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Fecha: 13-Jul-17 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Hermano y Hermana se enseñan mutuamente

JoseArg
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José tiene 18 años y se muda a vivir con su hermana Karina de 22. José es un joven académicamente descollante, pero socialmente tímido. Karina no estudia mucho, ha tirado casi 4 años a la marchanta, pero se ha cogido a media facultad. Ahora les toca convivir y deciden ayudarse y enseñarse mutuamente Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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No le llevó mucho a José darse cuenta de que su hermana no había progresado en absoluto en todos esos años de estudio: seguía cursando materias de primer año: Matematica I, Quimica II e Introducción a la Física. Cuando tuvieron esa conversación, Karina se quebró: se lo había pasado de 10, “de fiesta en fiesta y de pija en pija”, le gustaba describirlo, pero ahora estaba desesperada: no había progreso y debería pronto tomar una decisión.

José no le reprochó nada en absoluto, al contrario, la consoló y le dio ideas para quebrar ese círculo vicioso. La más concreta que le propuso fue estudiar juntos y prepararla para los exámenes parciales. Karina le agradeció y no solo aceptó, sino que le pidió que no la dejara abandonar el plan:

No solo quiero estudiar con vos, quiero que no me dejes escapar, Nene. Si me ves queriendo abandonar o haciéndome la vaga, no dudes en decirlo, en “apretarme”.

Los dos rieron y José se tomó muy enserio su nueva función de “tutor” de su propia hermana. Estudiaban juntos todos los días. José la ayudaba con sus tareas y hasta le daba ejercicios extra. José era increíblemente didáctico y explicaba mejor que cualquier profesor. Karina enseguida empezó a valorar a su hermano. Era un amigo y un compañero de estudios. Además, era un tipo muy divertido. Hacía chistes continuamente, la mayoría eran chistes de “nerd”… pero no todos. Y José siempre tenía una visión optimista y positiva de todo. Incluso le cayó tan bien a su hermana que la chica come hombres pensaba para sus adentros

“si no fuera mi hermano, le recompensaría todas estas atenciones y su ayuda en el estudio cogiéndomelo!”

A primera vista no era un tipo demasiado buenmozo, pero no estaba mal tampoco. Era medio gordito, lo físico no era su fuerte. No muy alto, para nada musculoso. Se vestía bien, pero no “trendy”, como los flacos que a ella le gustaba destroncarse. Pero tenía algo que lo hacía atractivo: sonreía, era ocurrente, era muy inteligente sin ser pedante y sabia escuchar. Cuando ella estaba frustrada por algo él la escuchaba y le preguntaba, le daba ánimo. No le hubiera importado cogérselo. Lo imaginaba “super virgen” porque se la pasaba estudiando y no salía y, que ella supiera, José no había tenido novia antes. La idea de hacer debutar a un pendejo así la calentaba, realmente. Era lo único que le faltaba para cerrar la facultad.

José disfrutaba estudiando con su hermana. Ella no era una burra. Al contrario, era inteligentísima, pero nunca se había preocupado por estudiar. Ahora, con su guía, ella hacia grandes progresos. Además… estaba más buena que comer pollo con la mano. Era flaca, con unas caderas y unas tetas pronunciadísimas. Pelo negro y una piel que, sin ser morena, adquiría un bronceado fabuloso con unas pocas horas de exposición al sol. Tenía mirada y sonrisa gatuna, le gustaba morderse el labio para expresar admiración. Olía siempre bien, se maquillaba y arreglaba el pelo como una modelo. Era un monumento a la sensualidad.

A medida que se acercaban los parciales el ritmo de estudio aumentaba. José era el que llevaba la agenda y se lo comunicaba a su hermana.

Kari, este finde vamos a necesitar sentarnos a estudiar. Si querés podemos darle con todo el viernes y sábado todo el día. Podés salir el sábado por la noche, pero no regreses tarde, ni borracha, porque el domingo por la tarde tenemos que hacer el repaso final. Si querés salir el viernes, OK. Podemos arrancar a estudiar sábado al mediodía pero vamos a tener que darle hasta la noche y acostarnos no muy tarde para levantarnos a seguir estudiando todo el domingo. Como vos quieras. A mí me da igual.

Karina apreciaba que su hermano le diera opciones. Él le daba importancia al estudio juntos y también a las salidas de ella.

¿Nene, realmente te parece que da para salir? ¡No quiero arriesgar nada, eh! Por primera vez creo que puedo estar bien preparada.

Karina se sorprendió a si misma ofreciendo no salir para estudiar. Increíble. Pero real.

¡Por supuesto que da para que salgas, hermanita! No regreses hecha una piltrafa, claro, jajaja. Pero claro que es posible estudiar y salir a la vez. ¡Tampoco es que sos una monja de clausura! ¡Sos una estudiante universitaria!!! Jajajaa

Ambos reían y Karina hizo planes con sus amigas para salir a tomar algo, tranqui, el viernes. Durante su salida no hacía mas que hablar de su hermano, de cómo le ayudaba, de cómo se divertían. Y las amigas incluso bromearon:

¡Bueno, bueno! ¡Pero no parás de hablar de José! Si no fuera tu hermano, cualquiera pensarías que te lo estas cogiendo. jajaja

Karina se subía al chiste, como siempre sin pelos en la lengua: ¿quién te dice? A lo mejor termino tan feliz de aprobar, pero tan necesitada de sexo por no salir y dedicarme al estudio todo el día, que me termino cogiendo a mi propio hermanito jajaja.

José decidió ir a comer con sus amigos y hablar cosas de nerds: estudio, desarrollos tecnológicos y cosas por el estilo. Las cargadas por su hermana también le llovieron.

¿Y José? ¿Como es estudiar con la mejor mina de la facultad? Si yo tuviera que explicarle a tu hermana, no sé si podría. Esta super buena. Creo que viviría haciéndome la paja pensando en ella. (los nerds no se planteaban cogerse a la mina sino pajearse con ella)

José también bromeaba: Bueno, una pajita no tiene nada de malo y mi hermana está tan buena que creo que en cualquier momento me clavo una pensando en ella jajaja.

Los dos regresaron no muy tarde y para el sábado a media mañana ambos estaban levantados. Juntos arreglaron el apartamento, cocinaron en abundancia para tener todo el finde y se sentaron a estudiar casi a mediodía.

Karina estaba sorprendida de si misma: ¿estaba estudiando un sábado? ¿No se había levantado con resaca? ¿Estaba realmente entendiendo los ejercicios de matemáticas?

El que no parecía sorprendido era José. A cada rato le daba palabras de aliento:

¡Esa es mi hermana mayor! ¡Bien hecho! Ese ejercicio que acabas de resolver es del nivel más difícil. ¡Yo sabía que vos, si apoyas ese hermoso culo en la silla, podes andar bien en cualquier materia!

 

¿DISCULPE USTED?????? ¿Como que “hermoso culo”? ¿Que clase de comentario es ese, Sr. Tutor??? Bromeaba ella, coqueteando con la fruta prohibida

Emmm… jejeje. No debí decirlo… pero tenés una cola espectacular. Y si bien es casi un desperdicio mantenerla aplastada en una silla, este parcial es clave. Así que… que me perdone la humanidad masculina por retenerlo aquí, en esta sala de estudios, cuando debiera estar bamboleándose y arrancando suspiros en el centro de la ciudad. Jajaja.

Ambos reían como locos y Karina aprovechaba a pararse y caminar por el living revoleando el culo. José aplaudía, le silbaba y se agarraba la cabeza o simulaba sufrir un ataque al corazón y caer de la silla en el preciso instante que su hermana le refregaba los glúteos contra su hombro izquierdo.

El sábado a las 10 PM fue José el que propuso salir a tomar algo y regresar a dormir muy temprano. Le gustaba tanto su hermana (¿estudiar con su hermana?) que quería prolongar el momento con una salida.

Hermanita: te ganaste una salida extra. Cambiate que te invito a tomar algo al pub. Te mereces el trago…. Y yo quiero que todos lo cabrones de la facultad me vean con la mina más buena de la carrera.

 

¡Ahhh!!!! ¡Pero que zonzo este maestro ciruela! ¡Se quiere dar el premio de mostrarse frente a la comunidad estudiantil con este minón!

Mientras lo decía, Karina se tocaba las tetas y bajaba las manos hasta sus caderas siguiendo sus perfectas curvas mientras le guiñaba el ojo y le tiraba un beso. Entre risas y cargadas mutuas se fueron a cambiar y salieron con la promesa mutua de estar de vuelta antes de medianoche.

En el Pub había buena música. José cantó varias canciones en perfecto inglés (que derritió a su hermana, porque se las cantaba al oído para no ser ahogado por el bullicio del bar). Karina se dedicó 100% a su hermano y rechazó a varios flacos que se le acercaron para invitarle una copa o sacarla a bailar.

¿No ves que estoy con otro, boludo? Borrate, flaco, estoy con él. Inténtalo otro día que no me veas acompañada, che.

Uno tras otro los iba peloteando y ambos luego reían cómplices porque muchos creían que eran pareja.

“la ley del embudo” dijo uno, “la mina más buena con el más boludo”.

Lejos de ofenderse se burlaron y rieron de los borrachines que no podían dar crédito a la pareja dispareja: el minón con el nerd.

No se besaron, en público hubiera sido mucho, pero salieron del bar abrazados y regresaron a la casa de la mano para dar que hablar a los giles. El Domingo comenzaron más temprano que el sábado y estudiaron juntos, testeándose mutuamente, ayudándose. José era impresionante. Resolvía todo tipo de problemas matemáticos, pero Karina estuvo muy bien también. Al final del día ella le confesó lo que había pensado varias veces.

Nene, doy gracias que seas mi hermano. Sos genial! ¡Doy gracias especialmente porque estudiar y pasar tiempo con vos es tan pero tan divertido! Y menos mal que sos mi hermano. ¡Porque si no lo fueras ya te hubiera cogido y se hubiera ido el estudio a la mierda! Jajaja

José se avergonzó un poco. Él se sentía atraído por su hermana. Y cuando se sentía atraído por una mujer se ponía incómodo si esta se le insinuaba. Eso no lo podía resolver como a una ecuación diferencial. Pero como siempre que se sentía avergonzado, intentaba salir a adelante con una ocurrencia graciosa.

Eeemmm… que mala suerte! ¿Ni así voy a poder ponerla, che??? Jajaja

¡TARADOOOO!!!! Jajaja. Sos un tipo muy divertido. Podrías cogerte a la que vos quisieras si te comportaras como te comportaste este finde conmigo: confiado, tranquilo y tan inteligente. ¡Sos realmente un tipo genial!

Ambos rieron y José le explicó que cuando le gustaba alguien mucho se ponía incómodo y que solo podía salir de la incomodidad haciéndose el tonto, el nerd y que eso espantaba a las chicas. José sabía que podía generar interés en una chica, pero no sabía cómo dar el último paso. Confesar eso lo desarmó un poco. Ella le dijo que eso de hacerse el tonto o el nerd, usado con moderación, era realmente atractivo. Y terminaron el día con una promesa:

Enano, te prometo algo: si me seguís ayudando a mejorar en la facu, yo te voy a enseñar como levantarte y cogerte minas.

¿SÍ? Pero… ¿Minas tan buenas como vos? Por menos no hay trato jajaja

Jjaajaja… No, eso no es posible, porque yo soy la mejor jajajaja.

Se fueron a dormir entre risas y promesas de ayudarse y enseñarse mutuamente.

En la semana les fue genial a ambos en sus exámenes y decidieron aprovechar el envión para seguir estudiando para otras materias. Siempre alternando salidas, (cada uno con su grupo, o los dos juntos) con estudio intenso.

En una de esas sesiones de estudio, mientras José se inclinaba sobre su hermana para revisarle unos ejercicios de estequiometria, Karina le dio la primer lección de cómo encararse minas.

¿Ves cómo estamos ahora, así de cerca, Nene?

Cuando José levantó la vista del papel se encontró a su hermana mirándolo a los ojos tan de cerca que sus narices se hubieran rozado si alguno se inclinaba hacia el otro. José no respondió, se puso colorado. Y antes que reaccionara con un chiste tonto para salir del paso, su hermana siguió con la lección.

Bueno. En ese momento es que vos tendrías que inclinarte hacia adelante sin dejar de mirar a la chica y buscarle su boca con la tuya. No preguntes, no propongas nada, solo lánzate al beso.

(nervioso) Yyyyy… si me rechaza? Tragame tierra.

(sonriendo gatunamente) No te va a rechazar, tonto. Si te mantiene la mirada por más de 3 segundos a esta distancia, es porque quiere que la beses. ¿Has besado a alguien antes?

José asintió con su cabeza sin retirarle la mirada. Ambos se sentían respirar. Ella dio el paso.

¿A ver que sabes hacer? Seguime.

Kari comenzó a acercarse sin dejar de mirarlo a los ojos y cuando sus narices se rozaron y las cabezas se inclinaron en direcciones opuestas para dejar que las bocas se encontraran, ambos cerraron los ojos y se besaron suavemente. Karina puso una mano sobre la pierna de su hermano y con la otra rodeó su cuello para estimularlo a seguir en vez de apartarse después del primer contacto. José soltó el lápiz y puso la mano en el costado de su hermana y con la otra mano sostuvo su cuello suavemente.

El beso prosiguió. Ambos abrieron las bocas y las lenguas se rozaron. Como dos serpientes temerosas, después de tocarse se retiraron. Y se volvieron a acercar más decididamente. Lo hicieron así varias veces, cada uno esperando que el otro empujara y se separara. Pero lejos de eso, se aferraban más mutuamente. La lengua de José, en una analogía de sexo macho-hembra penetró la boca de su hermana con ímpetu y decisión. Y luego, al retirarse y amenazar a separar las bocas, se le abalanzó nuevamente y le mordió el labio, la lamió y volvió a internar la lengua en la jugosa boca de la hermana. Después de eso se separaron acalorados los dos.

¡PENDEJOOOO!!!! ¡Vos tenés mucha experiencia besandooo!!!! ¡Eso fue espectacular!

Te juro que no, Kari, sos la tercera chica que beso en mi vida y este ha sido mi beso mas largo. ¿Lo hice bien? José sentía que había estado bien, pero su inexperiencia requería confirmación verbal.

¿BIEN? ¿Que si lo hiciste bien, cabrón? ¡Besas mejor que como resuelves ecuaciones!!! Jajaja

José estalló a carcajadas y se pusieron a hablar de la poca experiencia de José. Hablaron del beso, de como se había sentido y Karina le reaseguró que tenía dotes para besar riquísimo.

Después de eso, siguieron estudiando, a pesar de que ambos querían continuar besándose. No puede decirse que estudiaron “como si nada”, porque “algo” acababa de pasar, pero siguieron esmerándose por estudiar prestando atención a su trabajo. Mas que nada porque José se puso serio. Porque si hubiera sido por su hermana, hubieran seguido “practicando”.

Al terminar la Jornada José ofreció que Karina podía tener una noche libre para salir con amigas…

O con algún “amigo”. José insinuó con un dejo de celos y picardía.

Pero Karina lo rechazó y propuso que era el turno de ella enseñarle más. Le propuso seguir practicando besos, como por la tarde.

Era una mera excusa. Ella había quedado caliente y quería provocar a su hermano, a ver hasta donde era capaz de llegar el virginal estudiante estrella.

Vamos al sillón y pongamos una peli romántica. Yo voy a hacer como si fuera tu chica y vos podés intentar besarme y acariciarme. Imagínate que soy tu primera cita. ¿Como lo harías?

José, ni lerdo ni perezoso, propuso bañarse y cambiarse, arreglarse como para una cita, y que él iba a preparar una picada. Ambos rieron y se retiraron a acicalarse. José fue primero y mientras Karina se bañaba, cambiaba y arreglaba, él acomodó todo el living, puso una picada, abrió un vino y la esperó con una peli romántica en Netflix.

Karina estaba fantástica. Tenía una minifalda morada y una camisita sin mangas al tono. Las curvas se le realzaban: un culo espectacular, piernas perfectas. Tetas grandotas y redondas por naturaleza y con ayuda del corpiño que las empujaba hacia arriba, mas aún. Se había maquillado como una diosa. Se había hecho bucles en el pelo y calzaba zapatos de tacón y accesorios varios: collares, pulseras. El perfume que usaba era embriagador. Estaba espectacular.

Es para hacerte poner nervioso, enano. Una cosa es que te animes a robarle un beso a una burrita cualquiera de la Facu, la otra es ver si podés hacerlo con un hembrón así.

Y dicho eso dió un giro para exhibirse frente a su boquiabierto hermano menor. José sintió como su virginal verga se henchía de sangre y palpitaba. No le importó que fuera con su hermana. Se sentía espectacular.

Se sentaron en el sofá y comenzaron a conversar naturalmente: de lo que había preparado para comer. De los ejercicios del día. Del tipo de películas que les gustaba. De música. Era como una cita de dos universitarios un sábado por la noche. Se tocaban las manos y hombros, reían, se miraban con picardía y coqueteaban mutuamente. Cuando comenzó la peli, Karina se abrazó a su hermano, apoyando la cabeza sobre su pecho y mientras miraban la peli lo acariciaba en la pierna, el cuello, el pecho. Al cabo de un rato, y sin quitar la vista de la tele, prosiguió con las caricias y con su lección.

¿Ves, Nene? Cuando una chica está mirando la peli con vos y te empieza a “sobar” así, te está invitando a que vos la correspondas. Podés iniciar tus toqueteos sin miedo. Paso a paso, viendo cómo responde ella. ¿Entendés?

Casi automáticamente y antes que terminara su “lección”, José ya la acariciaba. Comenzó recorriendo sus brazos desnudos y a hacerle “peine de dedos” usando sus dedos entreabiertos para peinar el largo cabello de su hermana. Ella suspiró sin parar de acariciar a su hermano y José abrió sus piernas, como invitándola a acceder a su bulto. Karina comenzó a sobar la cara interna de los muslos de su hermano, procurando evitar que su mano acariciara la entrepierna. Pero inevitablemente su codo y antebrazo rozaban lo que parecía un bulto enorme, duro y palpitante. José besó inocentemente en la cabeza, sobre el cabello y le susurró que olía fantástico, y su hermana dejó la cómoda almohada proporcionada por el fofo pecho del hermano estudioso y miró hacia arriba, hacia la cara de José. José la estaba esperando y le comió la boca sin dudarlo. Se trenzaron en un beso largo e intenso que tomó a Karina por sorpresa.

¿Estuvo bien? Preguntó el estudioso joven, buscando reafirmación verbal de lo que la actitud de su hermana le confirmaba: la estaba besando maravillosamente rico.

Mucho más que bien, hermanito. Dijo Karina sin apartar la vista (ni la boca) de la cara de su hermano, y resumió el beso apasionado, esta vez intercambiando penetraciones orales con las lenguas, enroscándolas una con otra, mordiéndose los labios el uno al otro. La mano de Kari ya sobaba el bulto de su hermano con total impunidad. Lo sentía palpitar y lo percibía ENORME. Pero ella sabía que las capas de ropa solían engañar un poco.

Cuando se separaron brevemente, José pasó sus manos por debajo de las axilas de su hermana mayor y la levantó. Ella instintivamente voleó la pierna por encima de las piernas de su hermano sentado en el sofá y lo montó cara a cara. Sus frentes se apoyaron una en otra. La minifalda de ella estaba totalmente descorrida hacia arriba y la tanguita apenas separaba la vulva del bulto cubierto por el pantalón de jean de su hermano.  Con las frentes pegadas se miraron sonriendo lujuriosamente por un instante, antes de recomenzar con los besos apasionados. Ahora las manos de ella sostenían con ternura el cuello y la cara de él. Y las manos de su hermano se aferraban fuerte a los huesos de la cadera de Karina, y usándolos a modo de asa, la atraía con fuerza hacia él. Karina suspiró y levantó la cabeza al techo cuando el lítico bulto de su hermano cubierto por la áspera tela del pantalón se fregó contra su carnosa y mojada entrepierna. Con la cara apuntando al techo y los ojos cerrados, Karina comenzó a balbucear una instrucción más de la lección más caliente que daba en su vida.

Dale pendejo… uffff…. Ahora al cuello, al cue…. ahhhhh

Fue interrumpida por la boca de José, su virginal hermano menor, lamiéndole el cuello de abajo arriba. Subiendo por su mentón para morderle la boca y volviendo a bajar por la comisura de los labios y la línea de la mandíbula, besándola húmeda y velozmente decenas, centenas, de veces y recorriendo milímetro a milímetro de la piel de la joven hasta apoyarse nuevamente en la base del cuello de ella, donde nacía su hombro. La besó, la lamió, y hasta se atrevió a darle mordiscos suaves. Ella temblaba y solo atinaba a proferir ruidos guturales al oído del hermano, que sonaban a un ¡“10 puntos! Aprobado con distinción” en la escala de una exigente maestra del sexo, como era ella.

¡Si, Nene! ¡Si! Déjate llevar por tus instintos. Así se trabaja a una mujer, pendejo, no pares. ¡No pares! Le decía su incestuosa hermana al oído mientras mordía y chupaba el lóbulo de la oreja del hermano a la vez que movía sus caderas en círculos para fregarse y refregarlo.

José siguió con la faena y comenzó a subir las manos por los costados de la chica, para llegar a a sobarle las tetas por encima de la camisa. Primero de costado y luego impunemente estrujándoselas de frente. Podía explorar las redondeces y la firmeza de un par de tetas de una chica de veintipico y sentir los pezones erguidos, puntudos y sólidos a través de las dos capas de fina tela que vestía su hermana. Ella lo guiaba

Eso, eso, Nene, usa tus yemas y tus uñas para arañar los pezones sin parar de besarla (hablaba como si fueran instrucciones para que sedujera a otra mujer, no a ella). Y si ella te da señales de placer sin apartarte la mano, despréndele los botones… ¡ahhhh! ¡siiii!!!

José era un alumno avispado. No había terminado su hermana de decir “deprend…” que ya le había hecho saltar 2 botones de su ojal y se encontraba besando la imponente canaleta que formaban las dos enormes y tiesas tetas de Karina (exagerada, claro, por el corpiño push-up que vestía la universitaria). Las manos de Karina se posaron sobre el pelo de José acariciándolo, apretándolo, revolviéndolo y atrayendo su boca hacia su pecho. Y no le hicieron falta instrucciones verbales al joven, que siguió abriendo la camisa de su caliente hermana y procedió a descorrer una taza del corpiño y chupetear la teta derecha y el respectivo pezón de la chica. Cuando dejó esa teta y pasó a la otra, el pezón quedó apenas asomando por sobre el borde del corpiño que lo apretaba y doblaba hacia arriba. La hermana lo dejó dar un par de lametones del otro lado y le dio las instrucciones del caso.

Vas bien, hermanito, pero despréndeme el corpiño así no me aprieta los pezones. Un corpiño no debe llevarse a medias, porque si se irritan los pezones, te va a costar más chuparlos. (las instrucciones eran detalladas, del nivel de la que su hermano le daba al estudiar la física de fluidos)

Sin parar de besarla en la boca, José entabló una breve lucha con el broche del sujetador y pudo descifrar su código sin mirar. Ella también aprovechó el breve momento de separación de sus cuerpos para desprender 2 o 3 botones de la camisa, pero fue sorprendida, e interrumpida, por lo rápido que su hermano le había desabrochado el corpiño. Karina estalló en risas.

¡BIEN!!!! ¡Te costó mucho menos abrir el broche que a muchos tipos con experiencia!!! En la mayoría de los casos, para cuando me lo desabrochan a mí, yo ya les pude quitar 6 botones de su camisa jajajaja

Cuando decía esto Karina levantaba los brazos al techo en señal de triunfo y el corpiño desatado y flojo se elevaba dejando ver la curva inferior de sus magnificas tetas. Sin parar de reír y simulando festejar el triunfo.

José metió la cabeza por debajo de las tetas y comenzó a besarlas, lamerlas y sorberlas mientras con las manos las apretaba desde los costados una con otra para juntar los pezones. Con los pezones casi pegados los intentaba abarcar con su humeda boca simultaneamente. Aquello era una locura jamás soñada por ninguno de los dos. El corpiño suelto se enredaba en el pelo del chico y su hermana, entre gemidos lo dejó hacer mientras se quitaba la camisa y el sujetador.

Al estar libre y desnuda de la cintura para abajo, se volvieron a buscar las bocas. Pero ahora las tetas enormes y erectas de la hermana se sentían más intensamente al chocar con el pecho (semi-cubierto por la camisa a medio desprender) de su hermano.

Se separaron y se miraron. Ambos estaban despeinados, él con la camisa a medio desprender, ella montada sobre su falda, con la mini descorrida hacia la cintura, con el torso desnudo y con las tetas imponentes apuntando hacia adelante. Las bocas de ambos se veían y sentían inflamadas y enrojecidas por los chupones, los mordiscones y las lamidas mutuas. Ambos respiraban agitados como animales en una carrera primitiva y salvaje. Y los ojos: El brillo de la lujuria resaltaba en ambos.

Karina intentó poner paños fríos porque no se había preparado para ser penetrada por su hermano y evidentemente hacia ahí iba la cosa en breve si seguían así.

¿Y? ¿viste que no es difícil? No hay nada que temer.

No. ¡Es muy fácil con una hembra caliente y dispuesta!

¡Jajaja! ¡Tarado! La idea es que vos podés ir haciendo calentar a la hembra en cuestión, tonto. ¿Entendiste la lección de hoy? No era sobre como besar y desprender un corpiño, sino como hacer que ella quiera besos y estar sin corpiño. Jajaja

¡Claro que si! Lo sé. Y vos me lo hiciste sentir en todo momento. Fuiste muy dulce y directa, hermanita.

Pero… ¿Y si te digo que ni loca pensaba llegar a esto y que vos me llevaste al extremo haciéndome desear más y más y más?

¿Eso es verdad, Kari?

Totalmente ¡Nene!

Y se volvieron a besar apasionadamente, mientras ella terminaba de desprenderle la camisa para que en su pecho desnudo su hermanito pudiera sentir el frotar de dos pezones calenturientos. Se volvieron a separar riendo y ella le puso las cosas en claro.

No te ofendas, Nene, pero no había pensado llegar a tanto y lo que seguiría es parte de una lección más avanzada. Necesito que paremos ahora. Creo que por hoy está bien. ¿SÍ?

José, a pesar de que la pija le pedía a gritos penetrar la vulva mojada e inflamada que se podía adivinar en su hermana, tomó el comentario con una hidalguía que ningún otro joven caliente había tenido con Karina.

¡Por supuesto! ¡Ni yo esperaba tanto! Y mañana hay que estudiar. Deberíamos ir terminando esto y retirarnos cada uno a descansar. Jajaja (nuevamente el chiste de nerd que lo sacaba del apuro y el pudor)

Karina no se lo podía creer. Era maravilloso tener una pareja así…. ¿Pareja? ¿Había pensado “pareja”? ufff… Esto le iba pegando duro a la chica come hombres.

Se levantaron del sillón entre besos y picos, agarrones, cosquillas, fregadas de bulto y chirlos en el culo y comenzaron a guardar las cosas de la picada en la heladera. Ella se puso la camisa sin prender sobre las tetas desnudas, y las bamboleó por todo el apartamento frente a su hermano. José se atrevió a andar por la casa sin camisa. Por primera vez no pensaba en sus rollitos y su piel blancuzca y poco tersa, sino más bien en las sensaciones que había tenido al sentir las manos, los besos y las tetas de su hermana en esa piel que tanto lo avergonzaba mostrar.

Acordaron levantarse temprano a estudiar y al otro día ambos retomaron el estudio… ¡de Química! El examen más temido del primer año.

Hay mucho por aprender y por practicar mañana, Karina. Dijo el chico y entre risas mutuas Karina contestó: ya lo creo y vos, tenés más por aprender que yo, ya vas a ver. Jajaja.

En este punto el lector querrá saber que ocurrió por la noche. Pues no ocurrió demasiado. Cada hermano se retiró a su cuarto. Cada uno se inspeccionó su entrepierna y encontró con un órgano sexual húmedo, invadido de cosquilleos íntimos, que pedía a gritos un orgasmo. Ambos revivían minuto a minuto lo que había pasado. Y los dos se excitaban como mamíferos en celo.

La hermana decidió atender los reclamos de su vulva con finas caricias al clítoris y penetraciones con sus dedos, imaginando que era su hermano el que la cogía. Operación que desembocó en un orgasmo brutal, pero absolutamente silencioso (o silenciado).

José, en cambio, decidió hacer un esfuerzo sobrehumano por guardarse. Quería que fuera su hermana la que lo vaciara y sabía que si tenía paciencia eso ocurriría muy pronto. Además, quería impresionarla con la eyaculación más que abundante que pudiera ofrecer. Y eso fue precisamente lo que ocurrió en un recreo de estudios al día siguiente.

Pero eso es parte de otra historia, porque esta ha ido demasiado larga. CONTINUARA


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