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Fecha: 31-Jul-17 « Anterior | Siguiente » en Parodias

Harry Potter y la Ruta de Eros XXV

Stonentaller
Accesos: 10.192
Valoración media:
Tiempo estimado de lectura: [ 109 min. ]
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Harry disfruta de las vacaciones en la Madriguera junto a Ron y Hermione. Un nuevo mensaje en el libro les obligará a actuar, volviendo a entregarse a sus deseos más profundos. Cuanto más avanzan, más parecen perder el control. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

¡Bienvenid@ a la vigésimoquinta parte de esta historia alternativa de Harry Potter!

 

Trataré de ser rápido, porque ya ves que hoy te traigo la parte más "completa" hasta ahora. Ha sido un auténtico placer y un trabajazo escribirlo y corregirlo. Espero que no se me hayan pasado muchos fallos pequeños, aunque es algo casi inevitable.

 

En esta parte se cuentan algunas cosas que creo que todos estábamos esperando leer. Ha sido sin duda el relato al que más tiempo he dedicado con diferencia, porque quería que quedase todo tal como quería, y al final he acabado escribiendo más de lo que esperaba. Unos problemas personales me han impedido publicarlo antes, pero he hecho todo lo posible para que estuviese listo antes de que acabase la semana.

 

Por otra parte es un regalo para todos los que me habéis apoyado tanto en la última parte, y cada vez más. Por eso os doy muchísimas gracias a todos los que leéis esta serie, y en especial a los que la apoyáis con vuestras puntuaciones, vuestros mensajes y vuestros e-mails. Al fin y al cabo es vuestro cariño lo que me hace escribir relatos tan ambiciosos como este. Gracias, de verdad, a raul, rejucilo, Alex, lalo, Gargallu, Ivan, scar, Babylonian, Netrot, Daniel, Ion, sarasa, agustin, Aleida, carol y quienes me habéis escrito al correo electrónico.

 

Es un placer que estés ahí, y estoy deseando saber qué piensas de este relato, sea bueno o malo. Estaré encantado de recibir tus votos, comentarios, sugerencias o críticas. Tanto mientras lo lees como cuando lo acabes, si prefieres ir poco a poco. De verdad que espero que lo disfrutes mucho y continúes hasta la parte final, que creo que merece la pena.

 

¡Adelante!

 

 

       40. Intuición

Se había despertado hacía unos minutos, pero la comodidad de volver a estar en casa y sobre su cómodo colchón, unida a la tranquilidad de las vacaciones de Navidad, hizo que remolonease durante un tiempo entre las sábanas pensando en qué hacer esa mañana. A pesar de que en su habitación se estaba a gusto, por la ventana se veían caer a rachas los copos de nieve que esa noche habían cubierto el jardín de un manto blanco.

 

Con la mente despejada al fin y con la alegría que le proporcionaba el invierno desde que tenía memoria, se levantó y se deshizo de las bragas con las que había dormido mientras elegía algunas más bonitas. Metió las piernas entre las elegidas y antes de colocárselas del todo se fijó en el incipiente vello rojizo que volvía a decorar su entrepierna. Acabó de vestirse decidiendo que se depilaría de nuevo más tarde y bajó las escaleras hacia la habitación que su madre había preparado para su mejor amiga tras su expulsión de Hogwarts.

 

  • ¡Buenos días, marmota! -saludó a Hermione, que seguía acurrucada entre sus sábanas y tenía los ojos algo hinchados-. ¿Una mala noche?

  • Gin... Hola -saludó Hermione desperezándose-. No es eso, pero con la emoción de volver a teneros por aquí no he podido dormir mucho.

 

Ginny sonrió, suponiendo que algo más que la emoción había provocado su falta de sueño, e imaginando que Ron estaría igual en su habitación. Sin embargo, no dijo nada de eso y se limitó a ver cómo Hermione se levantaba y le daba un pequeño abrazo. Luego la morena le pidió que se sentara mientras ella hacía lo mismo, mostrando por descuido sus bragas azules, que eran la única cobertura de sus piernas bajo un camisón blanco que transparentaba sus pechos liberados de sujetador.

 

  • ¿Ha sido duro estar estos meses aquí? Seguro que mi madre ha sido tan pesada como siempre. Lo siento mucho por ti -rio Ginny.

  • ¡Oh, vamos! Molly es un cielo. Me ha tratado... Me ha tratado como a una reina.

  • Ya, claro. "Hermione, no habrás dejado tú esa mota de polvo bajo la alfombra, ¿verdad?" -respondió Ginny, imitando la voz de su madre de forma despectiva.

  • Eres lo peor, de verdad -dijo Hermione, dándole un empujón entre risas.

 

Contentas de estar juntas de nuevo, las dos amigas se contaron un adelanto de casi todo lo que habían hecho durante el tiempo separadas en un tiempo récord, pero no habían acabado cuando se vieron interrumpidas.

 

  • ¡Hermione! Tengo que hablar contigo... -dijo Harry, abriendo la puerta sin llamar y algo apresurado antes de ver quién estaba allí-. Oh, hola Ginny.

 

El mago llevaba bajo el brazo un libro rojo, pero no fue en eso en lo que se fijó la pequeña de los Weasley. Le pareció que Harry estaba tremendamente atractivo esa mañana. Su pelo, hecho un lío como era habitual, parecía más natural, y en su cara había crecido una pequeña barba de dos días que no era habitual en él, siempre bien afeitado. Además, los ojos de Ginny no pudieron dejar de descender sobre el cuerpo de su exnovio, que se cubría con una camiseta blanca apretada que destacaba sus músculos firmes y su torso trabajado en los entrenamientos de quidditch. Debajo, su ligero pantalón de pijama y una mala colocación de sus atributos mostraba un bulto estimulantemente largo que, como ella bien sabía, ni siquiera representaba todo lo que acababa siendo aquella bestia tras un poco de atención femenina.

 

Distraída entre sus recuerdos y los deseos que su amigo recién levantado le había provocado, Ginny no había oído lo que decía su amiga.

 

  • ¿Ginny? ¿Me escuchas? ¿Te importa si voy a tu habitación dentro de unos minutos y seguimos hablando? -preguntó Hermione.

  • ¿Qué? -respondió, confundida-. Ah, sí, claro. Te espero allí. Adiós Harry.

 

Antes de cerrar la puerta, Ginny echó un vistazo fugaz al culo de su amigo, cuyas nalgas se apretaban contra la escasa tela del pantalón. Luego, con una sonrisa en la cara, bajó a la cocina, donde su padre desayunaba junto a los dos aurores que vigilarían la casa esa mañana. Les saludó amablemente echándoles un largo vistazo.

 

  • Hola cariño -dijo Arthur, sonriente-. Tu madre te ha dejado el desayuno en la encimera.

 

Ginny fue a recoger la comida y no pudo evitar fijarse en que los dos desconocidos no le quitaban la vista de encima, especialmente de las piernas y el culo que apenas cubría con unos shorts de tela. Emocionada, tardó bastante más de lo necesario en llevar todo a la mesa, haciendo varios viajes en los que dejó que aquellos dos hombres se perdiesen entre las piernas de la joven hija de su anfitrión como adolescentes hormonados.

 

 

  • Creo que al fin tenemos una prueba nueva -dijo Harry, contento, mientras se sentaba a su lado en la cama-. Aunque no sé si la entiendo muy bien.

 

Hermione intentó estirar el camisón instintivamente para tapar lo más posible sus piernas mientras Harry buscaba la página que quería mostrarle. Se acercó a él cuando la encontró y pudo notar que olía de forma muy agradable a pesar de que estaba recién levantado.

 

"Has demostrado ser osado, Harry Potter, y firme en tus convicciones.

Las relaciones fugaces son poco menos que un trazo, una ilusión,

como pronto habrás de conocer en persona, tras tu visita al bastión.

Hermione Granger, astuta, ha ocultado sus deseos, sus luchas y sus razones.

 

Es hora de dar a conocer, con el auxilio del phallaceae, el infierno que a todos acongoja.

Han de ser vuestros cuerpos, catalizadores, los que ese terror acojan.

Y ahora, prole de Osiris, el deber a vuestra puerta toca.

Mostraos ante el semejante, que dudas todavía arroja"

 

Hermione releyó fascinada las líneas una y otra vez, encantada de verse atrapada en un acertijo que parecía más antiguo de lo que podría haber imaginado. Cuando acabó de leerlo por última vez, se dio cuenta de que estaba totalmente pegada a Harry, apretando uno de sus grandísimos pechos contra el brazo de su amigo, que no decía nada pero parecía algo desconcentrado. Se separó poco después, no sin rozarse un poco más contra él mientras veía de reojo su reacción.

 

  • ¿T-tú que crees? -preguntó Harry, recuperando la compostura-. ¿A quién debemos mostrar qué?

  • Creo que tengo una idea -dijo Hermione, que sonrió al ver cómo su amigo echaba una mirada poco cuidadosa a sus pechos, libres bajo el camisón-. Pero puede que el aurum phallaceae nos sea útil, por lo que dice aquí. ¿Te importaría ir a buscarlo?

  • ¿Qué? ¿Lo sigue teniendo la señora Weasley?

  • Parece que se ha encariñado con él -rio Hermione, algo colorada-. Debería estar en su habitación. Voy a buscar una cosa mientras vas a por él.

 

Harry asintió y se levantó para irse. Hermione se deleitó con la vista del bulto que había conseguido inflamar un poco en su entrepierna y con el culo de su amigo, firme bajo su atlética espalda mientras se iba hacia la puerta.

 

 

Harry subió las escaleras dándole vueltas a lo que el libro rojo les pedía y al hecho de que la señora Weasley hubiera usado el falo dorado todo ese tiempo. Si sus sospechas eran ciertas, lo que le sucedía al aurum phallaceae sólo lo sentía cuando lo tocaba Hermione, y eso explicaría por qué no había tenido una de esas inoportunas sesiones de sexo a distancia durante las últimas semanas.

 

Recogió su capa de invisibilidad y siguió subiendo. Al llegar a la habitación de los Weasley llamó a la puerta. Sabía que Arthur se había ido a trabajar hacía un par de minutos, pero si se encontraba a Molly no sabría qué excusa poner. Volvió a llamar, y de nuevo se quedó sin respuesta. Intentó abrir la puerta pero la manilla no se movió.

 

  • Alohomora -dijo, agitando la varita hacia la cerradura, que cedió al instante.

 

Entró asegurándose de que no había nadie, y se tapó con la capa, pero escuchó el sonido del agua de la ducha cayendo en el baño que los Weasley tenían en la habitación. La puerta del baño estaba abierta, pero por suerte desde la ducha no se veía nada. Harry se apresuró entonces a rebuscar en los cajones de la cómoda sin suerte, antes de acudir a las mesillas de noche, donde apenas guardaban ropa interior. En uno de los cajones, eso sí, había una gran cantidad de conjuntos de lencería que, hasta ese curso, Harry nunca habría podido imaginar que Molly se pusiera. Por último, abrió el armario, pero sólo encontró una especie de bolsa cerrada, la ropa de los padres de Ron, y unas revistas conocidas entre los jóvenes de Hogwarts: Brujas malas, en cuya portada una exhuberante mujer botaba insinuándose para el lector bajo una capa muy escasa, y Hechizos para el clímax, donde un mago bien dotado hacía saltar sobre él a una mujer vestida con un uniforme extrañamente similar al de Hogwarts. Fue entonces cuando Harry escuchó unos gritos que venían del baño.

 

  • ¡Oh, por Merlín! ¡Sí! ¡Sí! ¡Dame! ¡Me he portado muy mal, lo sé! -gritaba Molly entre gemidos apagados por el agua de la ducha-. ¡Arthur lo entendería, con semejante pollón! ¡Ahh! ¡Soy tu putita! ¡Sí! ¡Me corro! ¡Me corro!

 

Harry se apresuró para ver lo que ocurría, temiendo enterarse de algo que no debía. Cubierto bajo su capa, entró en el baño para ver y escuchar, gracias a la mampara de cristal, cómo Molly cumplía su promesa y se dejaba ir por el deseo. Además, Harry encontró lo que había ido a buscar, cuando vio que el falo dorado estaba pegado a la pared, imponente, mientras entraba y salía de la señora Weasley, que se follaba aquel objeto con una actitud desesperada, agachada y agarrándose a donde podía para darse más duro todavía.

 

Harry resistió increiblemente el deseo de masturbarse, que ahora ya era obvio, y se deleitó viendo cómo Molly se sacaba al fin el consolador de entre sus piernas y lo despegaba de la pared, tirándolo al suelo con rabia.

 

  • ¡Vamos, Molly! No puedes hacer esto -se decía a sí misma la pelirroja, bajo el agua de la ducha-. Eres una madre de familia. Siempre has sido una mujer ejemplar, todo el mundo lo sabe. ¿Qué crees que va a pensar la gente de ti si se entera de que pierdes la cabeza por el primer chico atractivo que se te cruza o por su...? Por su... -sus palabras perdieron firmeza-. Su... impresionante... polla.

 

Harry vio cómo Molly se relamía y volvió a resistir el impulso de tocarse, mientras sus ojos se desplazaban por el voluptuoso cuerpo de la madre de su amigo, que seguía hablando para sí misma intentando autoconvencerse de algo que su cuerpo no aceptaba. El agua recorría el largo camino de sus melones mientras ella los enjabonaba, y luego llevaba la espuma por el resto del cuerpo de aquella madre de 7 hijos que se conservaba perfectamente y se cuidaba para mantener un atractivo que a Harry le estaba poniendo enfermo. Al fin, durísimo y resistiéndose a su deseo, recogió del suelo el aurum phallaceae y salió de la habitación, dejando a la madre de su mejor amigo desnuda, satisfecha y discutiendo consigo misma.

 

Tras calmarse y dejar la capa en su baúl, Harry volvió al cuarto de Hermione, donde comprobó con una ligera decepción que su amiga se había puesto un sujetador y ya no se transparentaban sus gruesos pezones a través del camisón.

 

  • ¡Buen trabajo, Harry! -dijo, contenta, antes de mostrarle el libro que les había llevado hasta allí-. Yo también he encontrado lo que buscaba.

  • ¿Lo habías visto en él? Desde luego le has dado uso a ese libro -bromeó Harry.

  • Oh, cállate, fue un curso muy difícil -se defendió su amiga, ruborizada-. Como recordarás, el libro rojo, además de las pruebas, muestra a quien lo encuentra las fantasías que desee. Échale un vistazo a esta.

 

Harry dejó el falo dorado en la cama y cogió el libro. Como ya había visto antes, una larga historia de contenido muy subido de tono se había escrito a lo largo de varias páginas, acompañada por ilustraciones que mostraban lo que ocurría en el relato. En esta ocasión, un joven con un cierto parecido a él penetraba en todas las posturas imaginables a una chica que, por el descomunal tamaño de sus tetas, debía ser Hermione. Pero lo interesante no estaba sólo ahí, sino que en las ilustraciones salían otras personas a su alrededor, como si estuviesen haciéndolo en público despreocupados del resto. Eso era lo que debía querer decir el libro rojo con la prueba de "mostrarse a los demás".

 

 

Mientras Harry leía, Hermione recogió el aurum phallaceae y empezó a acariciarlo con una mano, sin perder de vista la reacción de su amigo, que no se había dado cuenta.

 

  • ¿Crees que tenemos que mostrarnos ante otra persona? ¿Sólo eso? -preguntó Harry poco después-. Podría usar la capa y ver cómo lo haces con Ron, o podríamos decírselo y...

  • No -le cortó Hermione, que ya había agarrado el consolador y movía la mano lentamente por él-. Habla en plural, Harry. Tenemos que mostrarnos. Los dos.

  • ¿Qué quieres decir, Herm, no pretenderás...? -se detuvo el mago, bajando la mirada hacia su amiga.

 

Hermione no sabía si de verdad creía que esa era la única forma de hacerlo o si su deseo de volver a sentir a su mejor amigo dentro era lo que le hacía decir aquello tan segura de sí misma, pero no le importaba. Y Harry parecía pensar lo mismo.

 

  • Dime, ¿sientes algo? -preguntó Hermione, pajeando el falo dorado.

  • N-no -titubeó Harry, con una mirada que le delató.

  • ¿De verdad? -sonrió ella-. Entonces no sentirás nada de esto.

 

Hermione agarró la base del consolador con ambas manos y se metió el glande en la boca empezando una mamada brutal ante los ojos alucinados de Harry. En la cara de su amigo no tardó en notarse que estaba disfrutando de la felación como si se la estuviera haciendo a él directamente, pero Hermione siguió chupando con ganas hasta que su amigo le pidió que parase, con una erección de campeonato levantando sus ligeros pantalones de pijama.

 

  • Lo que imaginaba -sonrió Hermione, sorbiendo los hilos de saliva que había dejado sobre el gigantesco consolador-. El libro lo ha dicho, el aurum nos ayudaría, y sólo tú y yo estamos conectados por él. No sentías nada con Molly, ¿verdad?

  • Puede que tengas razón, Herm. Es completamente inadecuado, pero si no queda otra... -fingió Harry, cuya boca se le hacía agua imaginándose de nuevo con su amiga cabalgando sobre él-. ¿Pero cómo lo hacemos?

  • Imaginaba que dirías eso. Pensaré en algo, pero de momento no hables con Ron de esto -pidió innecesariamente Hermione, que parecía aliviada-. Pero ahora cuéntame lo que ha pasado estos meses.

 

Harry resumió a duras penas lo que había vivido con Luna, evitando contar nada sobre otras mujeres y, por supuesto, sobre las infidelidades de Ron. Al fin, le contó lo que había visto con Tonks en sus recuerdos, algo que impactó a Hermione más de lo que esperaba. Harry se dio cuenta, y le preguntó, preocupado:

 

  • ¿Es por Dumbledore? Seguro que tendrá alguna explicación.

 

Ella negó con la cabeza, dudando sobre si contarle lo que había visto en el Callejón Knockturn con la mujer que había matado a su padrino.

 

  • Dices que viste cómo Bellatrix se la chupaba a todos esos mortífagos, ¿verdad? -preguntó Hermione, cautelosa-. ¿Parecía contenta?

  • Eh, no... Supongo que no. Parecía débil. Puede que asustada de Voldemort. ¿Qué más da eso? -preguntó Harry con el ceño fruncido.

 

Hermione dudó de nuevo y antes de seguir puso una mano en el muslo de su amigo, como si quisiera calmarle anticipadamente.

 

  • Harry, yo... Vi a Snape hace unas semanas. No te lo conté para que no te enfadaras pero... -Hermione temblaba-. Estaba con Bellatrix.

  • ¿Qué? -respondió Harry, alterado-. ¿Cómo se te ocurre ocultarme algo así? ¿No sabes el peligro que corrías?

  • No es eso, Harry, de verdad. Necesito contártelo de una vez -dijo ella, decidida-. Seguí a Snape hasta un viejo cuarto en el callejón Knockturn. Me paralizó. Sin saber que era yo -añadió, viendo que Harry iba a protestar-. Luego hablamos, apareció Bellatrix y yo intentaba defenderme pero... No me querían hacer nada. Parecían estar escondidos, o escapando. Parecían asustados y... Algo en Bellatrix me hizo confiar.

 

Harry se levantó y empezó a dar vueltas por la habitación, sin decir nada pero claramente enfadado.

 

  • E-eso no es todo, Harry -siguió Hermione, a punto de romperse-. Cuando apareció Bellatrix algo despertó dentro de mí. Jamás he sentido nada parecido. Llevaba semanas sin Ronald, estaba sola, y sentir a Bellatrix me transformó -las lágrimas empezaron a caer por su cara-. Harry... yo... No pude resistirme... Lo siento... Lo siento tanto...

 

Incapaz de seguir, Hermione empezó a llorar desconsoladamente, temblando sobre el colchón de su cama. La ira de Harry pasó pronto al miedo, pero viendo así a su amiga no pudo seguir pensando de forma tan egoísta y se acercó a ella para darle un abrazo. Hermione apretó a su amigo con toda la fuerza del mundo y dejó caer sobre sus hombros las lágrimas que tanto había guardado. Fue entonces cuando Harry se separó un poco de ella y, acariciándole el pelo, la besó. Fueron sólo unos segundos en los que sus labios se juntaron y sus lenguas se tantearon tímidamente, pero fueron suficientes para calmar la hemorragia de lágrimas. Cuando se separaron, volvieron a abrazarse como amigos que se prometían la eternidad juntos.

 

Antes de despedirse, Harry la miró a los ojos y prometió:

 

  • Detendremos a Voldemort y a cualquier otra persona que esté implicada en esto. Y lo pagarán.

 

 

 

 

      41. Castigo

 

La nieve seguía acumulándose en el jardín, y desde la ventana de su habitación parecía que formaba montañas de algodón, aunque sabía perfectamente que estaba tan dura como él aquella mañana. Sólo llevaban un par de días en la Madriguera, pero el ambiente invernal no había rebajado el calor que sentía.

 

Volvió a comprobar que la cama de Harry estaba vacía antes de colocarse ante el espejo, desde el cual le devolvió la mirada su reflejo, cuya expresión de alegría era sin duda gracias a que el día de Navidad había llegado. Desde pequeño había vivido aquel día de forma agridulce, con el cariño de su familia pero sin los regalos que sus amigos recibían. En los últimos años, con Hermione y Harry como mayores amistades y la mejora de la economía familiar, las cosas habían cambiado, y estaba deseando bajar a descubrir qué habría recibido ese año. Pero antes, se examinó en el espejo. Cada vez notaba más lo mucho que había crecido en los últimos años.

 

Sus brazos eran tan fuertes como los de Charlie, y eran perfectos para su puesto de guardián en el equipo de quidditch. Se quitó la camiseta para comprobarlo, y se deleitó viendo su torso, apenas cubierto en la zona del pecho por algo de vello pelirrojo. No estaba muy marcado, pero sus abdominales no tenían nada que envidiarle en tamaño y rigidez a sus duros pectorales. Sin embargo, si había algo firme en él esa mañana, eso era lo que golpeaba insistentemente contra sus apretados boxers. Se deshizo de ellos con un movimiento rápido, liberando su erección matutina, a la que dio unas sacudidas para acabar de ponerla presentable.

 

Contento con su cuerpo casi recién estrenado, y con el día que era, Ron se puso a hacer poses estúpidas ante el espejo, haciendo fuerza con todos sus músculos para destacarlos ante su polla, hinchada y marcando las pequeñas venas que la mantenían firme y preparada para ensartar a cualquier mujer que lo deseara. Resaltaba enormemente sobre el resto de su cuerpo a pesar de que ya era un joven alto y musculoso, lo que la hacía todavía más impresionante.

 

  • Guau... -escuchó a su espalda.

 

Ron vio en el espejo una fugaz imagen de unos ojos aparentemente azules, que desaparecieron al instante tras la rendija de la puerta. "¿Fleur?", pensó, nervioso, volviendo a vestirse.

 

Como si quisiera confirmarle sus sospechas, cuando salió de la habitación pudo ver la luz del baño abriéndose paso por la puerta semiabierta. Se acercó en el instante en que la novia de su hermano, de espaldas, se agachaba para quitarse su pequeño pantalón de pijama, mostrando una imagen privilegiada de su trasero, atravesado por un pequeño tanga que se encajaba entre las jugosas nalgas de la francesa como si estuviera en el paraíso. Fleur se incorporó unos segundos más tarde y se dio la vuelta, mirando a Ron. La rubia se acercó en ropa interior lamiéndose los labios, que se mordió antes de decirle al pelirrojo:

 

  • Buenos días, ggandullón.

 

No le dejó ni responder, sino que cerró la puerta, dejando a Ron aturdido y deseando entrar en ese baño para enjabonar el culo de aquella semidiosa. Recuperando el sentido, volvió a girarse hacia las escaleras y bajó al salón, donde casi toda la familia le esperaba.

 

  • ¡Mira lo que me han traído! -gritaba Ginny, contenta.

  • Mamá, esto no es lo que había pedido -se quejaba Fred.

  • ¡Silencio! ¡Tus hermanos no rechistan! -respondía Molly, vestida con un disfraz de Mamá Noel que hacía juego con el de duende que llevaba Arthur.

  • Señora Weasley, no era necesario... -decía Harry, siempre tan correcto.

 

Pero a Ron no le importaba nada de eso en aquel momento. Buscó la mirada de Hermione y, al encontrarla, los dos se entendieron perfectamente. Ni siquiera abrió los regalos, sino que se llevó a su novia de la mano entre las protestas de Molly. Cuando llegaron a la habitación la cerró de un golpe, lanzó el hechizo insonorizador y vio a Hermione, que hiperventilaba como él. Un pequeño vistazo a sus pechos le confirmó que ambos estaban listos para el ritual de cada día. Esta vez fue Hermione la que empezó, bajándose los pantalones hasta los tobillos y dándole la espalda, a cuatro patas sobre su cama.

 

 

Desde que había descubierto el mundo mágico, Harry disfrutaba enormemente de cada mañana de Navidad. Los papeles de regalo se repartían por el suelo del salón de los Weasley como nunca, con la gran cantidad de invitados que tenían ese año y con 5 de sus hijos trabajando con excelentes resultados. Charlie había enviado un dragón en miniatura a Ginny, que parecía más contenta ese día que en los últimos dos meses, y corría por la habitación gritando órdenes a su sorprendentemente realista regalo.

 

Al típico suéter que la señora Weasley había regalado a todos, ese año a Harry se le acumularon alrededor un abrillantador para la escoba, algunas compilaciones de música, unos artículos de la tienda de Fred y George que no se atrevía a usar y un montón de ranas de chocolate que se moría por abrir. Fleur, por su parte, se marchó ruborizada tras abrir un paquete de Bill que no quiso enseñar a nadie más, mientras los gemelos trataban de sonsacárselo dando saltos a su alrededor.

 

  • ¿Te han gustado tus regalos, Harry? -le preguntó Arthur, sonriente y vestido con un traje de duende.

  • Oh sí, señor Weasley -respondió el mago, echando un vistazo a los libros que había recibido Percy-. Es un alivio pasar un día así a pesar de todo lo que...

  • ¡Venga, venga! Deja de pensar en eso, Harry -le cortó la señora Weasley, moviendo la mano como si quisiera espantar esas ideas-. Además, no es el último regalo que vas a tener -y, viendo que Harry iba a preguntar-. Tendréis que esperar unos días, pero ya se lo podéis ir agradeciendo a Fred y a George. Estos chicos son unos vagos, pero todo lo que esté relacionado con la fiesta...

 

Molly se detuvo, enfadada consigo misma por ser tan indiscreta, y les pidió que recogieran todo antes de salir al jardín. Harry acumuló sus regalos y los llevó con dificultad por las escaleras, pensando ya más en qué podrían haberles preparado los gemelos que en lo que había recibido ya. Fleur lo sacó al momento de su ensoñación, llorando de alegría y dándole un inoportuno abrazo que le hizo tirar los regalos al suelo.

 

  • ¡Miga Haggy! -dijo la semiveela, contenta, mostrándole una carta pero impidiendo que la leyese con sus saltitos-. ¡Es de Bill, me ha pgepagado un tgasladog paga que vaya unos días a visitagle, ahoga que tiene menos tgabajo!

 

Acto seguido, la francesa se agachó para ayudar a Harry a recoger. Los ojos del mago se dirigieron sin pensarlo al culo de su amiga, que parecía magnético para él, encerrado en los leggings apretados de Fleur. Viendo sus firmes nalgas a escasos centímetros, las noticias que le acababa de dar no eran precisamente las mejores para él, que tenía la estúpida idea de llevar a más el tonteo que habían protagonizado en verano.

 

  • Me alegro mucho por ti -dijo, sin embargo-. Estaréis deseando veros.

 

Algo en su tono de voz debió delatar su mentira, porque Fleur se levantó algo más seria, devolviéndole sus regalos. Se acercó a él y, pegando los firmes pechos al brazo del mago, le dijo al oído:

 

  • No te pgeocupes, Haggy. Las veelas no somos pgecisamente novatas -su voz sonaba profunda y exótica en la cabeza del mago-. Cuando vuelva, estagué espegando un... ggan... ggecibimiento.

 

Dicho eso, Fleur pasó la lengua por la oreja de Harry y metió la mano bajo sus pantalones de pijama, aprovechando la erección que le había provocado para agarrar su falo con su delicada pero experta mano y sacudirlo con maestría ante la atónita mirada del mago, ocupado agarrando los regalos mientras la rubia le masturbaba en las escaleras de la Madriguera. Se escucharon pasos en el piso de abajo poco después, y parecían subir. Fleur siguió pajeando a Harry, con sus preciosos ojos azules fijos en los del mago, hasta un instante antes de que Molly apareciera girando en las escaleras.

 

  • ¿Harry, aún sigues aquí? Vamos, tenemos que acabar de recoger antes de disfrutar de los regalos.

 

Por suerte para él, Fleur, echándole una última mirada tremendamente estimulante, se dio la vuelta y cambió su expresión a una muy alegre para contarle a Molly las noticias de Bill. Harry, intentando disimular su rigidez, dio la vuelta y se dirigió a su habitación para dejar al fin todo lo que cargaba. Tras colocar adecuadamente todo, salió de allí para ver a Mamá Noel cargada con un montón de paquetes más alto que ella.

 

  • Señora Weasley, deje que le ayude.

  • Por supuesto, Harry al rescate -rio Molly, dejando que Harry agarrase la mitad de su carga-. Estos hijos míos sólo piensan en ellos mismos. Parece mentira que los haya criado yo.

 

Harry pensó que quizá ese era el problema, siendo una mujer tan cariñosa como estricta, pero no dijo nada y se limitó a seguirla, continuando la conversación.

 

  • ¿Qué fiesta están preparando Fred y...?

  • No seas impaciente, Harry. Sólo espera unos días -respondió, deteniéndose ante la habitación de Hermione-. Espera ahí.

 

La señora Weasley llamó a la puerta sin respuesta un par de veces, y cuando trató de abrirla vio que no había manera. Aunque no se escuchaba nada, en el silencio del pasillo se sentía perfectamente la vibración de muchos golpes rítmicos y rápidos. "Deben estar pasándoselo bien", pensó Harry. Debía ser lo mismo que pensaba Molly, que volvió a recoger los regalos y siguió subiendo las escaleras, resignada. Harry siguió a la señora Weasley, fijándose en sus piernas, largas bajo la escasa falda de su disfraz. Mientras subía, la bruja negaba con la cabeza y suspiraba.

 

  • ¿Ocurre algo? -le preguntó Harry.

  • ¿Qué? -respondió ella, como si saliese de un trance-. No, no es nada. Es que para mí, este es un día para pasar en familia, no para... para...

 

No terminó la frase, pero Harry la entendió perfectamente mientras Molly abría las estrechas escaleras al ático, muy empinadas. La ropa interior de la bruja quedó expuesta bajo la falda para los ojos de Harry, que no perdió su oportunidad y que no pudo evitar un nuevo atrevimiento:

 

  • ¿Está segura de que no tiene envidia?

 

Molly se trastabilló con un escalón y se dio la vuelta, sorprendida. Pudo ver perfectamente cómo los ojos de su invitado se perdían entre sus piernas durante un segundo.

 

  • H-Harry, no digas tonterías -carraspeó antes de seguir-. La Navidad es para estar todos juntos, no para aislarse y dejarse llevar por otras necesidades -respondió, seria, antes de añadir-. Y yo soy una mujer muy bien servida.

 

Harry se limitó a asentir, guardándose una sonrisa y sus ideas sobre lo que acababa de escuchar. Siguieron subiendo y llegaron al polvoriento ático, donde dejaron los regalos de Ron y Hermione. Molly cogió su varita e hizo que una escoba comenzase a barrer la zona de las escaleras, al lado de la barandilla, y el resto de las pocas zonas que no estaban ocupadas por viejos trastos. Harry vio juguetes que aún se movían ligeramente y restos de una escoba de carreras sorprendentemente grande pero cuyas varillas parecían haber pasado un invierno permanente.

 

  • Harry, tengo que decirte algo porque no me lo puedo quitar de la cabeza -dijo entonces Molly, desde el otro lado de la estancia-. En verano ya me había fijado, y después de lo de hoy... -dudó-. Harry, no sé qué te traes con Fleur, pero por favor, piensa en mi hijo. La quiere mucho. Y ella a él -añadió, mientras Harry se acercaba-. Cuando Bill vuelva, se casarán, y no me gustaría que nada lo estropease.

 

Harry miró a la madre de Ron algo asustado, tras sus serias palabras. El gorro de Mamá Noel le daba un aspecto divertido a pesar de lo que decía, y el corto disfraz apenas tapaba su voluptuoso cuerpo.

 

  • Deja las cosas como están, Harry. ¿Lo harás por mí?

 

Un sentimiento extraño empezó a esparcirse por la mente de Harry. Una especie de indecencia y atrevimiento que nunca había experimentado.

 

  • ¿Qué le ha hecho pensar que yo esté intentando algo con Fleur, señora Weasley?

  • Oh, vamos, Harry. ¿A quién intentas engañar? -respondió la madre de su mejor amigo-. Os vi en las escaleras. Y por mucho que lo intentases, no podías esconderte -siguió, bajando la mirada sobre el cuerpo del mago-. Podía ver perfectamente tu... tu... -tragó saliva-. Tu erección.

 

Harry se acercó todavía más a Molly, y pudo ver cómo una pequeña gota de sudor bajaba por su cuello y se perdía en su canalillo. Volvió a verla a los ojos, como nunca la había visto en todos los años como invitado en la Madriguera bajo los atentos cuidados de aquella mujer, y posó la mano derecha en su cadera.

 

  • Señora Weasley, me ha tratado usted tan bien todo este tiempo... No sabe cuánto se lo agradezco -empezó Harry-. Siempre me ha parecido una gran mujer, y estoy seguro de que quiere lo mejor para su familia, así que no puedo negarme si me pide que no me acerque a Fleur. Pero me gustaría saber las verdaderas razones -siguió, metiendo la mano bajo la falda de Molly.

  • ¡Harry, no...! -intentó decir Molly cuando sintió los dedos del mago sobre su sexo.

  • Si de verdad es tan buena madre de familia, y le preocupa tanto que engañen a su hijo. ¿Por qué no puede parar de masturbarse a espaldas de su marido pensando en mí?

  • No... Yo no hago eso -mintió la señora Weasley, suspirando gracias al movimiento circular de los firmes dedos de Harry sobre la escasa tela de su tanga.

  • Y este vestido, señora Weasley. Sabía perfectamente que subiendo conmigo a solas a este ático no iba a poder apartar la mirada de usted. Una Mamá Noel con esas piernas y ese par de tetas pondría cachondo a cualquiera, ¿no cree?

  • Harry, detente, por favor -respondió Molly, con dificultad-. Me he portado mal en el pasado, lo sé. He sido muy, muy mala -siguió, estimulada por el íntimo masaje del mago-. Pero hay algo en ti... No puedo dejar que Fleur caiga, por favor.

 

Harry cumplió su deseo al instante, dejando de tocarla, y sonrió al ver un atisbo de decepción en los ojos de la madre de su amigo.

 

  • ¿Sabe, señora Weasley? -empezó-. No creo que busque lo mejor para Bill o para su familia pidiéndome esto. Tampoco creo que le importe mucho lo que Fleur haga. No tengo nada con ella. Es sólo su mente, señora Weasley, la que me imagina en actitudes tan poco apropiadas -mintió Harry, sorprendiéndose a sí mismo-. Así que mi teoría es que lo que quiere es que esas imaginaciones suyas se hagan realidad, pero sólo con usted. Quiere sentirme dentro de usted una y otra vez, a espaldas de su marido. Y quiere que esa polla con la que sueña la llene cuando usted quiera, sin que nadie se interponga -Harry agarró entonces las caderas de la señora Weasley con fuerza-. Por suerte, puedo concederle uno de sus deseos.

 

En un rápido movimiento, al que sólo las palabras de Molly se opusieron sin mucha convicción, Harry llevó a la madre de su mejor amigo hasta la barandilla de las escaleras e hizo que se apoyara en ella, ofreciéndole su magnífico trasero en pompa para su exclusivo disfrute. Levantó la falda roja que lo cubría y se bajó sus propios pantalones hasta los tobillos. Apartando a un lado el tanga negro de la señora Weasley, Harry la penetró con su grandísimo rabo, todavía semierecto, ayudado del empapado sexo de la bruja. Las embestidas contra el culo de la madre de Ron empezaron a ganar ritmo conforme Harry iba endureciéndose y creciendo dentro de ella hasta el punto de que Molly le empezó a morder la mano con la que le tapaba la boca, tratando de ocultar sus jadeos a sus hijos y a su marido, que disfrutaban del día de Navidad sin saber que la madre de familia estricta y cariñosa que tan bien conocían estaba gozando como una auténtica salvaje de la polla del mago más famoso del mundo.

 

Las grandes nalgas de la señora Weasley eran lo único que detenía el avance de Harry, que chocaba contra ellas con fuerza con cada una de las penetraciones, empujando contra la barandilla a la bruja. Estaba todavía más húmeda que la última vez, y en esa posición no le ofrecía ninguna resistencia. Por las escaleras se escuchaban voces y ruidos de los Weasley haciendo su vida normal por la Madriguera.

 

  • No recordaba lo bien que me sentía dentro de usted, señora Weasley -dijo entonces, metiéndosela hasta el fondo.

  • Harry... -intentó responder Molly entre jadeos, agarrando el culo de su benefactor-. Por favor...

  • ¿De verdad... quiere... que pare? -preguntó Harry entre embestidas-. Su sexo no opina lo mismo. Lleva meses esperando por esto, señora Weasley.

  • Esa no es... ¡Ah! Esa no es la cuestión, Harry -respondió la bruja a duras penas-. No puedo hacerle esto a mi familia, lo que quiera... mi cuerpo... ¡Oh, por Merlín! Lo que quiera... no tiene importancia ahora.

  • ¡¿Mamá?! -se escuchó decir entonces en el piso de abajo a Ginny.

 

Harry se detuvo un momento, temiendo que su exnovia subiera más de lo que debía. Sin embargo, al sentir el temblor en la entrepierna de Molly, que aguantaba la respiración buscando su varita sin suerte, siguió metiéndosela, para sorpresa de la mujer.

 

  • Harry, ¿qué haces? -le dijo, en un susurro casi inaudible-. ¡No puedo dejar que Ginny me vea!

  • ¡Mamá! ¿Dónde estás? -volvió a preguntar su hija desde el piso inferior.

  • Insonoriza el ático al menos, Harry -pidió entonces Molly, que veía que el mago no se detenía y estaba ya muy caliente.

  • Déjese llevar, señora Weasley -fue toda la respuesta del mago.

 

En lugar de hacer lo que Molly le pedía, Harry aumentó el ritmo dentro de aquella madura mujer, que se aguantaba los gemidos de forma sobrehumana. Tremendamente excitado, además, agarró la parte superior de su disfraz de Mamá Noel, haciendo caer los gigantescos melones de la madre de su mejor amigo, a los que se aferró con fuerza para follársela todavía más duro.

 

  • ¿Mamá? ¿Estás en el ático? -preguntó entonces Ginny, desde la parte baja de las escaleras.

 

La más joven de los Weasley estaba a un par de metros de la brutal escena que protagonizaba su madre. La sensación de estar a punto de ser descubiertos fue demasiado para Harry, que descargó grandes cantidades de semen aferrado a las mamas de la señora Weasley, que aguantaba para no correrse mientras sentía cómo el mejor amigo de su hijo se derramaba dentro de ella sin ningún control.

 

Por suerte para ellos, Ginny se resignó y no llegó a subir las escaleras, en las que Harry seguía percutiendo a su madre, que se corría tapándose la boca con ambas manos, para mayor placer del mago. Molly sentía a su joven invitado golpeándola todavía, pero el placer hizo que tardase en reaccionar, mientras sus tetazas se bamboleaban al ritmo de las incursiones de aquel descomunal aparato.

 

  • Vamos Harry, ha-ha estado bien, pero tenemos que parar -dijo, intentando incorporarse.

  • ¿De verdad? Mire cómo estoy, señora Weasley -respondió Harry sacando la polla de su interior y colocándosela en la mano para que sintiese su dureza.

  • Por todas las brujas del firmamento, Harry. ¿Cómo puedes tener esa monstruosidad tan dura si acabas de correrte?

  • Creo que el mérito es todo suyo -respondió Harry con una sonrisa, agarrando una de las enormes tetas de la madre de Ron mientras ella le pajeaba lentamente casi por instinto.

  • ¿Molly, estás ahí? Ginny te está buscando. ¿Estás bien, cariño? -dijo entonces Arthur desde el piso de abajo.

  • S-sí, cariño, acabo ahora -respondió Molly, soltando su polla.

 

La señora Weasley trató de volver a meter sus tetas en el disfraz y de bajarse la falda, pero Harry se lo impidió de nuevo colocándola contra la barandilla, ayudado por la poca resistencia de su lascivo cuerpo. Recordando momentos pasados, Harry preparó con su saliva el pequeño agujero por el que un instante más tarde introdujo su hinchado aparato. Molly se quedó sin palabras al sentir cómo entraba una pequeña parte de aquel joven en su culo, mientras hablaba con Arthur.

 

  • ¿... y te ayudo a ordenarlo? -preguntaba el señor Weasley desde abajo.

  • Gracias cariño, pero de esto ya me encargo yo -respondió, tensa, su mujer.

  • Vamos, subo un momento y acabamos en un instante -dijo Arthur empezando a subir las escaleras.

  • ¡No! -gritó Molly de repente, mientras Harry se abría paso a su espalda-. Es una sorpresa, mi duendecillo, espérame abajo.

 

Harry se sorprendió de la facilidad de la señora Weasley para inventarse excusas, pero vista la situación no se iba a quejar. Agarrando las dos jugosas tetas de la madre de Ron y sus durísimos pezones, Harry disfrutaba del culo de aquella Mamá Noel tan traviesa y exuberante mientras se despedía de su marido. Tras dejar pasar unos segundos que Harry no desaprovechó para seguir dándose placer, Molly se separó de él con un empujón y le dio un tortazo en la cara con todas sus fuerzas que hizo que Harry se tambalease y notase un pitido en el oído. Luego, sin mirar al mago a los ojos, Molly recogió su varita del suelo, se colocó bien el tanga y la falda y metió con dificultad sus grandes pechos en las copas de su disfraz.

 

Harry vio cómo aquella mujer bajaba las escaleras, dolorido por el golpe y maldiciéndose a sí mismo por su impertinencia.

 

 

      42. Cenit

 

Los días tras la Navidad fueron pasando para Harry como un martillo para sus deseos. Fleur se marchó la misma tarde que lo anunció, dejando un vacío en la casa que el mago no se esperaba. Aunque pasaba tiempo con sus amigos, que Hermione no pudiese salir del área que controlaban los aurores limitaba mucho sus posibilidades. Eso, unido al distanciamiento con Ron, hacía algo incómodos los momentos a solas, y sus dos mejores amigos acababan pasando la mayor parte del día encerrados en la habitación de Hermione haciendo cosas que, inesperadamente para Harry, se le vetaron de repente a él.

 

Había intentado disculparse con Molly, no sabía si porque de verdad se arrepentía o porque fantaseaba con más encuentros fortuitos con los que descargar su tensión. Sin embargo, aunque la madre de Ron seguía siendo tan amable como siempre cuando el resto de la familia estaba cerca, evitaba a toda costa quedarse a solas con él. Aquel rechazo le resultaba frustrante y aumentaba todavía más su deseo cuando veía pasearse por la Madriguera a aquella entrañable mujer cuya faceta íntima le había dado algunos de los mejores momentos de su corta vida sexual.

 

Kingsley era uno de los pocos que amenizaba sus días contándole algunos secretos de los aurores e historias increíbles de las luchas contra Grindewald del Departamento. Harry podía pasarse horas junto a él escuchando lo que esperaba poder hacer en el futuro, y desde el lugar en el que se sentaban a charlar podía ver entrar y salir a Ginny. Su exnovia se pasaba el día fuera de la Madriguera, pero no contaba a nadie qué es lo que hacía. Harry imaginaba que algún mago con suerte estaría disfrutando de su compañía, dado que los pequeños intentos de acercamiento tras el fracaso con su madre fueron mucho peor de lo que esperaba.

 

Al final, Harry estaba más solo que nunca, aunque hubiese tanta gente en la casa, y se pasaba el día pensando en dónde estaría Dumbledore, en qué tramarían Snape y Voldemort y en las palabras del libro rojo, que Hermione decía saber cómo cumplir, a pesar de que aún no le había dicho nada. Cuando su cabeza le dolía de darle vueltas a todo aquello, solo sobre su cama, Harry acababa pensando en Luna, en sus grandes ojos grises, en su pequeña nariz, en sus rizos rubios, en sus finos labios, en sus piernas, en sus manos juguetonas, en su cuello, en su vientre plano, en su firme trasero, en sus pequeños pezones, en su sexo rosado...

 

 

 

Un pequeño peso en las piernas hizo que se despertara lentamente, sin sentir apenas nada de lo que ocurría por su aletargamiento. Abrió los ojos despacio, cegado por la luz de la mañana que entraba por la ventana, que indicaba que el último día del año había comenzado. Aún no se había acostumbrado a dormir en la antigua habitación de Ginny, y cada vez que lo hacía se sentía fuera de lugar, con aquellas paredes rosas y la luz dando directamente en su cara. Pero aquel día algo hacía que se sintiese más cómodo. Un ruido de succión intermitente le llegaba apagado hasta los oídos. Con una sonrisa en la cara, levantó la sábana para saludar a su novia.

 

  • Buenos... días... caggiño -le dijo Hermione con dificultad, sin sacarse su polla de la boca.

  • Uf, muchas gracias Herm. Espectacular, como siempre -se limitó a decir Ron a su novia, que le respondió con un guiño.

 

Volvió a taparse con la sábana mientras Hermione se metía la mayor parte de su erecto falo entre los labios, lamiendo hasta el último punto de su juguete. Durante unos diez minutos, la bruja chupó con ganas la grandísima vara de su novio, que adoraba que le despertara con una de sus expertas mamadas. Ron notaba cómo la húmeda lengua de Hermione se trasladaba alrededor de su parte más dura saboreándolo con verdadero placer, mientras él masajeaba con una mano uno de los inmensos pechos de su chica. Poco después, la mano de Hermione pajeó a una velocidad de vértigo a Ron y, lamiendo sus huevos a la vez, provocó que el pelirrojo se corriera abundantemente.

 

Ron vio cómo Hermione salía de entre sus piernas y subía arrastrando sus pechos sobre él hasta darle un beso lleno de pasión, jugando con su lengua como si el deseo consumiese sus labios.

 

  • Cada día lo haces mejor -sonrió Ron, aún respirando con dificultad.

  • Como para no hacerlo, viendo ese pollón tan duro por las mañanas -respondió, contenta, la bruja.

 

Hermione le dio otro beso antes de volver a meter la cabeza entre las sábanas para chupar de nuevo el rabo del pelirrojo, saboreando los restos de su leche y dejándolo perfectamente limpio con su lengua y su varita.

 

  • Si no necesitas nada más, me voy a dar una ducha -acabó diciendo Hermione, que no pudo evitar un pequeño azote en el culo por parte de su novio, entre risas.

 

Ron bajó a la cocina mientras la morena se desnudaba para ducharse y desayunó junto a sus padres sin saber que la segunda alegría de la mañana estaba a punto de llegar. Estaba acabándose las gachas que había preparado Molly cuando se abrió la puerta de la cocina y entró una joven preciosa, muy abrigada pero cuyas hermosas facciones la hacían distinguible hasta en la oscuridad. Ron se deleitó fijándose en las mejillas coloradas por el frío de Fleur, cuyos carnosos labios le lanzaron una sonrisa, y en el sensual movimiento de sus caderas al caminar hacia la mesa en la que estaba sentado. Lo que no esperaba era que detrá suya vinieran dos figuras que llevaba mucho sin ver, y que le saludaron con las mismas palabras:

 

  • ¡Hola hermanito!

 

 

Hermione se sintió algo ridícula al bajar a saludar a los hermanos mayores de Ron. Aún recordaba lo que Fleur le había contado sobre Bill, y no pudo evitar imaginarse a aquel atractivo hombre, alto, serio y seguro, fantaseando con ella en la intimidad. Pero fue Charlie el que hizo que le temblaran las piernas. A diferencia de su hermano, el hombre en que se había convertido aquel estudioso de los dragones se levantó para saludarla dándole dos besos mientras le agarraba con firmeza las caderas.

 

  • ¿Tú eres Hermione? -preguntó, sonriente, con su voz profunda-. Desde luego no pareces la chica de las fotos que me enviaron mis padres hace años. Has... crecido. Mucho.

 

Acto seguido, Charlie le echó un vistazo de arriba abajo, deteniéndose en sus grandísimos pechos, que le hicieron arquear una ceja con incredulidad. Hermione se puso colorada mientras el hermano de su novio la miraba con deseo tras sus ojos azules, con su barba desgarbada y su pelo largo, que ocultaba algunas cicatrices seguramente provocadas por algún ridgeback noruego o colacuerno húngaro.

 

  • Ronald y ella están saliendo desde hace tiempo -informó la señora Weasley a su hijo, como si tratase de rebajar la tensión.

  • Lo sé. Mi hermanito es un chico con mucha, mucha suerte -respondió Charlie, sonriendo a Hermione antes de soltar sus caderas al fin.

 

Hermione tragó saliva y se sentó rápido, notando como el corazón palpitaba en su pecho a gran velocidad. Allí escuchó las historias de los recién llegados echando miradas furtivas a Charlie, antes de que explicasen por qué estaban allí.

 

  • ...y la situación no es menor en Rumanía, papá -añadía Charlie, con expresión seria.

  • Cierto. Charles y yo llevamos un tiempo hablando de esto. No podemos quedarnos al margen. Si os ocurre algo no nos lo perdonaríamos -añadió Bill.

  • ¿Y qué vais a hacer vosotros que no puedan hacer mejor los aurores? -protestó Molly.

  • Nosotros no dependemos de las órdenes de nadie. Y daremos la vida si hace falta por protegeros.

  • ¡Charlie! ¡No digas eso! -gritó Molly, alterada-. Nadie va a dar nada, tenéis que pensar en vuestros trabajos y...

  • Mamá, hay gente desapareciendo cada día, por decirlo de una manera suave. En Gringotts están tan confundidos como nosotros. Y desde que se ha sabido lo de Dumbledore... Nadie me echará en cara que esté aquí -la tranquilizó Bill.

  • Los dragones estarán bien una temporada. Mis compañeros se encargarán de ello -aseguró Charlie.

 

Molly se quedó pensativa unos instantes. Parecía debatirse entre el futuro de sus hijos y la alegría de volver a verles, y al final, entre lágrimas de felicidad, acabó la conversación sonriendo:

 

  • Si os vais a quedar, tendré que preparar tu antigua habitación, Charlie.

 

La llegada de los nuevos habitantes supuso un cambio que en principio perjudicó a Hermione. Ginny, refunfuñando, se trasladó junto a su amiga a su antigua habitación. Parecía enfadada, pero tan pronto desapareció su madre tras la puerta, en la cara de la pequeña de los Weasley se dibujó una sonrisa.

 

  • ¡Hermione! Juntas de nuevo, ¿no es genial?

  • Y que lo digas -rio la morena, viendo cómo su amiga sacaba montones de ropa de una caja y los iba colocando en sus armarios.

 

Hermione se sentó en su cama mientras hablaban de sus hermanos, hasta que vio cómo Ginny se acercaba a la mesilla de noche. Intentó detenerla, pero era demasiado tarde, y la pelirroja se quedó paralizada al abrir el cajón.

 

  • ¿Hermione...? -se limitó a decir, de espaldas a su amiga.

 

Ginny se quedó quieta unos instantes, como si dudase. Luego, sin embargo, agarró lo que le había sorprendido y se dio la vuelta, con una mirada seductora.

 

  • Sabía que eras una buena zorra, Hermione, pero esto es pasarse, ¿no? -preguntó, agitando el aurum phallaceae ante su cara.

  • Devuélveme eso, cabrona -rio la morena, persiguiendo a su amiga.

  • ¡Nunca!

 

Durante unos segundos, las dos chicas corretearon la una detrás de la otra riendo y saltando sobre la cama, hasta que en un rápido movimiento, Hermione tumbó a Ginny sobre la cama y se quedó encima suya, ambas respirando con dificultad.

 

  • Estás perdida. ¿Me lo vas a devolver ahora?

 

Ginny se mordió el labio inferior y negó con la cabeza.

 

  • Lo haré con una condición. Que me dejes ver cómo lo usas.

 

Hermione se quedó estupefacta al escuchar la petición de su acalorada amiga, colorada y a su merced, con el gigantesco consolador dorado en la mano.

 

  • Es broma -añadió Ginny, guiñándole un ojo-. Pero hay algo que debemos hacer -añadió, empezando a sacarle la camiseta a Hermione.

  • ¿A qué te refieres? -preguntó la morena, que no detuvo a Ginny ni cuando sus pechos salieron de su cobertura junto al sujetador.

  • Estamos solas en esta habitación -dijo la pelirroja, quitándole al fin la camiseta a su amiga-. Este es el último día del año -añadió, pasándole las manos por la espalda, buscando el cierre del sostén-. Nadie va a venir a molestarnos, así que... -acabó, abriendo el sujetador de Hermione, lo que provocó que sus masivas mamas cayeran sobre su cara-. Creo que es el momento perfecto... ¡para probarnos vestidos para esta noche!

 

Acto seguido, Ginny empujó a Hermione entre risas y se desnudó hasta quedar apenas tapada por un pequeño culotte, mientras la pechugona bruja negaba con la cabeza, con una sonrisa en los labios y los pezones muy endurecidos.

 

 

Unos apretados boxers fueron los escogidos para sujetar su largo miembro, que colocó hacia el lado derecho, como era costumbre. Ron se peinaba con dificultad a su lado, ya embutido en unos pantalones de traje oscuros, pero con su torso al aire todavía. Harry miró con envidia la musculada silueta de su amigo mientras se colocaba sus propios pantalones. Aunque no podía quejarse por su cuerpo, estar algo más fuerte le habría gustado sin duda, pero no era algo que fuese a solucionar ahora. Acabaron de vestirse poco después, y a los dos les quedaban como un guante sus trajes oscuros.

 

  • ¿Con pajarita o sin pajarita? -le dijo Ron, guiñándole un ojo.

  • No me recuerdes aquella noche. Que uno de los campeones del Torneo de los Tres Magos haga el ridículo así...

  • Al menos tú fuiste al baile sin parecerte a una señora con mal gusto para los vestidos.

 

Los dos amigos rieron a carcajadas recordando su cuarto año, y luego se vieron a los ojos con cierta pena por la intimidad perdida. Después se dieron un abrazo y se colocaron las capas para bajar a cenar.

 

La señora Weasley había preparado una mesa larguísima repleta de platos, a cada cual más apetitoso. Pavo estofado, pudín de hierbas, buey sazonado con diente de león... Harry estaba tan maravillado con el banquete que tardó en fijarse en Ginny. Su exnovia estaba charlando animadamante con Kingsley, que cenaría con ellos hasta que su turno de proteger la Madriguera llegase. La pelirroja llevaba un vestido verde muy ceñido, que resaltaba su cuerpo delgado y que llamaba la atención sobre sus largas pierna. En su escote brillaba un gran colgante dorado. Harry recordó lo bien que lo había pasado agarrado a aquel culo que se marcaba y casi se mostraba a través del cortísimo vestido de su exnovia, pero Fred y George le sacaron del trance hablándole de la sorpresa que le tenían preparada.

 

 

Ron paseaba alrededor de la mesa y se había asegurado de que no había nadie viendo para coger un pequeño bollo de mantequilla que empezó a comerse pero que no terminó cuando vio bajar a Fleur por las escaleras. Un brillante vestido de color claro se pegaba a su cuerpo como diseñado a medida por Merlín. Su pelo rubio recogido de manera magistral daba paso a unos grandes pendientes plateados, a su largo cuello y a su espalda desnuda, apenas cubierta en su parte final justo antes de llegar al precioso trasero de la francesa. Ron buscaba el sujetador que mantenía los grandes pechos de Fleur tan altos y firmes, apenas cubiertos por dos tiras de tela que se recogían sobre ellos dando un aspecto lujoso a su fenomenal atuendo.

 

  • Estás preciosa, cariño -le dijo Bill dándole un suave beso en la mejilla.

 

 

Hermione acabó de arreglarse y bajó algo apresurada. No tenía ganas de prepararse para una noche en la que sería la única que no podría salir, pero la señora Weasley había insistido mucho y Ginny había sido muy convincente toda la tarde en la intimidad de su habitación. Haciendo desaparecer todos esos pensamientos de su mente, avanzó hacia la luz de la estancia donde casi todos esperaban ya. Sintió todas las cabezas girándose hacia ella, y los ojos de todos sus amigos observando hasta el último centímetro de su cuerpo. Pero ella tenía tantos lugares a los que mirar que no se decidía.

 

Ver a sus dos mejores amigos con aquellos trajes tan ideales para ellos hizo que le diese un pequeño vuelco al corazón. Nunca los había visto tan guapos, y tenerlos delante de forma tan distinta a la habitual tuvo un placentero efecto en su mente. Los gemelos llevaban un estrambótico par de capas de colores cambiantes que no le impidieron observar cómo los apretados pantalones que habían elegido marcaban lo que bien sabía que guardaban entre las piernas, ni agradecer la visión de su alta figura, que destacaba entre sus hermanos y que dejaba a Ginny, despampanante a su lado, como una enana. Bill llevaba el traje más sobrio, y esa seriedad le confería un atractivo muy estimulante para ella, aunque el espectacular vestido de la semiveela francesa le robase todo el protagonismo. Percy, por su parte, vestía un chaleco pegado a su delgado torso y era el único que no la miraba, aparentemente tímido. A su lado estaba Charlie, con su barba igual de desaliñada que a la mañana. Hablaba con Percy sin quitar el ojo de encima a Hermione, y era el único que apenas llevaba una camisa y una corbata, con la chaqueta en la mano. Hermione le devolvió las indiscretas miradas gozando de su fortísima figura, en la que destacaba su ancha espalda, y su torso, grueso y duro como sus brazos. No pudo evitar echarle un vistazo al culo del hermano de su novio, que destacaba en sus pantalones, apretado. Hermione se perdió unos segundos en su ensoñación, imaginando a aquel hércules pelirrojo peleando con dragones gigantescos que le lanzaban fuego destruyendo su ropa, para mayor placer de la bruja. Pero los últimos comensales bajaron poco después, y desviaron la atención de ella.

 

 

Tras deleitarse con su prodigiosa amiga, Harry vio llegar a su espalda al señor y a la señora Weasley. Un chaqué azul marino cubierto por una capa violeta era la elección de Arthur, que sonrió cuando todos aplaudieron la llegada de la pareja. Se escucharon silbidos de halago para ambos mientras tomaban asiento, para que el resto hiciera lo mismo después. Harry fue el único que vio a Molly con otros ojos. Su vestido negro tenía la parte superior de la espalda desnuda, aunque era mucho menos atrevido que el de Fleur. También la falda era más floja y larga que la de Ginny, y desde luego no hacía sombra a Hermione aquella noche. A pesar de todo ello, Harry no pudo evitar que entre sus piernas empezase a crecer el aparato que hacía escasos días había penetrado por la espalda a aquella mujer, chocando contra el grandioso culo que ahora se escondía entre los pliegues del vestido. Además, su generoso escote permitía apreciar una buena parte de las enormes tetas de la señora Weasley, y no pudo evitar pensar en lo que le gustaría ser el primero en felicitar el año a la madre de Ron como se merecía.

 

 

La cena, copiosa y amena, fue todo un éxito. La cerveza de mantequilla corría entre todos los invitados ayudando a las risas y las anécdotas inapropiadas, mientras Hermione y Ginny compartían una botella de vino muggle que Arthur se había encargado de traer.

 

  • ¡Por Molly! -gritó Arthur cuando empezaban con el postre, alentando un brindis por su mujer, que se había encargado de casi todo.

  • ¡Para que siempre estemos todos juntos! -añadió Bill.

  • ¡Por la cerveza! -gritaron los gemelos al unísono, visiblemente afectados.

 

Todos salvo Molly rieron ante la última proclama y acto seguido llegó el brindis y el postre. El sorbete de raíz de mandrágora ayudó a relajar un poco el ambiente que la comida, el alcohol, los atractivos cuerpos y las lujuriosas mentes habían caldeado durante toda la cena.

 

Cuando terminaron, empezaron las despedidas. Cada uno tenía una fiesta a la que ir, o unos amigos con los que pasaría esa noche. Sólo los gemelos y Ginny coincidían en su destino: el callejón Diagon. Harry no había previsto nada, y cuando vio a sus amigos despedirse de la preciosa Fleur, se dio cuenta de que Ron estaba igual. Sin Hermione no sería lo mismo, así que lo mejor sería acompañarla aquella noche.

 

  • 3 toques de varita, Harry -le dijo Fred al oído antes de marcharse con una alegre Ginny que caminaba despacio sobre sus altos tacones.

 

Sin tiempo para preguntar a qué se refería, Harry se vio obligado a seguir a la señora Weasley.

 

  • ¡Venid chicos! No creeríais que nos íbamos a olvidar de vosotros, ¿verdad? -sonrió Molly, dirigiéndolos al ático-. ¡Bienvenidos a vuestra sorpresa!

 

La señora Weasley señalaba la vieja bolsa que Harry había visto en el armario de la habitación de la señora Weasley. Ron parecía igual de confundido que él, pero no Hermione.

 

  • ¿Molly, está segura? -preguntó la morena, dubitativa.

  • Por supuesto -dijo Molly, sonriente y haciendo con dos movimientos de varita que una tienda de campaña saliese de la bolsa y se montase en un instante-. Fred y George lo han preparado para vosotros. Bajo mi supervisión, claro. ¡Que disfrutéis!

 

A través de la tela sonaba una música apagada que ganó en intensidad cuando Ron abrió la cremallera y se metió dentro, alucinado. Hermione le siguió, dando las gracias a la señora Weasley, que agarró a Harry de la mano cuando se dirigía al interior y le apartó de la entrada, llevándolo a la barandilla contra la que el mago la había obligado a apoyarse el día de Navidad.

 

  • Espero que lo pases muy bien, Harry -empezó Molly-. Envíame a Hedwig si ocurre algo.

  • ¿Eso es todo lo que me quería decir? -preguntó Harry, con el ceño fruncido, a solas con aquella mujer después de varios días.

  • Eso, y que estás muy guapo con ese traje.

  • Gracias -dijo Harry, sorprendido-. Usted está muy... explosiva

 

Molly le miró a los ojos, seria, y luego se apretó ambas tetas, simulando que colocaba aquellos grandísimos senos correctamente.

 

  • ¿Por eso no parabas de ver hacia mí durante la cena? -preguntó Molly con una sonrisa irónica a la que sin duda ayudaba el alcohol que había bebido-. Casi podía volver a sentirte dentro viendo cómo me comías con la mirada.

  • Me estaba imaginando cuánto tiempo aguantaría las ganas de volver a chupármela. Daba más por usted, pero veo que es más puta de lo que imaginaba.

 

El atrevimiento de Harry le sorprendió a él mismo, y todavía más a la señora Weasley, que parecía combatir sus deseos de darle un nuevo tortazo y, a la vez, de agacharse para volver a mamar su grandiosa polla. Finalmente, visiblemente frustrada, se dio la vuelta y empezó a bajar por las escaleras.

 

  • La próxima vez ni se te ocurra metérmela por el culo -advirtió, mientras el mejor amigo de su hijo sonreía satisfecho.

 

Harry esperó a que Molly saliera del desván echando un último vistazo a su vestido y se dirigió a la tienda de campaña. Cuando entró, los recuerdos del Mundial de Quidditch le invadieron. La tienda parecía mucho más grande y en lugar de estar totalmente iluminada, tenía una luz más tenue salvo en la zona en la que se encontraba una pequeña pista de baile sobre la que caía una luz deslumbrante. Bajo ella se movía su mejor amiga. Harry se quedó inmóvil ante la imagen. Hermione, preciosa, sonreía con los ojos cerrados y se movía al ritmo de una canción de Las Brujas de Macbeth haciendo botar ligeramente sus pechos.

 

Harry se acercó a su amiga tras cerrar la cremallera de la tienda y se quedó embobado. Hermione se había maquillado ligeramente para esa noche, llevaba el pelo recogido de una manera espectacular y unos pequeños pendientes plateados en las orejas. Sus ya de por sí atractivos rasgos parecían resaltados por la ligera capa de maquillaje y, cuando los abrió, sus ojos marrones le atravesaron con una mirada profunda acentuada por sus largas pestañas. Hermione le lanzó un guiño antes de cerrar los ojos de nuevo para permitir que Harry se siguiera deleitando con su cuerpo, y el mago no iba a desaprovechar la ocasión.

 

Los labios de Hermione, con un color más fuerte del habitual, hacían juego con su despampanante vestido rojo, que la rodeaba apretando hasta el último centímetro de su voluptuoso cuerpo con naturalidad. Un cuerpo que sobresalía todavía más gracias a los altos tacones que la estudiosa bruja había elegido, que ayudaban a la falda de su conjunto a destacar más sus largas y esbeltas piernas. El vestido tenía una forma irregular, dejando parte de su espalda desnuda, justo bajo el cierre de su sujetador, y tapando una pierna mucho más que la otra, casi descubierta por completo. Harry no pudo evitar pensar que si tirase de una de las asas de aquel vestido la podría desenvolver como un tardío regalo de Navidad. Por lo demás, aunque hubiese elegido un conjunto menos espectacular, los enormes pechos de Hermione lo habrían hecho parecer igual de lascivo. Por eso la bruja había optado por un escote que, aunque amplio, en cualquier otra chica habría parecido recatado pero que con su cuerpo parecía más propio de las revistas que Seamus pasaba a sus amigos en la oscuridad de la Sala Común.

 

  • Harry, ¿me ayudas? -pidió entonces Ron, interrumpiendo su ensoñación.

  • S-sí, voy.

 

Dejando a su amiga sobre la pista, Harry fue hacia el fondo de la habitación, donde su amigo lanzaba distintos hechizos contra una cremallera cerrada.

 

  • No se abre -explicó Ron-. Ni esta, ni el armario.

  • Espera, Fred me dijo algo... -respondió Harry, dando tres toques sobre la cremallera que no sirvieron para nada.

 

Tras probar en la otra sin suerte, probó con el armario, y tras dar tres toques sobre una de sus puertas, una pequeña explosión hizo salir humo de ellas y las voces de los gemelos llenaron la estancia.

 

  • Bienvenidos...

  • ... a la noche de vuestras vidas...

  • ... vuestros anfitriones Fred...

  • ¡y George!

  • ... os desean un feliz año nuevo.

  • Menos a ti, Ronnie Ru...

  • Para ti, un hechizo...

  • ...una ratilla amarilla.

 

El pelo de Ron se hizo rubio unos instantes, pero antes de que el pelirrojo explotase con su enfado, todo volvió a la normalidad.

 

  • Dime Harry, ¿se ha enfadado? -siguió la voz de George.

  • "Oh, mis hermanos, qué maleducados" -decía Fred, imitando a su hermano pequeño mientras Harry se aguantaba la risa.

  • Nada de lo que os mostremos debe ser contado...

  • ... si no queréis que nuestra madre nos convierta en Fred y George Casi Decapitados.

 

Las puertas del armario se abrieron de par en par mientras las voces de los gemelos se despedían.

 

  • ... y recordad tomaros esta noche con control.

  • Nuestros ingenios decidirán si sois dignos de abrir las siguientes puertas.

 

Con un estallido, las voces desaparecieron y volvió la música.

 

  • ¡Harry, mira! -dijo Ron, emocionado, cogiendo una botella de licor de Cornualles.

 

El armario estaba repleto de vinos, licores, whiskeys e hidromiel y de todo lo necesario para tomarlo bien frío.

 

 

Hermione seguía bailando tras escuchar a los gemelos Weasley. Sabía que si habían preparado algo no podían decepcionarles, y la verdad es que habían convertido la tienda en algo distinto. Hermione echó un vistazo alrededor para comprobar que no tenía nada que ver con la sala de inspiración hindú en la que se había masturbado junto a Molly durante su soledad en La Madriguera. Los únicos cojines que había ahora estaban en una esquina oscura, bajo una de las muchas ventanas que permitían ver un cielo estrellado. Parecía tan real como las ilusiones del Gran Comedor en Hogwarts. Estaba buscando el lugar del que salía la música sin suerte cuando Ron se acercó con un vaso lleno de un líquido oscuro y una copa llena de vino que le tendió.

 

  • ¿De dónde lo has sacado? ¿De qué iba todo eso? -preguntó, dando un sorbo a su copa-. ¡Está delicioso!

  • Fred y George nos han dejado sus reservas de alcohol. ¡Hay de todo! -respondió Ron emocionado-. Esto es licor de chocolate.

 

Hermione dio un sorbo a la bebida de Ron, pero estaba demasiado fuerte para ella, por lo que se quedó con su copa, a pesar de que había tomado ya bastante vino junto a Ginny en la cena. Harry apareció poco después con una jarra de hidromiel espumosa y una sonrisa en la cara.

 

  • Me pregunto a qué se refieren con ser dignos de las otras puertas -dijo Harry.

  • ¡Qué más da! -respondió Hermione dejando en el suelo su copa-. Lo único que quiero esta noche es divertirme.

 

Dicho esto, y contenta tras ver que ella también podría celebrar el fin de año con sus dos mejores amigos, los agarró por las manos y los llevó a la pista, donde se encargó de animarles con su baile mientras la alegría de aquella noche y el alcohol les hacía perder la vergüenza.

 

Ron no podía quitarle el ojo de encima a su novia. Estaba espectacular, y moviéndose al alto ritmo de la música que sonaba ahora aún era más sugerente. Hermione rozaba de vez en cuando sus piernas o su trasero contra él y le miraba de forma que le parecía lasciva, lo que ayudaba a que se divirtiese todavía más. Poco después tuvo que ir a rellenar el vaso de licor y, a la vuelta, se quedó viendo como sus amigos bailaban, bastante pegados. Los pensamientos de aquellos meses pasaron fugazmente por su cabeza mientras Harry hacía girar a Hermione o agarraba sus caderas. Intentando obviarlos, dio un sorbo a su bebida y se acercó.

 

Todos los temas que estaban de moda en ese momento fueron sonando uno a uno mientras los tres amigos hablaban y bailaban. Ron se empezaba a sentir bastante más suelto de lo habitual y las mejillas de Hermione se habían coloreado claramente, ayudando a que su novia se riese más de lo habitual. Todo elllo hizo que no tardasen en tirarse los tres en el suelo, tumbados sobre los cojines mientras veían a través de una ventana.

 

  • Es increíble poder pasar una noche así con vosotros después de todo lo que ha ocurrido, chicos -dijo entonces Hermione, con los ojos cerrados.

  • Hogwarts no vale ni la mitad sin ti, Herm -respondió Harry, bebiendo un trago de hidromiel.

  • Ni la mitad de la mitad de la mitad -añadió Ron, provocando una risa a los tres que se prolongó mucho más de lo que sería habitual en condiciones normales.

  • Sois geniales -siguió Hermione, posando sus manos sobre los brazos de sus amigos.

 

Hubo unos segundos de silencio en el que ninguno de los tres parecía atreverse a respirar. Ron sintió entonces cómo la mano de Hermione bajaba por su brazo y acababa posándose sobre su vientre, desabrochando el botón más bajo de su camisa. El corazón del pelirrojo latía junto a las dudas en su mente, pero justo entonces un nuevo estallido hizo que se detuviera y los tres se incorporaron para ver cómo una nueva luz aparecía en la habitación, tras una de las cortinas del fondo, junto a un sonido de borboteo.

 

Harry se levantó primero y ayudó a Hermione a incorporarse. Ron les siguió, abrochandose un botón, y se acercaron a una de las cortinas, ahora abierta. Una sala más pequeña y algo mejor iluminada se aislaba de la música, que sonaba como un ligero hilo. En el centro, funcionando a la perfección, una especie de bañera con agua borboteando daba calor a la habitación, encajada en el suelo. Aunque parecía funcionar como uno de los jacuzzi muggle que nunca había probado, por su gran tamaño y por el estilo a Harry le recordó a la del baño de los prefectos, que también parecía una piscina construída en el suelo. Harry, Ron y Hermione se detuvieron ante ella, con sus trajes y su vestido de gala de aquella noche, sin saber qué decir. Fue Hermione la que habló primero:

 

  • Bueno... ¿Nos metemos?

  • ¿Estás segura? -preguntó Harry, dudando.

  • Vamos, será divertido, ¿verdad? Nunca he probado uno de estos.

 

Harry dirigió su mirada a Ron, que parecía tan inseguro como él, pero no tardó en decidirse al volver a ver la cara de ilusión de su novia.

 

  • Vale, Herm, iré a por los bañadores -dijo entonces el pelirrojo.

  • ¡Oh! No es justo -replicó Hermione, frunciendo los labios.

  • ¿Qué es lo que no es justo? -respondió Ron, confundido.

  • ¡Que utilicéis bañadores cuando yo no tengo!

 

La voz de su amiga sonaba bastante alegre, y Harry no pudo evitar fijarse en la copa vacía que llevaba en la mano.

 

  • Puedes usar un bañador de... -dudó Ron, que no quería ver a Hermione vestida con algo de Molly-... de Ginny.

  • ¿En serio, Ronald? -preguntó irónicamente Hermione, echando la cabeza hacia atrás e hinchando su pecho para mostrar la gran magnitud del problema-. ¿De verdad quieres que me ponga un bikini de Ginny?

  • N-no -reconoció Ron, que había dejado su licor en el suelo-. ¿Qué propones entonces?

  • ¡Vamos chicos, ya somos tres personas mayorcitas! Creo que no pasa nada por bañarme en ropa interior ante vosotros. Aunque no pienso ser la única. ¿Tú qué opinas Harry? -preguntó, girándose hacia él.

  • Yo... -respondió, fijándose en el atractivo cuerpo de su amiga-. Por mí no hay problema.

  • ¿Ron?

  • Está bien, como queráis. Veamos qué tal se está entre esas burbujas. ¡Al menos hagamos las cosas bien, como esos reyes muggles!

 

Harry vio cómo Hermione le lanzaba un beso por el aire a su novio y cómo Ron salía un momento para traer más botellas del armario, con las que llenó de nuevo las copas. Con todo ya listo, Ron y Harry se quitaron la chaqueta y empezaron a desabrocharse la camisa sin quitarle el ojo de encima a su mejor amiga. Hermione se deshizo de las asas de su vestido rojo con lentitud, disfrutando de la atención y viendo a sus amigos de reojo. Harry estuvo a punto de tropezarse cuando su amiga descubrió su pecho, encerrado bajo un enorme sujetador negro que ayudaba a mantenerlo firme y apretado. Además, decidió esperar a quitarse el pantalón tras ver cómo Hermione se agachaba para bajar el vestido por sus piernas, dejando a sus amigos una visión privilegiada de su precioso culo apenas cubierto por un minúsculo tanga a juego con su sostén, algo más sensual todavía que si se hubiese mostrado totalmente desnuda.

 

Sin deshacerse de sus tacones, Hermione se introdujo en el agua caliente y se agachó hasta quedar cubierta por aquel agua burbujeante que empapó su ropa interior. Una vez allí, mientras sus amigos tragaban saliva, levantó las piernas y se quitó los zapatos despacio, gozando del masaje que el jacuzzi le daba entre los hombros. Lista y relajada bajo el agua, Hermione cogió su copa y dejó caer el vino entre sus labios mientras veía a Ron y a Harry deshaciéndose de la camisa y desabrochándose los cinturones. "Están buenísimos", pensó Hermione viendo sus atléticos cuerpos.

 

Ron tenía unos pectorales y unos brazos realmente fuertes, unos abdominales que adoraba tocar y unas piernas gruesas entre las que se sentía realmente cómoda. Harry, más delgado, estaba más guapo que nunca, y sus viejas gafas le daban un aire interesante a su ya atractivo amigo. Su cuerpo era menos bruto que el de su novio, pero seguía siendo un joven fuerte y fibrado. Cuando sus amigos se quitaron los pantalones, Hermione dio un último sorbo y dejó la copa junto al jacuzzi, mientras los dos chicos metían sus boxers oscuros en el agua. Un rápido vistazo le sirvió para fijarse en cómo la tela empapada de su ropa interior se aferraba a las gruesas barras que sus amigos guardaban bajo los calzoncillos, haciendo que el corazón de Hermione aumentase sus latidos y que su mano derecha, instintivamente, acariciase su propio muslo.

 

Ron no pudo evitar fijarse en la seductora mirada de su novia, y nada más entrar en el jacuzzi se acercó a ella y le dio un beso que ella le devolvió con ganas. Luego se sentó a su lado y se introdujo hasta el cuello bajo el agua, disfrutando del borboteo de los chorros de aquel jacuzzi por todo su cuerpo.

 

  • Esta puede ser la mejor noche de fin de año de mi vida -dijo el pelirrojo, feliz.

  • Y que lo digas, Ron -respondió Harry, que le imitaba, sentado al otro lado de Hermione-. Ni la bañera de los prefectos es tan buena.

  • Si que te lo has pasado bien en ella, ¿verdad? -rio Hermione-. Te recuerdo que no eres prefecto.

  • No hace falta que me lo digas, Hermione -replicó fingiendo un enfado-. Ya sé que no llego a vuestro nivel -acabó, salpicando a Hermione.

  • ¡Harry! -se defendió su amiga, riendo.

  • ¡Oh vamos! ¿Te vas a hacer la víctima ahora? -dijo Ron, uniéndose a la conversación-. Si tuvieras que pasarte noches en los pasillos de Hogwarts no dirías lo mismo -acabó, lanzando agua a Harry.

  • ¡Oye! -respondió él, lanzando a su vez agua a su amigo.

  • ¡Chicos, que estoy aquí! -gritó Hermione, salpicada por ambos lados, empujándoles.

 

Los empujones hicieron que los dos chicos se unieran contra ella, que reía intentando apartarles a manotazos hasta que, sin querer, su mano acabó sobre la entrepierna de Harry. Aunque Ron no pareció darse cuenta, él sí se detuvo al sentir aquel inapropiado tocamiento y, sentándose, contribuyó a que los tres dejasen el juego, pasando a hablar de los últimos rumores que corrían por Hogwarts, amenizando aún más la noche mientras la hidromiel, el vino y el licor iban desapareciendo de las botellas y acabando en el organismo de los tres jóvenes, que cada vez decían mayores tonterías y se reían más.

 

Las burbujas fueron poco a poco perdiendo potencia y Harry cerró sus párpados para relajarse más aprovechando un largo silencio. Tras perder un poco la noción del tiempo, adormilado, Harry abrió los ojos ante unos sonidos apagados. Las burbujas habían desaparecido por completo, y sólo el movimiento de sus amigos hacía que el agua no estuviese quieta. Hermione le daba la espalda besando con pasión a Ron, que agarraba el culo a su novia con una mano mientras jugaban con sus lenguas. Hermione, por su parte, acariciaba bajo el agua la entrepierna de su novio sobre sus boxers, alzando claramente una erección bajo el vientre del pelirrojo.

 

Harry no sabía qué hacer para que la situación resultase menos rara, así que intentó dormirse de nuevo. Sin embargo, el estimulante sonido del morreo de sus amigos no iba a ponérselo fácil, y cuando volvió a abrir los ojos, Hermione estaba metiendo la mano bajo los calzoncillos de Ron, donde empezó a menear su aparato. Harry, intentando decidir la mejor forma de salir de allí sin molestarles, se quedó viendo un rato la erótica imagen hasta que Hermione, que gemía besando a su chico, sacó al fin la polla de Ron de sus boxers, mostrando a Harry cómo pajeaba a su mejor amigo a toda velocidad con movimientos expertos de su brazo.

 

Harry, viendo a dónde se dirigía aquello, decidió levantarse, pero mientras lo hacía, la mano izquierda de Hermione le agarró la pierna haciendo que se sentase de nuevo. Sorprendido, el mago vio cómo su amiga, sin dejar de morrear y pajear a Ron con la mano derecha, acariciaba su entrepierna. La imagen que tenía delante y la juguetona mano de Hermione comenzaron a hinchar el rabo de Harry, que alucinaba con lo que estaba haciendo su mejor amiga. Un minuto después, sin dejar de machacársela a Ron, Hermione dejó de besarle y se giró hacia Harry con los párpados algo caídos y respirando con dificultad. Sin preguntar nada más, la bruja se acercó a él y posó los labios en los suyos, dejando paso pronto a su lengua. Harry besó con unas ganas nunca vistas a Hermione, saboreando su lengua y compartiendo el alcohol que bañaba los organismos de ambos, en un momento que no olvidaría durante lo que le quedase de vida.

 

 

      43. Placer

 

 

Sentir cómo Hermione le besaba mientras le acariciaba los huevos bajo el agua fue tan sorprendente para Harry que apenas podía concentrarse en disfrutarlo, pensando en qué haría Ron. Su amigo había apartado la mirada con una expresión seria, aunque no detenía a su novia, cosa que ella aprovechó para meter la mano bajo los calzoncillos de Harry. Hermione agarró el aparato de su mejor amigo y empezó a moverlo arriba y abajo, sintiendo cómo engordaba y crecía entre sus dedos. Acto seguido, y masturbando a sus dos amigos bajo el agua, dejó de besar a Harry y volvió a Ron, que le devolvió el beso de forma algo fría hasta que la lengua de su novia volvió a estimularle. Tras unos minutos en silencio, con Harry ya lo suficientemente duro, Hermione se incorporó y, sin decir nada, les quitó los boxers a los dos chicos e hizo que se sentaran en el borde de la bañera. Acercó una toalla con un movimiento de varita y secó las erecciones de sus compañeros antes de darle un beso a cada uno y arrodillarse dentro del jacuzzi.

 

Ante ella estaban aquellos dos jóvenes, sus mejores amigos, desnudos y duros por su culpa. Sentados el uno al lado de otro con el agua cayendo por sus músculos, evitaban mirarse. Todo lo contrario que Hermione, que los observaba deleitada con sus magníficos cuerpos y que comenzó a tocar sus pectorales, sus brazos y sus abdominales sin prisa alguna, descendiendo poco a poco hasta llegar a sus penes. Una vez allí, con los dos chicos expectantes y con los ojos fijos en el cuerpo de su amiga, semidesnuda y empapada, Hermione agarró sus durísimos falos. Incapaz de rodearlas con sus dedos, Hermione comenzó un pequeño masaje simultáneo a las dos descomunales pollas de Harry y Ron.

 

El silencio de los tres era absoluto. Sólo se escuchaba la música apagada de la sala de baile y el sonido del agua cada vez que los brazos de Hermione chocaban contra ella, masturbando a sus dos amigos. Era una bruja muy inteligente y notaba la tensión en el ambiente. Harry y Ron se debatían entre el miedo por las consecuencias de lo que estaban haciendo y el placer que las manos de Hermione les proporcionaban. Lo último que quería era que por intentar ir demasiado rápido, su novio saliese de aquella ensoñación de alcohol y deseo, así que decidió transportar sus mentes a otro lugar.

 

  • ¿Sabéis chicos? -preguntó Hermione sin dejar de masturbarles-. Durante estos meses en la Madriguera hay algo que siempre me ha venido a la mente. Especialmente en la soledad de mi cama -se detuvo un momento, asegurándose de que había captado la atención de sus dos amigos-. ¿Recordáis el baile de Navidad de cuarto curso?

 

Ron se acordaba perfectamente. Ver llegar a su amiga acompañada de Viktor Krum había sido una sorpresa absoluta, pero si algo recordaría siempre es la apariencia de Hermione. Deslumbrante en un vestido azul con unas transparencias que jamás se habría imaginado en su estudiosa amiga, se había recogido y alisado el pelo hasta parecer mucho mayor que nunca. A su lado, ellos parecían unos estúpidos admirando a una mujer que ni de broma les haría caso si se le acercasen.

 

  • Esa es la mirada que teníais los dos -rio Hermione, mordiéndose el labio-. ¡Oh, de verdad, no me lo podía creer! Llevaba deseando una cita con Krum durante tanto tiempo... Y esa noche sólo podía pensar en vosotros, en cómo me devorabais con la mirada. Parecíais estar deseando quitarme el vestido para ver si de verdad estas tetas eran tan grandes como parecían con aquel escote -Hermione negó con una sonrisa, recordando que no sólo ellos se habían quedado embobados con su exuberancia aquella noche-. Tardasteis años en volver a verme como una mujer, es increíble. Y pensar que yo sólo podía fantasear con las pajas que os haríais esa noche por mi culpa, mientras Viktor me quitaba la virginidad...

  • ¡¿Krum?! ¿E-esa noche...? -preguntó Harry, alarmado.

  • Ah, ¿te sorprende? -sonrió Hermione, que había conseguido el efecto deseado-. Sí, Harry, esa fue mi primera vez. Y la única en muchísimo tiempo -añadió-. Viktor me sacó del comedor a medianoche y me llevó a la zona del embarcadero. Hablamos unos minutos, nos besamos, metió la mano bajo la falda de mi vestido... Tenía que devolverle el favor, y llevaba meses fantaseando con él. Al principio sólo iba a chupársela, pero mientras le hacía la mamada alguien se acercó...

 

Hermione comprobó, satisfecha, que no sólo Harry estaba atento a la historia. El ambiente se estaba caldeando y Ron parecía más interesado conforme su polla engordaba y palpitaba bajo la mano de Hermione.

 

  • McGonagall apareció en las escaleras y tuvimos que escapar. Llegamos al final del embarcadero sin escapatoria y a mí no se me ocurrió otra cosa que tirarme al agua -siguió Hermione, muy caliente-. Imaginaos el escándalo que habría sido que la mejor alumna de Gryffindor perdiese puntos para la casa por hacerle una mamada a un chico de Durmstrang en los terrenos de Hogwarts -Hermione vio hacia Ron de forma seductora y siguió-. Conseguimos escapar hasta una de las mazmorras, y mientras dejábamos que se secase la ropa, Viktor me hizo gemir gracias a una polla por primera vez en mi vida. Fue delicioso imaginarme lo solos que estaríais vosotros esa noche mientras yo crecía a pasos agigantados montando sobre aquel hombre.

  • Vaya, Hermione, no imaginaba que entonces fueras ya tan... tan...

  • ¿Puta? -preguntó ella, alzando una ceja.

  • ¡No quería decir...!

  • Hermione siempre sorprende -le cortó Ron con una sonrisa cómplice.

 

Hermione le devolvió la mirada a su novio y le guiñó un ojo. Aunque Ron sabía que parte de lo que ella estaba contando no era cierto, ya que había sido él quien la había desvirgado mucho tiempo después, su polla estaba como una piedra. Hermione se la machacó con más fuerza mientras sentía el líquido preseminal de los dos chicos cayendo por los glandes y manchando sus dedos. "A pesar de todo, no sabe que hay mucha más verdad en lo que acabo de decirles de lo que cree", pensó Hermione, cada vez más caliente.

 

  • Chicos, ayudadme. ¿Por dónde íbamos?

 

Los dos chicos dudaron, viendo la decisión en los ojos de su amiga, pero Hermione no esperó una respuesta y se acercó a Ron para saborear su glande y posteriormente tragarse buena parte de su polla en un rápido movimiento. Harry gozaba de la paja de su mejor amiga mientras la veía chupar. La historia que acababa de contar había relajado el ambiente y ahora incluso Ron echaba miradas furtivas a lo que su novia le hacía con la mano a su mejor amigo. Fue entonces cuando los labios de Hermione pasaron al rabo de Harry, que no pudo evitar un gruñido al sentir lo bien que la chupaba su amiga, y más tras los días que llevaba sin recibir la atención de una mujer. Hermione le veía a los ojos hipnotizándole mientras hacía que su mejilla engordase con los golpes de su glande o se metía casi hasta el fondo todo lo que podía de aquel manjar. Un par de minutos después, Hermione dejó de chupársela a ambos y se rio a carcajadas, probablemente ayudada por el vino.

 

  • ¡Mirad lo que he hecho! -dijo entre risas-. ¡Lo siento! ¡Soy una patosa!

 

Ron se fijó en lo que su novia señalaba y no pudo evitar que le saliese una risa floja. Las pollas de los dos chicos habían cambiado de color a un tono rosáceo gracias a Hermione, que se había dejado lo poco que le quedaba de pintalabios en los falos de sus dos amigos. La chica, servicial, empezó a pasar la lengua a lo largo y ancho de ellos tratando de limpiarlos sin mucha suerte. Presionaba y lamía con una mezcla de placer y obligación que pronto se desequilibró en favor de lo primero, y acabó ocupada lamiendo los huevos de sus amigos, que nunca habían tenido pintura de labios sobre ellos.

 

  • Mejor me dedico a otra cosa -dijo al fin Hermione un rato más tarde, risueña, limpiando con su varita a los chicos y acercándose a Ron-. Sé que lo estabas deseando, cariño.

 

Harry empezó a pajearse cuando su amiga le soltó. Hermione se incorporó sobre el asiento que había dentro de la bañera y colocó el pecho sobre las piernas de Ron. Una vez allí, mirando a su novio a los ojos, introdujo el pollón del pelirrojo tras el sujetador, abriéndole paso entre el canalillo que formaban sus melones, apretados por aquella pieza de tela negra. Ron contenía la respiración mientras notaba el roce de su sensible glande con los suaves y jugosos pechos de su novia.

 

  • Cada día parecen más gordos, Herm -dijo muy caliente el pelirrojo, una vez que se adentró del todo entre ellos-. Qué delicia.

 

Hermione no le respondió, sino que se limitó a agarrar los laterales del sujetador, apretando aún más sus pechos, y empezó a moverlos de arriba abajo para seguir haciendo gozar a aquel chico con tanta suerte, cuya polla ni se veía entre la inmensidad de la delantera de su novia y sus rápidos movimientos.

 

Masturbándose con fuerza, Harry no quitaba ojo de encima a la tremenda cubana que la tetona Hermione estaba llevando a cabo. Envidiaba lo que le hacía a Ron, y no podía evitar acordarse de cómo les había visto en situaciones íntimas gracias a su capa de invisibilidad y a su extraña habilidad para controlar la mente de otros. Pero aquello era infinitamente mejor, y su inaudita erección, a la que no podía calmar por muchas sacudidas de su mano que diese, no dejaba de recordárselo. Su amiga, por suerte, se dio cuenta de sus necesidades y poco después soltó el sujetador para agarrar de nuevo la polla de Harry.

 

Para sorpresa de los dos chicos, Hermione no dejó de masturbar a Ron con los pechos. La presión del sujetador y el gigantesco tamaño de las tetazas de la bruja hacían que sólo moviendo el pecho sin utilizar las manos pudiese pajear a Ron como si se tratase de una profesional. La otra mano libre la utilizaba para acariciarse el tanga, empapado tanto por el agua del jacuzzi como por sus propios fluidos. Hermione gemía haciendo rebotar sus tetas una y otra vez alrededor del mástil de su novio, y sabía que el espectáculo era todo lo que los chicos habrían podido soñar. Todo ayudaba a que se calentase todavía más y chocase cada vez con una fuerza mayor contra el agua del jacuzzi.

 

La situación era demasiado para Harry, que luchaba por no explotar mientras Ron gemía y parecía desesperado por no correrse para seguir disfrutando del bote de las inmensidades de Hermione sobre su polla. La paja de su amiga estaba a punto de conseguir su objetivo, llevando su semen a la rampa de salida, pero entonces el pelirrojo le salvó. Incapaz de ver y sentir todo aquello sin volverse absolutamente loco, Ron no pudo evitar poco después que de su hinchadísimo glande comenzase a salir a borbotones una cantidad de semen que llenó la parte superior de los pechos de Hermione y manchó casi todo el sujetador de la chica. Hermione había aprovechado la última bajada para aplastar lo que pudo sus pechos y dejar que el grueso glande de su novio sobresaliese sobre su canalillo, permitiéndole explotar sobre ella como una lasciva fuente de deseo.

 

  • Me encanta hacerte esto, Ron -dijo una cachondísima Hermione mientras lamía parte de la leche derramada sobre sus tetas.

  • Eres... demasiado... buena.

 

Hermione gimió metiéndose los dedos mientras soltaba a Harry y se levantaba, contenta. Desde allí, para placer de sus amigos, se llevó las manos a la espalda y desabrochó el cierre de su gran sostén. Se deshizo de las asas pero apretó las copas con ambas para no mostrarse ante ellos.

 

  • Vamos chicos, lo estáis deseando, ¿verdad? -rio viendo sus caras, que parecían morirse por apoderarse de ella.

 

 

Tras acabar de decirlo, se apoyó en los hombros de sus amigos para salir del jacuzzi y tumbó a Ron, que aún jadeaba, en el suelo. Vio a ambos a los ojos antes de separarse de ellos, y, por fin, soltó las copas de su sostén. Junto al enorme sujetador cayeron al momento las mastodónticas mamas de Hermione. Su joven pecho las mantuvo mucho más firmes de lo que su bestial tamaño permitía imaginar. Sus gruesos pezones, de un rosa oscuro, apuntaban directamente en dirección a los chicos como si señalasen a los culpables de que estuviesen tan duros.

 

Los dos chicos se detuvieron para observarla con deseo, pero pronto vio que Ron empezaba a tocarse su cola, flácida tras acabar de correrse. Hermione aprovechó el momento, se arrodilló sobre su cara y apartó a un lado la tela del tanga para que el pelirrojo hiciera su trabajo con la boca. Sin esperar más, Ron empezó a lamer el sexo de su novia mientras ella hacía que Harry se pusiese de pie ante ella para comerle la polla. Hermione se agarró al culo de Harry para tragársela lo mejor posible, tapándose la boca con su enorme amigo para silenciar los gemidos que la lengua de Ron le provocaba meneándose sobre su clítoris.

 

El recuerdo del excelso cunnilingus que Fleur le había proporcionado días antes volvió a la mente de Hermione de forma inesperada, y volvió a sentir todo lo que la preciosa francesa le había hecho a su cuerpo. El estímulo hizo que empapase los labios de Ron, que se esmeraba en chuparle el coño de la mejor manera posible, y estuvo a punto de conseguir que se atragantase con el grandioso pene de Harry cuando empezó a meterse aquella barbaridad entera en la boca y a un ritmo endiablado.

 

Harry agarraba una de las tetas de Hermione para estimularse todavía más y para agarrarse tras el inesperado aumento de ritmo en el preciso instante en que un nuevo estallido sonó a su espalda. Aunque la bruja no dejaba de mamar, él sí giró la cabeza para comprobar que la última cortina se había abierto

 

  • ¿V-vamos a ver lo que hay allí? -preguntó.

  • Sólo... un poco más... -replicó Hermione entre gemidos.

  • Vamos, Herm, tienes toda la noche para correrte.

 

Harry intentó separarse sin éxito de su amiga, que lamía y chupaba a toda velocidad salivando de puro deseo mientras gemía de forma muy estimulante. Fue Ron el que, con un fuerte azote en una de las nalgas de Hermione, hizo que recuperase la compostura. La bruja se levantó entonces a regañadientes y siguió a sus amigos sin dejar de fijarse en sus culos desnudos, disfrutando del calor del vino que aún la recorría.

 

La alegría al llegar a la última habitación fue total. Hermione estaba más caliente y alcoholizada que en toda su vida, y tan pronto vio la amplia cama redonda en el centro de la sala se lanzó sobre ella y empezó a quitarse su empapado tanga poco a poco, mostrándose a Harry y Ron al ritmo de la música apagada, hasta acabar con su pequeña pieza de ropa interior en la mano y lanzándosela a los chicos. Sólo entonces se fijó en los espejos que la rodeaban a los lados y encima suya. Una joven con los pechos inmensos, totalmente depilada, sudada y con una cara de salida tremenda le devolvió la mirada desde el techo, y antes de que pudiese echarle en cara su insolencia, Harry se había subido sobre ella y Ron le había abierto todavía más las piernas.

 

Los gruesos dedos de su novio la penetraron sin contemplaciones mientras su amaestrada lengua volvía a lamer el resto de su coño junto a sus labios. Harry, más arriba, no le dejó otra alternativa al mostrarle su gigantesco falo a escasos centímetros de los labios. Un par de chupadas de Hermione interrumpidas por gemidos que Ron le provocaba fueron suficientes para Harry, que se apoyó entonces sobre el vientre de su amiga, dando paso en cuestión de segundos a una nueva e inolvidable cubana.

 

Hermione machacó la polla de su amigo con fuerza, viéndole directamente a los ojos para observar cómo cada una de las sacudidas de sus enormes tetas acercaba más al chico a un inevitable orgasmo. Harry gozaba de manera indescriptible gracias a los rápidos movimientos que Hermione obligaba a hacer a sus inmensas tetas, y sólo cuando notó que los brazos de su amiga se cansaban le pidió con un gesto que se detuviese y empezó a follarse él mismo sus melones aferrándose a ellos con fuerza.

 

Hermione se agarraba a la espalda de Harry mientras él se divertía con sus pechos, pero tuvo que clavar sus uñas cuando sintió que los dedos de Ron dejaban de penetrarla y era su pollón lo que se empezaba a abrir paso entre sus piernas abiertas. Tener a Harry follándose sus tetas y a Ron haciendo lo propio con su empapado coño provocó segundos más tarde que Hermione se corriera con grandes gritos y espasmos que hicieron sonreír a los dos excitados jóvenes.

 

Ron gozó como nunca del sexo de su novia. Estaba tan empapada que se la metía hasta el fondo a una velocidad increíble. Ahora, tras su orgasmo, la chica estaba rendida ante ellos, dejándose hacer con su lujurioso cuerpo tembloroso. El pelirrojo no iba a dejar escapar la oportunidad y se la metía con fuertes embestidas, pero no podía evitar ver que Harry hacía lo mismo con las tetas de su novia. Una sensación extraña le recorría observando aquello pero el placer que sentía, el alcohol y los gemidos de Hermione le hacían pensar que aquello no podía ser un error. Sin embargo, unos minutos después se dio cuenta de que lo inevitable se acercaba, y no estaba seguro de poder soportarlo. Fue bajando el ritmo dentro de Hermione hasta detenerse y sacar su lubricado aparato de su interior.

 

  • Creo que... he bebido demasiado -dijo entonces Ron-. Necesito ir al baño, vuelvo ya, ¿vale?

 

Harry asintió, y Hermione estaba demasiado ocupada con las secuelas de un orgasmo como para responder, así que Ron se marchó rápidamente, dejándoles solos. Los dos jadeaban ahora que se habían detenido, y se veían con los ojos llenos de deseos.

 

  • ¿Se habrá ido para no ver cómo lo hacemos? -preguntó Harry, preocupado.

  • ¿Cambia eso algo? -preguntó a su vez la acalorada Hermione.

  • Imagino que no.

  • Puedes probar a metérmela... y lo comprobamos -dijo Hermione mordiéndose el labio-. Si quieres... claro.

 

Harry echó un vistazo a su tetuda amiga y sonrió, antes de colocarse entre sus piernas y poner la punta del glande en su empapado orificio.

 

  • ¿Estás segura? -preguntó por última vez Harry.

  • No he estado más segura de algo en toda mi vida -respondió Hermione, susurrándole al oído-. Métemela hasta el fondo, Harry, hasta que olvide mi nombre.

 

Unas centésimas de segundo después de decir eso, Hermione tenía dentro la mayor cantidad de centímetros que recibiría en su vida. La polla de Harry volvió a ese refugio tan anhelado meses después de la primera y única vez que se había follado a su mejor amiga. Tan cálido y húmedo como la última vez, el coño de Hermione empezó a traducir cada una de sus embestidas en gemidos de placer inauditos y en todavía más lubricación para la entrepierna de la mejor alumna de Hogwarts, que recibía en su interior la segunda polla de aquella noche con un deseo aún mayor. Harry se la metía con todas sus ganas mientras jadeaba, agarrándole las piernas a su mejor amiga para que le dejase llegar más al fondo, rozando todo en su interior dando como resultado un placer familiar y deconocido a la vez para ambos. Aprovechando que Ron tardaba en volver, Harry insultaba a Hermione sin temor entre penetración y penetración, recordándole lo mal que se estaba portando aquella noche, pero en ese momento recordó algo y lo dijo por impulso.

 

  • ¿Crees que esto servirá?

  • Servir... ¿para qué? -respondió Hermione agarrándose las tetas, que se desplazaban sin control sobre su pecho.

  • La prueba...

  • ¡¿Oh Harry, a quién le importa eso ahora?! -respondió, incorporándose-. Vamos, dame más duro.

 

Hermione se dio la vuelta sobre la cama y le ofreció su trasero a cuatro patas. Harry no tardó en aceptar la invitación de su amiga, que estaba desconocido y la folló a lo perrito mientras ella gemía de placer apretando las manos sobre las sábanas. Poco después, y viendo que Ron no tenía pensado volver pronto, nuevos deseos y viejos anhelos cada vez más sucios fueron llenando la mente de Hermione, que disfrutaba sintiendo cómo su amigo de toda la vida la empotraba sin cuidado a su espalda, y viendo en el espejo cómo el chico desencajaba su cara de placer cada vez que se la metía. Sin pensarlo un segundo más, Hermione se decidió.

 

  • Harry, dame por el culo.

  • ¡¿Qué?! -respondió el mago, al que había pillado desprevenido.

  • Que me la metas por el culo -respondió ella entre jadeos, girando la cabeza para ver a su amigo-. Quiero saber lo que se siente cuando te lo hacen por ahí.

  • Hermione, ¿por qué quieres que sea yo el que...?

  • ¡Harry, por favor! Te estoy pidiendo que me folles el culo. ¿De verdad tengo que darte explicaciones?

 

El mago dudó, sopesando lo que aquello significaba para cada uno de ellos. Había parado de follársela, pero Hermione le seguía viendo a la cara con una expresión de pura lujuria y no dejaba de jadear. Después, bajo la mirada al orificio que su amiga le pedía que llenase con su aparato y acabó por decidirse. Convencido, Harry examinó el estrecho agujero por el que debía entrar con detenimiento y lubricó su entrada lo mejor que pudo. Luego sacó del sexo de su amiga su instrumento y lo ascudió un par de veces. Finalmente, colocó la polla en el punto más cercano a su objetivo y agarró las caderas de Hermione para meterla.

 

  • ¡Espera! -dijo entonces la bruja, sintiendo el grueso glande de su amigo rozando la entrada de su culo, amenazante-. No se lo cuentes a Ron.

 

Harry asintió sin decir palabra y empezó a entrar en el más estrecho agujero de su mejor amiga, que cedió más de lo que esperaba. Hermione mordía la almohada mientras sentía entrar el bestial miembro de su amigo rozando contra ese orificio tan inexplorado hasta entonces. Apenas le había metido el glande y ya sentía que no le cabría nada más. "Es demasiado gruesa", se dijo, apenada. Sin embargo, Harry no se dio por vencido tan pronto, y salió despacio de Hermione para volver a entrar al momento, viendo en el espejo la reacción de su amiga, que le veía a los ojos suplicante.

 

La situación se hacía más estimulante por momentos, y poco a poco empezó a entrar y salir de ella con más facilidad. Hermione comenzó a sentir placer pronto, y sus ojos se nublaban pensando que Harry se adentraba más con cada penetración. Por momentos se sentía obligada a gemir con cortos grititos, mientras que el resto del tiempo lo pasaba mordiendo la almohada y viendo en el espejo el movimiento cuidadoso de la cadera de su amigo. Harry apretaba las nalgas de Hermione con los dedos para controlarse y abrirla un poco más. Aunque era incapaz de meter demasiado en su interior, que el estrecho culo de su amiga soportase algo tan grueso entrando en su interior parecía un logro en sí mismo. Decidió entonces que lo mejor por el momento era conformarse y aprovechó el camino ya explorado para entrar y salir de ella, provocando un gran placer a ambos.

 

Hermione notaba que su amigo ya empezaba a coger el ritmo del sexo anal y ella misma empezaba a experimentar síntomas de adicción a esa nueva vía de placer cuando escucharon pasos fuera de la tienda. Hermione sintió cómo Harry salía inmediatamente de su culo para volver a llenarle el coño con rapidez, provocándole un temblor de puro morbo por todo el cuerpo. Para el momento en el que Ron abrió la cortina, Harry ya se la estaba follando a cuatro patas de nuevo agarrando sus tetazas, que se sacudían colgando sobre su pecho en un espectáculo impagable. Hermione vio a su novio a los ojos, algo preocupada por lo que sucedería entonces. Parecía algo confundido pero no apartaba la mirada, aunque no sabía si eso era una buena o mala señal. La bruja se corrió entonces por culpa de Harry con nuevos gritos y la polla de Ron, aún flácida, pareció reaccionar.

 

Hermione sintió en ese momento una extraña sensación, un frío tremendo recorriéndole el cuerpo. Harry debía estar igual, porque paró un momento de tirársela. Un segundo más tarde, los dos volvían a estar igual, jadeando gracias a su movimiento rítmico. Pero cuando volvió a ver hacia Ron el pelirrojo seguía viendo hacia ellos, pero en su mano, que se movía de forma rítmica a lo largo de un extenso camino ya marcado, crecía de nuevo su grandiosa polla . Hermione se puso tremendamente cachonda al ver eso, e hizo que Harry parase para salir de la cama.

 

  • Venid conmigo, chicos -dijo entonces la bruja en un suspiro, tan caliente que le costaba mover las piernas como debía.

 

Hermione agarró a Harry por la polla y lo llevó hacia Ron, al que cogió por el mismo lugar. Aferrada a los dos rabos erectos de sus amigos y utilizándolos como si de correas se tratase, Hermione los sacó de la tienda de campaña y les hizo bajar por las escaleras del desván.

 

 

 

 

     44. Amanecer

 

Ron, obediente, siguió a su novia mientras bajaba las escaleras, poseída por su deseo. Algo en su actitud había cambiado, y a él le ponía mucho. Ver cómo los estaba tratando aquella noche le hizo recordar lo mandona que era durante los primeros años en Hogwarts, pero aquello era totalmente distinto. Su antigua amiga había crecido hasta convertirse en la mujer más deseada de la escuela, y ahora estaba sudada, desnuda y dirigiéndoles de una manera mucho tan placentera que le parecía irreal. En cuestión de minutos había hecho que la extraña situación con la que habían empezado el nuevo año se convirtiese para los tres en algo inolvidable.

 

En el rellano del piso inferior, la mente de Ron dio un nuevo vuelco a la situación y obligó a detenerse a Hermione, agarrándola por la cadera. Un beso húmedo con los tiernos labios de su novia en la oscuridad de la Madriguera fue el primer paso, pero sin previo aviso, el pelirrojo agarró a Hermione por las piernas y la levantó hasta pegar su espalda con la pared. Sujetándola por detrás de las rodillas con fuerza, pronto le dio un nuevo punto de apoyo, penetrándola sin compasión mientras chupaba sus pezones erectos. La espalda de Hermione se arrastraba sobre la pared mientras Ron la hacía botar sobre él con un largo recorrido que no permitía que la chica dejase de gemir. Fue entonces cuando Ron se dio cuenta de que a pesar de todo, Hermione seguía masturbando a Harry, que les veía en la oscuridad.

 

  • ¿Ni así eres capaz de soltar su polla, Hermione? -le preguntó Ron al oído, aumentando el ritmo.

  • Ronald, sabes que s-siempre he sido demasiado buena con los demás -sonrió, mientras soltaba más gemidos en la oreja de su novio-. Vamos, ya te lo has pasado bien conmigo, déjame bajar.

 

Ron obedeció sin rechistar y Hermione se lo agradeció con un beso, justo antes de darle otro a Harry, que se lo devolvió con furia. Volvió a agarrar la base de los aparatos de sus amigos y los dirigió a su destino todavía más pegados a ella, cada vez más salida.

 

Cuando llegó a la habitación de los chicos, Hermione soltó a sus amigos y se sentó en una silla bien abierta de piernas. Harry fue el primero en tomar la invitación y se agachó ante ella para chuparle el coño con verdadero deseo. Hermione agarró con fuerza el pelo de su amigo mientras él la hacía temblar con su boca. Ron se acercó a continuación y agarró sus tetas, lamiendo los erectos pezones de la bruja, que no podía dejar de gemir. Poco después Ron se agachó también y sustituyó a Harry bajo el vientre de Hermione, volviendo a devorar su entrepierna. Los dos chicos masajeaban sus tetas y empezaron a turnarse para estimular el clítoris de su mejor amiga, que los agarraba por el pelo sin parar de temblar de placer.

 

  • Estás deliciosa -le dijo Harry mirándola a los ojos antes de volver a perderse en su sexo.

  • ¡Oh, Harry...! -respondió Hermione entre gemidos cada vez mayores, viendo a los dos chicos rendidos ante ella.

 

La imagen era pura tentación. Hermione estaba acostumbrada a ser ella la arrodillada ante sus tan dotados compañeros, lamiendo sus erectos y necesitados rabos como una buena amiga. Por eso tener a sus dos mejores amigos, con sus atléticos cuerpos desnudos dándole placer con sus lenguas era algo notable. Sabía que la mitad de las chicas de Hogwarts daría lo que fuera por que sólo uno de los jugadores destacados de quidditch les comiese el coño, y ella tenía a los dos mejores haciéndola temblar en ese mismo instante.

 

En ese momento se fijó en la ventana, por la que entraban algunos copos de nieve en aquella fría noche. Instintivamente se levantó, quitándole el postre a sus amigos, que intentaron agarrarla para seguir su cunnilingus conjunto, y se acercó para cerrarla. Sintió el frío invernal endureciendo todavía más sus pezones mientras se acercaba, pero cuando llegó sintió que le azotaban el culo.

 

  • Ron... -gimió, girando la cabeza.

  • Agáchate, Hermione.

  • Ron, Kingsley está ahí abajo.

 

Toda la respuesta de su novio fue un nuevo azote que hizo que soltase un pequeño grito. Acto seguido la obligó a apoyar sus tetas en el frío marco de la ventana y, sin más, acarició sus nalgas y la penetró con todo su mástil. Hermione se mordió la mano intentando no gemir mientras sentía a la vez el frío de la madrugada invernal y el calor del roce de su novio en su interior. Ron se la follaba con su brutalidad habitual, y ella podía sentir perfectamente lo caliente que estaba con la velocidad y la fuerza de sus choques contra su culo. Unos minutos espectaculares en las que se sintió expuesta a su chico le siguieron confirmando que estaba actuando correctamente.

 

Un tiempo después, tapándose la boca y atenta a Kingsley, que caminaba lentamente por el jardín enfrascado en sus pensamientos, a la bruja le costaba ya aguantar. Por suerte para ella, Ron se detuvo poco después y se la sacó, pero cuando Hermione intentó incorporarse, unas nuevas manos agarraron las caderas y otro enorme miembro viril ocupó el hueco de su novio. Giró la cabeza para comprobar cómo Harry, iluminado por la Luna, la penetraba como poseído y le agarraba ahora los hombros para tocar fondo en su interior. El placer era demasiado como para seguir callada durante mucho más tiempo, por lo que intentó frenar a su amigo sin suerte. En cambio, ver la indecisa resistencia de Hermione pareció estimular más a Harry, que apoyó una mano en su espalda para que no se levantase y con la otra agarró su culo con fuerza para impulsarse dentro de ella. Incapaz de aguantar más, Hermione se agarró con ambas manos a la ventana y se dejó ir, corriéndose con fuertes gemidos mientras Harry aferraba una de sus sandías.

 

Contento con el resultado, Harry volvió a dejar su sitio a Ron, que volvió sin permiso al hueco que llevaban tanto tiempo estimulando hasta que Hermione se incorporó y, le besó girando la cabeza.

 

  • Ron, cariño -le dijo con voz seductora al oído-. quiero que te estrenes en mi culito.

 

El pelirrojo tardó en contestar, con una expresión entre el miedo y la más absoluta lujuria en la cara, pero Hermione sintió cómo su falo palpitaba de placer en su interior, haciéndole saber que estaba de acuerdo..

 

  • ¿D-de verdad, Hermione? No sé si te va a entrar.

  • Eso sí que me pone, Ron. Intenta llenarme el culo con tu pollón, cariño -le sonrió Hermione.

  • Va-vale. Avísame si te molesta, ¿vale?.

 

Como imaginaba, a Hermione no le molestó, sino todo lo contrario. Ron abrió sus nalgas y aprovechó lo empapada que estaba y el camino que había abierto Harry minutos antes para introducir buena parte de su polla en el más estrecho agujero de su novia. Hermione puso los ojos en blanco y volvió a mirar hacia fuera para gozar del pelirrojo. Fue entonces cuando cruzó la mirada con Kingsley. Los gemidos de la chica parecían haber llamado la atención del auror, que había levantado la varita pero al ver que la joven que debía proteger no parecía estar sufriendo, se había relajado. A pesar de que debían ser casi las dos de la madrugada, la luz de la Luna permitía ver bastante bien lo que ocurría, y Hermione siguió gimiendo ahora sin controlarse conforme Ron se acostumbraba a introducirse en su culo. Con los ojos fijos en el auror y la boca abierta de placer, Hermione se adelantó un poco más y dejó caer sus enormes pechos del marco para que Kingsley, quieto como una piedra en el jardín, los viera.

 

Ron aguantó un par de minutos el sexo anal con su novia, pero poco a poco se detuvo, temiendo volver a correrse. Harry tomó el testigo y siguió follándose a su exuberante amiga contra la ventana. Hermione cada vez gemía más, y no perdía de vista a Kingsley, que parecía estar deseando unirse. Las pollas de sus amigos fueron entrando y saliendo de ella y de sus dos agujeros en un festival de placer. Harry y Ron se turnaban a su espalda para darse placer con su culo en pompa, y Hermione empezaba a perder el sentido con tan deliciosas sensaciones, y pronto ya no sabía quién de los dos se la estaba follando, ni cuántas veces se habían cambiado el puesto, ni quién le azotaba con tanta fuerza, ni cuál de ellos se había corrido con tanta voracidad en su interior.

 

Tras oír cómo se corría un par de veces más, Kingsley apartó la mirada y se metió en el cobertizo de los Weasley, momento que Hermione, sonriente imaginando lo que haría el auror, aprovechó para incorporarse y separarse de Harry, que gozaba ahora en su interior. Cerró al fin la ventana y dejó que sus dos amigos le chupasen las tetas como locos, calentándolas tras el frío que habían pasado. Después los tiró sobre la cama de Harry y, arrodillándose sobre el colchón, se quitó el broche del pelo y dejó caer su larga melena sobre sus hombros, dando una imagen salvaje a sus dos amigos, que la veían embobados. Luego se agachó aún más y agarró sus dos penes.

 

  • Sois los mejores, chicos.

 

Sin saber si lo decía a Harry y a Ron o a sus aparatos, la mejor estudiante del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería los agarró por la base y contempló alucinada las dos gigantescas pollas, lubricadas y surcadas de venas que las mantenían como piedras. Sin detenerse un segundo, volvió a lamerlas, saboreando los fluídos compartidos y los restos de semen que aún las rodeaban. Chupó sus glandes enrojecidos y sus huevos hinchados, pajeó con fuerza el rabo que dejaba de mamar, turnándose en cuestión de segundos entre uno y otro.

 

Harry contemplaba incrédulo a su mejor amiga, con quien tanto había vivido, gozando de sus dos manjares. Algunas miradas cómplices con Ron le hicieron saber que él también disfrutaba de ver a su estudiosa amiga de aquella forma. De vez en cuando le apartaban el pelo de la cara para poder ver bien cómo la bruja trataba sus falos en aquella caliente sesión de sexo oral. Y fue entonces cuando Hermione, sonriente y con hilos de saliva conectando sus labios con ambos glandes, le guiñó un ojo a Harry, se subió sobre él y le montó.

 

Harry acompañó los gemidos de su mejor amiga con los suyos mientras ella cabalgaba sobre él haciendo botar sus descomunales pechos. Se atrevió incluso a tratar de chupárselos pero la velocidad de la bruja se lo impidió y se conformó con agarrar ambos cántaros para mantenerlos apretados e imponentes sobre él. El sexo de Hermione estaba tan caliente y empapado que a Harry le extrañaba no ver salir vapor del cuerpo de su mejor amiga. La bruja tenía las mejillas coloradas, las enormes tetas que hacía botar sobre él sudadas, el pelo desmarañado y algunos mechones cerca de la boca, permanentemente abierta para gemir. Cada bote del culo de Hermione hacía crujir el cabecero de la cama, y los muelles hacían tanto ruido que parecían a punto de explotar.

 

Ron, que estaba sorprendido con lo caliente que se sentía, no paraba de pajearse viendo a su novia disfrutar a su lado en aquella postura tan sugerente. Poco después se adelantó a su turno, cegado de deseo. Agarró a Hermione y la levantó, apartándola de Harry mientras ella reía y le besaba. Una vez colocada de lado sobre el colchón, se puso a su espalda y empezó a penetrarla con fuerza mientras ella gemía de placer y aprovechaba la posición para pajear a Harry con su mano libre. Cada vez la notaba más empapada, aunque pareciese imposible, y las sábanas estaban ya perdidas con su placer. Fue entonces cuando Hermione se liberó de él con una mirada retadora y empezó a hacerle una cubana a Harry arrodillada sobre el colchón. Sólo unos pechos de semejante tamaño podían completar una proeza como aquella, y su moreno amigo lo agradeció incorporándose para besarla.

 

Ron aprovechó la posición de la chica, que hacía botar sus tetazas sobre la polla de su amigo, y empezó a follársela a cuatro patas. Incapaz de continuar estimulando a su amigo con sus pechos, Hermione volvió a llenarse la boca con la anaconda de Harry, que le agarraba la cabeza mientras veía cómo Ron se la tiraba a su espalda haciendo que sus tetas se meneasen como un jugoso péndulo.

 

  • No eres capaz de resistirte a un reto, Ron. Eres un niñato -se burló Hermione antes de volver a mamar a Harry.

  • Serás... -rio el pelirrojo, negando con la cabeza-. Ahora sí que te vas a enterar. Por zorra.

 

A Hermione le encantaba escuchar cómo la insultaba su chico mientras lo hacían, así que tuvo que ocultar su alegría mientras notaba que Ron le volvía a llenar el culo con su grandioso aparato. Las embestidas fueron todavía mayores que antes, gracias a una sobreestimulada Hermione que gemía cada vez más fuerta sin dejar de llenarse la boca con su mejor amigo. Harry no aguantó mucho más la situación, y aprovechó que Hermione se metía buena parte de su aparato entre los labios para correrse de nuevo en la boca de la bruja, que no dejó escapar ni gota.

 

  • ¿Siempre te corres en la boca de tus amigas sin avisar, Harry? -le preguntó Hermione, acalorada.

  • Sólo en la de las que sé que están deseando tragárselo todo -respondió Harry, arqueando una ceja.

 

Acto seguido, contenta con la respuesta, Hermione se tumbó de espaldas sobre él y aprovechó su todavía erecto aparato para penetrarse a sí misma, botando con su espalda sudada pegada al pecho de su amigo. Increíblemente, gracias a sus botes y al roce de su culo contra su amigo, con movimientos muy sensuales de cadera, consiguió mantenerla bien dura mientras Harry le apretaba las tetas en aquella posición que tanto disfrutaba. Ron, deseoso de seguir gozando de su novia, se colocó sobre su pecho e introdujo la polla entre aquel inmenso par de pechos que Harry apretaba, aprovechando la ayuda de su amigo para follárselos mientras Hermione se corría de gusto por enésima vez.

 

Hermione dejó que los dos chicos la siguieran usando unos minutos, sorprendida y cachonda al ver cómo los dos colaboraban para que Ron se diese placer con su delantera. Decidió entonces que ya habían tenido suficiente, se incorporó y volvió a darse la vuelta, quedando de cara a su mejor amigo, al que volvió a montar pese a las quejas de Ron.

 

  • Tranquilo, cariño. También es tu turno -le dijo, cabalgando sobre Harry-. Tu sitio es este.

 

Dicho esto, se abrió las nalgas con las dos manos y dejó a Ron con los ojos como platos. Le observó con una expresión de deseo jamás vista y el chico comprendió que iba muy en serio. Con cuidado, Ron se puso a la espalda de Hermione, que se había abrazado a Harry, y tras colocarse lo mejor posible, metió la polla en el culo de su novia con un pequeño golpe. Hermione lanzó un grito de placer brutal y arañó el pecho de Harry. Apenas tenía una pequeña parte de sus amigos dentro, pero sentirse penetrada por sus dos gigantescas pollas a la vez era mucho más de lo que podía aguantar. Cuando empezaron a moverse dentro de ella lentamente, empezaron a caerle lágrimas de placer por las mejillas que acababan sobre los duros pectorales de Harry. Fue entonces cuando, como si lo tuvieran previsto, los dos chicos se acercaron a ella. Harry se introdujo un poco más en su interior mientras le besaba los labios y Ron hizo lo propio posando sus labios en su cuello, como si trataran de hacerle saber que tras todo aquello, seguían siendo los mismos. Hermione siguió llorando pero ahora de placer y de agradecimiento a la vez, incapaz de creerse que sus dos amigos la estuviesen tratando de una manera tan cariñosa después de las cosas tan sucias que habían hecho con ella aquella noche.

 

Estimulada, agradecida y más caliente de lo que jamás había creído posible, Hermione movió sus caderas a la vez que Ron y Harry para acompañar aquel delicioso baile. El mago más famoso del mundo ya estaba cogiendo ritmo en su empapado sexo y acariciaba sus inabarcables tetas con deseo. Ron tenía casi media polla en su culo pero sus manos agarraban sus nalgas con una mezcla de deseo animal y de amor que la volvían loca. Y entonces se dejó hacer. Sus dos amigos siguieron estimulando hasta el último punto de su lascivo cuerpo y cada minuto que pasaba se encontraban más cómodos en el interior de Hermione, a pesar de lo masivas que eran sus llaves de entrada. La bruja gemía y gemía sin descanso, temblando y humedeciendo hasta el colchón, y llegó un punto en el que dijo basta, totalmente rendida a la lujuria.

 

  • Harry... Ron... -les dijo con un hilo de voz-. Correos dentro de mí. Dadme toda eso que guardáis. No quiero... ¡No quiero olvidar jamás lo que me acabáis de hacer! ¡Llenadme con vuestra leche!

 

Los tres llegaron al orgasmo a un tiempo. Al mayor placer que habían sentido en toda su vida. Por la mente de Hermione pasaron en un segundo los recuerdos de una vida. Desde aquel primer encuentro en el tren a Hogwarts hasta los enfrentamientos con Voldemort. En sus primeros meses en Hogwarts, nadie habría apostado nada por la amistad entre aquellos dos estúpidos y la repipi de Hermione. Nadie habría asegurado que todos los peligros que habrían de pasar juntos en los años que siguieron iban a permitir que los tres vivieran todavía. Y si algo no habría podido imaginar Hermione ni en sus mayores fantasías es que tantos años después sus dos mejores amigos, las dos personas a las que podía confiar su vida sin temor alguno, iban a hacer que destrozase los cristales del cuarto con sus múltiples orgasmos mientras descargaban entre gemidos de placer una cantidad ingente de semen directamente en lo más profundo de su coño y de su culo.

 

El placer experimentado fue demasiado para Hermione, que se desmayó mientras las pollas de los chicos seguían dejando salir sus últimas reservas de semen en su interior y sus manos seguían acariciando su voluptuoso cuerpo.

 

Los dos chicos salieron unos segundos más tarde de Hermione, respirando con mucha dificultad y dando gracias a la vida por lo que acababa de suceder. Ron se levantó poco después y, junto a Harry, colocó a Hermione en una mejor posición sobre el colchón. Limpiaron los restos y se acostaron a ambos lados de su amiga, agotados. Harry vio a Ron a los ojos y, sin decirse nada, sonrieron con naturalidad, antes de caer rendidos junto a su amiga, presas del cansancio, el alcohol y la satisfacción. Unos segundos más tarde, los tres dormirían respirando profundamente, desnudos e iluminados por la tenue luz de la Luna. Antes de eso, sin embargo, escucharon la suave voz de Hermione, que se limitó a decirles mientras soñaba ya:

 

  • Gracias.

 


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