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Fecha: 03-Ago-17 « Anterior | Siguiente » en Hetero: Infidelidad

Aprovechándome de una amiga I (relato real)

daniel
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Como la infidelidad sufrida por mi amiga la puso en mis manos.... Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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Aprovechándome de mi amiga I  (relato real)

Hola amigos de nuevo, mi nombre es Daniel, 46 años, físicamente normalucho, casado, con hijos, un trabajo monótono… vamos, como miles de ciudadanos anónimos. Vivo en el norte de España, y aunque quiero a mi mujer y mi familia es lo más importante para mí, como en otros relatos os he contado  he decidido combatir la monotonía de mi vida sexual con aventuras extraconyugales esporádicas que llevo a cabo con la mayor de las discreciones, pero que comparto anónimamente con vosotros en la web. La que hoy os relato acaba de pasar esta misma semana, y es la historia de cómo he empezado a follarme a mi mejor amiga…

Candela y yo nos conocimos hace ya más de veinte años, en un grupo de amigos compuesto principalmente por compañeros de trabajo y sus respectivas parejas. Cuando nos conocimos ella, y lo digo sin querer ser pretencioso,  estuvo un tiempo detrás de mí, pero yo salía de una relación bastante tóxica y tener pareja era lo último que se me pasaba por la cabeza en aquel momento. Así pues, tras acostarnos un fin de semana en que a ambos nos apetecía y no supimos contenernos, al día siguiente le expliqué que no quería hacerle daño, que no podía darle lo que ella parecía buscar, y que para salvaguardar nuestra amistad lo mejor era no volver a enrollarnos. Ella lo aceptó a regañadientes, pero la fortuna quiso que a las pocas semanas conociese a Darío, un buen chico, y empezasen un noviazgo. Con el paso de los años, el cambio de trabajo, de modo de vida, etcétera, nos seguimos viendo y manteniendo la amistad, quedando de tarde en tarde para tomar una cerveza – a veces con nuestras respectivas parejas e hijos, pero generalmente solos-, ir al cine, charlar, etcétera. Nos casamos con apenas un año de diferencia, ambos fuimos padres, y los contactos se fueron reduciendo más a llamadas telefónicas y whatsapps que a citas físicas, pero la amistad sigue ahí, y ahora de qué manera…

Antes de seguir, os describiré a Candela. Bajita – en torno a 1,55-, con un tipo normalito, unas tetas tirando a grandes para su altura y un culo rotundo, y que a más de uno hace girar la cabeza y seguro que pensar en nalgueárselo y rompérselo. Con el paso de los años y la maternidad ha ido ganando algo de sobrepeso y tiene los pechos más grandes y caídos, pero sigue conservándose bien. Tiene los ojos marrones, el pelo corto, y una sonrisa que ilumina toda su cara. De lo que recordaba de nuestra efímera experiencia en el pasado  además le gusta follar, es activa sexualmente –no es de las que se limitan a dejarse hacer- y también multiorgásmica, y bien que pude comprobarlo de nuevo esta semana.

 Durante el último año aproximadamente, cada vez que hablábamos – sobre todo cuando quedábamos cara a cara y nos tomábamos unas cervezas, cosa que ocurría como una vez al mes aproximadamente- me confesaba que su relación iba de mal en peor, que hacía años que estaba más que estancada, y que solo la rutina, la existencia de los hijos y el buen nivel de vida que le permitía el sueldo de él los mantenía a ella y a Darío juntos. Sus relaciones sexuales estaban bajo mínimos – apenas una vez al mes, y encima Darío empezaba a mostrar síntomas de eyaculación precoz, con lo cual ella se quedaba siempre a medias-. Yo procuraba consolarla y calmarla, le hacía ver que el tedio en las parejas era normal, que los niños desgastaban mucho, y que la monotonía en el sexo después de casi veinte años que llevaban juntos – entre noviazgo y matrimonio- era algo normal. Le confesaba por mi parte que a mí también me ocurría algo similar – y cierto es, salvo lo de la eyaculación precoz- pero que simplemente era un bache, que lo importante era si se querían pelear por su matrimonio, e ir incluso a un médico para ver de solventar el problema de Darío. Finalmente, el pasado domingo a mediodía me llamó echa un mar de lágrimas y me dijo que se separaba. Tras calmarla como buenamente pude, quedé de tomar algo con ella esa misma noche para hablar con calma, y sin imaginarme siquiera lo que iba a pasar.

Quedamos en una concurrida cervecería del centro. Entre ronda y ronda de cañas ella me fue contando que el pasado viernes él había salido de noche con sus amigos – algo habitual en él, pero más últimamente- y que al despertarse ella por la mañana y ver que aún no había llegado se alarmó y lo llamó por teléfono. Tardó en contestarle, y cuando lo hizo fue para balbucear una excusa y decir que estaba de camino. Finalmente y ya en casa Darío le confesó que había pasado la noche con otra, pero que había sido por estar borracho y que estaba arrepentido. Candela me confesó que rompió a llorar, lo llamó de todo y que a duras penas consiguió mantener el tipo cuando sus hijos se despertaron para darles el desayuno, sacarlos de paseo e ir a tomar el vermú a casa de sus suegros, como tienen por costumbre dominical.  Dolida, desengañada y triste apenas tuvieron un rato de intimidad tuvieron una gran discusión; ella le reprochó su infidelidad y él se defendía diciendo que ya no estaba enamorado de ella, que eran solo rutina, unidos por los niños y la hipoteca. Tras subir el tono de los reproches y de las recriminaciones ella le pidió que se fuese para estar sola unos días y pensar, y él a su pesar acabó haciéndolo. Aprovechó el domingo para dejar los niños con sus padres y así poder llorar a sus anchas y luego intentar serenarse, y para ello, por la amistad y confianza que nos une, me llamó para charlar y descargar conmigo…  Yo, que aunque me considero  buen paño  de lágrimas soy poco amigo de dar consejos -  cada uno debe cometer sus aciertos y equivocaciones en la vida, sin luego poder echárselos a nadie en cara- únicamente le dije que no tomase una decisión en caliente, que hablasen pasados unos días y bajada la tensión existente, y que en caso de separación se asesorase legalmente sobre temas como la custodia, las pensiones, el uso de la vivienda familiar, etcétera.  Pero, para animarla, le tomé de la mano, la miré fijamente y mirándola a los ojos le dije que seguro que en un par de días Darío vuelve con el rabo entre las piernas, arrepentido e intentando lo imposible para que lo perdones.

-          Que tú eres mucha mujer para él: guapa, lista, trabajadora, sexy…

Ella sonrió entre sus lágrimas y poniendo una mano sobre la mía me replicó

-          Tú que me ves con buenos ojos… por algo quería quedar yo contigo, para que me subieses la moral. Pero lo cierto es que me siento vieja, gorda y cornuda. Ya hace tiempo que a mi marido ni le excito ni se la pongo dura, y ahora para colmo se anda follando a otra más joven

Las repetidas rondas de cervezas empezaban a notársenos a ambos, y yo, que además del morbo de habérmela follado años atrás y de tener de siempre la fantasía de follarme a una casada llevaba varios días sin sexo, no pude evitar que mi polla empezase a despertar y tomar el control de mis actos. Así es que acercando mi rostro al suyo, hasta que nuestros labios quedaron separados por apenas unos centímetros le repliqué

-          Si no lo excitas será porque se ha vuelto eunuco y gilipollas con los años, porque sigues siendo terriblemente sexy y deseable. Y más nos vale dejar las cervezas por hoy, darnos un paseo para despejarnos y pasarnos al café o sino no respondo de mis actos

Acto seguido pedí la cuenta, salimos y le dije de ir caminando y charlando hasta su casa, distante unos diez minutos. Por el camino le pasé la mano sobre sus hombros y la atraje hacia mí para consolarla. Ella se recostó sobre mi hombre y me rodeó por la cintura… parecíamos una pareja de enamorados. Mi mirada se iba furtivamente hacia su escote, que sin ser nada exagerado lucía espléndido desde mi ángulo de visión, al ser bastante más alto. Lucía un canalillo muy apetitoso, sujetas sus tetas por un sujetador de encaje negro de estilo wonderbra. En el acto me imaginé su culotte a juego – sabía por experiencia que no es amiga de las tangas- y mi polla reaccionó poniéndose dura del todo, de tal manera que era bien visible en mis vaqueros a poco que ella se fijase… Yo me decía a mí mismo que era una amiga y que no quería más que consuelo, que estaba vulnerable y no debía aprovecharme de ella sino apoyarla. Casi en silencio recorrimos el trayecto hasta su casa, y llegando a su portal – ya era medianoche pasada- y cuando iba a despedirme fue Cristina la que se me adelantó y me dijo

-          Te invito a un café, es lo menos que te debo por toda tu ayuda y comprensión. Además, no puedes coger el coche aún para volver a casa – vivo en una urbanización de las afueras-, no sea que cojas un control de alcoholemia y tengas un disgusto

Yo me incliné, la besé en la frente y le dije

-          De acuerdo, siempre que me prometas no llorar más esta noche

Al entrar en su casa – en la que he estado con cierta frecuencia en los últimos años- ella me dijo que iba a ponerse cómoda, y yo me ofrecí a preparar el café. Pensando ya en que de perdidos, al río, sustituí éste por una botella de tequila, bebida a la que ambos somos muy aficionados, y junto con un cuenco con sal y un limón cortado en rodajas llevé todo al salón…. Cuando la vi salir del dormitorio casi se me cae la bandeja: ella había sustituidos su ropa de calle por una camiseta amplia que le hacía las veces de pijama: era lo suficientemente larga como para evitarle usar bermudas pero no tanto como para no mostrar la mayor parte de sus muslos, holgada para permitir intuirse el movimiento de sus tetas libres bajo la tela pero pequeña como para que se le notaran los pezones contra la tela… Nunca había vestido de esa manera cuando la visitara antes, y en ese momento me di cuenta que o bien por estar dolida, borracha o mal follada, pero Cristina quería tema. Sonrió el verme – supongo que también por mi cara de alucinado- y poniéndose la sal en el dorso de una mano y cogiendo el chupito de tequila con la otra lo alzó y preguntó

-          ¿Entonces por qué brindamos?

 Yo cogí el mío, me acerqué a ella y le dije

-          Por las mujeres guapas, los viejos amigos y los buenos recuerdos

Apuramos la sal, el trago y a continuación el limón de pie uno frente al otro, y luego nos sentamos pegaditos en el sofá: yo recostado en una de las esquinas, las piernas abiertas y la polla apreciable bajo mis vaqueros, y ella sentada sobre sus rodillas, con la camisola que se le había subido hasta dejarme adivinar su culotte negro – ciertamente a juego con el sujetador que entreviera antes- e inclinada hacia  mi pecho. Sonriendo maliciosamente me dijo

-          Si seguimos bebiendo alcohol no vas a poder coger el coche para volver a casa

Yo sin contestarla me incliné sobre la mesita para rellenar los chupitos, y mientras lo hacía contesté

-          Entonces tendré que pedirte asilo esta noche

Ella me miró fijamente a pesar de su incipiente borrachera y me dijo

-          Tu mujer te echará en falta

Pero yo, acercando mis labios al lóbulo de su oreja la tranquilicé diciéndola que ella estaba pasando unos días de vacaciones con sus padres en la aldea, mientras yo hacía de Rodríguez por motivos laborales. Sin esperar su respuesta, y dispuesto a quemar mis naves, me giré para coger la sal, eché un poco de la misma entre su cuello y su hombro, y antes de que pudiese reaccionar procedí a succionarla golosamente con labios y lengua desde la clavícula hasta su oreja. Cristina se estremeció, entre sorprendida y excitada, y antes de que reaccionara apuré el chupito y a continuación coloqué la rodaja de limón entre sus dientes – ella la mordió como una autómata- y procedía a comérmela, tanto como su boca Ella cerró sus ojos, empezó a corresponder al beso y a gemir de gusto mientras se inclinaba más hacia mí y sus manos rodeaban mi cuello para que no escapase. Sabiendo que ya no había marcha atrás tiré el chupito al suelo  y pasé mis manos bajo su camisa para agarrar sus nalgas y empezar a amasárselas mientras sus tetas y pezones – que notaba ya duros y enhiestos- se empezaban a restregar contra mi torso. Pasado un rato  de comernos desenfrenadamente la boca separamos nuestras caras apenas unos centímetros para coger aire, y abriendo los ojos, excitada y ruborizada como estaba, Cristina me dijo

-          Fóllame cabrón, estoy más caliente que una estufa

Yo me levanté para poder sacarme cómodamente los jeans y los bóxer, mientras ella no dejaba de pasarse la lengua por los labios, y mirándola fijamente le repliqué

-          Aquí el cabrón va a ser tu marido, y si quieres polla ya puedes ir desnudándote y poniéndote a cuatro patas sobre el sofá para que te monte desde atrás como a la perra que eres

Cristina, que estaba sacándose la camiseta por el cuello, se detuvo al oírme tratarla de aquella manera tan ruda, pues nuestro efímero affaire de hace años había sido bastante sexualmente hablando bastante convencional, pero enardecido como estaba, y decidido a follármela a mi gusto o perder la oportunidad y hasta la amistad, le di un leve cachete en una de sus tetas y le urgí

-          Venga zorrita, que yo no soy el impotente de tu marido ni tengo toda la noche,  a cuatro patas frente al espejo ya o me marcho y te masturbas sola para bajarte el calentón, guarra

Ella, tras dudarlo apenas un instante, se quitó las bragas, se dio la vuelta y  abriendo las piernas, poniendo el culo en pompa y girando la cabeza me dijo por encima del hombro

-          De acuerdo Daniel, a ver si eres tan buen semental como te recuerdo y me dejas tan bien follada como necesito

Yo solté una carcajada, le di una sonora nalgada – que la hizo gemir de gusto más que de dolor- y agachándome tras ella acerqué mi cara a su coño para proceder a comérselo. Estaba brillante, pues a buen seguro llevaba mojada desde antes de que me invitara a subir a su casa, un poco descuidado, con una pelambrera demasiado espesa, lógico teniendo en cuenta su casi nula vida sexual de los últimos tiempos, pero sobre todo me atrajo su olor: fuerte y penetrante, de hembra salida a la espera de que su macho la montase… le abrí las cachas con mis manos y le metí la lengua desde el ano hasta el clítoris, penetrando sus labios hacia adelante y hacia atrás media docena de veces, mientras ella suspiraba y me decía

-          Siiiii, diosssss, que gusto, joderrrrrr…. Sigue chupándome así cabrón, que me derrito

En el acto yo dejé de comerla y comencé a juguetear  con mi polla en sus labios vaginales…. Apenas metido el glande – que más que meter yo fue succionado por ella echando las caderas hacia atrás- me detuve y sujetándola las caderas para evitar que se empalase ella sola le contesté

-          Primero, aquí se hará lo que yo diga, no lo que tú quieras, y segundo, ¿Quién es el cabrón aquí?

-          Darío, gimió… mi marido es un cabrón y un cornudo… pero fóllame ya…

Yo me eché a reír, retiré mi polla y pasándosela arriba y abajo a lo largo de su encharcado coño le dije

-          Muy bien putita. Tu marido es un cabrón y un cornudo, pero que es su mujer?

Cristina, completamente entregada y fuera de sí por el alcohol y la calentura que tenía, ya no dudó en contestarme

-          Su mujer es una golfa salida y necesitada de polla que quiere que la follen y la hagan correr como una loca...

Ahora sí la ensarté de un golpe hasta el fondo, notando su coño caliente y mojado inundar mi polla, y mis huevos depilados tocando sus muslos… Cristina, fuera de sí, empezó a gritar más que a gemir en voz alta de puro gusto, mientras yo la embestía cada vez más fuerte y más excitado viendo su cara de gusto reflejada en el cristal, sus grandes tetas balanceándose y su coño atravesado una y otra vez por mi polla… al poco su cara pareció descomponerse, se puso rígida y berreando como una cierva en celo empezó a correrse aullando

-          Síííí… diosssss, me corro… que gusto…. Agggghhhh

Desmadejada, sus brazos dejaron de sostenerla y enterró su cara y sus tetas en el suelo, mientras su culo permanecía expuesto puesto que yo la sujetaba por las caderas impidiéndole derrumbarse. Continué ensartándola salvajemente presa de mi propia excitación, sintiéndome aún más cachondo todavía al notar mi polla encharcada en un mar de flujos vaginales que se escurrían fuera de su coño y resbalaban desde mi enhiesto rabo hasta mis depilados huevos, y al oir el chof, chof que sonaba cada vez que se la empujaba hasta el fondo, como si quisiera metérsela tan al fondo que pudiera sacársela por la boca. Inclinándome hacia adelante, la agarré del pelo con la mano izquierda y tiré de su melena para hacerle levantar  la vista hasta el espejo, mientras con la derecha empecé  a azotarle las nalgas y le pregunté

-          Gozas, zorra?

Cristina, con la mirada perdida de puro vicio, cachonda perdida y camino de su segundo orgasmo, respondió

-          Si, joderrrrrr, que ganas tenía de que me echaras un buen polvo, llevo años haciéndome pajas pensando en ti y  fantaseando con este momento, y aún es mejor de lo que me imaginaba

Y gruñendo como una cerda, la cara desencajada del gusto y roja como un camarón empezó a correrse de nuevo, dando unos alaridos que sus vecinos no debieron dejar de oír… yo, para evitar correrme todavía, me quedé quieto dentro de ella, dejando que poco a poco su cuerpo dejase de lubricar succionándome la polla, saliéndome de ella y permitiéndole desplomarse sobre el sofá bajando las caderas. Verla así, toda desnuda, mojada, abierta de piernas y en estado catatónico, entregada al placer en una palabra, sacó mi yo más perverso, así que cogiendo mi móvil le saqué un par de fotos, y rodeándola y poniéndome delante de ella acerqué mi polla a su cara y le contesté

-          Pues si quieres más polla, saca la lengua fuera y empieza a lamer como un perra…

Cristina levantó a duras penas la vista, entornados los ojos, visiblemente agotada, y se encontró con mi rabo a apenas 5 centímetros de su cara. Como quiera que parecía dudar, bien fuera por el agotamiento de su cuerpo tras los dos orgasmos sucesivos o bien por sus reticencias al sexo oral – víctima de la educación represiva de los colegios religiosos creció considerando éste una aberración a la que solo se rebajan las prostitutas y las guarras, y nunca había practicado antes una felación- retiré mi polla de delante suya, e inclinándome hacia ella la miré fijamente a los ojos y le dije

-          Ya sé que te tienes por una mujer decente y una madre modelo, pero te recuerdo que estando casada acabas de follarte a otro en tu hogar conyugal, y no solo eso, sino que te has corrido como seguro que hace años que no lo hacías. Te prometo que si te dejas llevar y te comportas como la guarra que en realidad eres no solo te desvirgaré la boca y el culo, sino que  aún te correrás unas cuantas veces más, y te quitarás el resquemor de los cuernos de tu marido… sino le haré llegar estas fotos y a ver si entonces consigues salvar tu matrimonio.

Ella ahora sí pareció despertar en sí de su letargo, me miró fijamente e incorporándose lentamente me contestó…

FIN PARTE I

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