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Fecha: 07-Ago-17 « Anterior | Siguiente » en Hetero: Infidelidad

Relatos Morbosos

Tomas
Accesos: 14.881
Valoración media:
Tiempo estimado de lectura: [ 10 min. ]
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Hola, que tal?, me llamo Marcos, tengo 44 años. Mi esposa tiene 40 años, es un poco recatada y bastante seria. Se llama Mercedes. Tenemos dos hijos varones adolecentes. Ella en media gordita, pero muy bonita de cara. A mi entender tiene buen cuerpo, cola y tetas grandes, y unas hermosas piernas. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

Esta historia comienza cuando uno de mis amigos nos invitó a su casamiento. Por lo cual mi esposa me pidió que la acompañara a comprar un vestido. Estando en la tienda le recomendé un vestido color rojo suelto, que le llegaba 10 cm arriba de sus rodillas. Arriba era escotado y ajustado. Ella dudo mucho, pero finalmente accedió para darme gusto.

Era una hermosa tarde de primavera, más precisamente el mes de octubre. En esa estación del año - en el lugar donde vivimos - las tardes son calurosas, pero por la noche se pone fría. La fiesta empezaba a las 6 de la tarde y terminaba aproximadamente las 4 de la mañana. La misma de desarrollaría en una estancia colonial a la afuera de la ciudad.

Ya a las 5 de la tarde Mercedes estaba lista. La verdad se la veía hermosa; ese vestido le queda muy sexy y fino a la vez. El escote no era tan pronunciado, pero igual se me veía son dos grande melones libres de corpiño. De calzado se había puesto unos tacos de 10 cm color negro con tiras. El atuendo se completaba con un tapado color negro. Ante de partir le sugerí que se ponga pantimedias ya que iba a refrescar. Ella acepto mi sugerencia. 

Se fue aponérsela. Note que tardaba mucho, por eso le fui a decir que íbamos a llegar tarde. Cuando entre a la habitación la note furiosa porque la única pantimedia color negra tenía un agüero. ¿Y ahora qué hago, me voy a morir de frio?, me pregunto. ¡Tranquila Mecha¡ ¿Por qué no te pones las portaligas color negras que te regale para nuestra luna de miel? Por cierto lo había usado solo una noche. Dicho conjunto se componía un corpiño media copa color blanco, portaligas y medias negras, y tanga de hilo dental - muy de puta - de encaje color blanco. ¡Estás loco Marcos, como me voy a poner eso para salir¡ Ahí le explique que con ese vestido no se le vería nada y que la cubriría del frio.

Mercedes acepto regañadientes, y se la fue a ponérsela. Se sacó el vestido y se empezó a poner las medias primero.  Ahí le observe la bombacha que llevaba puesta, color negro, tipo vedetina, nada sexy. Ella al observar que la estaba mirando mientras se cambia me cerró la puerta del vestidor en la cara. Al cabo de unos minutos ya estamos listo y nos marchamos.

Llegando a la fiesta media hora tarde. Al bajarlo del automóvil nos dimos cuenta que hacía mucho calor - aproximadamente 30 grados - un viento fortísimo. Caminamos 50 metros hasta donde estaban los novios casándose por civil. Ante de sentarnos me quede saludando a mis amigos. Todas estaban en pareja, menos Eduardo, que siempre fue un solterón empedernido. Mercedes se quedó más retrasa hablando con algunas esposas de mis amigos. En un momento, producto de una ráfaga violenta de viento, se le levanto el vestido a mi esposa, quedando a la vista de mis amigos y de otras personas que estaban mirando para ese sector las portaligas negras. Para mi sorpresa note que mi mujer se había cambia la bombacha, y se había puesto la tanga de hilo dental del conjunto que le había regalado para la luna de mil.

Nadie dijo nada, a excepto de dos chicos que dijeron un UUUUUUU. Pero estaba claro que todos habían visto ese espectáculo. Mercedes se puso re incomoda y trato de disimular la situación. Ya entrado la noche entramos al salón principal donde íbamos a cenar. Yo notaba que mis amigos la miraban mucho a mi esposa, ya que se veía muy sensual, y más aún sabiendo que llevaba abajo del vestido.

Fue pasando la noche y los tragos iban y venias. Todo el mundo estaba borracho, típico de los casamientos. De repente mi esposa llega de bailar con una de las mujeres de mis amigos y se sienta en la silla dejando que el vestido se le subiera un poco más de la cuenta, dejando ver parte de las tira de las portaligas. La escena solo duro escasos 10 segundos, ya que ella se dio cuenta que todos mis amigos que estaban en la mesa la estaban mirando descaradamente las piernas. Ella un poco enrojecida bajo su vestido y se hizo la que no se daba cuenta que le habían visto todo. Yo percibí que mis amigos comenzaron a comentar entre ellos y la seguían mirando descaradamente.

Después salimos a bailar, nos divertíamos muchos. En un momento - ya estaba muy tomado - necesitaba sentarme para descansar de tanto tragueteo. Nos sentamos en un sillón que daba al frente de una mesa donde estaban todos los chicos jóvenes - entre 18 y 25 años - que estaban si pareja, entre ellos dos que la habían visto a Mercedes cuando se le levanto el vestido por el viento.

Al sentarse Mercedes, se vieron completamente las piernas y desde la perspectiva del frente de ella dejaba ver su triangulo entre las piernas. La escena me generó un morbo muy excitante y quería ver más; para lo cual, coloqué mis manos en sus piernas y traté de subirle el vestido disimuladamente, pero ella volvía a bajarlo. Por lo que comencé a darle más trago, para que con ello tal vez pudiera acceder más fácil a mi propósito. Lo cual si funcionó, ya que a las pocas horas, estando sentados, volví a colocar mi mano en sus piernas y subí un poco su vestido sin que ella se diera cuenta o sin que ella volviera a bajarlo con sus manos.

Deje su vestido a mitad de pierna y me recosté hacia atrás para que pudieran ver sus piernas; a lo cual esos chicos e incluso gente que estaba bailando comenzaron a mirarla impúdicamente. Eso me puso a mil, por lo cual volví a subir un poco más su vestido, esta vez para lograr que se vieran todas sus portaligas y un poco su tanga blanca. Ella no se percataba, ya estaba un poco mareada, muchos comenzaron a mirar de forma morbosa y fija.

La escena excito a más de uno porque en cuestión de minutos muchos querían bailar con ella. A esa altura de la noche la fiesta era un descontrol, todos bailan y se divertían con el cotillón y la espuma loca. Todas estaban borrachos. Mi mujer se movía cada vez con más soltura, mirándome mientras se contoneaba de forma muy sensual, se la notaba más desinhibida.

Allí me di cuenta que esos dos chicos hablaban de mi mujer, se secreteaban cosas. La cosa se fue poniendo de lo más calentita y ellos ya estaban babeando rodeando el podium para verla más en detalle. Se oía entre la música los piropos que le dedicaban a mi mujer y ella estaba más que encantada sonriendo y contoneándose para ellos.

Al rato mi amigo Eduardo saca a baila a mi esposa y yo me voy a sentar en el sofá. A esa altura estaba muy borracho, mis imagen eran vagas de la realidad. La música electrónica atronaba en los oídos, pero estaba buena. Por momentos hacía que Mercedes se evadiera y bailaba olvidándose hasta de mí. La música fue cambiando y muy pronto se encontró bailando un ritmo sensual, bien de strep tease. Pude observar que Eduardo tenía su mano puesta más abajo de la cintura, casi tocándole la cola. Yo estaba como paralizado, no podía actuar de la borrachera que tenía, me quise parar pero no pude. Por momento no se veía nada, ya que el juego de luces parpadeaba seguido. En un momento pude ver a Eduardo bailando, con su mano ya en la cola de mi esposa trataba de subirle el vestido para dejar ver completamente su culo, ella no se percataba o no decía nada.

Los dos chicos murmuraban cosas sobre mi mujer. Eduardo seguía bailando con ella. Su vestido lo había subido demasiado, viéndose por completo los portaligas negros y el hilo de su tanga que se le perdía por su concha. Su mano ya no le apretaba, simplemente la conducía, la atraía, y ella cayó en sus redes. Comenzó a moverse sensual, aunque distante. De pronto surge ante ella, pero desde atrás una mano que le ofrece un trago, y le dio un largo sorbo, siempre mirando fijamente a Eduardo. Supongo es que no se dio cuenta la cantidad de alcohol que tenía ese trago. Era uno de los chicos que le había ofreció un esa bebida.

Eduardo miraba a esos dos chicos haciéndoles una risa picarona. Ellos al ver eso, se fueron a bailar con ellos. Ya se estaban pasando descaradamente, se turnaban para bailar bien pegado, uno por delante y otro por detrás, se lo restregaban literalmente. Mercedes solo se reía, como si estuviera fuera de sí.

Eduardo le daba trago seguido a mi esposa, las canciones terminaban y no la dejaban sentar, seguían bailando la siguiente canción con ella, ya la tenían en un rincón de la pista, ella bajaba su vestido pero ellos volvían a subirlo, ella forcejeaba un poco, así paso tres veces hasta que ella dejo de intentarlo, se estaba dando por vencida. Eduardo comenzó empezó a tocar su concha, mientras unos de los chicos le restregaba su culo. Se vestido lo tenía arrollado en la cintura.

Yo no podía actuar, no me podía mover de la borrachera que tenía. Afortunadamente la canción acabo y encendieron las luces principales, todo se calmó, mi esposa bajo su vestido y allí se dio cuenta que yo estaba sentado en el sillón medio inocente. Mercedes me trataba de decir que el casamiento había terminado y que nos debíamos marchar. Pero no respondía. Eduardo me tomo del brazo y me llevo a la parte trasera de mi automóvil.

Al cabo de un rato sentí que el auto arrancó. Al parecer Eduardo conducía. Después Mercedes me dijo que Eduardo manejo nuestro auto y nos llevó a nuestra domicilio, ya que ambos nos podemos manejar. Eduardo había ido al casamiento con una pareja amiga.  Yo escuchaba que mi amigo comenzó a hablar dulcemente con ella, mientras yo trataba de semi-inconsciente en el asiento de atrás.

En camino de regreso es de tierra. Es una zona de mucha vegetación. Mi mujer al parecer también dormía. En un momento del trayecto escucho a mi mujer: ¡Para por favor, me siento mal¡ Eduardo paro a un costado del camino. Mercedes se bajó como puedo del auto, ella también está bajo los efectos del alcohol. Yo intente bajarme, abrí la puerta del auto, pero inmediatamente Eduardo me dijo que no me bajara. Que enseguida seguimos viaje. ¡Necesito aire le dije¡ le dije. Entonces el bajo el vidrio del asiento trasero izquierdo. Yo saque la cabeza por la ventanilla. Estaba muy mal. Tenía muchas ganas de vomitar.

A todo esto, Mercedes estaba intenta vomitar. Estaba apoyada con una de sus manos en el capot del auto. Notaba que se quería meter lo dedos en su garganta y sacar todo, pero Eduardo le decía que era malo forzar el vómito. Entonces se posiciono detrás de ella y le empezó apretar su estómago, para que así pudiera vomitar. La hizo apoyar con sus manos en el capot del auto. Estiro su cuerpo para atrás, quedando su rostro mirando el piso. Ahora sí, le dijo, trata de vomitar. Eduardo le empezó a frotar fuerte su estómago. Ella le decía que no podía así, y que tenía frio. El aprovecho esa situación para empezarla a tocarla. Primeros sus tetas con sus dos manos. Se la agarraba con fuerza a través de vestido. Después se la saco afuera. Era impresiónate como se la masajeaba. Yo veía todo, ya que estaban justo adelante mío. Las luces del faro de auto me daban una visión perfecta. Eduardo no me podía ver, ya que le encandilaban el reflejo de las luces.

Mercedes no decía nada, solo estaba en esa posición sin moverse. Eduardo dejo sus tetas, para luego levantar su vestido y le empezó a frotar su concha, mientras le decía que siga tratando de vomitar. Ella solo atinaba a decir que no podía, que necesita meterse los dedos. ¡Espera¡ le contesto Eduardo. ¡Voy aprobar en forma distinta¡ y se agacho. El salió de mi visión, evidentemente se la estaba chupando. El rostro de Mercedes era como si nada estaba ocurriendo, tenía cerrado los ojos, estaba en un estado casi inocente.

Igual que yo, que no podía ni moverme. Intente abrir la puerta, pero tenía el seguro para niños puesto. Mire nuevamente delante de mí, mi esposa seguía en la misma posición sin inmutarse. De pronto Eduardo se incorpora y le pregunta si sentía algo. ¡No Edu, estoy muy mal, necesito meterme los dedos¡ Entonces la levanto, la giro 90 grados, la tomo de sus hombros y la hizo arrodillas, poniéndola lateralmente hacia mí y le dijo: ¡Dedos no, pero esto si podes meterte¡ Mi amigo se había saca su pija afuera, la tenía re dura. Mercedes se quedó quieta, como no sabiendo que sucedía. Eduardo dirigió su verga a su boca, pero ella la mantenía cerrada. Intento mentársela, pero ella no abrí su boca. ¿Dale nena, esto te va hacer vomitar?, le dijo. Después de varios intentos Mercedes se la metió en su boca.  

Mi mujer empezó a lamerle sus babas seminales para terminar chupándole la cabeza a modo de succión. Mi esposa quiso zafar en ese momento pero Eduardo el la tomo con fuerza de los pelos. ¡Ahora los huevos¡ le dijo. Mecha empezó a sobarle los testículos. La situación era muy morbosa. Mi mujer arrodillada, tomada de los pelos, estaba entregada. ¡Pajeame Mecha! y mi mujer agarro su pija por la base y sin dejar de chuparle los huevos empezó a subir y bajar su mano por el tronco venoso hasta casi la cabeza ¡Metetela hasta los huevos, así vomitas! Y ella introdujo la mitad de su poronga y la fue metiendo hasta que el tronco desapareció por completo. Sus movimientos eran brusco. Mi esposa sentía que le aprisionaba la garganta cuando la metía toda, pero lo soportaba. Eduardo jadeaba como loco, Mercedes pero lo embestía más fuerte, se la estaba haciendo chupar centímetro a centímetro, entraba y salía cada vez más mojada de esa boca carnosa y mamadora. ¡Que bien que chupas¡ Mi mujer lo tomaba de las caderas y como ya no necesitaba más su mano en los pelos para ir y venir. Era mi esposa la que hacia el movimiento, cada vez más frenético. La saliva y el pre seminal caían por la barbilla de Mercedes. Cada vez que los huevos de Eduardo la golpeaban, con un grito animalesco de Eduardo predijo que iba a llegar. Por eso en ese momento Eduardo la tomo de su nunca y se la enterró hasta su garganta, llenándola la boca de semen. Mi mujer empezó a tener arcadas y empezó a vomitar como una condenada.

La imagen era deplorable. Mi mujer en cuatro piernas sobre la tierra vomitando, mientras Eduardo la frotaba la espalda, como compadeciendo de ella. Después se incorporó y la se sentó en el auto y partiendo hacia nuestro destino. Eduardo metió el auto en nuestra cochera y se fue inmediatamente sin decir nada. Mi mujer me ayudo a acostarme y luego nos dormimos.

Nunca tocamos el tema, pero cuando tenemos sexo me acuerdo lo poco que recuerdo de esa escena. La verdad nunca sabré si lo que vi fue producto de mi borrachera o sucedió en serio. 


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© Tomas

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