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Fecha: 23-Jul-17 « Anterior | Siguiente » en Sadomaso

El Penal de los Lamentos (02)

sifaxnumida
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Yulia y Alina recurren a todos los métodos para intentar convencer al alcaide y así poder visitar la prisión. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

Tras hablar por teléfono con el cliente que le había mandado a las dos turistas, el alcaide volvió a su despacho con intención de llegar a un acuerdo con ellas, pero para su sorpresa se las encontró besándose y metiéndose mano la una  a la otra.

Sin saber cómo reaccionar, el alcaide se sentó en su silla pesadamente mientras ellas hacían como si él no estuviera allí. Las dos estaban arrabatadas de lujuria la una por la otra y así estuvieron un buen rato. Finalmente Alina miró al alcaide, se levantó del tresillo y caminando hacia él terminó de desabrocharse el top  y se lo quitó. De este modo la morena mostró a ese hombre un sostén rojo de amplio escote bajo el que temblaban dos tiernos senos como si fueran flanes.

- Perdóneme, señor alcaide, dijo mientras se quitaba la ropa, es que estoy un poco sofocada,…. esta prisión me excita mucho.

Alina apoyó las manos en la mesa y calculadamente agachó su torso. Por experiencia sabía que así se conseguían muchas cosas.

- ¿Se lo ha pensado mejor? ¿nos dejará ver la prisión?

- Sí…bueno…siéntese y lo hablaremos…

Alina volvió a sentarse en su silla sin dejar de sonreir y mirando pícaramente al alcaide. La chica cruzó  las dos piernas y se quedó como estaba sin volver  a ponerse el top segura del poder de su atractivo físico.

- Perdone, me he fijado en una cosa, dijo de repente Yulia. Y acercándose al alcaide le puso encima de la mesa el libro que había estado ojeando. Este libro está firmado por un tal R. E. , ¿és usted?

- Veo que es usted muy perspicaz señorita, sí, yo soy el autor.

- “Latigos, potros y mazmorras: una historia de las torturas de la Inquisición a través de sus instrumentos”,

Yulia dio la vuelta a la mesa y se puso de pie  justo al lado del alcaide casi rozándole con sus caderas.

- Es un libro increible, llevo un buen rato ojeándolo y.. hay, … hay muchas fotos de instrumentos de tortura ¿Cómo las ha conseguido?

- Soy coleccionista querida, tengo una enorme colección, le dijo mirando sus largas piernas y el arranque de sus gluteos.

El alcaide podía oler la piel de Yulia, estaba tan cerca que casi podría haber adivinado el gel con el que se había duchado esa mañana. La rubia seguía a lo suyo.

- No me diga que los colecciona, pues le ha tenido que costar lo suyo,…la variedad es impresionante: la cama de judas, el potro, un aplastacabezas, ¡Dios mío!,  y aquí está la pera de la angustia…. ¿son auténticos?

- Bueno, ésta en concreto es una pera vaginal del siglo XVII, observe la rica decoración del mango,..en micolección hay varias vaginales, pero también tengo peras anales y bucales. Sin embargo la mayor parte no son auténticas, son reproducciones, pero bastante exactas y… además están en buen uso.

El alcaide hacía verdaderos esfuerzos por no ponerse a cariciar esas piernas que prometían ser de seda.

- Dios, dijo Yulia visiblemente excitada, ¡me encantan los museos de  tortura!, ya sabe la Inquisición y todo, es, es…..  me gustaría mucho ver su colección, ¿la tiene aquí?.

- ¿Aquí? ¿En la prisión, dice usted?, sí, sí por supuesto que tengo mi colección, pero no aquí exactamente,… está  en otro lugar….abajo.

Yulia siguió hablando del truculento libro como si fuera una enciclopedia o algo así

-Aparte de los instrumentos en sí,  lo que más me ha impresionado son estos dibujos que recrean escenas de tortura. Las víctimas son siempre mujeres de cuerpos esculturales y en todas las imágenes están completamente desnudas. Esos verdugos les hacen de todo y las violan a la vez de todas las maneras imaginables,  llevo un rato toda cachonda de ver estas páginas.

- No me digas, preciosa, así que te gustan….

El alcaide ya había pasado a la acción y en ese momento empezó a deslizar su mano por uno de los muslos de Yulia. Ella hizo como si nada dejando que el tío la tocara a su gusto.

- ¡Son tan reales!, estos dibujos parece que están hechos a base a fotografías.

- Nuevamente has adivinado preciosa, lo son, son imágenes reales de esta prisión.

- ¡O sea que son fotografías!, ¡lo sabía!, eso quiere decir que reflejan lo que ocurre en el penal y que, que……

Alina acabó el razonamiento de su compañera

- …y que usa esos instrumentos de su colección con las prisioneras.

- Sí claro, todas las fotografías son reales, no hay nada de teatro en ellas. Ya les he dicho que en casos especiales hay que recurrir a ciertos métodos dolorosos.

- Mira, mira esto Yulia,  dijo Alina acercándose a la mesa de pronto, a ésta la están estirando sobre un potro de tortura medieval. ¿Acaso utilizan ese instrumento infernal  con las prisioneras?.

- Pues sí, aunque no lo crea sigue siendo un método muy efectivo para obtener confesiones. De todos modos, sólo lo utilizo en casos especiales. Ya sabe, ciertas delincuentes son muy duras y se niegan a confesar sus crímenes o se resisten a denunciar a sus cómplices……..hay que hacer lo que sea para que suelten la lengua.

- Debe ser insoportable experimentar ese dolor, y dice que lo hacen de verdad.

- Sí, además el tormento del potro se pude combinar con otros métodos: el agua, los hierros, la pera,… como le digo es muy efectivo.

- ¡Joder!, dijo Alina, daría lo que fuera por ver una sesión de tortura en el potro. ¡Por favor!,  déjeme ver cómo lo hacen, se lo ruego.

- Está bien, quizá se pueda arreglar, pero espero que cuenten con el dinero en efectivo, los servicios de esta prisión no  son precisamente baratos y sólo aceptamos el pago en metálico.

Las dos chicas se miraron entre sí.

- ¿Dinero?, ¿qué dinero?

- Pues aproximadamente mil dólares por sesión, espero que lo tengan a mano porque no parecen tenerlo encima en este momento.

Las dos chicas volvieron a mirarse y les entró un ataque de risa.

- Señor alcaide, dijo Alina cuando se calmó, ¿a usted le parece que vestidas con estos andrajos tenemos pinta de tener ese dinero?

- Entonces ¿cómo piensan pagar?, ¿qué clase de clientas son ustedes?

El alcaide se empezó a cabrear de verdad, aquello parecía una tomadura de pelo

- Bueno, ya le he dicho que no quisiera recurrir al chantaje, quizá pudiéramos arreglarlo de una manera más agradable para todos, y mientras decía esto Alina se deslizó  el tirante del sostén hasta el brazo.

El alcaide negó con la cabeza.

- No señorita, eso no les valdrá conmigo, sin dinero no hay trato.

- Por favor, mire cómo me estoy poniendo, no me deje así.

- Que le digo que no.

- Vamos, dijo bajándose el otro tirante del sujetador, seguro que se le ocurre alguna manera de que dos mujeres como nosotras podamos ver la prisión,…. y lo que hacen con las presas, usted puede todo en este lugar,…. todo el mundo le obedece….nosotras también lo haremos.

- Mientras hablaba, Alina también se había acercado y se había puesto a tiro de las manos del alcaide pues viendo que R. E llevaba un rato sobándole las piernas a Yulia ella misma se lo puso fácil. Al hombre no le hizo falta mucho más para propasarse también con la morena.

- Bueno, …..quizá se pueda,… sí de hecho se me está ocurriendo algo, pero ¿qué obtendría yo a cambio?, dijo mientras acariciaba las piernas y el trasero de las dos chicas sin oposición por su parte.

- No sé, pida, pida lo que quiera, yo también estoy muy excitada, dijo Alina haciendo ademán de soltarse el sostén. Dígame, ¿le gustaría vernos desnudas?

- Sí, pero por el momento quitáos sólo lo de arriba, quiero ver si merecéis la pena antes de seguir adelante.

Las dos jóvenes se miraron con complicidad y casi como si estuvieran de acuerdo se desnudaron el  torso. En realidad el hombre sólo les pudo ver los senos una décima de segundo pues las dos se los taparon con las manos fingiendo falsa timidez.

- Uf, las tengo todo tiesas dijo Alina, me da un poco vergüenza enseñarlas….. espero que cumpla su palabra alcaide. Lo hará después de este sacrificio que hacemos por usted ¿verdad?

- Lo he dicho y lo haré, dejaré que visitéis la prisión… y ahora ¡pon las manos en la nuca, zorra!, he dicho que quiero veros bien.

Las dos se miraron satisfechas por haber vencido por fin la resistencia del alcaide y nuevamente obedecieron subiendo los brazos. R. E. sonrió complacido, no sabía cuál de las dos las tenía más bonitas. Yulia tenía unos pechos redondos y proporcionados a su cuerpo,… casi perfectos, los de Alina eran algo más grandes, tiesos y parecían desafiar a la gravedad a pesar de su tamaño.

- ¿Son naturales?, le preguntó el alcaide sacándose la polla del pantalón.

- Por toda respuesta la chica agitó las tetas sonriendo sin cambiar de postura.

- ¡Qué maravilla! Dijo él entre dientes, sí, en tu caso ningún cirujano podría haberlo hecho mejor que  la naturaleza.  Bueno como veo que sois muy putas y un poco lesbianas, vais a empezar por besaros la una a la otra,…… vamos, ¿a qué esperais?,  ¿no queréis hacer turismo sexual por el penal?, pues venga.   

Las chicas obedecieron de buena gana así que  se acercaron la una a la otra  por delante de la mesa del alcaide sonriéndose lascivamente y empezaron a acariciarse y besarse. Mientras lo hacían le  miraban  a él invitándole a unirse. Primero lo hicieron tímidamente y luego cada vez con más pasión y morbo. Al de un rato ya se pellizcaban los pezoncitos entre sí mientras se lamían las lenguas como dos gatas en celo.

- Así, muy bien, así, pareja de zorras, el alcaide decía esto mientras se masturbaba, así muy bien…..

La situación les puso a las chicas más cachondas aún de lo que estaban y tras besarse y lamerse con los ojos cerrados durante unos interminables minutos  pasaron a mayores. Yulia que era más lanzada empezó a chuparle los pechos a su compañera con su lengua vivaracha mientras le desataba los shorts nerviosamente  y le metía mano bajo ellos. Alina se dejó hacer  y empezó a gemir de placer con los ojos cerrados.

- Sí, sí así, tócame, oh sí.

El alcaide dirigía la jugada.

- Muy bien rubita, sigue masturbándola, qué bien lo haces, puede que después de todo te lleve a ver mi colección, ja, ja.

Al oir esto Yulia le sonrió sin dejar de lamerle las tetas a Alina como sifuera un colibrí.

R.E. no perdía detalle de esa escena hardcore mientras se masturbaba muy despacio, pero  en su mente cruel estaba diseñando un plan para esas dos tías que se creían tan listas y ya se las estaba imaginando “visitando la prisión”,….eso si,   en circunstancias muy distintas a las que ellas creían.

De repente sonó una sirena por todo el penal y las chicas pararon lo que estaban haciendo y miraron mecánicamente hacia la ventana del patio.

- ¿Qué qué es eso?, preguntó Alina saliendo por un momento de su éxtasis.

Ah, casi se me olvidaba, es la hora en que las prisioneras hacen sus ejercicios en el patio.

- ¿Qué?, ven Yu, vamos a verlo.

Las dos mujeres se apresuraron a la ventana.

- Míralas Yu, míralas, están, ….están todas desnudas y las hay a decenas. Las dos muchachas se desentendieron completamente del alcaide y abrazadas la una a la otra no daban crédito a lo que veían.

En principio vieron cómo las presas corrían alrededor del patio espoleadas por los látigos y los pitos de los guardianes. Tras tenerlas corriendo en círculo cerca de diez minutos a buena velocidad, las reclusas fueron obligadas a disponerse en filas regulares y allí las tuvieron haciendo flexiones  un buen rato a toque de silbato. Luego otra carrera y finalmente una humillante ducha con mangueras a presión.

- Es, es increíble, nunca me lo hubiera imaginado así. Las dos chicas no perdían detalle desde la ventana, seguían abrazadas como en trance y se acariciaban transidas de lujuria.

- Veo que os habéis olvidado de mí zorras, si sois buenas dejaré que veáis cómo las flagelan, según mis cálculos los latigazos serán dentro de una media hora.

- ¿De verdad? De repente las chicas recordaron lo que les habían contado los guardias en el patio y miraron alborozadas al alcaide.

- Sí, además acabo de decidir que si me la chupáis bien haré que hoy flagelen a veinte reclusas en vuestro honor.

- ¡Veinte!, ¿has oído Yu?, no quiero perdérmelo, vamos.

No hizo falta más para que las dos muchachas reaccionaran, por un momento se olvidaron de lo que ocurría en el patio y se apresuraron a arrodillarse delante del alcaide.

Este les entregó su miembro para que dispusieran de él como quisieran. De este modo, despacio y por riguroso turno, las dos chicas le hicieron una fellatio a R.E..

Primero se la cogió Alina y acarició el pene del alcaide con sus propios senos hasta que consiguió que se le pusieran duros los pezones. Entre tanto, Yulia se morreó dulcemente con el hombre y luego le ofreció sus propios pechos para que él los lamiera y mordiera alternativamente.  Según besaba los senos de la rubia, la morena ya había empezado a lamerle el pene y tras dejar caer un poco de saliva sobre el  glande se lo metió en la boca y empezó el blowjob muy despacio.  

- Así, así, ¡serás puta!, oh, qué bien, dijo el alcaide entornando los ojos.

Tras unos minutos las dos chicas cambiaron de lugar y mientras Yulia se la mamaba de rodillas, Alina le empezó a deshacer el nudo de la corbata y desabotonar la camisa para acceder  a su pecho. Una vez desnudo la morena le besó el pecho depilado al alcaide y le dio unos mordisquitos en  sus pezones tras lo cual ella misma le ofreció los suyos.

- Muérdamelos señor alcaide, me gusta mucho que me lo hagan.

Alina los tenía como dos fresones así que el alcaide no sólo se los mordió sino que se los metió en la boca y empezó a succionar como un lactante, primero uno y luego otro.

- AAAAhhhhh, Así, así, qué gusto me da.

Tras esto Alina se arrodilló y entonces las dos furcias compartieron el pene de ese hombre alternativamente o las dos a la vez sin dejar de lamerlo ni por un segundo. Mientras tanto éste se recostaba en la silla y cerraba los ojos para disfrutar más. Como querían ganar el premio las dos se empeñaron de verdad con su miembro y chupa que te chupa consiguieron que el hombre eyaculara en menos de diez minutos.

- AAAAhhhh, ¡qué gustazo!, el tío les derramó toda su leche en la cara con cuatro o cinco sacudidas y cuando terminó ellas siguieron lamiendosela y besándose compartiendo así el semen cremoso y blanquecino entre sí.

- Veo que no es la primera polla con la que os veis las caras.

- Bueno, dijo Alina con las gotas de lefa aún colgando de su cara, nosotras ya hemos cumplido, ahora le toca cumplir a usted, ¿nos dejará ver la prisión?

- Sí, sí, ahora te contesto, deja que me recupere, dijo R. mientras se guardaba el miembro ya fláccido. De hecho mientras me la chupábais he estado pensando y creo que sólo hay una manera de que  podáis ver la prisión sin levantar sospechas y sin pagar.

- ¿Cuál?

Esta vez el alcaide sonrió con crueldad y tardó unos segundos en contestar.

- Creo que la única manera es que os haga pasar por presas otra vez.

- ¿Qué?

- Pues eso, que veréis la prisión como si fueras internas,…… o sea desnudas y maniatadas como todas las demás, ja, ja, ja.

(continuará)


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