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Fecha: 19-Jul-17 « Anterior | Siguiente » en Sexo con maduros

La leche del anciano,escurría por mi chocho:

espososcalientes
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El momento de pasar de las fantasías a la realidad había llegado, esa noche un desconocido me haría descubrir los verdaderos placeres sexuales. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

        La leche del anciano escurría por mi chocho:

La delgada línea que divide las fantasías de la realidad, justo así me sentía en ese momento de mi vida, estábamos en la habitación de un hotel, mientras yo me bañaba… mi esposo estaba recostado en la cama, esperando que yo terminara de arreglarme.

Aún tenía la esperanza que a último momento él diera marcha atrás en su morboso deseo de verme con un hombre desconocido, sin embargo cuando termine de arreglarme, él… sonrió complacido y sin demostrar duda alguna se levanto de la cama para ir a cumplir con su fantasía.

-          ¡Recuerda!  Saldremos caminando juntos, pero al llegar a la siguiente calle, cada quien seguirá por su lado, iras justo al lugar que te enseñe, caminaras lentamente y si algún hombre te hace una invitación… acéptala. Cuando regreses… ¡aquí estaré esperándote para que me cuentes lo sucedido!

Mis piernas parecían de gelatina, incluso me dio la sensación que en cualquier momento podía caer de rodillas sin fuerzas, un extraño vacio se formo en mi estomago y mis manos estaban sudorosas, sin duda por los nervios de lo que estaba por suceder.

Cruzamos por el vestíbulo, yo sentí enrojecer de vergüenza, trate de no mirar a nadie, me daba la impresión que todo mundo sabía lo que estaba ocurriendo; al llegar a la esquina, me apresuré a tomarme del brazo de mi esposo, tratando de hacerlo desistir de esa locura, con palabras tímidas y suplicantes trate de hacerlo razonar.

__ ¡Tengo mucho miedo!  ¡Mejor… olvidemos esta locura!  Podemos regresar al hotel y yo… estoy dispuesta a hacer lo que tanto me has pedido y yo me he negado. ¿Quieres?

-          No… ya lo discutimos y aceptaste, ahora no puedes negarte, ¡por favor… solo inténtalo una sola vez!

Ya no pude negarme, en realdad él tenía mucha razón, yo había aceptado ese juego, incluso estoy consciente que muchas veces me pidió que intentara hacerle sexo oral y yo… siempre me negué, mientras caminaba por la avenida, recordé las palabras que había usado para lograr convencerme de hacerlo.

Todo inicio semanas atrás, inicio como un simple juego de palabras, justo cuando hacíamos el amor una noche, él me dijo que tenía la extraña fantasía de verme con otro hombre, esas palabras las utilizo tantas veces, hasta que logro inquietarme, ¡imagínate… desnuda, recibiendo las caricias de un extraño! Sintiendo su pene entrar en tu chochito, regresar mojada con su semen.

Poco a poco logro su objetivo, no sé cómo se me ocurrió aceptar su propuesta la tarde anterior.

-          ¡Mañana podemos salir al centro! Podemos ir a beber una copa, al cine y después… pasar la noche en algún hotel o quizá… tú podrías pasar una noche con otro hombre, ¡un amante ocasional! Quien tú quieras, serás tú misma quien elija.

Estaba tan excitada que estúpidamente le respondí que estaba de acuerdo, al escucharme, continuó calentándome con sus palabras morbosas, haciéndome llegar un estado atípico de excitación, mi chocho termino empapado y sin embargo, no me hizo el amor, me dejo caliente, según él… ¡para que mi deseo me ayudara a cumplir mi palabra de hacerlo! Y justo en ese momento, estaba caminando sola, buscando llamar la atención de algún hombre, no me importaba quien fuera, solo tenía que aceptar cualquier insinuación, no tenía un prototipo especial de hombre.

Me sentía muy inferior a las chicas que pasaban a mi lado, muchas luciendo hermosos vestidos tan cortitos que los hombres las seguían con la mirada, quizá tratando de ver un poco más de lo que ya enseñaban, yo… estaba vestida de forma muy conservadora.

Un vestido largo, muy por debajo de las rodillas, sin escotes ni aberturas llamativas, zapatillas de tacón cortito, pese a lo excitada que me encontraba… pensaba que quizá mi apariencia no llamaría la atención de ningún hombre y que regresaríamos al hotel sin haber logrado el objetivo de mi esposo.

Pero mi destino ya había sido forjado, después de caminar casi4 calles, sentí que todo mi cuerpo era presa de un extraño temblor, nuevamente las fuerzas de mis piernas me abandonaron, había un auto estacionado, la ventanilla estaba bajada, un hombre me miraba con insistencia y al darse cuenta que había logrado que lo mirara… sonrió y me llamó con su mano.

Trate de ubicar a mi esposo con la mirada, pero no estaba por ningún lado, seguí caminando, tratando de alejarme rápidamente, podía sentir la mirada del hombre seguir mis movimientos, ya me había alejado unos 50 metros cuando el timbre de mi teléfono se escucho.

Me apresuré a responder, era mi esposo quien en tono molesto me dijo que diera la vuelta y regresara.

-          ¡Ese hombre del auto te llamaba!  ¡Esa es la oportunidad que esperábamos!  ¡Ahora… da la vuelta y regresa!  Si te llama otra vez… sube al auto y ve con él, cuando regreses, ve al hotel ahí estaré esperándote.

__ ¿Estás seguro que quieres que lo haga?  ¡Tengo mucho miedo!

-          ¡Ya no voy a discutirlo!  Si no estás segura, entonces regresa y ve al hotel, más tarde regresaré por ti para regresar a la casa.

Termino la llamada, yo me sentí preocupada por el tono que me había hablado, di la vuelta e inconscientemente camine por la misma acera, así que minutos después volví a pasar frente al auto, el hombre volvió a sonreír y a llamarme.

Esta vez… no pude evitarlo, venciendo la vergüenza que sentía… camine hacia el auto, me aproxime y mirando al hombre de frente pregunte con mucha timidez.

__ ¡Hola!  ¿Desea preguntarme algo?  ¡Es la segunda ocasión que me llama!

-¿Estás trabajando?  ¿Cuánto cobras?

De inmediato comprendí que me estaba confundiendo con una prostituta, motivo por el cual me apresure a aclarar el asunto con una mentira, una mentira que debió parecerle ridícula e ingenua.

__ ¡No… yo… estoy esperando a un amigo… él… me va a prestar un poco de dinero!  Bueno… quedamos de vernos aquí y creo que no llegara, ya voy de regreso a mi casa.

El hombre mi miraba divertido, no dejaba de sonreír, sin duda se dio cuenta de mi falta de malicia y experiencia, pues rápidamente me siguió el juego, en ese momento me pareció normal su actitud, de alguna forma me dio el valor que me hacía falta para subir al auto.

-¡Anda sube al auto… si tu quieres… yo puedo ayudarte!  ¿Cuánto te prometió prestarte tu amigo?

Dije la primera cifra que se me ocurrió, en realidad no estaba ahí por dinero, solo se trataba de un juego sexual, pero tenía que actuar con naturalidad, así que me apresure a responderle.

__ ¡200 pesos!  ¡Él me va a prestar esa cantidad!

-Anda… sube… yo te daré el dinero.

No perdí el tiempo y di la vuelta rápidamente, subí al auto y el hombre lo puso en marcha, mientras nos alejábamos mire al otro lado de la calle, ahí estaba mi esposo, mirando cómo me alejaba con ese hombre, dispuesta a cumplir mi parte del juego, lo vi sonreír, mientras yo… ¡moría de nervios!

-¿Cómo te llamas?

__ ¡Silvia!

-¡Yo me llamo Mauro!  ¿Qué edad tienes?

__19 años.

-Eres muy joven, ¿de verdad no trabajas en la calle?

__No… se lo juro, yo… soy casada.

-¿De verdad? Mira nada más que sorpresa, bueno, si es cierto lo que me dices, voy a ser generoso contigo. Iremos a un motel a la salida de la ciudad, ¡relájate… no voy a hacerte ningún daño!

Lentamente fuimos alejándonos de la ciudad, ya no hubo palabras ambos estábamos ocupados en nuestros propios pensamientos, minutos después llegamos a un motel, después de pagar la habitación… le dieron un numero entramos y la mujer de la entrada oprimió un botón, la puerta de la cochera se cerro y quedamos dentro.

Caballerosamente dio la vuelta y me abrió la puerta, me tomo de la mano y me llevo así subiendo por unas escaleras, la habitación estaba arriba, ya dentro hice lo primero que se me ocurrió, empecé a soltar los botones de mi vestido, pero rápidamente al darse cuenta me lo impidió.

-¡Espera, aun no!  Primero bebamos una copa, después… yo mismo voy a desnudarte.

Me quede de pie mientras él hacia una llamada telefónica, minutos después se abrió una pequeña puerta y ahí dejaron un par de copas, él las tomo y depositó el importe, me entrego una y extrañamente la bebí, es necesario aclarar que esa fue la primera ocasión que yo bebí alcohol.

Solo una copa fue suficiente para que perdiera el pudor, solo esa copa logro relajarme, haciendo que perdiera la vergüenza que sentía minutos antes, Mauro inicio a hacerme algunas preguntas sexuales, yo las fui respondiendo con toda sinceridad, conforme los minutos y las preguntas avanzaban… mi excitación se elevaba considerablemente.

-¿Entonces?  ¿Tu esposo sabe lo que estás haciendo?

__No… se lo juro… él no sabe nada, ahora debe estar en su trabajo.

-Relájate Silvia, no me hables con tanta reserva, tutéame, así te sentirás más cómoda y confiada. ¿Con cuántos hombres has estado, aparte de tu esposo?

__ ¡Con ninguno… de verdad!  Tú…eres el primero.

En ese momento Mauro se puso de pie, camino lentamente por la habitación, regreso a mi lado, me tomo de la mano y me puso de pie, él momento había llegado, no hubo palabras, las cosas se fueron dando con toda naturalidad.

Sus manos iniciaron a soltar los botones de mi vestido, lentamente hasta que llegó al último, la prenda se abrió de par en par, dejando al descubierto la blancura de mi piel, levante los brazos y el vestido resbalo por mi cuerpo cayendo al piso, siguió con el sostén, al soltar el broche, mis tetas quedaron al descubierto.

Volvió a tomarme de la mano y ahora me llevó a la cama, ahí él se sentó y me dejo de pie, rodeo mi estrecha cintura con sus grandes manos y me atrajo hacia él, su boca se abrió y empezó a chupar mis tetas, poniendo mayor atención en mis pequeños pezones.

Poco a poco se fueron poniendo duritos, después de varios minutos me dolían por la hinchazón alcanzada, para ese momento… mi chocho estaba muy lubricado, incluso, mis pantaletas estaban mojadas, podía sentir como palpitaban mis labios vaginales.

No dejaba de chupar mis tetas, repentinamente… sus manos tomaron los costados de mis pantaletas y las fue deslizando, muy despacio, haciendo que mi excitación fuera en aumento. Dejo de chupar mis tetas para mirar la prenda que terminaba de apartar de mi cuerpo.

En un acto verdaderamente morboso… tomó la prenda del pequeño triangulo mojado por mis líquidos vaginales y lo llevó a su nariz, olisqueando, sin el más mínimo pudor, yo… ¡sentí morir de vergüenza! Pero no me atreví a decirle nada.

-¡Qué rico huele tu crema!  ¿Sabes… jamás me había cogido a una mujer tan joven?  Digo, ¡yo tengo 59 años de edad y cogerte!  Es… ¡cómo sacarse la lotería!

-¿Qué edad tiene tu esposo?

__La misma que yo.

-Sin duda es un chico inexperto, pero bueno, así iniciamos todos los hombres, la experiencia la adquirimos con los años, ahora recuéstate, voy a hacerte subir al cielo.

Me recosté y por mero instinto separé un poco las piernas, mientras me observaba… empezó a despojarse de sus ropas, lo hacía lentamente, sin ninguna prisa, cuando solo le quedaba el bóxer, note que tenía una gran erección, sentí miedo por el tamaño que se apreciaba bajo la prenda y mi temor se acrecentó al despojarse de la prenda.

Era sorprendente que un hombre de su edad tuviera esa gran herramienta, no podía compararse con la de mi esposo, por un momento sentí miedo de que no me pudiera entrar todo ese trozo de carne en mi estrecho chocho.

Se acomodo entre mis piernas y cuando imagine que haría lo mismo que mi esposo acostumbra hacerme… todo fue diferente, Mauro se arrodillo, tomó uno de mis tobillos en cada mano y los separo lo más que pudo, dejando mi chocho completamente a su disposición. No pude evitar hacerle una pregunta que debió parecerle estúpida.

__ ¿Qué haces?  ¡No… por favor!  ¡No hagas eso… te lo suplico!   Aaaa.

Sin darme tiempo de reaccionar, hundió su cabeza entre mis piernas, su lengua pasó como un rayo por mi chocho, dando un estremecedor lengüetazo y haciéndome gemir sin poder evitarlo. Se aparto unos segundos, solo para decirme algo que aumento más mi excitación.

-¿Jamás te lo habían mamado cierto?  ¡Pues ahora es mi turno de hacerte gemir hasta el delirio, es un verdadero placer ser el primero en comerte el chocho! Tus jugos son deliciosos. No voy a dejar de mamar… ¡hasta que logre hacerte venir en mi boca! ¡Hasta que te escuche chillar de placer! 

Dejo de hablar y volvió a chupar mi chocho, ahora su lengua pasaba una y otra vez, y justo como él lo dijo, me hizo sentir que llegaba al cielo, ahora era yo la que trataba de abrir más mis piernas, su lengua parecía de fuego, en ese momento… ya no deseaba que dejara de mamar mi chocho.

Mi cuerpo empezó a temblar, con mis pequeñas manos apreté con fuerza las sabanas y mordí mis labios para no dejar escapar mis gemidos, me daba vergüenza hacerlo. Pero lo que hizo fue la locura… en un movimiento rápido, toco mi clítoris con la punta de su lengua, de inmediato sentí como si hubiera recibido una gran descarga eléctrica. Ya no pude más, abrí mi boca y sin pensarlo… los gemidos de placer escaparon de mi garganta.

__Aaaaa… ¡sí!  Aaaa… mas… aaaa. ¡Qué rico… sigue… aaa!  Al darse cuenta que había vencido toda mi resistencia… hizo algo más delicioso, con sus labios atrapo mi pequeño botoncito y lo empezó a succionar lentamente.

Sin darme cuenta, elevé mis nalgas ligeramente, ya no había necesidad que el abriera mis piernas, yo las mantenía tan abiertas como me era posible, ahora Mauro tomo mis nalgas con sus manos y las apretaba con suavidad mientras seguía succionando mi clítoris.

__Aaaaa. Aaaaaa. ¡Ya… por favor… ya! Aaa. Mis gemidos podían escucharse en la habitación, estaba a punto de alcanzar el primer orgasmo de mi vida, lo supe al sentir unas inevitables ganas de orinar, no podía aguantar mucho tiempo si venirme, un gran torrente de líquidos salió disparado mojando su rostro.

Se aparto de mi lado, se alejo un poco y observó cómo me sacudía, estaba temblorosa y bañada en sudor, volvió a aproximarse y sentí pavor al darme cuenta lo que quería, puso su pene a escasos centímetros de mi boca, pero yo… le suplique que eso no lo quisiera hacer.

__ ¡No… eso no… por favor… aún no me siento preparada!  ¡Perdóname!

Al darse cuenta que no lograría que yo le chupara el pene, se apresuro a acomodarse entre mis piernas, puso la punta de su pene en mi chocho y empujo sin piedad, sentí que me partía en dos, me dolió la penetración, pero después de unos minutos… logre acoplarme.

Su pene entraba y salía con fuerza, nuevamente sentí que mi cuerpo temblaba, ahora ya lo estaba disfrutando, me gustaba sentirme llena con ese gran trozo de chorizo. Pero repentinamente hizo justo lo que a mi esposo le excitaba, empezó a decirme cosas aún más morbosas. Y confieso… ¡que en ese momento comprendí que ya no podría vivir sin ser tratada de esa forma! 

-¡Qué rica estás Silvia!  Si tú fueras mi esposa… yo mismo te llevaría a mis amigos para que te cogieran en nuestra propia casa. ¿Te gustaría?  ¿He? Anda no seas tímida y responde.

Lo que ha mi esposo le había costado trabajo, ahora Mauro me hacia decirlo sin ningún problema, deje de lado mi pudor y decidí entrar a su juego de palabras, descubriendo que era algo muy placentero imaginar todo lo que él me decía.

__ ¡Si… si me gustaría que fueras mi esposo…que me lleves a tus amigos para que me cojan… aaa! ¡Dios… que rico me lo haces aaaa! Mássss. Aaaaa.

-¡Ya lo creo que si… te convertiría en una puta natural, serias la mujer que tanto he deseado tener!  ¿Te gustaría ser una puta de verdad?

Sus palabras me hicieron sonrojar, pero la verdad… no me molestaba, en todo caso al estar con él en ese motel… ¡ya me hacia ser una puta! La palabra no me molestaba, por el contrario… ¡me gusto imaginarme cogiendo con sus amigos!

La próxima vez que nos veamos… te voy a coger por el culo. Ya verás que rico es hacerlo, lo vas a gozar mucho, y si te portas bien… algún día traeré o mejor aún… voy a llevarte a casa de unos amigos y te cogeremos varios, te llenaremos de leche el chocho.

Repentinamente lo sentí ponerse rígido, apretó con fuerza mis nalgas, y en segundos sentí su leche caliente correr por mis entrañas, el sudor de su frente caía sobre mi estomago.  Minutos después sacó su pene y lo vi escurriendo unas gotas, se fue al baño y salió ya bañado.

-¿Quieres bañarte?

__No… yo… me iré así, ya es tarde.

La calma había regresado, ahora se veía un tanto indiferente, se vistió mientras yo hacía lo mismo, minutos después abandonamos el motel en silencio, al llegar a las calles del centro sacó su cartera y me dio unos billetes.

-¡Aquí tienes!  ¡Gracias por el placer que me has dado!  ¿Volveremos a vernos?  Dame tu número de cel.

Yo estaba en shock, sentía su semen salir de mi chocho, mis pantaletas estaban más mojadas, solo anote mi numero en un trozo de papel, se lo entregue y me aleje lentamente por la calle, me dirigí al hotel donde mi esposo me esperaba.

Cuando entre a la habitación, él me observaba detenidamente de arriba abajo.

-          ¿Y bien?  ¿Lo hiciste?  ¿Te cogió?  ¿Te gusto?

No hubo respuesta, yo seguía recordando lo sucedido, quería guardar en mi mente cada minuto que había pasado con Mauro, cada caricia, cada palabra que había escuchado de su boca.

Me despoje de mis ropas y le mostré mi chocho mojado, él estaba sorprendido al ver que aún salía la leche de Mauro, un delgado hilo escurría por mis pernas, mis vellos púbicos estaban embadurnados con su semen, todo mi cuerpo olía a sexo.

Me senté en la cama mientras él se desnudaba, se recostó y se agarro su pene, empezó a masajearse mientras yo le daba cada detalle de lo sucedido. Me sorprendí al darme cuenta que estaba muy excitado al escucharme.

Cuando logro eyacular, compare la pobre cantidad de semen que había sacado, mientras Mauro… había logrado tardar mucho más tiempo, y también…me había dado una mayor cantidad de placer y de leche.

-          ¿Entonces quiere volver a verte?  Pues no hay problema, pero no quiero que le digas la verdad, el no debe saber que yo estoy de acuerdo en que te coja, ¡ahora él será tu amante! Yo… ¡solo quiero que me cuentes todo lo que te haga!

Después de esa noche, nuestras vidas cambiaron radicalmente, poco a poco fui cayendo en las garras del deseo y de la perversión.

P: D: ¡HOLA mi nombre es Silvia, este es mi primer relato sexual! Mi esposo fue quien me animo a escribirlo, él ya ha subido algunos, sin embargo he tomado una decisión, solo voy a escribir cosas reales que me han sucedido, es decir… lo que yo escriba, es lo que en realidad está sucediendo con mi vida. Espero contar sus calificaciones, de verdad. Deseo agradar a los lectores y estoy abierta a todo tipo de crítica.

En mi segundo relato, contaré como Mauro me fue llevando por los caminos de la perversión, cumpliendo su palabra de entregarme a sus amigos y de cogerme por el ano.


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