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TODORELATOS » HETERO: GENERAL » PEQUEÑA NLCOLE - PERDÓNEME PADRE PORQUE HE PECADO
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Fecha: 16-Jul-17 « Anterior | Siguiente » en Hetero: General

PEQUEÑA NlCOLE - perdóneme padre porque he pecado

ereqtuspumtocom
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"EL SAGRADO CORAZÓN" es un oasis de santidad en medio de un mundo manchado por los escupitajos de Satanás. Los pecados capitales, uno a uno, han ido pervirtiendo a los hombres con el beneplácito de una sociedad cada vez más permisiva y decadente. "Quien no conoce a Dios, a cualquier santo le reza" Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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N:  Perdóneme padre porque he pecado.

E:  ¿Cuanto hace que no te confiesas hija?

N:  Nunca he hecho una confesión formal. Pero hoy hemos hablado de ello en clase y...

E:  ¿Te lo ha explicado bien sor Casilda? ¿Has hecho examen de conciencia pequeña?

N:  Sí, sí... y creo que he sido una niña muy mala.

E:  Adelante Nicole. Confiesa tus pecados para hacer las paces con Dios.

N:  Mmmmnh... ... ... Hace medio año, durante el viaje de fin de curso, seduje a mis profesores y terminaron por follarme los dos por el culo.

    Erasmo enmudece. Esperaba algo como un hurto, alguna mentira o incluso determinados tocamientos, pero esto...

E:  Nicole. Este es un sitio sagrado donde no se admiten bromas.

N:  No estoy bromeando padre. Confieso mis pecados porque me pesan. Ellos eran buenos hombres y yo les arrastré, con mis argucias, por el mal camino. Encendí su lujuria con mis malas artes y conseguí someterles plenamente.

E:  Emm... ... ... ¿Fueron los dos a la vez?

N:  En una ocasión llegaron a penetrarme al mismo tiempo. Uno por detrás y el otro...

E:  !¿Es que hubieron más ocasiones?!

N:  Fueron cuatro encuentros en total, pero en uno de ellos me limité a hacerle una paja al profesor más gordo y viejo.

E:  ¿Qué edad tenia dicho profesor?

N:  No lo sé. Como usted más o menos, pero él no era tan guapo. Era como un cerdo.

E:  ¿Cómo pudiste hacer algo así Nicole? ¿Cómo fuiste capaz?

N:  Todo empezó como un juego. Una cosa llevó a la otra sin ninguna mala intención.

E:  ¿Es que tú no sabes que el camino del infierno está lleno de buenas intenciones? 

N:  Sí. Eso es lo que dice siempre sor Teodora cuando nos excusamos.

E:  .. .... Ahora estás a salvo. En este santuario de bondad no volverás a caer en pecado. 

N:  No lo sé padre. No es tan fácil. A veces... a veces vuelvo a sentirme muy cachonda.

E:  Pero ... !Por Dios! Eres demasiado joven para tener esa clase de sensaciones.

N:  Es cierto pero... es que yo no soy como las otras.

E:  ¿Por qué no puedes serlo?

N:  ¿Se ha fijado en mi cuerpo padre? Tengo las tetas a tope y mis nalgas son grandes y redondas. Ni las niñas de cursos más abanzados son tan voluptuosas.

E:  Pero no hables de tu cuerpo. Habla de tu mente.

N:  Mi mente también va por delante. ¿No ha oído como me expreso?

E:  Aunque ya te sientas mayor... ... ... no quiere decir que tengas que ser pervertida.

N:  Es verdad y... intento portarme bien, pero no sé lo que me pasa. Aunque aquí no hayan chicos... está usted, está Amadeo... Quiero ser buena pero mis pensamientos perversos se apoderan de mi mente. Si no fuera por mi recato... haría tantas cosas, tantas cosas vergonzosas que... me pongo caliente solo de pensarlo.

    El tono de Nicole, cada vez más suave, adquiere una musicalidad sugerente y obscena, como si la nena estuviera peregrinando hacia las oscuras sombras de un embriagador orgasmo pecaminoso.

-Nicole... ... ¿No te estarás tocando ahora? mientras hablamos?-   sofocado.

-NoOoh, claro que noOh-   con una pronuncia que la contradice.

- ... ... Escucha pequeña... ... ¿Sabes que es la constricción y el propósito de enmienda?-

-Sí. Sor Casilda nos lo ha enseñado hoy; y también lo que es el secreto de confesión-

-Para acercarte a Dios tienes que arrepentirte y no volverlo a pecar de ese modo.

****

    El padre Erasmo reza, de rodillas, muy cerca de la gran figura de Jesús que hay en la capilla del edificio. Cierra sus ojos con fuerza, como si así lograra distanciarse del mundo terrenal.

    Hacía mucho tiempo que nada turbaba su apacible vida de interno en El Sagrado Corazón. Puede que tantos años de sosiego existencial, en su amable burbuja de corrección, hayan ablandado su entereza para hacer frente a las vicisitudes que acarrea la astillada realidad del mundo exterior.

    Sea como sea, su pene se endureció como una mala cosa al escuchar el bochornoso relato de Nicole en el confesionario. Erasmo sintió como los dedos del demonio le agarraban el alma desde la oscuridad del ángulo muerto de su conciencia y le daban un perverso masaje, anestesiando sus virtuosos valores. Su voluntad se vio debilitada a la hora de imponerle una penitencia a Nicole y sintió la tentación de mandarle hacer cosas indecentes e impropias de una chica de tan tierna edad.

    Por la noche, el padre Erasmo se corrió, fruto de deshonestos tocamientos, imaginando que esa nena ponía fin a su castidad.

    Monseñor Merino tenía razón. Es peligroso, para el equilibrio de cualquier ecosistema, introducir cualquier agente externo. 

"Ninguna niña de tradición católica hubiera podido inquietarme de ese modo. Nicole ha traído la impureza a esta sagrada institución.                                                   Todo es culpa mía. Yo me salté el protocolo y decidí admitirla a pesar del desarraigo de su fe cristiana y de su tardía inscripción"

    Ahora es tarde para rectificar. Erasmo intentará que esa pequeña pecadora se una al buen rebaño sin causar ningún estrago en la recatada educación de las otras niñas.

****

 

    La música del piano fluye armoniosamente, acompañando este ensayo vespertino. El padre Erasmo está en trance mientras acaricia las teclas de marfil del viejo teclado. Libre de tempo, entra en simbiosis con la representación que se está llevando a cabo en ese teatro sin público. Puramente testimonial, acompaña sutilmente los diálogos para escalar con furia siniestra en las escenas donde el demonio toma protagonismo, vuelve a caer con delicados matices hasta que la trama requiere un sonido apoteósico y celestial. Su improvisación es prodigiosa.

    Tantos años de formación y de dar clase de música no han caído en saco roto. Añora esos tiempos en que esa era la materia troncal de sus enseñanzas. Ahora su cometido es mucho más burocrático: las cuentas, el papeleo, subvenciones, el trato con los padres, normativas, peticiones... a penas da unas pocas clases. A pesar de que el centro cuenta con poco más de un centenar de estudiantes, el trabajo se amontona y no termina nunca.

C:  Nooh. Otra vez no. El lobo. El lobo se ha comido otra de mis ovejas.

V:  No podemos seguir así padre. Moriremos de hambre si nos quedamos sin rebaño.

C:  ¿Qué no daría yo para acabar con esta bestia? !Vendería mi alma si pudiera!

    El padre Erasmo empieza a encadenar notas disonantes cuando aparece Azucena, interpretando al maligno, para embaucar al pastorcillo. Sor Teodora le hace gestos de admiración y levanta su pulgar discretamente para no interferir en la concentración de sus alumnas. Las niñas lo están haciendo mejor que nunca. Por fin tienen bien aprendido el guión. Parece que la obra estará lista para la gran representación del sábado ante los padres y demás alumnas del centro.

    A Erasmo empiezan a temblarle los dedos cuando Nicole aparece en escena. Por suerte, la música de este tenebroso acto ya requiere de una interpretación caótica y nadie se percata de su descontrol.

    Esa diablilla lleva el disfraz que Anastasia usó en el curso pasado. Lo que ocurre es que Nicole es un año mayor que el resto de las niñas y el desarrollo de sus atributos es anormalmente precoz. Ani ya es bastante más menuda que ella ahora; más lo era hace un año.

    Esas mallas negras están al borde del desgarro, sometidas a la presión de las generosas nalgas de Nicole. El ombligo juguetón de la niña no para de asomarse impunemente, escapando de ese atuendo sobrepasado por las circunstancias. Esa barriguita tan redonda y sugerente trae de cabeza al perturbado pianista, que ya no consigue atinar con precisión a las teclas adecuadas.

    Por si fuera poco, la gracia de sus movimientos sobreactuados aún hieren más la moralidad de esa morbosa escena.

"¿Es posible que solo esté en mi mente? Teodora está orquestando la función y no reacciona. Ni siquiera las otras niñas parecen extrañadas. !Esta obsesión se está apoderando de mí!"

    El padre Erasmo niega con la cabeza y baja la mirada para escapar de ese turbador rojo y centrarse en el blanco y el negro de las teclas con las que se expresa. Intenta abstraerse hasta que Nicole pronuncia su texto:

-Pobre iluso !Que inútiles son tus esfuerzos! Tu moral no es más que una suave brisa que no frena el firme paso del pecado. Por más que lo intentes, sucumbirás al encanto de mis tentaciones y te doblegarás ante el poder del maligno.

     El piano se queda callado. Erasmo ha visto como Nicole le miraba de reojo al pronunciar esas tendenciosas amenazas. Alarmado por un mudo instante fugaz, vuelve a dejar caer algunas notas graves para desterrar ese incómodo silencio. El pastorcillo, interpretado por una niña llamada Viviana, pronuncia su respuesta y en pocos segundos aparece el Arcángel Gabriel para ahuyentar a esa perversa diablilla. Ariana arranca las risas de todos los presentes con su graciosa actuación angelical.

    Finalmente termina la representación. Se ha producido un poco de descontrol con los tres reyes magos. Ese fragmento lo trabajarán mañana con especial atención ya que será el último ensayo antes de la gran puesta en escena. La mayoría de las niñas abandonan la sala pero, cuando Nicole pretende escabullirse, la hermana Teodora le llama la atención:

T:  Nicole ¿Dónde vas? Tú aquí con migo. ¿Olvidas tu penitencia?

N:  Pero Teooooh... esta tarde ya he limpiado con la hermana Ángeles.

T:  Eso no te librará de ayudarme a poner orden aquí y ahora. ¿Verdad padre Erasmo?

    El cura asiente con la cabeza. Las fechorías de esa nena en el Valle de la Florida, a finales del curso pasado, no pueden quedar impunes. Erasmo no solo le mando rezar rosarios sino que, hasta que termine el año, deberá de ayudar a las hermanas en todos sus quehaceres, cada vez que ellas la soliciten.

    En otros tiempos, todas las niñas participaban de las tareas cotidianas pero, hoy en día, los padres que financian esa institución privada son gente muy adinerada y no consentirían que sus hijas tuvieran que prestarse a dichos menesteres.

    Ariana también está castigada. Sus pecados no son tan censurables como los de Nicole. Son más bien asuntos disciplinarios.

    Probablemente sea la niña más mona de la clase. No en vano, ha sido escogida para interpretar a ese ángel celestial. Tiene una pálida piel suave, rizos rubios propios de un cuento de hadas, ojos azules tan claros como el cielo...

    El ensayo de hoy ha sido el primero en que se usaba el confeti y las serpentinas de colores en la coreografía. El suelo ha quedado hecho un cuadro. Las dos niñas han arrimado el hombro a la hora de limpiar y recoger los bártulos pero ya hace un rato que tienen una actitud más distendida y en estos momentos, encaramadas en ese gran escenario, juegan con unas pelotas y unos aros que han encontrado casualmente.

    El teatro está muy cerca del gimnasio y, justo entre los dos, se ubica un pequeño almacén donde se guardan los decorados, atrezo, redes, balones... hasta hay un potro de gimnasia con la altura graduable mediante diferentes niveles de madera. Ese sitio es un filón para esas curiosas niñas que no han podido evitar toquetear muchas de las cosas que han descubierto.  

    El padre Erasmo y sor Teodora han tenido una de sus cordiales conversaciones acerca del devenir de la obra pero, finalmente, la hermana se ha ido para llegar a tiempo de dar su última clase del día. El cura pone algo de orden a sus partituras y guiones al tiempo que vuelve a supervisar a ese par de nenas juguetonas.

    Están cantando, al unísono, una canción demasiado profana mientras no paran quietas. Ariana bota la pelota y Nicole usa uno de los aros a modo de hula hoop. El rostro del religioso queda boquiabierto y el tiempo se ralentiza.

    Viéndola a cámara lenta, se deja embriagar por esos ondulados movimientos que mantienen la circunferencia orbitando al rededor de su cintura. Sus curvas se pronuncian malévolamente. Describen el movimiento más erótico que Erasmo ha visto en las últimas décadas, dado su permanente aislamiento del mundo moderno.

    El pelo despeinado de Nicole eclipsa su rostro dándole un toque aún más perverso mientras mantiene sus brazos abiertos como si fueran alas demoníacas. Cuando se percata del atontado semblante de su espectador, la niña se deshace grácilmente de su pintoresco chaleco rojo con llamas estampadas. Una fina camiseta negra de manga larga es lo único que defiende la compostura de su torso mientras se contonea lascivamente, rotando un poco sobre sí misma en cada paso.

   Ajena a tan pernicioso juego, Ariana intenta hacer malabares con dos pelotas de gimnasia rítmica, con tan mala suerte que una de ellas se le escapa rodando rápidamente hasta precipitarse fuera del escenario, en la zona de las butacas. Tras lanzar una tímida queja, se dispone a recuperarla. El padre Erasmo ni siquiera se da cuenta del percance del Arcángel Gabriel. Solo tiene ojos para su demoníaca pupila.

    Finalmente ocurre lo inevitable. El fastuoso culo de Nicole termina por vencer los torturados límites de esas mallas negras. Una vez vencida la primera rotura, la tela elástica se desgarra rápidamente liberando las opulentas nalgas desnudas de la niña que, como si nada hubiera ocurrido, sigue con sus hipnóticos meneos traviesos. El cura hace rato que siente sus latidos como tambores infernales y está al borde del infarto cuando comprueba que esa pequeña colegiala no lleva bragas. 

      A Ariana le ha costado un poco recuperar su valón. Este había quedado atrapado debajo de una butaca de la primera fila. Encaramada de nuevo en el escenario, percibe algo extraño en la estática pose de los otros dos actores de esta escena. Están observándola en silencio. El padre Erasmo tiene cara de susto y Nicole, algo más cerca, se cuida de no darle la espalda a su amiga para ocultar la vergonzosa rotura de su indumentaria.

-¿Qué pasa? ¿Pasa algo?-   un poco asustada.

-Emm... ... ... no-   contesta Erasmo   -Que no estáis aquí para jugar-   intentando vencer su estupor con un enfado severo.

-Sí Ari, ya está bien. ¿No te das cuenta que no hemos venido a jugar a la pelota?-  

    Nicole entona su reproche con voz de niña repelente. Ariana asiente sorprendida y recoge la otra pelota para regresarlas a su sitio.

N:  No Ari. Deja eso. El padre Erasmo y yo llevaremos los aros y las pelotas al almacén. Tú encárgate de barrer el escenario hasta que no quede ni un solo papelito de confeti.

A:  ¿Es que ahora mandas tú? Es más trabajoso barrer este percal así que es justo que el padre se quede aquí para ayudarme a mí.

N:  Te digo que no. Erasmo tiene que venir conmigo porque tiene que ayudarme con una cosa que me ha surgido. ¿Verdad padre?

    Ese religioso está aturdido y no razona con demasiada fluidez. Su cerebro goza de poco riego ya que gran parte de su sangre está siendo destinada a alimentar esa tremenda erección que le obliga a permanecer sentado.

ERASMO:  ¿Qué? ¿A qué te refieres Nicole?

ARIANA:    Sí. Eso. ¿A qué te refieres? ... ... ... !Te lo estás inventando!.

NICOLE:    Usted ya lo sabe padre. Ya sabe lo que me ha ocurrido.

ERASMO:  De acuerdo, sí, sí...

ARIANA:    No padre. No le haga caso. Quédese conmigo y me ayuda a barrer.

    El demonio lujurioso intenta arrastrarle al averno con sus depravadas tentaciones anales mientras que un ángel de rizos de oro le insta a tomar el buen camino. Ariana encarna la pureza con su blanco atuendo e incluso conserva la aureola de su disfraz coronando su cabeza. Pero Nicole parece estar ganando la batalla mostrándole gran parte de su cautivador trasero a ese pianista sometido.

    Erasmo toma parte en la conversación desde una esquina del escenario. Apenas puede apartar la vista de esas dos redondeces que se asoman, con perversión, a través de esa textura rasgada. Intenta pronunciarse a favor de Ariana pero, una vez tomada la decisión, su voz le traiciona y su concupiscencia toma la palabra:

 E:  Obedece Ariana. La escoba está detrás del pesebre. ¿La ves? Yo ahora vuelvo.

    En cuanto la disgustada niña se da la vuelta, Erasmo persigue con la mirada a su diablilla fugitiva. Solo alcanza a ver su cola escondiéndose tras la puerta que conecta la parte trasera del escenario con el pasillo interior. Disimulando su bochornosa tienda de campaña, se esconde del ángel y sigue el rastro del mal.

    Camina sobre un manto de incertidumbre, hasta llegar a la puerta entreabierta del almacén. Con cierto temor, la empuja suavemente haciendo que chirríen las bisagras.

-Padre Erasmo ¿Dónde están las pelotas?-   perpleja al verlo con las manos bacías.

-¿Quieres que te enseñe mis pelotas niña?-   pregunta ya completamente desubicado.

-!No! !Por Dios! No sea guarro. Me refiero a las pelotas con las que jugaba Ariana-

    El momento se detiene en un eterno instante expectante. Erasmo hace un gesto brusco mirando hacia su espalda, como si los balones se le hubieran caído por el camino.

-Iré a buscarlos-   con prisas.

-Nononono. Nos ocupa un asunto más urgente padre-   mientras se acaricia las nalgas.

-¿Qué es lo que quieres Nicole?-   con un cierto grado de desespero.

-Necesito encontrar algo para taparme. Ya lo sabe. Se me han roto las mallas-

    La niña abre los brazos y pronuncia estas frases algo molesta por tener que explicar algo tan evidente.

-¿Pero por qué no vas a los vestuarios y te pones tu uniforme escolar?

-He venido ya con el disfraz. Tengo el uniforme en la habitación y no puedo pasearme con el culo al aire por los pasillos. Imagine que me ve sor Casilda, o peor aún: Monseñor Merino. Me expulsarían de por vida.

-Aquí no encontraras otras mayas-   mirando a su alrededor.

-Yo creo que sí. En este almacén se guarda material de muchas funciones. Obras de todos los grados. Seguro que hay algún disfraz o algún traje de las niñas de quinto o de sexto. Nunca más vuelvo a ponerme una prenda de una niña flacucha de tercero. Usted conoce bien este sitio. Hace muchos años que vive aquí. Le he hecho venir para que me ayude a encontrar algo que pueda servirme.

-¿Y no podría ir yo a buscarte el uniforme?

-Nooo. No quiero que Valeria y Azucena se enteren de lo que me ha pasado. Las niñas pueden ser muy crueles cuando buscan un blanco para sus burlas. Esto es muy violento para mi ¿sabe? Espero que esto quede entre usted y yo.

    Ese local está repleto de cosas muy variadas que conforman un perfecto desorden. Alguien tendría que ponerse una tarde a solucionar ese despropósito organizativo pero ahora la prioridad es otra. El padre Erasmo se mete entre el dragón de dos metros y las redes de voleibol, pero por mucho que profundiza no alcanza a encontrar nada parecido a lo que busca esa servidora de Satán.

    Cuando gira la cabeza, a solo unos tres metros de distancia, encuentra a Nicole de espaldas, inclinada, rebuscando en el lado opuesto de la sala, detrás de los cabezudos. Sus vestiduras carecen ya de todo propósito. El padre Erasmo empieza a sospechar que ella misma se ha terminado de rasgarse las mallas para que su precioso culo quede completamente manifestado.

    Su virginal pene eclesiástico se vuelve a llenar de palpitante vigor mientras observa las despreocupada maniobras de esa viciosa niña de piel pálida. Tiene la imperiosa necesidad de correr hacia ella para penetrarla pero un terrible miedo escénico le frena. Nunca ha metido su miembro en el cuerpo de otro ser humano y sabe que no hay peor pecado que abusar de una niña pero... La tiranía de ese morbo arrollador mueve los hilos de su motricidad como si de un simple títere se tratara.

-Padre, creo que encima de estas taquillas del fondo hay ropa, tengo que subirme a encima de estos cajones tan mal puestos para alcanzar esas bolsas. ¿Me ayuda?

-¿Que quieres que haga pequeña?-   pregunta creyendo conocer la respuesta.

-Tengo miedo de caerme. Necesito que me sujete mientras intento coger esas...

    Nicole empieza su arriesgada maniobra sin contar aún con las garantías que puede ofrecerle su ayudante. Presionado por la inestabilidad de esa pila de cajones desprovistos de mueble, el padre Erasmo se apresura a sujetarla por los muslos. Mientras ella intenta, infructíferamente, alcanzar su objetivo, el párroco contempla ese redondo dueto nalguil que bascula a pocos centímetros de su cara. El constante movimiento de los nutridos muslos de la niña le permite ver ese pequeño chocho raso tan prohibitivo.

    La luz es intensa y lo único que logra estorbar esa visión celestial es una molesta cola roja que desciende del cinturón de cuero de su atrevida alumna. El padre Erasmo mete sus dedos por debajo de la tela de las mallas y desliza sus manos ascendentemente hasta alcanzar la parte delantera de la cintura.

    Inesperadamente, Nicole nota como una viscosa humedad se adentra entre sus nalgas. Su mentor está amorrándose a su culo como si del santo grial se tratara. La niña desiste de su búsqueda y, tras unos instantes de permisividad, se esfuerza en librarse de la afrenta a la que está siendo sometida.

-!NoOoh! !Por Dios! !¿Qué es lo que está haciendo?! !No por favor!-   suplica.  

    Un leve forcejeo provoca el derribo de esa frágil estructura.

 -Oh. Noh. Perdona Nicole. ¿Estás bien?-   recomido por la culpa.

-!¿Pero que hace padre?! !Casi me rompo la cabeza!-   escandalizada desde el suelo.

-Lo siento, pequeña. No sé qué diablos me ha ocurrido-   juntando las manos.

-Yo sí lo sé. Lo que pasa es que es usted un cerdo como todos los hombres-

-No preciosa. Yo no... yo nunca... te aseguro que mi celibato es íntegro.

     Aún sin levantarse, Nicole atenúa su ira para dar cabida a la sorpresa. Guarda silencio mientras se despoja, cuidadosamente, de algunos trapos que le han caído encima.

-Entonces ¿Nunca ha tenido sexo con nadie?-   con un tono inocente de nuevo.  

-No. Claro que no. Hice mis votos cuando todavía era virgen-   bajando la cabeza.

-Y después de toda una vida sin mojar, de repente, cuando ya es viejo... ¿Decide que es buena idea meterle la lengua por el culo a una niña pequeña como yo?-   exasperada.

-No. Nicole. Tú no lo entiendes... es que...-

-Creo que me he aplastado una teta-

-¿Qué? ¿Qué dices?-   sorprendido por el brusco cambio de tema.

-Nada, nada, un percance femenino. Entonces... yo creo que si ha conseguido ser virgen hasta el día de hoy, no debería flaquear ahora por mi culpa. Ya sé que soy una golosina demasiado dulce pero... No puedo permitir que haga añicos tantos años de inmaculada virtud por culpa de la rotura de un disfraz de navidad.

-No. Pequeña. Claro que no. Si yo... en realidad no... solo ha sido un... tan solo...

-Aunque yo no sé cómo va exactamente eso del celibato. ¿Usted cree que debería de preguntárselo a sor Casilda? Le diré que usted me ha hablado de ese tema-

    La musicalidad de su infantil entonación ha adquirido ciertos matices insinuantes. Cómo si empezaran a ocurrírsele travesuras.

-No, no, no. Nunca le cuentes a esa mujer que te hablo de estas cosas-   alarmado.

-¿Es qué le tiene miedo?-   se ríe ella con mofa.

-No. Claro que no. Ella es mi subordinada pero... Verás. El celibato es un modo de vida que... Tal como lo entendemos aquí, el celibato conlleva castidad y la castidad es la renuncia a tener... relaciones sexuales... ... sexo- 

    Parece que al cura le cuesta pronunciar ciertas palabras e incluso tiene que gesticular para quitarle protagonismo a su oratoria. Nicole ha adoptado una postura muy recogida sin incorporarse todavía y le observa fijamente con unos ojos muy abiertos y rebosantes de interés.

N:  ¿Pero qué es el sexo? Quiero decir ¿Sí usted se toca está acabando con su castidad?

E:  Bueno. No hay una definición oficial que determine los límites de...

N:  ¿Se ha tocado alguna vez pensando en mi padre?  

    Erasmo es el peor mentiros del continente. Gran defensor de la verdad, lleva décadas sin pronunciar una sola mentira.

-Su silencio lo delata-   con una risa pícara.

-No Nicole. Por favor. Esto no... Nadie puede pensar que... Es qué... En realidad no...

     El cura se pone las manos en la cabeza. Solo de imaginar que esa calumnia pueda extenderse por el alumnado de El Sagrado Corazón... siente como el miedo le oprime el pecho.

N:  No se preocupe padre. Tengo bien aprendido lo que es el secreto de confesión. ¿Recuerda? Pero dígame: ¿Continuaría siendo casto si yo le tocara a usted?

E:  Por favor Nicole. No digas barbaridades. Esto no es...

N:  No se alarme. Sólo se trata de una pregunta... ...  ¿Cómo es?... ... Hipo... tética. 

   La niña mantiene un tono divertido al tiempo que se incorpora lentamente e intenta recomponer, en la medida de lo posible, la menguante compostura de sus muslos. Se aparta el pelo de la cara mientras rebusca por el suelo, rotando sobre sí misma. El desmoronamiento de la pila de cajones a dejado muchas cosas esparcidas a sus pies y Nicole parece decidida a encontrar algún atuendo que le permita salir airosa de este vergonzoso entuerto.

    La mirada lasciva del padre Erasmo está otra vez amarrada por las redondas nalgas de Nicole. Ella actúa con toda naturalidad, como si no supiera el calenturiento efecto que causa su gran trasero desnudo en la atormentada alma de su profesor. Atontado y con un tono pastoso, el religioso se pronuncia al respecto:

E:  ¿Por qué... ... por qué no llevas bragas?

    Nicole gira la cabeza con su pelo de nuevo en la cara. Mantiene una expresión neutral y expectante por un momento. Observa como el cura permanece pal plantado y boquiabierto.

-¿A caso me está mirando el culo padre?-   con un suave tono incriminatorio.

-Ppr.. por supuesto q . que n. no. Solo que. que que...-

    Un percutido sonido le interrumpe a su espalda. Los balones azules que sostenía Ariana se le han caído de las manos y articulan botes cada vez más consecutivos, hasta que su contacto con el suelo se torna permanente. La niña ha quedado paralizada por la sorpresa de contemplar esa inquietante estampa.

-No te asustes Ari. No ha sido el padre Erasmo quien me ha roto las mallas-   calmada.

-!Claro que no! ¿Qué ocurrencias son estas?-   protesta ofendido.

-Me iban muy pequeñas porque son las que llevaba Anastasia el año pasado y claro...

-... ... ... vale-   pronuncia Ariana muy amedrentada   -Ya he terminado de barrer-

-Muy bien pequeña-   contesta Erasmo   -Puedes irte a tu cuarto pero... escúchame: no se te ocurra comentar esto con nadie ¿De acuerdo? Alguien podría entenderlo mal-

-Sí Ari. No te preocupes. Todo está bien. El padre solo me está ayudando a encontrar una muda de repuesto para cubrir mis vergüenzas. Por eso le he pedido que viniera-

    La actitud sosegada de Nicole tranquiliza a Ariana pero aún no las lleva todas consigo. Su traumática vivencia con el padre Blanco todavía es reciente y, al presenciar una escena tan inusitada, vuelve a sentir, en su nuca, el aliento de los fantasmas del pasado.

    Como si hubiera estado esperando el momento de su frase guionada, la vara que sustenta la aterciopelada aureola sobre la cabeza del Arcángel Gabriel cede y ese aro se desploma rompiendo la estática del momento.

A:  No diré nada... ... ... ... a nadie... ... ... ... me voy a mi cuarto.

E:  De acuerdo pequeña. Hoy lo habéis hecho todas muy bien. La obra será un éxito.

    Cuando la niña ya se ha ausentado, Erasmo regresa la mirada a Nicole. Encuentra sus ojos nutridos de diversión por la conversación que acaba de tener lugar en esa caótica habitación.

E:  ¿Te divierte esto Nicole?

N:  Ha sido divertida la cara que ha puesto; sobre todo cuando se ha percatado del tremendo bulto que marca su sotana padre.

    La infranqueable erección de Erasmo no ha perdido su vigor en estos últimos minutos pero, tan bochornosa indiscreción, le había pasado desapercibida hasta que la niña se lo ha señalado.

E:  !Dios mío! !¿Cómo he podido?! Será mejor que vaya a hablar con ella.

N:  No sea temerario padre. No puede correr así por los pasillos. Lo suyo es peor que lo mío. Yo al menos puedo dar una explicación creíble, pero usted...

E:  ¿Cómo no me he dado cuenta?

N:  Ja, ja, ja. Esa ropa parece adecuada para disimular estos accidentes pero... debe usted tener una pene portentoso para deformar así su hábito. Parece que he despertado a la bestia.

E:  No te rías Nicole. Esto es muy serio.

N:  Claro que sí. El tamaño de su polla es muy serio. Demasiado. Tiene que ver cómo le quita tanta seriedad a su entrepierna antes de andar por unos pasillos tan concurridos.

E:  Tengo que pensar en cosas feas. Cosas feas, cosas feas.

N:  Píense en sor Casilda. No, no. Piense en Monseñor Merino haciendo caca.

E:  !Nicole! !Por favor! !Un poco de respeto!

    El padre Erasmo se sienta en uno de los taburetes de madera que tenía cerca e intenta así que su palote no quede tan patente.

N:  !Tengo una idea! Voy a usar mi propio jersey. Me lo anudaré en la cintura. ¿Cómo es posible que no se nos haya ocurrido antes?

    Ni corta ni perezosa, Nicole se apresura a sacarse esa prenda alcanzando un nuevo grado de desnudez. Sus turgentes pechos en pleno desarrollo deslumbran la atónita mirada de Erasmo, que tarda una eternidad en reaccionar:

E:  ¿Pero qué haces niña? ¿Qué pretendes? ¿Es que quieres pasearte así?

N:  No sea tonto padre. Tengo el chaleco de llamas en el escenario. Ahora voy a...

E:  !No! Voy yo a buscártelo. Quédate aquí. Sobre todo no te muevas.

    El cura sale escopeteado con la decidida intención de solventar ese tedioso embrollo. No recuerda haber sufrido nunca tanto estrés. Mientras busca ese resolutivo atuendo, Erasmo se fustiga por no haber tenido esta ocurrencia previamente. Su aparatosa protuberancia fálica entorpece sus pasos apresurados pero, finalmente, logra regresar al almacén con el chaleco sin más incidencias. Tras esa puerta metálica le aguarda un nuevo percance.

-¿Nicole? ¿Nicole dónde estás?... ... ... ... Vamos, no te escondas-   desesperándose.

    Cualquiera que la conozca un poco sabe que es una niña muy juguetona; y es que ese antro es el sitio perfecto para esconderse. Erasmo la llama repetidamente hasta que empieza a pensar que se encuentre solo en esa habitación. Cuando ya se dispone a salir, una sonrisa traviesa suena tímidamente delatando la presencia de esa nena revoltosa.

E: Te veo la cornamenta Nicole... ... ... Por fin te he encontrado.

N:  Ooh. Dichosos cuernos. Debería de habérmelos sacado antes de esconderme. Ni siquiera recordaba que los llevaba puestos.

E:  Te he traído el chaleco. Será mejor que te lo pongas ya.

N:  No lo sé, padre. ¿Se acuerda de cuando me he caído antes? ¿Se acuerda que le he dicho que me he hecho daño en una teta? Pues todavía me duele un poco.

    Nicole ha salido de su escondite y luce su torso desnudo sin ninguna inhibición. Se toquetea sus precoces atributos para comprobar que todo esté en su sitio y, acto seguido, esgrime una mueca de dolor.

N:  ¿Usted las ve bien? ¿No le parece que esta está un poco amoratada e hinchada?

E:  Emm... ... ... yo las veo bien, de verdad. N..No creo que sea nada.

N:  Pero es que ya hace rato y aún me resiento. Ojalá mi difunta madre estuviera ahora aquí conmigo. Siempre que me hacía pupita en cualquier sitio, ella me daba un besito mágico en la zona afectada y eso era todo lo que necesitaba yo para dejar de llorar .

    Erasmo ha sorteado los numerosos obstáculos que se interponían entre ellos para cubrir la desnudez de la niña, pero ese relato ha atenuado su urgencia. Se miran a los ojos y:

-¿Usted sabe dar besos mágicos?-   pregunta la Nicole haciendo morritos.

-¿Yo? ¿Be.besos mágicos? Creo q.que no. Anda, ponte esto pequeña-

-Yo creo que sí. Alguien tan puro como usted...-   con gestos coquetos.

-Nicole... ... no quisiera que alguien viniera aquí y nos encontrara así-   impaciente.

-Entonces deme un besito curativo y me pondré el chaleco-   con repentina fluidez.

    Cada vez que el religioso escucha cualquier ruido externo y accidental se asusta un poco más. Teme por la secretismo de esa extravagante situación y necesita ponerse a salvo.

"Puede que sea la mejor manera de terminar con esto, las prisas no son buenas consejeras pero en este caso...Soy buen negociador pero esta niña no atiende a razones"

E:  ¿Si te doy un besito en el pecho te pondrás el chaleco y te irás a tu cuarto?

N:  Prometido

E:  Ven. Acércate pequeña.

    Erasmo efectúa un austero beso protocolario y no demasiado certero. La niña no se da por satisfecha:

N:  ¿Pero esto qué es? ¿Es que usted no sabe besar? La magia de los besos está en el cariño y usted solo ha apoyado los labios sobre mi teta equivocada. Además, la pupa la tengo en el pezón, o sea que... vuelva a intentarlo. Poco a poco.

E:  Nicole ¿De verdad era en la otra? No me tomes el pelo.

N:  Que síííííí. Yo no miento nunca.

    El párroco hace rato que pisa un terreno desconocido para él y esas nuevas sensaciones le aturden y merman su raciocinio. En su segundo intento se propone no quedarse corto para terminar con cualquier discrepancia. Está de rodillas ante esa niña que aún conserva algunos de sus atuendos demoníacos. Se aproxima lentamente y fija su objetivo. Esta vez su besuqueo se prolonga mucho más y se humedece volviéndose baboso. Inconscientemente, Erasmo saca la lengua y lame esa pequeña rugosidad que corona tan temprana redondez.

    Sus manos desocupadas buscan un buen relleno con el que realizarse. Guiadas por una lujuria indecente, esos intrépidos dedos se infiltran hacia las preciadas nalgas de Nicole y las amasan con avidez.

    Ella acaricia tiernamente la cabeza de su tutor sintiendo la fresca humedad salival ya en sus dos pezones. Nota esas fuertes manos eclesiásticas recorriendo con fuerza su culo y gime contenidamente para expresar su placentero transcurrir.

E:  Ofmn, Nicl q msts cndm. Mnnoh.

N:  Eso está mejor padre. Creo que ya no me duele tanto.

E:  Nmmwfbv. lgzfmnlvh.

    Las campanadas de las seis empiezan a sonar solemnemente. Ese sonido tan sacro rescata la consciencia del enajenado pastor que detiene sus lascivos tocamientos.

"La voz del señor... son las seis, las !seis! Es el número del diablo. Es una señal. Tiene que serlo..."

 

N:  ¿Que ocurre padre? ¿Porqué se detiene? ¿Es que no le gusto?

E:  No, Nicole. Ya tienes lo que querías. Ahora tienes qu...

    Al levantarse bruscamente, Erasmo se ha golpeado en la cabeza con un altavoz que reposaba alzado por un soporte. El golpe ha sido de una violencia considerable y el cura se desploma de nuevo sobre sus rodillas. Con ambas manos en la cabeza, se lamenta contenidamente mientras empieza a frotarse la superficie de la zona menos poblada de su cuero cabelludo.

-¿Lo ve padre? Eso le ocurre por intentar escapar de mí. Deje. Ahora soy yo quien le dará un beso mágico-

    Nicole se aproxima y vuelve a establecer contacto con su dolorido interlocutor. Algo aturdido, Erasmo no logra sobreponerse ni rechazar tan afectuosos carantoñas. Como si el hechizo de los besos de la niña tuvieran verdadero efecto sobre su traumatismo craneal, el dolor mengua rápidamente. No obstante, esa magia va mucho más allá de los efectos paliativos y conlleva un embrujo mucho más poderoso.

    El radio de acción de los suculentos labios de Nicole se agranda y describe una lasciva trayectoria hasta contactar con la boca del padre Erasmo. Cautivo de su encanto, siente la húmeda intrusión de esa traviesa lengua inquieta. No tarda en usar la suya para intensificar ese desequilibrado duelo intergeneracional.

    Sus grandes manos vuelven a gozar de voluntad propia y describen, de nuevo, un pervertido rumbo anal. La entrega de todos sus sentidos destierran cualquier atisbo de decencia.

    En un gesto que simboliza las diabólicas intenciones de esa pérfida esbirra de Satanás, la pitusa cornuda le arranca el alzacuellos a su sometido pastor. No tarda en volver a sentir la ambienta boca del Padre Erasmo saboreando sus precoces tetas de un modo mucho más desenfrenado que antes.

    El más largo y atrevido de los dedos del párroco sorprende a Nicole adentrándose sorpresivamente en su culo. La niña gime expresando esa calenturienta sorpresa. El rostro de Erasmo parece algo sorprendido también por esa aberración que acaba de perpetrar y detiene momentáneamente sus lametazos. Ella aprovecha esta quietud puntual para rotar sobre su eje vertical y volver a darle la espalda a su nuevo adepto. Sin sacar el intrépido apéndice del culo de su pupila, Erasmo profundiza en sus pervertidos movimientos digitales, los cuales están desencadenando una perniciosa lubricación anal.

    Siente la necesidad de llegar más adentro. Ese imperioso anhelo le obliga a seleccionar otra parte de su cuerpo que podrá cumplir mejor con tan obsceno cometido. Tras desabrocharse el habito y bajarse los pantalones, el religioso reclina a Nicole sobre el potro de gimnasia, dejando sus negras zapatillas de deporte sin contacto con el suelo.

N:  !No padre! !No haga eso! Piense en su castidad. No puedo dejar que...

E:  Es demasiado tarde pequeña. Ya no puedo detener esto. !Noooh! !Por Dios!

N:  No quiero. Solo estaba jugando. Por favor, no me viole padre.

E:  Esto es lo que quieres. No lo niegues ahora niña. Desde el principio querías que...

N:  Noooh. Solo era un juego. Por favoor.

    Preso de una arrolladora lujuria, el padre Erasmo se saca la verga, tiesa como nunca, y penetra firmemente a Nicole por el culo. Ella gimotea con debilidad. Solloza como queriendo inspirar la piedad de su empoderado agresor, pero sus atormentados jadeos no hacen más que alimentar el deseo carnal del cura.

N: !Ooh padre! ¿Pero qué? . ufff . !¿Qué tamaño tiene su...?!

E:  Aaah. ooOoh. Síííí. Es grande ooOoh. Por tu culpa está más grande que nunca.

N: NooO. Pare. Me hace daño. Se lo suplico.

    Erasmo hace oídos sordos a las súplicas de su alumna y se la mete hasta el fondo. Nicole siente su culo más lleno que nunca con esa sacerdotal polla tan adentro y empieza a entrar en ebullición. Sus gemidos ya no articulan ninguna palabra y sus lamentos adquieren un carácter mucho más confuso, bañados por un pecaminoso temperamento desvergonzado.

    Ese primario va y ven consigue desplazar, tímidamente, el pesado armatoste sobre el cual suelen saltar las niñas en clase de gimnasia. Su acolchada superficie resulta idónea para acomodar la postura sumisa de Nicole que, gozando como una perra en celo, recibe un sinfín de lujuriosas embestidas de su mentor.

    El padre Erasmo nota la llegada de lo inevitable. Sus bajas pasiones llevan demasiado rato conspirando en sus entrañas para hacer explotar en pedazos su inmaculada castidad y por fin consiguen poner el broche de oro a tan vergonzosa práctica. El párroco se corre en el culo de la niña mientras ella le sigue casi simultáneamente. Esa placentera sincronía extasiante culmina en un soberbio desahogo bilateral de dimensiones bíblicas.

*Este es solo un fragmento del primer capítulo del segundo libro de "Pequña Nicole"


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