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Fecha: 06-Ago-17 « Anterior | Siguiente » en Gays

¿Por qué a mí? Capítulo 8

Jesus tsukishiro
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Continuando con el concurso de baile, Job estallará y confesará su padecimiento a quién menos se le espera y su reacción no será nada agradable; Jackie revela que podría estar embarazada, Renzo ha confesado tener cierta atracción por Job, ¿Le corresponderá? Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Hola, agradezco el apoyo brindado a esta historia, cómo lo mencioné en un inicio, está historia se basada en hechos reales, no tiene contenido erótico

así que si buscas algo así, te invito a leer "Gay, casos de la vida real" o algún otro de los relatos breves dividios en partes para satisfacer su deseo.

Sin más que anunciar, les dejo un capítulo más de esta real historia.

 

 

Capítulo VIII

CONFESIONES EN UNA PISTA DE BAILE. (PARTE DOS)

 

 

Prosiguiendo con este asunto; entre el público Renzo me miraba y sonreía; yo hacía lo mismo y me percataba que Sofía me echaba mala vibra con su mirar; pues era de imaginarse de que ella se daba cuenta que su hermanastro estaba coqueteando con la competencia, jeje.

Jacqueline parada justo a mi lado, nos observaba diciendo contenta. – ¡Tienes un pretendiente y ni cuenta te habías dado!

– La miraba diciendo. – Cállate, no creo que sea tan afortunado y si lo fuera, entre él y yo no puede haber nada.

– Jackie notaba mi cambio de semblante a lo que cuestionaba. – ¿Por qué lo dices?

– Yo la miré, sentí un nudo en la garganta, mis ojos cristalizar y estando por contestarle. – “No puedo tener una relación, mucho menos andar de novio, porqué tengo VIH, y nadie, absolutamente nadie se atrevería a andar con alguien sidoso por miedo a contagiarse; aunque estemos en el nuevo milenio y nuevo siglo, las mentes cerradas siguen en abundancia”.

– Me interrumpía el presentador del evento informando. – ¡Atención concursantes, tomen posiciones que en cinco segundos arranca la ronda final!

– Contuve mis lágrimas y tomé posición al igual que Jacqueline; quién se quedaba intrigada ante mi reacción.

El resto de las parejas realizaron lo mismo y el jurado comenzaba a mirar detalladamente a cada concursante; los espectadores guardaban silencio y soltaban la música; iniciando con el ritmo del Chachachá; género en el cual no teníamos amplio conocimiento de cómo se baila, pero sí hicimos uso de los pasos básicos y un tanto repetitivos al no saber más de ese baile; las melodías fueron: “Las clases del chachachá, quién será la que me quiere a mí y la taxista” canciones interpretadas por German Valdez (Tin-Tan) un grandísimo artista popular mexicano al que le apodaban “el pachuco de oro”.

Siguió el ritmo del mambo como: “Mambo número 5, mambo número 8, mambo del politécnico y finalizando la ronda con mambo lupita”; Dámaso Pérez Prado, un cubano nacionalizado mexicano creador de estas estupendas piezas bailables; ¡muchas gracias a ambos por tan genial música!

Cuando fue suspendida la música nos dieron permiso de tomar un poco de agua y normalizar nuestra respiración; Jacqueline nerviosa me decía. – Me da mucho nervio que nos eliminen, ambos sabemos bien que el chachachá no se nos da muy bien, pero el mambo nos ayudó un poco, aunque todo está en el jurado.

– Le decía recuperando el aliento. – No te preocupes, lo hicimos bien, mantuvimos el ritmo y tratamos de ir al compás, seguiremos en la ronda.

– Ambos nos dimos un abrazo y nuestros compañeros nos enviaban buena vibra desde sus lugares.

Mis familiares estaban con angustia por lo que fuera a pasar y Claudio junto con Samuel trataban de saludarme desde sus asientos, pero debíamos de mantener la postura; los jurados daban su veredicto y por fortuna, nosotros permanecimos en la siguiente parte de esa ronda; debo reconocer que Sofía y su pareja tenían más pasos conocidos que nosotros, sin embargo no lograban llevar el ritmo en su ejecución.

¡Ahora éramos siete parejas!; el ritmo a seguir era el merengue con Oro Solido y sus canciones “Moviendo la cadera y chicharrón” ; pasando con Tom Zé y su “Xiquexique”; Kaoma y la lambada, para luego darle fin con una rica samba “Magalenha” , por Sergio Méndez con Carlinhos Brown;  otra vez se detenía la música, el jurado no tardó mucho en hacer su veredicto y eliminaron a otra pareja, quedando seis en la pista, con más nervios y tensión; ¡esto se estaba poniendo muy, muy, muy reñido!

Jacqueline sufría del malestar en su vientre y yo por la maldita diarrea que estaba haciéndose presente; reanudamos con “La guaracha sabrosona” de Alberto Pedraza; otro género que se nos dificulto por sus pasos y vueltas, no sólo a nosotros, sino a las demás parejas que no lograban acoplarse; siguieron cumbias; ritmo dónde ahí si Jackie y yo nos lucimos mucho, con “Mil horas, escandalo y que bello” por la sonora dinamita; ante los jurados, manteníamos la elegancia al bailar, los pasos estilizados, mostrar técnica y comunicación corporal con la pareja; sin embargo Sofía y su bailarín, nos robaban la atención del público y del jurado.

El DJ daba paso a otro ritmo dónde la sensualidad, movimientos coloridos, delicados, suaves, con pasión y estilo por la mujer se acentúa más, gracias a los movimientos de cadera con el complemento del hombre que hace en guiarla; me refiero a la bachata de Monchy y Alexandra, con las canciones “hoja en blanco y que tontos, que locos”;  se detuvo la música; el estrés y el cansancio comenzaban a apoderarse de nosotros; los miembros del jurado pedían que bailáramos todos de nuevo ya que no lograban determinar cuál pareja se iría; ¿y cómo no?, si casi todos fallamos, en excepción de la cumbia, dónde la mayoría se lució como peces en el agua y en la bachata, genero donde hubo más conexión entre hombre y mujer al ejecutar en la pista.

Los siete miembros del jurado no lograban determinar el género a bailar; hasta que una jurado, seriamente tomó el micrófono diciendo. – Cómo este concurso se está haciendo en una ciudad del estado de Veracruz, pues pido que el siguiente ritmo sea el danzón.

– Todos nos miramos sorprendidos y asustados; pues ninguna de las parejas no pasábamos de los 25 años y no sabíamos bailar bien danzón; aunque es considerado por mucha gente que este baile es para “viejitos”, en realidad no lo es, tiene poco grado de dificultad, pero tiene pasos básicos, con técnica, de postura, coordinación, precisión y exactitud.

Starenka desde su lugar, les decía a los chicos nerviosa. – ¡Hasta aquí llegaron Jackie y Job!, no saben mucho de ese baile.

– Keila le decía conservando la esperanza. – No maestra, ellos sabrán como pasar, ambos se tienen mucha confianza.

– Bimba volteaba a verla hablando. – Sí, tiene razón Keila, la confianza entre ellos es evidente, tienen una buena conexión, sabrán cómo seguir.

– Starenka se tomaba de manos, diciendo. – Eso espero.

– Nosotros desde la pista, sabíamos que comenzaban a dudar de nuestra capacidad y calidad dancística; pero mi querida Jackie en voz baja me decía. – ¿Ya viste el semblante de nuestros compañeros?, no confían en nosotros.

– Le contestaba sin perder la postura y verme tan obvio. – Sí, pero tienen razón en estarlo, desconocemos sus pasos.

– Jackie miraba a Flavio; él sonreía guiñando el ojo; para así decirme quedito. – Pues tú no sabrás los pasos, pero yo sí, con mi abuelo aprendí un poco los pasos básicos, vueltas y ciertas posturas, esta vez déjate llevar por mí, pero trata de disfrazar que eres tú quien me lleva, ¿podrás?

– Sonreía hablando. – Activaré mis neuronas espejo.

– Flavio al ver que estábamos tomando posición para bailar, les murmuraba a nuestros compañeros. – Jacqueline solía bailar con su abuelo danzón, así que creo suponer que será ella quien lleve a Job, será como la actividad motriz del espejo.

– A nuestros compañeros y amigos les regresaba el alma al cuerpo al observar que estábamos listos para bailar.

En lo mientras que eso sucedía, el DJ descargaba de internet el “danzón nereidas” de Amador Pérez Torres; dicha melodía se le considera de los más populares en México; bastaron tres minutos para que se comenzará a escuchar y nosotros bailar; nuestro “truco” funcionó, pues mantuvimos los pasos al compás, sin perdernos entre una vuelta y otra; cuando acabó, de inmediato expulsaron a la pareja que menos se movió, dejando a cinco parejas en el certamen.

El jurado más experimentado; se le veía en su porte y obviamente por su físico; tomaba el micrófono diciendo. – Han quedado las cinco mejores parejas frente a nosotros, aunque son excelentes, me gustaría que pasaran a la ronda de semifinales, sin embargo el reglamento dice que únicamente cuatro deben estar, así que los siguientes ritmos serán la rumba y el tango, para ello, les pediremos que vayan a sus camerinos, descansen cinco minutos y regresen al primer llamado para darle fin a este concurso.

– Acatando indicaciones, pasamos a nuestros lugares asignados; que en sí no eran unos camerinos ¡súper wow!, eran desmontables, colocados en la parte de los costados de la pista del gran salón de baile; así que no fueron la gran cosa, pero la intensión era lo que contaba.

Jacqueline se sentaba, se descalzaba y me cuestionaba. – ¿Puedo saber por qué tu semblante cambio cuando te dije lo de Renzo?

– Me inmuté, no supe o no me atreví en responder, bajé la mirada y suspiré.

Jackie se me acercó, me buscó la mirada y preguntó. – ¿Es algo grave, verdad?

– Por orgullo y vergüenza contuve mis lágrimas respondiendo. – Aún no es tiempo de que lo sepan.

– Me aparté, evité hablar de mi condición y me metí al baño, encerrándome en el último escusado, para llorar triste.

Bimba, Keila, Flavio y Starenka se acercaban a Jackie para preguntar sobre mí, ella les decía que de nervios había ido al baño; cuando en sí me estaba cubriendo mi tristeza, la pena, la vergüenza y las ganas de llorar inmensas; ¡tengo excelentes amigos, por eso los quiero mucho!; mientras, Renzo discreto se comunicaba con un conocido, para luego acercárseles a los jurados y hacer una solicitud inusual, pero a la vez agradable tanto para ellos y los miembros organizadores del certamen; al recibir la aprobación inmediata, él se preparó para sorprendernos.

Yo en el baño, llorando; cómo últimamente se me ha dado; me maldecía una y otra vez por estar enfermo y por mi grandísima estupidez; me sonaba la nariz, limpiándome las lágrimas, escuchaba entrar al baño a alguien; al ver por debajo de la puerta, descubría que era Claudio; con cautela salía para que no me viera, sin embargo, él se daba media vuelta, subiéndose el cierre topándose conmigo.

Me echaba agua en la cara para disimular mi tristeza y él algo burlón, decía. – ¿Qué tienes amigo?, ¡no me digas que estas hormonal por qué ya te bajo!

– Me secaba la cara contestando para darle por su lado. – Sí eso debe ser.

– Él se lavaba las manos diciendo. – Para que se te olvide o se te calme lo hormonal, deberías buscar con quien tener sexo, y aquí hay de sobra.

– Serio decía. – No me es primordial, pero me imagino que para ti lo es; seguramente ya visualizaste a quién ligarte.

– Aun lavándose, me platicaba sonriente. – Eres aburrido; pero sí ahorita sentado desde dónde estoy, he visto a mucho chico sabroso, los bailarines se ve que son bien putotes, que les dices siéntate y se acuestan; le digo a Samuel que terminando esto, invitemos a unos chicos a tomar; claro sí su bruja lo deja; empedamos a esos chamacones, los conocemos y pues si hay chance me aflojan o nos aflojan, hasta servirá para que ligues a ver si encuentras novio ¿no crees amigo?, con eso de que el sexo no es primordial para ti.

– Serio le dije. – Gracias, es buena idea, sólo que no tengo ánimos, estoy agotado, terminando esto me iré a casa a dormir.

– Claudio secándose las manos, decía. – ¡Ay amigo!, te estas volviendo bien amargado y ácido, tanto decías que buscas una relación seria y formal, ¡y sales con estas jaladas!, ¡así nunca encontrarás novio!, antes no eras así, salías y convivías más con nosotros, ¿sabes qué necesitas?, ¡necesitas sexo!, pero no es prioridad tuya, qué aguado.

– Le ignoraba; pues eran comentarios tan tontos e inmaduros para un hombre de treinta; esa mentalidad debería dejarla a nosotros que somos de veinte, pero él no.

En fin, serio trataba de salir, pero él me impedía el paso, cuestionando serio. – ¿Qué te pasa?, andas bien raro.

– Mis ojos se ponían llorosos y me enmudecía.

Él serio interrogaba. – ¿No me tienes confianza, amigo?

– Confianza es la que existe entre Bimba, Jackie, Keila y Flavio; ese es un lazo enorme y creíble, pero, hacía Claudio no era tan fuerte, ahí fue dónde cometí una estupidez grandísima.

Alcé la mirada, dejé rodar una lágrima diciéndole. – No le digas a nadie por favor.

– Claudio un poco alarmado dijo. – Pero por supuesto que no, dime en confianza.

– Triste y desesperado, hablé. – Pasa que estoy enfermo y voy a morir pronto.

– Claudio sorprendido dijo. – ¡No mames, no puede ser, bromeas! – Cuestionando. – ¿Qué tienes?

– Cuidando que no entrará nadie, le respondí. – Nadie más que yo sabe de esto, pero debo confesarte por ser mi amigo y por qué me veo en la necesidad de hablarlo, que me han diagnosticado VIH.

– ¡Ay Job, tan ingenuo y estúpido!, en vez de decirles a tus amigos de antaño, le vienes contando a Claudio.

Su reacción fue de apartarse de mí y me miro serio interrogando. – ¿Hablas en serio?

– Respondí directo a sus ojos. – Sí, es verdad, no juego.

– Se cruzó de brazos y dijo entre sonriendo. – Ya decía yo que esa imagen de santa, virginal y pura era un disfraz de tu persona; mírate saliste bien putona, más putona que yo y ahora, andas con el bicho, ¿quién lo diría?, ¿en serio?, Job Cáceres, el santurrón, el que sudaba agua bendita, viene saliendo con que esta sidoso, ¡qué barbaridad!

– Soltó una carcajada para luego decir. – Disculpa que reaccione así, pero tú alguna vez me comentaste que sí seguía revolcándome con tipos que contactaba en la aplicación me pegarían una infección o enfermedad venérea, pero lo que son las cosas, quién resulto enfermo fuiste tú, el santo, eso sí que es irónico.

– Sus palabras fueron como un golpe en el pecho, le miré y serio le mencioné. – Tal vez estas enfermo y ni cuenta te has dado, yo me di cuenta por ciertos síntomas que comencé a tener, por eso recurrí a hacerme análisis, ¿tú te los has realizado?

– Él serio respondió. – ¡Ay amigo!, pues yo si conozco los condones, soy puto pero sé escoger a mis victimas para culear, no me meto con cualquiera, como seguramente tú lo hiciste y por eso estás así, cómo una vez te lo dije y lo repito, yo sí tenía para comprar las cajas de condones, hasta Samuel me los conseguía en el hospital y con él me checo cada mes; recuerda que hasta en la putería hay clases y niveles, tú mí estimado, tú, tú siempre estuviste por debajo de mí y yo, mírame (se daba una vuelta), soy un gran partido, estoy sano, me siento bien y lo mejor, cojo tan bien que hasta me piden repetir, todo gracias a saberme cuidar y proteger, ahora fíjate, ¡¿qué ejemplo me querías dar?, hipócrita!

– Me quedé atónito ante las palabras de Claudio; me daba cuenta que cometí un gran error en decirle, en creer en su amistad y en su apoyo.

Daba unos pasos a la salida y él en burla me dijo. – Con razón lo delgado que estás, lo pálido y desganado; pero bueno, para animarte y pues cómo sexo ya no podrás tener, te regalaré un consolador de diez velocidades, pues nadie querrá meterse contigo ni hacerte el favor.

– Lo traté de ignorar, saliendo del baño y él entre risas me decía. – ¡Y suerte amigo, ojalá pasen a semifinales!

– Claudio desde que lo conocí era muy hijo de la gran mierda, pero nunca quise aceptar que fuera así, por estar cegado con su amistad, por siempre creer que era el sufrido por la vida que llevó, por los pleitos de la herencia, por los problemas familiares y amorosos; sí, me compadecí de él, creyendo que era una víctima más de esto que le llaman destino, cuando en realidad lo que le estaba sucediendo era por su actitud, su mala leche, su pésima vibra y por su personalidad tan cruel; ¡soy un perfecto idiota!, ¡un iluso e imbécil!, pero ya lo confesé, me aguanto por baboso.

Me iba directo a mi camerino, me retocaba el cabello, me daba un ligero toque de maquillaje y de momento escuchaba que ya estaban llamando a los concursantes; con la tristeza, el enojo, la decepción, los nervios y el cansancio, tomaba rumbo para la pista de baile, encontrándome allí con Jackie quien sonreía entusiasmada; trataba de sacar mi lado actoral, para que no se notará mi cara de acongojado.

Mis compañeros nos deseaban suerte desde sus lugares y un jurado nos decía. – Son cinco estupendas parejas, pero únicamente cuatro serán quienes vayan a semifinales; iniciaremos con la rumba, así que música y ¡a bailar!

– Tomábamos las posiciones y con la rumba llamada “Baila Me”, mostrábamos que teníamos practica y conocimientos del ritmo; con “Djobi-Djoba” lucimos técnica y con “Bamboleo” ejecutamos pasos básicos y estilo; tres melodías de Gipsy Kings; llegó un momento en que en la última pieza, se extendía un poco más de la cuenta; de pronto, el público comenzó a aplaudir y al suspenderse la música, pidieron nuestra atención.

El presentador decía. – Su atención por favor, concursantes y público en general; cómo el siguiente género a bailar es el tango, un joven músico nos ha pedido interpretar las melodías en vivo para deleitarnos a ustedes y acompañarles a los bailarines para así dar un cierre a esta bella noche.

– Fue sorprendente para todos, pues del joven quién se refería era de Renzo, pero no se presentaría solo; el jurado le cedía el micrófono y él notándose emocionado, hablaba. – Buenas noches, como ya lo dijeron, solicité tocar las piezas del tango para que estas estupendas parejas demuestren su talento en la pista, espero derrochen sensualidad, pasión, presencia, porte, elegancia y una buena exposición corporal; pido un aplauso para mis compañeros músicos Ricardo en la guitarra, David en el bandoneón y su servidor Renzo con el violín; gracias.

– Los aplausos se escuchaban, en lo que ellos tomaban posición; me impresionaba que Renzo hiciera tan magnífico espectáculo a su vez me daba nervios de cometer algún error al bailar.

Jackie me miraba, se sonreía diciendo. – Tu admirador quiere cortejarte y que mejor modo luciéndose en lo que mejor sabe hacer, tú deberías de hacer lo mismo y lucirte.

– Me ponía serio diciendo. – Debo de lucirme pero con el jurado no con él, además entre él y yo no puede haber nada, entiende.

– Jackie echaba los ojos hacia atrás diciendo. – Como digas, pongámonos en posición.

– Sofía miraba a Renzo cómo si hubiesen planeado o puesto de acuerdo para dicho número.

Por mi parte, para evitar ver a Renzo, dirigía mi vista a mi familia y fue cuando me di cuenta que Claudio y Samuel junto con su esposa, se habían retirado del evento; eso me hizo sentir una sensación como de asfixia; traté de normalizar mi respiración y me centré en lo que haríamos; los músicos comenzaban con “Meditango”; pieza que desconocía, pero se acoplaba a los pasos que improvisábamos; siguieron con “Violentango” donde una pareja cometió unos errores; por lo que Starenka nos comentó; y para cerrar, tocaron “Libertango”; ahí Jackie y yo tratábamos de sacar nuestros mejores pasos, pero nos opacaban las demás parejas en especial Sofía con su pareja de baile; creo que en esta última parte del evento, se la llevaron Renzo y sus compañeros al tocar tres piezas de un revolucionario del Tango, el gran Astor Piazzolla.

Nos hicieron hacer una despedida de la pista, para así colocarnos en línea frente al jurado; dándole la espalda a los músicos; Renzo no dejaba de verme, pues su mirada la sentía en mí; con las manos sudadas, muy nervioso, pensaba que nosotros seríamos quienes eliminarían, pero por suerte no fue así, los eliminados fueron la pareja que erró; nos felicitaron repitiendo que las cinco parejas fuimos de las mejores, que continuáramos así para seguir superándonos.

Sofía exhausta se dirigía con nosotros y nos decía. – Los felicitó por magnifica ejecución, demostraron ser fuertes y constantes, aunque tuvieron algunos fallos y unos pasos no muy limpios, su técnica, comprensión, precisión y sobre todo la sensación corporal en respuesta a los ritmos musicales les favorecieron, no se confíen, sigan practicando; felicidades de nueva cuenta y espero verlos pronto.

– Nos extendió la mano y ambos le agradecimos amablemente por sus palabras.

Flavio se apareció y besó con gusto a Jackie, llevándosela a camerinos para ayudarla con sus cosas; Keila y Bimba se acercaban a mí para felicitarme y despedirse; Starenka contenta esperaba vernos juntos, pero tuvo que felicitarnos por separado.

Yo tras recibir las felicitaciones, daba vuelta para ir por mis cosas, de momento Renzo me tomaba del brazo, diciéndome contento. – Felicidades, bailaste, perdón, bailaron impresionante.

– Dije tras suspiro. – Gracias, ustedes tocaron de maravilla.

– Renzo se sonrió para decir. – Gracias, el ritmo fue el adecuado para ustedes en cuatro tiempos y pues utilicé la técnica percusión con el arco.

– Lo miré confundido y él me explicaba. – Creo desconoces esa técnica en el violín, pues eres bailarín, te explico; es hacer movimientos fuertes que suenan como golpes dentro del arco, incluso en la parte de atrás del puente también se hacen golpes de arco donde se supone que no pasa el arco o no hay notas para tocarla, se rasgan las cuerdas desde la zona del talón del arco con mucha fuerza y suenan como un crujido, eso se hace mucho en el tango, bueno no en todos, es como un matiz que se genera en la técnica del violín a partir del tango, o sea en el tango se inventó esta técnica.

– Me le quede mirando un poco confuso y dije. – Ah, ok, sí, creo entendí el punto.

– Él se puso nervioso, se sonrojó y dijo. – Sí, bueno no quiero que te confundas lo tuyo es el baile y lo mío la música.

– No sé qué fue, pero siento que mi vibra le afectaba ya que él tornándose un tanto dudoso, preguntó. – Oye, ¿Puedo hablar contigo o tienes prisa?

– De reojo miraba a mi familia que me buscaba entre las personas, sólo que yo estaba decidido a platicar con él; así que le tomé de la mano y me lo llevé al otro extremo de la pista.

Ahí le dije serio. – Bien, hablemos aquí, ¿pero sobre qué?

– Renzo nervioso se apretaba los labios y metía sus manos a los bolsillos diciendo. – Me imagino que Jacqueline te habló sobre lo que charlamos, ¿cierto?

– Directo y sin escalas le dije. – Sí, me dijo que te conocía de atrás tiempo, que tú y Sofía son hermanastros y sobre que te gusta alguien de mi grupo de baile.

– Sorprendido habló. – ¡Wow!, ¡vaya que entre ustedes no se guardan secretos!

– Pues sí hay secretos, lo que no hay es hipocresía. – Le dije en tono molesto.

Notaba su tensión en sus manos y al crearse un silencio incomodo entre nosotros, le decía. – Al ver que no quieres hablar más, me paso a retirar, gracias y buenas noches.

– Estando por ir a recoger mis cosas, Renzo exclamaba. – ¡Me gustas mucho!

– Me detuve, me giré y pregunté. – ¿Qué dices?

– Renzo con sus hermosos ojos y algo tímido, me miraba diciendo. – Me gustas mucho Job, desde hace mucho tiempo, pero tu actitud frío y distraído, me hacía reprimir mis emociones, sobre todo porqué era un chico con unos kilos de más, desalineado y poco atractivo; preferí alejarme de ti, matar este sentimiento y cambiar mi horario; todo para olvidarte, pues nunca te hubieses fijado en mí, pero ahora que coincidimos y te has fijado de que existo, me di cuenta que mi cariño por ti aún vive, por eso te seguí aquel día, por qué deseaba confesarte mi sentir por ti, pero al descubrir que estabas por suicidarte, lo impedí, por amor, por cariño, por atracción, porque me quiero acercar a ti y conocerte; me gustas Job, me gustas mucho, como no tienes idea.

– Al oírle decir eso, me dieron unas ganas enormes de abrazarlo mucho y llorar de la emoción, pero tuve que mostrarme frío y decirle. – Pues debiste asegurarte de matar ese absurdo sentimiento, pues yo no te puedo corresponder como lo mereces, es más no me pareces en nada atractivo, tú y tu cariño pueden irse muy lejos, gracias, buenas noches y con tu permiso.

– Me di la vuelta y caminé, caminé y caminé perdiéndome entre la gente que estaba retirándose.

Renzo quedaba ahí atónito por lo que dije y supongo que con un deseo de regresar el tiempo de no confesarme nada.

De camino a casa, me tornaba muy pensativo, inundado de lágrimas interiores que se estaban casi por desbordar por mis ojos; no quise cenar, sólo tomé leche, comí dos galletas y me fui a encerrar a oscuras en mi habitación, dónde abrazando a mi almohada, lloraba con demasiado sentimiento, maldiciendo y golpeando el colchón; sintiéndome mal por Renzo y despreciado por Claudio.

Entre sollozos preguntaba. – ¿Por qué, por qué yo?, ¿qué hice, por qué?

– Me jalaba del cabello, me cacheteaba y me golpeaba en la cabeza, teniendo una crisis de desesperación al estar consiente que mi vida con el VIH jamás sería normal y tampoco podría amar.

 



© Jesus tsukishiro

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