé, Laura soltó un suspiro y empezó a jadear.

-¡Ummm… siiii!… Ven Carlitos, lo prometido es deuda -dijo ella.

Carlos se sentó en el suelo con las piernas abiertas delante de Laura. Esta no tardó en agachar la cabeza y al igual que mi boca estaba llena de una polla, la de ella acabó así, pero con la suerte de ser una de verdad y no la asquerosa goma que tan acostumbrada ya estaba yo a saborear.

Mi labor con Laura no fue muy diferente a la que acababa de tener con Vero. Solo podía mover mi cabeza y aguantar el pene de goma que tenía dentro de mi boca, mientras ella disfrutaba de mi follada y de la mamada que estaba haciendo a Carlos. Casi no podía oír sus jadeos por los gritos y los insultos que me regalaban Víctor y Luis. Los chicos estaban ya nerviosos por ver disfrutar a ellas y ahora también a Carlos. Algo me decía que eso no era bueno para mí. Y como de costumbre con esas premoniciones, no estaba equivocada. Después de un rato, no sabría decir si 5 minutos o 10 penetrando y escuchando los chapoteos del sexo de Laura, escuché a Luis y me temblaron las piernas.

-Nuria, este juego está muy bien, pero yo puedo hacerlo más divertido todavía -dijo Luis.

-¿Ah si? Pues hazlo, estoy abierta a cualquier propuesta -contestó Nuria, que a juzgar por su voz, seguía masturbándose.

-Creo que sería más divertido si en vez de tener que tirar de su colita para llevar a la vaquita lechera de un coño a otro, hacemos esto… -dijo Luis.

En la pausa entre el final de su frase y los pasos que presagiaban que se acercaba a mí, supe que mi posición con el culo expuesto era un error que pagaría. Y así fue. Noté como agarraba los pelos de la cola que salía de mi culo, pero esta vez, en vez de tirar para llevarme hasta Nuria o Vero, puso su pie en mi culo para que no me moviera y dio un tirón seco y con fuerza, sacándome el plug de golpe. No pude gritar por tener la boca amordazada, pero el dolor fue tan intenso que caí de cara contra el culo de Laura, dejándole el consolador clavado hasta el fondo y haciéndola gritar ahogadamente a ella, que también tenía su boca llena.

-Ves, mucho más divertido. Ahora lo llevo hasta ti, y que sea ella la que venga a buscarlo -le dijo Luis a Nuria.

-Me parece muy buena idea. Ya has escuchado vaquita. Ven a mí que te tapone el culo de nuevo.

Si, la escuchaba, pero no podía moverme. Me temblaban las piernas del dolor. Ese plug tenía una forma especial para que no se saliera una vez puesto. Quitarlo de aquella manera me había hecho muchísimo daño. Notaba mi ano palpitando. Pero en mi cabeza escuchaba una vocecilla que decía, "obedece…" No era ni Luis, ni ninguno de mis compañeros. Era yo. Sabía que tenía que obedecer por mucho que me doliera. Como pude me aparté de Laura, dejándola vacía. Y con un paso más ridículo si cabe, fui gateando hasta Nuria. Ella me esperaba con el tapón anal en una mano, mientras se acariciaba su sexo con la otra. Sabía que si ahora me dolía, cuando me lo volviera a meter, vería las estrellas. Pero como ya había hecho la primera vez, me di la vuelta y levanté mi culo, dispuesta a que mi amiga me taponara el culo como ella deseaba.

-Pobre… te tiene que doler. Espera que te lubrico -dijo Nuria.

Me escupió en el culo, que debería estar muy abierto pues note como su saliva entró directamente dentro. Sabía que lo hacía para humillarme más, pero aquello me alivio un poco el escozor, aunque no sé si sirvió para lubricarme, pues en cuanto empezó a meterme el juguete anal, el dolor se hizo súper intenso. Luché por mantener relajada la zona. Pese al dolor, supongo que tenía tan abierto el culo que entró rápidamente. Aun así me dolía mucho. Y el simple hecho de desplazarme para volverme a poner en posición para penetrar a Nuria, era todo un calvario. Lo conseguí, dejando de nuevo mi culo más expuesto con ella que con las otras. Intenté olvidarme del dolor y de la posibilidad de que Luis volviera a hacer lo mismo. Quería que Nuria se corriera gracias a mí. Era la única oportunidad que tenia de que se relajara y terminase con este “juego” que se había vuelto una tortura.

Conseguí concentrarme en los jadeos de mi jefa y en la presión que hacía el pene de goma que tenía dentro de mi boca con cada embestida. Empezaba a ponerme muy cachonda por notar como daba placer a Nuria a la vez que me follaba la boca a mí misma. El dolor de mi culo no desapareció, pero sin entender porqué, sentir como palpitaba y apretaba el plug me excitaba aún más. Notaba mis muslos mojados. Me sentía como una autentica puta, disfrazada de vaca, con el culo lleno y dolorido. Follándome a mí misma la garganta y deseando que la causante de todo esto se corriera gracias a la follada que le estaba dando con mi cara. Escuché como Nuria cambiaba su respiración, ya la conocía de aquella tarde. Estaba llegando a su orgasmo. Incrementé el ritmo. Ella empezó a frotarse con su mano a la vez que yo la penetraba. Era cosa de segundos que estallara en un orgasmo. En ese momento volví a notar como alguien apoyaba su pie en mi culo y levantaba la cola, haciéndome recordar el dolor que después de aquello venia. Miré a Nuria con ojos suplicantes. No sé si por apiadarse de mi o porque quería correrse, pero le pidió a quien me tuviera cogida por la cola que esperase.

-Espera, espera. Cuando me corra… -dijo Nuria como podía.

Cerré los ojos sabiendo lo que me esperaba y seguí follándome a Nuria con la boca. Empezó a gritar, más incluso que cuando se había corrido conmigo en su casa. Tuvo un orgasmo intenso y largo, que fue acrecentado cuando tiraron de mi cola de nuevo, volviéndome a sacar el plug de golpe. Como con Laura, caí derrumbada contra el coño de Nuria, empalándola. Ésta agarró mi cabeza y la mantuvo sujeta bien fuerte contra ella, mientras yo luchaba por no llorar de dolor. Era extraño, el culo me ardía y deseaba gritar. Pero si me hubiera, tan solo, rozado el coño, me hubiera corrido tanto o más que Nuria. No entendía a mi cuerpo. Ya no entendía nada. Nuria me mantuvo así sujeta hasta que se recuperó de su orgasmo. Después me apartó la cara, sacándose el consolador y agarrándolo me hizo girar la cabeza para ver que el plug estaba entre las piernas de Vero. Muy a mi pesar, continuaba la tortura. Sabía lo que tenía que hacer, pero no sabía si mis piernas serían capaces de llegar hasta allí.

Más por miedo que por resistencia física, llegué hasta Vero. Ella no se entretuvo en meterme el plug y directamente fue buscando la polla que salía de mi boca con su culo, intentando ensartarse ella sola. Después de unos cuantos intentos fallidos, conseguimos acertar. Vero empezó a moverse como loca, dándome culazos en la cara, sin dejarme a mí moverme para follármela. Casi lo agradecí. Pensé que me libraba de tener que mover mi cuello que ya me dolía una barbaridad y además mi culo, aunque dolorido como nunca, estaba vacío de momento. Al dolor de mi cuello y de mi ano, empezaba a unirse el dolor de mi boca. La noche no había empezado casi y yo ya estaba prácticamente fuera de juego. No podía ni pensar en hacer una mamada, como para imaginarme ser sodomizada tal y como tenía la zona. Creía que por fin se habían olvidado del plug, pero no, yo nunca tengo suerte. No llevaría más de dos minutos aguantando los culazos en mi cara que me daba Vero, cuando noté como alguien apuntaba con él de nuevo y empezaba a moverlo intentando meterlo. Con mucho sufrimiento por mi parte, lo consiguió. De nuevo estaba siendo follada por mi boca con mi culo taponado. Mi esperanza era que Vero se corriera y por fin acabar con aquello. Pero quien fuera el que estaba detrás de mí, no pensó en mi ni en ella. Directamente volvió a sacarme el plug de golpe. Ya no aguanté más. No podía. Caí al suelo hecha un ovillo. Llevé mis manos a mi culo instintivamente e intenté suplicar que parasen. Ya no pude contener las lágrimas. Con los ojos llorosos y soltando sonidos guturales por no poder hablar, intenté que el poseedor del plug se apiadara de mí. Era Nuria. Mi amiga era la que me había vuelto a meter y sacar el plug. Podía esperármelo de Luis o de Víctor, pero ella…

-Vamos vaquita. Pon el culo que te voy a poner una inyección -me dijo Nuria con fuego en los ojos.

No podía hablar, pero mis ojos llenos de lágrimas y mi movimiento de cabeza diciendo que no, era más que suficiente para que supiera que no podía más. Lejos de sentir lastima por mí, Nuria empezó a reírse. Y detrás de ella, el resto.

-Miradla. Qué graciosa. Dice que no con la cabeza y la polla de la boca se mueve como loca -decía Víctor riéndose.

-Parece un policía dirigiendo el trafico -dijo Carlos, haciéndose el gracioso.

-Venga, di que no. Mueve la pollita -me decía Nuria haciendo reír a todos.

Lo hice. Ya me daban igual las humillaciones. Prefería que se entretuvieran con eso antes que volvieran a meterme el plug. Movía mi cabeza sin parar, viendo como el pene de goma temblaba y se agitaba con ello. Debía tener una pinta muy patética. Medio de rodillas, pues no fui capaz de levantarme del todo. Con las manos tapándome el culo. Y haciendo bailar la polla que salía de mi boca. Me daba igual, solo quería mantener a salvo mi trasero. Pero Nuria no se conformó con eso.

-Muy graciosa. Seguro que puedes seguir haciéndolo mientras te meto esto de nuevo. Ponte en posición -me dijo ella.

No sabía cómo decirle que no. Que no podía. Aparté mis manos de mi culo para ponerlas juntas delante de mi pecho, como si estuviera rezando. No sabía que más hacer para suplicarle. Pero ella estaba fuera de sí.

-No me das pena. Te pienso romper el culo esta noche. Ponte en pompa o les pediré a ellos que te sujeten -dijo ella furiosa.

Temblando de miedo, tuve que obedecer. Sabía que su amenaza no quedaría en eso. Mis compañeros no tendrían problema en hacer lo que ella pedía para seguir torturándome. Lloriqueando apoyé la cabeza en el suelo y levanté el culo. Todavía tenía la esperanza de que lo dejase allí. Pero no. Unas manos suaves, supongo que las de Vero, abrieron mis nalgas, haciéndome gritar de dolor. Pero eso no fue nada con lo que sentí cuando Nuria volvió a meterme sin ninguna delicadeza el tapón. Me derrumbé en el suelo, con las piernas temblando, no sé si del dolor o del miedo. Como pude me sujeté la cola de mi culo con las manos. Me dolía horrores, pero suplicaba mentalmente porque me la dejaran allí. Mis ojos estaba ya cubiertos de lágrimas. Hubiera recompensado a cualquiera de ellos si dieran por terminada esta tortura, incluso después de todo lo que me habían hecho. A quien fuera. Hubiera sido su perra más fiel. Pero no. Nuria era la que mandaba ahora mismo. Y ella no había acabado conmigo.

-Ponte a cuatro patas vaquita. No hemos acabado -dijo ella.

La miré suplicante e intenté hablar, pero la polla de goma que tenía en la boca no me lo permitía. Después de reírse de mí, llevó sus manos tras mi cabeza y soltó la correa de la mordaza, liberándome por fin de aquello. Con la boca dolorida y adormecida, pero libre, hablé:

-Nuri… por favor… te lo suplico… Me duele mucho. Me lo vas a romper. Haré lo que me pidas, pero por favor… -contesté, sin llegar a atreverme a pedir que no siguiera con su venganza.

-He dicho que a cuatro patas. Obedece y te irá mejor -contestó ella, con su tono dominante y amenazador que había descubierto hoy.

No fue la amenaza lo que me hizo soltar la cola de mi culo y apoyar mis manos en el suelo. Fue la forma de decirlo, la parte dominante, la que me hizo dejar a un lado el dolor intenso en mi culo y el miedo a que volvieran a sacar el plug de golpe, para apoyar las rodillas y acabar de nuevo, a cuatro patas, con el culo expuesto y mis cuernos de vaca coronando mi cara completamente humillada al ver a todos mis compañeros riéndose de mí. Vero y Laura seguían a cuatro patas también, pero mirándome con sus cabezas giradas sobre sus hombros y una sonrisa de superioridad, que demostraban que aunque ellas estaban en la misma posición que yo, yo era la vaca y ellas solo unas zorras. En cambio los tres chicos se pajeaban con la visión de mi humillante aspecto. Y puede que también con los cuerpos desnudos del resto de mis compañeras. Pensar todo esto, increíblemente y por enésima vez, me puso cachonda. Levanté un poco más mi expuesto culo y esperé a que Nuria decidiera qué hacer conmigo.

-Bueno chicos, creo que es hora de que vosotros también disfrutéis ¿No queréis ordeñar un poco a esta vaquita? -dijo Nuria.

Por supuesto a ellos les encantó la idea. Víctor y Carlos vinieron corriendo hasta mí. En cambio Luis se fue en otra dirección. Mientras ellos dos se acomodaban de rodillas, cada uno a un lado de mi cuerpo desnudo, como si de verdad fuera una vaca a la que ordeñar. Luis apareció con dos vasos largos y anchos. Mi estupidez latente no me dejó adivinar para qué los quería, hasta que colocó cada uno debajo de mis tetas, que colgaban libres e hinchadas.

-Bueno chicos. A ver qué tal se os da ordeñar a una vaca. El que más leche saque ganará un premio -dijo Nuria.

-¿Qué premio? -preguntó Víctor.

-Es sorpresa. Venga empezad y lo descubriréis -dijo Nuria.

Casi a la vez, las manos de mis compañeros agarraron mis tetas y las apretujaron con saña. No tardaron en salir los primero chorros de leche. Normal con lo hinchadas que estaban ya. Con la excitación la leche me subía más rápido. Y a pesar de todo lo que me habían hecho, yo estaba muy cachonda. No podía ver a Nuria, que se mantenía detrás de mí con un pie en mi culo y jugando con mi cola. Recordándome con ese acto que en cualquier momento podía arrancarme el plug del culo y terminar de rompérmelo. A quien si veía era a Vero y Laura, que se habían acercado hasta mí y ahora estaban de rodillas disfrutando de ver a su compañera y rival en la tienda, siendo ordeñada como un animal. Luis se había encendido uno de sus puros y me miraba con lujuria. Me moría de vergüenza. Lo lógico hubiera sido cerrar los ojos y no mirar a ninguno. Pero estaba muy caliente y sentirme tan humillada al ver sus caras de diversión gracias a mi patético aspecto, me ponía a mil.

-Venga Nuria, di cual es el premio -preguntó con curiosidad Carlos.

-Eso, no es que me importe estar ordeñando a esta vaca, pero estaría mejor con alguna motivación -secundó Víctor, apretando más mi teta derecha.

-Está bien. Todo sea porque ordeñéis bien las ubres de esta vaquita -dijo Nuria para alegría de todos.

-El que saque más leche de las ubres de la vaca, será recompensado por mí. Yo le sacaré la suya, con estas otras ubres -dijo Nuria, agarrándose sus enormes pechos desnudos.

Los dos hombres no pudieron estar más contentos con el premio. Mi jefa tenía unas tetas enormes y también bonitas. Seguro que todos mis compañeros habían fantaseado con hacerse una cubana con sus pechos. Y tal como había dicho ella, Carlos y Víctor se sintieron motivados por el premio y aceleraron mi ordeñamiento. Apretaban y estiraban de mis pechos con mucha fuerza. Ahora que había empezado a olvidar lo que me dolían las tetas después de llevarlas atadas toda la mañana, volvía a sentir como las amasaban y retorcían para sacarme la leche. No miento ni un ápice en decir que me sentía como una auténtica vaca, a cuatro patas, con una cola saliendo de mi culo y unos cuernos en la cabeza y siendo ordeñada sin ningún cuidado con tal de vaciar mis ubres. Y si, efectivamente, mis muslos estaban mojados. No había dudas de que disfrutaba con esta humillación.

-Esto está muy bien. Pero se va a hacer muy largo. Esta vaca tiene las tetas muy cargadas. Creo que deberíamos acortar el tiempo de ordeño -dijo Luis, aburrido por solo mirar.

-¿Qué se te ocurre? ¿5 minutos tal vez? -preguntó Nuria sin dejar de jugar con los pelitos de mi cola.

-Se me ocurre algo más interesante -dijo él, saliendo de nuevo hacia la cocina.

Enseguida volvió con otros dos vasos, esta vez más pequeños. Le dio uno a Vero y otro a Laura, que le miraban confundidas.

-Venga chicas. Ellos están ordeñando a Eva. Vosotras podéis ordeñarlos a ellos y el primero que suelte la leche, pierde.

Como siempre Luis hacia lo que quería. Había cambiado las normas del juego de Nuria. Pero ella no dijo nada, al contrario, parecía contenta con la decisión de Luis. Animó a las chicas a que lo hicieran y ellas, con lo cachondas que estaban ya, no se hicieron de rogar. Las chicas empezaron a pajear a mis ordeñadores, que en un principio relajaron su trabajo en mis pechos, pero según se fueron excitando volvieron a estrujar mis ubres con más fuerza, incluso diría que con rabia. Estoy segura de que estaban disfrutando de ser pajeados por mis jóvenes y bellas compañeras, mientras sacaban la leche a su vaca. Pero no creo que ninguno quisiera correrse sin probar las tetas de Nuria. Ella a su vez, empezó a pasarme el pie que antes apoyaba en mi culo por mi coño, el cual estaba chorreando. Cosa que no se guardó para ella, por supuesto.

-¡Pero serás guarra Eva! ¡Estás chorreando por ser ordeñada! -exclamó para que todos lo supieran.

-Tranquila Nuria. Ya conocemos lo cerda que es Eva. Entre más la humilles más cachonda se pone -dijo Luis, que se mantenía viendo el espectáculo.

Como de costumbre, sus palabras no hacían más que aumentar mi excitación. Además me estaba poniendo muy cachonda el roce del pie de Nuria sobre mi coño, que para estas alturas ya estaba más hinchado que mis pobres tetas casi vacías de leche. Casi diría que me podía correr solo así, siendo ordeñada y masturbada con un leve roce del pie de una mujer. Me perdí en mi mente, solo me veía a mí, a cuatro patas, como una vaca. Deseaba ser montada hasta correrme. Me olvidé de todos mis compañeros, que eran los causantes de mi excitación, y empecé a gemir. Las risas de todos no se hicieron esperar, seguidas de sus insultos por lo guarra y puta que era.

-Mírala, está gimiendo como una puta -dijo Vero, sin dejar de pajear a Víctor.

-No, está mugiendo como una vaca, que es lo que es -dijo Nuria.

-Eso, muge como una vaca Eva.-dijo Carlos, muy excitado.

No hice caso en un principio a Carlos. Pero Nuria me hizo obedecer tirando de mi colita, sin sacarla, pero dejando claro qué pasaría si no lo hacía. Y lo hice.

-¡Muuu! –dije yo tímidamente.

-Vamos guarra. ¡Muge! -volvió a ordenarme Nuria con otro tirón.

-¡Muuuu! … ¡Muuu!... ¡Muuuuuu! -dije yo cada vez más fuerte.

Entre más mugía, más cachonda me ponía. Empecé a usar mis mugidos como si fueran jadeos. En el salón se escuchaban los jadeos de mis dos compañeros y los mugidos de una vaca excitada. Cada vez estaba más cachonda. Notaba que me podía correr con ese simple roce de mi jefa. Sólo necesitaba un poco más de tiempo y mugir más alto. Lo último lo hice, haciendo reír a las chicas y a Luis, y poniendo más cachondos a mis ordeñadores. Sobre todo a Carlos, que fue el que se corrió con un fuerte suspiro. Había perdido el premio, pero había ganado la mejor paja de su vida y había sido hecha por una preciosa compañera de trabajo, diez años más joven que él. Creo que podía estar contento. Como era de esperar, Nuria cesó el roce de su pie en mi coño, lo que yo recriminé con un lastimero.

-Muuuuu.

-¡Jajajajaja! La vaca también quería correrse -dijo Nuria, riéndose de mí.

-Pobrecita. Sé buena con ella y al menos dale de beber -dijo Luis.

Nuria debió entender perfectamente de lo que hablaba Luis. O todos lo entendieron menos yo. Que o bien por lo frustrada que estaba por volver a quedarme al borde del orgasmo o por mí ya, más que clara estupidez, no sabía a qué se referían. Nuria cogió los dos vasos de leche y mirando con detenimiento dictaminó que Carlos había sacado más leche. Pero como se había corrido, no podía recibir el premio. Pidió a Laura que le diera el vaso donde ella había ordeñado a Carlos. Ésta mirándome con maldad y sabiendo lo que Nuria quería, me lo pasó por la cara para después entregárselo a mi jefa. Nuria me enseñó ambos vasos, uno con mi leche y otro con la de Carlos y después las juntó en uno solo. Se me escapó una sonrisa tonta, al darme cuenta por fin de lo que se trataba. Lo que ellos interpretaron como que me satisfacía la idea de beber la corrida de Carlos junto a mi leche. ¿Cómo me estaba volviendo tan lela?

-Vamos Vaquita. Ya tienes tu vaso de leche -dijo Nuria, removiendo el vaso.

Mirándola con sumisión, pues ya no sabía hacerlo de otra manera, me puse de rodillas, notando el dolor en mi culo al apoyarlo sobre mis talones. Nuria acercó el vaso a mi boca, pero sin llegar a tocar mis labios.

-Abre la boca puta, pero no tragues -me ordenó Nuria.

Obedecí y ella fue vertiendo la mezcla de leches directamente en mi boca. Como me había ordenado, fui almacenando la leche en mi boca, hasta que se acabó el vaso. Me quedé así, con la boca abierta y mirando hacia el techo para que no se escapara nada. Una pinta patética, sin duda, justo lo que a mis compañeros les gustaba.

-No te quejes Eva. Esa leche está enriquecida con calcio del bueno -dijo Carlos, haciendo reír a todos.

Aguanté como un par de minutos en esa posición, mientras ellos se reían y me insultaban de mil maneras. Era asqueroso lo que tenía en la boca, pero deseaba tragarlo ya y acabar con esta espera. Nuria se acercó a mí y me dijo:

-Esto es lo que te pasa por sacar la zorra que soy. No tragues.

Me tapó la nariz con sus dedos y se quedó mirándome con furia. Con la boca llena y la nariz tapada no podía respirar. Según me quedaba sin aire me fui poniendo más nerviosa. No podía moverme o derramaría la leche de mi boca. Sólo podía mirarla con mis ojos bien abiertos y cara de súplica. Intenté aguantar todo lo posible, pero finalmente el aire me faltó y mi instinto de supervivencia me hizo tragar la leche para poder respirar. Después de unas bocanas de aire desesperadas, vi que con los nervios había dejado caer parte de la leche al suelo. Cosa que Nuria me recriminó abofeteándome. Me agarró del pelo y pegó mi cara al suelo.

-Limpia el suelo puta -me gritó con furia.

Como no era algo nuevo para mí, supe inmediatamente que debía hacerlo con mi lengua. Lamí el suelo como una perrita, ¿o una vaca? ¿Quizás una zorra? Ya no sabía que animal era, pero estaba segura que era un animal. Así me trataban y al parecer, a mí me gustaba. Mis bajos seguían humedeciéndose con cada depravación que vivía. Cuando terminé de lamer la leche, Nuria apartó mi boca del suelo y cogiéndome del pelo, secó lo que pudiera quedar en él. Sin soltarme del pelo aprovechó para tirar de él y hacer que me pusiera de rodillas. Volvió a taparme la nariz con sus dedos por lo que yo tuve que abrir la boca para respirar, mientras la miraba con ojos de súplica. Lo había pasado muy mal sin poder respirar, no deseaba repetirlo.

-Esto es lo que te gusta ¿verdad? Abrir tu boca para que te metan cosas dentro ¿no? Pues toma -dijo Nuria, antes de escupirme directamente a mi boca abierta.

Como no me había ordenado que tragara. Me imaginaba que quería que mantuviera su saliva en mi boca. Por suerte podía respirar así. Pero la suerte sabemos que no era mi amiga.

-Venga chicos. Esta vaca se ha quedado con sed. Dadle de beber -dijo ella.

Mis compañeros entendieron a qué se refería y fueron pasando por delante de mí escupiéndome en la boca, mientras mi jefa y antigua amiga me taponaba la nariz. Ni siquiera hice intento de esquivar los escupitajos de mis compañeros. ¿De qué me serviría? Algunos acertaron de lleno en mi boca. Otros como Laura y Carlos tuvieron menos puntería, llenándome la cara de sus babas. El último fue Luis, antes de darle una calada a su apestoso puro, regalándome sus babas con ese asqueroso aroma. No contento con eso, me echó el humo a la cara, una suerte tener la nariz taponada. Todos habían pasado por mi boca y a mí ya me costaba respirar, pero a Nuria no se le habían acabado el repertorio de humillaciones.

-Te encanta tener la boca llena ¿verdad? Pues hay que limpiarla para lo que vas a hacer luego. Venga vaquita, haz gárgaras con lo que te hemos regalado -dijo ella.

Sin soltarme la nariz y después de pedir a mi jefa con la mirada que se apiadara de mí, no me quedó más remedio que hacer lo que me había ordenado. Empecé a hacer gárgaras como si de un enjuague bucal se tratase. Nuevamente, era más la humillación que el hecho en sí de estar usando las babas de mis compañeros como colutorio. Pero según pasaron los segundos meneando aquella mezcla en mi boca, me empezó a faltar el aire. Intenté hacer saber a Nuria que me faltaba el aire, siempre sin dejar de hacer gárgaras como ella me había ordenado, pero sólo la veía sonreír con superioridad mientras apretaba más fuerte mi nariz.

-¿Te asfixias puta? Yo también lo hacía cuando me hiciste tragar esa polla de goma en mi casa. Y tú te encargaste de que toda la tienda lo viera. Te mereces asfixiarte con los escupitajos de aquellos a los que tan fielmente sirves. Pero sería una pena. Me han prometido que me lo iba a pasar muy bien esta noche. ¿Quieres tragar? -me preguntó Nuria, a lo que yo no pude más que mover mi cabeza mientras seguía haciendo gárgaras ya casi sin aire.

-¡Traga puta! -gritó ella, obedeciéndola yo al instante.

Ya con la boca vacía y respirando ahogadamente por ella, Nuria soltó mi nariz y dándome un sonoro bofetón en la cara se fue hacia Víctor.

-¿Quieres tu premio? -le dijo, mientras se terminaba de quitar lo poco que le quedaba de ropa y se tumbaba en el suelo acariciándose los pechos.

-Por supuesto tetona -dijo él, imitándola en cuanto a la ropa.

Luis se acercó a mí y me metió un dedo en la boca mientras me decía que mirase bien lo putas que eran todas en el súper. Sumisamente, como ya sabía que debía comportarme con él, le chupé el dedo con sabor a puro, sin quitar ojo de la escena que protagonizaba mi querida jefa.

-Vero, tráeme el vaso de leche que ha ordeñado Víctor -pidió Nuria a nuestra compañera.

Vero se lo llevó, sin saber para qué lo quería, pero ansiosa por conocerlo. Víctor ya se había sentado encima de la tripa de mi compañera lesbiana y restregaba su tiesa polla entre los grandes pechos de ella. Ésta le entregó el vaso de leche a Víctor y con sus manos, juntó sus tetas aprisionando el pene de él, que desaparecía prácticamente entero entre aquellas dos ubres. Víctor sin saber qué hacer con el vaso, lo mantuvo en la mano mientras empezó a follarse las tetas de mi compañera. Estaba fuera de sí, seguro que Vero le había dejado a punto de correrse y ahora estaba deseando hacerlo en las tetas de la panadera. Pero Nuria sí sabía para qué quería la leche.

-Venga Vic. No seas tonto. Tienes la leche de las tetas de esa Vaca ¿No se te ocurre para qué puede servir? -dijo ella con lujuria.

Aquello debió despertar la imaginación de Víctor, que con una sonrisa empezó a verter la leche de mis pechos, sobre los de Nuria. Estaban usando mi leche materna como lubricante para una cubana. Víctor mojó los pezones y recorrió con la leche el canalillo de Nuria hasta llegar a su boca, que ella abrió para probar las últimas gotas que quedaban en el vaso. Y en mis tetas, pues me miré disimuladamente, siempre sin dejar de chupar el dedo de Luis, y estaban desinfladas y rojas. Yo diría que hasta caídas. No me sentía sexy. Al contrario de cómo veía a Nuria, con sus pechos brillantes de mi leche y la punta de la polla de Víctor luchando por asomar junto a su boca. Él estaba disfrutando como un niño con aquella cubana, lo normal. Pero la cara de ella era de lujuria. Tenía la cabeza levantada y la boca abierta con la lengua fuera, tratando de llegar a la punta de su polla. Mi compañera lesbiana estaba luchando por lamer un pene. Todo era muy surrealista. Veía cómo se frotaba los muslos y cómo estos estaban brillantes. Y no era de mi leche.

-Venga Vaquita. Cómeme el coño -gritó ella desesperada por sentir algo más que el roce de sus piernas.

Miré a Luis pidiéndole permiso. Aunque Nuria era la que se estaba vengando de mí, yo sentía que pertenecía más a aquel viejo que a mi jefa y amiga. No lo entendía muy bien, pero en mi cabeza había una jerarquía establecida. Y Luis estaba de los primeros, justo después de Mario y Elena. Tenía todo muy confuso, pero aquello y que era una puta que debía obedecer, lo tenía claro como el agua. Luis sacó el dedo de mi boca y me dijo que lo hiciera, por lo que no dudé en cumplir la orden, que de todas las que me habían dado, creo que era la que más me apetecía. Estando agachada, con la cara entre las piernas de Nuria dejaba mi culo otra vez expuesto. Sentí miedo, pues ahora no veía nada, solo podía oler el coño de ella y escuchar los gemidos de ambos. Desconecté mi mente, mi labor allí era comerme el coño que tenía delante y eso hice. Lamí primero suavemente sus labios, para luego centrarme en el clítoris. Un par de veces intenté meter mi lengua para penetrarla, como había hecho antes con la polla de mi boca. Pero noté que Nuria disfrutaba más de mi trabajo en su botoncito. Allí estaba yo meneando mi lengua con ritmo, cuando escuché como se corría Víctor. A los pocos segundos fue ella la que llegó al orgasmo gracias a mi lengua. Cuando se relajó, me quedé un rato más lamiendo suavemente sus labios, limpiando bien su coño, como sabía que debía hacer una puta como yo. Tuve que dejar mi limpieza cuando tiraron de mi cola.

-Vamos puta, ahora me toca a mí -dijo Luis.

Era él quien tiraba de mi cola, haciéndome caminar a cuatro patas y hacia atrás. Con una mirada rápida, vi como Víctor se apartaba de encima de mi compañera y pude apreciar los pechos de ella manchados con otra leche más que la mía. Pero también su cara y hasta sus labios estaban llenos de su corrida. Víctor se había corrido a gusto encima de la lesbiana de la tienda. Y ella se había corrido justo después de recibirla en su cuerpo. Un nuevo tirón, hizo que el dolor punzante en mi culo me sacara de esos pensamientos y recordara que Luis quería su parte.

-Vamos Evita. No pensaras que yo voy a ser el único sin correrme. Pero yo lo haré en tu culo. Yo seré quien te termine de romper ese culo al que tantas ganas le tengo -dijo Luis.

Escuchar aquella amenaza mientras tiraba de la cola recordándome, si es que alguna vez había olvidado, el estado de mi agujero trasero, hizo que yo entrara en pánico. No podía soportar ni un movimiento más en mi culo. Como para pensar en que me lo fuese a follar el sádico de Luis. Empecé a implorar como una loca, a la vez que caminaba lo más rápido posible como una perra y hacia atrás. Cada tirón que él me daba me provocaba un dolor punzante, pero el plug no se movía de su sitio. Con todas las veces que me lo habían sacado de golpe y lo bien que se encajaba, raro era que no me hubieran roto ya el culo. Tenía que convencerlo, conseguir que por una vez se apiadara de mí.

-No,no,no. Por favor Luis. Te lo suplico. Me duele muchísimo. ¡No tires! ¡Noooo!.- gritaba yo con lágrimas en los ojos.

-Me da absolutamente igual lo que te duela. De hecho, casi me pone más cachondo ver como gritas mientras te sodomizo –me contestó el viejo.

-¡Nooooo! ¡Luis! Es imposible. Me duele… no puedo… te lo suplico -seguía yo diciéndole.

-¡Calla puta! Estate quieta que te voy a sacar esto para meterte otra cosita mejor -me dijo él, dejando de tirar de la cola.

Luis apoyó el pie en mi culo con la intención de tirar y sacármelo de golpe, como antes habían estado haciendo. No. No podía. No podía soportarlo ni una vez más. Quería, de verdad que sí. Pero mi cuerpo no podía aguantar más dolor. No podía convencerle, lo único que me quedaba era intentar alejarme de él e impedirle que me sacara lo que me estaba reventando el culo y a la vez, protegiéndome de que Luis me sodomizara. Me tenía agarrada por la cola, no podía ir muy lejos. Mi única escapatoria era gatear como una perra. Y eso fue lo que hice. Empecé a andar en círculos sujeta por la cola, intentando escapar del pie de Luis. Aquello provocó las risas de todos, por ver a la vaca con sus cuernos en la cabeza, dar vueltas y vueltas, mientras Luis tiraba de los pelos de la cola y me daba patadas en el culo intentando cazarme.

-¡Para puta vaca! ¡Ven aquí que te voy a reventar el culo! -me gritaba él, entre enfadado y divertido por mi patética actuación.

Gracias a que el viejo no estaba en muy buena forma, conseguía mantener la distancia justa que me dejaba la cola. Pero yo tampoco aguantaría mucho con esa estúpida estrategia. Correr a cuatro patas era agotador y más después del día que llevaba. Estaba sudando, casi sin respiración y con las manos y rodillas doloridas. Por no hablar de mi culo, que si ya estaba destrozado, los continuos tirones y patadas de Luis me hacían aullar continuamente. Fue una de esas patadas la que consiguió hacerme perder el equilibrio y caer casi de cara contra el suelo. Ya no podía más. Estaba acabada. Mi cuerpo cansado y dolorido. Con mi ano palpitando del dolor. Era inútil. Me rendí. Me había quedado con la cara en el suelo y el culo en pompa. Ni siquiera tenía fuerzas para moverme, por lo que se lo dejé muy fácil a Luis. Noté cómo volvía a apoyar su pie en mi nalga. Sabía lo que iba a suceder. No sabía si lo aguantaría. Si lloraría más de lo que ya lo estaba haciendo. O si simplemente me desmayaría y Luis me sodomizaría estando yo inconsciente. Casi rezaba porque fuera la última opción. Sentí un primer tirón y un grito desesperado salió de mi boca. De repente, sin saber cómo, escuché su voz.

-¡Pero qué coño hacéis! ¡Suelta eso ahora mismo! -gritó Elena.

No sabía si había llamado a la puerta o cómo había entrado, pero estaba allí. Elena. Mi Ama. Había llegado en el momento justo y había detenido a Luis. Mi cuerpo me pedía derrumbarme contra el suelo. Pero mi sentimiento de sumisión hacia ella sabía que mi postura, con el culo en pompa, era la adecuada para esperar a mi Ama.

-No jodas Elena. La puta está para que la usemos todos -dijo Luis enfadado.

-¿Pero no te das cuenta de que la vais a reventar? Queda toda la noche por delante. Si la rompéis ya nos quedamos sin juguete. Piensa un poco con la cabeza y no con la polla -contestó Elena.

Esa cría, muchísimo más joven que Luis, había conseguido dejarle calladito y con las ganas de follarme. Creo que nunca me había alegrado más de que Elena tuviera planes para mí. Todos se quedaron callados, esperando a que Elena dijera qué hacer. Yo no me atrevía a levantar la cabeza, sólo podía escuchar su voz. Y ahora el ruido de sus tacones andar por el salón y volver hacia mí.

-Levanta Evita -me ordenó mi Ama.

Casi sin fuerzas, pero con todas las ganas posibles de obedecer a mi Ama, me incorporé hasta ponerme de rodillas. Con sus finos dedos me hizo levantar la mirada que yo mantenía en el suelo y por fin la vi. Estaba preciosa. Llevaba un corto vestido rojo. Cortísimo para ser francos. Y muy ajustado a su cuerpo. Un escote, que sin ser obsceno como los que yo llevaba últimamente, era espectacular. Sus preciosos pechos operados resaltaban sobre la fina tela del vestido. Nunca había visto a una mujer tan bella y espectacular ¿Qué me pasaba con esa niña? ¿Por qué me volvía tan loca? Elena enganchó la correa a mi collar, que ya había olvidado que llevaba al cuello y dándose la vuelta, dejándome admirar su precioso culo, dijo:

-Sígueme Evita.

Ya estaba yo apoyando mis manos en el suelo para seguir aquel precioso culo a donde quisiera que fuera, cuando Elena volvió a hablar:

-Y tú espera ahí perrita. Ahora vuelvo a por ti.

Aquello me sorprendió e instintivamente busqué con la mirada a quién dedicaba aquella orden. Entonces la vi. Una mujer, arrodillada de espaldas a mí, con una larga melena pelirroja. Sólo pude echar una mirada furtiva antes de que Elena me reclamara para ella.

-Vamos zorra. Sígueme –dijo Elena, dejándome con la intriga de quién era aquella mujer. O más bien, aquella otra perra de mi Ama.

Como una perra apaleada, seguí a mi dueña a cuatro patas. Elena empezó a subir las escaleras contoneando sus caderas. Como pude, pues nunca lo había hecho a cuatro patas, la seguí subiendo uno a uno los escalones. Ninguno de mis compañeros dijo nada. Elena se estaba llevando la diversión lejos de ellos, pero ninguno se quejó. Esa niña tenía el don de hacer lo que quería y con quien quería.

Fue directa al baño del piso de arriba y la seguí temblorosa. Bajó la taza del wáter y se sentó en él. Yo esperaba de rodillas a que me dijera qué hacer. Nunca sabía lo que me esperaba, pero ahora, extrañamente me sentía a salvo.

-Ven aquí. Sube perrita -me dijo, señalando su regazo.

Fui hacia ella y me acomodó sobre sus piernas, con mi tripa en sus desnudos muslos. Volvía a tener mi dolorido culo expuesto. Pero esta vez me daba igual. Era Elena. Ella podía hacer lo que quisiera con mi cuerpo. Si quería seguir con mi tortura anal, estaba en su derecho. Su mano fue directa a mi plug. Me tensé por el miedo. Pero ella me calmó acariciándome el pelo, nuevamente como una perrita. Si, era humillante que te acaricien como una perra mientras te sacan un plug con cola del culo. Pero yo estaba en la gloria. Me sentía querida. Despacio y con delicadeza me sacó el tapón casi sin hacerme daño.

-Buena chica. De rodillas -me ordenó.

Casi me tiré al suelo para obedecerla. Ella abrió por un momento sus piernas, dejándome ver el tanga que ocultaba su sexo. Lo que hubiera dado porque me ordenara que se lo comiera allí mismo, sentada en el wáter. Pero no, me ordenó que besara sus pies. Cosa que hice con sumo gusto. Besando cada centímetro de sus zapatos de tacón, para después pasar a lamerlos suavemente con mi lengua. Como intentando darle las gracias por lo que había hecho por mí. Elena se apartó de mí, dejándome dando lamidas al aire. Abrió el grifo de la bañera y me dijo:

-Te espera una noche muy larga y dura. Vas a ser utilizada por todos y tendrás sorpresas que no creo que puedas imaginarte. Báñate, lava todos tus agujeros y ve a la cama de Luis a dormir. Todavía quedan unas horas para que lleguen todos los invitados. Esta noche descubrirás lo puta que eres.

Soltó la correa de mi collar, dio media vuelta y salió del baño. Me quedé allí, de rodillas. Intentando asimilar o comprender lo que me había dicho. Me di cuenta que ni siquiera recordaba todo lo que me acaba de salir de su boca. Me había perdido en sus labios mientras hablaba. Además, lo que de verdad me preocupaba, por estúpido que pareciera, era aquella perra pelirroja. ¿Quién sería? ¿Desde cuándo tendría mi Ama otra sumisa? ¿Eran celos lo que sentía? Mi cabeza era un mar de ideas y sentimientos, no tenía nada claro. Solo sabía, que mi dueña quería que me aseara y descansara para ser una puta esa noche. Intenté ponerme en pie, pero las piernas me fallaron. Llevaba mucho tiempo ya de rodillas. ¿Se me habría olvidado andar? Gateé hasta la bañera y como pude entré en ella. Me relajé mientras me lavaba, poniendo especial atención en mis agujeros, como Elena me había ordenado. Me lavé la boca con la misma agua de la bañera, pues no consideraba que un animal lo hiciera de otro modo. Como podía pensar así de mi misma…

Salí de la bañera. Mis piernas ya me respondían. Me sequé fugazmente y fui directa a la habitación de Luis. Estaba muerta. Necesitaba dormir. Me tiré en la cama, con mi collar de perra como único atuendo. Pensé en un momento en Rubén. En mi vida. Mi vida perfecta y ejemplar. Eso se había acabado. Ya todos sabían que era una puta. Que había sido infiel a mi marido, no con Mario, con todos. Hasta mi hermana sabía que mis compañeros me trataban como una zorra sumisa. Mi vida se había acabado, ya solo podía continuar con esto. Ya solo podía obedecer. Obedecer y disfrutar. Si, lo tenía claro. Por fin. Disfrutaba obedeciendo. Disfrutaba siendo humillada y vejada por mis compañeros. Sin darme cuenta tenía mi mano en el coño. Estaba empapada. Quería masturbarme, pero no. No podía. Metí mis manos bajo la almohada, como intentando evitar que me tocara en sueños. Apreté mis muslos para sentir el roce en mi coño. Y me dormí.

 

Espero que la historia no esté perdiendo fuelle. Prometo no alargarme demasiado para continuar la historia y darle un final, al menos, decente.

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