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Fecha: 16-Jul-17 « Anterior | Siguiente » en Hetero: Infidelidad

¿Fantasías o deseos?. Capítulo 2.

Mar
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Tiempo estimado de lectura: [ 18 min. ]
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Sigue el relato en el que Raquel y Juan parecen conocerse mejor. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

Domingo 14 de julio en un ático de una ciudad costera del sur de España, 06.30 de la mañana.

Tras un par de semanas desde la fiesta Raquel, Marta, Juan y Carlos (la actual pareja de Marta) encontraron un fin de semana libre para ir a la playa un día o dos. Era una cala solitaria a la que solo se llegaba por el mar y quedaron en pasar el sábado entero y volver la mañana del domingo haciendo noche en la cala.

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La pulsera inteligente vibró en la muñeca de Juan que a duras penas comenzó a despertarse tras una dura noche de calor y sexo con Raquel. Aún era completamente de noche y la temperatura era de 26 grados. Se incorporó en la cama cubierto solo por un bóxer, no era noche de dormir con sábanas.

Miró al lado izquierdo de la cama y ahí seguía Raquel durmiendo en la misma postura que la recordaba al acostarse; tumbada de lado y con su largo pelo negro estirado tras la almohada para no enredarlo. Bah, la dejaré dormir un rato más, dijo mientras observaba su tranquila respiración y la belleza serena de su cuerpo.

Se dirigió descalzo al baño, hizo un pis y se metió en la ducha enjabonándose generosamente las piernas, el culo, el pene y los testículos, el torso y la cabeza. Tras dejar actuar el gel de baño se estuvo aclarando durante diez minutos sin moverse sintiendo el agua fría caer por su piel, había sido una noche dura de calor. Se secó con la toalla, se puso un bañador tipo bermudas estampado en tonos claros y se fue a la cocina mirando por la puerta del dormitorio si Raquel se había despertado.

Como un lirón seguía la chica de cuya silueta tumbada de lado destacaba su cadera que remataba unas piernas largas y bien formadas. Bueno pues habrá que despertarla, pensó mientras se dirigía a la cama y se sentaba al lado de ella.

-Raquel…eh muslazos, dijo en voz baja al oído mientras le movía suavemente el hombro.

-Mmmm…Raquel se dio la vuelta acurrucándose dormida aún dejándole unas bonitas vistas del culo apenas cubierto por una braguita muy fina de encaje. Dormía también con un sujetador negro sin aros a juego con las bragas por el que salía parte de sus pechos.

-Vaya por Dios ya estamos como todas las mañanas…Raqueeeeel, dijo ya más alto y moviendo el hombro de ella con más fuerza.

-¿Qué quieres Juan?, dijo ella sin moverse ni abrir los ojos.

-Chica pues que te levantes que quedamos a las ocho con Luís para recoger la lancha e irnos a la playa.

-Pero si es de noche, ¿no?, dijo ella abriendo apenas los ojos. Vale ya me levanto espera, dijo haciendo como sí se incorporara.

-Vale voy a la cocina a preparar el desayuno, no tardes.

A los diez minutos esperando volvió al dormitorio y allí seguía ella durmiendo tan plácidamente como sino hubiera roto un plato en su vida.

-¡Raquel joder, levanta!, le dijo ya con un cierta impaciencia.

-Ya voy ya voy…dijo incorporándose en la cama, estirando los brazos y frotándose los ojos.

-Me maltratas Juan que lo sepas, dijo en broma mientras se levantaba, se colgaba del cuello de él y le zampaba un beso de buenos días…muacks…¿seguro que no quieres un polvo mañanero?, dijo ella mientras se colocaba las manos tras la nuca estirando sus pechos y jugando con su larga melena provocativamente.

-Esto es grande muslazos, anda y levántate ya dijo él dándole un sonoro palmetazo en el culo…PLASH.

-¡AUUUU, que bestia! dijo mientras se acariciaba el cachete azotado, ¿ves como me maltratas?, jaja. Va me voy al baño.

Llevaría unos cinco minutos dentro cuando entró Juan en el baño.

-¿Pero se puede saber por qué cierras la mampara si te he visto hasta el cuello del útero?.

-¡Y a ti qué te importa son cosas mías!, dijo ella gritando bajo el chorro de la ducha.

-Joder Raquel si hasta lo hemos hecho ahí bajo la ducha…eeeen fin, ¡mujeres!, dijo dándose la vuelta para ir a la cocina.

Ya aseada Raquel se dirigió a la cocina vestida con el pantalón, la blusa que dejaba su vientre al aire y debajo un bikini amarillo pálido que le sentaba muy bien al moreno de su piel.

-Mmmmm qué bien huele, eres un amor. Dijo Raquel dándole un sonoro beso en la mejilla.

-Ya ya, ya lo sé pero comamos rápido que hasta el taller donde guarda Luís la lancha hay un trecho.

En diez minutos ya estaban los dos en el coche de camino y tras otros veinte llegaron al taller, enganchó Juan la lancha y se dirigieron a la terraza de verano donde habían quedado con Marta y Carlos.

-¿Marta?...si que en media hora estamos ahí, ¿estáis preparados?…¿si?, ¡bien!...no no, no eches nada de comer que ya hice yo anoche tortilla, ensalada malagueña, mejillones en salsa, boquerones en vinagre, gambas…si fruta también llevo…aja…aja…si, en la nevera llevamos cervezas para los chicos, un litro de mojitos con menta en el termo para nosotras, ginebra, ron, refrescos, un bidón de diez litros de agua…no champán no llevo compraré de camino…vale te digo cuándo salimos, un beso chau.

Y así era. En la terraza de un bar se encontraba Marta vestida con un pareo y la parte superior de un biquini rojo que le sentaba genial pero de tala tan fina que se notaban los pezones aún sin estar erectos. Se encontraba junto a un chico delgado de mediana estatura que ambos desconocían. Marta desde luego no dejaba indiferente a nadie porque aunque era algo más baja que Raquel tenía las curvas más exageradas, más cadera y más pecho sin estar desproporcionada ni fuera de peso.

-Subiros rápido que no puedo parar aquí con el remolque, gritó Juan. No lo tuvo que repetir, pagaron y en treinta segundos ya estaban subiendo a la parte trasera del coche.

-¡Hola Marta!, dijo Raquel que antes ya había puesto el asiento en su sitio y se daleaba hacia atrás para mirar a su amiga y darle dos besos.

-Hola guapa, antes de nada os presento a Carlos, un muy buen amigo…encantada…encantado…un placer.

Ya presentados todos se fueron al puerto deportivo donde Juan hizo las maniobras para colocar la lancha en el agua.

-¿Carlos me puede echar una mano con el remolque?, pesa dos mil kilos y por muchas ruedas que lleve…si claro, está hecho.

-Vaya Marta que calladito te lo tenías, muy mono tu chico. ¿Y cómo de amigos sois?, jaja.

-Es un antiguo ligue repescado pero ya te contaré, es un encanto.

-¡Vamos chicas, al barco!, dijo Juan con la lancha en el agua y todo lo necesario para acampar ya cargado.

De un salto Raquel se metió en la lancha toda entusiasmada. Marta por su parte dudó más porque el muelle era muy alto y la embarcación estaba separada de él como un metro, pero al final consiguió caer en la cubierta y no en el agua tras ser recogida por Juan entre sus fuertes brazos.

-Gracias, ¿dónde están los chalecos salvavidas?, preguntó algo asustada.

-Bajo los compartimentos de los asientos hay varios pero no va a ser necesario que te pongas uno porque la mar está como un espejo. Aquello no es que la tranquilizara mucho pero bueno, todo fuera por la causa.

Marta, Raquel y Carlos se sentaron en los asientos traseros tras quitarse las prendas de vestir salvo los biquinis y unas bermudas en el caso de Carlos. Mientras Juan sacaba la lancha del puerto y ya en mar abierto la dirigía hacia el este a buena velocidad. De vez en cuando miraba hacia atrás para decir alguna cosa y se quedaba flipado con los cuerpos de Raquel y Marta cubiertas solo por sus bikinis y con como les botaban las tetas, sobre todo a Marta.

Pasados unos quince minutos Raquel se levantó y se dirigió silenciosamente hacia él apretándose contra su espalda rodeando su cintura con sus brazos.

-Que bien conduce mi marinero ¡aysssssss!, dijo apretando su mejilla contra la ancha espalda de Juan y abrazándolo rodeando su vientre.

-Raquel no conduzco sino que navego y no soy marinero sino patrón.

-Dará lo mismo, dijo mientras aplastaba sus tetas contra la espalda a cosa hecha y con las manos le acariciaba el pecho y el vientre a espaldas de Marta y Carlos. ¡Tas cuadrao cabrónnnnn!...¡MUACKS! y le soltó un beso en un músculo de la espalda.

-Raquel cariño no seas traviesa que nos ven.

-Vale pero deja de mirarle las tetas a Marta o te la corto con un cuchillo cuando duermas, ¿o te crees que no me he dado cuenta?, tras lo cual ella le dio un cachete en el culo sonriendo y volvió a sentarse.

-¡Te las miraba a ti!, dijo él en un tono tan alto que lo oyeron todos.

-¿Las tetas no?, jaja le dijo Marta a Raquel flojito en el oído sonriendo.

-Es un tío Marta las gaviotas seguro que no eran, jaja, le dijo Raquel…es muy normal Carlos también mira las tuyas son muy básicos, respondió Marta… ya te digo sentenció Raquel como si a sus 24 años fuera una experta en hombres.

¡Tieeerraaa!, gritó Juan cuando ya tenía la cala a unos doscientos metros.

-¡A ver si me ganas, jaja!, gritó Raquel saltando al agua estirando su cuerpo con las manos por delante para no darse un golpe con ella, recalando unos metros y comenzando a nadar dando brazadas largas.

-¡Raquel!, gritó Marta preocupada por su amiga mientras se levantaba y miraba el mar agarrada a la barandilla.

-Tranquila Marta que flota, le aseguró Juan en broma. A ver Marta ya más en serio, Raquel nada como un pez estate tranquila que doscientos metros para ella no son nada. Cuando nadamos juntos hacemos mil o mil quinientos a buen ritmo. Dijo él bajando la velocidad de la lancha a casi nada para ir al lado de Raquel que continuaba con su ritmo de brazadas y pedaleo.

-Uy uy si casi que vas a ganar Raquel, se burló Juan.

-Caya payaso pues claro que te gano, dijo ella concentrada en sus movimientos hasta llegar a la playa diez minutos después y salir del agua andando despacio resoplando por el esfuerzo.

La vista del cuerpo moreno de ella empapado de agua que no paraba de caerle por la melena, espalda, culo, vulva y piernas era sencillamente increíble y Marta fue la primera en reconocerlo.

-Que cuerpazo tiene la niña, te quejarás. Dijo dándole un pequeño codazo a Juan mientras saltaba a la arena.

Él sonrió al tiempo que aceleraba la lancha para encallarla y tirar el ancla a unas rocas para asegurarla.

Pasados unos treinta minutos ya la habían descargado, montado la tienda de campaña para cuatro por si alguien quería dormir siesta o si pasaban la noche en la cala, dejado las neveras en el agua en una zona sombreada por los acantilados que rodeaban la cala y puesto las esterillas de mimbre para tumbarse. No llevaron sombrillas porque si a uno le apetecía podía colocar las esterillas en cualquiera de las sombras que se daban en la cala según la posición que tuviera el sol.

-¡Puffff!, yo no sé tú Carlos pero yo estoy muerto, ¿hacen unas cervezas?. Le dijo Juan.

-Por supuesto respondió Carlos. Carlos era un tipo interesante. No tenía un cuerpazo y en el físico no destacaba por nada si bien era alto y delgado, así es que sí Marta salía con él seguro que era un hombre interesante en algún sentido.

Las chicas por su parte cogieron un par de latas de cola, protector solar 50 y colocaron las esterillas separadas de las de ellos e iniciaron una conversación.

-Bueno Marta, cuéntame qué tal es Carlos porque me he enterado de que salíais casi ayer. Dijo Raquel sentada en la esterilla mientras se untaba el protector en la cara, brazos, piernas, vientre…

-Pues es un tipo genial, ¿sabes?, lo conocí en Inglaterra. Vi un anuncio en el que pagaban 200 euros por una sesión de fotografía en traje de baño, le eché morro, me presenté, y a los dos días de eso me llamó diciéndome que entre que mi cuerpo era el que buscaba y que los dos éramos españoles le encantaría que la hiciese yo. Y bueno no sé si alguna vez has estado en una sesión así pero entre que eres tú encerrada con un bikini en una habitación llena de focos con un tío durante varias horas que te fotografía y no deja de decirte:” no no, esa pierna más arriba…hunde un poco el vientre…genial preciosa…” pues chica que a veces te pones claro. Vamos que follamos allí mismo, dijo Marta tan tranquila.

-Vaya eso es genial, un fotógrafo. Y como persona cómo es, ¿te trata bien no?.

-Si estupendamente o sino no seguiríamos juntos. ¿A que me vas a preguntar por lo sexual?, jaja. Si muy bien también y muy imaginativo.

-Juan también lo es, a veces demasiado.

-¿Cómo que demasiado?, preguntó Marta mientras se ponía leche bronceadora en la cara.

-Bueno que tiene fantasías y eso ya sabes, nada anormal creo. Bueno últimamente anda con una muy pero que muy  rara.

-¿Cómo de rara?, preguntó Marta ya tumbada en la esterilla boca arriba.

-Super rara, que le gustaría verme follar con otro.

-¡Ostras que suerte tienes!, jajaja rió Marta incorporándose en la esterilla para verle la mirada.

-¡Marta!, ¿en serio te parece normal? casi la riñó Raquel sorprendida por su respuesta.

-Chica muy normal no es pero ya sabes que yo en lo sexual soy muy liberal y…bueno…yo eso lo veo como prestar mi cuerpo a otro al que ni amo ni volveré a ver jamás y si con eso hago feliz a mi hombre pues…

-Ya pero muy normal no es Marta reconócelo y en tu tierra y en la mía eso se llama infidelidad joder, dijo volviéndose a tumbar y ensimismándose en sus pensamientos algo desilusionada y contrariada porque su amiga pensase distinto a ella.

-Raquel no te rayes cielo. Tienes 24 años, yo 26…oye relájate y disfruta la vida que a lo mejor mañana estamos en el otro barrio. No soy nadie para dar consejos pero si en lo sexual tu chico te pide algo que no te suponga un trauma, hazlo porque él te lo agradecerá.

Marta siempre decía lo que sentía y más a Raquel a la que trataba como a su hermana menor sin serlo.

La voz de Juan interrumpió la conversación.

-¡Eh chicos!, ¿os venís a la cueva de al lado y hacemos tiempo hasta la hora de comer?, no son ni las once.

-Yo si claro, está super guapa dijo Raquel levantándose con ganas de aventura.

-¿Una cueva?, ¿pero cómo se entra andando o nadando?, preguntó Carlos mientras separaba el ojo del visor de la cámara con la que estaba fotografiando el paisaje entre trago y trago de cerveza.

-Nadando en paralelo al acantilado y después buceando unos diez o quince metros respondió Raquel.

-Mejor no dijo Marta, eso de bucear no va conmigo.

-Venga ya Marta si solo se bucean diez metros el resto es a nado. Está guapísima y tiene boquetes arriba del todo por los que entra la luz del sol. ¿No?, bueno os lo perdéis entonces. Espera Juan que voy a por la bolsa de buceo impermeable, voy a meter unas cosillas. Tras un par de minutos salió con la bolsa cruzada en bandolera con una correa de nilón que pasaba entre sus pechos y otra correa que rodeaba su cintura.

-Ven, dijo Juan extendiendo su mano para tomar la de Raquel. Fueron andando juntos de la mano por la arena hacia el extremo de la cala donde se metieron en el mar hasta que le llegó al agua a los hombros de ella, después comenzaron a nadar uno al lado del otro hasta que desaparecieron tras las rocas del acantilado.

-Que pareja más guapa, ¿verdad Carlos?. Dijo Marta quitándose la parte superior del bikini para tomar el sol en tetas.

-Pues si que hacen buena pareja si, dijo él abrazándola por detrás sin darle tiempo a tumbarse y acariciando su vientre y sus tetas. Le encantaba sobar aquellas tetas grandes sin llegar a la exageración pero cuya carne escapaba entre sus dedos. La otra mano ya andaba metiéndose entre el tanga y el pubis llegando a la vulva ya mojada.

-Mmmm…eres la ostia dijo mientras sentía el pene completamente erecto frotarse contra su culo. Bufffff que rápido vas Carlos, voy a tener que “aliviarte” porque no me apetece follar ahora la verdad, pueden volver en cualquier momento.

-Pues toda tuya, dijo él quitándose las bermudas y colocando a Marta frente a él bajándola hasta encajar su pene  entre sus tetas mientras ella las apretaba con sus manos con fuerza.

Tras un minuto follando sus tetas Marta prefirió sentarse en cuclillas del todo para quedar con su boca a la altura del pene y comenzar a frotarlo tras haberse untado la mano con el protector solar.

-¡Diossss que pene más guapo tienes cariño!, decía ella mientras lamía su glande, se lo metía en la boca y continuaba frotando aquella barra dura como un hierro de unos 16 centímetros.

-Buffff…cariño como la mamas, da gusto, decía él cogiendo la cabeza de ella y empezando a follarle la boca hasta que estuvo a punto. Entonces le apartó la cabeza, apuntó a sus tetas y tras un par de manotazos más empezó a derramar su semen en ellas. Marta se embadurnó las tetas con su semen, le pasó la lengua por el pene hasta dejarlo bien limpio y, tras una corta carrera, se tiró al agua para limpiarse.

Entre tanto Raquel y Juan nadaban en paralelo al acantilado hasta llegar a un hueco en la pared que si no se sabía que debajo del agua continuaba hasta una cueva cualquiera pasaría de largo.

-¿Estás bien Raquel?...ah…ah…si, estoy bien dijo ella recuperando la respiración. Vale pues cuando quieras.

-Ya, dijo ella dándose la vuelta hacia el fondo e impulsándose con los pies. Juan la seguía detrás mirando sus preciosos muslos y culo tensos por el esfuerzo bajo el agua. Tras un minuto y medio buceando Raquel sacó la cabeza en lo que parecía un pequeño lago que daba a un suelo de fina arena cerrado por una cúpula que en su sitio más alto tendría 20 metros de altura.

Se dio la vuelta y vio salir la cabeza de Juan, los dos se adentraron en la cueva ya andando mirando flipados hacia todos lados.

-Dios que belleza es impresionante…si que lo es dijo él admirado por el juego de luz que hacía el sol allí arriba a 20 metros de altura sobre ellos que parecían diminutos dentro de la gran cueva que podía tener perfectamente 70 metros de diámetro.

-Mira Juan, dijo Raquel señalando con un dedo un rayo de sol de color rosado…abrázame, ¿quieres?. El se colocó tras ella apoyando su cabeza en su pelo y abrazándola por la cintura con sus antebrazos sobre el ombligo y el vientre de ella tan blando a veces como firme otras. Te…quie…ro, le dijo Juan besándole la cabeza.

Ella se dio la vuelta con los ojos llenos de amor y deseo, le miró sonriendo y comenzó a desatarse las tiras del bikini dejando a la vista sus húmedos pechos con los pezones ya duros por el agua y su coñito en el que destacaba el triángulo de vello depilado por los lados y rasurado por encima. Juan también se quitó las bermudas liberando sus 17 centímetros de pene en descanso que llegaba a los 22 en erección. No solo destacaba por su longitud y grosor sino por la belleza de su glande, belleza que ella adoraba aunque a veces le diera algún disgusto sino se encontraba excitada al cien por cien.

-Ven, tumbémonos a mirar entrar los rayos del sol por la cúpula.

Tras un rato admirando el techo de la inmensa cueva Raquel se daleó hacia Juan colocando su muslo sobre los de él y acariciando con su mano su pecho.

-Me pones mucho Juan, ¿lo sabes?.

-Creo tener una ligera idea, jaja, dijo mientras le cogía con una mano por las mejillas y empezaba a comerle la boca acariciándole los pechos coronados por los pezones duros por el frío del agua y el deseo.

-Espera, túmbate cariño, le dijo ella.

Cuando lo hizo se colocó sobre él sentada en cuclillas con los muslos abiertos apretando sus costados. Su vientre y tetas completamente al alcance de sus manos, era como más me le gustaba follar a ella.

Puso una mano tras ella ladeando un poco el torso para coger la polla y ponerla a la entrada de su vagina. Antes frotó el glande entre sus labios vaginales y lo colocó justo a la entrada. Empezó a bajar su cuerpo para que su polla fuese entrando lentamente dentro de ella, de su vientre, de sus tripas.

-Mmmm…ah…ah…ah….auuufffff. Los gemidos de dolor salían de los labios de Raquel hasta que la parte más gruesa del glande pasó por fin la entrada de su vagina. Durante unos segundos se quedó quieta con las manos apoyadas en el pecho de él mirando hacia abajo el punto donde sus pubis se juntaban y esperó a que su vagina dilatase y se adaptase al pene moviendo ligeramente la cadera hacia delante y atrás.

Él instantáneamente comenzó a acariciar su espalda, su culo, sus muslos, sus tetas que apretaba y besaba mientras ella hacía círculos con su vagina alrededor de su pene…no hubo parte del cuerpo de Raquel que no tocase aunque dejó sus manos rodeando su cintura y apretando de vez en cuando su ombligo con sus pulgares, tras cuatro meses juntos sabía que eso a ella la volvía loca.

Y se lo follaba a conciencia porque pasado ese primer momento de adaptación de la vagina a su gruesa polla, ella comenzó un movimiento de sube y baja lento al principio que fue acelerándose conforme pasaban los minutos…ah…ah…mmm…las manos de Raquel se agarraron con fuerza  a la arena a los lados de la cabeza de Juan echando casi el cuerpo sobre él mientras él le comía las tetas y un temblor incipiente comenzó a notarse en sus muslos. Temblor que rápidamente se extendió al resto de su cuerpo delatando un orgasmo tan bestial que la muchacha terminó desplomándose por completo sobre él entre espasmos y una respiración super agitada.

A Juan no le hizo falta más que notar los pechos de ella aplastados sobre él y las últimas contracciones vaginales para explotar en un orgasmo durante el cual la abrazó muy fuerte por la cintura para no salirse de la vagina y llenarla de semen.

-Bufffffffffffffffffffff…¡Dios que bueno Juan!, dijo dejándose caer sobre la arena al lado de él mirando al techo. Cualquier día me matas cielo.

-¿Yo?, ¡pero si lo has hecho todo tú solita guapa!, dijo él.

-Ya bueno pero te culpo a ti, jaja.

Pasados unos minutos descansando sin mover un músculo Raquel se aproximó a la bolsa de buceo, sacó dos copas de plástico y una botella de champán y comenzaron a charlar tumbados de lado el uno frente a la otra.

-La verdad es que tenemos buen sexo, ¿verdad?.

-Si claro, dijo él acariciándole un muslo.

-Y entonces…¿por qué te gustaría verme con otro, te sería más placentero ver como me folla y masturbarte que follarme?.

-Pues no se Raquel, supongo que sería distinto. No sé como cuando veo una película porno o algo así en la que la protagonista serías tú.

- Ya pero, ¿no sentirías celos o algo emocional, no temes perderme o que al perder ese morbo me dejes?, dijo ella acariciando su fuerte pecho.

-No porque en mi fantasía emocionalmente tú no le perteneces a nadie más que a mí. Es solo tu cuerpo el que está siendo follado por otro pero no tu mente, esa solo te la follo yo.

-Vaya. Con razón eres tan buen vendedor de coches porque un poco más y me convences, jaja. ¿Volvemos y comemos?.

-Como quieras.

Ambos se vistieron, cogieron la bolsa de buceo y se lanzaron al agua hacia la playa de la cala. Serían las tres de la tarde cuando se reencontraron allí con Marta y Carlos.

CONTINUARÁ.


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© Mar

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