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Fecha: 14-Jul-17 « Anterior | Siguiente » en Grandes Relatos

Melania (Librojuego)

sofialess88
Accesos: 1.992
Valoración media:
Tiempo estimado de lectura: [ 71 min. ]
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Este relato funciona como los librojuegos que leíamos de pequeños. En función de lo que quieras que le pase al personaje ve a un capítulo u a otro y decide como será la noche de sábado para Melania. Espero que los hipervínculos funcionen, sino, podeis ir al capítulo en cuestión manualmente. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

No estaba segura de la categoría en la que poner este relato, asi que si no es acorde a la normativa de la pagina, ruego que un administrador me lo haga saber y lo cambiaré de categoría sin ningun problema.

Capítulo 1

Un doble bip, aumentado por el contacto de la mesa con el móvil, hizo que el vibrador del móvil resonara en toda la habitación. Melania, que se encontraba tumbada en la cama, con los pies puestos cerca de cabecera de la cama, y unos grandes auriculares en las orejas, si se percató del sonido de su móvil no se preocupó en exceso y siguió escuchando música.  A sus 19 años y en la flor de la vida se encontraba tan a gusto con su cuerpo y con su mente que nada de lo que le pudieran decir nadie le afectaba lo más mínimo.

Con un perezoso movimiento, se dio media vuelta y el albornoz en el que se envolvía se deslizó perezosamente hasta que se dejó entrever un pecho. No importaba que su cabeza mojada empapara las sábanas, Melania se quedó boca arriba mirando al techo con una sonrisa en los labios. La luz de la habitación fue dejando paso a la penumbra mientras Melania permanecía impasible al paso del tiempo. Llegado un instante, y como si el reloj se hubiera parado, Melania decidió de debía levantarse y hacer algo constructivo.

Se levantó perezosamente sin que le preocupara la estabilidad de su albornoz, al fin y al cabo, su hermano se encontraba en la habitación de al lado, pero no le preocupaba lo mas mínimo, ya que no salía para nada de la habitación. Se observó en el espejo y una chica delgadita con el pelo mojado y castaño le devolvió la mirada. No era perfecta ya que tenía poco pecho y los dos paletos un poco separados, pero eso le confería un aspecto aniñado, unido al hecho de que no le hacía falta llevar sujetador, casi siempre había ligado con quien quisiera. Además estaba su punto fuerte, su culo respingón, pequeño y redondo, no a la moda de las Kardashian, pero que provocaba luxaciones de cuello allí por donde pasaba. Se sentó en su escritorio desenganchando el móvil del cargador y consulto el what’s app.

El grupo de “Barbies Universitarias” echaba humo y todas estaban haciendo planes para salir. La mayoría de ellas quería visitar ese local nuevo que había en la ciudad “La Caverna” pero Melania no estaba segura si quería salir.

Si Melania decide quedarse en casa  Ve al capítulo 5

Si Melania decide salir de fiesta ve al capítulo 6

Capítulo 2

Con los retoques de última hora se acordó de meter a ultima hora sus dos objetos más preciados con los que no salía nunca de casa, el primero era “Brad” un consolador de grandes dimensiones que nunca sabia cuando le podía hacer falta y su as de la manga, envuelto en una media por si acaso surgían problemas, era de su padre y lo cogía sin permiso pero él lo entendería.

Salió de casa en dirección a “La Caverna” había dejado “en visto” en el móvil que sus amiga ya estaban allí. Como vivía en una zona relativamente céntrica, Melania cruzó rápidamente las pocas calles que le quedaban hasta “La Caverna”. La cola de gente que se dejaba entrever, hacía presagiar que la inauguración iba a ser todo un éxito. En un primer momento Melania pensó en aguantar estoicamente la cola, pero tantísimo aburrimiento que le aguardaba le hizo desistir, y con un fluido movimiento se dirigió al portero, el cual era un bicharraco de color, de 2 metros de altura y de ancho y robusto como un contenedor de basura.

–   Oye chato — dijo sin ningún tipo de vergüenza, a la vez que pasaba la mano distraídamente por su bragueta —. La cola es terriblemente larga, y no me apetece esperar, ¿me dejas ser una clienta vip? Luego yo lo seré contigo.

El portero se quedó sobrecogido con el desparpajo de la muchacha. Tenía la boca entreabierta y cuando fue capaz de cerrarla, lo único que pudo hacer fue retirar el cordón de terciopelo que impedía la entrada y apartarse hacia un lado, a la vez que Melania pasaba como flotando.

–   Gracias chato — dijo guiñándole un ojo  soltándole el paquete que había crecido en esos pocos segundos.

Cuando traspasó el umbral un torrente de ruido golpeó sus tímpanos, haciendo que en un primer momento no fuera capaz de distinguir nada, ni melodía ni ritmo ni letra. Poco a poco el ruido se fue atenuando y empezó a distinguir acordes que componían la melodía. «Típica música de fiesta» pensó «fácil de bailar, sin necesidad de pensar y con letras de gran carga sexual»

Se arreglo un poco la falda mientras intentaba localizar a sus amigas, enseguida las vio. Sus cinco mejores amigas se encontraban a camino entre el centro de la discoteca y la barra, un lugar estratégico ideado para ligar y emborracharse a partes iguales. Sus amigas por su parte formaban un grupo bastante heterogéneo, Luna era la gótica del grupo, morena y con los ojos pintados de negro destacaban unos iris de un color casi blanquecino que destacaban enormemente con su rostro.  De mentalidad abierta, se le habían conocido varios ligues tanto hombres como mujeres, su lema: “A quién le importa lo que me digan”.

Bárbara era la Barbie del grupo, rubia y exuberante, casada prácticamente desde los 5 años con el Ken de clase, era la típica pareja americana que eran elegidos reina y rey del baile respectivamente. De mentalidad más conservadora, soñaba con ser abogada de prestigio, después lo dejaría para formar una familia y cuidar de los niños.

Berta era la punkarra del grupo, radical, feminista, vegana y animalista. Normalmente no salía mucho con ellas porque estaba metida en mil y una asociaciones. Llevaba la mitad del pelo rapado, medias rotas y botas militares.

Begoña, por su parte era la gordita del grupo, siempre retraída con los desconocidos, pero con un punto sádico cuando cogía confianza. En ocasiones hacia comentarios casi malévolos respecto de otras personas, que el resto del grupo trataba de ignorar. Llevaba para la ocasión un vestido floreado por media pierna con unas manoletinas.

Y por último estaba Sarah, la cual quitaba el hipo. Tenía una belleza muy terrenal, poco exuberante. No solía llamar la atención en lugares tumultuosos como las discotecas, pero cuando te fiabas en ella cortaba la respiración. Iba muy sencilla con unos leggins oscuros, camiseta holgada y zapatillas que casi desentonaban en un ambiente de exuberancia y ostentación. En un primer momento, Melania se acercó al grupo de chicas que la saludaron con entusiasmo

Si quieres que Melania hable con Bárbara ve al capítulo 7

Si quieres que Melania hable con Begoña ve al capítulo 8

Si quieres que Melania hable con Sarah ve al capítulo 9

Capítulo 3

El trayecto hasta casa de Melania fue largo. El trio de desconocidos iba dando tumbos de lado a lado de la calle y cada poco les acometía un deseo irrefrenable que les hacía tener que pararse para hurgarse en las vestiduras, ya fuera una parada de autobús, un portal o la esquina de una tienda, ese impulso hacía que las manos de los dos chicos se deslizaran por debajo de la falda de Melania que se derretía de placer, perdiendo la noción del tiempo y del espacio.

Cuando llegaron a casa de Melania, la entrada fue complicada. En un arrebato de pasión, Israel le subió la falda hasta la cadera y se puso a comerle el culo mientras intentaba abrir la puerta de casa. Le separó las dos nalgas y metió la lengua hasta el fondo de su ano, mientras la chica intentaba abrir, sin embargo la oleada de placer, la cogió tan de improvisto que le temblaron las piernas y acabó de rodillas sobre el felpudo que irónicamente rezaba “Bienvenidos”, cosa que no impidió que Israel siguiera lamiendo su culo. En ese momento Héctor aprovechó para hábilmente sacarse la polla y metérsela en la boca. No se anduvo con miramientos y la metió de golpe y ella pareció aceptarla con naturalidad, porque solo emitió un leve sonido gutural cuando llegó hasta el fondo.  Con la primera embestida, la sacó de golpe y grandes babas salían de la boca de Melania que aprovechó para escupir sobre el ya humedecido glande de Héctor y volver a metérsela hasta el fondo haciendo que más saliva saliera de su boca, empapando su blanco top y haciendo que se le trasparentara todo.

Cuando consiguieron serenarse y abrir la puerta, pudieron llegar al cuarto de Melania, entre los tres se desnudaron con rapidez y con lo que parecía un acuerdo tácito, no verbal, Héctor se tumbó en la cama bocarriba mientras Melania a horcajadas se sentaba sobre su cara, para recibir una buena comida de coño. La castaña se acomodó a la boca del chico y comenzó a mover las caderas con un leve movimiento, mientras tanto Israel se subía en la cama y le ponía la polla cerca de la boca a lo que Melania respondió lanzándose rápida y voraz sobre ella, la cual había empezado a gemir de una forma suave y constante.

Melania tuvo el primer orgasmo sobre la boca de Héctor que saboreo el flujo de la chica con deleite y posteriormente la movió para penetrarla con dureza sobre su verga, dura desde hacía ya bastante tiempo. Con la primera embestida, Melania estuvo a punto de correrse de nuevo, pero decidió aguantar para hacer más placentero el orgasmo, lo cual fue una tortura, pues con cada vez que botaba sobre la polla del chico, se le clavaba hasta el fondo dándole un terrible placer.

Los cuerpos sudorosos de los chicos resbalaban súbitamente, moviéndose al compás de los jadeos que producían. Héctor al borde del clímax también quería retrasar su eyaculación, así que se detuvo súbitamente, en el momento que Melania iba a correrse, haciendo que emitiera un gruñido de disgusto.

Pidió que se cambiaran de posición, así que Melania se puso a cuatro patas y Héctor se puso delante de ella tumbado, apoyado en la almohada de la cama, dispuesto a que la chica le hiciera un repaso de la polla con su hábil lengua, mientras Isra se proponía a follársela.

Aunque el miembro del chico de gafas era más pequeño, solo necesito unas pocas embestidas para que Melania volviera a correrse, debido a la excitación que sentía y a la gran velocidad que imprimía el chico en su follada.

Al poco rato, y pese a que para de follar, había detenido las ganas de correrse de Héctor, la necesidad se hizo acuciante gracias a los hábiles labios de Melania, así que empezó a borbotar leche de su polla mientras era rápidamente succionada por Melania que siguió  jadeando y chupando el miembro pese a que este redujo su tamaño y su dureza.

La excitación máxima también llego a Israel, que imprimió una velocidad más al movimiento de caderas. Cuando acabó, empujó hasta el fondo su polla, soltando tres grandes chorros de esperma en el interior de Melania la cual se quedó sorprendida.

Todos los participantes quedaron exhaustos, de tal manera que no fueron capaces ni siquiera de limpiarse. Melania se quedó dormida chorreando fluidos, mientras los otros chicos emanaban litros de sudor por sus poros. A pesar de esto se fueron quedando sumidos en una dulce duermevela de paz y sosiego.

FIN

Capítulo 4

La cara de Sarah era todo un poema, cuando volvió a escuchar la frase “no, esto no funciona”. A partir de ahí los actos se desarrollaron de una forma demasiado rápida para que Sarah pudiera hacer o decir algo distinto y que las acciones de Melania hubieran tomado unos derroteros diferentes. Con un fugaz movimiento Melania se desprendió del strapon lo tiró en el suelo.

–      Puedes quedarte a dormir si quieres —dijo de un modo casi despectivo —. No me molestas en absoluto. Yo dormiré en el cuarto de invitados.

Como Sarah continuaba sin poder articular palabra, Melania dio media vuelta y cerró tras de si, dejando a su invitada como una estatua, congelada en frio hielo, sin poder moverse.

Poco a poco, sin variar prácticamente su postura, fue acomodándose, de la misma manera que un faquir se coloca en un colchón de puntas, anegando sus ojos en lágrimas y llorando desconsoladamente. Había tenido todo en un segundo y lo había perdido de la misma manera como una hoja arrastrada por el viento. Con este silencioso sollozo, fue quedándose poco a poco en un estado de trance, que dio paso a una inquieta duermevela

Fin

 

Capítulo 5

«Bah, si total, no me apetecía para nada salir» pensó Melania « La verdad es que se había quedado tan a gusto en casa que para que salir.»

Tecleo con rapidez en la pantalla para indicar a sus amigas que esta vez salieran sin ella que no le apetecía salir, tras lo cual, hubo una oleada de quejas y críticas. Cuando la presión grupal para que saliera empezaba a surgir efecto decidió apagar los datos del teléfono móvil para evitar tentaciones innecesarias. Ya había decidido que no iba a salir, debía mantener su postura, de todas es sabido que las que se dejan convencer, no son auténticas líderes.

Con estos pensamientos rondando en su cabeza se puso algo más adecuado para andar por casa, un top y un short cómodo que estaba roto en el culo, pero era tan cómodo que no le importaba. Al roce de la camiseta con sus pechos los pezones se le erizaron por un instante adquiriendo la dureza de la roca. Salió de la habitación dispuesta a ver cuándo su madre iba a ponerse a preparar la cena, cuando reparó en que solo estaban en casa su hermano y ella. Giró sobre sus talones y toco la puerta de su hermano.

Abrió y enseguida noto un olor acre como a cerrado. — Hermanito — dijo, mientras Paul se volvía hacia ella. — yo voy a cenar, mira a ver si quieres que te haga la cenar pero tienes que colaborar, yo paso de hacerlo sola.

–        Mmmm — dijo Paul mientras se levantaba.

Melania involuntariamente miro hacia su hermano, iba en camiseta de tirantes negra que le marcaba a la perfección sus bíceps y un pantalón de básquet sobre el cuál se percibía una cosa que colgaba hasta media pierna.

–        Te estoy hablando mongólica, ¿no me escuchas?

–        ¿qué? ¿Cómo? — dijo intentando volver a sus pensamientos

–        Qué no voy a cenar. Estoy en medio de una partida. Luego si me apetece me cojo algo.

Melania sentía la sangre caliente palpitar por su cuerpo. Tras cerrar un escalofrió le recorrió el cuerpo, y notó una pequeña humedad en su pantalón. Respiro fuerte. « Esas cosas no podían pasar no y no » Se  dijo.

Melania cenó absorta en sus pensamientos, no entendía que le había pasado antes en la habitación de su hermano. Y no podía ser cierto aquello que le había parecido ver en su pantalón. Le había visto desnudo de pequeño muchas veces y nunca había destacado… o es que ella no había sido consciente de aquello hasta ahora. Cuando acabó y hubo recogido la cocina se puso a ver una película, sin embargo no hacía más que darle vueltas a lo que había ocurrido con su hermano.  Ni si quiera se dio cuenta que la peli que estaba viendo había acabado y en su lugar había empezado otra. Melania seguía como en estado de trance, y preguntándose porqué la humedad de sus pantalones no solo no había desaparecido, sino que parecía haberse extendido. Distraídamente se tocó por encima del pantalón y un breve escalofrío recorrió su cuerpo. Cuando quiso darse cuenta la peli ya no importaba, se dio cuenta que había deslizado subrepticiamente la mano por dentro de sus pantalones y se estaba acariciando un pecho.

Para que Melania se vaya a su cama ve al capítulo 10

Para que Melania vaya a la habitación de su hermano ve al capítulo 14

Capítulo 6

Aunque pensándolo mejor, era joven y no sabría cuántas oportunidades de salir con sus amigas podría tener. Sus padres no estaban en casa y podría aprovechar a volver cuando quisiera, total solo estaba su hermano en casa y no molesta excesivamente. Así que enseguida tecleo en la pantalla para hacer saber a sus amigas la disposición para quedar por la noche. Tras ultimar los preparativos para reunirse, Melania decidió que iba a cenar, pero antes se dirigió a la habitación de su hermano para informarle de su decisión de salir. No es que estuviera rindiéndole cuentas pero a veces entre hermanos hay que contarse las cosas. Toco la puerta de su hermano.

Abrió y enseguida noto un olor acre como a cerrado. — Hermanito — dijo, mientras Paul se volvía hacia ella —. Yo voy a cenar y salir luego con mis amigas, tu veras lo que haces en casa. Solo me conformaré con que no la quemes.

–        Ja, ja, ja — dijo Paul con una risa sarcástica mientras se levantaba.

Melania involuntariamente miro hacia su hermano, iba en camiseta de tirantes negra que le marcaba a la perfección sus bíceps y un pantalón de básquet sobre el cuál se percibía una cosa que colgaba hasta media pierna.

–        Te estoy hablando mongólica, ¿no me escuchas?

–        ¿Qué? ¿Cómo? — dijo intentando volver a sus pensamientos

–        Qué no saldré ni nada. Estoy en medio de una partida. Luego a lo mejor cojo algo de cenar.

Melania sentía la sangre caliente palpitar por su cuerpo. Tras cerrar un escalofrió le recorrió el cuerpo, y notó una pequeña humedad en su pantalón. Respiro fuerte. « Esas cosas no podían pasar no y no » Se  dijo

Después de pedir comida al chino, se preparó para salir de fiesta. El móvil estaba que quemaba, con todas sus interacciones, pero Melania decidió dejar el móvil a un lado mientras se arreglaba. Se decidió tras muchas pruebas por una falda de ejecutiva de color rojo, que deliberadamente subió bastante por encima de la rodilla, hasta dejar a la vista la mayor parte de sus muslos, un top blanco bien ajustado y una chaquetilla de punto por si acaso refrescaba. También optó por unas sandalias de tacón, que dejaban la mayor parte del pie a descubierto.

Se maquilló muy suavemente ya que no le gustaban las chicas “maquilladas como puertas” como ella solía decir y se recogió su larga melena castaña con un discreto tupé para que luego cayera por la espalda.

Para continuar leyendo ve al capítulo 2

Capítulo 7

Acto seguido fue a insuflarse alcohol en vena. Pidió el primer cubata y antes de que se le calentaran los hielos pidió el segundo. Con el segundo decidió tomarse las cosas con más calma e ir a bailar un rato con sus amigas. En esta ocasión decidió ir a hablar con Bárbara, bueno en realidad, con Bárbara nunca se hablaba, era ella la que te contaba su vida de pe a pa, con pelos y señales, pero era una forma de pasar un rato pensando en tus cosas, y no parecía que estabas muy sola, así que se encaminó hacia donde se encontraba la exuberante rubia, la cual llevaba un vestido muy ceñido, con un escote que no dejaba nada a la imaginación. Estaba bebiendo algo en una copa de balón y con una pajita y por la cara que vio Melania, ya debía tener el puntillo, por lo que la charla sería interminable.

–        Hola Barbi —Era un mote cariñoso que empleaba con ella, y que le encantaba—. ¿Qué tal te va la vida?

En realidad era una pregunta formal, introductoria, lo justo para que ella analizara su situación personal y académica con todo lujo de detalles.

–        ¿Pues como te parece que estoy? Agobiada —dijo sin siquiera dar tiempo a que Melania respondiera —. Con la vuelta de los exámenes a la vista… no sé cómo me habéis convencido para salir, bueno si lo sé, porque Marcos —era su novio— ha salido con sus amigotes, a saber que estarán haciendo.

Los amigotes a los cuales se refería Bárbara, era lo más inocente del mundo, salía con ellos para ir a un prestigiosos club de golf, donde hablaban de sus contactos y de sus millones.

–        Pero ya se lo tengo dicho, que como volviera a salir como un pordiosero, se iba a enterar, lo tenía toda la semana durmiendo en el sofá…

La atención de Melania se había reducido a la mínima expresión y empezó en escuchar la música que sonaba. Conocía la canción.

“…Que no era amor solo interés, y aquí estoy todavía…”

-          … es que ya se lo he dicho al profesor de derecho internacional, que estoy deseando hacer trabajo extras…

“…Que me de calor, que me dé, de su amor, me eduque en experiencia…”

–        … lavar los platos!! ¿Te lo puedes creer?

…Y a mí me gusta la fruta madura que se deja comer, cuando yo te pele ahí…”

« Definitivamente había sido mala idea hablar con Bárbara » pensó « las peores ideas se me ocurren de fiesta »« vaya… me ha hecho una pregunta, será mejor que asienta »« parece que eso le ha bastado »« vaya han cambiado de canción, esta creo que no la conozco »

Las canciones iban pasando, mientras el monologo de Bárbara se hacía cada vez más pesado. Melania había pasado de escuchar fragmentos de la conversación a solo asentir con la cabeza o a reír dependiendo de la mirada con la que le apremiara su amiga. Mientras la copa de su amiga seguía intacta, la de Melania bajaba de forma alarmante y pronto empezó a notar los efectos del alcohol. Las luces brillaban más, pero de un modo más borroso y la música se atenuaba, o a lo mejor eran sus pensamientos los que hacían que la música sonara como desde detrás de un cojín

“…Un pote bien cocina y mucha gasolina Ahora ven pa´ para la bocina…”

« Aquellos dos chicos de la barra parecía, que las estaban mirando a ellas » pensó. Volvió a mirar disimuladamente — o eso le pareció a ella — « si, si las miraban a ellas »

“Está abajo poseía´ en dembow y brujería, el deseo la controla, esta noche hay avería”

« No estaban mal » pensó «Al menos uno de ellos».

El más alto, era atlético y muy moreno, piel demasiado blanca para su gusto y el pelo hacia un lado con una línea rapada, según la moda. El otro no estaba mal, aunque no era un adonis, delgado, pero sin estar trabajado como el otro,  llevaba gafas de pasta y se frotaba las manos de una forma nerviosa.

“Me le puse duro y la maté en la raya,  nena “desalma”, que el sol está que quema”

Si quieres que Melania hable con los chicos ve al capítulo 25

Si quieres que Melania hable con Begoña ve al capítulo 8

Si quieres que Melania hable con Sarah ve al capítulo 9

Capítulo 8

Acto seguido fue a insuflarse alcohol en vena. Pidió el primer cubata y antes de que se le calentaran los hielos pidió el segundo. Con el segundo decidió tomarse las cosas con más calma e ir a bailar un rato con sus amigas.

Le apetecía hablar con Begoña. La chica rellenita a veces tenia ideas demasiado hardcore, pero la hacía entretenerse.

–        Tía estoy cachonda perdida — fue el saludo de Begoña—. Hace varios días que nadie me come el coño y lo tengo como un bebedero de patos.

–        Tu siempre tan explícita tía.

–        Jaja, es la verdad — continuó—. Mira tía, el otro día conseguí ligar con un tío, y cuando me lo llevo a casa solo quería que se la comiera. ¿Tú te lo puedes creer?

Melania fue a hacer un ademán de intervenir, pero ya conocía a su amiga y cuando comenzaba una perorata no era capaz de parar.

–        Y yo le dije que nanai, que para algo él era un tío, que tenía que complacerme.

 La perorata de Begoña siguió por esos derroteros durante varios minutos en lo que Melania desconectó y empezó a hacer mas caso de la música que de su amiga y comenzó a fijarse en la gente a ver si veía a alguien conocido y de repente, Zas feliz casualidad. Parecía como si hubiera sido una coincidencia, Alfredo estaba allí.

–        Bego…. — Dijo Melania con cautela—. Perdona que te interrumpa un momento. Ves  a aquel chico de allí.

–        ¿Cuál el de polo rojo?

–        No, el de camisa color lavanda, el que está apoyado en la barra —dijo Melania señalando en esa dirección

–        Ahh si, lo veo. Es mono ¿no?

–        Es justamente lo que quieres para ti

–        ¿En serio? — pregunto Melania con interés, poniéndose de puntillas para ver mejor.

–        Si, escucha que te voy a contar la historia.

Si quieres deje a Begoña y  hable con Bárbara ve al capítulo 7

Si quieres que deje a Begoña y hable con Sarah ve al capítulo 9

Si quieres que Melania siga con la historia ve al capítulo 15

Capítulo 9

Acto seguido fue a insuflarse alcohol en vena. Pidió el primer cubata y antes de que se le calentaran los hielos pidió el segundo. Con este decidió tomarse las cosas con más calma e ir a bailar un rato con sus amigas. Decidió situarse cerca de Sarah, ya que de las chicas era quizás con la que más afinidad sentía y que se moría ganas de pasar tiempo con ella, así que con la copa en una mano se acercó bailando pegándose a su cuerpo haciendo que perreaba y así con la excusa poder notar su calor en ella. Sarah por su parte, tomo su acercamiento como un juego y su ajusto al cuerpo de Melania como si siempre hubieran sido uno y bailaron durante un rato.

Sarah y ella eran su amigas desde hacía dos años, pero sólo recientemente había comprendido que el bienestar que sentía juntas traspasaba la mera amistad. Cuando dos semanas antes se habían dado aquel fogoso beso en la discoteca Melania creyó por un momento que era cosa del alcohol, pero al día siguiente se dio cuenta de que no. De que aquello significaba realmente algo. No había vuelto a verla desde entonces y se moría de ganas de volver a besarla. « ¿Qué pensaría ella? ¿Querría repetir? ¿Llegar más lejos? ¿O había sido un mero entretenimiento?» pensaba.  No lo había hablado con Sarah y se entremezclaban dudas en su cabeza...

 

Siempre se habían llevado bien, aunque era Melania la que llevaba por costumbre la voz cantante, y quien decidía los planes y lo que hacer en cada momento. Sarah había acatado siempre sus deseos con una autoridad que se le antojaba natural y cómoda. Siempre era ella la que elegía la tienda donde comprar, la película que ver en el cine o hasta el bar donde tomar un café. Pero tras lo sucedido dos semanas atrás Sarah empezó a pensar que quizás ella tenía un papel importante que jugar en la vida de su amiga.

–        He estado esperando todo el día para verte.

–        ¿En serio? —dijo Melania dejando que su sonrisa tímida iluminara su rostro por primera vez desde que había llegado a la Caverna —. Acabo de llegar.

–        ¿Tengo cara de estar mintiendo?, Además ya sabes a lo que me refiero —al decir esto, Melania besó con fogosidad  a Sarah y pudo sentir el tacto suave de unos dedos ascendiendo por su entrepierna, a través de los leggins.

El tonteo se prolongó durante unos largos minutos durante los cuales el sonido de  la música quedaba totalmente amortiguado por los cariños que se profesaban una a la otra, sin embargo, Sarah, se dejaba llevar y  Melania por su parte hacía gestos que querían demostrar su dominancia sobre ellos como acariciarle detrás de la oreja. Al menos ese le pareció a Sarah, demasiado explicito, que se sintió molesta, incomoda y excitada a partes iguales.

–        Dime, Sarah... ¿te apetece conocer mi casa? —Mis padres no vuelven hasta mañana. — ¿O prefieres que vayamos a hablar las dos con Luna? —dijo mordiendo suavemente el dedo índice.

Si quieres que se vayan para casa de Melania ve al capítulo 18

Si quieres que vayan a hablar con Luna ve al capítulo 19

Capítulo 10

Darse cuenta de que había estado jugando con su cosita en medio del salón, la había perturbado, «podría haberme visto cualquiera» pensó, así que decidió por el bien de todos subirse a la habitación a acostarse.

Se metió entre las sábanas, pero no podía dormir, tenía una inquietud que no podía achacar ni a la proximidad de los exámenes ni a nada por el estilo. Sentía calor y unos sudores fríos le recorrían el cuerpo, se destapó y comenzó a dar vueltas en la cama, se puso bocabajo y parece que se encontraba más cómoda. Comenzó con un movimiento rítmico a mover las caderas, haciendo que la respiración se hiciera más pausada y entrecortada. De repente Melania se paró en seco como dándose cuenta de lo que estaba haciendo.

–        Me cago en su puta madre — dijo con un susurro más alto de lo que había estado esperando. Acto seguido se dio la vuelta, se despojó de toda la ropa y comenzó a masturbarse ferozmente.

Rápidamente doblo las piernas dejando las rodillas hacia el techo de la habitación, separándolas levemente y metiendo la mano directamente hacia su coño, el cual esta mojado, pero que se mojó mucho más con el primer roce, el cual hizo que Melania emitiera un gemido ronco y profundo. En seguida metió dos dedos dentro de su vagina y del puro placer del instante tuvo que arquear la espalda. La velocidad que imprimió a su follada durante los minutos siguientes hicieron que un jadeo continuo inundara la habitación.

Con el primer orgasmo decidió tomarse un descanso. Estaba empapada de sudor y las gotas que le caían por el cuerpo se empeñaban en hacer rapel por sus pezones, para llegar deslizándose por su cuerpo y reposar junto a su ombligo, donde ya había un pequeño lago de placer.

Tras ese pequeño descanso decidió serenarse, « vamos a hacer las cosas despacito y con buena letra » pensó. Cogió la almohada en la que previamente había tenido la cabeza apoyada, la doblo y se puso a horcajadas sobre ella y comenzó una lenta tortura. El movimiento de vaivén que iba iniciándose le producía un placer mucho más profundo pero a la vez no tan intenso que el que había experimentado antes, sin embargo su cabalgada no se detuvo. Sus fluidos vaginales empezaron a mezclarse con el sudor que goteaba de su cuerpo, haciendo que toda la almohada se empapara y produciendo en Melania unos gemidos cada vez más intensos, que amenazaban con despertar a su hermano. «Mierda, mi hermano» y una oleada difícil de descifrar volvió a acogerla, lo que hizo que tuviera que cabalgar más salvajemente.

Tras más de diez minutos exhaustos, con las piernas y el abdomen totalmente doloridos, llego un intensísimo orgasmo que casi la hace caer de la cama, del cual tardo en recuperarse varios minutos.

Si quieres que Melania siga ve al capítulo 12

Si quieres que Melania se vaya a dormir ve al capítulo 23

 

Capítulo 11

Todavía con la respiración agitada, Melania decidió volver a su cama. Cuando se tumbó en su cama estaba empapada en sudor y todavía jadeaba ruidosamente. «Aquello había sido una locura» pensó «no debía volverse a repetir,  sin embargo, ¿que había de malo?». Con estos pensamientos en la cabeza se fue quedando dormida en una inquieta duermevela de paz y sosiego poco a poco.

Fin

Capítulo 12

Aunque Melania estaba completamente exhausta, no podía aplacar el calor interior que sentía, además seguro que le era imposible dormir en esas condiciones. Tomó aire durante unos instantes intentando que sus músculos descansaran un poco durante unos minutos.  Su respiración se fue acompasando lentamente, volviendo a un estado de reposo. Acto seguido Melania se inclinó para rebuscar en el segundo cajón de su mesilla de noche, rebusco en sus papeles hasta que encontró a “Brad”.

Brad es como llamaba a su consolador, una polla negra de 25 cm de largo y más gorda que ninguna de las que hubiera visto en realidad, normalmente para meterse aquella polla en el cuerpo necesitaba cierto tipo de calentamiento, pero no esta vez.  Previendo lo que iba a suceder se colocó la almohada llena de fluidos en la cara. Aspirar aquel aroma, la excitó aún más de lo que podía haberla excitado cualquier cosa en el mundo y con un fluido movimiento la metió hasta el fondo ahogando un grito casi agónico, que le arrancó inmediatamente un orgasmo, que duro varios segundos durante los cuales “Brad” se quedó dentro de su cuerpo, mientras se iba acostumbrando a él.

Cuando hubo cogido un aliento, saco a “Brad” de golpe, con un sonoro “plop” y volvió a meterlo hasta el fondo. Repitió esta operación durante unos cuantos minutos, soltando un grito al principio, pero que al final se fue convirtiendo en un ronco sonido gutural.

Cambió de postura, ahora tocaba a cuatro patas. Volvió a hundir la cabeza entre la almohada y esta vez comenzó una lenta pero continua follada. En cada embestida notaba como “Brad” se abría paso entre sus entrañas, taladrándole de una forma impetuosa todo su interior. El placentero castigo se extendió durante varios minutos cuando Melania ya no era siquiera consciente de donde estaba o que hacía, solo era capaz de sentir. Cuando fue capaz de volverse a correr, solo quedaba un cuerpo inerte en una cama, su mente había viajado a otro lugar.

Para continuar leyendo ve al capítulo 23

Capítulo 13

–        No, gracias tía, estoy un poco cansada —Contestó Begoña—. Pero guárdamelo para otro rato. Como tu bien has dicho es un chico que se adapta a mis necesidades —Esbozando una sonrisa pícara.

–        Vale yo te lo guardo, pero no esperarás que cuando te lo ceda vaya a ser para ti solo

–        ¿Ah no? Tengo mis necesidades —Dijo haciendo un mohín de enfado.

–        No guapa, yo lo descubrí, por lo tanto, voy a seguir queriendo tener beneficios sobre él

–        Vale —Dijo Begoña con resignación. —Tendremos que hacer un horario —Dijo. Y estalló en una carcajada.

Si quieres que Melania hable con Bárbara ve al capítulo 7

Si quieres que Melania hable con Sarah ve al capítulo 9

Si no, Fin

Capítulo 14

« Estaba cansada lo mejor sería que se fuera a la cama » pensó Melania. Se dirigió a su habitación arrastrando los pies, y cuando toco el picaporte de su puerta, miro en dirección a la habitación de su hermano. La puerta estaba entre abierta. La penumbra no dejaba vislumbrar mucho de la habitación, aunque por el resquicio de la puerta podía verse que su hermano dormía. Retiró sus pensamientos con un ademán de cabeza y un gesto de despreocupación, pero siguió plantada en el mismo sitio, sin atreverse a acercarse, ni a definitivamente irse a la cama.

Cerró los ojos fuertemente para acostumbrarse a la penumbra reinante y balanceo su cuerpo hacia los lados para mejorar el ángulo de visión y poder ver más allá. No consiguió su objetivo y levemente dio unos pasos hacia atrás. Levemente, la oscuridad se hizo menos acuciante y llegó a entrever a su hermano tumbado en la cama. Dormía bocarriba con un brazo estirado y otro tapando la cara y respiraba profundamente. No llevaba ropa ninguna, solo tenía media pierna tapada por la sábana. Esa visión perturbó totalmente a Melania, que dio un respingo y se acercó de nuevo al pomo de su habitación. Le palpitaba el corazón y su respiración se había acelerado. «Lo mejor era irse a la cama» pensó, pero siguió allí plantada frente al picaporte de su habitación.

Por fin, consiguió abrir la puerta de su habitación, dejándola medio abierta, pero cuando iba a decidirse a entrar dio unos cuantos agiles pasos y se plantó en la puerta de su hermano, la cual empujó con cautela, al fin y al cabo no hacía daño a nadie yendo a echar un vistazo, así saldría de dudas si lo que había visto antes habían sido imaginaciones suyas o era de verdad, así que podría decirse que no era más que un comando de vigilancia. La imagen la impresión y la cautivó a partes iguales, un gran miembro semierecto descansaba sobre el cuerpo de su hermano. En ese estado debía tener casi 18 centímetro y nunca había visto una polla tan gruesa.

La mejor opción era irse, ya había visto que su hermano tenía un superpollón, estaba confirmado y requeconfirmado, sin embargo Melania se negaba a abandonar aquella posición. «Quizás con la penumbra y la distancia de la cama a la puerta, hubiera algún tipo de ilusión óptica» pensaba la chica, pero en su fuero interno sabía que no era más que una excusa para acercarse más.

Melania se arrodillo a fin de que la oscuridad reinante se hiciera menos opresiva y fuera capaz de ver mejor en la oscuridad. Cuando se quiso dar cuenta, Melania sujetaba la polla de su hermano en la mano. La notaba cálida y palpitante. Era un espectáculo que jamás había visto. Se sentía como hipnotizada por ese gran trozo de carne, quería soltarla para volver a su cuarto pero soltarla sin despertar a su hermano podría ser complicado, así que, en lugar de eso, comenzó con un movimiento de vaivén que hizo que ese miembro que sujetaba creciera irremediablemente en pocos minutos.

Su corazón estaba desbocado y su cuerpo no parecía obedecer a su mente, su respiración se agitaba y en contra de lo que pudiera ser lógico, ella empezó a jadear en lugar de su durmiente hermano. Una fina película de líquido parecía lubricar ese gozo de carne que tenía entre sus manos, cuando se decidió a, con una firme sacudida tirar del prepucio hacia atrás dejando a la vista un enorme glande.

Si quieres que siga ve al capítulo 17

Si quieres que se vaya a la cama ve al capítulo 11

Capítulo 15

–        A ver… resulta que ese chico va un curso más adelantado que nosotras y un día al entrar en la cafetería se choca conmigo, y claro me pone perdida de café. Yo le recrimino lo que ha hecho y ni se inmuta, me pide perdón, muy cortado y claro, tú ya me conoces nena, yo me vengo arriba y le empiezo a insultar. Que si es un tal que si es un cual y el pavo agacha la cabeza y ni se inmuta.

»Entonces se ofrece a lavarme la ropa y yo sigo con que si es un pervertido que solo quiere olerme las bragas y demás, y que si de verdad quiere ayudar que me ayude a hacer un trabajo de clase. Él claro, rojo de vergüenza no le queda otra que aceptar a ayudarme a hacer el trabajo.

»Total, que quedamos y esa primera tarde, intente que el trabajo lo hiciéramos los dos, pero poco a poco me fui sintiendo más cómoda y al final lo acabó haciendo el solo. Para redactar las conclusiones le dije que las acabará que yo me iba a dormir a mi casa.

» Durante las siguientes semanas, fui cogiendo más confianza, cuando tenía que hacer un trabajo urgente le llamaba, solo lo tenía para eso y ni siquiera se inmutaba. Algunas veces incluso era él el que se ponía en contacto con el profesor para entregarle los trabajos o para preguntarle dudas.

» Pronto se destapó todo. Le llamaba a horas intempestivas, le decía que me lavara la ropa y me hiciera las tareas de la casa. Iba a mi casa tres veces por semana para pasar el polvo y ordenarme la habitación. Algún día lo había dejado dormir en el balcón de la habitación porque se le había hecho muy tarde. Aquel día por la noche, la llamada de la naturaleza hizo acto de presencia y literalmente no tenías ganas de levantarme de la cama, así que le llame.

–        Perro — susurre de la forma que se hace cuando se quiere susurrar y hablar alto a la vez. La verdad es que nunca lo había llamado así, pero me salió sin más y el debió darse por aludido, porque acudió en seguida. — a mi coño que tengo ganas de mear y estoy muy a gusto en la cama.

Durante dos décimas de segundo, noté una duda en su cara, pero al momento siguiente estaba sorbiendo líquido de mi coño y es más, se había empalmado. Aquella situación harto humillante le excitaba sobremanera. Ni que decir tiene que aguanto mis burlas mientras me limpiaba con esmero y durante más de media hora. En ese rato su polla pasó por varios estados, primero dura como una piedra y luego tras las incesantes burlas y la corrida sin si quiera tocarse que humedeció el pantalón tras lo cual volví a burlarme de él y volvió a empalmarse.

» Desde aquel día lo llamo, cuando tengo ganas, ya sea de mear o de una comida de coño, puedo estar durmiendo, viendo la tele o estudiando, él llega y sabe que tiene que ponerse de rodillas y ponerse al lío. Realmente no lo hace muy bien que digamos, pero lo tengo horas y horas. A él la mayoría del tiempo lo tengo empalmado, aunque al principio era más reacio a correrse porque le obligo a lamer su corrida. Ahora ya ha aprendido y piensa más con su colgajo y se corre más.

Durante toda la historia la cara de Begoña se había ido transformando. Al principio la cara denotaba asombro, luego curiosidad, luego intenciones malévolas y con forme fui acabando la historia había empezado a apoyarse otrora en un pie otrora en otro demostrando impaciencia.

–        Bueno que me dices —Dijo Melania alzando suavemente una ceja. — ¿Quieres que lo llamemos?

Si quieres que lo llamen ve al capítulo 21

Si quieres que no lo llamen ve al capítulo 13

Capítulo 16

–        Ya era hora tía —comento Melania. —Ya estaba aleccionando al perro de su nueva vida. Por ahora le toca el bautismo de fuego, o diciéndolo de otra manera el bautismo de agua. O algo parecido

–        ¿De verdad me lo vas a ceder? —Pregunto con una cara la mar de expresiva.

–        Si, por supuesto. Pero con un par de condiciones.

–        Supongo que una será, la aceptación del perro este ¿No? —Sugirió con interés.

–        No, que va —dijo haciendo un ademan con la mano. —este ni pincha ni corta

–        Entonces… ¿Cuáles son?

–        A ver… —dijo enumerando. —Primero, si lo tengo yo, tú no puedes disponer de él.  Segundo, cada vez que me metan una enculada, acto seguido tiene que venir a aliviarme, este donde este. Y tercer, en exámenes tenemos que hacer un planing, que me gusta que me entretengan mientras estudio.

–        Te lo cedo durante exámenes, enteramente a ti, pero yo también quiero la cláusula de la enculada —dijo Begoña alargando la mano para cerrar el trato.

–        Hay trato. —Dijo estrechando la mano— Pero  los tratos con los perros no se hacen así. Tenemos que hacerles un bautismo de agua.

–        ¿Y eso cómo se hace?

–        Espera y veras —dijo poniendo una sonrisa traviesa.

Melania tiró con un poco de esfuerzo de su falda ejecutiva hacía arriba dejando a la vista unos agradables muslos bien torneados y un poco más arriba una vulva hinchada que palpitaba terriblemente. Sin ni siquiera decir una palabra, el perro fue directo hacia el coño de su dueña, pero no fue directamente a meter la lengua en su interior sino que hizo un ademan como si fuera a beber de una fuente. Al momento un sonido siseante amortiguado por el ruido de la pista de baile indicó que Melania estaba evacuando sobre la boca del perro, que segundos más tarde empezó a tragar. Sin dejar escapar una gota, y cuando el proceso hubo finalizado, se dedicó durante unos minutos a dejar la rajita de su dueña bien limpia, ahora así introduciendo la lengua dentro de su cuerpo, a lo que Melania respondió sutilmente, separando las piernas ligeramente para que el acceso a su vulva fuera más intenso.

Cuando el jadeo de Melania se fue haciendo más intenso, decidió que no era su momento, con un tortazo retiro a su perro de esa posición de honor. Con una seña le indicó a Begoña que era su turno.

–   Te toca —dijo casi con un gruñido, mientras Begoña ocupaba su lugar. El ritual se produjo de nuevo, pero con alguna diferencia. En esta ocasión tenía un aire más salvaje, más pasional.

Begoña no espero a que el perro se acercara sino que más bien le agarro de los pelos colocándole la boca a la entrada del coño, y entonces sí que se oyó una sonora y abundante meada. Lejos del final y debido  a la gran cantidad de orina, unas cuantas gotas empezaron a escaparse por la comisura de los labios, sin embargo, Begoña hizo caso omiso a éste y con brutalidad volvió a agarrarle de los pelos y comenzó literalmente a follarse la boca del perro. Restregó toda la vagina sobre su cara mientras él intentaba complacer con la lengua, lo cual se convirtió prácticamente en el juego de morder la manzana puesto que cuando pasaba el coño cerca de su boca, éste intentaba un movimiento casi desesperado por lamer su interior.

Ajena o no a esto, Melania apoyada contra una de las paredes del baño, había comenzado a masturbarse, lo que se convirtió en una pelea por quien de las dos tenía el orgasmo más sonoro. La batalla se prolongó durante varios minutos en los que Melania se profanaba el coñito con dos dedos muy húmedos que entraban y salían con rapidez de su hinchada vulva y Begoña se pasaba toda la cara de su perro por el coño, mientras este intentaba lamerla. La primera en estañar en su orgasmo fue Melania  a la que casi le fallan las piernas al sentir ese placer tan inmenso que se prolongó durante más de medio minuto. Antes de que Melania hubiera acabado, le llegó el turno a su compañera que agarro con las dos manos a su perro para que no se escapara de la corrida que iba a recibir.

Después de la sacudida inicial Begoña también quedo exhausta, se limpió bien el coño con su perro y momentos después también lo hizo Melania

–        Pues… ha sido divertido —dijo Begoña componiendo una sonrisa —, pero si me das permiso, Melania, me gustaría disfrutar el resto de la noche con él.

–        Sin problemas tía — dijo —solo que mañana pásate por casa que organicemos los detalles del perro.

–        De acuerdo mañana te abro un what’s y quedamos.

Tras esta breve despedida Begoña le dio una torta a su perro que lo hizo reaccionar mientras salía delante de él. De refilón y sin que ninguna de las dos le viera, lanzo una mirada aprensiva a su anterior ama, fue solo un parpadeo, un relámpago porque acto seguido, salió por la puerta y se alejó de ella

 

Fin

 

 

Capítulo 17

La respiración de su hermano se había vuelto un poco entrecortada, se agitó en sueños y se puso de lado, colocándose a escasos centímetros del borde de la cama. En esa posición, la polla de Paul se quedó muy cerca de su cara. Melania se quedó paralizada, « por un momento, pensé que se iba a despertar» pensó, y por un momento estuvo a punto de soltarla y volverse a su cama, pero temía que al soltarla su hermano pudiera despertarse y la pillara allí. Fueron unos momentos duros para Melania. El temor prácticamente la atenazaba, pero el placer la paralizaba y la impedía moverse de allí, y pese a eso fue por el camino del medio.

Su boca se había resecado increíblemente, se mordió el labio inferior y antes de que su mente despierta pudiera darse cuenta, tenía la polla de su hermano en la boca.

En aquella posición pudo hacer el recorrido completo, metiéndosela entera en la boca, y alcanzándole sin dificultad la campanilla lo cual le provocó una sonora arcada que intento ahogar. La arcada, le permitió generar saliva, de tal manera que pudo humedecer la punta del glande con la lengua haciendo círculos concisos. Aunque aquella posición no era idónea para seguir con la mamada, moverse implicaría hacer ruido, y hacer que su hermano pudiera despertarse, asique pese al dolor de las rodillas volvió a meterse la polla en la boca.

El ritmo de la mamada se incrementó durante los siguientes minutos y Melania más confiada en el sueño profundo de su hermano pudo hacer una mamada más profunda para poder follarse a sí misma la garganta, lo cual la excito sobremanera. En aquella situación Melania no pudo más que suavemente bajarse el pantalón con el tanga y comenzar a masturbarse. El charco que era su coñito, permitió que sus dedos entraran fluidamente y le arrancaran un suspiro más alto de lo que hubiera querido.

Durante varios minutos alterno las ganas que tenia de follarse fuerte y de engullir esa tranca como si no hubiera un mañana, con el comedimiento que le daba el peligro que sentía por si su hermano se despertaba. Esta inhibición se fue mitigando cuando se hizo imposible medir los jadeos que la intensidad de su masturbación le estaba provocando, haciendo que fuesen cada vez más ruidosos.

Con un jadeo demasiado alto, dejo de tocarse, saco la polla de la boca y se percató que su hermano, también había comenzado con un tímido jadeo, como cuando una persona tiene pesadillas, sin embargo parecía suficientemente dormido como para a priori despertarse súbitamente. Melania aprovechó para pasar la lengua por el lateral, como si fuera un polo y para meterse en la boca los huevos, haciendo un sonido muy sugerente de succión entreteniéndose y deleitándose un rato con ellos.

Cuando volvió a meterse la polla en la boca, comenzó a masturbarse de nuevo, esta vez más rápida y más intensamente. Pasados unos minutos la polla empezó a palpitar de una forma característica y supo enseguida que el delicioso néctar estaba preparado para ser recolectado. Como sincronizado igual que en una película porno, tres potentes chorros de leche impactaron con su paladar al mismo tiempo que le llegaba el orgasmo. Tuvo que morderse el labio para no gritar demasiado alto a la vez que un cuarto chorro menos intenso caía en su boca e intentaba contener toda esa cantidad de esperma en su cavidad bucal. Al verse imposibilitada, tragarlo fue la única solución, y debido a lo cachonda que estaba no objeto nada. Melania terminó de correrse mientras toda la leche se deslizaba por su garganta. Pasados unos segundos en los que aprovecho Melania para dejar reposar su respiración, y pasado el efecto balsámico del orgasmo, la sensación de peligro se acrecentó, así que ahora ya con cuidado máximo, se subió el tanga y el pantalón, salió de la habitación tras cerrar suavemente y se fue a la cama.

 

Fin

Capítulo 18

Sarah no supo ni siquiera dar su consentimiento hablado. Se limitó a asentir embobada y seguir la silueta de Melania mientras cogía su chaqueta, su bolso y salía de la discoteca. Por el camino se pararon un par de veces a darse el lote en esquinas poco iluminadas, pero cada uno de esos escarceos sólo servía para acrecentar el calentón de ambas y acelerar su paso hasta el portal. Subieron en ascensor los cinco pisos, tan metidas la una en la otra que casi no se dieron cuenta de que ya se había abierto la puerta.

Ya en casa, Melania condujo a su amiga hasta la cama, donde la empujó con ansia y casi con desprecio. Se agachó a abrir un cajón de su cómoda, de donde extrajo un objeto de cuero que Sarah se quedó mirando desconcertada. Parecía una especie de tanga de cuero negro con ribetes rojos, ajustable con correa y con un largo pene de silicona en la parte frontal. Se quedó mirando el extraño objeto que colgaba de la mano de Melania con los ojos abiertos como platos.

—     ¿Qué pasa? ¿Nunca habías visto un strapon?

–        Un... no. Había oído hablar pero no sabía que eran así. ¿Tú ya sientes algo...?, Quiero decir… ¿Te da placer?

—     Tiene un estimulador de clítoris justo aquí, ¿ves? —dijo señalando una parte un poco abultada de la parte interior del strapon.

—     No sé, yo nunca he hecho...

—     No te preocupes, Sarah, yo te enseño —dijo Melania guiñándole un ojo.

Melania se desnudó, dejando al descubierto su cuerpo de diosa. La miró casi babeando, deleitándose en la curva perfecta de las caderas y sus pechos, firmes y moderadamente grandes. Se colocó el strapon, con el pene de silicona apuntando hacia su amiga. Sarah se desnudó también y miró dubitativa.

—     Túmbate en la cama.

La chica obedeció, invadida por una extraña y placentera sensación al obedecer tan inmediatamente las palabras de su amiga. Alzó la vista para ver cómo Melania escalaba con agilidad gatuna sobre el colchón y se abalanzaba sobre ella con una predatoria mirada felina. Las manos suaves y estilizadas comenzaron a masajear los discretos pechos de Sarah, y una leve y poderosa excitación comenzó a apoderarse de ella. Echó la cabeza hacia atrás, movida por la fuerza del placer y Melania le empezó a besar el cuello con voracidad.

—     No me dejes marcas —dijo Sarah con voz entrecortada. Pero no protestó cuando la chica le empezó a morder el cuello y un arrebatador cosquilleo anuló aún más su voluntad.

Cuando estaba todavía acostumbrándose al cuerpo y pechos desnudos de  su amiga restregándose sobre su piel, sintió una súbita penetración atravesar con fuerza sus músculos vaginales. Tras el susto inicial, comprendió que Melania había decidido que era hora de hacer uso del strapon, y detectó el tacto del látex en la sensible y húmeda piel interna de sus partes íntimas. 

Gimió con más y más fuerza mientras su amiga la cabalgaba cada vez con más ganas, más energía, haciendo gala de su gran forma física. Melania sujetó las piernas de Sarah hacia el techo y comenzó a penetrarla con más profundidad, aprovechando el nuevo ángulo. Sarah estaba en éxtasis, nunca en su vida había sentido un fuego tan poderoso y placentero en su interior.

Melania volvió a cambiar de posición, esta vez obligando a su amiga a ponerse bocabajo y penetrarla desde atrás, clavando las uñas en sus nalgas. Sarah, que había creído imposible sentir un éxtasis mayor, se sintió a punto de estallar de puro placer. Siguió así un rato, tratando de retener un poco sus músculos vaginales frente a las embestidas de Sarah para aguantar antes de la corrida, pero se le hacía cada vez más difícil. Mordió con fuerza la almohada, deseando que aquella sensación pudiera prolongarse durante toda la vida...

Y entonces, sintió el pene de silicona abandonar súbitamente su interior. Trató de retener el momento de placer pero se fue fugando irremisiblemente, como el agua por el desagüe.

—     Esto no funciona —dijo Melania.

—     ¿Qué? —preguntó Cris atontada y con una punzada de dolor en su pecho.

—     Tranquila, no has hecho nada mal. Soy yo.

—     A mí me estaba gustando...

—     Ya lo he notado —dijo Melania con sequedad.

Melania se levantó con brusquedad de la cama y se quedó plantada de pie, con el falso falo erecto, brillante por los fluidos producidos por su compañera

Si quieres que paren ve al capítulo 4

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Capítulo 19

Antes de que las dos chicas se acercaran a Luna, una sombra de impaciencia asomo en los ojos de Melania. «Cómo se comportaría Sarah en la presencia de Luna» pensó.  Normalmente, a medida los pocos días en los que habían intimado algo mas de lo que se considera normal para dos amigas, Melania se había percatado de que Sarah se volvía más obediente, aunque su carácter dentro del grupo ya era por lo general supeditado a lo que el grupo o ella misma dijera,  pero estando a solas con ella a veces actuaba de un modo descarado, que en ocasiones le permitía expresar su opinión o incluso quejas sobre algo que estuvieran haciendo en ese momento o que fueran hacer.

Sin embargo, Melania tenía dudas sobre que este comportamiento se produjera cuando metieran a una amiga más en el juego, podían ocurrir tres escenarios posibles. El primero, que aunque hubiera una persona más, ese aspecto descarado aflorara de vez en cuando, y por tanto que se comportara de la misma manera que se había comportado en la intimidad con Melania.

 El segundo rol, es el que Melania consideraba más improbable y era un escenario en el que Sarah asumiera una actitud preponderante. Realmente nunca se le había visto esa forma de ser, por lo que parecía poco probable que apareciera, estando además en presencia de Melania, que irradiaba un aura que hacía que Sarah se quedara pasmada y fuera incapaz apenas de expresar opinión y dudas.

El tercer escenario posible, según la opinión de Melania, era el que toda su inseguridad y deseo de obedecer y complacer se viera aumentado por la presencia de otra chica, conocida además, amiga y aunque Sarah no quisiera reconocerlo mucho más dominante y experta en lides amatorias. La suma de ambas personalidades podía hacer que Sarah se convirtiera nada más que un muñeco de trapo para los deseos de ambas chicas.

Cualquiera de los caminos que la mente y la propia Sarah tomaran, estaría a punto de desvelarse pues la distancia que las separaba era escasa y en pocos metros se acercaron a Luna que acabo el cubata de un trago y se quedó mirando expectante. El brillo en la mirada de la morena hizo sospechar a Melania que algo había intuido, así que le hizo una mirada insinuante de las de “tu sígueme el juego que sé de qué va el asunto”

Así pues, cuando Melania se acercó a Luna, Sarah se quedó con la cabeza gacha, sin apenas poder mirar para ningún lado. Por un lado la vergüenza y por otro lado la impaciencia y basta decirlo la excitación que sentía, hacían que le fuera imposible articular palabra en contra de Melania, ni siquiera hacer un movimiento en falso. La chica le gustaba tanto como la excitaba que le mandara, así que una cosa había llevado a la otra y se sentía incapaz de decir o hacer otra cosa que no fueran los deseos de Melania que siempre había sido tan tierna y firme.

Melania y Luna hablaron durante unos largos minutos, al principio los gestos eran intensos y demostraban nerviosismo, después se fueron suavizando, hubo alguna caricia de más, se susurraron al oído y parecían ciertamente entusiasmadas.

La duda embargo los sentimientos de Sarah «no cuentan conmigo» pensó, “«me van a dejar aquí y se van a ir las dos juntas». La desesperación cundía en el rostro de Sarah, incluso Bárbara se acercó a preguntar, pero cuando le dijo que no le pasaba nada,  comenzó un intenso dialogo con ella misma. Pero Sarah no tenía ganas de dar explicaciones, solo deseaba irse para casa y llorar toda la noche. En dos ocasiones pensó en darse la vuelta y huir, en una de ellas incluso hizo un ademán, pero con una mirada inquisitiva Melania le había instado a estar quieta así que no se movió.

Sarah dio un respingo cuando noto que Luna se acercaba directamente a ella, sin ningún tipo de miramiento metió la mano entre sus pantalones y tocó su sexo, estaba empapado de fluidos. Cuando saco la mano se la paso por el rostro a la chica que ni se inmutó.

–        Ésta, ya está lista Mel — dijo intentándose hacer oír por encima del ruido —. Ya nos podemos ir.

–        Sarah, visto que estas tan mojada — dijo Melania acercándose y casi susurrándole al oído —. Vas a ir al lavabo antes de irnos, te vas a quitar las bragas y las vas a traer metidas en la boca

Sarah desapareció sin decir nada y tras una espera de casi 10 minutos apareció con la boca cerrada y los carrillos llenos como si llevaran algo en su interior. Cuando se acercó al grupo de chicas, Luna hizo un gesto para que abriera la boca, como en un primer momento Sarah no reacción, Luna puso la mano en su barbilla en un gesto que pareció suave si no fuera por la clara implicación de abrir la boca que tenía. Cuando Sara lo hizo, la morena rebusco en su boca un instante para dejar una parte muy leve de tela de las bragas fuera de la boca, y con el mismo gesto le hizo cerrar la boca.

Sin decir ni una palabra más, salieron de la discoteca, con Sarah a la zaga. El camino a casa de Luna no fue largo, las dos chicas conversaban alegremente, reían y cantaban más alto que lo que correspondía a esas horas de la noche, pero las copas habían hecho su efecto. Un metro detrás caminaba Sarah, que iba con la mirada pérdida en el suelo y la boca llena de braguitas, las que al poco de salir de la discoteca la hicieron que empezara a babear abundantemente.

 

 

Cuando llegaron a casa de Susana que compartía con uno compañeros de piso, rápidamente las tres se dirigieron a la habitación de luna, y allí ya ella y Melania empezaron a comerse a besos mientras Sarah permanecía inmóvil en el umbral de la puerta.

–        ¿Qué esperas? ¿Una invitación? — dijo Melania

Sarah intento mascullar una excusa, pero las bragas impidieron que se le entendiera.

–        Anda ven acá — dijo haciendo un gesto para que se acercara.

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Capítulo 20

–        Vamos al callejón —Fueron las únicas palabras que pudo mencionar Melania.

En ese momento un destello pasó por la cara de Israel, que se froto las manos e hizo un gesto de asentimiento a su amigo Héctor. A duras penas fue capaz de coger su bolso y moverse entre el gentío hacia la salida de emergencia, seguidos, sin que se diera cuenta por sus dos nuevos amigos. Cuando empujó la puerta de emergencia, en seguida le golpeó una racha de aire fresco en la cara. No es que las noches fueran frías, pero se notaba el contraste entre el calor interior y el fresco nocturno.

Nada más salir de la discoteca, Melania fue empujada casi violentamente contra la pared del callejón y sin que le diera tiempo a reaccionar le subieron la falda y de un tirón le bajaron el tanga. Melania intento revolverse, pero el bolso se le cayó al suelo y el ímpetu de la acometida la dejó sin saber cómo reaccionar.

–        ¿Te vas a estar quietecita mientras te rompemos el culo? —comentó Héctor mientras apretaba con su antebrazo la cara de Melania contra la pared —. Es una suerte que no hayas querido ir hasta tu casa putita, esto simplifica las cosas

Melania se encontraba en estado de shock y no fue capaz de articular palabra mientras Israel se desabrochaba rápidamente el cinturón y se lo ataba alrededor del cuello. Un sonido entre una arcada y una bocanada para coger aire fue el indicativo de que el cinturón se encontraba apretado a tope.

–        He visto como me miraba con superioridad —dijo Israel con rabia en los ojos —. Lo he visto, no soy suficiente para ti. Tu solo querías acostarte con mi amigo, mi hermano — Carraspeó con impaciencia—.  Sin embargo, todas las tías sois tan perras. ¿Qué esperabas? —preguntó—. Que después de todo lo cachondo que me has puesto, me fuera para casa sin nada.

Israel siguió con su monologo mientras a Melania le faltaba cada vez más el aire, ya apenas podía respirar.

–        Eso no iba a acabar así, has estado tonteando con los dos y llegado un momento te rajas ¿no?, pues vas a notar mi polla en tu culo y que aprendas lo que es un cipote de verdad. Ahora te vas a poner de rodillas y a comernos un rato el rabo.

Antes de que pudiera darse cuenta Israel se había puesto a su espalda, ya tenía la polla dura como una roca y empezó a restregarla por su coño y su culo. Melania empezó a gimotear y el gimoteo se hacía más intenso y arqueaba la espalda cuando se acercaba peligrosamente a sus orificios. Israel estuvo jugando durante un rato, haciendo que cuanto más arqueaba la espalda más se reía.

Después de ese tiempo, Héctor que era el que sujetaba la correa, visiblemente molesto carraspeó y miró con signos de enfado a su compañero.

–         Venga de rodillas —dijo Héctor dando un tirón hacia abajo.

–        Ni, siquiera ahora me dejas disfrutar —protestó Israel visiblemente enfadado.

–        No protestes que estamos así por ti, por tus putas ideas

–        Hey relaja, campeón —dijo haciendo un gesto de sosiego—. Eres tú el que quiere hacer medicina y el que no tiene la nota suficiente, así que el trato es conocido por los dos.

Héctor hizo un gesto de asentimiento y bajó la cabeza. Cuando hicieron que Melania diera la vuelta y se pusiera de rodillas, la imagen era dantesca, se le había corrido todo el rímel, babeaba y moqueaba abundantemente, además de todo el pelo alborotado. Pese a su imagen desvalida, en sus ojos se vislumbraba una furia oculta que sus captores no lograron entrever.

–        Dejar, por favor…. —carraspeando y musitando con fingida voz trémula—. Que coja un pañuelo del bolso. Estoy horrible y no voy a hacer nada raro, no puedo escapar, me tenéis bien sujeta. «tenéis que dejar que alcance el bolso» pensó  «entonces cambiaran las tornas».

–        Venga Isra deja que se limpie, no querrás que te la chupe con esa facha.

El chico de gafas hizo un ademán de consentimiento, por lo que permitieron que la chica gateara hasta el bolso. Rebusco durante un momento en el bolso hasta que extrajo un revolver.

–        Vamos a ver gilipollas —comentó Melania —de rodillas. Y tu imbécil, no te guardes la cosa esa que te la arranco — dijo dirigiéndose a Israel—. Ni se os ocurra moveros, si os movéis a parte de llamar a la policía y denunciaros os meto un balazo en la rodilla que no vais a poder caminar en vuestra puta vida.

Las suplicas por parte de los dos chicos no se hicieron esperar, sollozaron y suplicaron, pero Melania se los retiro rápidamente con un ademan llevándose el dedo a los labios.

–        Que os calléis —dijo —no quiero excusas. Ni disculpas ni nada. Me habéis intentado violar y vais a pagar por ello. Tu —dijo dirigiéndose a Héctor, que se había tapado la cara con las manos —eres un imbécil, me habría acostado contigo, pero evidentemente ahora ya no, sin embargo soy compasiva y en lugar de llamar a la policía, te voy a dar la opción de perdonarte, solo si dejas que te rompa un brazo.

–        No por favor, te lo suplico no me hagas eso — dijo sollozando amargamente.

–        Eso o la policía tú eliges.

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Capítulo 21

–        ¿Acaso una osa no quiere cagar en el bosque?

–        Como —Dijo Melania confundida

–        Que si tía, que si

Antes de que se hubieran acercado al perro, ya se había dado cuenta de que dos personas se estaban aproximando y su cara mudó de expresión. De una expresión socarrona que tenía, la cual parecía casi una mueca a una expresión mucho más acorde a su posición. Se le afligió el rostro y bajo la cara. Cuando estaban a dos palmos levanto un poco la cabeza mirando a Begoña y a Melania directamente a los ojos.

–        No te he dicho que no me mires a los ojos mongolo —Dijo Melania soltándole una torta que le alcanzo, el cuello, la oreja y parte de la cabeza

El perro resignado no dijo nada, movió los labios como murmurando algo, pero con el ruido de la música no se pudo apreciar.

–        Venga perro invítanos a unas copas que estamos sedientas —Dijo Melania alzando la voz por encima del estruendo

–        No, que copa ni que ocho cuartos —Dijo Begoña—. Yo he venido a que me coma el culo.

Acto seguido se levantó el vestido floreado y le acercó el culo a perro, el cuál miro directamente a los ojos a Melania. En aquel momento, la sombra de la duda cruzó por los ojos de Alfredo. Hacer lo que su ama decía una vez más sería perder todo el control de su vida, algo por lo que había luchado durante su corta existencia, sin embargo, obedecerla era todo lo que él quería, necesitaba que la necesitara, se sentía como una marioneta en sus manos, pero una marioneta a la que le dan chocolate y chuches después del espectáculo.

Alfredo había aceptado tan bien el rol, que su diosa le había propuesto que no había dudado ni por un momento que eso fuera lo que quisiera hacer, además había sido tan gradual que cuando había querido darse cuenta del control que ejercía ella sobre él, había sido tarde para cualquier reacción si quería seguir viendo a aquella mujer. Y la cosa es que la amaba por encima de todo, le gustaba su forma de caminar, su forma de hablar, de moverse, como se retiraba el pelo de la cara, como se levantaba la falda…

Sin embargo, lo que le pedía ahora extralimitaba los límites que él hubiera imaginado, aunque no se sentía incómodo por el hecho de chuparle el culo a otra mujer, aunque fuera gorda, el mero hecho de hacerlo para complacer a Melania le llenaba, sabía que todo aquello daba un giro de tuerca más a su vida

–        Que te tengo dicho —dijo arreándole dos bofetones más.

Con este último bofetón, el Alfredo decidió que no podía discutir ni siquiera con la mirada. Podía no ser lo que deseaba, pero si era con la persona que deseaba y hacerlo así era la única manera de hacerlo, así que se puso de rodillas en medio de la discoteca, retiro el tanga con la mano y se puso a lamer el culo obeso de Begoña en medio de la discoteca. La lamida era más profunda de lo que Begoña hubiera imaginado y enseguida y con la primera embestida de la lengua del perrito tuvo que arquear visiblemente la espalda y lanzar un gemido inaudible debido al ruido ambiente.

En pocos segundos la gente se empezó a arremolinar en torno al espectáculo que estaban dando así que Melania decidió que lo más fácil era acabar con aquello en algún lugar privado. Con un ágil movimiento levanto por la oreja al perrito, que enseguida entendió que el show se había acabado y Melania salió en dirección a los baños con el detrás. Begoña que se había quedado con el tanga descolocado, soltó un suspiro con resignación y decidió seguir ella también la dirección de los baños.

Abriéndose paso entre el gentío cuando llegó a la puerta de los baños le resulto aún más difícil convencer a las chicas que hacían cola que tenía que pasar y tras unas breves discusiones accedió al interior del baño y rápidamente al cubículo compartido por Melania y el perro.

Si quieres seguir ve al capítulo 16

Capítulo 23

Después de los intensísimos orgasmos que habría sufrido, su mente estaba completamente en blanco y no era capaz de emitir ninguna señal química efectiva. Con las fuerzas que le quedaban, se llevó la almohada a la cabeza, donde pudo disfrutar de sus jugos, mientras lentamente se iba quedando en una duermevela de paz y sosiego

 

FIN

 

Capítulo 24

–        Date la vuelta —dijo Melania—.

La orden sonó seca en un tono que no dejaba lugar a la réplica. Una sombra de temor cruz el rostro de Sarah, pero confiaba tanto en esa chica, que era imposible no obedecer. Se sentía totalmente entregada a ella y haría cualquier cosa para complacerla, al fin y al cabo ella ya había disfrutado de lo lindo.

Lentamente se dio la vuelta, con las manos metidas por debajo de la almohada, expectante. Melania se acercó con lentitud, el falo lubricado aun apuntaba enhiesto hacia el techo de la habitación. Cuando se encontró a los pies de la cama recogió una camiseta

–        Las manos a la espalda —dijo.

Lentamente Sarah colocó las manos a la espalda las cuales fueron atadas con diligencia usando la camiseta a modo de cuerda. Con una caricia quizás demasiado firme, Melania obligó a colocarse a Sarah a cuatro patas, dejando la cabeza apoyada contra la almohada. El sonido de la respiración de Sarah se aceleró cuando la punta de plástico se lubrico lentamente con la entrada de su coño y acto seguido se sitúo en la entrada de su ano.

–        Mel… soy virgen de ahí —comentó con una voz trémula

–        No te preocupes, esta es la mejor manera de dejar de serlo, ¿No crees?

–        ¿me va a doler?

–        Sí, pero me lo agradecerás

Una sonrisa se dibujaba en sus labios mientras hacía presión con el strapon contra el esfínter de Sarah. Ésta empezó con unos quejidos de dolor mientras la punta horadaba el interior de su culo, aunque el ritmo era lento, la presión era constante y el dolor que empezaba a sentir hizo que tuviera que morder la almohada para no gritar.

Sin embargo Melania se sentía en la gloria, había empezado a sentir placer en el mismo instante que había comenzado a ejercer presión y estaba deseosa de clavar esa polla de plástico en las entrañas de su amiga, sin embargo no quería asustarla y tenía que actuar con suavidad.

Haciendo caso omiso de las quejas de Sarah, Melania decidió presionar un poco más la polla contra su esfínter, de modo que fue entrando poco a poco. A pesar de la lubricación, hizo que Sarah soltara un grito de dolor. A medida que el trozo de plástico perforaba sus entrañas, Sarah iba hundiendo la cabeza más y más en la almohada, para sofocar el dolor que sentía. Llegado un momento, cuando la pelvis de su amiga tocó con su cuerpo, se sintió llena, tanto que sintió una arcada que logro reprimir. Entonces supo que lo peor había pasado, se encontraba sudorosa, se había mordido el labio para no gritar mucho y le sangraba levemente. También se dio cuenta que un fino hilo  de sangre corría por sus muslos.

Melania por su parte se encontraba en la gloria. El simple hecho de embestirla completamente la había hecho correrse de golpe haciendo que su propio fluido corriera por sus piernas de un modo similar a como corría la sangre por los muslos de Sarah. Aquello la excitó mucho más aun y se decidió a ejercer más velocidad a su follada, sim embargo prefirió dejarla dentro unos minutos a fin de que se acostumbrara a estar empalada.

Melania comenzó entonces con un ritmo suave pero constante a fin de que la chica se fuera acostumbrándose al strapon dentro de su cuerpo. Al principio los gemidos de Sarah fueron de dolor e incomodidad pero a medida que iba imprimiendo más velocidad, esos gemidos se iban convirtiendo en gemidos de placer. Melania por su parte estaba en la gloria, jadeaba cada poco rato y el placer le sobrevenía de un modo apabullante.

Cuando la cabalgada fue más intensa, Melania agarro la cola de caballo que se había hecho Sarah y tiro de ella hacia atrás, haciendo que alzara la cabeza dejándola libre de la almohada, arqueando la espalda e inundando la habitación de una mezcla de gemidos de dolor y placer que se unieron a los jadeos sonoros de Melania, únicamente placenteros.

El duro correctivo al culo de Sarah se mantuvo durante unos cuantos minutos, en lo que un inmenso orgasmo arremetió contra el cuerpo de Melania, que dio una embestida final, que hizo que todo el cuerpo de su amiga se tensara quedando inerte, una vez que Melania saco el strapon de su interior cubierto de sangre y demás restos.

Ambas amigas exhaustas cayeron en la cama jadeando y sudorosas, las ultimas fuerzas del día fueron para desatar a Sarah del amarre improvisado y para soltarse el Strapon y dejarlo caer a un lado de la cama. Las dos se acoplaron una a la otra y fueron cayendo en una insondable duermevela de paz y sosiego.

Fin

Capítulo 25

«Sería una mejora considerable ir a hablar con ellos» pensó Melania «pero tendría que cortar a Bárbara, la cual estaba enfrascada en una diatriba personal»

–        Bárbara… —dijo aprovechando un momento en el que había parado para coger aire. — estoy sedienta y aquellos chicos han hecho señas para que nos acerquemos.

–        Mel, a veces parece que no te enteras —dijo arqueando las cejas. —no te estoy diciendo que Marcos y yo estamos inmersos en una crisis. No me puedo poner a tontear con el primero que pase.

–        No quiero que se estropeen las cosas entre vosotros por nada del mundo. Pero creo que uno de ellos es amigo de Pol, ya sabes, mi hermano — dijo intentando disimular un titubeo por la improvisación que estaba realizando. —creo que su padre es miembro de M&N asesores.

–        Guau — conteniendo un chillido de emoción. — es el mejor bufet penalista de la ciudad. ¿Crees que le importará si le abordamos y le pido una entrevista de trabajo?

–        No creo —dijo simulando una sonrisa y agarrando a la rubia por el brazo, —yo te los presento.

Cuando las chicas se presentaron, ellos apenas tuvieron tiempo de decir que se llamaban Israel que era el chico de las gafas y Héctor el chico de gimnasio. El resto de la conversación la llevo enteramente Bárbara que se dirigió seriamente hacia Israel para que supiera las intenciones de querer conocer a su padre, el supuesto dueño del bufet. Israel le siguió el juego perfectamente, porque entendió un mirada elocuente de Melania nada más llegar, la cual tras los dos besos de rigor y las cuatro palabras cordiales, pidió una copa y se puso a bailar con el otro chico, el cual tampoco parecía muy interesado ni en la conversación ni en escuchar a la rubia, pero si en restregarse suavemente contra el cuerpo de Melania, primero de una forma más inocente, pero con el paso de las canciones y de las copas fue calentándose la situación con algún beso robado, que no le importó demasiado a Melania.

Desde hacía un buena rato, Melania solo pensaba en su pareja de baile, que emanaba un olor muy agradable enmascarado por un perfume de Hugo Boss creía reconocer. Hace tiempo el monologo de Bárbara se había reducido en intensidad al ver que Israel no tenía realmente interés en presentarle a su padre, ya que ni siquiera le había mencionado que podría visitar el bufet cualquier día, así que la rubia había quedado en segundo plano y con la excusa de ir al baño se había quedado los dos chicos a solas con la joven.  Melania ajena a esta situación se percató cuando el segundo chico se le acercó por detrás rozando su pantalón contra su culo, y besándole distraídamente el cuello.

Melania en un primer momento se sintió altamente invadida su intimidad, pero las copas y el hecho de que solo estaban bailando redujo el desasosiego que en ella se producía y siguió bailando con los dos chicos. Los tres se movían de manera asombrosamente coordinada, para ser la primera vez que bailaban juntos, las caricias, los susurros y los besos distraídos se fueron sucediendo durante un rato, aunque la noción del tiempo estaba perturbada por el alcohol y por la leve excitación que empezaba a producir los roces de los miembros de sus inusuales compañeros de baile con el cuerpo de la joven.

De repente empezó a notar unos dedos que rebuscaban entre su falda, poco a poco fueron subiendo, como el que escala un ocho mil, consciente de que a pocos centímetros de allí se encuentra la cumbre.  Cuando los dedos alcanzaron la cumbre notaron el tanga de Melania suavemente mojado, pero no se detuvieron ahí, hábilmente retiraron el tanga con un dedo, y el con el otro se asomaron al profundo abismo de su cuerpo.

Melania comenzó a abandonarse al placer, separó con disimulo las piernas para dejar mejor acceso a los dedos que jugueteaban con ella, echó el cuello para atrás y comenzó a besar de un modo intenso al chico que en ese momento se encontraba a su espalda, Israel, que con bastante seguridad no era el que estaba metido entre sus piernas.

Estos escarceos se prolongaron durante unos cuantos minutos durante los cuales Melania comenzó a jadear de un modo ostensible.

–        En la salida de emergencias hay un callejón muy acogedor, en el que estaremos tú y yo solos, —susurró Héctor— o prefieres que vayamos los tres a tu casa.

Si quieres que Melania y sus amigos vayan a su casa ve al capítulo 3

Si quieres que se queden en el callejón ve al capítulo  20

Capítulo 26

La mente de Héctor se veía mover sus engranajes. Que se enterara la policía ponía fin a su posible carrera, sin embargo el dolor, era una cosa que podía tolerar.

–        Párteme la mano — dijo aguantando una mueca de dolor y tendiendo la mano izquierda.

–        La derecha listillo

Héctor puso la mano derecha en el suelo apoyando parte del cuerpo en ella. Melania sin más miramientos soltó una patada tremenda y al segundo siguiente el chico se encontraba en el suelo gritando de dolor y agarrándose el brazo con su otra mano.

–        SERAS PUTA, MIRA LO QUE HAS HECHO, ME HAS PARTIDO EL BRAZO.

Melania perdió la paciencia, soltó un puntapié a la cabeza de Héctor que lo derribó en menos de una milésima de segundo, al siguiente segundo Melania lo tenía agarrado por los pelos y le ponía el cañón sobre uno de los carrillos. El chico miraba alternativamente el cañón y a Melania, la cual tenía un enfado que salía por todos sus poros.

–        Hijo de puta, ahora sí que la has cagado —Melania respiraba entrecortadamente debido al enfado que tenía —con que soy una puta ¿Eh?, pues mira por donde tú vas a chuparle la polla al señor revolver. Abre la boca.

Héctor fue poco a poco abriendo la boca y cuando la apertura fue lo suficientemente grande, Melania introdujo casi a la fuerza el cañón del revolver. Melania hacía un movimiento hacia dentro y hacia afuera mientras que el chico se encontraba demasiado preocupado por el arma como para hacer nada más. Llegado un momento Melania la saco y la dejo a escasos centímetros de sus labios

–        Recorre la lengua por el cañón como si fuera un prepucio

Sacando la lengua de la boca Héctor empezó a dar pequeños lametazos al cañón del arma y luego se la volvía a meter en la boca, para al momento volver a lamer el cañón deleitándose con lengüetazos

–        Muy bien perrita, ahora los huevos

Con esta orden confusa, Héctor bajo la boca hasta la zona del  disparador y temblando de miedo fue chupando el disparador junto con el dedo de Melania. Volvió otra vez a meterse el cañón en la boca, sin embargo esta vez, la castaña empezó a meterlo más y más, alcanzándole hasta la garganta, provocándole una generosa arcada y moviéndola adentro y afuera cada vez más deprisa.

Melania se había colocado la pistola cerca de su cadera y acompañaba cada movimiento de penetración con un movimiento de cadera y comenzaba a gemir sonoramente. Estaba ahora follándole la boca literalmente. Conforme iba follándose mas rápido la boca de Héctor, mas iba gimiendo Melania hasta que  PUUMMM.

Melania había simulado un disparo, pero lo había hecho tan realista que el chico solo había podido mearse en los pantalones y tirarse al suelo llorando como una autentica madalena. La sonora carcajada que Melania dio, se oyó en todo el callejón.

–        Venga ahora tú, el que quería romperme el culo. ¿Sigues queriendo?

–        Si, —comentó con una mirada de desafío en los ojos. Se le había pasado el miedo inicial a que le hiciera algo—y sé que no tienes cojones para dispárame sino ya lo habrías hecho. Es más cuando te quite el arma te voy a follar el culo de zorra que tienes.

–        ¿Ahh si? —dijo Melania golpeando con la culata del arma en la cabeza, que hizo que se callera para atrás.

Sin embargo después de asimilar el golpe intento levantarse con furia para encararse con su atacante cuando una patada en los huevos le dejó sin aire. Como pudo, se encogió y unas lágrimas empezaron a brotar de los ojos. No podía apenas moverse y el pene empezaba a tomar un color morado, eso sí, la erección que tenía se le había reducido al instante.

–        Mira maricón de mierda, —dijo agarrándoles del pelo —la próxima vez que intentes jugar conmigo te vuelo un huevo, así que cuidadito. Y visto que ya no puedes follar, —echando una mirada elocuente hacia su miembro —vas a hacerle una mamadita a tu amigo.

Después de este conato de rebelión, Israel volvió a suplicar, temblando brevemente, sin embargo esas suplicas no aplacaron a Melania, que con un gesto indico a Héctor, que estaba gimoteando con el brazo que le había partido, que se bajará los pantalones dejando a la vista un pene que para lo flácido que estaba, tenía un tamaño decente.

Las suplicas, se sucedieron, pero con un amago de darle otro culetazo en la cabeza y llorando como una madalena empezó a acercase de rodillas y poco a poco fue metiéndose la polla de su amigo en la boca.

A pesar de las suplicas, los llantos y la técnica poco depurada de Israel, la polla de su amigo empezó a crecer irremediablemente y entre sollozos empezó a ejercer un movimiento de caderas, que hizo que su compañero pusiera una cara de asco.

–        Mira que bien, las dos putitas que quieren violar tías, resulta que son maricas — dijo Melania que se había subido un poco la falda y había comenzado a masturbarse intensamente.

Se apoyó en la pared intentando tener algún apoyo para que llegado el momento del orgasmo no le fallaran las pierna, mientras seguía apuntando a los dos chicos con el arma, que ya si ajenos a todo lo demás parecían que estaban disfrutando al menos  Héctor que prácticamente le estaba metiendo el miembro hasta la garganta.

La mamada se prolongaba durante varios minutos debido a la falta de técnica de Israel y a la previsible falta de excitación de Héctor. La que sí que estaba disfrutando era Melania la cual cada vez se masturbaba más y más rápido. Cuando se percató que la respiración de Héctor se hacía más intensa, dejo de apuntarles con el revólver y presa de la excitación comenzó a introducírselo por el coño, que acto seguido le provocó un gemido, por lo que acto seguido empezó a meter el arma más rápida y más profundamente. En pocos instantes sobrevino un orgasmo brutal que le hizo perder el equilibrio y acabo corriéndose cuando ya se encontraba sentada en el suelo.

Cuando consiguió recuperar las piernas la respiración y el habla vio que un gran chorro de esperma salía de la polla de Héctor y se estrellaba en la boca de Israel, el segundo en la cara y el tercero en las gafas. Cuando los dos chicos quisieron darse cuenta de que todo había acabado, Melania ya hacía varios minutos que había cruzado el callejón en dirección a su casa.

Fin

Capítulo 27

Cuando se acercó a la cama las dos chicas la desnudaron del todo y Luna le sacó las bragas de la boca y se las metió en el coño. Aquella situación avergonzaba enormemente a Sarah, pero cuando entendió las intenciones de la morena, facilito la entrada de la prenda con una especie de reverencia de rodillas, que hizo que las dos chicas se partieran de risa. Gracias a lo mojada que estaba desde la llegada de Melania a la discoteca, no fue difícil introducir las bragas dejando una pequeña parte fuera para poder tirar de ellas en caso de querer sacarlas.

Cuando acabaron, las dos chicas comenzaron a besarse de una forma muy pasional, parecía una lucha grecorromana, por la abundancia de manos que había entre los cuerpos de las dos muchachas, se tocaban sus cuerpos tórridamente, deslizando las manos hasta los sexos de la otra chica. Cuando empezaron a jadear presa de la excitación se percataron de la presencia de Sarah que aún seguía al pie de la cama sin moverse.

Melania estaba un poco irritada por la pasividad de Sarah, aunque pensándolo bien, hacía todo lo que le pedían sin rechistar, o hasta ese momento había parecido. «Quizás sea el momento de tensar la cuerda, para ver hasta donde es capaz de llegar Sarah» pensó Melania.

–        Ha quedado demostrado, Sarah que vas a ser nuestra perrita — dijo alzando la voz para que supiera que se refería a ella —. Pero hay un problema y es que las perritas no van andando sino a cuatro patas.

Como si un insulto muy grande hubiera escuchado, Sarah se sobresaltó, dando un saltito y acto seguido se puso a cuatro patas y miro expectante.

–        Hoy —Continuo—,  no te hemos sacado a pasear, pero no vamos a volver a la calle, sin embargo —dijo mirando hacia los lados como si recapacitara un momento. Cogió una pelota de tenis que había en un estante —. Voy a tirar la pelota, si la traes en la boca, podrás dale un par de lamidas a mi coño como recompensa. Si te das cuenta eres igual que los perros, solo que ha ellos le dan una chuche… bueno pensándolo mejor es igual que los perros — dijo soltando una sonora carcajada.

A partir de ese momento Melania tiraba la pelota por la habitación y una diligente Sarah a cuatro patas iba corriendo a por la pelota, se la entregaba a su dueña y como recompensa le dejaba lamerle el coño un par de segundos.

Mientras, Luna y Melania habían empezado a restregar sus coñitos con impaciencia, empezaron de forma rápida, moviéndose casi de forma violenta, pero cada vez que llegaba Sarah con la pelota tenían que para para que ella les lamiera a las dos. Eso hacía que durante unos instantes se relajaran y pudieran volver a tomárselo con más calma.

La follada intermitente se prolongó durante un buen rato, al poco de empezar las tres chicas se comenzaron a cubrir de un sudor perlado, las dos chicas de la cama por el movimiento físico que estaban realizando y Sarah por el esfuerzo de ir a cuatro patas por toda la habitación.

Cuando el juego de la pelota empezaba a volverse aburrido, Melania mandó parar a la perrita con un gesto y la ordenó que se mantuviera lamiendo las dos vaginas a la vez mientras ellas seguían con el vaivén. A partir de ese momento los gemidos se empezaron a hacer más intensos. Luna tuvo que ponerse la almohada en la boca para no gemir demasiado alto. Pequeñas gotas de sudor empezaba a realizar el camino desde el pecho desnudo de las dos chicas hasta el ombligo, unas veces para parar ahí y otras para seguir más abajo hasta las vulvas de amabas donde poco a poco eran recogidas por una solicita Sara que no dejaba de lamer.

De esta manera sobrevino el primer orgasmo de las dos, primero Luna y a los pocos segundos el de Melania, durante los cuales apretaron las piernas, tensaron los cuerpos y arquearon las espaldas. Quedaron inertes durante unos instantes, exhaustas por el esfuerzo realizado, durante el cual Sarah siguió lamiendo diligentemente.

Cuando se recuperaron levemente, se pusieron a 4 patas de tal manera que Sarah le comía el coño a Melania y ésta a Luna, que volvió a sumergir la cabeza entre las almohadas para amortiguar los gemidos que llegaban de su interior. Sarah estaba disfrutando de lo lindo. Nunca había pensado que hubiera reaccionado de esa manera, pero le encantaba complacer a sus dos amigas, aunque por el momento no la dejaran masturbarse y mucho menos, que ninguna de ellas le hacía nada a ella, «al fin y al cabo era normal» pensó Sarah «Ella no era nadie», pero aun así disfrutaba a su manera y el tanga del coño la mantenía en una situación entre incomoda y de excitación expectante por lo que pudiera llegar a pasar.

Por otro lado las otras dos chicas se encontraban en la gloria, se habían corrido una vez y el éxtasis de haber encontrado una perra tan solicita, les ponía tan cachondas que seguían comiéndose mutuamente.

Cambiaron sus posiciones de tal manera que Luna empezó a comérselo a Melania y Sarah a Luna, haciendo que la excitación fuera en aumento. El placer era tan delirante que cuando les acometía en uno de sus arrebatos, apenas podían seguir dando placer a su compañera de juegos.  En uno de estos arrebatos, Melania llegó al segundo orgasmo de la noche, que le dejo, sin saber prácticamente donde estaba o quien era. Le golpeo una avalancha de placer que hizo que prácticamente convulsionara durante unos segundos.

A los pocos minutos fue el turno de Luna a la que el orgasmo le dejó más indefensa que a Melania. Las dos chicas se encontraban tan exhaustas que apenas tuvieron fuerzas para ordenarle a Sarah que dejara de lamer y se dedicara a dormir con ellas, a los pies de la cama. Ambas se fueron sumiendo en una dulce duermevela de paz y sosiego.

Fin

 

PD: Podéis escribir en los comentarios que historia os ha gustado mas y cual menos, asi como cualqiuer critica constructiva que se haga. Un saludo.


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